21 mayo 2013

EL MARAVILLOSO Y MISTERIOSO MUNDO DE LOS PREMIOS LITERARIOS

ADVERTENCIA: lo que sigue son 100% ideas mías. Lo que yo creo, lo que yo pienso, lo que yo sospecho. No tengo verdades ni certezas, solo un poco de experiencia y mucha imaginación. Y no me hago cargo de lo que usté pueda hacer con dicha información. Dicho esto, pasemos al tema.

En veinte años de escritura he participado de, si la memoria no me falla (y últimamente me falla bastante), ocho concursos literarios. Los resultados fueron: dos primeros premios, dos segundos premios, dos menciones, dos nada. Buen promedio. Esto, sumado al hecho de haber actuado como prejurado y jurado de otro concurso, me ha brindado cierta perspectiva sobre el tema concursos que hoy compartiré, sin ningún costo, con el amigo lector.
Empecemos.

¿Están arreglados los concursos literarios?
Yo quiero creer que no. He escuchado rumores, como todo el mundo, pero nunca he sabido, de primera mano, de un concurso arreglado. En principio, en los que participé yo, a mí nadie me ofreció nada por ganar, yo no le pagué a nadie y, de verdad, creo que en la mayoría de los concursos el jurado desea encontrar ese diamante en bruto que justifica su tarea.

Y entonces... ¿por qué pareciera que siempre ganan los mismos?
Ah... m´hijo, esa es la gran pregunta y yo tengo mi respuesta: porque escriben como la puta madre. Verá... en los concursos se presenta de TODO, pero cuando digo de TODO, es de TODO. Se reciben textos que no respetan las mínimas reglas gramaticales del idioma que corresponde ni de ningún otro. Textos de niños (sí, de niños, porque los padres no llegan a leer las bases completas que dicen y aclaran que deben participar mayores), textos, claro, que tampoco respetan las bases por otros motivos (y que se descalifican sin más), poesías cuando el concurso es de narración y narración cuando es de dramaturgia. Se recibe de TODO. Entonces uno va descartando este y descartando el otro y es inevitable que al final el texto que sobresale sea, a veces, de alguien que tiene oficio, talento, experiencia, etc. Sin embargo, muchos escritores surgieron de algún concurso, lo cual demuestra que no siempre sucede eso de la pregunta.

Ahora, si estos escritores con oficio, talento y experiencia ya saben que pueden publicar sus libros en cualquier editorial, ¿por qué se presentan a los concursos?
Ah, usted me lo pone difícil, qué manera de insistir, ¿eh? Le voy a decir dos palabras: prestigio, dinero. No siempre vienen juntas, pero la cosa pasa, para mí, por ahí... Hay concursos que otorgan mucho prestigio. Hay otros que otorgan mucho dinero. A veces, las dos cosas juntas. ¿Por qué no presentarse, entonces? Mire, en mi caso particular, me sigo presentando cada tanto a concursos (este año a ninguno, no se preocupe) porque me agarra una cosa rara de tener que probarme a mí misma que puedo. No me pregunte más, lo tendría que seguir en terapia, diván mediante, si fuera a terapia. También lo hago como una manera de darme a conocer en una editorial en la que no he publicado nada, ya que los concursos sirven en gran parte de semillero de autores. Uno puede no ganar pero, si la obra es buena y lo merece, queda señalada para ser publicada.

Y al final, eso del prestigio, ¿sirve para algo?
Este es tema largo y calculo que cada escritor tendrá su historia. Mire... sí, sirve. Claro que sirve. A menos que sea un concurso-trampa (ya hablaremos de eso), la comunidad literaria está pendiente de los concursos, se entera de quién ganó y por lo tanto uno comienza a ser conocido y, si sabe aprovechar la situación y puede escribir otros libros tan buenos como el que envió al concurso, muchas puertas se le abren. Pero no hay que poner todas las papas en el concurso. A veces uno se banca flor de frustración porque ganó ese concurso ideal y... y después no pasa naranja. Nada de nada. Ni una notita en el zonal del pueblo, ni un trabajito relacionado, ni un pedido de otros textos. Nada. Sí muchas felicitaciones y golpecitos en el hombro y la emoción y el orgullo de haber cumplido. Por eso, lo mejor es presentarse en un concurso con las expectativas bien plantadas sobre la tierra, con la correa puesta y cortita. Si luego suceden grandes cosas, disfrútelo. Si luego no sucede más que ese premio, pues disfrute ese premio, que se lo ganó usted y no los otros cien que participaron. Y eso es lo que vale.

¿Qué son los concurso-trampa?
Yo no sé si tienen otro nombre científico, pero para hablar del tema nos alcanza con esto de "concurso-trampa". Son concursos que organizan algunas editoriales de esas que cobran por publicar o a veces alguna imprenta, que funcionan de la siguiente manera: usted envía su texto más preciado, trabajado, corregido, y al mes recibe una linda carta de felicitación diciéndole que ganó una mención y que su texto será publicado en una antología junto a las demás menciones. Para ello le piden desembolsar una cantidad x de dinero. Lo lamento amigo, si esto le pasa, no ganó nada. Esa carta le llega a todos los que participaron, algunos, presos del entusiasmo, caerán en la trampa, pagarán y luego recibirán cincuenta ejemplares de un libro sin sentido que podrán regalar a sus familiares y amistades si desean quedarse sin familiares o amistades.
Por eso, participe de concursos serios, organizador por editoriales o centros culturales o bibliotecas o municipios o lo que fuera, conocidos. Huya del resto.

