24 septiembre 2013

LOS PREMIOS VERONICA´S

Me gustan los premios. Creo que muchas veces no sirven para nada. Que otras veces, sí. Creo que son injustos casi siempre y siempre subjetivos. Creo que un premio puede convertirse en una carga o en una frustración. Creo que cuando se gana un premio ya se está deseando otro. Creo en la división premio que da prestigio, premio comercial. Creo que hay literatura premiable y otra que no. Creo que todo depende del momento, el lugar y el jurado. Pero me siguen gustando.
Y ahora, en vez de recibirlos, he decidido otorgarlos. Sin el apoyo de nadie ni nada ni la opinión de terceros, entrego con todo orgullo, por primera vez, los PREMIOS VERONICA´S A LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL. Premios que nadie se enterará de haber recibido, que no otorgan efectivo ni diploma ni medalla. En definitiva: premios al cuete, decididos por una única persona según sus gustos personalísimos y sus lecturas limitadas. Como muchos premios.

Aclaración innecesaria: han sido excluidos de este prestigioso premio los escritores amigos de esta servidora, para que no haya sospecha de favoritismo. Aunque a nadie le importaría (pero a mí me traería problemas). Por eso hay poco producto nacional, qué le vamos a hacer, yo quiero a todos.

Aclaración ni muy necesaria ni tan innecesaria: como es la primera vez que se entregan estos premios, se tendrá en cuenta el período que abarca desde el nacimiento de la escritura hasta el día de la fecha.

CON USTEDES, LOS PREMIOS VERONICA´S A LA LIJ:

PREMIO AL MEJOR PERSONAJE FEMENINO: premio compartido por Anne Shirley, Jo March y Violeta.
PREMIO AL MEJOR PERSONAJE MASCULINO: El Principito.
PREMIO AL MEJOR NOMBRE DE PERSONAJE FEMENINO: desierto.
PREMIO AL MEJOR NOMBRE DE PERSONAJE MASCULINO: premio compartido por Papelucho y Cocorí.
PREMIO A MEJOR LIBRO DE POEMAS: premio compartido por Las torres de Nüremberg y El libro de los chicos enamorados.
PREMIO AL MEJOR LIBRO ESCATOLÓGICO: Del topito Birolo y de todo lo que pudo haberle caído en la cabeza.
PREMIO A ESCRITOR/ILUSTRADOR CON APELLIDO ORIENTAL: compartido entre Kitamura y Kasza.
PREMIO A LIBRO ÁLBUM QUE ME ENCANTA: Jenny y el inventor de problemas.
PREMIO A LIBRO QUE ME GUSTA DE SIERRA I FABRA: El niño que cayó en un agujero.
PREMIO A LIBRO ELEGIDO POR HIJO MENOR Y LEÍDO  HASTA EL INFINITO: Un partido diferente.
PREMIO A RELACIÓN TEXTO/ILUSTRACIÓN: Carlota y Miniatura.
PREMIO A LIBROS INFANTILES LEÍDOS DE GRANDE Y QUE MARCARON ESO DE "ASÍ QUIERO ESCRIBIR": Famili y Recuerdos de Locosmos.
PREMIO A MEJOR CARCAJADA EN NIÑO Y MADRE PRODUCIDA POR LECTURA DE CUENTO: ¿Quién pidió un vaso de agua?
PREMIO A MEJOR DIÁLOGO: compartido entre Historias de Moc y Poc y En el arca a las ocho.
PREMIO A MEJOR SERIE: Harry Potter.
PREMIO A COMIC QUE TODO EL MUNDO DEBERÍA LEER: Mauss I y II
PREMIO A MEJOR DIARIO: Diario de un gato asesino.
PREMIO A NOVELA QUE TRATA DE LIBROS Y LENGUAJE: compartido entre El orden alfabético y El libro salvaje.
PREMIO A MEJOR TÍTULO: compartido entre Sopapo y Los meteoritos odiaban a los dinosaurios.
PREMIO A LIBRO POLÍTICAMENTE INCORRECTO: En el arca a las ocho.
PREMIO A LIBRO QUE NO ES LIJ PERO DEBERÍA SERLO: El curioso incidente del perro a medianoche.
PREMIO A LIBRO PARA MÁS CHIQUITOS QUE TE LLEVAN A DECIR: SI ME INTERESARA ESA EDAD, QUISIERA ESCRIBIR ASÍ: compartido entre El auto de Anastasio y Pete pide prestado.
PREMIO A MEJOR PAREJA ROMÁNTICA: compartido entre: trío entre Jo March, Laurie y Bhaer, y Anne Shirley y Gilbert Blythe.
PREMIO A PERSONAJE QUE NO PUEDE PARAR DE SUFRIR: Jane Eyre.
PREMIO A AUTOR QUE SIEMPRE ES MARAVILLOSO: Roald Dahl
PREMIO A LIBRO QUE SE SUPONE QUE ES LIJ PERO RECIÉN LO DISFRUTÁS CUANDO SOS GRANDE: Alicia en el país de las maravillas.
PREMIO A MEJOR ESCENA LACRIMÓGENA: muerte de Beth March.
PREMIO A HISTORIETA: compartido por Mafalda y Calvin&Hobbes.

Y hasta acá llegué por hoy.
Continuará. Algún día.

Pueden agregar sus premios, en los comentarios.






03 septiembre 2013

EL SÍNDROME QUÉ LINDO DIBUJITO

En este mismo instante tendría que estar escribiendo un cuento pero no hay caso, no sale. Así que me entretengo aquí boludeando y hablando de nada, que son cosas que todo el mundo hace, pero pocos logran hacer bien.

