17 enero 2013

CONSEJOS PEQUEÑOS PARA AUTORES GRANDES o "El arte de publicar tu libro"

Me encanta leer consejos para escribir, para publicar, para corregir, para lo que sea. Me devoro libros como "Zen en el arte de escribir", de Bradbury o el genial "Mientras escribo" de Stephen King. Leo consejos pero nunca me consideré apta para darlos. Eso no cambió demasiado. Pero de pronto caí en la cuenta de que llevo veinte años publicando libros, que no hago otra cosa que leer y escribir desde los 8, y que mi nuevo oficio de editora me permite, más que dar consejos, ordenar y exponer algunas ideas que tengo. No son máximas, no tienen nada de verdad absoluta, pero así es como pienso sobre "el arte de lograr publicar tu libro".

Valga la aclaración de que estos pequeños consejos servirán para el autor inédito (que quiere dejar de serlo) y no para quien ya acostumbra tratar con editores, promotores, libreros y, el gran premio: lectores.

1. EL ORIGINAL
Aunque ya no merezca ese nombre en la era informática, el original es para mí sagrado, y como objeto sagrado hay que tratarlo.
Debe estar impreso en páginas tamaño carta o A4 blancas, con una letra clara (yo uso la tipografía calibri porque odio a rajatabla la Times New Roman, y la Arial me aburre), tamaño de fuente apta para todos, o sea 12, a doble espacio, sin tachaduras, cambios a mano o lo que fuera. Si a último momento, cuando ya imprimiste cien originales, decidís cambiar una palabra, la mejor opción es volver a imprimir esa página para cada original.
Título y autor claros en primer página. Cada capítulo debe comenzar en una página nueva. La ortografía y sintaxis deben ser impecables y perfectas de tanta perfección. Si tus conocimientos sobre el tema no son suficientes, podés confiar -poco- en los correctores ortográficos de los programas de texto o, mucho mejor, dar tu libro a corregir a alguien que sepas (a veces hay que pagar por esto, pero es necesaria inversión a futuro).

Eso de que los editores leerán el texto a pesar de que las dos primeras palabras ya tengan horrores de ortografía, es mentira. Si un autor primerizo me entrega un texto así, lo único que puedo pensar es que no tiene ningún deseo por mejorar, crecer; que no se preocupa ni se responsabiliza por su material y, por lo tanto, que la historia que cuenta, entonces, estará a la altura de su ortografía.
En cambio, editores y correctores sí seremos los encargados de, por ejemplo, pasar a bastardilla los términos extranjeros, cambiar guiones por rayas o viceversa, ordenar diálogos, corregir dequeísmos y queísmos y demás. Todos los textos de todos los autores necesitan de más o menos corrección.

¿Qué más sobre el original...? Sangrías, no sé por qué el 60% de quienes escriben no respetan la sangría que a mí, lector, me permite diferenciar un punto y seguido de un punto y aparte.

El original debe estar acompañado de una breve biografía (no hace falta el CV completo, no estás buscando trabajo) y es buena idea incluir una carta al editor en el que demuestres que conocés la editorial y pensás que tu libro podría incluirse en tal o cual colección.

Desde que comencé a editar a mí me llegan los originales directamente vía mail. Eso no cambia nada de lo de arriba. Aunque me gustaría mucho que los autores preguntaran, por lo menos, si deseo que me envíen el texto impreso, ya que leer decenas de páginas en la pantalla es agotador y molesto.

2. EL ENVÍO
No se puede enviar cualquier libro a cualquier editorial.
Esto, que pocos tienen en cuenta, es una máxima absoluta. Hay editoriales que no publican, por ejemplo, poesía, novela gráfica, libros álbum. Otras que no publican textos de x extensión o fantasy. Hay editoriales cuyos libros chorrean valores y moralejas, y otras que se animan a lo políticamente incorrecto. Por eso es imprescindible conocer la editorial a la que se enviará el original. Y esto se logra de manera muy fácil y sin costos. Hay que estudiar las páginas web, ir a las librerías y quedarse horas hojeando y ojeando ejemplares. Y luego de eso analizar en qué editorial y en qué colección de esta editorial podría caber tu libro. Y entonces sí, preparar el envío.   A mí me preguntan muchas veces cómo comencé a publicar. Lo hice así, como lo recomiendo. Fui a las librerías (aún no era época de Internet) y miré muchos libros sin leerlos. Pregunté. Trabajaba como periodista en el suplemento infantil de un diario, y por suerte ahí todos sabían de libros. Por fin me decidí por la editorial x. Armé mi original, averigüé el nombre del editor a cargo y llevé mi sobre color marrón a la dirección indicada y lo dejé, cuerpo presente, en la mesa de entradas. Y luego... a esperar y caminar por las paredes.  
Hay autores que envían el mismo libro a varias editoriales a la vez y otros que envían a una por vez y esperan la respuesta hasta enviar a otra. No sé qué es mejor, yo siempre envié a una por vez y sigo sin decidir si es la mejor manera.  

