28 junio 2010

CON LA PLUMA Y LA PALABRA


Tengo demasiadas preocupaciones. No sólo pienso qué escribiré y cómo lo haré, sino con qué y en dónde. Cada texto surge con necesidades propias: algunos no pueden ir apareciendo en el monitor de la computadora, exigen papel o libreta aparte (y algunos exageran y solicitan libretas especiales, estilo Moleskine, que lamentablemente no les puedo comprar). Otros bajo ningún concepto pueden ser tecleados. Gimen por un trazo de tinta especial, por un color, por un tipo de pluma, le envían a mi mano derecha una cantidad de órdenes motrices para ser dibujados en el papel.
Yo, como buena escritora, no puedo hacer otra cosa que llevarles la corriente. Hacer lo que me piden, so pena de perder esa metáfora perfecta, ese símil que no deja atraparse si no es con tinta negra, trazo mediano, Parker.
Debe ser por eso que, desde pequeña, gozo y sufro en igual medida de afición por obejtos de librería. Cuadernos, lápices, libretas, gomas (guardo las gomas de borrar para máquina de mi abuelo escribano, redondas, giratorias y con pincelito), broches de todo tipo.
Pero por supuesto, el amor incondicional está resguardado para las lapiceras.
En primer grado supe tener una pluma Sheaffer (la sospecho de cuerpo gris o azul) que perdí en el camino como se pierde la inocencia. Luego me paseé por varias Parker 45. Incluso en el secundario, cuando los movimientos juveniles lucharon por el derecho a usar birome en las clases, yo mantuve mi Parker, que sucumbió finalmente a tanta química, tanta física, tanta maldita matemática.
Recuerdo otra Parker 45 en la facultad, pero no sé qué fue de ella. Me iniciaba en los misterios de la dactilografía y, por otra parte, escribía poesía con pluma de verdad, tintero y tinta china.
Cuando comencé mis primeros experimentos periodísticos, en el diario La Nación, consideré por supuesto que era hora de tener una lapicera adulta, que me la había ganado, que mi nombre debía ser escrito con ese trazo suave y fluido que sólo ofrecen las buenas lapiceras.
Para ir al diario viajaba en el 132 y me bajaba en Paraguay y Florida. Allí acortaba camino por una galería en la que, todavía hoy, hay un negocio de lapiceras que es un placer (abramos paréntesis para los buenos negocios de lapiceras: en Paraná y Lavalle, el mejor, aunque te mate el humo de los cigarros de quienes se encierran a fumar. Otro en Av. Corrientes casi Florida), y me regalé mi primer ejemplar. En la foto, la tercera de la izquierda. Una pluma Parker Rialto Matte azul, trazo medio. Lamento decir que, a pesar de que tuvimos una excelente relación, no hubo la química necesaria entre nosotros, y pronto quise otra lapicera.
Pasaron algunos años y le pedí a mis padres (a mi padre en particular, otro fanático de la pluma, que-tie-ne-u-na-mont-blanc, regalo de un paciente) una lapicera como regalo de cumpleaños (creo que de 30). Recibí (novena desde la izq.) una Parker Inflection cuerpo laca rojo soleado, plumín enchapado en oro 23k, ya descatalogada. Ah... qué placer. Fuimos carne y uña, pensamiento y acción, comparación y sinécdoque. A veces la busco y escribo a mano sólo por el placer de sentirla.
Pero claro, yo pocas veces estoy satisfecha. En un viaje en Buquebús compré en el freeshop del barco un bolígrafo Cross Clasisic Century Bordeaux (12 desde la izq.). Y en algún momento esa mínima Pilot (la 11) para llevar dentro de una billetera.
Cuando me cansé de la Cross, que usaba sólo para la agenda, la cambié por un bolígrafo Parker Jotter con un diseño especial que olvidé de hacer posar para la foto (está con la agenda).
¿Qué faltaba? ¡Horror, no tenía una roller! O sí, pero mejor olvidarlas. Llegó la Lami safari roja (la octava) con quienes no congeniamos y a la cual estoy pensando, seriamente, en desterrar de la colección.
Entonces... ¡seguía sin tener roller! Un sitio de compras de Internet me acercó a uno de los sueños largamente postergados: Montblanc, una lapicera que vale lo que vale más que nada por su status que por otra cosa. ¿Cómo no iba a tenerla? Montblanc Noblesse Slimline (décima en la foto) es una lapicera que la firma fabricó por los años ´70. Un experimento de lapicera más accesible que el resto, diseño simple y angosto. Allí está, con su estrella blanca, en un portalápices especial, sin juntarse con bics y marcadores de colores. A pesar de todo ello y del monte y del monto, no me termina de atraer. (¡Sigo sin tener una buena roller!).
La última de la foto, a la derecha, es una linda Cross Ion útil para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, con tinta gel, que también me regaló mi padre y que elegí yo.
En el medio de la foto, habrán visto, hay tres Parker 51, joya nunca taxi, dos de ellas eran de mi abuelo el escribano y la otra de una persona cuyo nombre no quiero acordarme, que recibí como herencia, y qué, como próceres que son, descansan para siempe su sueño literario. Mi abuelo el escribano también me dejó las gomas de borrar, y la regla que usó desde primer inferior hasta el último día, y que poco se parece a una regla de hoy en día.
¡Uf! ¿Falta más? Hace pocos meses, boludeando en Internet, descubrí a un tipo que estaba malvendiendo varias Parker Rialto nuevas. Yo le pregunté si sabía qué estaba vendiendo y lo instruí. Me contó que había tenido una librería. Y, onda va onda viene, terminó vendiéndome cinco lapiceras a las que chequeé calidad y autenticidad con más detalle con que les conté los dedos a mis hijos recién nacidos (la primera, roja, bolígrafo; la segunda verde es pluma y quedará, junto con la azul, para mis hijos cuando estén listos; la cuarta, borgoña, es pluma y es mi amor del momento, más un bolígrafo para mi padre y otro para mi esposo), y todo eso me costó menos de lo que cuesta cualqiera de ellas en una librería.
La historia no termina aquí. Sigo soñando con plumas. Veo en mi futuro una Fisher Space Pen.
¿Y quién sabe a dónde me llevarán estos y otros trazos? Mientras la palabra ordene, yo obedezco. Mientras haya historias para ser contadas, yo buscaré la lapicera especial para contarla. Hay locuras peores.

4 comentarios:

Pararrayos dijo...

Al fin conozco a toda tu familia (de lapiceras). Humille usted a lo que andamos con una micro en el bolsillo.

Pararrayos dijo...

Humm, no es "lo que andamos", claro. En todo caso sería "lo que andamo". ¿Le hiciste un cambio de cara a tu blog? Lo veo más glamoroso.

Marioneta de mis sueños dijo...

A este paso voy a comentarte absolutamente todas las entradas.
Lo que pasa es que cuando leo me da el no se qué de los pensamientos respecto a ello y TENGO que escribirlos. xD-
Yo tengo una lapicera que reza "OSPE" debajo de mi almohada - causante de que todas las fundas terminen con rayones de tinta negra- y como cuatro bics negras trazo grueso invadiendo mi mochila del colegio, mi cartera universal, y el bolsillo de i pantalón.
Un PLACER disfrutar tu blog. Tienes la sencillez y tu esencia puesta en eso.

ingefreddie dijo...

Hola, me encantó tu comentario, veo que tenemos los mismos amores, objetos de librería y sobre todo plumas, en mi caso agrego también relojes varios. Un abrazo!!!!
Alfredo