22 agosto 2013

EL LIBRO DE ZEZÉ

Como periodista, siempre soñé con ser columnista. Tener mi propia columna que un día, seguro, se convertiría en libro.
Y entonces llegó Zezé. Un chico de 10 años que escribe su diario, su blog, en verdad, en la revista Billiken. Un desafío, una apuesta, una historia. Zezé no creció, siempre tendrá 10 años, pero su espacio sí. Se ganó más páginas en la revista, una cuenta en Facebook y, finalmente, su libro. De El blog de Zezé nació El libro de Zezé, editado por la editorial Atlántida. Todo queda en familia.

 Va la primera historia:
1
Zezé, el cronista
Me derrito. Estoy convencido de que la tele lanza rayos caloríficos que te van fundiendo de a poco. Por eso ni podés moverte después de cinco horas de dibujos animados, en plenas vacaciones y con 40° a la sombra.
Le grito a mamá (ya saben, no puedo levantarme): -¿cuándo nos vamos de vacaciones? ¡Hace tres semanas que pregunto lo mismo, y nada!
-¡Papá nos tiene una sorpresa! –exclama ella. Y enseguida aparece papá canturreando:  ¡nos vamos, nos vamos de vacaciones! Y como si no fuera interesante –y doloroso- escucharlo cantar, la cosa se pone aún más extraña. Papá nos hace cerrar los ojos y girar tantas veces sobre nuestros pies, que yo quedo mareado y me agarro de su short y se lo bajo un poco. Y así nos vamos de vacaciones.
Cuatro pasos y parece que llegamos. Abro los ojos. Estamos en el balcón de nuestro departamento, hay una pileta inflable muy chica y cuatro reposeras.
-¡Una semana todos juntos, disfrutando en familia! –dice papá-. ¡Y nada de televisión!
Mi corazón hace ¡plop!, y veo que mi hermana Flor empieza a mandar mensajes de socorro con su telefóno celular, y mi hermanito se mete en la pileta y no le importa nada.
¡Qué gran tipo! –pienso de mi papá-, ¡se conforma con tan poco! Y mientras me alegro por él doy un paso para atrás, y otro, y pienso cómo secuestrar la tele y correr a mi habitación, pero encuentro un obstáculo.
Mamá me mira. Sólo me mira.
-No, por favor… -le ruego-, ¡puedo enloquecer si paso una semana acá, desconectado!
-Hay una cura para eso –sonríe ella, y agrega-: todo lo que se te pase por la cabeza, escribilo.
Y entonces me regala un libro, no, perdón, un cuaderno que parece un libro (¡como si aún estuviera en la escuela!) y dice: -siempre estás inventando historias y contando lo que te pasa día a día, de una manera divertidísima. Sos un cronista, un escritor, Zezé. Seguro vas a escribir historias maravillosas.
Yo quiero decirle que ya casi no escribo a mano, que uso el teclado de la compu, pero de pronto se me ocurre que por fin podré usar esa lapicera de tinta que me regaló el abuelo y que es lindísima y me ayuda a tener buena letra. Y que es lindo sentir cómo se desliza la pluma por el papel, y que luego, claro, puedo pasar cada cosa que escriba a la compu, para guardarla bien guardada.
Pero mientras una parte de mi cabeza sigue pensando en cómo llegar hasta la tele y salvarla y entonces me encuentro contándome a mí mismo: “Me derrito. Estoy convencido de que la tele lanza rayos caloríficos…”. Uau. Sí, eso puedo escribirlo.
Veremos cómo sigue. Igual, yo creo que para la semana que viene, sin duda, habré enloquecido.