¿Podría darme algún consejo para participar de un concurso literario?
¡Sí! ¡Tengo miles de consejos! ¡Me gusta dar consejos! Por empezar, funcionan todos los consejos que di en un post abajo (búsquelo, no puedo hacer yo todo el trabajo) sobre cómo presentar un texto a las editoriales. Ahora bien, si se trata de un concurso muy importante en el que usted sabe que se presentarán grandes escritores, no estaría de más hacer la corrección del texto con alguien que se ocupe de eso. Hay que pagar, sí, (porque la opinión de los amigos nunca es muy válida) pero la situación lo amerita. Y un pedido, de corazón: los jurados no se emocionan frente a las tapas coloridas, los troquelados, los corazoncitos en los márgenes, el dibujo que su hijo hizo sobre el cuento, las tapas de cartón corrugado con ventanitas, y demás barbaridades que, aunque no lo crean, realmente se envían a los concursos. Enfóquese: hoja blanca, impresa a doble espacio, en letra cuerpo 11 o 12, de un solo lado, original preferentemente anillado.
Ah, y lo más importante, envíe un texto de la puta madre.

¿Hay textos más "premiables" que otros?
Por supuesto que texto bien escrito le gana a texto mal escrito, pero yo se que usté me pregunta otra cosa... y yo intentaré responder. Verá... creo que lo que cualquier concurso busca en un texto es originalidad, tanto en el tema como en el tratamiento, cierta profundidad (incluso cuando se trata de humor, que todos confunden con "livianidad"), un tema más o menos universal que interese a muchos y que trascienda el tiempo actual (aún cuando trate un tema actual). Por ejemplo, si nos referimos a concursos de libros para chicos, difícil que se premie el cuento del nene que no quería dejar los pañales (a menos que sea un cuento de la puta madre, capaz de revolucionar toda la literatura mundial, usté me entiende) o el del chico detective que descubre que el que le roba todos los días la leche era... ¡el gatito! Pero siempre me puedo equivocar, claro. Lo que importa es que el texto traiga un aire nuevo, que cuente algo de una manera en que hasta ahora no fue contado, que atrape, que enamore, que haga pensar, que provoque ganas de seguir leyendo. En definitiva: que sea excelente literatura.

¿Y cualquier texto se puede presentar a cualquier concurso, si respeta las bases?
Mmmm... para mí, no. Pero usté no me haga caso y presente lo que quiera donde quiera. Pero veamos... yo creo que es importante conocer la editorial o empresa o lo que fuera que organiza el concurso, qué tipo de textos premiaron anteriormente, qué libros publican, qué ideología tienen... Porque usté no va a enviar un libro erótico al concurso organizado por un grupo de boy-scouts, así como tampoco se le ocurrirá enviar un hermoso cuento sobre boy-scouts que luchan por salvar un conejito de una trampa, a un concurso de relatos eróticos, a menos que luego pase algo entre los boy-scouts y el conejito... Pero no nos desviemos del tema.

¿Los concursos responden a intereses comerciales?
Puedo entender que un centro cultural o una biblioteca o cualquier otra institución premie un texto impresionante, transgresor, experimental, pero tal vez poco comercial. Pero las editoriales... por supuesto que quieren vender el libro que premiarán. Y quieren que se venda muy bien, muchos ejemplares, durante mucho tiempo. Eso es lógico y válido. ¿De dónde cree que sale el dinero para el premio, si no? Le cuento un poco como funciona. Pongamos que la editorial dice que el premio es de $50.000 a cuenta de derechos de autor. Bueno, usted gana y cobra ese dinero (¡qué suerte la suya!). Luego sale el libro y a usted le corresponde el 10% del precio de tapa de cada libro vendido. El tema es que esos 50.000 eran a cuenta de derechos, ¿se acuerda? Entonces, no volverá a ver un centavo hasta que su libro no venda una cantidad tal de ejemplares que amortigüen ese premio. Se lo hago más claro. Llega la primera liquidación y a usted le corresponden, por ventas, $3000.- Usted los ve en el papel, pero nada más. No cobrará nada hasta que haya ganado, justamente, 50.000. Y recién entonces, a partir de esa cifra, le pagarán derechos de autor. ¿Entiende, entonces, por qué para la editorial y para usted es importante que ese libro se venda? Nadie quiere ganar ni otorgar un premio a un libro que terminará en el depósito. Y aquí vamos al grano. Comercial no es mala palabra. Comercial significa que ese libro tiene un público interesado que va a gastar su propio dinero para hacerse del libro. Se les dicen lectores. ¡Y eso es fantástico! (En cambio best-seller sí es mala palabra, pero ese es un raye mío, déjemelo pasar, por lo menos hasta que algún libro propio se haga best-seller, ahí me va a encantar).

Pasemos al tema de los jurados, ¿son siempre imparciales?
Ay, qué liiiindo, criaturita e´dios. Ningún ser humano de este planeta llamado Tierra es imparcial. No existe la imparcialidad en la sociedad humana. Cada uno es fruto y consecuencia de una enorme cantidad de factores: su entorno socioeconómico, sus experiencias de vida, sus estudios, sus lecturas. Los jurados no escapan a la regla. Cada uno llega a su tarea con un enorme bagaje cultural, sus propios gustos, sus intereses, sus ideas de lo que es bueno y lo que no es bueno y original... Uno, como jurado, intenta hacer lo mejor posible, darle a todos los libros presentados la misma oportunidad, pero cada uno es cada uno... eso no se puede cambiar. Por eso siempre decimos que ese jurado en particular decidió premiar ese libro en particular, y no que un jurado universal lo hizo.

¿Es realmente cierto que los jurados no conocen a los participantes?
Es ciertísimo, por lo menos por lo que yo sé. Usté participa con seudónimo y nadie abrirá el sobre en el que están sus datos verdaderos a menos que gane. Los sobres y los textos de los no premiados se destruyen, se queman, se hacen papel picado. Lo que sí sucede a menudo es que el jurado reconoce o cree reconocer (porque no pueden tener la seguridad absoluta) de que tal libro, por el estilo, lo debe haber escrito tal escritor. Pero esto no cambia los resultados, y como mucho puede provocar apuestas entre el jurado a ver si acertaron o no (en caso de que ese texto gane algún premio y haya que abrir el sobre).

