14 noviembre 2014

¿TE CAMBIAN LOS PREMIOS, MAMÁ?

No mi chiquito... sigo siendo la misma neurótica e insegura de siempre, con la misma humildad y las mismas cuentas a pagar a fin de mes, que no logro pagar. Lo que cambia es que tengo más diplomas colgados de la pared de mi escritorio (me gusta verlos, recordar que una vez lo logré y que no recuerdo cómo) y que más gente me conoce. Y que tal vez, solo tal vez, el cosmos considere que ya he pagado mi derecho de piso.
Pero sabés que te estoy mintiendo, chiquito. Mami miente a veces, no por enfermedad mental ni nada de eso, simplemente a veces dice lo que los otros quieren escuchar. Como para no tener problemas con nadie. ¿¿¿Cómo miércoles no te van a cambiar los premios??? Cambiás cada día, a cada hora, a cada momento. Cambiás porque hacés algo o dejás de hacerlo. Porque te tratan bien o mal. Porque tratás mal o bien. Porque elegiste esto o aquello. Porque fuiste para ahí en vez de ir para allá. Hasta porque leíste un libro, cambiás. Cambiar es crecer. Las crisis son cambios. Hay crisis buenas y crisis malas. Pero me estoy yendo del tema. Claro que me han cambiado. No de un día a otro, no un premio sí y otro no, sino todo esto que me ha pasado. Desde el Colihue en 1992 hasta el Alija, el Konex y el Hormiguita Viajera de este año, pasando por el Nacional (segundo lugar, eh). Dieciocho libros (que en realidad son dieciséis, pero como dos cambiaron de tapa y de editorial, hago trampa y los cuento como libros nuevos) y ocho premios en veintidós años... si eso no me cambiara de alguna manera, tu mami sería un ser impermeable a la vida.
Entonces... ¿en qué te cambian los premios?
Bueno, yo solo puedo responder por mí. Y por mí puedo decir que los premios me han dado
PERMISO
Permiso en negrita y centrado, ¿no queda lindo?
¿Y qué significa permiso?
Pues permiso para ser.
Permiso para escribir lo que quiero e insistir con los temas que me importan (viste que mami escribe sobre cosas raras, sobre los nombres, la lengua, lo que no se dice).
Permiso para no venderme al mercado ni a las modas (aunque mami se vende de muchas otras maneras, hay que pagar las cuentas).
Eso me han dado los premios: permiso. Para mí es un montonazo, porque si me hubieras visto, ay... cuando agachaba la cabeza y hacía lo que los demás querían, siempre creyendo que me estaban haciendo un favor y temiendo que se dieran cuenta de que yo no valía nada... Bueno, los premios me los han dado por escribir los libros que quise escribir, no los que me pidieron, y ahí está la gran diferencia.
Ah, vos me preguntabas por la plata y la fama y todo eso. Tendría que haber imaginado que tu interés iba por ahí... Pues, querido hijo, lamento decirte que mami tiene que seguir trabajando y, en consecuencia, vos tendrás que trabajar cuando te llegue el momento. Los premios te cambian por dentro, porque por fuera todo sigue siendo tan difícil como siempre. Y hay más... esto no lo repitas fuera de casa porque no queda lindo... a veces algunos premios hasta te provocan cierto resentimiento, alguna molestia... porque vos creés que ese premio traerá consigo algunos cambios y nada... no pasa naranja. Pero no digas a nadie que mami dijo eso, ¿está bien?
Bueno, ¿qué pensás vos de todo esto?
Dejaste de escucharme después de la primera oración, ¿no es cierto? Y lo de la plata, eso te interesó. Está bien, no habrá más enseñanzas de vida para vos, y no, cuando dije "permiso" no te estaba dando permiso a vos. No entendiste nada, che... no entendiste...

1 comentario:

Sebastián dijo...

En tu caso, es verdad que "premio" y "reconocimiento" son sinónimos: todo lo que ganaste reconoce una realidad efectiva que ya estaba ahí, que es el talento y hasta el genio. Nosotros ya sabíamos de antemano que eras grossa, pero ahora el resto del mundo lo "reconoce".

En fin, ya sé que era para tu hijo este post, pero quiese meterme. Besos.