27 mayo 2013

A PEDIDO DEL PÚBLICO, OTRA PREGUNTA SOBRE CONCURSOS

A pedido de una lectora, va otra cuestión sobre los premios literarios (que en verdad olvidé al escribir el post anterior):

¿Qué es el prejurado? ¿Para qué sirve? ¿Cuál es su función?
Veamos... pongamos que en un concurso literario ponen que el jurado está formado por Borges, Cortázar y García Márquez (dos que ya no están y uno que nunca me va a leer, así no me meto en problemas con nadie). Ah... hecatombe de originales... lluvia de libros capaz de inundar el planeta... el solo hecho de pensar que alguno de esos tres te puede leer debería contar como mismísimo premio. Después de eso, solo la gloria y la muerte. Pero no. No lo sueñes. El jurado no está en condiciones de leer toooodo lo que llega (recuerda, amable lector, de ese TODO del que hablamos en el post de abajo). El jurado leerá solo los diez o tantos originales que hayan pasado la evaluación del prejurado. Y por eso es que existe el prejurado. Forman el prejurado varias personas a veces con tanto nombre como el jurado mismo, escritores, editores, críticos, profesores, etc, pero que se sienten felices de hacer su tarea y quedarse a la sombra. El prejurado se reparte los originales que llegan (lo cual significa que no todos leen todo, sino que a cada uno le tocará leer una cantidad de textos, aunque cuando yo fui prejurado, una vez, leí todo pero eso es porque soy una neurótica intratable, en cambio todos los miembros del jurado sí leen todo lo que les toca, ya que deben conversar entre ellos sobre los libros leídos) y decide qué pasará al jurado y qué no. Como se darán cuenta, no hay que subestimar la tarea del prejurado, todo lo contrario. El prejurado es el que te sube la barrera del peaje para que sigas participando, el que te lleva de la mano hasta el director para que te dé un beso y te diga "siga así para orgullo de sus papis y maestros", el que te abre -o cierra- las puertas del cielo. Repito: no es tarea menor y no son menores quienes la cumplen. ¿Si alguna vez se les puede pasar algo bueno? Y, sí, qué le vamos a hacer. Son humanos, somos humanos, solo la literatura es divina.

24 mayo 2013

PARA ELSY, QUE DIBUJABA PUENTES

Los escritores se mueren, como todos, claro. Pero ay... cómo duele... Esto que siento ahora me pasó poquitas veces, porque vos no conocés al escritor, no es tu amigo íntimo ni un familiar ni siquiera un compañero de trabajo al que ves todos los días, y sin embargo... Algo se te desgarra adentro, porque quedan los libros, sí, pero ya no habrá obras nuevas, ni la posibilidad, remota, de conocerlo algún día, de que se convierta en tu amigo íntimo, en tu compañero... Me pasó con Cortázar, con Fontanarrosa, con Roldán y ahora... Ahora otra vez, que se nos fue Elsa Bornemann.
A Elsa la conocí, me firmó un libro, compartí con ella un café en una mesa larga repleta de otra gente, pero yo me senté a su lado y ella conversó conmigo. Pero sobre todo, a Elsa la leí. Y no como adulto que lee a adulto, la leí a los siete años, a los nueves, a los diez, a los once. La leí cuando no había nada mejor que leerla, y sus libros, sobre todo El libro de los chicos enamorados (el de poemas), fue uno de esos libros que aprendí de memoria, que repetí, que copié, que dibujé. Esos libros que te hacen quién sos.

Yo tengo dos textos que Bornemann escribió especialmente para mí. Lo digo ahora y me parece un milagro, un regalo maravilloso, un prodigio. Las circunstancias fueron las siguientes:  en el año 1989 yo escribí un libro para la Mutual Puente de Luz (ya no existe), una asociación de padres con hijos con enfermedades oncológicas. No llegué allá de la nada. La mutual había sido creada por una de mis tías, y mi prima Carla era uno de esos chicos. Por ella comencé a escribir para chicos. Mi libro, "Ventana de la imaginación" (un libro bastamte menor literariamente, el primero, estaba aprendiendo) le sirvió a la mutual para juntar fondos y contó con prólogo de Elsa Bornemann, quien, de onda y a cambio de nada (había sido compañera de estudios de mi tía), se prendió. Imagínense... mi primer libro, y con prólogo de E.B.