¿Qué es lo NO corresponde que haga si participo en un concurso literario?
¡Justo la pregunta que estaba pensando! Y muy bien hecha la consulta, porque hay cosas que NO deben hacerse nunca pero nunca pero nunca en un concurso, y si usted lo hace... que la literatura se lo perdone. Los concursos tardan a veces en dar el veredicto. Espere, tenga paciencia, ya se enterará, no sirve de nada llamar a la editorial día por medio. Rompe las pelotas y los ovarios de todos, ¿sabe? Aunque no influye en los resultados ya que a menos que usted diga con qué seudónimo participó (y si lo dice quedará descalificado), nadie se enterará de que usted es... usted. Una vez enterado de los resultados, si no ganó, no llame al jurado para preguntar por qué, no pida que le escriban una opinión sobre su libro "porque quiere seguir creciendo como escritor o entender qué andaba mal en su texto", no salga a publicar en todas las redes que el concurso estaba vendido y fue una porquería porque usted no ganó. Respire hondo, déjelo pasar, vuelva a intentarlo.

Bueno, llegué hasta aquí y ya escribí mucho y me aburrí.
Si usté tiene una pregunta sobre el tema concursos, que crea que yo puedo responder, pásemela que lo haré con gusto.
Si esto le sirve, me alegro inmensamente.
Si esto no le sirve, no me alegro ni dejo de alegrarme, quedamos bien, no se preocupe.
Ahora, si desea preguntarme qué opino yo sobre los últimos textos premiados en los últimos concursos... pues le digo que mi abogado me recomendó guardar silencio. Aunque hablando en serio... creo que se han premiado muy buenos textos en general, algunos excelentes, otros buenos... pero siempre son historias bien armadas. El hecho de que me gusten o no depende de mi gusto literario. Y eso es todo lo que puedo decir.





UN PEQUEÑO GIRO

Este blog nació el 2 de agosto de 2005 y, aunque ya no tiene la vitalidad que tenía (tampoco la tengo yo), atravesó ocho años ocho contando un poco de todo. He escrito, siempre desde el humor, crónicas sobre deporte, política, hombres, literatura, vacaciones,  libros, hijos.

En los últimos años el trabajo me llenó y me colmó (el alma, no así el bolsillo) y escribí poco y perdí algo del entusiasmo por contar lo que sucedía a mi alrededor.

Pero el blog nunca terminó de morir y ahora regreso, con un pequeño giro. Tengo ganas de seguir contando, escribiendo, compartiendo, pero estoy enfocada en un tema: literatura. Y en particular, la literatura destinada a chicos y jóvenes, bien o mal llamada LIJ.

Así que, desde acá, yo la sigo. Sé que no escribiré seguido pero escribiré, por lo menos hasta que no escriba más, eso seguro.
Y si quieren acompañarme, bienvenidos sean. Hablemos de literatura.

20 mayo 2013

LINDO DÍA PARA VOLAR (segundo libro 2013)




1


EL PRIMER ENCUENTRO

El día que conocí a Camacho, entre las ramas de un inmenso eucaliptus, me contó su historia:
-Para mí, la vida era la jaula –empezó él, tranquilo, con ese modo que tiene de hablar que a veces te provoca ganas de sacudirlo un poco, arrancarle una pluma. –Yo no sabía que había otra cosa, un afuera, ¿me entiende usted?
-Sí, entiendo. ¿Qué tal si nos tuteamos? ¿Tu nombre..?
-Camachuelo.
-Camacho, viejo y peludo. No, peludo no, viejo y plumero.
Me reí. Solo.
-¿Puedo seguir? –preguntó él. Qué podía decirle. Yo estaba ansioso, todo era nuevo para mí. Me acababan de liberar hacía apenas un instante y lo primero que había hecho era volar hasta el eucaliptus, sintiendo que la vida comenzaba de nuevo, que todo había cambiado.
-Seguí, Camacho, seguí.
-Camachuelo.
-Eso, lo que vos digas. ¿Hace cuánto que sos libre?
-¿Qué día es hoy?
-¿Cómo le dicen...? Sábado.
-Entonces, desde ayer.
-¡Por el gran pico! –exclamé-, ¡ya sos un experto en libertad!
-Había nacido en jaula y pensaba morir en jaula –siguió Camacho, tan pacífico. -No conocía otra cosa.
-Eso ya lo dijiste, adelantá, dale.
Camacho me miró de tal manera… hizo un gesto así con el pico que temí por la integridad de mis ojos. Del izquierdo y del derecho. Pero era Camacho. Camacho no picoteaba a nadie, a menos que fuera absolutamente necesario.
-Y estaba bien, lo de la jaula. Era un hogar. Reducido y con barrotes, pero hogar al fin. Mi humano me alimentaba cada día, me brindaba agua fresca y cuidados veterinarios, y lo único que exigía de mí era que fuera, estuviera. Que me quedara en la jaula e hiciera lo único que sabía hacer: ser pájaro.
-¿Y volar? ¿Qué me decís de volar, Camacho?
Las plumas de la cola de Camacho se agitaron.
-Yo no sabía qué era volar. Así como no sabía qué era la libertad.
-¿Te cortaban las plumas de las alas?
-Cada semana, prolijamente. Pensaba que aquello era como ir a la peluquería, un cuidado estético, ¿me entiende usted?
-Te entiendo –dije-, a mí también me las cortaban.
-Un momento. Usted no se ha presentado -dijo Camacho y a mí me gustó que reparara en mí. Hasta ahora nadie me había preguntado mi nombre.
-Yaco, me dicen Yaco. Loro gris africano, a mucha honra.
Camacho se quedó pensando.
-Todos los loros que he conocido son… coloridos, por lo menos.
-Yo soy exótico –retruqué, algo ofendido por el comentario de mi nuevo amigo. –Mis plumas son grises, pero mi alma tiene todos los colores del arcoíris.
-Poético… -dijo Camacho.
-Que te recontra –respondí, por las dudas.

