26 diciembre 2010

SE PUEDE TRADUCIR AL ESPAÑOL


Último-último libro del 2010. Como lo hice en "Hay que ser animal", sigo hablando en animalés. Es que cuando uno aprende un nuevo idioma, sólo desea practicarlo. Acá al lado mío Trinity (¡que cumple un año el 28 de diciembre y me ha transformado en una feliz madre canina!) dice que ladro bien, que comienza a entender. Pero que por qué el libro en gatonés, dice ella... Ninguno de mis hijos nunca está conforme, che.

09 diciembre 2010

CERRANDO EL 2010, QUE SE TERMINA

Un conocido y reconocido colega de letras me recordó que tenía el blog bastante abandonado. Y tiene razón el hombre. Claro que como yo soy mujer pero, sobre todo, histérica, vueltera y muchas otras cosas más patológicas, no pienso decirle eso (que tiene razón) y sí voy a dar varias excusas por las que-he-a-ban-do-na-do-un-po-co-el-blog.

Mi primera y más importante excusa es que este año -el año pasado también, carajo- he trabajado. Lo cual puede no sonar a excusa propiamente, pero sepan que la condición de trabajar siempre me ha pasado por el costado. Yo sé lo que es buscar trabajo, sé lo que es no tener trabajo, pero no tenía mucha idea de lo que era trabajar.
Segunda excusas: parte de ese trabajo ha sido escribir -y muy mucho- y, por lo tanto, cuando termino de escribir lo que sí tengo que escribir no me queda resto para escribir aquí, que es como optativo, ¿no?
Y la tercera y para mí maravillosa excusa es que trabajar+escribir resultó en =novela. He escrito una novela. Yo, V.S, he novelado. Luego de años y años de cuentos en los que creí que la novela era para mí como el Santo Grial para los cruzados, algo que nunca alcanzaría, que siempre estaba un poco más adelante, por fin descubrí el secreto, revelé las estructuras, dominé el arte.
He novelado.

Durante mucho tiempo creí y sentí que el día indicado la novela maduraría en mí y caería cual manzana del árbol. Y así fue. No hubo que forzar nada, no fue necesario hacer sacrificios ni torturarme ni encerrarme en un psiquiátrico literario para que saliera. Llegó. Como llegan los años o los hijos.
Y este proceso de crear una novela, una historia de más de veinte páginas, con más de dos personajes, me resultó francamente fascinante. Y por eso es que escribo, claro está.
Comencé por crear a los personajes y ponerlos en un lugar. El primer lugar elegido (una biblioteca escolar) no funcionó. Los mudé a una playa que conozco. Me lo agradecieron y siguieron adelante. Y luego me dediqué a armar la historia como se arma un castillo con rastis, ladrillito tras ladrillito. Sin brújula, sin cemento, sin herramientas, sin planos. Y como no había nada de eso, cada vez que yo levantaba una pared, las otras tres se venían abajo. Así que frené la construcción y me planteé dónde estaba, a dónde quería llegar y cómo llegaría desde el punto A hasta el punto B.
Para ello tenía que conocer a mis personajes. ¿Qué motivaba a X a hacer tal cosa, a decir tal otra? ¿Por qué actuaba como lo hacía? Es fácil decir: "este personaje es encerrado por años en una prisión y cuando escapa es rico y se venga de todos los que lo jodieron". Pero para escribir "El Conde de Montecristo", Alejandro Dumas creó a un Edmundo Dantés que tiene sus propias ideas, sueños, objetivos, prejuicios, pasiones. Y tuvo que lograr que todo lo que hace este personaje sea lógico y verosímil aunque la historia sea absolutamente ilógica e increíble (lo cual no es aquí el caso).
Por supuesto no me comparo con Dumas. Mi novela es pequeña, es un grano de arena al lado de todas esas otras novelas. Pero por fin pude escribirla. Y la historia que terminé de escribir bien poco se parecía a la que había pensado al principio. Algunos personajes me traicionaron e hicieron su camino y no tuve más remedio que seguirles la corriente. Como a los locos.

Esa novela está hoy en manos de una editora y yo tiemblo todos los días por su suerte. ¿Se publicará? ¿Alguien la leerá? ¿A alguien le gustará? ¿Lo habré hecho bien?
Mientras espero por su suerte, otra historia comienza a anidar en mi cabeza. Me llama. Y ya sé que será otra novela. Que hay una chica y un chico y, como fondo, la Europa de la Segunda Guerra. El resto es dejar que las palabras me lleven.

Y como si esto fuera poco, en abril debo entregar una novela a una editorial, y en mayo otra a otra. Lo que soñé durante todo este camino de escribir, por fin comienza a hacerse realidad: que me pidan libros, que venga a golpear mi puerta. En vez de ser siempre yo la que lleva, pide, solicita, deja originales, llama al tiempo.

Pero sigo estando acá. Y no voy a dejar el blog, porque gran parte de lo que conseguí lo que conseguí aquí, con ustedes leyéndome allá.
Y si escribo poco pueden venir y cachetearme despacito. O mejor, pueden servirme un mate mientras escribo (tibio y dulce).

Estoy escribiendo.