El segundo texto fue escrito por E.B hace ocho años. Mi primogénito empezaba primer grado y su escuela  había bautizado cada aula con el nombre de un escritor. Había un aula Silvia Schujer, otra Laura Devetach, otra Gustavo Roldán, creo que había una Cabal y, claro, había una Elsa Bornemann. Desvergonzada yo, me contacté con ella -y con los demás autores-, y le pedí si le enviaba a los chicos unas palabras de bienvenida. Ella me envió un poema escrito para la ocasión.

Los comparto con ustedes, como homenaje a Elsa Bornemann, una maravillosa escritora.

EL PRÓLOGO de "Ventana de la imaginación"

Este será un libro hecho a dúo, a trío, a quinteto...
Es decir, a cuatro o a muchas y cálidas manos trabajando juntas... a dos o varios corazones latiendo a la par...
¿Qué cómo es posible?
Pues aceptando la invitación que hace Verónica en su carta para animarse -como lo hizo ella- a volar a través de la ventana de la imaginación y ayudarla a completar -con las propias ganas- estos "cuentos, actividades, dibujos y locuras varias" que creó -especialmente- para encontrarte, para encontrarlos, para que la encuentren...
Un montón así de páginas para soñar, para divertirse, para pensar... Un amigo de papel tan importante como los de carne y huesos... Un compañero que espera compartir sus juegos y sus lecturas y que está deseoso de verse vestido de fiesta con las palabritas y los colores que les regalen los chicos. Entonces -recién entonces- va a dejar de sentirse solo como ahora, de tan nuevo que es, tan falto de caricias infantiles todavía y con tanta alegría y afecto como tiene para dar.
Yo acepté la invitación de Verónica y pasé con este libro hermosos ratos de mis días.
¿Qué quién soy yo?
Una ex-nena, que en este momento se despide feliz, muy feliz tras haberse asomado a esta ventana.
Elsa Bornemann
Buenos Aires, noviembre de 1989.

EL POEMA DE BIENVENIDA para los chicos de primer grado:
Hola -Verónica-breve mensaje dominguero para responder a tu solicitud, realmente atractiva.
Ojalá que los versos que acabo de componer y que transcribiré a continuación respondan a tus expectativas.
Te agradezco mucho si -cuando te resulte posible- me avisás si los recibiste.
Afectuosos saludos,
Elsa Bornemann ( o Elsy).-
____________________________________________________

¡Bienvenidos -chiquitos- bienvenidos
al primer año de escuela "florecida"!,
(porque está en Flores -claro- mis queridos,
el bello barrio porteño de sus vidas...).

Les mando -por el aire- mil besitos
y deseo que disfruten de las clases
con sus maestros y compañeritos...
¡Que sea siempre hermoso lo que pase!.

Y ahora me despido -emocionada-
con la esperanza de -un día- conocerlos,
reflejarme -de frente- en sus miradas...
Ah... ¡qué enorme alegría tendré al verlos!.-


Elsa Bornemann  (o Elsy).-

Por todo eso, por los poemas, por los cuentos, por los amores correspondidos o no, por la lectura, por todo, Elsy, hasta pronto.

21 mayo 2013

EL MARAVILLOSO Y MISTERIOSO MUNDO DE LOS PREMIOS LITERARIOS

ADVERTENCIA: lo que sigue son 100% ideas mías. Lo que yo creo, lo que yo pienso, lo que yo sospecho. No tengo verdades ni certezas, solo un poco de experiencia y mucha imaginación. Y no me hago cargo de lo que usté pueda hacer con dicha información. Dicho esto, pasemos al tema.

En veinte años de escritura he participado de, si la memoria no me falla (y últimamente me falla bastante), ocho concursos literarios. Los resultados fueron: dos primeros premios, dos segundos premios, dos menciones, dos nada. Buen promedio. Esto, sumado al hecho de haber actuado como prejurado y jurado de otro concurso, me ha brindado cierta perspectiva sobre el tema concursos que hoy compartiré, sin ningún costo, con el amigo lector.
Empecemos.