Ojo con lo que le cuenten al editor para darse a conocer. A veces uno agrega datos pensando que le servirán, que serán de ayuda, que lo harán quedar mejor y no... lo lamento. Por ejemplo: si contás que el mismo libro que le estás dando a leer ya fue leído en una o veinticinco editoriales y que en todas te dijeron que era un libro maravilloso pero que lamentablemente no podían publicarlo por falta de presupuesto o lo que fuera, en verdad estás diciendo que te rechazaron el libro en todos esos lugares (lo cual no es buena información). La verdad es dura y no tiene remedio. Es muy jodido rechazar material, es doloroso y hasta traumático. El editor se pregunta si ese escritor podrá reponerse, si seguirá escribiendo, si no estará cortando de raíz una carrera prometedora. Incluso, si no se está equivocando (onda "Harry Potter". Pero todos somos humanos...). Por eso, en vez de escribir la verdad sobre el libro ("es horrendo y leerlo me produjo arcadas"), lo cual además puede provocar un atentado contra su vida, el editor prefiere la respuesta de manual:
-No tenemos presupuesto; no encontramos una colección en la cual incluir su libro; el plan editorial está cerrado hasta el 2132; no leemos material no solicitado; etc.
Muchas veces lo de arriba resulta ser verdad. Los planes editoriales se organizan con mucha anticipación. La mayoría de las editoriales ya sabe qué publicará durante 2013, está editando los libros que saldrán durante el 2014 y hasta puede tener originales esperando su lugar para el 2015. Por eso, incluir un libro no solicitado es a veces imposible. A menos que el libro sea el mejor libro que uno ha leído en la historia de la humanidad. Esos libros siempre encuentran su camino.  

En caso de que el libro sea rechazado o directamente no leído (como dije, hay editoriales que no leen los originales que les llegan si no los solicitaron), no vale la pena pelearse con el editor. No son tantas las editoriales y posiblemente quieran presentar algún otro texto en el futuro. Tampoco vale la pena suicidarse, dejar la literatura o hacer de la depresión crónica una profesión. Lo único que sirve en ese momento es seguir escribiendo. Volver sobre ese libro o comenzar uno nuevo. Pero nunca darse por vencido.  

¿Qué más sobre el envío...? Ah, veamos... ¿sirven las recomendaciones? Sí, muchas veces sirven. Yo logré de esa manera que leyeran un texto mío en una editorial que no leía originales no solicitados. Pone al editor en un lugar incómodo en el que debe hacer un favor a un conocido, y el que puede salir ganando es nuestro libro.
 Y sirven los concursos literarios. Otorgan nombre, prestigio y promoción.  Mi primera editora me dijo que había leído el libro que envié (no solicitado, como siempre), porque sabía que había ganado x concurso... ¡en el que ella también había participado! 
Así que adelante con los concursos. Pero cuidado con los "concursos truchos", que son los que organizan editoriales que cobran a los autores por la publicación de sus libros. En general en esos concursos uno siempre gana una mención y luego se le pide una cantidad de dinero para ser publicado en una antología que nunca saldrá de la imprenta.   

Para los concursos valen todos los consejos sobre el original. Y allí hay que tener más cuidado aún porque los prejurados deben leer cientos de textos en muy poco tiempo y por lo tanto pueden desechar un texto ilegible en milésimas de segundo.  

Y un pequeño agregado: los editores no se emocionan al recibir textos con dibujitos pegados, tapas de papel carísimo de color fucsia y letras con brillantina, ilustraciones no solicitadas hechas por niñitos que "amaron ese texto y piden cada noche que se los vuelvan a leer", páginas troqueladas o polvos mágicos que caen de sobres secretos. No, no y no. Lo único que importa es el texto y todo lo demás, todo el adorno provoca que se rían a carcajadas, piensen cosas que ni puedo escribir sobre ustedes o tengan ataques de llanto descontrolado y salgan a gritar que odian su trabajo (pero solo por ese rato). Y en caso de que te rechacen tu envío luego de leerlo, no siempre es beneficioso ofrecer otro texto en el mismo momento (a menos que te lo pidan, claro está), u ofrecer escribir lo que el editor quiera. No queda bien, no queda serio.   