Publicado por editorial SM
Tapa de Rodrigo Folgueiras 

14 mayo 2013

LA MEMORIA DE TODOS (primer libro 2013)






Un libro que hacía mucho quería escribir, que me rondaba por la cabeza. Por un lado quería rescatar dos cuentos que escribí hace tiempo y tenían algo que ver entre sí: "Todas las sombras son negras", que trata sobre la discriminación racial y la lucha por los derechos civiles en la EE.UU de los ´50/¨60, y "La memoria de todos", el cuento que escribí el año pasado para una muestra de ilustradores sobre el atentado a la AMIA. Siguiendo con esa idea, había una historia, real, que me torturaba desde hacía años (guardo el recorte del diario con la noticia, en mi archivo): la de un par de adolescentes asesinados por sus familias en India, por pertener a castas diferentes y cometer el terrible delito de hablarse. Ese cuento, "La noche tan última" me resultó duro, difícil, lleno de silencios y cosas no dichas. El humor lo recuperé con dos relatos que tantean la realidad y se animan a fantasear un poco: "¡Bomba!", sobre cierto descontrol en cuanto al control (suena a redundancia, pero no lo es) y "El teléfono rojo" sobre la libertad de prensa (y los riesgos de perderla).
Pasen y lean.

El libro salió editado por Ediciones Elevé, con ilustraciones de Virginia Gagey.

Así comienza el relato "La noche tan última"

Sonu había dejado de entender el mundo. Hasta hacía unas horas la Tierra giraba alrededor del Sol, se sucedían los días, las estaciones, su cuerpo cambiaba, le nacían ansias, pensaba en mañana, en hoy, se preparaba el té como le gustaba, se hacía preguntas, le contaba un secreto a una amiga. Pero de pronto todo eso había dejado de tener sentido.La Tierra se había detenido y, para ella, ya no volvería a girar. Nunca.Hacía unas horas su padre y su tío la habían encerrado en una cabaña oscura de paredes de barro, sin ventanas, sin luz, sin aire.El aire ya no correría para ella. Nunca.Los ojos de Sonu apenas se habían acostumbrado a la penumbra cuando trajeron a Vishal. Eran las cuatro o cinco de la tarde, difícil saberlo en ese lugar. El tiempo ya no valdría nada para ellos. Nunca.




–La primera vez que me miraste –dice Sonu, sentada sobre el piso de tierra y dibujando palabras en el aire–, estábamos en el mercado.
–Muchas veces te miré –dice Vishal.
–¿Por qué yo? –lo interrumpe ella.
Vishal piensa.
–Cuando caminás tu túnica baila. Vas dando saltitos.
–¡La túnica baila! –se ríe Sonu, por primera vez esa tarde–, ¡qué risa! ¡Y yo no doy saltitos!
–Sí, cuando tu madre te apura, das saltitos cortos, como en el aire.
–¿Qué más?
–¿Más...? Tus... tus ojos...
–¿Escuchás? Afuera están discutiendo tu papá y mi papá, y seguro que están mis cuñados y mi tío. Espero que no nos peguen. Una vez a una prima le dieron cinco latigazos porque había salido sin cubrirse, y mamá y yo la lavamos y la curamos después. No fue nada lindo.
–No van a pegarnos. Mi madre no lo permitiría. Pronto seré el hombre de la casa.
–¿Cuántos años tenés?
–Quince.
–Yo dieciséis. Mis ojos.
–¿Qué?
–Ibas a decir algo sobre mis ojos.
–¿Ves? Hablás como caminás, das saltitos, como un pequeño pájaro que nunca se para dos veces en el mismo lugar.
Sonu se sonroja, pero en la penumbra su rubor se tiñe de oscuridad.
–Mis ojos –insiste.
–Son... son profundos y melancólicos a la vez. Pero curiosos. Eso, son ojos curiosos.

17 enero 2013

CONSEJOS PEQUEÑOS PARA AUTORES GRANDES o "El arte de publicar tu libro"

Me encanta leer consejos para escribir, para publicar, para corregir, para lo que sea. Me devoro libros como "Zen en el arte de escribir", de Bradbury o el genial "Mientras escribo" de Stephen King. Leo consejos pero nunca me consideré apta para darlos. Eso no cambió demasiado. Pero de pronto caí en la cuenta de que llevo veinte años publicando libros, que no hago otra cosa que leer y escribir desde los 8, y que mi nuevo oficio de editora me permite, más que dar consejos, ordenar y exponer algunas ideas que tengo. No son máximas, no tienen nada de verdad absoluta, pero así es como pienso sobre "el arte de lograr publicar tu libro".

Valga la aclaración de que estos pequeños consejos servirán para el autor inédito (que quiere dejar de serlo) y no para quien ya acostumbra tratar con editores, promotores, libreros y, el gran premio: lectores.

1. EL ORIGINAL
Aunque ya no merezca ese nombre en la era informática, el original es para mí sagrado, y como objeto sagrado hay que tratarlo.
Debe estar impreso en páginas tamaño carta o A4 blancas, con una letra clara (yo uso la tipografía calibri porque odio a rajatabla la Times New Roman, y la Arial me aburre), tamaño de fuente apta para todos, o sea 12, a doble espacio, sin tachaduras, cambios a mano o lo que fuera. Si a último momento, cuando ya imprimiste cien originales, decidís cambiar una palabra, la mejor opción es volver a imprimir esa página para cada original.
Título y autor claros en primer página. Cada capítulo debe comenzar en una página nueva. La ortografía y sintaxis deben ser impecables y perfectas de tanta perfección. Si tus conocimientos sobre el tema no son suficientes, podés confiar -poco- en los correctores ortográficos de los programas de texto o, mucho mejor, dar tu libro a corregir a alguien que sepas (a veces hay que pagar por esto, pero es necesaria inversión a futuro).