¿Están arreglados los concursos literarios?
Yo quiero creer que no. He escuchado rumores, como todo el mundo, pero nunca he sabido, de primera mano, de un concurso arreglado. En principio, en los que participé yo, a mí nadie me ofreció nada por ganar, yo no le pagué a nadie y, de verdad, creo que en la mayoría de los concursos el jurado desea encontrar ese diamante en bruto que justifica su tarea.

Y entonces... ¿por qué pareciera que siempre ganan los mismos?
Ah... m´hijo, esa es la gran pregunta y yo tengo mi respuesta: porque escriben como la puta madre. Verá... en los concursos se presenta de TODO, pero cuando digo de TODO, es de TODO. Se reciben textos que no respetan las mínimas reglas gramaticales del idioma que corresponde ni de ningún otro. Textos de niños (sí, de niños, porque los padres no llegan a leer las bases completas que dicen y aclaran que deben participar mayores), textos, claro, que tampoco respetan las bases por otros motivos (y que se descalifican sin más), poesías cuando el concurso es de narración y narración cuando es de dramaturgia. Se recibe de TODO. Entonces uno va descartando este y descartando el otro y es inevitable que al final el texto que sobresale sea, a veces, de alguien que tiene oficio, talento, experiencia, etc. Sin embargo, muchos escritores surgieron de algún concurso, lo cual demuestra que no siempre sucede eso de la pregunta.

Ahora, si estos escritores con oficio, talento y experiencia ya saben que pueden publicar sus libros en cualquier editorial, ¿por qué se presentan a los concursos?
Ah, usted me lo pone difícil, qué manera de insistir, ¿eh? Le voy a decir dos palabras: prestigio, dinero. No siempre vienen juntas, pero la cosa pasa, para mí, por ahí... Hay concursos que otorgan mucho prestigio. Hay otros que otorgan mucho dinero. A veces, las dos cosas juntas. ¿Por qué no presentarse, entonces? Mire, en mi caso particular, me sigo presentando cada tanto a concursos (este año a ninguno, no se preocupe) porque me agarra una cosa rara de tener que probarme a mí misma que puedo. No me pregunte más, lo tendría que seguir en terapia, diván mediante, si fuera a terapia. También lo hago como una manera de darme a conocer en una editorial en la que no he publicado nada, ya que los concursos sirven en gran parte de semillero de autores. Uno puede no ganar pero, si la obra es buena y lo merece, queda señalada para ser publicada.

Y al final, eso del prestigio, ¿sirve para algo?
Este es tema largo y calculo que cada escritor tendrá su historia. Mire... sí, sirve. Claro que sirve. A menos que sea un concurso-trampa (ya hablaremos de eso), la comunidad literaria está pendiente de los concursos, se entera de quién ganó y por lo tanto uno comienza a ser conocido y, si sabe aprovechar la situación y puede escribir otros libros tan buenos como el que envió al concurso, muchas puertas se le abren. Pero no hay que poner todas las papas en el concurso. A veces uno se banca flor de frustración porque ganó ese concurso ideal y... y después no pasa naranja. Nada de nada. Ni una notita en el zonal del pueblo, ni un trabajito relacionado, ni un pedido de otros textos. Nada. Sí muchas felicitaciones y golpecitos en el hombro y la emoción y el orgullo de haber cumplido. Por eso, lo mejor es presentarse en un concurso con las expectativas bien plantadas sobre la tierra, con la correa puesta y cortita. Si luego suceden grandes cosas, disfrútelo. Si luego no sucede más que ese premio, pues disfrute ese premio, que se lo ganó usted y no los otros cien que participaron. Y eso es lo que vale.

