20 septiembre 2010

LO QUE NADIE NOS CONTÓ QUE HIZO JANE EYRE CUANDO SE DESPIDIÓ DE SU AMIGA HELEN

-Vengo a verte, Helen; oí decir que estabas muy mal, y no podía dormir hasta que no hablara contigo.
-Entonces vienes a darme el último adiós; paréceme que has venido en el momento preciso.
-¿Te vas para alguna parte, Helen? ¿Te vas para tu casa?
-Sí, para mi gran casa, mi última casa...
-¡No, no, Helen!
Permanecí desconsolada y aunque quise devorar mis lágrimas, no pude. Un acceso de tos atacó a mi amiga; yo no quise llamar a la enfermera y cuando se le pasó quedó desfallecida, sin fuerzas.
-Jane -me dijo algo más tarde-, tus piececitos se helarán, acuéstate conmigo y cúbrete con el cobertor.
Así lo hice; ella puso su brazo sobre mí y quedamos abrazadas; después de un largo silencio, me dijo con voz baja:
-¿Sientes eso.., Jane?
Dije que sí. Helen había llevado su mano derecha sobre mi pecho y me ofrecía un masaje para que entrara en calor. Luego fue bajando la mano, muy lentamente. A mí me asombró que mi cuerpo se calentara tan rápido. ¿Por qué nunca habíamos probado aquello en las largas noches heladas en el orfanato? Seguro que la señorita Scatcherd lo hacía cada día. Pensé que, cuando Helen se durmiera por fin, iría a la habitación y le haría eso a cada una de las niñas. Así podríamos pasar este duro invierno.
-¿Quieres que siga haciendo esto, Jane?
-¡Sí, sí, Helen! Por favor no pares.
-Quisiera tener más tiempo, ¿sabes? Hay tantas cosas que podría enseñarte...
-Eras una amiga muy sabia, Helen, ¿quién te ha enseñado a tí?
Helen me miró y, a pesar de su semblante pálido como el hielo, pareció sonrojarse.
-¿Recuerdas lo que te conté del último hogar en donde estuve?
-Claro, Helen. -Todas recordábamos con nostalgia el hogar en donde habíamos crecido, aunque allí no fuéramos amadas.
-El señor y la señora Bringham me hacían esto todas las noches para que yo pudiera dormir.
-¡Qué gente tan amable, Helen!
-Y aquí... a veces la señorita Scatcherd a veces me llevaba a su habitación y me pedía que la ayudara a entrar en calor.
-¡Y sin embargo ha sido ruda contigo, Helen! ¡Te ha dejado todo un día a la intemperie y has enfermado por su culpa! ¡Qué mujer tan cruel!
-Jane... estoy cansada.
-Un poco más, querida, sólo un poco y... acabará... esto... lo siento...
-¿Tienes calor, mi vida?
-Sí.
-Buenas noches, Jane.
-Buenas noches, Helen.
Nos besamos y nos quedamos dormidas.

Jane Eyre
Carlota Brontë

(Nota de la autora de este blog: sólo lo agregado en itálica me pertenece).

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