28 agosto 2010

OPERACIÓN FORO 15

Estuve otra vez. Ellos invitaron, yo fui. Y sin duda y sin culpa podría volver a escribir lo que escribí el año pasado, acá, porque el sentimiento es el mismo. Porque sigue siendo una inmensa fiesta de la lectura en la que todos queremos jugar.
Hablo del 15° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que cada año organiza la Fundación Mempo Giardinelli en Resistencia, Chaco.
Pero claro, cambian los invitados y cambian los temas y las mesas, y se suman jugadores, digo lectores, digo participantes. El Domo de la ciudad ofrece albergue a casi 2000 personas que, por tres días consecutivos se dedican a escuchar hablar de la lectura, y participan de los talleres y las tertulias literarias.
Este año el tema del Foro fueron, justamente, los 15 años. 15 años para adelante y 15 años para atrás. Qué nos pasó en el país, en el afuera, en la lectura, en los programas de lectura, en la escritura. Dónde estábamos, dónde estamos, a dónde queremos llegar. La lista de invitados, de talleres, el discurso de inauguración de Giardinelli los pueden leer en la página de la Fundación, así que yo sigo con lo mío.

Este año no me tocó ofrecer una ponencia, pero sí estuve a full con mi taller, "Lectura y discapacidad". 25 personas se reunieron dos mañanas conmigo para compartir cómo leer con, cómo leerles a chicos con discapacidad. Fue la primera vez que desarrollé este tema, abarcando todas las discapacidades y no sólo la auditiva y, más allá de mi desempeño, que tendrán que evaluar quienes estuvieron allí, sigo y seguiré trabajando para multiplicar estos espacios en los que pensamos y nos pensamos. Y ojalá sean cada vez más las Fundaciones, los Congresos, los Encuentros o lo que les guste con la mayúscula que prefieran, los que se den cuenta de que si no leen todos, entonces no somos tan libres como creemos.

Una tarde, además, visité la escuela de integración "Crecer con todos" en donde me recibió un fantástico grupo de chicos sordos e hipoacúsicos quienes, aunque hicieron el esfuerzo de leer algo mío, no pudieron llegar a comentarlo. Pero sí conversamos largo. Un poco con lectura labial, un poco con mis señas y mucho gracias a una maestra que ofició de traductora. Porque ellos no me entienden a mí pero yo tampoco los entiendo a ellos.
Cada vez que visito una escuela de chicos sordos o hipoacúsicos confirmo mis tesis, lo que estoy haciendo, lo que aprendí. Estos chicos, como tantos otros, no leen. Están fuera, están exiliados de la lectura. Les pregunté a todos y a cada uno y la respuesta general fue "no". Salvo uno que, con ayuda y esfuerzo dijo leer los textos que le permiten seguir estudiando.
Pero leer ficción, no. ¿Cómo podrían hacerlo si no entienden lo que leen? Entonces, como no podíamos charlar de literatura, usé un poco de Logogenia. Escribí en el pizarrón un par de "juegos" de comprensión, a ver qué pasaba.

"Pedro vio a Juan mientras cruzaba la calle".
¿Quién cruzaba la calle?

"El director técnico y médico del equipo fue a ver el partido".
"El director técnico y el médico del equipo fueron a ver el partido".
¿Cuántas personas fueron a ver el partido en la primera oración, y cuántas en la segunda?

Lo que para ustedes puede resultar obvio, para los chicos sordos, no. Gran asombro de sus maestros y perplejidad de los padres. ¿Qué pasará con estos chicos si no leen? ¿Cómo seguirán estudiando? Dejo volar las preguntas... ojalá lleguen a todos.

Por último participé de una de las tertulias literarias y leí un fragmento de uno de los cuentos de "Mal de familia".

Y lamentablemente aquí debería terminar esta crónica. Porque la verdadera riqueza del Foro está en las ponencias y debates, y yo no pude ser parte. Juro y rejuro que cada vez lo intento. Miro a los labios, me concentro, no miro a los labios, subo el volumen del audífono, me quito el audífono. Me pongo cerca, me pongo lejos. Me irrito, me canso. ¿¿¿Cómo puede ser que si escucho perfectamente las voces de los que leen, no pueda entender un carajo??? Malditas conexiones neuronales.
Entonces salgo a caminar por los alrededores del Foro, visito el río, me quedo en el hotel, voy al centro. Al final yo siempre soy la única que sabe dónde está todo en la ciudad y guío al grupo, a los que tienen que llevar un regalo o necesitan algo de farmacia o quieren probar los mejores chipacitos.