¿Qué son los concurso-trampa?
Yo no sé si tienen otro nombre científico, pero para hablar del tema nos alcanza con esto de "concurso-trampa". Son concursos que organizan algunas editoriales de esas que cobran por publicar o a veces alguna imprenta, que funcionan de la siguiente manera: usted envía su texto más preciado, trabajado, corregido, y al mes recibe una linda carta de felicitación diciéndole que ganó una mención y que su texto será publicado en una antología junto a las demás menciones. Para ello le piden desembolsar una cantidad x de dinero. Lo lamento amigo, si esto le pasa, no ganó nada. Esa carta le llega a todos los que participaron, algunos, presos del entusiasmo, caerán en la trampa, pagarán y luego recibirán cincuenta ejemplares de un libro sin sentido que podrán regalar a sus familiares y amistades si desean quedarse sin familiares o amistades.
Por eso, participe de concursos serios, organizador por editoriales o centros culturales o bibliotecas o municipios o lo que fuera, conocidos. Huya del resto.

¿Podría darme algún consejo para participar de un concurso literario?
¡Sí! ¡Tengo miles de consejos! ¡Me gusta dar consejos! Por empezar, funcionan todos los consejos que di en un post abajo (búsquelo, no puedo hacer yo todo el trabajo) sobre cómo presentar un texto a las editoriales. Ahora bien, si se trata de un concurso muy importante en el que usted sabe que se presentarán grandes escritores, no estaría de más hacer la corrección del texto con alguien que se ocupe de eso. Hay que pagar, sí, (porque la opinión de los amigos nunca es muy válida) pero la situación lo amerita. Y un pedido, de corazón: los jurados no se emocionan frente a las tapas coloridas, los troquelados, los corazoncitos en los márgenes, el dibujo que su hijo hizo sobre el cuento, las tapas de cartón corrugado con ventanitas, y demás barbaridades que, aunque no lo crean, realmente se envían a los concursos. Enfóquese: hoja blanca, impresa a doble espacio, en letra cuerpo 11 o 12, de un solo lado, original preferentemente anillado.
Ah, y lo más importante, envíe un texto de la puta madre.

¿Hay textos más "premiables" que otros?
Por supuesto que texto bien escrito le gana a texto mal escrito, pero yo se que usté me pregunta otra cosa... y yo intentaré responder. Verá... creo que lo que cualquier concurso busca en un texto es originalidad, tanto en el tema como en el tratamiento, cierta profundidad (incluso cuando se trata de humor, que todos confunden con "livianidad"), un tema más o menos universal que interese a muchos y que trascienda el tiempo actual (aún cuando trate un tema actual). Por ejemplo, si nos referimos a concursos de libros para chicos, difícil que se premie el cuento del nene que no quería dejar los pañales (a menos que sea un cuento de la puta madre, capaz de revolucionar toda la literatura mundial, usté me entiende) o el del chico detective que descubre que el que le roba todos los días la leche era... ¡el gatito! Pero siempre me puedo equivocar, claro. Lo que importa es que el texto traiga un aire nuevo, que cuente algo de una manera en que hasta ahora no fue contado, que atrape, que enamore, que haga pensar, que provoque ganas de seguir leyendo. En definitiva: que sea excelente literatura.

¿Y cualquier texto se puede presentar a cualquier concurso, si respeta las bases?
Mmmm... para mí, no. Pero usté no me haga caso y presente lo que quiera donde quiera. Pero veamos... yo creo que es importante conocer la editorial o empresa o lo que fuera que organiza el concurso, qué tipo de textos premiaron anteriormente, qué libros publican, qué ideología tienen... Porque usté no va a enviar un libro erótico al concurso organizado por un grupo de boy-scouts, así como tampoco se le ocurrirá enviar un hermoso cuento sobre boy-scouts que luchan por salvar un conejito de una trampa, a un concurso de relatos eróticos, a menos que luego pase algo entre los boy-scouts y el conejito... Pero no nos desviemos del tema.

