No sé por qué, siento culpa al escribir este post. Siento que me tengo que excusar, pedir disculpas, explicar. Veamos cómo me sale...
Lo hago con un video que muchos deben haber visto alguna vez, y que encontrarán ACÁ. Es realmente un muy buen video.
¿Seguimos? Hace dos años que, dentro del Diplomado de Logogenia, yo dicto el módulo de Ortografía, que es algo más que sólo el hecho de escribir correctamente. Uno de los temas que incluyo es Historia de la escritura. Desde la escritura cuneiforme, pasando por las inscripciones en caparazón de tortuga, el alfabeto fenicio, el papiro, la piedra de Rosetta, la imprenta de Gutenberg. La escritura ha tenido tantas formas como formas de lectura existen y, tal vez, entre todas ellas ha sido el libro el objeto ganador. Uno de los más perfectos inventos del hombre. O, como dijo Stephen King: "Los libros son la magia más portátil que existe".
A mí no sólo me gusta leer, me apasiona leer, sino que también me fascina este objeto de papel. Los incunables, los libros antiguos, los libros raros, los libros ilustrados, las primeras ediciones. Me gusta tener libros al lado aunque no los lea. Me gusta llevar libros a donde vaya. De chica no sólo leía libros sino que los catalogaba, los ordenaba por distintos criterios y jugaba a la librería. Les ponía precio en la primera página y los recomendaba a compradores invisibles.
Tanto amaba mis libros que, con apenas 8 ó 9 años tuve que hacer un trato con mi mamá para tener una biblioteca sólo mía. Si yo encontraba dónde guardar lo que había en unos estantes en el comedor diario, ella me los daba. Me los fui ganando de a uno.
Mi biblioteca creció. Muchas veces doné libros y vendí libros para poder hacerles lugar a los nuevos. Y seguirá creciendo, por supuesto. Pero... pero... ay carajo... acá viene... no tengo más espacio pero, sobre todo, no tengo todo el dinero que quisiera tener para comprar los libros que quisiera comprar. Tampoco creo que haya tantos árboles en el mundo para editar tantos libros. Y hay muchos libros que quiero leer pero que no me interesan guardar. Libros para estudiar un tema en particular, clásicos. Hay tanto y tanto y tanto... Por eso... por eso... por eso... ok, que salga como salga: desde hace tres días soy la feliz y culposa poseedora de un diabólico artefacto llamado LECTOR ELECTRÓNICO O E-BOOK. Una cosita así, con una pantallita asá, con tinta electrónica, y pasás las páginas así para un lado y para el otro, o ponés el dedo acá, y la cosa marcha.
He entrado al futuro de la literatura y, mientras, leo en la cama un libro titulado: "Nadie acabará con los libros". Maravillosa contradicción.
No puedo negarlo. Me encantan los chiches electrónicos. Me pueden. Leía e investigaba sobre e-books creyendo que nunca llegaría a tener uno, y aquí está. El futuro a veces llega más rápido de lo que uno cree.
En estos días todavía no leí nada en el coso éste. Me entretengo buscando y bajando libros. Clásicos, sobre todo, con los que tengo una gigante deuda pendiente y que además están libres de derechos. También encontré un par de libros que quería leer hace tiempo y que están agotadísimos. No quiero joder a ningún escritor con sus derechos como no quiero que me jodan a mí. De eso se tendrán que ocupar los ejecutivos de las editoriales. Quiero ser leída en un e-book pero también quiero seguir viviendo de la literatura.
¿El e-book matará los libros? ¡No! Qué cosa absurda. Ni a los libros ni a la literatura ni a las listas de compras ni a nada que, hasta ahora, necesita de lápiz y papel. Los libros tienen todavía mucha vida por delante, pero no infinita. La forma de leer, lo querramos o no, va a cambiar. Ya está cambiando. Y uno se sube al tren o lo deja pasar.
Yo me animo, entonces, como el tipo del video tratando de entender el libro.