Como escritora con algunos libros ya publicados me sucede que no encuentro críticos sinceros capaces de la honestidad más brutal y cruda. Alguien que me diga, al inicio de cualquier escrito, justamente cuando más necesito una opinión: "esto que estás escribiendo es una real porquería".
Pero vayamos por partes, que tal como estoy redactando esta nota va camino a ser una real porquería.

La mayoría de las veces, cuando comienzo a escribir una nueva historia, siento que me olvidé de cómo se escribe, que no sé nada, y que lo que escrito hasta el momento solo sirve para demostrar que aquello que tenía, lo he perdido. Que ya está. Que debo dedicarme a otra cosa.
Es ahí cuando necesitaría acudir a un colega, amigo, conocido, lo que fuera, capaz de leer las páginas y decirme, con esa honestidad mortal que les contaba, si aquello en lo que estoy trabajando vale la pena o no. Sin medias tintas, sin ternuras de por medio, sin metáforas.
O es bueno, y vale la pena continuar.
O es bueno pero algo falla y vale la pena corregir y continuar.
O es una real porquería y la única salida es el Supr o el tacho de basura.

Y eso es lo que no tengo, no consigo, no sé dónde se compra.
Porque todos mis colegas, amigos y lo que fueran, son muy buenos. O por lo menos son buenos conmigo. O tal vez me quieren un poco. O no quieren que yo los odie. O vaya uno a saber. Y cómo entonces me van a decir que lo mío es una porquería, cómo joderme así la vida, la carrera, si yo ya publiqué varios libros (como si eso sirviera para que todos los libros fueran buenos), y entonces nada, que yo sigo en ascuas, en ayuna, en el limbo, creyendo que lo mío es una real porquería y nadie se anima a decírmelo.

La culpa de todo esto la tiene el Síndrome Qué Lindo Dibujito, que funciona así:

1) El pibe tiene dos años, dibuja dos palitos y dice que es un perro. Te lo muestra y morís de amor, y lo llenás de elogios como si fuera Da Vinci encarnado porque allí, en ese momento, se está jugando toda su autoestima futura, y lo sabés.

2) El pibe tiene 10 años, dibuja dos palitos y te dice que es un perro. Te lo muestra y sonreís. Pensás que el pobre no tiene mucho talento para el dibujo, pero si le hacés algún comentario al respecto, por ejemplo, que un perro tiene cuatro patas, se corre el riesgo de que el chico no vuelva a dibujar en su vida y tal vez el mundo se esté perdiendo a un futuro artista conceptual, abstracto, geométrico o lo que fuera. A un tipo que te dibuja dos palitos en una tela y hacer Arte, con mayúsculas. Y de todos modos, si eso no fuera a pasar, el pibe lo intenta, le puso garra, está contento, ¿cómo le vas a decir la verdad?

3) El pibe tiene 20 años, dibuja dos palitos y te dice que es un perro. Te lo muestra y no sabés cómo reaccionar. Bueno... acá entramos en terrenos movedizos... Pongamos que no conocés al pibe, vas a pensar que le pasa algo y entonces le vas a sonreír y decirle "¡qué lindo dibujito!", si en cambio lo conocés... bueno, vos no sabés cantar, ponele, o no sabés hacer un asado... cosas artísticas... entonces salís del paso dándole una palmada en la espalda y haciendo algún gesto con la cabeza que pueda interpretarse de diferentes maneras.
Pero nunca, nunca, jamás, lo que nadie hará es decir: ¡es una real porquería!
Y si nadie lo dice... ¿¿¿cómo miércoles va a entender el pibe de 10 años y el de 20 que su perro es... una real porquería??? ¿Cómo va a encauzar su vida? ¿Cómo va a entender que le conviene dedicarse a otra cosa o ver un perro de verdad?

¿Nos entendemos, ahora?
Esto es lo que me pasa a mí y esto es lo que le pasa a un montón de gente. Tal vez usted que está leyendo (debe ser el único lector que le queda a este blog) en algún momento necesitó que alguien le diga si lo que hace lo hace bien, si tiene sentido, si se entiende, si vale la pena, y cuán bien está en una escala de, pongamos... "bien, muy bien, excelente, maravilloso, genial".
¿Vio que no era el único? Les pasa, también, a la gente que comparte mis talleres literarios. Ojo que no le digo a nadie que lo suyo es una real porquería (quiero que sigan viniendo, que se sientan cómodos), pero sí les muestro, cuando corresponde, que lo que están escribiendo se ha ido por el camino equivocado (y entonces nos fijamos por cuál camino hay que regresar a la senda del bien), o por qué no funciona, o por qué los otros talleristas se durmieron mientras leía.
A veces hay que decir las cosas como son.

A cuenta de esto, uno de los mejores elogios que recibí en este año de taller fue el siguiente:
Tallerista: "Este cuento lo había enviado a varias editoriales, y todas me respondían que estaba muy bien pero no me lo publicaban. Ahora, por fin, entiendo cuál era la falla" (del cuento, se entiende, no de las editoriales).

Así que ya saben: a veces hay que decir la verdad, aún a riesgo de caer mal (si el otro lo pidió, que se la banque). Y si yo les pregunto alguna vez si pueden leer algo mío para darme una opinión sincera, peguen sin culpa. Total, después voy a decir que no entendieron nada.

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En verdad sí tengo colegas que opinan sinceramente y que me han ayudado muchísimo en algunos momentos de zozobra literaria. Ellos saben quiénes son, y que les estoy inmensamente agradecida.