26 diciembre 2010

SE PUEDE TRADUCIR AL ESPAÑOL


Último-último libro del 2010. Como lo hice en "Hay que ser animal", sigo hablando en animalés. Es que cuando uno aprende un nuevo idioma, sólo desea practicarlo. Acá al lado mío Trinity (¡que cumple un año el 28 de diciembre y me ha transformado en una feliz madre canina!) dice que ladro bien, que comienza a entender. Pero que por qué el libro en gatonés, dice ella... Ninguno de mis hijos nunca está conforme, che.

09 diciembre 2010

CERRANDO EL 2010, QUE SE TERMINA

Un conocido y reconocido colega de letras me recordó que tenía el blog bastante abandonado. Y tiene razón el hombre. Claro que como yo soy mujer pero, sobre todo, histérica, vueltera y muchas otras cosas más patológicas, no pienso decirle eso (que tiene razón) y sí voy a dar varias excusas por las que-he-a-ban-do-na-do-un-po-co-el-blog.

Mi primera y más importante excusa es que este año -el año pasado también, carajo- he trabajado. Lo cual puede no sonar a excusa propiamente, pero sepan que la condición de trabajar siempre me ha pasado por el costado. Yo sé lo que es buscar trabajo, sé lo que es no tener trabajo, pero no tenía mucha idea de lo que era trabajar.
Segunda excusas: parte de ese trabajo ha sido escribir -y muy mucho- y, por lo tanto, cuando termino de escribir lo que sí tengo que escribir no me queda resto para escribir aquí, que es como optativo, ¿no?
Y la tercera y para mí maravillosa excusa es que trabajar+escribir resultó en =novela. He escrito una novela. Yo, V.S, he novelado. Luego de años y años de cuentos en los que creí que la novela era para mí como el Santo Grial para los cruzados, algo que nunca alcanzaría, que siempre estaba un poco más adelante, por fin descubrí el secreto, revelé las estructuras, dominé el arte.
He novelado.

Durante mucho tiempo creí y sentí que el día indicado la novela maduraría en mí y caería cual manzana del árbol. Y así fue. No hubo que forzar nada, no fue necesario hacer sacrificios ni torturarme ni encerrarme en un psiquiátrico literario para que saliera. Llegó. Como llegan los años o los hijos.
Y este proceso de crear una novela, una historia de más de veinte páginas, con más de dos personajes, me resultó francamente fascinante. Y por eso es que escribo, claro está.
Comencé por crear a los personajes y ponerlos en un lugar. El primer lugar elegido (una biblioteca escolar) no funcionó. Los mudé a una playa que conozco. Me lo agradecieron y siguieron adelante. Y luego me dediqué a armar la historia como se arma un castillo con rastis, ladrillito tras ladrillito. Sin brújula, sin cemento, sin herramientas, sin planos. Y como no había nada de eso, cada vez que yo levantaba una pared, las otras tres se venían abajo. Así que frené la construcción y me planteé dónde estaba, a dónde quería llegar y cómo llegaría desde el punto A hasta el punto B.
Para ello tenía que conocer a mis personajes. ¿Qué motivaba a X a hacer tal cosa, a decir tal otra? ¿Por qué actuaba como lo hacía? Es fácil decir: "este personaje es encerrado por años en una prisión y cuando escapa es rico y se venga de todos los que lo jodieron". Pero para escribir "El Conde de Montecristo", Alejandro Dumas creó a un Edmundo Dantés que tiene sus propias ideas, sueños, objetivos, prejuicios, pasiones. Y tuvo que lograr que todo lo que hace este personaje sea lógico y verosímil aunque la historia sea absolutamente ilógica e increíble (lo cual no es aquí el caso).
Por supuesto no me comparo con Dumas. Mi novela es pequeña, es un grano de arena al lado de todas esas otras novelas. Pero por fin pude escribirla. Y la historia que terminé de escribir bien poco se parecía a la que había pensado al principio. Algunos personajes me traicionaron e hicieron su camino y no tuve más remedio que seguirles la corriente. Como a los locos.

Esa novela está hoy en manos de una editora y yo tiemblo todos los días por su suerte. ¿Se publicará? ¿Alguien la leerá? ¿A alguien le gustará? ¿Lo habré hecho bien?
Mientras espero por su suerte, otra historia comienza a anidar en mi cabeza. Me llama. Y ya sé que será otra novela. Que hay una chica y un chico y, como fondo, la Europa de la Segunda Guerra. El resto es dejar que las palabras me lleven.

Y como si esto fuera poco, en abril debo entregar una novela a una editorial, y en mayo otra a otra. Lo que soñé durante todo este camino de escribir, por fin comienza a hacerse realidad: que me pidan libros, que venga a golpear mi puerta. En vez de ser siempre yo la que lleva, pide, solicita, deja originales, llama al tiempo.

Pero sigo estando acá. Y no voy a dejar el blog, porque gran parte de lo que conseguí lo que conseguí aquí, con ustedes leyéndome allá.
Y si escribo poco pueden venir y cachetearme despacito. O mejor, pueden servirme un mate mientras escribo (tibio y dulce).

Estoy escribiendo.

09 noviembre 2010

EN CALIENTE, LECTURA ELECTRÓNICA

Ahora que leí un libro entero, desde la primera hoja hasta la última, que lo llevé y lo traje. Que me acompañó en las largas horas en el aeropuerto de Mendoza mientras Aerolíneas Argentinas decidía si me traía de regreso a casa y afuera soplaba el Zonda, van los pro y los contra del gran esperado y a la vez temido libro electrónico.

Pro: se lee pipícucú. Una maravilla. Es como un libro. Quichinientas páginas sin cansancio visual, metiéndome tanto en la historia que olvidé el formato sobre el que estaba leyendo.

Contra: me olvidé de llevar el cargador de la batería y temía que la historia se me apagara en cualquier momento. No sucedió pero estaba todo el tiempo pendiente del asunto.

Contra: los libros bajados de Internet (supongo que no debe pasar lo mismo con los comprados para ese libro electrónico en particular) pierden a veces su estructura al pasarlos. No tenía división en capítulos. Para este libro en particular no me importó, pero tal vez en otro en el que cambie la voz o haya raccontos o algo así... me puede joder la vida.

Pro: me llevé 38 libros. Si uno no me gustaba, me instalaba en otro.

Pro: se pueden marcar las oraciones u párrafos que te gusten.

Contra: marcar las oraciones y párrafos es medio engorroso y después no encontré mis marcas.

Pro: se pueden pasar las páginas con un botón o haciendo el gesto de pasar página en una mini pantallita.

Contra: no se puede "hojear". Pasar cada página lleva su tiempo.

Contra: no es una contra muy grande, pero no me gusta demasiado el gris aburrido del fondo de página.

Pro: es livianísimo y, como le compré una funda con forma de libro, lo agarro con las dos manos, igual que un libro.

Pro: esto es una boludez fenomenal, pero me encantan los protectores de pantalla que trae. Cuando estoy un rato sin leer, aparece la cara de un escritor.

Pro: se puede elegir el tamaño de la letra, y sepan que yo empecé a usar anteojos para leer.

Contra: todas las instrucciones, menúes y demás están en inglés y, aunque pueda entender, me molesta.

Pro: me gusta el diseño que tiene.

Contra: todavía hay muy pocos libros en español para bajar/comprar.

Pro: cargar los libros, con programa Calibre, es una pavada.

Contra: se te va el dedo a donde no corresponde y se te fue el libro que estás leyendo, aunque con un solo toque volvés a la página que leías. (Igual es raro que suceda y conste que yo todavía estoy "jugueteando" con el chiche nuevo).

En definitiva: me encanta, lo adoro, me lo quedo, es mío mío mío.

La pregunta del millón:
¿Suplanta al libro?
¡¡¡DE NINGUNA MANERA!!!
Sí suma. Es un soporte más donde leer y transportar textos.

Informe sobre libro electrónico concluido.
Cambio y fuera.

26 octubre 2010

EL FUTURO ESTÁ ACÁ (SOBRE MI ESCRITORIO)

No sé por qué, siento culpa al escribir este post. Siento que me tengo que excusar, pedir disculpas, explicar. Veamos cómo me sale...

Lo hago con un video que muchos deben haber visto alguna vez, y que encontrarán ACÁ. Es realmente un muy buen video.

¿Seguimos? Hace dos años que, dentro del Diplomado de Logogenia, yo dicto el módulo de Ortografía, que es algo más que sólo el hecho de escribir correctamente. Uno de los temas que incluyo es Historia de la escritura. Desde la escritura cuneiforme, pasando por las inscripciones en caparazón de tortuga, el alfabeto fenicio, el papiro, la piedra de Rosetta, la imprenta de Gutenberg. La escritura ha tenido tantas formas como formas de lectura existen y, tal vez, entre todas ellas ha sido el libro el objeto ganador. Uno de los más perfectos inventos del hombre. O, como dijo Stephen King: "Los libros son la magia más portátil que existe".

A mí no sólo me gusta leer, me apasiona leer, sino que también me fascina este objeto de papel. Los incunables, los libros antiguos, los libros raros, los libros ilustrados, las primeras ediciones. Me gusta tener libros al lado aunque no los lea. Me gusta llevar libros a donde vaya. De chica no sólo leía libros sino que los catalogaba, los ordenaba por distintos criterios y jugaba a la librería. Les ponía precio en la primera página y los recomendaba a compradores invisibles.

Tanto amaba mis libros que, con apenas 8 ó 9 años tuve que hacer un trato con mi mamá para tener una biblioteca sólo mía. Si yo encontraba dónde guardar lo que había en unos estantes en el comedor diario, ella me los daba. Me los fui ganando de a uno.

Mi biblioteca creció. Muchas veces doné libros y vendí libros para poder hacerles lugar a los nuevos. Y seguirá creciendo, por supuesto. Pero... pero... ay carajo... acá viene... no tengo más espacio pero, sobre todo, no tengo todo el dinero que quisiera tener para comprar los libros que quisiera comprar. Tampoco creo que haya tantos árboles en el mundo para editar tantos libros. Y hay muchos libros que quiero leer pero que no me interesan guardar. Libros para estudiar un tema en particular, clásicos. Hay tanto y tanto y tanto... Por eso... por eso... por eso... ok, que salga como salga: desde hace tres días soy la feliz y culposa poseedora de un diabólico artefacto llamado LECTOR ELECTRÓNICO O E-BOOK. Una cosita así, con una pantallita asá, con tinta electrónica, y pasás las páginas así para un lado y para el otro, o ponés el dedo acá, y la cosa marcha.

He entrado al futuro de la literatura y, mientras, leo en la cama un libro titulado: "Nadie acabará con los libros". Maravillosa contradicción.

No puedo negarlo. Me encantan los chiches electrónicos. Me pueden. Leía e investigaba sobre e-books creyendo que nunca llegaría a tener uno, y aquí está. El futuro a veces llega más rápido de lo que uno cree.

En estos días todavía no leí nada en el coso éste. Me entretengo buscando y bajando libros. Clásicos, sobre todo, con los que tengo una gigante deuda pendiente y que además están libres de derechos. También encontré un par de libros que quería leer hace tiempo y que están agotadísimos. No quiero joder a ningún escritor con sus derechos como no quiero que me jodan a mí. De eso se tendrán que ocupar los ejecutivos de las editoriales. Quiero ser leída en un e-book pero también quiero seguir viviendo de la literatura.

¿El e-book matará los libros? ¡No! Qué cosa absurda. Ni a los libros ni a la literatura ni a las listas de compras ni a nada que, hasta ahora, necesita de lápiz y papel. Los libros tienen todavía mucha vida por delante, pero no infinita. La forma de leer, lo querramos o no, va a cambiar. Ya está cambiando. Y uno se sube al tren o lo deja pasar.

Yo me animo, entonces, como el tipo del video tratando de entender el libro.