 3. EL TEMA, EL CONTENIDO
Y aquí viene la parte difícil de todo este asunto. El libro en sí, la historia, el texto. Se publica en este momento mucho y un montón de autores excelentísimos están en su mejor momento, son jóvenes y no tienen enfermedades terminales. O sea: van a seguir escribiendo largo rato. Y como sus libros son buenos (porque la experiencia vale y mucho, y en general los escritores escriben cada vez mejor) y venden bien, los editores prefieren seguir apostando a ellos (porque si el editor no gana dinero no podrá publicar ningún otro libro, sea de autor conocido o no) y no hay tanto espacio para que autores inéditos dejen de serlo (a menos que hayan ganado un premio literario). ¿Y entonces...? Entonces se cae en un círculo vicioso del que parece imposible salir (como de todos los círculos):
"No me publican porque soy desconocido, pero soy desconocido porque no me publican".

Ah... si habré yo llorado encerrada en aquel círculo como si fuera la torre del castillo embrujado... Ustedes dirán que, de alguna manera, logré salir. Y juro que no vino ningún príncipe a rescatarme. Y sí, salí. Salí a fuerza de trabajo. Acepté que los textos que me rechazaban no estaban a punto y seguí trabajando en ellos o los abandoné y seguí escribiendo. Pasé casi diez años de mi vida sin publicar ningún libro, creyendo que nunca volvería a hacerlo, pero en todo ese tiempo ni dejé de escribir ni dejé de presentar a las editoriales, y así... ya saben.
Entonces... entonces todo depende del libro. La obra debe estar perfectamente escrita desde lo formal (el lenguaje), y ojalá bellamente escrita, pero también debe ser una historia que movilice, distinta, nueva, que emocione, que haga reír, que dé miedo, que haga pensar... No todas las opciones juntas, por supuesto, o sí. Debe destacarse, debe demostrar que tenemos una voz que merece ser escuchada, un tono y un estilo original, y que sabemos contar una historia.
 Por eso lamento ser quien diga lo obvio: las historias de brujas y brujos, vampiros adolescentes, patitos que buscan a su familia, niñas que se enamoran de sus vecinitos, Caperucitas modernas y demás, solo podrán llegar a libro impreso si ofrecen algo que toooodos los demás libros similares no ofrecen. Nadie publicará otro libro más en un montón de libros. No. Las editoriales necesitan que su inversión dé frutos para no cerrar sus puertas. Y por lo tanto invertírán en ese autor nuevo solo si el libro que ha presentado merece el riesgo. Si dice algo distinto. Si lo cuenta de manera diferente. Y bien, claro. Y maravilloso.  

 Es de suponer que todo autor nuevo que envía su libro inédito a una editorial, lo hace porque cree en su material, porque se ha tomado el trabajo y el tiempo de corregir ese texto, también de dejarlo descansar, de leerlo a la distancia. Porque cree que hay lectores que están esperando, aunque no lo sepan, un libro de esas características. Ese libro. Darse contra la pared, entonces, cuando ese libro es rechazado, sin entender el porqué, puede ser inmensamente frustrante. Pues bien, yo voy a repetir lo que creo sobre esto. Y lo creo fervientemente, como si se tratara de una religión: 

LOS LIBROS MARAVILLOSOS ENCUENTRAN LA MANERA
DE ABRIRSE CAMINO HACIA EL LECTOR.

Como sucede con todos los caminos, que pueden tener desviaciones, en los que puede haber piquetes o un puente roto, el viaje puede durar más o menos, pero se llega a destino.
 
Para resumir: un libro que cuenta una historia de la gran siete, bellamente escrito, hallará la forma de ser publicado.  
 
4. EL DESPUÉS
Pues bien, enviamos el libro al editor. ¿Y luego, qué? Si no recibimos un mail de confirmación con instrucciones de espera, sepan que la respuesta puede tardar una semana, un mes, un año, o no llegar nunca. Yo tuve de todas esas. Lo principal entonces, es: no se pongan pesados. Los editores odian a los escritores pesados. No insistan, bánquensela. Pueden enviar un cordial recordatorio al editor una vez por mes, algo al estilo: "Hola, ¿hay alguna noticia sobre el texto, blablablá?". Y a seguir esperando. O no. Cada uno es libre de ponerse una fecha límite: "si en cuatro meses no me responde, listo, envío el texto a otra editorial". O algo así.

