26 octubre 2010

EL FUTURO ESTÁ ACÁ (SOBRE MI ESCRITORIO)

No sé por qué, siento culpa al escribir este post. Siento que me tengo que excusar, pedir disculpas, explicar. Veamos cómo me sale...

Lo hago con un video que muchos deben haber visto alguna vez, y que encontrarán ACÁ. Es realmente un muy buen video.

¿Seguimos? Hace dos años que, dentro del Diplomado de Logogenia, yo dicto el módulo de Ortografía, que es algo más que sólo el hecho de escribir correctamente. Uno de los temas que incluyo es Historia de la escritura. Desde la escritura cuneiforme, pasando por las inscripciones en caparazón de tortuga, el alfabeto fenicio, el papiro, la piedra de Rosetta, la imprenta de Gutenberg. La escritura ha tenido tantas formas como formas de lectura existen y, tal vez, entre todas ellas ha sido el libro el objeto ganador. Uno de los más perfectos inventos del hombre. O, como dijo Stephen King: "Los libros son la magia más portátil que existe".

A mí no sólo me gusta leer, me apasiona leer, sino que también me fascina este objeto de papel. Los incunables, los libros antiguos, los libros raros, los libros ilustrados, las primeras ediciones. Me gusta tener libros al lado aunque no los lea. Me gusta llevar libros a donde vaya. De chica no sólo leía libros sino que los catalogaba, los ordenaba por distintos criterios y jugaba a la librería. Les ponía precio en la primera página y los recomendaba a compradores invisibles.

Tanto amaba mis libros que, con apenas 8 ó 9 años tuve que hacer un trato con mi mamá para tener una biblioteca sólo mía. Si yo encontraba dónde guardar lo que había en unos estantes en el comedor diario, ella me los daba. Me los fui ganando de a uno.

Mi biblioteca creció. Muchas veces doné libros y vendí libros para poder hacerles lugar a los nuevos. Y seguirá creciendo, por supuesto. Pero... pero... ay carajo... acá viene... no tengo más espacio pero, sobre todo, no tengo todo el dinero que quisiera tener para comprar los libros que quisiera comprar. Tampoco creo que haya tantos árboles en el mundo para editar tantos libros. Y hay muchos libros que quiero leer pero que no me interesan guardar. Libros para estudiar un tema en particular, clásicos. Hay tanto y tanto y tanto... Por eso... por eso... por eso... ok, que salga como salga: desde hace tres días soy la feliz y culposa poseedora de un diabólico artefacto llamado LECTOR ELECTRÓNICO O E-BOOK. Una cosita así, con una pantallita asá, con tinta electrónica, y pasás las páginas así para un lado y para el otro, o ponés el dedo acá, y la cosa marcha.

He entrado al futuro de la literatura y, mientras, leo en la cama un libro titulado: "Nadie acabará con los libros". Maravillosa contradicción.

No puedo negarlo. Me encantan los chiches electrónicos. Me pueden. Leía e investigaba sobre e-books creyendo que nunca llegaría a tener uno, y aquí está. El futuro a veces llega más rápido de lo que uno cree.

En estos días todavía no leí nada en el coso éste. Me entretengo buscando y bajando libros. Clásicos, sobre todo, con los que tengo una gigante deuda pendiente y que además están libres de derechos. También encontré un par de libros que quería leer hace tiempo y que están agotadísimos. No quiero joder a ningún escritor con sus derechos como no quiero que me jodan a mí. De eso se tendrán que ocupar los ejecutivos de las editoriales. Quiero ser leída en un e-book pero también quiero seguir viviendo de la literatura.

¿El e-book matará los libros? ¡No! Qué cosa absurda. Ni a los libros ni a la literatura ni a las listas de compras ni a nada que, hasta ahora, necesita de lápiz y papel. Los libros tienen todavía mucha vida por delante, pero no infinita. La forma de leer, lo querramos o no, va a cambiar. Ya está cambiando. Y uno se sube al tren o lo deja pasar.

Yo me animo, entonces, como el tipo del video tratando de entender el libro.