Eso de que los editores leerán el texto a pesar de que las dos primeras palabras ya tengan horrores de ortografía, es mentira. Si un autor primerizo me entrega un texto así, lo único que puedo pensar es que no tiene ningún deseo por mejorar, crecer; que no se preocupa ni se responsabiliza por su material y, por lo tanto, que la historia que cuenta, entonces, estará a la altura de su ortografía.
En cambio, editores y correctores sí seremos los encargados de, por ejemplo, pasar a bastardilla los términos extranjeros, cambiar guiones por rayas o viceversa, ordenar diálogos, corregir dequeísmos y queísmos y demás. Todos los textos de todos los autores necesitan de más o menos corrección.

¿Qué más sobre el original...? Sangrías, no sé por qué el 60% de quienes escriben no respetan la sangría que a mí, lector, me permite diferenciar un punto y seguido de un punto y aparte.

El original debe estar acompañado de una breve biografía (no hace falta el CV completo, no estás buscando trabajo) y es buena idea incluir una carta al editor en el que demuestres que conocés la editorial y pensás que tu libro podría incluirse en tal o cual colección.

Desde que comencé a editar a mí me llegan los originales directamente vía mail. Eso no cambia nada de lo de arriba. Aunque me gustaría mucho que los autores preguntaran, por lo menos, si deseo que me envíen el texto impreso, ya que leer decenas de páginas en la pantalla es agotador y molesto.

2. EL ENVÍO
No se puede enviar cualquier libro a cualquier editorial.
Esto, que pocos tienen en cuenta, es una máxima absoluta. Hay editoriales que no publican, por ejemplo, poesía, novela gráfica, libros álbum. Otras que no publican textos de x extensión o fantasy. Hay editoriales cuyos libros chorrean valores y moralejas, y otras que se animan a lo políticamente incorrecto. Por eso es imprescindible conocer la editorial a la que se enviará el original. Y esto se logra de manera muy fácil y sin costos. Hay que estudiar las páginas web, ir a las librerías y quedarse horas hojeando y ojeando ejemplares. Y luego de eso analizar en qué editorial y en qué colección de esta editorial podría caber tu libro. Y entonces sí, preparar el envío.   A mí me preguntan muchas veces cómo comencé a publicar. Lo hice así, como lo recomiendo. Fui a las librerías (aún no era época de Internet) y miré muchos libros sin leerlos. Pregunté. Trabajaba como periodista en el suplemento infantil de un diario, y por suerte ahí todos sabían de libros. Por fin me decidí por la editorial x. Armé mi original, averigüé el nombre del editor a cargo y llevé mi sobre color marrón a la dirección indicada y lo dejé, cuerpo presente, en la mesa de entradas. Y luego... a esperar y caminar por las paredes.  
Hay autores que envían el mismo libro a varias editoriales a la vez y otros que envían a una por vez y esperan la respuesta hasta enviar a otra. No sé qué es mejor, yo siempre envié a una por vez y sigo sin decidir si es la mejor manera.  

Ojo con lo que le cuenten al editor para darse a conocer. A veces uno agrega datos pensando que le servirán, que serán de ayuda, que lo harán quedar mejor y no... lo lamento. Por ejemplo: si contás que el mismo libro que le estás dando a leer ya fue leído en una o veinticinco editoriales y que en todas te dijeron que era un libro maravilloso pero que lamentablemente no podían publicarlo por falta de presupuesto o lo que fuera, en verdad estás diciendo que te rechazaron el libro en todos esos lugares (lo cual no es buena información). La verdad es dura y no tiene remedio. Es muy jodido rechazar material, es doloroso y hasta traumático. El editor se pregunta si ese escritor podrá reponerse, si seguirá escribiendo, si no estará cortando de raíz una carrera prometedora. Incluso, si no se está equivocando (onda "Harry Potter". Pero todos somos humanos...). Por eso, en vez de escribir la verdad sobre el libro ("es horrendo y leerlo me produjo arcadas"), lo cual además puede provocar un atentado contra su vida, el editor prefiere la respuesta de manual:
-No tenemos presupuesto; no encontramos una colección en la cual incluir su libro; el plan editorial está cerrado hasta el 2132; no leemos material no solicitado; etc.
Muchas veces lo de arriba resulta ser verdad. Los planes editoriales se organizan con mucha anticipación. La mayoría de las editoriales ya sabe qué publicará durante 2013, está editando los libros que saldrán durante el 2014 y hasta puede tener originales esperando su lugar para el 2015. Por eso, incluir un libro no solicitado es a veces imposible. A menos que el libro sea el mejor libro que uno ha leído en la historia de la humanidad. Esos libros siempre encuentran su camino.  

En caso de que el libro sea rechazado o directamente no leído (como dije, hay editoriales que no leen los originales que les llegan si no los solicitaron), no vale la pena pelearse con el editor. No son tantas las editoriales y posiblemente quieran presentar algún otro texto en el futuro. Tampoco vale la pena suicidarse, dejar la literatura o hacer de la depresión crónica una profesión. Lo único que sirve en ese momento es seguir escribiendo. Volver sobre ese libro o comenzar uno nuevo. Pero nunca darse por vencido.  