14 octubre 2010

TODO LO QUE PODRÍA HABER PASADO EN LA MINA CHILENA Y, UFA, NO PASÓ

En una nota en un diario argentino, Carlos Páez Vilaró, uno de los sobrevivientes del avión caído en los Andes hace 38 años, les ningunea a los chilenos su percance en la mina. El tipo recuerda que esta vez no sólo no murió nadie y los mineros tuvieron permanente contacto con el exterior desde el día 18, sino que "no deja de ser un accidente laboral". Y está bien. Tiene razón. No hay comparación entre las tragedias. Los mineros no tuvieron que decidir comerse al capataz, por ejemplo. Y al final, cuando salieron de la mina tan afeitaditos, tan arreglados, tan locuaces algunos, tan bien parados, tan enteros, como que faltó algo, ¿no? Lo picantito, digo yo. La parte de tragedia, de espanto, de morbo. ¿Para qué nos tragamos más de dos meses esta historia si al final no pasó nada? ¿Quién me devuelve la ansiedad frente a la TV, la espera de malas noticias? ¿Quién se hace cargo de que todo haya salido tan bien, tan limpio?

A mí se me ocurren algunas cosas como para salpimentar la historia. Como para hacerla más interesante. Cosas que podrían haber pasado y, ufa, no pasaron. Bajen y vean:

1) Rescatan a los 33 mineros y cuando sale el último un nuevo derrumbe sepulta a los 6 rescatistas.
2) Cada minero aparece en la superficie con 20 años menos.
3) Colocan a cada minero en la Fénix, en el interior de la mina, pero al aparecer en la superficie la cápsula está vacía.
4) Los 33 mineros, a las 3:33 de la tarde del día 33 reciben un mensaje de Jesús, y la imagen de éste queda grabada en todos los cascos. La mina no sólo no cierra sino que se convierte en lugar de peregrinación santa y se pagan miles de dólares por bajar en la cápsula.
5) A pocas horas de salir, ya en el hospital de campaña, los mineros comienzan a mostrar comportamientos extraños. Beben sangre, les crecen los colmillos, los espanta la luz del sol.
6) Suben desde el interior de la mina los 33 mineros, los 6 rescatistas y un virus mortal que termina con la humanidad.
7) Los mineros salen pero a otra dimensión.
8) Al día siguiente del rescate, la mina aparece abierta y en Chile no hay más nadie. Ni un alma.
9) Cuando los rescatistas bajan a la mina descubren que los 33 tipos están muertos pero enteros, sentados, como si estuvieran hablando, y nadie se había dado cuenta.
10) En la cámara que filma todo lo que sucede abajo están los mineros, charlan entre ellos, se felicitan por el rescate, se ve cómo baja la cápsula, pero los rescatistas no encuentran a nadie.
11) Se descubre que todo fue un montaje televisivo, como algunos dicen que fue el alunizaje.
12) Minga que los mineros se organizan para salir y todos quieren ser el último. En cuanto llega la cápsula se inicia una pelea infernal por treparse a ella y al final se matan entre todos.

Se me ocurren muchas cosas más que podrían haber sucedido, pero yo creo que con eso basta. Si tienen alguna idea que haga más intersante el asunto, no duden en mandármela. A ver si entre todos hacemos, de verdad, un rescate inolvidable.

El último en salir de la mina, que apague la luz.

04 octubre 2010

EL DÍA DEL SINCERICIDIO

Hoy en día existen días para casi todo. Empezando por el día del niño, siguiendo por el día del ahijado, del abuelo, del tío postizo, hasta absurdos como el día del sordo y, de todo un poco: día del especialista en alisado definitivo, día del gato siamés criado en Ghana, día del ansioso crónico, día de seguidores de bananita Dolca.
Los judíos, además, sumamos un día bastante funcional: el día del perdón. En el Iom Kippur se pide perdón por errores y dolores cometidos al prójimo a lo largo del año que acaba de terminar. Y ese perdón debe durar hasta que volvamos a pedir perdón el siguiente año por lo mismo que habíamos perdido perdón el año anterior. ¿Se entiende? Porque después de todo somos seres de costumbres... si la cagamos una vez, la cagamos siempre.
Tenemos día para casi todo y, sin embargo, falta EL día. El día que, si esta inciativa prospera, se convertirá, estoy segura, en el día más importante de la humanidad: el Día del Sincericidio.

En el Día del Sincericidio se le dice al otro la verdad y la más cruda y pura verdad, y el otro no tiene derecho a la réplica, ni al enojo, ni a ofenderse, ni a dejar de ser amigo, cónyugue, socio, familiar, amante.
En el Día del Sincericidio se dice todo aquello que nos ha quedado atragantado y que no nos animamos a decir porque, justamente, sabemos que el otro no lo entenderá.
Claro, el primer Día del Sinceridicio será difícil y duro. Yo tengo 41 años (casi 42) de cosas atragantadas y mi sincericidio puede durar un poco. Además tendría que salir a buscar gente que no veo hace veinte o veinticinco años y a quienes quiero decirles un par de cosas. Pero luego la cosa se hará más fácil, más llevadera. Una vez al año largamos la bilis acumulada y el resto de los días la seguimos pipicucú.

Una vez al año ponemos al otro en su lugar, le cantamos las cuarenta, decimos las cosas como son, al pan pan y al vino vino, y luego volvemos a callarnos hasta el año siguiente. Y, pasadas esas 24 horas de catarsis (sé que hay gente que no dormirá para poder tener tiempo de enfrentar a todos los que le cagaron la vida durante esos 364 días),a dormir en paz, felices, tranquilos, con las almas livianas. A encontrarnos con el ofensor al día siguiente como si nada hubiera pasado. Un abrazo, un besito, un qué divino que estás hoy y listo. La vida continúa.

Suerte la de los judíos que, si son vivos (no me incluyo porque no formo parte del grupo judaico que toma decisiones en estos asuntos) te ponen el Día del Sincericidio el mismo día que el del perdón y matan dos pájaros de un tiro: sinceridad brutal de un lado, perdón del otro y, al terminar el ayuno, un par de plétzalej para compartir.

Para terminar esta cruzada en pos del Día del Sincericidio, les muestro cómo funcionaría, para mí, este grato y a la vez amargo día:

A 1: "Cada vez que te cuento que no tengo guita (siempre) para algo o no puedo gastar (siempre) o estoy ahorrando (ojalá...), y vos me salís con ese bien judía vos, ¿eh? seguido de risa tarada, me da ganas de decirte que sos un racista de mierda, un antisemita de miércoles, pero no te digo nada y me río para no arruinar la relación y porque en el fondo sé que no sos racista ni antisemita, sos un ignorante, esos sos, y no vale la pena".

A 2: "Si me volvés a contradecir delante de XXX, te vuelo la cabeza. Si no te gusta lo que hago o cómo lo hago, andate a la reputaqueteparió, pero dejame que haga mi trabajo como me parece que tengo que hacerlo. ¿Entendiste, pelotudo de mierda?".

A 3: "Te odio, te odio y no te soporto, y daría lo que fuera por no verte nunca más en mi vida, sos la persona más insoportable, desubicada y pesada que conocí en mi vida y me harías un favor si te vas a vivir a la Cochinchina y no sé nunca más de vos. Y te digo, por si no lo sabías, que cada vez que veo en el identificador de llamadas que llamás vos, ¡no atiendo!, ¡joda, joda!".

A 4: "Te creés que sos la gran cosa y nooooooooo... ¡sos una mierda!"

Sí, yo creo que más o menos así funcionaría la cosa. Claro que no es necesario que todos hagan gala de la agresividad y falta de respeto hacia el otro que he demostrado pero, como les dije, son muchos años de verdades reprimidas. Justamente por eso creo que es tan necesario el Día del Sincericidio, porque la primera vez puede salir como arriba pero luego las verdades se van calmando, ya no se acumulan, uno aprende a sincerizarse de otra manera, ¿no?

Gente, movámonos. Juntemos firmas. Hagamos sentadas, piquetes, marchas, escraches, lo que les guste y esté de moda. La humanidad necesita desesperadamente de este Día del Sincericidio. Si lo festejamos, yo creo, estoy segura, tengo fe, les aseguro, que todos seremos un poco más libres.

20 septiembre 2010

LO QUE NADIE NOS CONTÓ QUE HIZO JANE EYRE CUANDO SE DESPIDIÓ DE SU AMIGA HELEN

-Vengo a verte, Helen; oí decir que estabas muy mal, y no podía dormir hasta que no hablara contigo.
-Entonces vienes a darme el último adiós; paréceme que has venido en el momento preciso.
-¿Te vas para alguna parte, Helen? ¿Te vas para tu casa?
-Sí, para mi gran casa, mi última casa...
-¡No, no, Helen!
Permanecí desconsolada y aunque quise devorar mis lágrimas, no pude. Un acceso de tos atacó a mi amiga; yo no quise llamar a la enfermera y cuando se le pasó quedó desfallecida, sin fuerzas.
-Jane -me dijo algo más tarde-, tus piececitos se helarán, acuéstate conmigo y cúbrete con el cobertor.
Así lo hice; ella puso su brazo sobre mí y quedamos abrazadas; después de un largo silencio, me dijo con voz baja:
-¿Sientes eso.., Jane?
Dije que sí. Helen había llevado su mano derecha sobre mi pecho y me ofrecía un masaje para que entrara en calor. Luego fue bajando la mano, muy lentamente. A mí me asombró que mi cuerpo se calentara tan rápido. ¿Por qué nunca habíamos probado aquello en las largas noches heladas en el orfanato? Seguro que la señorita Scatcherd lo hacía cada día. Pensé que, cuando Helen se durmiera por fin, iría a la habitación y le haría eso a cada una de las niñas. Así podríamos pasar este duro invierno.
-¿Quieres que siga haciendo esto, Jane?
-¡Sí, sí, Helen! Por favor no pares.
-Quisiera tener más tiempo, ¿sabes? Hay tantas cosas que podría enseñarte...
-Eras una amiga muy sabia, Helen, ¿quién te ha enseñado a tí?
Helen me miró y, a pesar de su semblante pálido como el hielo, pareció sonrojarse.
-¿Recuerdas lo que te conté del último hogar en donde estuve?
-Claro, Helen. -Todas recordábamos con nostalgia el hogar en donde habíamos crecido, aunque allí no fuéramos amadas.
-El señor y la señora Bringham me hacían esto todas las noches para que yo pudiera dormir.
-¡Qué gente tan amable, Helen!
-Y aquí... a veces la señorita Scatcherd a veces me llevaba a su habitación y me pedía que la ayudara a entrar en calor.
-¡Y sin embargo ha sido ruda contigo, Helen! ¡Te ha dejado todo un día a la intemperie y has enfermado por su culpa! ¡Qué mujer tan cruel!
-Jane... estoy cansada.
-Un poco más, querida, sólo un poco y... acabará... esto... lo siento...
-¿Tienes calor, mi vida?
-Sí.
-Buenas noches, Jane.
-Buenas noches, Helen.
Nos besamos y nos quedamos dormidas.

Jane Eyre
Carlota Brontë

(Nota de la autora de este blog: sólo lo agregado en itálica me pertenece).

02 septiembre 2010

LAS COSAS QUE DICE UN ZORRO CUANDO NO ESTÁ DOMESTICADO

(...)
"Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad!" (*).
Si a las cuatro y diez no has venido, comenzaré a preocuparme. Te llamaré al celular, te enviaré un mail, gritaré tu nombre por todos los planetas.
A las cuatro y media pediré un café porque el mozo del bar comenzará a mirarme mal. Creerá que soy un zorro pobre que sólo ha entrado a la confitería por un poco de calor y un par de comensales.
A las cinco sabré que me has dejado plantado, y te odiaré un poquito. Pensaré que estás envuelto en una gran tragedia y que por eso no has podido comunicarte, pero que todavía piensas en mí. Eso me consolará tanto como masticar un poco al mozo.
Si esa misma noche no recibo noticias tuyas y no ha habido cataclismos en el mundo, decidiré buscarte. Buscarte y hacerte cosas que ahora no puedo explicar. Desearé que mueras despacio, con dolor. Y lo haré por ese pedacito de felicidad falsa que me hiciste sentir.
¿Entiendes ahora por qué es necesario domesticarme? Si me domesticas y me dejas plantado, sólo te borraré de Facebook. Pero si no me domesticas tendré que lastimarte. Siempre es preferible domesticar a los amigos. Así sabes qué esperar de ellos.

