04 octubre 2010

EL DÍA DEL SINCERICIDIO

Hoy en día existen días para casi todo. Empezando por el día del niño, siguiendo por el día del ahijado, del abuelo, del tío postizo, hasta absurdos como el día del sordo y, de todo un poco: día del especialista en alisado definitivo, día del gato siamés criado en Ghana, día del ansioso crónico, día de seguidores de bananita Dolca.
Los judíos, además, sumamos un día bastante funcional: el día del perdón. En el Iom Kippur se pide perdón por errores y dolores cometidos al prójimo a lo largo del año que acaba de terminar. Y ese perdón debe durar hasta que volvamos a pedir perdón el siguiente año por lo mismo que habíamos perdido perdón el año anterior. ¿Se entiende? Porque después de todo somos seres de costumbres... si la cagamos una vez, la cagamos siempre.
Tenemos día para casi todo y, sin embargo, falta EL día. El día que, si esta inciativa prospera, se convertirá, estoy segura, en el día más importante de la humanidad: el Día del Sincericidio.

En el Día del Sincericidio se le dice al otro la verdad y la más cruda y pura verdad, y el otro no tiene derecho a la réplica, ni al enojo, ni a ofenderse, ni a dejar de ser amigo, cónyugue, socio, familiar, amante.
En el Día del Sincericidio se dice todo aquello que nos ha quedado atragantado y que no nos animamos a decir porque, justamente, sabemos que el otro no lo entenderá.
Claro, el primer Día del Sinceridicio será difícil y duro. Yo tengo 41 años (casi 42) de cosas atragantadas y mi sincericidio puede durar un poco. Además tendría que salir a buscar gente que no veo hace veinte o veinticinco años y a quienes quiero decirles un par de cosas. Pero luego la cosa se hará más fácil, más llevadera. Una vez al año largamos la bilis acumulada y el resto de los días la seguimos pipicucú.

Una vez al año ponemos al otro en su lugar, le cantamos las cuarenta, decimos las cosas como son, al pan pan y al vino vino, y luego volvemos a callarnos hasta el año siguiente. Y, pasadas esas 24 horas de catarsis (sé que hay gente que no dormirá para poder tener tiempo de enfrentar a todos los que le cagaron la vida durante esos 364 días),a dormir en paz, felices, tranquilos, con las almas livianas. A encontrarnos con el ofensor al día siguiente como si nada hubiera pasado. Un abrazo, un besito, un qué divino que estás hoy y listo. La vida continúa.

Suerte la de los judíos que, si son vivos (no me incluyo porque no formo parte del grupo judaico que toma decisiones en estos asuntos) te ponen el Día del Sincericidio el mismo día que el del perdón y matan dos pájaros de un tiro: sinceridad brutal de un lado, perdón del otro y, al terminar el ayuno, un par de plétzalej para compartir.

Para terminar esta cruzada en pos del Día del Sincericidio, les muestro cómo funcionaría, para mí, este grato y a la vez amargo día:

A 1: "Cada vez que te cuento que no tengo guita (siempre) para algo o no puedo gastar (siempre) o estoy ahorrando (ojalá...), y vos me salís con ese bien judía vos, ¿eh? seguido de risa tarada, me da ganas de decirte que sos un racista de mierda, un antisemita de miércoles, pero no te digo nada y me río para no arruinar la relación y porque en el fondo sé que no sos racista ni antisemita, sos un ignorante, esos sos, y no vale la pena".

A 2: "Si me volvés a contradecir delante de XXX, te vuelo la cabeza. Si no te gusta lo que hago o cómo lo hago, andate a la reputaqueteparió, pero dejame que haga mi trabajo como me parece que tengo que hacerlo. ¿Entendiste, pelotudo de mierda?".

A 3: "Te odio, te odio y no te soporto, y daría lo que fuera por no verte nunca más en mi vida, sos la persona más insoportable, desubicada y pesada que conocí en mi vida y me harías un favor si te vas a vivir a la Cochinchina y no sé nunca más de vos. Y te digo, por si no lo sabías, que cada vez que veo en el identificador de llamadas que llamás vos, ¡no atiendo!, ¡joda, joda!".

A 4: "Te creés que sos la gran cosa y nooooooooo... ¡sos una mierda!"

Sí, yo creo que más o menos así funcionaría la cosa. Claro que no es necesario que todos hagan gala de la agresividad y falta de respeto hacia el otro que he demostrado pero, como les dije, son muchos años de verdades reprimidas. Justamente por eso creo que es tan necesario el Día del Sincericidio, porque la primera vez puede salir como arriba pero luego las verdades se van calmando, ya no se acumulan, uno aprende a sincerizarse de otra manera, ¿no?

Gente, movámonos. Juntemos firmas. Hagamos sentadas, piquetes, marchas, escraches, lo que les guste y esté de moda. La humanidad necesita desesperadamente de este Día del Sincericidio. Si lo festejamos, yo creo, estoy segura, tengo fe, les aseguro, que todos seremos un poco más libres.

2 comentarios:

Naty dijo...

La gente no maneja la verdad muy bien que digamos, si uno les dice lo que piensa, es un grosero. Y si no les dice nada, un hipocrita... Un dia al año no hace daño.

A.S dijo...

Me pareció reinteresante que en este post haya un sólo comentario. ¿será por el tema?