¿Qué más sobre el envío...? Ah, veamos... ¿sirven las recomendaciones? Sí, muchas veces sirven. Yo logré de esa manera que leyeran un texto mío en una editorial que no leía originales no solicitados. Pone al editor en un lugar incómodo en el que debe hacer un favor a un conocido, y el que puede salir ganando es nuestro libro.
 Y sirven los concursos literarios. Otorgan nombre, prestigio y promoción.  Mi primera editora me dijo que había leído el libro que envié (no solicitado, como siempre), porque sabía que había ganado x concurso... ¡en el que ella también había participado! 
Así que adelante con los concursos. Pero cuidado con los "concursos truchos", que son los que organizan editoriales que cobran a los autores por la publicación de sus libros. En general en esos concursos uno siempre gana una mención y luego se le pide una cantidad de dinero para ser publicado en una antología que nunca saldrá de la imprenta.   

Para los concursos valen todos los consejos sobre el original. Y allí hay que tener más cuidado aún porque los prejurados deben leer cientos de textos en muy poco tiempo y por lo tanto pueden desechar un texto ilegible en milésimas de segundo.  

Y un pequeño agregado: los editores no se emocionan al recibir textos con dibujitos pegados, tapas de papel carísimo de color fucsia y letras con brillantina, ilustraciones no solicitadas hechas por niñitos que "amaron ese texto y piden cada noche que se los vuelvan a leer", páginas troqueladas o polvos mágicos que caen de sobres secretos. No, no y no. Lo único que importa es el texto y todo lo demás, todo el adorno provoca que se rían a carcajadas, piensen cosas que ni puedo escribir sobre ustedes o tengan ataques de llanto descontrolado y salgan a gritar que odian su trabajo (pero solo por ese rato). Y en caso de que te rechacen tu envío luego de leerlo, no siempre es beneficioso ofrecer otro texto en el mismo momento (a menos que te lo pidan, claro está), u ofrecer escribir lo que el editor quiera. No queda bien, no queda serio.   

 3. EL TEMA, EL CONTENIDO
Y aquí viene la parte difícil de todo este asunto. El libro en sí, la historia, el texto. Se publica en este momento mucho y un montón de autores excelentísimos están en su mejor momento, son jóvenes y no tienen enfermedades terminales. O sea: van a seguir escribiendo largo rato. Y como sus libros son buenos (porque la experiencia vale y mucho, y en general los escritores escriben cada vez mejor) y venden bien, los editores prefieren seguir apostando a ellos (porque si el editor no gana dinero no podrá publicar ningún otro libro, sea de autor conocido o no) y no hay tanto espacio para que autores inéditos dejen de serlo (a menos que hayan ganado un premio literario). ¿Y entonces...? Entonces se cae en un círculo vicioso del que parece imposible salir (como de todos los círculos):
"No me publican porque soy desconocido, pero soy desconocido porque no me publican".

Ah... si habré yo llorado encerrada en aquel círculo como si fuera la torre del castillo embrujado... Ustedes dirán que, de alguna manera, logré salir. Y juro que no vino ningún príncipe a rescatarme. Y sí, salí. Salí a fuerza de trabajo. Acepté que los textos que me rechazaban no estaban a punto y seguí trabajando en ellos o los abandoné y seguí escribiendo. Pasé casi diez años de mi vida sin publicar ningún libro, creyendo que nunca volvería a hacerlo, pero en todo ese tiempo ni dejé de escribir ni dejé de presentar a las editoriales, y así... ya saben.
Entonces... entonces todo depende del libro. La obra debe estar perfectamente escrita desde lo formal (el lenguaje), y ojalá bellamente escrita, pero también debe ser una historia que movilice, distinta, nueva, que emocione, que haga reír, que dé miedo, que haga pensar... No todas las opciones juntas, por supuesto, o sí. Debe destacarse, debe demostrar que tenemos una voz que merece ser escuchada, un tono y un estilo original, y que sabemos contar una historia.
 Por eso lamento ser quien diga lo obvio: las historias de brujas y brujos, vampiros adolescentes, patitos que buscan a su familia, niñas que se enamoran de sus vecinitos, Caperucitas modernas y demás, solo podrán llegar a libro impreso si ofrecen algo que toooodos los demás libros similares no ofrecen. Nadie publicará otro libro más en un montón de libros. No. Las editoriales necesitan que su inversión dé frutos para no cerrar sus puertas. Y por lo tanto invertírán en ese autor nuevo solo si el libro que ha presentado merece el riesgo. Si dice algo distinto. Si lo cuenta de manera diferente. Y bien, claro. Y maravilloso.  

 Es de suponer que todo autor nuevo que envía su libro inédito a una editorial, lo hace porque cree en su material, porque se ha tomado el trabajo y el tiempo de corregir ese texto, también de dejarlo descansar, de leerlo a la distancia. Porque cree que hay lectores que están esperando, aunque no lo sepan, un libro de esas características. Ese libro. Darse contra la pared, entonces, cuando ese libro es rechazado, sin entender el porqué, puede ser inmensamente frustrante. Pues bien, yo voy a repetir lo que creo sobre esto. Y lo creo fervientemente, como si se tratara de una religión: 

LOS LIBROS MARAVILLOSOS ENCUENTRAN LA MANERA
DE ABRIRSE CAMINO HACIA EL LECTOR.

Como sucede con todos los caminos, que pueden tener desviaciones, en los que puede haber piquetes o un puente roto, el viaje puede durar más o menos, pero se llega a destino.
 
Para resumir: un libro que cuenta una historia de la gran siete, bellamente escrito, hallará la forma de ser publicado.  
 