14 octubre 2010

TODO LO QUE PODRÍA HABER PASADO EN LA MINA CHILENA Y, UFA, NO PASÓ

En una nota en un diario argentino, Carlos Páez Vilaró, uno de los sobrevivientes del avión caído en los Andes hace 38 años, les ningunea a los chilenos su percance en la mina. El tipo recuerda que esta vez no sólo no murió nadie y los mineros tuvieron permanente contacto con el exterior desde el día 18, sino que "no deja de ser un accidente laboral". Y está bien. Tiene razón. No hay comparación entre las tragedias. Los mineros no tuvieron que decidir comerse al capataz, por ejemplo. Y al final, cuando salieron de la mina tan afeitaditos, tan arreglados, tan locuaces algunos, tan bien parados, tan enteros, como que faltó algo, ¿no? Lo picantito, digo yo. La parte de tragedia, de espanto, de morbo. ¿Para qué nos tragamos más de dos meses esta historia si al final no pasó nada? ¿Quién me devuelve la ansiedad frente a la TV, la espera de malas noticias? ¿Quién se hace cargo de que todo haya salido tan bien, tan limpio?

A mí se me ocurren algunas cosas como para salpimentar la historia. Como para hacerla más interesante. Cosas que podrían haber pasado y, ufa, no pasaron. Bajen y vean:

1) Rescatan a los 33 mineros y cuando sale el último un nuevo derrumbe sepulta a los 6 rescatistas.
2) Cada minero aparece en la superficie con 20 años menos.
3) Colocan a cada minero en la Fénix, en el interior de la mina, pero al aparecer en la superficie la cápsula está vacía.
4) Los 33 mineros, a las 3:33 de la tarde del día 33 reciben un mensaje de Jesús, y la imagen de éste queda grabada en todos los cascos. La mina no sólo no cierra sino que se convierte en lugar de peregrinación santa y se pagan miles de dólares por bajar en la cápsula.
5) A pocas horas de salir, ya en el hospital de campaña, los mineros comienzan a mostrar comportamientos extraños. Beben sangre, les crecen los colmillos, los espanta la luz del sol.
6) Suben desde el interior de la mina los 33 mineros, los 6 rescatistas y un virus mortal que termina con la humanidad.
7) Los mineros salen pero a otra dimensión.
8) Al día siguiente del rescate, la mina aparece abierta y en Chile no hay más nadie. Ni un alma.
9) Cuando los rescatistas bajan a la mina descubren que los 33 tipos están muertos pero enteros, sentados, como si estuvieran hablando, y nadie se había dado cuenta.
10) En la cámara que filma todo lo que sucede abajo están los mineros, charlan entre ellos, se felicitan por el rescate, se ve cómo baja la cápsula, pero los rescatistas no encuentran a nadie.
11) Se descubre que todo fue un montaje televisivo, como algunos dicen que fue el alunizaje.
12) Minga que los mineros se organizan para salir y todos quieren ser el último. En cuanto llega la cápsula se inicia una pelea infernal por treparse a ella y al final se matan entre todos.

Se me ocurren muchas cosas más que podrían haber sucedido, pero yo creo que con eso basta. Si tienen alguna idea que haga más intersante el asunto, no duden en mandármela. A ver si entre todos hacemos, de verdad, un rescate inolvidable.

El último en salir de la mina, que apague la luz.

04 octubre 2010

EL DÍA DEL SINCERICIDIO

Hoy en día existen días para casi todo. Empezando por el día del niño, siguiendo por el día del ahijado, del abuelo, del tío postizo, hasta absurdos como el día del sordo y, de todo un poco: día del especialista en alisado definitivo, día del gato siamés criado en Ghana, día del ansioso crónico, día de seguidores de bananita Dolca.
Los judíos, además, sumamos un día bastante funcional: el día del perdón. En el Iom Kippur se pide perdón por errores y dolores cometidos al prójimo a lo largo del año que acaba de terminar. Y ese perdón debe durar hasta que volvamos a pedir perdón el siguiente año por lo mismo que habíamos perdido perdón el año anterior. ¿Se entiende? Porque después de todo somos seres de costumbres... si la cagamos una vez, la cagamos siempre.
Tenemos día para casi todo y, sin embargo, falta EL día. El día que, si esta inciativa prospera, se convertirá, estoy segura, en el día más importante de la humanidad: el Día del Sincericidio.