(*) "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry

28 agosto 2010

OPERACIÓN FORO 15

Estuve otra vez. Ellos invitaron, yo fui. Y sin duda y sin culpa podría volver a escribir lo que escribí el año pasado, acá, porque el sentimiento es el mismo. Porque sigue siendo una inmensa fiesta de la lectura en la que todos queremos jugar.
Hablo del 15° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que cada año organiza la Fundación Mempo Giardinelli en Resistencia, Chaco.
Pero claro, cambian los invitados y cambian los temas y las mesas, y se suman jugadores, digo lectores, digo participantes. El Domo de la ciudad ofrece albergue a casi 2000 personas que, por tres días consecutivos se dedican a escuchar hablar de la lectura, y participan de los talleres y las tertulias literarias.
Este año el tema del Foro fueron, justamente, los 15 años. 15 años para adelante y 15 años para atrás. Qué nos pasó en el país, en el afuera, en la lectura, en los programas de lectura, en la escritura. Dónde estábamos, dónde estamos, a dónde queremos llegar. La lista de invitados, de talleres, el discurso de inauguración de Giardinelli los pueden leer en la página de la Fundación, así que yo sigo con lo mío.

Este año no me tocó ofrecer una ponencia, pero sí estuve a full con mi taller, "Lectura y discapacidad". 25 personas se reunieron dos mañanas conmigo para compartir cómo leer con, cómo leerles a chicos con discapacidad. Fue la primera vez que desarrollé este tema, abarcando todas las discapacidades y no sólo la auditiva y, más allá de mi desempeño, que tendrán que evaluar quienes estuvieron allí, sigo y seguiré trabajando para multiplicar estos espacios en los que pensamos y nos pensamos. Y ojalá sean cada vez más las Fundaciones, los Congresos, los Encuentros o lo que les guste con la mayúscula que prefieran, los que se den cuenta de que si no leen todos, entonces no somos tan libres como creemos.

Una tarde, además, visité la escuela de integración "Crecer con todos" en donde me recibió un fantástico grupo de chicos sordos e hipoacúsicos quienes, aunque hicieron el esfuerzo de leer algo mío, no pudieron llegar a comentarlo. Pero sí conversamos largo. Un poco con lectura labial, un poco con mis señas y mucho gracias a una maestra que ofició de traductora. Porque ellos no me entienden a mí pero yo tampoco los entiendo a ellos.
Cada vez que visito una escuela de chicos sordos o hipoacúsicos confirmo mis tesis, lo que estoy haciendo, lo que aprendí. Estos chicos, como tantos otros, no leen. Están fuera, están exiliados de la lectura. Les pregunté a todos y a cada uno y la respuesta general fue "no". Salvo uno que, con ayuda y esfuerzo dijo leer los textos que le permiten seguir estudiando.
Pero leer ficción, no. ¿Cómo podrían hacerlo si no entienden lo que leen? Entonces, como no podíamos charlar de literatura, usé un poco de Logogenia. Escribí en el pizarrón un par de "juegos" de comprensión, a ver qué pasaba.

"Pedro vio a Juan mientras cruzaba la calle".
¿Quién cruzaba la calle?

"El director técnico y médico del equipo fue a ver el partido".
"El director técnico y el médico del equipo fueron a ver el partido".
¿Cuántas personas fueron a ver el partido en la primera oración, y cuántas en la segunda?

Lo que para ustedes puede resultar obvio, para los chicos sordos, no. Gran asombro de sus maestros y perplejidad de los padres. ¿Qué pasará con estos chicos si no leen? ¿Cómo seguirán estudiando? Dejo volar las preguntas... ojalá lleguen a todos.

Por último participé de una de las tertulias literarias y leí un fragmento de uno de los cuentos de "Mal de familia".

Y lamentablemente aquí debería terminar esta crónica. Porque la verdadera riqueza del Foro está en las ponencias y debates, y yo no pude ser parte. Juro y rejuro que cada vez lo intento. Miro a los labios, me concentro, no miro a los labios, subo el volumen del audífono, me quito el audífono. Me pongo cerca, me pongo lejos. Me irrito, me canso. ¿¿¿Cómo puede ser que si escucho perfectamente las voces de los que leen, no pueda entender un carajo??? Malditas conexiones neuronales.
Entonces salgo a caminar por los alrededores del Foro, visito el río, me quedo en el hotel, voy al centro. Al final yo siempre soy la única que sabe dónde está todo en la ciudad y guío al grupo, a los que tienen que llevar un regalo o necesitan algo de farmacia o quieren probar los mejores chipacitos.

Y esto termina acá. En realidad este año quería escribir sobre el "backstage" del Foro. Todo lo que la gente no ve. Todo lo inmensamente divertido. Lo raro. Las curiosidades. ¿Qué hacen cuarenta escritores, periodistas, intelectuales, especialistas, cuando conviven por cuatro días? Pero luego me dije que no. Que no era serio. Que no tenía que ver con el Foro, que no combinaba. Que podía ofender a alguien. Que el Foro era lo que compartimos con la gente, no lo que pasa puertas adentro.
Entonces no puedo escribir, por ejemplo, sobre los dos conocidísimos escritores de libros para chicos que, por llegar tarde a Aeroparque y tener que comerse una cola insufrible (¡porque no se animan a hacer el check-in desde sus casas!), al llegar al aeropuerto de Corrientes descubrieron que... ¡sus valijas no habían viajado con ellos! Tampoco puedo decir que sus apellidos empiezan con V y con M, ni que se tuvieron que bancar un día entero y una mañana con la misma ropa aunque hay testigos que dicen que salieron a comprar desodorante. Yo ya estaba organizando una vaquita para que pudieran reponer una remera, un pantalón, cuando por fin llegaron las benditas valijas.
Tampoco puedo contar que los almuerzos y las cenas, siempre en lugares fantásticos, son a pura carcajadas, que se arman grupos hilarantes y otros más callados, y yo siempre corro por encontrar un lugar en los primeros.
No hablaré aunque me pregunten, de la noche en que cierto escritor chaqueño, también cirujano (de verdad) contó anécdotas de su profesión que incluían palabras consideradas pornográficas, y hasta los mozos del lugar se reunieron a escuchar.
O que los escritores bailan, y algunos bailan muy bien y otros como bailarines son excelentes escritores. No puedo escribir sobre los trencitos de intelectuales a la una de la mañana, ni sobre el hecho de que uno no quiere que se termine más. Que ése, lo dije el año pasado, es el paraíso de los escritores, en donde uno quiere estar por siempre.
Tampoco debo contar que un escritor de la nueva generación, que últimamente está en boca de todos y tiene nombre washingtoniano, es el tipo más humilde y tímido que conocí en mi vida y, por ese motivo, no pude cruzar palabra con él. Y que por primera vez leí algo suyo (porque lo admito: le tenía cierto prejuicio) y me encantó. O que los periodistas se juntan entre ellos y a veces sienten que quienes se les acercan lo hacen para manguearles una nota. Y a mí eso me pone algo nostálgica, y entonces los sigo como una tonta, creyendo que así volveré un poco a mis épocas de diarios, y los descubro grandes personas.
No diré una palabra sobre el juego absurdo que jugábamos entre varios: a ver quién se lleva más libros. Porque los escritores se regalan libros entre ellos. ¡Y el único que ligué yo, lo tuve que pedir!
Menos hablaré de mamá gansa Adela que cuida a sus pollitos escritores como sólo una madre puede hacerlo y corre detrás de los perdidos hasta que los encuentra. Y los cuenta al subir a los micros con infinita ternura y los cuenta al bajar, y los sigue para que ninguno se aparte del rebaño. O del trabajo gigante y a pulmón que hacen los colaboradores de la Fundación. Todos y cada uno. Desde los que acompañan a los escritores a las escuelas o sus talleres (¡grande, Bibiana!), nos sirven té, nos guardan las galletitas que nos gustan, nos preguntan cómo estamos. En este ítem no hablaré de las chicas y el chico que nos atendía en el Domo que, cuando me veían deambular aburrida, me daban charla, me buscaban, se preocupaban por mí.
Y no sé si corresponde decir que una de las cosas que más disfruté es cómo me recibió la gente de la Fundación luego de habernos conocido el año pasado. Como si me estuvieran esperando. Y como saben que no me gusta el autobombo no diré que una de las chicas (ojalá recordara nombres como recuerdo caras) me dijo el mejor piropo: que el CD con las ponencias del año pasado se vendía muy bien y que la gente preguntaba si allí estaba lo que había leído yo.
Y por supuesto, y porque queda cursi, y esto ya está larguísimo no derrocharé elogio alguno para Mempo y Natalia.

Pasó el 15° Foro. Vamos por el 16°.

14 agosto 2010

PARA CRUZAR LA CALLE POR DONDE CORRESPONDE


"Terrestres, otrosterrestres y cinco problemas de tránsito" es el cuento que escribí para la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que se repartirá en colegios de todo el país. La yapa: juegos (enigmas, un test, una juego estilo oca) e información sobre normas y señales de tránsito. Todo "made in Verónica Sukaczer". Genialmente ilustrado por Paula Fränkel, es un lindo ejemplo del trabajo que los escritores hacemos "a pedido".

02 agosto 2010

5 AÑOS 5

¿Cuántos blogs pueden jactarse de cumplir 5 años de vida ininterrumpida?

¿Cuántos blogs que se jactan de cumplir 5 años de vida ininterrumpida pueden decir que sobrevivieron aún casi sin comentarios pero sabiendo que por allí había lectores de fierro que, como quien escribe, casi no comentan?

¿Cuántos blogs que se jactan de cumplir 5 años de vida ininterrumpida pueden decir que sobrevivieron aún casi sin comentarios pero sabiendo que por allí había lectores de fierro que, como quien escribe, casi no comentan y logrando que, poco a poco, lo acompañara un fantástico grupo de seguidores, surgieran amistades, se lograran proyectos, se hablara de todo y de nada a la vez?

¿Cuántos blogs que se jactan de cumplir 5 años de vida ininterrumpida pueden decir que sobrevivieron aún casi sin comentarios pero sabiendo que por allí había lectores de fierro que, como quien escribe, casi no comentan y logrando que, poco a poco, lo acompañara un fantástico grupo de seguidores, surgieran amistades, se lograran proyectos, se hablara de todo y de nada a la vez y que encima hayan hecho tan feliz a su autora?

No sé. Yo no sé...
"La vida con subtítulos"
5 años y sigo sigo sigo sigo sigo sigo...

01 agosto 2010

EL MEJOR CONSEJO LITERARIO QUE ME HAN DADO NUNCA

Yo a G (zamarreándole el brazo): -Estoy estancada en la página 37...
G a mí: -Seguí con la 38.

(Hace apenas dos minutos).

28 julio 2010

MIS FRASES FAVORITAS

Hace mucho no hacía una lista, así que aquí va. Las frases -o aforismos, versos, dichos, alguna minificción- que siguen, las he cultivado a lo largo de la vida. La mayoría las escribo de memoria. Otras las tengo anotadas por allí. Pasen, cosechen y, si lo desean, dejen su semilla.

"A veces sólo el humor nos permite sobrevivir al espanto"
(¿Scholem Aleijem?)