Si reciben un rechazo, una hora de duelo y a seguir trabajando. Los pensamientos autoconsuelo: "el editor es un hijo de puta que no sabe nada"; "la editorial es una porquería"; "yo soy mejor que todo el mundo", son útiles a corto plazo, no tanto a la larga.
Y si logran el sí tan esperado, una cosita más y ya la termino:
La función del editor a partir de ahora es que tu libro sea un mejor libro todavía. Trabajá con él/ella, escuchalo y leé y tené en cuenta cada sugerencia que te hacen. Me ha sucedido, y me llama soberanamente la atención, que autores muy nuevitos me han dicho: "no acepto que me cambies ni una coma" (y esa coma, lo digo, estaba mal puesta), mientras que TODOS los autores conocidos y reconocidos a quienes tengo la inmensa suerte y el honor de editar, muestran tal grado de humildad y aceptación del trabajo de edición, que me quito el sombrero y me inclino a sus pies. Trabajar con ellos es un placer, trabajar con quien no desea revisar su libro es... un trabajo.

Mucho gusto y hasta pronto y suerte. O no, no es suerte. Trabajo y talento. Eso está mejor.

04 enero 2013

SHEMAPARIN, LA LENGUA PERDIDA



Presento nuevo crío literario, editado por Sigmar y con ilustraciones de Florencia Cassano.
Y comienza así:


1
Siete de cada diez personas a quienes cuento a qué me dedico, me sacan la lengua. No sé qué extraño sentido del humor se esconde detrás de esa acción. Pero sucede. Diez de diez si son niños.  Así que lo digo ahora, rápido, ustedes sacan la lengua, y todos continuamos nuestras vidas, felices.
Soy especialista en lenguas perdidas.
¿Listo? Sigo con mi historia, entonces.

Un par de veces al año me toca dar charlas en escuelas. Algo similar a un sacrificio humano, en el que la víctima soy yo. Para los alumnos, en cambio, es un enorme aburrimiento. Ninguno sale ganando. Pero alguien tiene que hacerlo.
Y hoy, otra vez, es el día.
Estoy parada frente a las puertas abiertas de una escuela primaria cuyo nombre no recuerdo, y no deseo dar un paso más. Pero una maestra se me acerca, a las ocho y diez de la mañana y pregunta:
-¿Es una mamá?
­–¡No! –exclamo. –Mi nombre es Naia Lipis, me envía el Departamento de Lenguas Perdidas de la Universidad, para dar una charla sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales en peligro de extinción, dijo?
Se me escapa un resoplido. Estoy acostumbrada al error, pero no por eso deja de fastidiarme.
–No. Lenguas.
-¿Como el castellano?
–Tampoco. El castellano no está en peligro de extinción.
La directora nos socorre a ambas de quedar atrapadas en un diálogo absurdo.
–¡Sí, sí! –dice la directora, y le explica a su colega de qué se trata, al tiempo que me toma de un brazo y me arrastra al interior de la escuela. Muy bien. No he podido huir a tiempo. Pero con suerte encontraré una ventana y saltaré. Total, estamos en la planta baja.

En un salón me espera un nutrido grupo de niños de todas las edades. Yo creo que mis charlas están indicadas para los alumnos mayores, los de sexto y séptimo grado. Pero en las escuelas tienden a aprovechar al máximo a los invitados y mandan a todos, hasta a los de primero, que se quedan dormidos a los tres minutos de iniciada mi conferencia.
Me acomodo en una mesa al mismo nivel que los chicos, agradezco un vaso de agua de la canilla que me alcanza alguien, y pruebo el sonido del micrófono.
–Hola, hola, buenos días –digo.
–¡Buenos días! –responden los chicos, como un rebaño.
–Mi nombre es Naia Lipis y vengo a hablarles sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales? –grita algún vivo desde el fondo.
–Lenguas.
Acto seguido, la escuela completa saca la lengua. Agacho la cabeza, tomo aire. Tengo que seguir.
–¿Usted es una nerd? –quiere saber una chica de la primera fila.
–Soy una persona que estudia las lenguas. Mi trabajo me apasiona y me gusta compartirlo con... con gente a quien también le interesa.
–¿Cierto que a todos nos interesa lo que tiene para contar la señorita? –pregunta una maestra desde el fondo. Los chicos responden con un “Síiiii” que no suena genuino en absoluto.
–Muy bien, empecemos –digo y, en respuesta, gran parte de los chicos se acomodan para empezar. Algunos se enchufan a sus auriculares, otros empiezan a enviar mensajes con sus teléfonos celulares (¿a esta hora?), algunos cabecean, y a un par los veo jugar al ahorcado.
Empecemos.