En el Día del Sincericidio se le dice al otro la verdad y la más cruda y pura verdad, y el otro no tiene derecho a la réplica, ni al enojo, ni a ofenderse, ni a dejar de ser amigo, cónyugue, socio, familiar, amante.
En el Día del Sincericidio se dice todo aquello que nos ha quedado atragantado y que no nos animamos a decir porque, justamente, sabemos que el otro no lo entenderá.
Claro, el primer Día del Sinceridicio será difícil y duro. Yo tengo 41 años (casi 42) de cosas atragantadas y mi sincericidio puede durar un poco. Además tendría que salir a buscar gente que no veo hace veinte o veinticinco años y a quienes quiero decirles un par de cosas. Pero luego la cosa se hará más fácil, más llevadera. Una vez al año largamos la bilis acumulada y el resto de los días la seguimos pipicucú.

Una vez al año ponemos al otro en su lugar, le cantamos las cuarenta, decimos las cosas como son, al pan pan y al vino vino, y luego volvemos a callarnos hasta el año siguiente. Y, pasadas esas 24 horas de catarsis (sé que hay gente que no dormirá para poder tener tiempo de enfrentar a todos los que le cagaron la vida durante esos 364 días),a dormir en paz, felices, tranquilos, con las almas livianas. A encontrarnos con el ofensor al día siguiente como si nada hubiera pasado. Un abrazo, un besito, un qué divino que estás hoy y listo. La vida continúa.

Suerte la de los judíos que, si son vivos (no me incluyo porque no formo parte del grupo judaico que toma decisiones en estos asuntos) te ponen el Día del Sincericidio el mismo día que el del perdón y matan dos pájaros de un tiro: sinceridad brutal de un lado, perdón del otro y, al terminar el ayuno, un par de plétzalej para compartir.

Para terminar esta cruzada en pos del Día del Sincericidio, les muestro cómo funcionaría, para mí, este grato y a la vez amargo día:

A 1: "Cada vez que te cuento que no tengo guita (siempre) para algo o no puedo gastar (siempre) o estoy ahorrando (ojalá...), y vos me salís con ese bien judía vos, ¿eh? seguido de risa tarada, me da ganas de decirte que sos un racista de mierda, un antisemita de miércoles, pero no te digo nada y me río para no arruinar la relación y porque en el fondo sé que no sos racista ni antisemita, sos un ignorante, esos sos, y no vale la pena".

A 2: "Si me volvés a contradecir delante de XXX, te vuelo la cabeza. Si no te gusta lo que hago o cómo lo hago, andate a la reputaqueteparió, pero dejame que haga mi trabajo como me parece que tengo que hacerlo. ¿Entendiste, pelotudo de mierda?".

A 3: "Te odio, te odio y no te soporto, y daría lo que fuera por no verte nunca más en mi vida, sos la persona más insoportable, desubicada y pesada que conocí en mi vida y me harías un favor si te vas a vivir a la Cochinchina y no sé nunca más de vos. Y te digo, por si no lo sabías, que cada vez que veo en el identificador de llamadas que llamás vos, ¡no atiendo!, ¡joda, joda!".

A 4: "Te creés que sos la gran cosa y nooooooooo... ¡sos una mierda!"

Sí, yo creo que más o menos así funcionaría la cosa. Claro que no es necesario que todos hagan gala de la agresividad y falta de respeto hacia el otro que he demostrado pero, como les dije, son muchos años de verdades reprimidas. Justamente por eso creo que es tan necesario el Día del Sincericidio, porque la primera vez puede salir como arriba pero luego las verdades se van calmando, ya no se acumulan, uno aprende a sincerizarse de otra manera, ¿no?

Gente, movámonos. Juntemos firmas. Hagamos sentadas, piquetes, marchas, escraches, lo que les guste y esté de moda. La humanidad necesita desesperadamente de este Día del Sincericidio. Si lo festejamos, yo creo, estoy segura, tengo fe, les aseguro, que todos seremos un poco más libres.