"Hay luz en demasía, no puedo verte el alma".
Alfonsina Storni

"La literatura es la más bella de todas las mentiras".
Isidoro Blaisten

"Algunos ven las cosas que existen y se preguntan para qué. Yo sueño cosas que nunca existieron y me pregunto por qué no".
G.B.Shaw

"Dentro de tu propio cuerpo, por pequeño que sea, peregrinas. Y si no miras bien por dónde llevas tus deseos, te perderás dentro de tan pequeño vaso para siempre".
Quevedo

"Donde no hay niños, no existe el cielo"
Swinburn


"Soy un Adán que sueña en el paraíso. Pero siempre despierto con las costillas intactas".
J.J.Arreola

"Es justo en la mentira ser dichoso, quien siempre en la verdad fue desdichado".
Boscán

"Más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente, que devanarnos los sesos delante de un libro de historia".
Boris Vian

Si no soy para mí mismo, ¿quién será para mí?
Si no soy para mí solamente, ¿quién soy yo?
Y si no ahora, ¿cuándo?
Mishuah Abat

"Con el número dos nace la pena"
L. Marechal

"Solucionar conflictos con una guerra, es como querer curar la sífilis frecuentando prostíbulos".
Norman Mailer


"La mujer que amé se convirtió en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones".
J.J.Arreola


"El secreto de ser desdichado estriba en tener tiempo para pensar si se es o no feliz".
Bernard Shaw

"Para que nada nos amarre, que no nos una nada".
Pablo Neruda

"Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula".
Franz Kafka

"Ayudadme a comprender lo que os digo, y os explicaré mejor".
A.Machado

"Sin jactancias, puedo decir que la vida es lo mejor que conozco".
Francisco Urondo

"Si lo puedes soñar, lo puedes hacer".
Shakespeare

"Bastante metafísica hay en no pensar en nada"
Fernando Pessoa

"Dios no me preguntará por qué no he sido Moisés. Me preguntará por qué no he sido Susya".
Susya (rabino jasídico)

"He sido acusado de un delito que merece la pena capital: he cometido optimismo".
Ray Bradbury


Lo más aburrido del mal, es que uno se acostumbra".
Jean Paul Sartre

"Quien quema libros termina tarde o temprano por quemar hombres".
Herne

"Los libros son la magia más portátil que existe".
Stephen King

"Un día me dieron la llave de la puerta y yo me quedé afuera de la infancia".
Muñiz

"Fueron tantos los que faltaron que si falta uno más no cabe nadie".
Macedonio Fernández

"Los cuentos de hadas superan la realidad no porque digan que los dragones existen, sino porque dicen que no pueden ser vencidos".
G.K.Chersterton

"Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar".
Mark Twain

"Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros".
Bioy Casares

"La verdadera tierra natal es aquella en donde por primera vez nos hemos visto de manera inteligente: mis primeras patrias han sido libros".
M.Yourcenar

"La mejor literatura infantil es la que también gusta a los niños".
Fernando Savater

Y para terminar:

"A veces he soñado, al menos, que cuando el Día del Juicio amanezca y los grandes conquistadores y abogados y hombres de estado vayan a recibir sus recompensas -sus coronas, sus laureles, sus nombre grabados indeleblemente en mármol imperecedero-, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro y dirá, no sin una cierta envidia cuando nos vea venir con libros bajo nuestros brazos, "Mira, ésos no necesitan ninguna recompensa. No tenemos nada que darles aquí. Les gustaba leer".
Virginia Woolf

18 julio 2010

HOY TWITTEO

Desde siempre me he propuesto estar al tanto de las novedades tecnológicas, y de probarlas si se da el caso. Lo hice con los BB´S hace tanto tiempo, y luego con Blogger, con Facebook. El resultado siempre fue fantástico. Ahora ha llegado el turno de Twitter.
No, no tengo cuenta todavía. Me pareció acertado hacer un ensayo primero, ver cómo me iría, darme cuenta de qué puedo decir y aportar. Me dedico a escribir y cada día me siento más escritora. Creo, entonces, que contar cómo trabajo hora tras hora puede ser algo nuevo o útil o interesante en Twitter. Sería una cosa así:

7 hs. Se prendió la tele, que es lo que uso de despertador. ¿Qué pasa si no envío a los chicos a la escuela y sigo durmiendo?
8 hs. Por fin se fueron. Van a llegar 20 minutos tarde, por lo menos. Los voy a mandar a una escuela militar. Me preparo para empezar a trabajar.
9 hs. Hice las camas, ordené los juguetes y la ropa. Puse los calzoncillos a lavar. Lavé los platos de ayer. No hay papas. La perra se comió la tapa del libro que estaba leyendo. La voy a matar.
10 hs. Me senté cinco minutos frente a la PC y, como no vino la inspiración, me fui a dormir. Con sueño no se puede trabajar.
11 hs. ¿Qué preparo para almorzar? Escribí dos líneas de mi nueva novela y después las borré.
12 hs. Milanesas con puré chef. Jugué cinco veces al solitario spider y gané una. Voy a buscar a los chicos a la escuela.
13 hs. Terminamos almuerzo. Si lavo más platos me suicido. Siesta.
14 hs. Leo un poco para entrar en calor. Revista "Elle". Me pregunto por qué la ropa que me compro nunca me queda como a esas minas. ¿Me hago un peeling? Tengo la cara muy manchada. ¿Estas chicas no comen habanitos de chocolate? ¿Hay habanitos en casa?
15 hs. Me aburrí de la novela en la que estoy trabajando, y sólo voy por la página 37. Por eso escribo cuentos yo, porque me aburro rápido. No sé qué hacer. Probé té de manzana y me gustó.
16 hs. Les cambié los nombres a todos los personajes, y después volví a ponerles los originales porque no sabía quién era quién. Me pregunto... si mi protagonista tiene 21 años, ¿en qué año tiene que haber nacido? ¿Dónde mierda está la calculadora?
17 hs. Siete solitarios y gané dos. Media hora de Facebook. Respondí mails. Cada día entiendo mejor lo difícil que es la fama. Me llegan mensajes de lectores que dicen que soy una genia y mis hijos me dicen que me odian. La contradicción me mata. Tengo hambre.
18 hs. Un pibe me mandó un cuento para que opinara. Me tienen podrida los que me mandan cosas. Pero el cuento estaba bastante bueno. ¿Lo habrá registrado? Podría ponerle mi nombre, no sé... Tengo antojo de sandwich de salame.
19 hs. No encuentro el archivo con la novela. Me parece que lo borré cuando estaba borrando fotos en las que salí vieja. ¿¿¿Tengo que empezar todo de nuevo???
20 hs. Encontré el archivo. ¿Cómo se hace para separar lo que uno escribe en capítulos? ¿Tienen que tener todos el mismo número de páginas? En el cuento eso no pasa.
21 hs. Llega mi esposo. Me pide que haga la comida, como si yo fuera su sirvienta. ¡Estuve trabajando todo el día, carajo! Que cocine él. Algo congelado.
22 hs. Me acuesto. Yo le digo a todo el mundo que leo al acostarme pero es mentira, prendo la tele. Por supuesto no miro ningún reality en castellano. Miro sólo los subtitulados.
23 hs. Zzz...

¿Y? ¿Qué les parece? Seguro que a quienes están empezando en esto de la literatura les sirve de inspiración, de reflejo, ¿no? Es dura la vida del escritor. Solitaria a veces. Pero maravillosa. Uno siente que está recreando el mundo cada vez. Qué digo, el universo. Claro que a veces hay que obligarse a escribir, porque como no hay jefe, ni horarios, ni se marca tarjeta... pero la pasión es más grande. Escribimos porque no podemos hacer otra cosa. Espero que hayan quedado habanitos. Están carísimos los habanitos, y más las galletitas de maicena. Amo escribir. Cuando escribo, todas las pequeñas preocupaciones desaparecen. Si se terminó la coca me va a dar un ataque.

28 junio 2010

CON LA PLUMA Y LA PALABRA


Tengo demasiadas preocupaciones. No sólo pienso qué escribiré y cómo lo haré, sino con qué y en dónde. Cada texto surge con necesidades propias: algunos no pueden ir apareciendo en el monitor de la computadora, exigen papel o libreta aparte (y algunos exageran y solicitan libretas especiales, estilo Moleskine, que lamentablemente no les puedo comprar). Otros bajo ningún concepto pueden ser tecleados. Gimen por un trazo de tinta especial, por un color, por un tipo de pluma, le envían a mi mano derecha una cantidad de órdenes motrices para ser dibujados en el papel.
Yo, como buena escritora, no puedo hacer otra cosa que llevarles la corriente. Hacer lo que me piden, so pena de perder esa metáfora perfecta, ese símil que no deja atraparse si no es con tinta negra, trazo mediano, Parker.
Debe ser por eso que, desde pequeña, gozo y sufro en igual medida de afición por obejtos de librería. Cuadernos, lápices, libretas, gomas (guardo las gomas de borrar para máquina de mi abuelo escribano, redondas, giratorias y con pincelito), broches de todo tipo.
Pero por supuesto, el amor incondicional está resguardado para las lapiceras.
En primer grado supe tener una pluma Sheaffer (la sospecho de cuerpo gris o azul) que perdí en el camino como se pierde la inocencia. Luego me paseé por varias Parker 45. Incluso en el secundario, cuando los movimientos juveniles lucharon por el derecho a usar birome en las clases, yo mantuve mi Parker, que sucumbió finalmente a tanta química, tanta física, tanta maldita matemática.
Recuerdo otra Parker 45 en la facultad, pero no sé qué fue de ella. Me iniciaba en los misterios de la dactilografía y, por otra parte, escribía poesía con pluma de verdad, tintero y tinta china.
Cuando comencé mis primeros experimentos periodísticos, en el diario La Nación, consideré por supuesto que era hora de tener una lapicera adulta, que me la había ganado, que mi nombre debía ser escrito con ese trazo suave y fluido que sólo ofrecen las buenas lapiceras.
Para ir al diario viajaba en el 132 y me bajaba en Paraguay y Florida. Allí acortaba camino por una galería en la que, todavía hoy, hay un negocio de lapiceras que es un placer (abramos paréntesis para los buenos negocios de lapiceras: en Paraná y Lavalle, el mejor, aunque te mate el humo de los cigarros de quienes se encierran a fumar. Otro en Av. Corrientes casi Florida), y me regalé mi primer ejemplar. En la foto, la tercera de la izquierda. Una pluma Parker Rialto Matte azul, trazo medio. Lamento decir que, a pesar de que tuvimos una excelente relación, no hubo la química necesaria entre nosotros, y pronto quise otra lapicera.
Pasaron algunos años y le pedí a mis padres (a mi padre en particular, otro fanático de la pluma, que-tie-ne-u-na-mont-blanc, regalo de un paciente) una lapicera como regalo de cumpleaños (creo que de 30). Recibí (novena desde la izq.) una Parker Inflection cuerpo laca rojo soleado, plumín enchapado en oro 23k, ya descatalogada. Ah... qué placer. Fuimos carne y uña, pensamiento y acción, comparación y sinécdoque. A veces la busco y escribo a mano sólo por el placer de sentirla.
Pero claro, yo pocas veces estoy satisfecha. En un viaje en Buquebús compré en el freeshop del barco un bolígrafo Cross Clasisic Century Bordeaux (12 desde la izq.). Y en algún momento esa mínima Pilot (la 11) para llevar dentro de una billetera.
Cuando me cansé de la Cross, que usaba sólo para la agenda, la cambié por un bolígrafo Parker Jotter con un diseño especial que olvidé de hacer posar para la foto (está con la agenda).
¿Qué faltaba? ¡Horror, no tenía una roller! O sí, pero mejor olvidarlas. Llegó la Lami safari roja (la octava) con quienes no congeniamos y a la cual estoy pensando, seriamente, en desterrar de la colección.
Entonces... ¡seguía sin tener roller! Un sitio de compras de Internet me acercó a uno de los sueños largamente postergados: Montblanc, una lapicera que vale lo que vale más que nada por su status que por otra cosa. ¿Cómo no iba a tenerla? Montblanc Noblesse Slimline (décima en la foto) es una lapicera que la firma fabricó por los años ´70. Un experimento de lapicera más accesible que el resto, diseño simple y angosto. Allí está, con su estrella blanca, en un portalápices especial, sin juntarse con bics y marcadores de colores. A pesar de todo ello y del monte y del monto, no me termina de atraer. (¡Sigo sin tener una buena roller!).
La última de la foto, a la derecha, es una linda Cross Ion útil para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, con tinta gel, que también me regaló mi padre y que elegí yo.
En el medio de la foto, habrán visto, hay tres Parker 51, joya nunca taxi, dos de ellas eran de mi abuelo el escribano y la otra de una persona cuyo nombre no quiero acordarme, que recibí como herencia, y qué, como próceres que son, descansan para siempe su sueño literario. Mi abuelo el escribano también me dejó las gomas de borrar, y la regla que usó desde primer inferior hasta el último día, y que poco se parece a una regla de hoy en día.
¡Uf! ¿Falta más? Hace pocos meses, boludeando en Internet, descubrí a un tipo que estaba malvendiendo varias Parker Rialto nuevas. Yo le pregunté si sabía qué estaba vendiendo y lo instruí. Me contó que había tenido una librería. Y, onda va onda viene, terminó vendiéndome cinco lapiceras a las que chequeé calidad y autenticidad con más detalle con que les conté los dedos a mis hijos recién nacidos (la primera, roja, bolígrafo; la segunda verde es pluma y quedará, junto con la azul, para mis hijos cuando estén listos; la cuarta, borgoña, es pluma y es mi amor del momento, más un bolígrafo para mi padre y otro para mi esposo), y todo eso me costó menos de lo que cuesta cualqiera de ellas en una librería.
La historia no termina aquí. Sigo soñando con plumas. Veo en mi futuro una Fisher Space Pen.
¿Y quién sabe a dónde me llevarán estos y otros trazos? Mientras la palabra ordene, yo obedezco. Mientras haya historias para ser contadas, yo buscaré la lapicera especial para contarla. Hay locuras peores.

