04 enero 2013

SHEMAPARIN, LA LENGUA PERDIDA



Presento nuevo crío literario, editado por Sigmar y con ilustraciones de Florencia Cassano.
Y comienza así:


1
Siete de cada diez personas a quienes cuento a qué me dedico, me sacan la lengua. No sé qué extraño sentido del humor se esconde detrás de esa acción. Pero sucede. Diez de diez si son niños.  Así que lo digo ahora, rápido, ustedes sacan la lengua, y todos continuamos nuestras vidas, felices.
Soy especialista en lenguas perdidas.
¿Listo? Sigo con mi historia, entonces.

Un par de veces al año me toca dar charlas en escuelas. Algo similar a un sacrificio humano, en el que la víctima soy yo. Para los alumnos, en cambio, es un enorme aburrimiento. Ninguno sale ganando. Pero alguien tiene que hacerlo.
Y hoy, otra vez, es el día.
Estoy parada frente a las puertas abiertas de una escuela primaria cuyo nombre no recuerdo, y no deseo dar un paso más. Pero una maestra se me acerca, a las ocho y diez de la mañana y pregunta:
-¿Es una mamá?
­–¡No! –exclamo. –Mi nombre es Naia Lipis, me envía el Departamento de Lenguas Perdidas de la Universidad, para dar una charla sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales en peligro de extinción, dijo?
Se me escapa un resoplido. Estoy acostumbrada al error, pero no por eso deja de fastidiarme.
–No. Lenguas.
-¿Como el castellano?
–Tampoco. El castellano no está en peligro de extinción.
La directora nos socorre a ambas de quedar atrapadas en un diálogo absurdo.
–¡Sí, sí! –dice la directora, y le explica a su colega de qué se trata, al tiempo que me toma de un brazo y me arrastra al interior de la escuela. Muy bien. No he podido huir a tiempo. Pero con suerte encontraré una ventana y saltaré. Total, estamos en la planta baja.

En un salón me espera un nutrido grupo de niños de todas las edades. Yo creo que mis charlas están indicadas para los alumnos mayores, los de sexto y séptimo grado. Pero en las escuelas tienden a aprovechar al máximo a los invitados y mandan a todos, hasta a los de primero, que se quedan dormidos a los tres minutos de iniciada mi conferencia.
Me acomodo en una mesa al mismo nivel que los chicos, agradezco un vaso de agua de la canilla que me alcanza alguien, y pruebo el sonido del micrófono.
–Hola, hola, buenos días –digo.
–¡Buenos días! –responden los chicos, como un rebaño.
–Mi nombre es Naia Lipis y vengo a hablarles sobre lenguas en peligro de extinción.
–¿Animales? –grita algún vivo desde el fondo.
–Lenguas.
Acto seguido, la escuela completa saca la lengua. Agacho la cabeza, tomo aire. Tengo que seguir.
–¿Usted es una nerd? –quiere saber una chica de la primera fila.
–Soy una persona que estudia las lenguas. Mi trabajo me apasiona y me gusta compartirlo con... con gente a quien también le interesa.
–¿Cierto que a todos nos interesa lo que tiene para contar la señorita? –pregunta una maestra desde el fondo. Los chicos responden con un “Síiiii” que no suena genuino en absoluto.
–Muy bien, empecemos –digo y, en respuesta, gran parte de los chicos se acomodan para empezar. Algunos se enchufan a sus auriculares, otros empiezan a enviar mensajes con sus teléfonos celulares (¿a esta hora?), algunos cabecean, y a un par los veo jugar al ahorcado.
Empecemos.
 

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