4. EL DESPUÉS
Pues bien, enviamos el libro al editor. ¿Y luego, qué? Si no recibimos un mail de confirmación con instrucciones de espera, sepan que la respuesta puede tardar una semana, un mes, un año, o no llegar nunca. Yo tuve de todas esas. Lo principal entonces, es: no se pongan pesados. Los editores odian a los escritores pesados. No insistan, bánquensela. Pueden enviar un cordial recordatorio al editor una vez por mes, algo al estilo: "Hola, ¿hay alguna noticia sobre el texto, blablablá?". Y a seguir esperando. O no. Cada uno es libre de ponerse una fecha límite: "si en cuatro meses no me responde, listo, envío el texto a otra editorial". O algo así.

Si reciben un rechazo, una hora de duelo y a seguir trabajando. Los pensamientos autoconsuelo: "el editor es un hijo de puta que no sabe nada"; "la editorial es una porquería"; "yo soy mejor que todo el mundo", son útiles a corto plazo, no tanto a la larga.
Y si logran el sí tan esperado, una cosita más y ya la termino:
La función del editor a partir de ahora es que tu libro sea un mejor libro todavía. Trabajá con él/ella, escuchalo y leé y tené en cuenta cada sugerencia que te hacen. Me ha sucedido, y me llama soberanamente la atención, que autores muy nuevitos me han dicho: "no acepto que me cambies ni una coma" (y esa coma, lo digo, estaba mal puesta), mientras que TODOS los autores conocidos y reconocidos a quienes tengo la inmensa suerte y el honor de editar, muestran tal grado de humildad y aceptación del trabajo de edición, que me quito el sombrero y me inclino a sus pies. Trabajar con ellos es un placer, trabajar con quien no desea revisar su libro es... un trabajo.

Mucho gusto y hasta pronto y suerte. O no, no es suerte. Trabajo y talento. Eso está mejor.

04 enero 2013

SHEMAPARIN, LA LENGUA PERDIDA



Presento nuevo crío literario, editado por Sigmar y con ilustraciones de Florencia Cassano.
Y comienza así:


1
Siete de cada diez personas a quienes cuento a qué me dedico, me sacan la lengua. No sé qué extraño sentido del humor se esconde detrás de esa acción. Pero sucede. Diez de diez si son niños.  Así que lo digo ahora, rápido, ustedes sacan la lengua, y todos continuamos nuestras vidas, felices.
Soy especialista en lenguas perdidas.
¿Listo? Sigo con mi historia, entonces.

Un par de veces al año me toca dar charlas en escuelas. Algo similar a un sacrificio humano, en el que la víctima soy yo. Para los alumnos, en cambio, es un enorme aburrimiento. Ninguno sale ganando. Pero alguien tiene que hacerlo.
Y hoy, otra vez, es el día.
Estoy parada frente a las puertas abiertas de una escuela primaria cuyo nombre no recuerdo, y no deseo dar un paso más. Pero una maestra se me acerca, a las ocho y diez de la mañana y pregunta:
-¿Es una mamá?
­–¡No! –exclamo. –Mi nombre es Naia Lipis, me envía el Departamento de Lenguas Perdidas de la Universidad, para dar una charla sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales en peligro de extinción, dijo?
Se me escapa un resoplido. Estoy acostumbrada al error, pero no por eso deja de fastidiarme.
–No. Lenguas.
-¿Como el castellano?
–Tampoco. El castellano no está en peligro de extinción.
La directora nos socorre a ambas de quedar atrapadas en un diálogo absurdo.
–¡Sí, sí! –dice la directora, y le explica a su colega de qué se trata, al tiempo que me toma de un brazo y me arrastra al interior de la escuela. Muy bien. No he podido huir a tiempo. Pero con suerte encontraré una ventana y saltaré. Total, estamos en la planta baja.

En un salón me espera un nutrido grupo de niños de todas las edades. Yo creo que mis charlas están indicadas para los alumnos mayores, los de sexto y séptimo grado. Pero en las escuelas tienden a aprovechar al máximo a los invitados y mandan a todos, hasta a los de primero, que se quedan dormidos a los tres minutos de iniciada mi conferencia.
Me acomodo en una mesa al mismo nivel que los chicos, agradezco un vaso de agua de la canilla que me alcanza alguien, y pruebo el sonido del micrófono.
–Hola, hola, buenos días –digo.
–¡Buenos días! –responden los chicos, como un rebaño.
–Mi nombre es Naia Lipis y vengo a hablarles sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales? –grita algún vivo desde el fondo.
–Lenguas.
Acto seguido, la escuela completa saca la lengua. Agacho la cabeza, tomo aire. Tengo que seguir.
–¿Usted es una nerd? –quiere saber una chica de la primera fila.
–Soy una persona que estudia las lenguas. Mi trabajo me apasiona y me gusta compartirlo con... con gente a quien también le interesa.
–¿Cierto que a todos nos interesa lo que tiene para contar la señorita? –pregunta una maestra desde el fondo. Los chicos responden con un “Síiiii” que no suena genuino en absoluto.
–Muy bien, empecemos –digo y, en respuesta, gran parte de los chicos se acomodan para empezar. Algunos se enchufan a sus auriculares, otros empiezan a enviar mensajes con sus teléfonos celulares (¿a esta hora?), algunos cabecean, y a un par los veo jugar al ahorcado.
Empecemos.
 

09 diciembre 2012

Y A VOS, ¿CÓMO SE TE OCURREN LAS HISTORIAS?

Pregunta fija en cada visita a escuelas:
¿Cómo se te ocurren las historias?
O cualquiera de sus variantes:
¿Qué te inspira?
¿De dónde sacás las ideas para escribir?
¿Cómo pensaste tal o cual tema?

Parecería que el mayor interés del lector es descubrir cuándo, cómo y por qué alguien deseó procrear esa historia. Dónde se esconde el tesoro de ideas literarias y cuál es la llave para acceder a él.

Obligada a responder esas preguntas una y otra vez, terminé descubriendo cuál era mi cantera de ideas, de dónde provenía cada notita que escribo en libretas especiales, con la esperanza de que algún día germinen y den libros.