14 junio 2010

EL FORO DE CHACO CUMPLE 15

A partir de este martes 1º de junio
Inscripciones para el 15° Foro Internacional por el Libro

Los interesados pueden inscribirse a partir de hoy en José María Paz 355, de 15,30 a 20,30. El encuentro se realizará desde el miércoles 18 al sábado 21 de agosto, en el Domo del Centenario, que estará remodelado y en mejores condiciones que en ediciones anteriores. Contará con la presencia de intelectuales de varios países de América y Europa. La modalidad de la participación será la habitual, en mesas vespertinas de debate, talleres matutinos y tertulias nocturnas de lecturas.

Este año han sido invitados al Chaco responsables de Planes de Lectura de varias ciudades y países, así como escritores de la talla de Leopoldo Brizuela, Jorge Accame, Franco Vaccarini, Isol, Mario Méndez, Washington Cucurto, Antonio Sarabia (México), la poeta Lauren Mendinueta (Colombia), Roxana Sdenka Moyano (Bolivia) y Paula Carbonell (España).

Además, este Foro Internacional por el Libro y la Lectura contará con una amplia cobertura del Diario Clarín a través de la periodista y escritora, Patricia Kolesnikov, que ya ha confirmado su presencia. También volverán a participar escritores queridos del público chaqueño que ya son un clásico en las mesas del Foro: Angélica Gorodischer, Graciela Falbo, Graciela Bialet, Guillermo Saccomano, Ángela Pradelli, Margarita Eggers Lan, Orlando Van Bredam y Verónica Sukaczer, entre otros.

Al celebrarse quince años de realización ininterrumpida del Foro, se ha solicitado a los invitados que sobre todos los temas específicos reflexionen el estado de la cuestión quince años hacia atrás y que intenten imaginar los próximos quince. La literatura argentina, los medios, las bibliotecas y la irrupción de nuevas tecnologías, la literatura para niños y jóvenes, y las políticas públicas. Todo será analizado en retrospectiva y proyectado a futuro.

Los docentes y bibliotecarios que asistan podrán pedir el relevo de funciones, motivo por el cual participar no conllevará pérdida de presentismo. El Ministro Francisco Romero ratificó la medida que se toma en función de la política pública de lectura que lleva adelante la provincia y que “...en consonancia con la Ley Nacional de Educación, reconoce la centralidad de la lectura en todos los procesos de enseñanza aprendizaje”.

Por eso y porque el Foro es una excepcional instancia concentrada de formación de nivel internacional, el Ministerio solicitó a la Fundación que, como contraprestación a cambio del auspicio, 400 docentes que están trabajando en sus escuelas en relación directa con el Plan Provincial de Lectura puedan tener, además de la licencia y el puntaje, una beca parcial.

26 mayo 2010

PERDIDA

Cada vez que un niño abre un libro. Que un espectador prende la tele o se sienta en la oscuridad del cine. Cada vez que uno se dispone a escuchar al otro, se pone en marcha uno de los mecanismos más maravillosos que nos hace humanos: nosotros nos contamos historias unos a otros.

En ese acto de disponerse a partir con la historia del otro, se condensan una cantidad de reglas no escritas ni dichas, pero bien sabidas por uno y otro lado.
El lector/espectador pide, y tiene dos derechos ineludibles:
no me mientas
no me trates de idiota.


Yo, como escritora, estoy muy conciente de esos derechos de mis lectores, porque después de todo soy lectora antes que nada. Y porque todos los que hemos caído en este oficio de escribir, lo hicimos porque alguna vez nos dejamos deslumbrar de tal modo por las historias que nos contaron, que quisimos ser partícipes de ese milagro.


El "había una vez..." pone en marcha ese contrato entre partes. Me dice que alguien me llevará hacia una historia que puede pasar aquí o no. En este tiempo o no. Y que terminará sin ninguna duda en "y fueron felices para siempre", que en tiempos modernos puede reemplazarse por cantidad de figuras menos risueñas.


Entonces... cuentes lo que me cuentes, no me mientas. No me trates de idiota. No me importa si la historia es real o ficticia. Si sucede aquí o en otro mundo. En el pasado remoto o en un futuro que nunca conoceré. Para ser parte de la magia, debo creerlo.


Si me das personajes, quiero acompañarlos hasta el final. Quiero saber qué pasa con cada uno de ellos, sean felices o no. Quiero saber si Jo March se casó y se convirtió en una gran escritora. Quiero saber si el Conde de Montecristo llevó a cabo su venganza y se reencontró con su amor de juventud. Quiero saber si Jane Eyre halló por fin un poco de paz. Si Harry Potter venció a los malos. Porque una vez que comienzo a acompañar a un personaje, que me identifico con él, que lo hago parte de mi vida, no puedo dejarlo ir hasta saber si podrá seguir su vida sin mi.


Por supuesto, a veces no me dicen muy bien qué ha sucedido con él o ella, y soy yo quien debe poner el punto final. ¿El Principito, muere o realmente regresa al que, ahora, llamaríamos su mundo alternativo? Yo quiero pensar que regresó, porque en el universo del Principito todo era posible.


Y ése es el juego: alguien me dirá cuánto y cómo y qué será posible. Y yo pondré el resto.


Por eso, sin ninguna duda, Lost me parece un mal cuento.
Me mintió. Y me hizo sentir una idiota.


Desde el primer día, Lost fue una especie de Robinson social. En época de realitys, en vez de lanzar a un hombre a la mayor de las soledades, lanzamos a un grupo y vemos qué pasa. Me gustó ese "había una vez..." Me prendí. Quería saber qué seguía.

Pronto se iniciaron los misterios, los enigmas y se plantó una enormidad de indicios. Un indicio es como una piedrita en el camino hacia la casa de la bruja. Si luego no se recogen, Hansel y Gretel no podrán regresar.
Que números, que embarazadas que no podían parir, que francesas perdidas, que barcos antiguos, que iniciativas extrañas, que otros y nosotros, que pasado y presente, que jeroglíficos, que estatuas gigantes, que monstruos, que jaulas, que y que y que.
Pocas series televisivas jugaron con tanta fantasía al mismo tiempo. Lost nos dio todo lo que debe ofrecer una épica, y así nos mantuvo en vilo durante seis años.


Había que estar muy atento y anotar cada misterio nuevo porque parecía que allí estaba el inicio del hilo que nos llevaría a la salida. Durante seis años nos dejamos entretener, pero siempre teniendo en mente que un día veríamos la luz, y que no sería exactamente la luz de la isla que se prende y se apaga con un tapón.


Pero no. Un par de escritores se pusieron a jugar con las ilusiones de muchos, y luego no supiero qué hacer con eso. Les quedó grande.


Ahora, sin embargo, aparecen legiones de "lectores" diciendo que Lost no debe explicar nada, que todo fue una metáfora de metáforas. Una ilusión que debemos develar por nuestra cuenta. Y como si Lost no hubiera terminado, plantean una dicotomía entre quienes esperaban respuestas, y son por lo tanto lectores chatos, poco inteligentes, y aquéllos que aceptan esta nada de nada, y son profundos y saben leer entre líneas.


El problema es que así no funciona el cuento. Cuando el otro empieza a contar, no lo interrumpimos, no le decimos qué creemos que sucedió con los personajes. Seguimos leyendo o escuchando porque sabemos que hay una historia que no cualquiera puede torcer. Uno estructura un relato para que el otro lo desarme. Después sí, por supuesto. Cuando el otro deja de contar o cerramos el libro, somos libres de libertad total para imaginar, intuir, cambiar. Para hacer nuestra lectura privada. Para creer lo que queremos creer.


Una metáfora es otra cosa.
Cuando César Vallejo dice:
"Me moriré en Paris con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo"
le permitimos ese imposible, porque sabemos cuáles son las leyes que rigen la poesía y aceptamos jugar ese juego.
No seguimos leyendo el poema con el fin de que nos diga por qué y cómo ya sabe qué día morirá. Tampoco le exigimos que nos explique cómo recuerda algo que aún no sucedió.
No lo hacemos porque no esperamos explicaciones de la poesía. Porque sabemos que es así.
En cambio, en Flashforward, otra serie pronta a ser perderse (literalmente, ya que fue cancelada), sí esperamos que nos digan por qué pasan las mismas cosas que pasan en el poema de Vallejo.


Dicho así, es fácil darse cuenta de que Lost jamás fue planteada como un gran poema de seis años, sino como un cuento de ciencia-ficción o fantástico. Lost fue un cuento de los más clásicos, aunque haya revolucionado la forma de contar historias en la TV.


Por otra parte, ahora también nos dicen que no era tan importante la isla, sino las personas. Y aquí nos mienten otra vez, porque desde el primer día la isla fue un personaje más. Estaba viva. Latía. Se movía. Tenía ideas. Exigía y pedía. Cobraba vidas. La isla era el gran personaje que manipulaba las vidas de los demás.


¡Oh! Pero podemos verlo de otra manera. Ver Lost como una larga saga estilo "Gulliver". Gulliver viajaba de país en país y en cada uno encontraba diversas maravillas. Caballos que hablan, enanos, gigantes. Gulliver era espectador y actor cada vez, pero en algún momento el capítulo se terminaba y había que pasar a otro mundo. Los caballos parlantes no lo seguían. Los enanos no se le metían en un bolsillo para llegar al capítulo final. Desde el primer momento nos contaron que eso era así y lo aceptamos.

¿Podría pasar lo mismo con Lost? No, porque para que eso suceda cada historia (la de los números, la iniciativa Dharla, los embarazos) debería haber empezado y terminado en ese largo camino que llevaba a los sobrevivientes del Oceanic de un sitio a otro.
Y además, Gulliver nunca fue sólo un entretenimiento. Fue una sátira sobre la sociedad del 1700. Lost, en cambio, no resultó ser una sátira sobre nuestro tiempo.


