09 diciembre 2012

Y A VOS, ¿CÓMO SE TE OCURREN LAS HISTORIAS?

Pregunta fija en cada visita a escuelas:
¿Cómo se te ocurren las historias?
O cualquiera de sus variantes:
¿Qué te inspira?
¿De dónde sacás las ideas para escribir?
¿Cómo pensaste tal o cual tema?

Parecería que el mayor interés del lector es descubrir cuándo, cómo y por qué alguien deseó procrear esa historia. Dónde se esconde el tesoro de ideas literarias y cuál es la llave para acceder a él.

Obligada a responder esas preguntas una y otra vez, terminé descubriendo cuál era mi cantera de ideas, de dónde provenía cada notita que escribo en libretas especiales, con la esperanza de que algún día germinen y den libros.

Veamos...
Cuando escribí Alas para la Paloma tenía una imagen bastante nítida en mi cabeza: un chico de ciudad asediado por estímulos electrónicos redescubre cómo usar su imaginación ayudada por una chica de campo, acostumbrada a jugar al aire libre. No sé si hoy podría mantener esa idea. Soy madre de niños de ciudad asediados por estímulos electrónicos que muy bien mantienen una enorme e infinita capacidad de juego e imaginación, pero entonces era muy joven y quería escribir la historia de esos niños que pueden transformar una ramita de árbol en caballo alado, varita mágica, arma mortal.

La génesis de Nunca confíes en una computadora la he contado infinidad de veces, pero no recuerdo si lo hice acá. Yo quería escribir algo pero no sabía qué. Acababa de hacerles una entrevista a unos chicos dueños de un BBs (Boletin Board System) y me invitaron a participar de la red. Un día, chateando, a uno de los chicos se le cortó la comunicación. Cada vez que eso pasaba aparecía en la pantalla del resto un mensaje que decía algo así como: "X desapareció del sistema". Mientras esperaba que el muchacho en cuestión (que luego sería el esposo en cuestión) volviera a comunicarse, empecé a bromear con otro usuario que en verdad el tipo había muerto y su alma había quedado atrapada en el sistema. A partir de ese momento, solo podríamos comunicarnos con él a través de la red. Estaba en eso y en mi cabeza algo se ordenó y escribí el cuento "Jamás podré alcanzarte", dando comienzo a mi era de cuentos informáticos.

Mal de familia iba a ser una novela, pero yo tenía un niño de dos años y medio y un bebé recién nacido y apenas podía concentrarme. Así que esa idea principal, la de una mujer que, como castigo infernal recibe la visita de su suegra muerta, se convirtió en cuento y le siguieron otros en los que descargué toda mi neurosis materna. Yo sé perfectamente quién es quién en esos relatos, a quién maté metafóricamente y a quién me gustaría matar en la vida real. Pero claro, nunca lo diré.

El ahora famoso libro Hay que ser animal también tiene su historia. A mí nunca me gustó leer historias con animales. Creo que la única a la que sobreviví fue Rebelión en la granja, pero literatura infantil... fábulas, ranas, aves de todo tipo, zorros... no los soportaba. Hasta que leí el libro Eres una bestia, Viskovitz (no es para chicos, aviso), y vi la luz de luciérnaga al final del camino. Me dije: yo quiero hacer esto, quiero escribir así. Estaba en eso cuando me enganché con un documental de National Geographic sobre las tortugas marinas. Eso de que según la temperatura del nido la tortuguita sería macho o hembra. Ah... ahí había una historia para contar. El resto fue investigar muchos animales, buscar muchas curiosidades y luego decidir cuáles tenían un  relato atrás que me daría placer contar.

Y luego volví a las computadoras. Cuando escribí Nunca confíes en una computadora no existía Internet (o por lo menos, no la conocíamos ni la nombrábamos), ni Windows, ni los monitores color, ni wi fi, ni las redes sociales actuales. Era la prehistoria de la informática y por fin habíamos entrado a la historia. Tenía en la cabeza muchas nuevas historias, y así surgió Nunca salgas desconectado.

La idea de La cena del dinosaurio me daba vueltas en la cabeza desde hacía años. Y todo se resumía en una frase: "los humanos somos los extraterrestres".

Desde allí, entré a la era de las frases inspiradoras. Palabras hicieron surgir nuevas palabras. Leo algo y, zas, deseo descubrir la historia oculta detrás.

El probador de espejos nació por una canción de Ismael Serrano (de quién he escuchado pocas canciones y que no me atrae especialmente, pero justo esta vez el video estaba subtitulado y me quedé a leer), en la que un verso dice: "quisiera ser probador de espejos". No hacen falta más aclaraciones.

La última palabra, en verdad mi primera novela, le debe todo a una frase del neurolingüista Steven Pinker que no quiero copiar porque es la que cierra la novela y revela el secreto.

Shemaparin, la lengua perdida, que saldrá en los próximos días, se relaciona con una nota aparecida en el diario Clarín el 21 de marzo de 2011, cuyo título decía: "Una lengua morirá por la pelea de sus dos hablantes".

Hay dos libros más que aún deben aparecer (supongo que el próximo año) y que también tienen su origen en palabras que sugieren palabras que inspiran ideas.

Uno se titula La memoria de todos, son cinco cuentos basados en la historia. Uno sobre la Shoa, la idea surgió por el grupo de chicos que trabajaron años rescatando los libros y obras de arte que se guardaban en el edificio de la AMIA. Otro se relaciona con los derechos civiles de los negros en la EE.UU de los ´60, con discurso de Luther King incluido. El tercero apareció luego de leer una entrevista a Martin Amis, en la que se horroriza porque a su hija pequeña le revisaron su mochila en una aeropuerto. Por supuesto, neurosis post 11 de septiembre. El cuarto tiene que ver otra vez con una noticia, el título era: "Matan a una pareja solo por hablarse". Y el último se relaciona con la capacidad actual de estar hipercomunicados.

Hay un libro más a futuro, del cual no puedo aún decir título ni dar muchas pistas. Pero sí contar lo que quería hacer. Quería sacarme de la cabeza una frase atribuida a Kafka que me ronda desde que tengo 14 o 15 años, y que dice: "Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula". Y quería escribir una historia con el tono, el ritmo, y sobre todo ese humor negro y algo cruel de algunas películas animadas de Pixar y otros.

Y eso es todo, queridos niños. A la próxima escuela iré munida de archivo impreso y les leeré la génesis de cada una de mis historias. Faltan algunas, claro, están las que más me importan. Gracias por hacerme pensar.