¿Los concursos responden a intereses comerciales?
Puedo entender que un centro cultural o una biblioteca o cualquier otra institución premie un texto impresionante, transgresor, experimental, pero tal vez poco comercial. Pero las editoriales... por supuesto que quieren vender el libro que premiarán. Y quieren que se venda muy bien, muchos ejemplares, durante mucho tiempo. Eso es lógico y válido. ¿De dónde cree que sale el dinero para el premio, si no? Le cuento un poco como funciona. Pongamos que la editorial dice que el premio es de $50.000 a cuenta de derechos de autor. Bueno, usted gana y cobra ese dinero (¡qué suerte la suya!). Luego sale el libro y a usted le corresponde el 10% del precio de tapa de cada libro vendido. El tema es que esos 50.000 eran a cuenta de derechos, ¿se acuerda? Entonces, no volverá a ver un centavo hasta que su libro no venda una cantidad tal de ejemplares que amortigüen ese premio. Se lo hago más claro. Llega la primera liquidación y a usted le corresponden, por ventas, $3000.- Usted los ve en el papel, pero nada más. No cobrará nada hasta que haya ganado, justamente, 50.000. Y recién entonces, a partir de esa cifra, le pagarán derechos de autor. ¿Entiende, entonces, por qué para la editorial y para usted es importante que ese libro se venda? Nadie quiere ganar ni otorgar un premio a un libro que terminará en el depósito. Y aquí vamos al grano. Comercial no es mala palabra. Comercial significa que ese libro tiene un público interesado que va a gastar su propio dinero para hacerse del libro. Se les dicen lectores. ¡Y eso es fantástico! (En cambio best-seller sí es mala palabra, pero ese es un raye mío, déjemelo pasar, por lo menos hasta que algún libro propio se haga best-seller, ahí me va a encantar).

Pasemos al tema de los jurados, ¿son siempre imparciales?
Ay, qué liiiindo, criaturita e´dios. Ningún ser humano de este planeta llamado Tierra es imparcial. No existe la imparcialidad en la sociedad humana. Cada uno es fruto y consecuencia de una enorme cantidad de factores: su entorno socioeconómico, sus experiencias de vida, sus estudios, sus lecturas. Los jurados no escapan a la regla. Cada uno llega a su tarea con un enorme bagaje cultural, sus propios gustos, sus intereses, sus ideas de lo que es bueno y lo que no es bueno y original... Uno, como jurado, intenta hacer lo mejor posible, darle a todos los libros presentados la misma oportunidad, pero cada uno es cada uno... eso no se puede cambiar. Por eso siempre decimos que ese jurado en particular decidió premiar ese libro en particular, y no que un jurado universal lo hizo.

¿Es realmente cierto que los jurados no conocen a los participantes?
Es ciertísimo, por lo menos por lo que yo sé. Usté participa con seudónimo y nadie abrirá el sobre en el que están sus datos verdaderos a menos que gane. Los sobres y los textos de los no premiados se destruyen, se queman, se hacen papel picado. Lo que sí sucede a menudo es que el jurado reconoce o cree reconocer (porque no pueden tener la seguridad absoluta) de que tal libro, por el estilo, lo debe haber escrito tal escritor. Pero esto no cambia los resultados, y como mucho puede provocar apuestas entre el jurado a ver si acertaron o no (en caso de que ese texto gane algún premio y haya que abrir el sobre).

¿Qué es lo NO corresponde que haga si participo en un concurso literario?
¡Justo la pregunta que estaba pensando! Y muy bien hecha la consulta, porque hay cosas que NO deben hacerse nunca pero nunca pero nunca en un concurso, y si usted lo hace... que la literatura se lo perdone. Los concursos tardan a veces en dar el veredicto. Espere, tenga paciencia, ya se enterará, no sirve de nada llamar a la editorial día por medio. Rompe las pelotas y los ovarios de todos, ¿sabe? Aunque no influye en los resultados ya que a menos que usted diga con qué seudónimo participó (y si lo dice quedará descalificado), nadie se enterará de que usted es... usted. Una vez enterado de los resultados, si no ganó, no llame al jurado para preguntar por qué, no pida que le escriban una opinión sobre su libro "porque quiere seguir creciendo como escritor o entender qué andaba mal en su texto", no salga a publicar en todas las redes que el concurso estaba vendido y fue una porquería porque usted no ganó. Respire hondo, déjelo pasar, vuelva a intentarlo.

Bueno, llegué hasta aquí y ya escribí mucho y me aburrí.
Si usté tiene una pregunta sobre el tema concursos, que crea que yo puedo responder, pásemela que lo haré con gusto.
Si esto le sirve, me alegro inmensamente.
Si esto no le sirve, no me alegro ni dejo de alegrarme, quedamos bien, no se preocupe.
Ahora, si desea preguntarme qué opino yo sobre los últimos textos premiados en los últimos concursos... pues le digo que mi abogado me recomendó guardar silencio. Aunque hablando en serio... creo que se han premiado muy buenos textos en general, algunos excelentes, otros buenos... pero siempre son historias bien armadas. El hecho de que me gusten o no depende de mi gusto literario. Y eso es todo lo que puedo decir.