¿Y ahora...? Ahora, por lo menos yo, me siento una gran gran idiota. Me tomaron el pelo. Porque si uno, como hacía en la escuela, se pone a subrayar las ideas principales de Lost, una vez conocido el final, se da cuenta de que todo lo que le contaron no sirvió para nada. Eran ideas absolutamente desechables. Nada tenía que ver con nada.
Se pueden sacar los números, a los vivos que ven muertos, a los muertos que hablan, al humo negro, a los osos polares, y la historia sigue siendo la misma. El final no cambia.

Si Lost resultó ser la historia de un grupo de personas perdidas en sí mismas desde el accidente (y ahora ya ni siquiera uno puede estar seguro de que la isla haya sido real) hasta sus muertes, y el paso al más allá en el que se reencuentran, porque lo que cada uno tuvo con el otro fue lo más importante de sus vidas, ¿en dónde queda todo lo demás? ¿La iniciativa Dharma, el electromagnetismo, los jeroglíficos, los otros? ¿Los borramos y nada más? ¿Qué aportaron, más allá de entretenimiento? ¿Qué se lleva cada personaje de ese camino? .

Disfruté el viaje con Lost. No el final. Alguien empezó a contarme un cuento, y en un momento se le enredó tanto que lo cerró de cualquiera manera. Me mintió y me subestimó. Rompió el contrato. A ese contador de cuentos no podré volver a creerle.

Pero por suerte, no me quitó mi afán inmenso por seguir leyendo y viendo historias. Deseo tan grande que, seguro, volveré a caer en la misma trampa una y otra vez. Porque eso pasa en el mundo de los cuentos: si uno no está perdido, no tiene cómo volver a encontrarse.

21 mayo 2010

TIPS PARA ESCRITORES

Un escritor más otro escritor no sólo hacen dos escritores, sino que suman una usina de chismes e información altamente valiosa. Lo mismo un escritor más un ilustrador, ya que el cambio de los factores, en este caso, no altera el producto.

¿Y qué quiere saber un escritor y/o ilustrador de otro escritor y/o ilustrador?

Veamos:
Qué editoriales están publicando.
Qué editores son fáciles de contactar.
Cuántos contratos ha firmado el otro.
Qué adelanto está pagando cada editorial.
Qué porcentaje de derechos cobra cada uno.
Cuántos libros vende.
Cuáles son sus contactos para conseguir trabajos esporádicos.
Si va a escuelas a dar charlas.
Si cobra por ir a escuelas.
Si cobra viáticos.
Si viaja al interior.
Quién lo mando al interior.
Qué está escribiendo ahora.
Qué sabe de otros escritores.
Si lo han invitado a congresos/conferencias.
Cómo organiza su tiempo de trabajo.
Si lo han entrevistado.
Si han reseñado o criticado sus libros.
Cuántas horas por día escribe.
Si vive de la literatura o tiene otro trabajo para comer.

Esto, que a simple vista parece un sinfin de chismes, con cierta morbosidad económica y hasta un dejo de celos/envidia, en realidad es una clase magistral de "cómo ser escritor y lograr vivir de la literatura". Algo que no se enseña en ninguna facultad.
Y que yo sólo voy aprendiendo gracias a mis amigos escritores y/o ilustradores.
A quienes les estoy inmensamente agradecida (por la amistad y por la información).

Veamos...
En cuestiones prácticas, económicas, comerciales, marketineras, legales y contractuales, yo no soy sólo terriblemente ingenua, sino que puedo decir sin ninguna duda que soy toda una pelotuda.
No sé venderme. No sé hacerme valer. No sé pedir. No sé discutir. No sé negociar. No sé nada más que estar en mi casa y escribir.
Por eso sigo firmando el contrato que el editor me pone adelante. Y pocas veces he cobrado adelantos. Y voy gratis a donde me llamen. Y hasta siento que todos me hacen un favor cuando me piden algo.

Y no. No funciona así. No debería funcionar así.

Porque cuando uno tiene amigos escritores y/o ilustradores mucho más inteligentes que uno se entera que...
ese contrato que era imposible de negociar porque el editor dijo que no y no, el otro lo negoció y cobró mejor.
que esa editorial que no pagaba adelantos, a otro le pagó.
que esa editorial chiquita y nueva que uno subestimó, está publicando hermosos libros, vendiendo muy bien y ojalá nos publique.
que nosotros nos fuimos hasta la loma del peludo a esa charla a la que nos invitaron, pagamos el estacionamiento o el taxi, nos pagamos el café (¡y encima no fue nadie!), y al otro... ¡le pagaron todos los viáticos!
que a las escuelas se les puede (y debe) pasar un presupuesto por nuestra visita, sobre todo porque en muchas escuelas privadas estamos toda la mañana dando talleres (acá hago una sana distinción entre escuelas privadas y municipales).
que ir a escuelas, dar conferencias o charlas, viajar, mostrarnos, dar talleres, etc, etc, es parte de nuestro trabajo, nos insume tiempo y esfuerzo, a veces preparación previa, y por lo tanto debe ser valorado.

Y así, cantidad de detalles y cosas que yo no sabía.
Por mi parte, escucho, aprendo, aprehendo, maduro. Y a la hora de mostrar cómo cambié y me valoro... ¡sigo siendo una pelotuda! Pero por lo menos, pelotuda informada.
Así soy yo.

05 mayo 2010

POR QUÉ EL MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO ME PARECE UNA COSA BASTANTE INJUSTA

Conozco a B. desde hace 10 años. Su hijo mayor empezó el jardín con mi hijo mayor. Luego parimos nuestros segundos varones con siete meses de diferencia. Desde entonces hemos recorrido camino.
Todos los veranos, y algunos inviernos, invito a B y a sus dos críos a pasar dos o tres días en un club. Dormimos allí.

Bien. Cuando estoy con B. en el club, sin maridos, acostumbramos compartir todas las tareas hogareñas así como el cuidado de los niños. También la planificación del día, los paseos, las actividades.
B. no se levanta de la mesa sin darse cuenta de que los platos no van solos a la cocina.
B. no se olvida los huevos en el fuego.
B. no me dice "hacemos lo que vos quieras" para luego dictaminar que el paseo fue una cagada.
B. no me pregunta qué se tiene que poner para salir.

Cuando los niños eran pequeños, B. compartía colchones con los suyos, y yo cama matrimonial con los míos.
B. no me despertaba cada vez que un pibe tosía a pesar de que yo no lo pudiera escuchar.
B. tampoco me despertaba para contarme qué había pasado incluso cuando ya no pasaba.
B. se hacía y deshacía su cama, y nunca vi por ningún lado su ropa interior.
B. nunca se depiló dejando pelos por todo el baño.

En verano, disfrutamos horas y horas de pileta. En invierno, de solcito.
B. no se va con sus amigos a jugar al truco toda la tarde.
B. no me dice "me voy a tomar un café" sin preguntarme si yo quiero, y regresa tres horas después porque se encontró con alguien.
B. no se queda dormida con la boca abierta, y sin darse cuenta.
B. no sólo me escucha cuando hablo, sino que... ¡me responde!

Con B. podemos tratar el mismo tema durante años. Analizarlo, darlo vuelta, estudiarlo, pensarlo.
Con B. nunca se producen silencios.

Ahora que los niños crecieron y pidieron espacio para ellos, a B. y a mí no nos quedó más opción que compartir la cama matrimonial.
B. no me quita la frazada.
B. no salta y tiembla y me patea como una marrana en el matadero.
B. mantiene su cuerpo estrictamente en el lugar de la cama que le corresponde (además, ambas tememos rozarnos y ser malinterpretadas).
B. no me empuja con su cuerpo de 100 kg (por no decir que ella pesa la mitad).
B. mira la TV conmigo y gusta de las mismas series.
B. no fija la TV en fútbol o tenis o gourmet con la excusa de que "trabaja" y tiene derechos.
Con B. conversamos mientras miramos TV.
B. no se queda dormida en mitad de las películas.
B. no se levanta de la cama sin decirme nada para irse a jugar póker por Internet.
Si B. se hace un café, me convida.
B. no se roba las galletitas de los chicos a las dos de la mañana.

Y además...
B. tiene los mismos gustos que yo.
El trabajo de B. tiene muchos puntos en común con mi trabajo, y podemos compartir varios temas.
B. viene a casa cuando sabe que estoy mal.
Y recuerda que estoy mal cuando estoy mal.
Con B. nos hemos hecho confidencias que pocos se hacen.
Con B. me he reído a carcajadas.

Y entonces...
este verano, cuando compartimos cama, tuve de pronto una epifanía:
¡yo tendría que haber sido lesbiana!
Es tan fácil compartir la casa, la cama, los hijos, con alguien del mismo sexo...

Pero no. No me sale.
Aunque pienso que la parte del sexo no debería darnos problemas. Yo me caso con B. Mi marido se casa con el de ella. Nos encontramos y hacemos intercambio. Swingers. Eso le da un buen toque al matrimonio.

Pero no.
Nunca nadie me informó que podía tener siquiera la opción de casarme con otra cosa que no fuera hombre. No tuve ese permiso. En mi infancia, no sabía que eso existía.

Por eso me parece muy injusto que ahora, alguien se pueda casar con una persona de su mismo sexo.
¡¡¡¡Que ellos también sufran el matrimonio, carajo!!!! ¿Por qué ese beneficio extra? ¿Por qué esa posibilidad de compartirlo todo con alguien que nos entiende hasta lo más profundo?

No. Que se jodan.
Que sepan lo que es ser hombre y tener a una mina insoportable cada noche en la cama.
Que sepan lo que es ser mujer y tener a un tipo que no te escucha hace años cada mañana al lado.
¡Eso es el matrimonio!

Por eso es que el matrimonio entre personas del mismo sexo me parece una cosa bastante injusta.

Dedico este post a B. a quien quiero mucho.
Pero sobre todo a G. a quien amo, aunque cada vez que me doy vuelta en la cama un ojo mío se encuentra con su codo, y siempre se quede dormido en las películas románticas.

16 abril 2010

¡O-TRO LI-BRO! ¡O-TRO LI-BRO!




Este año, en cuanto abra la Feria del Libro, yo seré la primera en ingresar, apartando pateando empujando y pasando por encima de quien sea necesario. Correré en cámara lenta hasta el Pabellón Amarillo, sin quitar los ojos del mapa y haciéndome pelota si hace falta. No importa si lanzo pilas de libros de editoriales que no me publican. No importa si lanzo a una viejita con bastones canadienses hasta el stand de China. No importa si me tropiezo con Borges resucitado que quiere escribir un libro conmigo. No dejaré que nada me perturbe ni se me cruce en el camino. Porque mi objetivo es el STAND 1714, ¡sí!, COMUNICARTE. En donde voy a hallar a mi último hijo neonato. A mi benjamín. A quien aún no he visto. No he abrazado. No he dado de mamar. No he fotografiado. No he mostrado. No he compartido. No he buscado dedos extras o erratas.


¡Sí! A años luz de "Nunca confíes en una computadora" llega el libro más esperado...


"NUNCA SALGAS DESCONECTADO"


Más cuentos de la era informática. Y está allí, en COMUNICARTE, al alcance de todos, de sus bolsillos, de mi ego, de mi carrera, de todo.

Primer y, por ahora, único libro del 2010. Por fin...


HABEMOS LIBRUS.