Y esto termina acá. En realidad este año quería escribir sobre el "backstage" del Foro. Todo lo que la gente no ve. Todo lo inmensamente divertido. Lo raro. Las curiosidades. ¿Qué hacen cuarenta escritores, periodistas, intelectuales, especialistas, cuando conviven por cuatro días? Pero luego me dije que no. Que no era serio. Que no tenía que ver con el Foro, que no combinaba. Que podía ofender a alguien. Que el Foro era lo que compartimos con la gente, no lo que pasa puertas adentro.
Entonces no puedo escribir, por ejemplo, sobre los dos conocidísimos escritores de libros para chicos que, por llegar tarde a Aeroparque y tener que comerse una cola insufrible (¡porque no se animan a hacer el check-in desde sus casas!), al llegar al aeropuerto de Corrientes descubrieron que... ¡sus valijas no habían viajado con ellos! Tampoco puedo decir que sus apellidos empiezan con V y con M, ni que se tuvieron que bancar un día entero y una mañana con la misma ropa aunque hay testigos que dicen que salieron a comprar desodorante. Yo ya estaba organizando una vaquita para que pudieran reponer una remera, un pantalón, cuando por fin llegaron las benditas valijas.
Tampoco puedo contar que los almuerzos y las cenas, siempre en lugares fantásticos, son a pura carcajadas, que se arman grupos hilarantes y otros más callados, y yo siempre corro por encontrar un lugar en los primeros.
No hablaré aunque me pregunten, de la noche en que cierto escritor chaqueño, también cirujano (de verdad) contó anécdotas de su profesión que incluían palabras consideradas pornográficas, y hasta los mozos del lugar se reunieron a escuchar.
O que los escritores bailan, y algunos bailan muy bien y otros como bailarines son excelentes escritores. No puedo escribir sobre los trencitos de intelectuales a la una de la mañana, ni sobre el hecho de que uno no quiere que se termine más. Que ése, lo dije el año pasado, es el paraíso de los escritores, en donde uno quiere estar por siempre.
Tampoco debo contar que un escritor de la nueva generación, que últimamente está en boca de todos y tiene nombre washingtoniano, es el tipo más humilde y tímido que conocí en mi vida y, por ese motivo, no pude cruzar palabra con él. Y que por primera vez leí algo suyo (porque lo admito: le tenía cierto prejuicio) y me encantó. O que los periodistas se juntan entre ellos y a veces sienten que quienes se les acercan lo hacen para manguearles una nota. Y a mí eso me pone algo nostálgica, y entonces los sigo como una tonta, creyendo que así volveré un poco a mis épocas de diarios, y los descubro grandes personas.
No diré una palabra sobre el juego absurdo que jugábamos entre varios: a ver quién se lleva más libros. Porque los escritores se regalan libros entre ellos. ¡Y el único que ligué yo, lo tuve que pedir!
Menos hablaré de mamá gansa Adela que cuida a sus pollitos escritores como sólo una madre puede hacerlo y corre detrás de los perdidos hasta que los encuentra. Y los cuenta al subir a los micros con infinita ternura y los cuenta al bajar, y los sigue para que ninguno se aparte del rebaño. O del trabajo gigante y a pulmón que hacen los colaboradores de la Fundación. Todos y cada uno. Desde los que acompañan a los escritores a las escuelas o sus talleres (¡grande, Bibiana!), nos sirven té, nos guardan las galletitas que nos gustan, nos preguntan cómo estamos. En este ítem no hablaré de las chicas y el chico que nos atendía en el Domo que, cuando me veían deambular aburrida, me daban charla, me buscaban, se preocupaban por mí.
Y no sé si corresponde decir que una de las cosas que más disfruté es cómo me recibió la gente de la Fundación luego de habernos conocido el año pasado. Como si me estuvieran esperando. Y como saben que no me gusta el autobombo no diré que una de las chicas (ojalá recordara nombres como recuerdo caras) me dijo el mejor piropo: que el CD con las ponencias del año pasado se vendía muy bien y que la gente preguntaba si allí estaba lo que había leído yo.
Y por supuesto, y porque queda cursi, y esto ya está larguísimo no derrocharé elogio alguno para Mempo y Natalia.

Pasó el 15° Foro. Vamos por el 16°.

7 comentarios:

Eduardo dijo...

Tu relato es brillante y conmovedor, Verónica. ¡Gracias!

Cecilia dijo...

ya lo decía la Cabal... "los escritores son gente rara. Gente de cuidado, bombas de tiempo son. Nunca se sabe con ellos (...) Son raros, los escritores. Lunáticos, fóbicos, atrabiliarios, mentirosos, suceptibles, patéticos. Politicamente incorrectos. Viciosos"...
(El vicio Impune, Graciela Cabal)

Verónica Sukaczer dijo...

¡Gracias Eduardo! Es un honor saber que me leés.
Y Cecilia, Cabal la tenía clara, clarísima. Y juro que ahora voy a buscar "atrabiliarios" en un diccionario.
Cariños

El Viejo @gustín dijo...

me gusto.

te sigo

Elisa dijo...

Realmete tu relato es muy bueno, espero algun dia hacer algo como tú. De momento hago esto: vocesdeloslibros.blogspot.com
Te sigo el blog

Pararrayos dijo...

Ah, que bello relato, algunas alusiones han dado en mi pararrayos de lleno. Abrazo.

El Varón de Bairesburgh dijo...

Felicitaciones Verónica.
Date una vuelta cuando puedas. Me gustaría tu opinión.
Cariños!