UN PEQUEÑO GIRO

Este blog nació el 2 de agosto de 2005 y, aunque ya no tiene la vitalidad que tenía (tampoco la tengo yo), atravesó ocho años ocho contando un poco de todo. He escrito, siempre desde el humor, crónicas sobre deporte, política, hombres, literatura, vacaciones,  libros, hijos.

En los últimos años el trabajo me llenó y me colmó (el alma, no así el bolsillo) y escribí poco y perdí algo del entusiasmo por contar lo que sucedía a mi alrededor.

Pero el blog nunca terminó de morir y ahora regreso, con un pequeño giro. Tengo ganas de seguir contando, escribiendo, compartiendo, pero estoy enfocada en un tema: literatura. Y en particular, la literatura destinada a chicos y jóvenes, bien o mal llamada LIJ.

Así que, desde acá, yo la sigo. Sé que no escribiré seguido pero escribiré, por lo menos hasta que no escriba más, eso seguro.
Y si quieren acompañarme, bienvenidos sean. Hablemos de literatura.

20 mayo 2013

LINDO DÍA PARA VOLAR (segundo libro 2013)




1


EL PRIMER ENCUENTRO

El día que conocí a Camacho, entre las ramas de un inmenso eucaliptus, me contó su historia:
-Para mí, la vida era la jaula –empezó él, tranquilo, con ese modo que tiene de hablar que a veces te provoca ganas de sacudirlo un poco, arrancarle una pluma. –Yo no sabía que había otra cosa, un afuera, ¿me entiende usted?
-Sí, entiendo. ¿Qué tal si nos tuteamos? ¿Tu nombre..?
-Camachuelo.
-Camacho, viejo y peludo. No, peludo no, viejo y plumero.
Me reí. Solo.
-¿Puedo seguir? –preguntó él. Qué podía decirle. Yo estaba ansioso, todo era nuevo para mí. Me acababan de liberar hacía apenas un instante y lo primero que había hecho era volar hasta el eucaliptus, sintiendo que la vida comenzaba de nuevo, que todo había cambiado.
-Seguí, Camacho, seguí.
-Camachuelo.
-Eso, lo que vos digas. ¿Hace cuánto que sos libre?
-¿Qué día es hoy?
-¿Cómo le dicen...? Sábado.
-Entonces, desde ayer.
-¡Por el gran pico! –exclamé-, ¡ya sos un experto en libertad!
-Había nacido en jaula y pensaba morir en jaula –siguió Camacho, tan pacífico. -No conocía otra cosa.
-Eso ya lo dijiste, adelantá, dale.
Camacho me miró de tal manera… hizo un gesto así con el pico que temí por la integridad de mis ojos. Del izquierdo y del derecho. Pero era Camacho. Camacho no picoteaba a nadie, a menos que fuera absolutamente necesario.
-Y estaba bien, lo de la jaula. Era un hogar. Reducido y con barrotes, pero hogar al fin. Mi humano me alimentaba cada día, me brindaba agua fresca y cuidados veterinarios, y lo único que exigía de mí era que fuera, estuviera. Que me quedara en la jaula e hiciera lo único que sabía hacer: ser pájaro.
-¿Y volar? ¿Qué me decís de volar, Camacho?
Las plumas de la cola de Camacho se agitaron.
-Yo no sabía qué era volar. Así como no sabía qué era la libertad.
-¿Te cortaban las plumas de las alas?
-Cada semana, prolijamente. Pensaba que aquello era como ir a la peluquería, un cuidado estético, ¿me entiende usted?
-Te entiendo –dije-, a mí también me las cortaban.
-Un momento. Usted no se ha presentado -dijo Camacho y a mí me gustó que reparara en mí. Hasta ahora nadie me había preguntado mi nombre.
-Yaco, me dicen Yaco. Loro gris africano, a mucha honra.
Camacho se quedó pensando.
-Todos los loros que he conocido son… coloridos, por lo menos.
-Yo soy exótico –retruqué, algo ofendido por el comentario de mi nuevo amigo. –Mis plumas son grises, pero mi alma tiene todos los colores del arcoíris.
-Poético… -dijo Camacho.
-Que te recontra –respondí, por las dudas.