"NUNCA SALGAS DESCONECTADO"

Verónica Sukaczer

Ediciones Comunicarte




14 abril 2010

UN PREMIO PARA MI MUCHACHO

Hace muuuchos muuuuchos años, cuando gran parte de ustedes tenían todavía la mollerita blanda, yo ya estaba haciendo cosas raras. Por ejemplo, enviar una carta a la mítica y famosa revista "Puro Cuento", con la idea de armar un taller literario en donde la gente se juntara a leer criticar opinar, sin coordinador ni objetivo concreto.
Me respondieron muchos. En esa época nos enviábamos cartas por correo. Car-tas. En un sobre. Con una estampilla. Guardo ce-lo-sa-men-te todo ese material epistolar-biográfico. También me enviaron un libro sobre sexo que tiré hace poco, no porque fuera sobre sexo, sino porque era malo.
Yo respondí a todos y a cada uno. Por escrito. A mano. En papel. Con sobre. Con estampilla.
Finalmente, nos reunimos los elegidos.
José, Luis, Daniel, Sebastián y yo. Y creo que un par de veces vino un tipo que no nos gustó y a quien discretamente largamos. (Le dijimos que el taller no continuaba, para que no viniera).
Fue linda época.
En el medio yo gané el premio Colihue y empezó mi carrera. Y los demás se fueron yendo por sus caminos, como sucede siempre con estas cosas.
Con José, en cambio, nos seguimos viendo varios años.
Pero no es de José ni de Luis ni de Daniel de quien quiero hablar. Es del pichón del grupo, Sebastián.
Sebastián Lalaurette, hoy periodista serio y flamantísimo escritor de libros para niños.

Con Sebastián nos cruzamos telefónicamente una vez. Él se había enterado de que yo había publicado y quería que hiciera algo que no recuerdo, y a mí me sonó a que quería que trabajara gratis y no le di mucha bola. Volvimos a hallarnos en los blogs y en Facebook.

Hace unos meses me envió un cuento que había escrito para chicos, para que lo leyera. Yo le dije que era un buen comienzo, pero que en general se había ido... para cualquier lado.
Él quería enviar el cuento a un concurso. Yo le dije que como crítica soy muy buena escritora, que no tomara en cuenta mi comentario y lo mandara igual.
Él lo mandó.
Ganó.
El primer premio del concurso Sigmar. El mismo en el cual yo gané mención especial el año pasado.
Que él haya ganado primer premio y yo mención bueno... ya lo encontraré alguna vez en una esquina y se lo haré pagar.
Pero, excepto ese pequeño detalle, me hincho así de orgullo: ¡el muchacho me ganó un premio!

Y desde aquí le deseo un fascinante y maravilloso camino literario, repleto de libros y éxitos. Y le sugiero que trate de no publicar en las mismas editoriales que yo. Ni que sigua mandando a los mismos concursos. Es decir, que tenga un fascinante y maravilloso camino literario... ¡que no se cruce con el mío!

Él sabe que bromeo. Yo no estoy tan segura...

Pero sí, con total humildad, digo desde aquí que: ¡yo conozco al primer premio 2010 del Sigmar!

21 marzo 2010

VIDA Y MUERTE DE JERBOS

Como todos los niños, los míos también pedían mascota, y los cuadrúpedos conocidos no eran entonces una opción.

No sé si finalmente fue la insistencia de ellos o el infantil deseo mío (crecí sin animales), que un día inicié la consabida investigación, como acostumbro, y pronto me convertí en experta en roedores, y los Reyes Magos de 2007 trajeron una jaula de vidrio a casa, con la promesa de que después de las vacaciones debíamos ir a buscar a dos jerbos a donde nos estuvieran esperando.
Los Reyes buscaron jerbos en Internet, y pronto nos enviaron la dirección a donde acudir para retirar a los nuevos integrantes de la familia.

Fui con los niños.
La casa no me gustó. Rejas. Un jardín descuidado. Una moto de agua en reparaciones. Cartones en las ventanas. Calle desierta. Dudé en llamar. ¿Y si no volvíamos a salir de allí? No le había dado la dirección a mi marido. ¿Quién nos encontraría? ¿Y si en vez de jerbos vendían órganos humanos? ¿Por qué aún con esas dudas, yo siempre opto por confiar en el género humano? Llamé.

Una mujer que bien podría haber pasado por la bruja de Hansel y Gretel abrió la puerta. ¿Qué más necesitaba ver para salir corriendo? Entré.

El comedor estaba en absoluta oscuridad. Persianas bajas. Muebles de los ´70. Olor a humedad o a mugre. Nos iban a matar. Ya que era tan pelotuda como para entrar, por lo menos me prometí no aceptar ningún tipo de bebida.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, me tranquilizó un poco ver varias jaulas en las que, en vez de humanos, había jerbos.
Los niños y yo nos acercamos y elegimos dos machitos (consejo de experta: las parejas se reproducen a gusto; dos hembras tienden, naturalmente, a pelear más que dos machos). Uno blanco con los ojos rojos, al que mis críos llamaron Lito, y otro siamés (beige con blanco) al que bautizaron Toti.

Salí de la casa con los dos niños con los que había entrado, una caja de cartón con dos jerbos recién nacidos y mi vida. No era poco.

Por supuesto. Me prometí que todos los días haría lo que había que hacer para que los jerbos se acostumbraran a mi presencia y con el tiempo subieran a mi mano sin temor. No lo hice.
Por supuesto. Creía firmemente que los niños se ocuparían de sus mascotas. Se harían más responsables. Les darían de comer. No lo hicieron.
Por supuesto. Pensaba que podría colocar a los jerbos sobre mis hombros y conversar imaginariamente con ellos. Que se comportarían como dos pequeños Stuart Little. No sucedió.
Por supuesto. Creía que podría soltarlos un rato y entretenerme con ellos. No se podía.

A pesar de ello, los jerbos resultaron mascotas entretenidas, aunque sólo para observar. Sus hábitos son únicos. Son inmensamente curiosos. Comen tomando el alimento con sus patitas delanteras que parecen manos. Se acicalan uno al otro como los gatos. Se estiran. Saltan como canguritos y se cuelgan de la tapa-reja de la jaula. Roen hasta el cansancio y deshacen rollos de papel higiénico en minutos. Juntan todos esos cartoncitos en la boca y los llevan a un rincón en donde forman el nido. En invierno forman una cuevita. En verano se acuestan sobre el vidrio. No tienen olor. Casi no ensucian. Comen y toman poco. Se los puede agarrar pero tratan de escapar y pueden morder. No se dejan acariciar fácilmente. Son suaves como conejos. Se quedan erguidos, mirándote y, estúpidamente, una se encuentra pensando qué pensarán.

Creo que de toda la familia, fui yo la que más me encariñé con ellos. Además, fui la única que los alimenté, que lavé su jaula, que junté rollos, que me ocupé. También tuve que defenderlos del género humano.
No creo que alguien se anime a decirle a otra persona que su hijo es repulsivo (y vaya que he conocido niños repulsivos), pero sí me encontré con muchos que sin ninguna vergüenza, y sin siquiera haberlos visto y menos tocado, me dijeron que mis mascotas eran asquerosas.
No miren para otro lado. Tampoco se lo dirían al dueño de un perro, aunque se trate de un pila argentino.

Una única vez, Lito escapó. La tapa de la jaula había quedado algo corrida, y podemos suponer que pegó dos saltos casi mortales para llegar al piso.
Mi marido me despertó al grito de "¡hay una rata!" (lo cual significa, en idioma maridil: "ocupate", porque en casa soy yo quien se ocupa de todo tipo de insecto asqueroso y/o roedor) y yo corrí asqueada pensando en que mi hogar había sido violado por un repugnante y peligroso ratón anónimo. Pero no. Era Lito, que se había metido debajo de un mueble y temía por su vida.
Yo lo llamé como a un perro. Le chasqueé los dedos. Por fin coloqué semillas de girasol a un costado y, cuando el tonto apareció, lo atrapé con un balde.
Primera y última aventura.

Una mañana del año pasado pasé al lado de la jaula y, mientras seguía para la cocina me dije: "ay mierda, se murió". Regresé y sí, Lito había muerto poco antes de cumplir los tres años.

Yo soy bastante sádica, por lo cual en lo primero que pensé fue en hacerle la autopsia. Podía pedirle un bisturí a mi papá odontólogo. Quería conocer su biología.
No lo hice. Me dio pena. Y sabía que mi papá no iba a prestarme un bisturí para abrir una rata.
Lo puse en una cajita, escribí su nombre, fecha de nacimiento y muerte y un recordatorio.

Los niños lo lloraron de tal manera, que seré feliz si el día que me toque, me lloran así a mí.

Luego de recorrer varias veterinarias para saber qué hacer con el cadáver, lo llevamos al Instituto Pasteur, en donde, espero, lo cremaron en forma gratuita. Eso, o se lo dieron a los gatos en cuando me di vuelta.

Desde entonces Toti estuvo en observación. Creíamos que solo no iba a durar mucho. Pero duró. Hasta hace una semana, en que me di cuenta de que estaba muriendo. Y me fascinó esa certidumbre. El hecho de no dudar de que estaba siendo testigo del final de una vida. Que la muerte se presentaba con tal tamaña seguridad.
Los síntomas eran claros: casi no se movía y, cuando lo hacía, se tambaleaba y temblaba. Tenía espasmos. Había dejado de comer, incluso las semillas que le apoyamos en la boca, ya peladas. Al tomarlo parecía un saquito de huesos y el pelo se me quedaba en la mano.
Le informé a los niños y los acompañé en el duelo.
Ellos me suplicaron que lo salvara. Que tal vez sólo estaba enfermo. Yo les aseguré que sólo estaba muy viejo. Tres años y meses para un jerbo es toda una vida.

Pasaron tres días. Los chicos empezaron a impacientarse y me preguntaban si Toti estaba sufriendo. Yo pensé en adelantar el final pero, como me sucedió con Lito, no me animé.

El viernes sucedió. Supongo que a primeras horas de la madrugada porque cuando lo encontré a la mañana tenía rigor mortis. Incluso la cola estaba dura.
Como no tenía cajas, lo puse en una de Ibupirac y, como tenía que salir a trabajar a una escuela y no sabía qué hacer con él, lo guardé en mi cartera y me lo llevé.
A los niños le prometí que lo llevaría al Pasteur como habíamos hecho con Lito, pero sabía que no podría cumplir.
Trabajé media mañana pensando en si mi cartera comenzaría a oler y absolutamente incómoda y encantada con la situación. "Me fui a trabajar con el cadáver de un jerbo en la cartera" es un buen comienzo para un cuento.
A las diez, en un recreo, salí. Una veterinaria me pidió cincuenta pesos para enviarlo a cremar. Mucho.

No lo quería tirar a la basura. No me parece un final digno de una mascota. Pensé en regresar a casa por una cuchara y enterrarlo en donde encontrara un poco de tierra, pero la situación de enterrar una rata en la vía pública me superó.
Finalmente elegí un contenedor. Le pedí disculpas a su alma y lo dejé. Y como a la tarde pasé dos veces por el mismo lugar, aproveché para recordarlo, aunque la segunda vez me di cuenta de que estaba saludando el contenedor equivocado.

No puedo dejar de pensar que algún cartonero vio la caja de Ibupirac y quiso ver si quedaba algo del medicamento y...

Los tuve tres años al lado de mi escritorio. Cómo no los voy a extrañar.
Igual ahora, desde hace dos meses, tenemos perra.
Porque como todos los niños, los míos también pedían mascota, y los roedores conocidos no son una opción.
Yo pienso que le voy a dedicar un rato cada día.
Pienso que los niños se van a hacer más responsables y participarán de sus cuidados.
Me propongo pasearla aunque llueva o haga frío.
Eso sí, esta vez fui a buscarla con mi marido. También fue comprada por Internet. Vaya cosa, cuando la pagamos era toy, pero en cuanto la llevamos a casa, empezó a crecer de forma sospechosa. Pero...

Para Toti y Lito.



















23 febrero 2010

UN BREVE ANÁLISIS SOCIOLÓGICO SOBRE LA VIDA EN LA PLAYA Y LAS ACTIVIDADES QUE SE PUEDEN REALIZAR EN TAN INSÓLITO LUGAR Y EL TIEMPO QUE PASA CADA SER H



Cuando era pequeña y vivía bajo tutela paterna, mi madre tenía la insólita idea de que si pasábamos las vacaciones en zona balnearia (y pasábamos todas las vacaciones en zona balnearia) lo único que valía la pena hacer era, justamente, estar todo el día en la playa. Desde las 10 de la mañana hasta que se fuera el sol. Y guarda de aquél que no disfrutara.


