14 enero 2012

MANUALIDADES




Si no lo puedes comprar... lo puedes hacer...



Las únicas dos cajas para guardar lapiceras que encontré en toooda la ciudad de Buenos Aires, estaban totalmente fuera de mi presupuesto. Así que la hice y la comparto. Desde que era una tímida caja sin definición, hasta convertirse en una hermosa y práctica caja para lapiceras.



Lo que lleva:

Dos manos de pintura siena tostada.

Pátinas (técnica de pincel seco): 1) verde óxido; 2) rojo óxido; 3) bronce.

Decoupage: recortes obtenidos de un catálogo europeo de lapiceras.

Interiores forrados en pana (o similar) negra.

Y el gran secreto: el piso superior tiene una base de maderitas redondas pegadas a tres cm. una de otra, para que al forrarla se armaran los huequitos para colocar las lapiceras. El piso inferior es liso, para guardar lapiceras en desuso, cartuchos, etc.













02 enero 2012

DES-BALANCE 2011

Este blog nació el 2 de agosto de 2005. Desde entonces intenté asesinarlo varias veces, pero ya ven... El blog se aferra a la vida virtual y me obliga a seguir alimentándolo (a esta altura tenemos una relación bastante disfuncional), cuidándolo, escribiéndolo.

Pues bien, esta vez toca cierre de año y apertura de otro, como si se tratara de un libro contable en el que hay que sumar y restar numeritos para poder continuar.

Yo sumo. Hace algunos años, en este mismo espacio, me quejaba de lo difícil que era publicar. Hacía listas de editoriales que no aceptaban siquiera la presentación de originales. Listas de rechazo. Seguía escribiendo. Seguía quejándome.

Ahora todo cambió (por lo menos por ahora, estas cosas mutan de un segundo a otro). Son las editoriales las que me llaman y yo escribo, insegura como siempre, pero sabiendo que a cada retoño literario lo espera una familia editorial adoptiva (aunque las adopciones no sean muy legales... yo vendo a los niños de papel...).

Al comienzo del 2011 me llevaba a la pileta del club el original de "La cena del dinosaurio" para corregir. Luego escribí la segunda parte de "Relatos en gatonés" (que todavía no tiene fecha de salida). En el medio me hice un hueco para reescribir "Nunca confíes en una computadora" que volverá a la calle de la mano de Amauta. Seguido comencé "El probador de espejos", que aparecerá pronto por EDB, y estoy a la espera de que me lleguen las correcciones de "La última palabra", que nacerá en marzo a través de Norma. Y ahora -ya, en un rato- escribo una nueva historia, aún sin título, para Sigmar. Seguirán dos títulos más durante 2012 y luego... bueno, ¿qué tal un descanso de la ficción? Además ahora soy editora también, ya contaré...
Un año... uau... qué año... qué maravillosamente maravilloso año profesional. Todo lo que soñé desde que me senté a escribir mi primer poema a los ocho años... aquí está. Todo lo que sembré y regué, para el que guste de tropos cursis, ahora estoy cosechando.

Y en el medio de todo... la queja. Me sigo quejando, porque ahora no tengo tiempo libre, porque trabajo demasiado, porque el tiempo me empuja, porque las editoriales me exigen. Porque aún aquellos días en que no tengo ganas de escribir, tengo que escribir.

Ah... la queja... Pasan los trabajos, los libros, la desocupación, pero la queja permanece. La queja es la manta tibia en la que puedo arroparme pase lo que pase.

Así que le dedico este 2012 recién estrenado -y que promete seguir movidito-, a la queja. Mi señora queja. Mi compañera desde siempre. Mi queja femenina y judía y psicoanalizada. Mi queja mía.

Porque sé que cuando esté mal, cuando no vea salida, cuando me sienta sobrepasada o deprimida o decepcionada o perdida... siempre podré quejarme.