Publicado por editorial SM
Tapa de Rodrigo Folgueiras 

14 mayo 2013

LA MEMORIA DE TODOS (primer libro 2013)






Un libro que hacía mucho quería escribir, que me rondaba por la cabeza. Por un lado quería rescatar dos cuentos que escribí hace tiempo y tenían algo que ver entre sí: "Todas las sombras son negras", que trata sobre la discriminación racial y la lucha por los derechos civiles en la EE.UU de los ´50/¨60, y "La memoria de todos", el cuento que escribí el año pasado para una muestra de ilustradores sobre el atentado a la AMIA. Siguiendo con esa idea, había una historia, real, que me torturaba desde hacía años (guardo el recorte del diario con la noticia, en mi archivo): la de un par de adolescentes asesinados por sus familias en India, por pertener a castas diferentes y cometer el terrible delito de hablarse. Ese cuento, "La noche tan última" me resultó duro, difícil, lleno de silencios y cosas no dichas. El humor lo recuperé con dos relatos que tantean la realidad y se animan a fantasear un poco: "¡Bomba!", sobre cierto descontrol en cuanto al control (suena a redundancia, pero no lo es) y "El teléfono rojo" sobre la libertad de prensa (y los riesgos de perderla).
Pasen y lean.

El libro salió editado por Ediciones Elevé, con ilustraciones de Virginia Gagey.

Así comienza el relato "La noche tan última"

Sonu había dejado de entender el mundo. Hasta hacía unas horas la Tierra giraba alrededor del Sol, se sucedían los días, las estaciones, su cuerpo cambiaba, le nacían ansias, pensaba en mañana, en hoy, se preparaba el té como le gustaba, se hacía preguntas, le contaba un secreto a una amiga. Pero de pronto todo eso había dejado de tener sentido.La Tierra se había detenido y, para ella, ya no volvería a girar. Nunca.Hacía unas horas su padre y su tío la habían encerrado en una cabaña oscura de paredes de barro, sin ventanas, sin luz, sin aire.El aire ya no correría para ella. Nunca.Los ojos de Sonu apenas se habían acostumbrado a la penumbra cuando trajeron a Vishal. Eran las cuatro o cinco de la tarde, difícil saberlo en ese lugar. El tiempo ya no valdría nada para ellos. Nunca.




–La primera vez que me miraste –dice Sonu, sentada sobre el piso de tierra y dibujando palabras en el aire–, estábamos en el mercado.
–Muchas veces te miré –dice Vishal.
–¿Por qué yo? –lo interrumpe ella.
Vishal piensa.
–Cuando caminás tu túnica baila. Vas dando saltitos.
–¡La túnica baila! –se ríe Sonu, por primera vez esa tarde–, ¡qué risa! ¡Y yo no doy saltitos!
–Sí, cuando tu madre te apura, das saltitos cortos, como en el aire.
–¿Qué más?
–¿Más...? Tus... tus ojos...
–¿Escuchás? Afuera están discutiendo tu papá y mi papá, y seguro que están mis cuñados y mi tío. Espero que no nos peguen. Una vez a una prima le dieron cinco latigazos porque había salido sin cubrirse, y mamá y yo la lavamos y la curamos después. No fue nada lindo.
–No van a pegarnos. Mi madre no lo permitiría. Pronto seré el hombre de la casa.
–¿Cuántos años tenés?
–Quince.
–Yo dieciséis. Mis ojos.
–¿Qué?
–Ibas a decir algo sobre mis ojos.
–¿Ves? Hablás como caminás, das saltitos, como un pequeño pájaro que nunca se para dos veces en el mismo lugar.
Sonu se sonroja, pero en la penumbra su rubor se tiñe de oscuridad.
–Mis ojos –insiste.
–Son... son profundos y melancólicos a la vez. Pero curiosos. Eso, son ojos curiosos.