Veamos...
Cuando escribí Alas para la Paloma tenía una imagen bastante nítida en mi cabeza: un chico de ciudad asediado por estímulos electrónicos redescubre cómo usar su imaginación ayudada por una chica de campo, acostumbrada a jugar al aire libre. No sé si hoy podría mantener esa idea. Soy madre de niños de ciudad asediados por estímulos electrónicos que muy bien mantienen una enorme e infinita capacidad de juego e imaginación, pero entonces era muy joven y quería escribir la historia de esos niños que pueden transformar una ramita de árbol en caballo alado, varita mágica, arma mortal.

La génesis de Nunca confíes en una computadora la he contado infinidad de veces, pero no recuerdo si lo hice acá. Yo quería escribir algo pero no sabía qué. Acababa de hacerles una entrevista a unos chicos dueños de un BBs (Boletin Board System) y me invitaron a participar de la red. Un día, chateando, a uno de los chicos se le cortó la comunicación. Cada vez que eso pasaba aparecía en la pantalla del resto un mensaje que decía algo así como: "X desapareció del sistema". Mientras esperaba que el muchacho en cuestión (que luego sería el esposo en cuestión) volviera a comunicarse, empecé a bromear con otro usuario que en verdad el tipo había muerto y su alma había quedado atrapada en el sistema. A partir de ese momento, solo podríamos comunicarnos con él a través de la red. Estaba en eso y en mi cabeza algo se ordenó y escribí el cuento "Jamás podré alcanzarte", dando comienzo a mi era de cuentos informáticos.

Mal de familia iba a ser una novela, pero yo tenía un niño de dos años y medio y un bebé recién nacido y apenas podía concentrarme. Así que esa idea principal, la de una mujer que, como castigo infernal recibe la visita de su suegra muerta, se convirtió en cuento y le siguieron otros en los que descargué toda mi neurosis materna. Yo sé perfectamente quién es quién en esos relatos, a quién maté metafóricamente y a quién me gustaría matar en la vida real. Pero claro, nunca lo diré.

El ahora famoso libro Hay que ser animal también tiene su historia. A mí nunca me gustó leer historias con animales. Creo que la única a la que sobreviví fue Rebelión en la granja, pero literatura infantil... fábulas, ranas, aves de todo tipo, zorros... no los soportaba. Hasta que leí el libro Eres una bestia, Viskovitz (no es para chicos, aviso), y vi la luz de luciérnaga al final del camino. Me dije: yo quiero hacer esto, quiero escribir así. Estaba en eso cuando me enganché con un documental de National Geographic sobre las tortugas marinas. Eso de que según la temperatura del nido la tortuguita sería macho o hembra. Ah... ahí había una historia para contar. El resto fue investigar muchos animales, buscar muchas curiosidades y luego decidir cuáles tenían un  relato atrás que me daría placer contar.

Y luego volví a las computadoras. Cuando escribí Nunca confíes en una computadora no existía Internet (o por lo menos, no la conocíamos ni la nombrábamos), ni Windows, ni los monitores color, ni wi fi, ni las redes sociales actuales. Era la prehistoria de la informática y por fin habíamos entrado a la historia. Tenía en la cabeza muchas nuevas historias, y así surgió Nunca salgas desconectado.

La idea de La cena del dinosaurio me daba vueltas en la cabeza desde hacía años. Y todo se resumía en una frase: "los humanos somos los extraterrestres".

Desde allí, entré a la era de las frases inspiradoras. Palabras hicieron surgir nuevas palabras. Leo algo y, zas, deseo descubrir la historia oculta detrás.

El probador de espejos nació por una canción de Ismael Serrano (de quién he escuchado pocas canciones y que no me atrae especialmente, pero justo esta vez el video estaba subtitulado y me quedé a leer), en la que un verso dice: "quisiera ser probador de espejos". No hacen falta más aclaraciones.

La última palabra, en verdad mi primera novela, le debe todo a una frase del neurolingüista Steven Pinker que no quiero copiar porque es la que cierra la novela y revela el secreto.

Shemaparin, la lengua perdida, que saldrá en los próximos días, se relaciona con una nota aparecida en el diario Clarín el 21 de marzo de 2011, cuyo título decía: "Una lengua morirá por la pelea de sus dos hablantes".

Hay dos libros más que aún deben aparecer (supongo que el próximo año) y que también tienen su origen en palabras que sugieren palabras que inspiran ideas.

Uno se titula La memoria de todos, son cinco cuentos basados en la historia. Uno sobre la Shoa, la idea surgió por el grupo de chicos que trabajaron años rescatando los libros y obras de arte que se guardaban en el edificio de la AMIA. Otro se relaciona con los derechos civiles de los negros en la EE.UU de los ´60, con discurso de Luther King incluido. El tercero apareció luego de leer una entrevista a Martin Amis, en la que se horroriza porque a su hija pequeña le revisaron su mochila en una aeropuerto. Por supuesto, neurosis post 11 de septiembre. El cuarto tiene que ver otra vez con una noticia, el título era: "Matan a una pareja solo por hablarse". Y el último se relaciona con la capacidad actual de estar hipercomunicados.

Hay un libro más a futuro, del cual no puedo aún decir título ni dar muchas pistas. Pero sí contar lo que quería hacer. Quería sacarme de la cabeza una frase atribuida a Kafka que me ronda desde que tengo 14 o 15 años, y que dice: "Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula". Y quería escribir una historia con el tono, el ritmo, y sobre todo ese humor negro y algo cruel de algunas películas animadas de Pixar y otros.

Y eso es todo, queridos niños. A la próxima escuela iré munida de archivo impreso y les leeré la génesis de cada una de mis historias. Faltan algunas, claro, están las que más me importan. Gracias por hacerme pensar.