El día comenzaba en general temprano con el preparativo de los bolsos y los sandwiches. Cada jornada le tocaba a una hija distinta preparar los sandwiches para los cinco miembros de la familia. Como si se tratara de un arte milenario, había que saber que papá los comía completos pero con poca mayonesa. C. con queso pero salsa golf. D. sin queso pero con tomate. V. sin queso, con mayonesa. Mamá lo que quedara. Y para tomar, llenábamos los termos con jugo Tang, porque mamá difícilmente aceptara comprar una coca en la playa.


Esto sucedía cada día en las playas argentinas. La rutina era levemente distinta si se trataba, en épocas de plata dulce, de playas brasileras. Allí se podía degustar un mirlo quente (uno por hija) y los mini-sandwichitos hoteleros.
Los mini-sandwichitos hoteleros eran un invento de mi sabia madre judía que a mí me produjeron siempre un hambre feroz. Se trataba de los pancitos del desayuno que nos servían en el hotel, con las rodajitas (nótese el uso del diminutivo) de fiambre grueso que mi sabia madre judía iba guardando disimuladamente cada mañana para alimentarnos al mediodía. Supongo que por eso yo siempre era tan flaquita, y el dinero nos alcanzaba para volver a veranear al año siguiente.


Pues bien, una vez en la playa, mi madre y mis dos hermanas se untaban en aceite de bebé y se tiraban cuan yacarés a hacer uso y abuso del dios Helios.
Pero yo no. Yo nunca aguanté el sol. Ni el calor. Ni la arena que quema. Ni la arena que se te pega. Ni la arena que te tiran. Ni el calor. Ni el frío a la tardecita. Ni las relaciones sociales playeras. Ni el juego de paleta. Ni el mar. Ni las olas. Ni el mar frío. Ni el mar no tan frío. Ni la arena que se te mete en la bikini. Ni la bikini. Ni el dolor de la entrepierna paspada. Ni la sal del mar. Ni los vendedores ambulantes. Ni las clases de aerobics playero. Ni la carpa. Ni la sombrilla. Ni estar sin carpa ni sombrilla. Ni los putos sandwichitos hoteleros. Ni los sandwiches con arena. Ni el jugo Tang caliente. Ni el caminito de maderas de los balnearios. Ni los dos barquillos que siempre me ganaba. Ni los pirulines que son verdaderamente espantosos. Ni quemarme. Ni quemarme achicharrada. Ni las quemaduras de sol de segundo grado.
(Por suerte, con los años aprendí a disfrutar de: el mar calmo y cálido. Las caminatas por la arena. El paisaje).


Más allá de todo lo que no soportaba, y que no se agota en la lista de arriba, mi gran preocupación en cuanto a la vida playera era/es: ¿¿¿qué mierda se hacía en la playa??? Por mera observación me daba cuenta de que la gente venía a la playa para... sentarse. Sentarse o acostarse. Espalda o decúbito dorsal. En general: inmovilidad total o parcial todo el día. Otras actividades, pero de tiempo limitado:
bañarse en el mar: 3 minutos en agua helada; 15 minutos en agua agradable.
jugar a la paleta: 20 minutos y 6 segundos.
tejo: 34 minutos.
caminata por la orilla del mar: hasta una hora.
Es obvio que ninguna de estas situaciones llena un día de 8 ó 10 horas. Y no agrego otras actividades como truco, burako, canasta por realizarse en forma sedentaria.


Mi idea de las vacaciones es pasear. Conocer nuevos lugares y, de ser posible, nuevas culturas. Vivir experiencias diferentes a las cotidianas. No pienso las vacaciones como un descanso físico, ya que estar sentada todo el día escribiendo no es justamente agotador (aunque mejor ni hablar de las contracturas cervicales y el síndrome de túnel carpiano) y cuando se habla de relajarse psicológicamente considero que se trata de abandonar por unos días los chamuyos mentales de siempre y poner a trabajar la cabeza en otra cosa. No de vaciarla del trabajo para llenarla con... arena.


Dicho de otro modo y volviendo al tema principal de este breve ensayo: yo odiaba la playa, no la entendía, y cada mañana me despertaba deseando que lloviera, que el cielo estuviera cubierto de nubarrones intensos y profundos. Que un tornado se llevara nuestro departamento en el centro, dos ambientes segundo piso por escalera, a otro lugar donde no hubiera playa.
Pero como mis deseos nunca se cum´plían, allí iba, bolsito en mano, a sufrir la playa y el mar (le temo al mar, nunca pude meterme bajo la ola, nado y nado para pasar la ola por encima, para que me hamaque dulcemente, y la ola se empeña en romper sobre mi cabeza, haciéndome rodar, ahogándome, asustándome. Sueño con tsunamis en forma repetida. Me han tirado y revolcado tantas olas que todavía siento el gusto a sal).
Nunca gané esa batalla. Seguí yendo a la playa cada día, buscando consuelo en lo único que me ha consolado y acompañado cada día: la lectura.

Yo soy la antipática antisocial posiblemente deprimida que contesta mal siempre de mal humor "a vos nada te viene bien" que se la pasa todo el día dentro de la carpa, a la sombra sombrísima, leyendo.
Tan hondo ha calado esa imagen en mis conocidos, que en la despedida de soltera de una de mis hermanas, durante un sketch en que los amigos dramatizaban cómo se habían conocido los novios en la playa, la mala onda que se quedaba sentada leyendo, ajena a todo hacía de... mí.

Entonces, lectura y playa. Allí sí la cosa comienza a cobrar sentido.

Mi vida playera comenzó con historietas: Hijitus, Patoruzú, Patoruzito, Condorito, Archie, etc. A edad muy temprana, también, descubrí en el kiosco de una playa del ACA de Punta de Mogotes, a Mafalda. Cada día, un nuevo tomo.

Seguí creciendo y me enamoré de las librerías de usados de los balnearios argentinos en donde bien se puede esconder tanto un incunable como una enciclopedia completa de Derecho Procesal Tailandés. Como con Mafalda, a veces me leía un libro por día.
Infancia hasta los 9/10 años: Hardy Boys, Nancy Drew, Colección Iridium, Papelucho, todo Louisa May Alcott, Jane Eyre, Heidi, Violeta, Un árbol crece en Brooklyn, Cocorí, Bornemann.
Preadolescencia: Bradbury, Asimov, Clarke, Silverberg, Agatha Christie, A.J. Cronin, Pearl Buck, etapa mística con Mis gloriosos hermanos y similares.
Adolescencia: Cortázar, Vargas Llosa, Denevi, Blaisten, Dune, todo Fundación, Chandler, mitología, El Péndulo, Borges, Gudiño Kieffer, Minotauro Amor, Arreola, Carlos Fuentes, García Márquez, Rodolfo Walsh. Etapa política con Las venas abiertas de América Latina.
No sé si los libros me salvaron de un odio total por la playa, o si también ayudó conocer otras arenas: México, Cuba, Brasil.


Cuando pude, no huí para siempre de la playa. Ahora voy a la playa con mi familia. La mía que supe conseguir. Y no vamos todo el día, sino que llegamos a las 15 ó 16 y nos quedamos hasta que tengamos ganas. Niños con protector 45 y adultos con 30, y ninguno se quemó como me quemaba yo de chica (con dolor y ampollas). Juego a la paleta. Caminamos. Juntamos caracoles y piedras. Saltamos olas (una sola vez me metí bajo una ola, de la mano de mi esposo). Los miro jugar. Tomo coca zero fría. Pero sobre todo, leo. Para eso existe la playa, para leer.

Y cuando todo se une: el mar calmo y agradable turquesa esmeralda transparente, el sol soportable, la arena suave, los niños felices, el marido disfrutando y un buen libro... siento que el momento podría hasta llegar a llamarse felicidad.


16 febrero 2010

CRÍTICA

Aquí, la crítica que salió en Radar/12 sobre "Mal de familia".

Ya sé que es inmensamente elogiosa, pero de todos modos, el que tenga ganas de explicármela en detalle, bienvenido sea, porque cuando yo leo cosas como "sociedad psicologizada más allá de la obviedad explicativa" se me trabucan las ideas y me pregunto "¿lo qué?".

¡¡¡Mil gracias a Jorge Pinedo, un tipazo!!! (¿Sería siendo un tipazo si el libro no le hubiera gustado? Mmm... yo creo que ése ya un problema filosófico que no estoy preparada para analizar).

Otra crítica, en "El arca digital":

Mal de familia

Verónica Sukaczer
Ediciones de la Flor , Buenos Aires , 2009 Humor. Ironía. Sabiduría. Gracia expresiva. Son algunos de los atributos que reúne la narrativa de Verónica Sukaczer (periodista, Buenos Aires, 1968). En este volumen ha reunido catorce relatos que convocan a la introspección y el análisis acerca de situaciones familiares que suelen permanecer ocultas, pero en las que se bosqueja un trasfondo sutil que define actitudes o comportamientos que hablan de una realidad familiar que se contradice con la exhibida exteriormente. Algunos relatos rayan en lo patético, como el del matrimonio feliz y absolutamente normal, padres de tres hijas adolescentes, agradecidos a la vida por la paz y el confort que les brindó, a los que un inoportuno ruido de platos rotos en la cocina, donde las tres niñas se ocupan de la vajilla, los despierta a una realidad monstruosa para su concepción de la vida. Este relato, por otra pare, pone al lector de frente ante las nuevas formas de vida de la juventud. El texto que se menciona comienza acertadamente con una reflexión de Roberto Fontanarrosa, quien - coincidimos con el texto de la contratapa- hubiera prologado y, acaso ilustrado este libro en el que subyace su espíritu y su genialidad ( "tu hijo está cambiando como persona, como ser humano. Como las serpientes están mudando de piel y de personalidad. Hay veces – muchas, debes confesarlo- en que le hablas y no te oye. Parece escucharte, pero no registra en lo más mínimo lo que le has dicho. O masculla simplemente "Sí, sí está bien", como se les dice a los locos, sólo para conformarlos (...)"
Verónica Sukaczer ha publicado varios volúmenes para chicos y jóvenes, ha sido galardonada en varias oportunidades y se puede decir que en la narrativa argentina tiene un futuro promisorio.
Nina Thürler

El arca digital, enero 2010-01-28

Y otra en el blog olmedoalbert:


UN POCO DE DISTENSIÓN, CUENTOS CON HUMOR
-
-
-
- “Mal de familia”
de Verónica Sukaczer
Editorial De la Flor
222 paginas
por ovidio obvio
-

www.olmedoalbert.wordpress.com
blog: “Aforismos”
Un libro de cuentos desde la mirada femenina escritos con mucha gracia, humor. Siempre se ha dicho que no abundan mujeres humoristas, si se encuentra alguna así, mejor no dejarla ir…Este es el caso de una de ellas, como escritora de cuentos…
En la contratapa se lee que Roberto Fontanrrosa–el mejor escritor de humor argento, y uno de los mejores a secas—hubiera hecho un prólogo de este libro. Un gran elogio.
Los cuentos son sencillos, se leen rápido y su hilo común es el siguiente: las miserias de familia.
Una critica en el suplemento Ñ decía con cierto antisemitismo que se tratan de familias judías. Una mirada algo nazi. Nada que ver: son cuentos de todo tipo de familias, no solo las judías…
Dos de ellos son de ciencia ficción: una pareja que muere en un accidente, y ven como en sus familiares parece que nadie se quiere hacer cargo de sus hijos chicos. Excelente.
Otro es un astronauta invadido por un extraterrestre, dispuesto a invadir las mentes de todos lo varones, no asi las mujeres, no pueden hacer eso. Una terrestre concuerda con eso desde el antiguo cuerpo de su esposo astronauta—ahora invadido–que no la quería tanto como el ahora extraterrestre en el mismo cuerpo.
Otros tratan temas tipicos de toda familia: competencias de madre e hijas, peleas por la religión–judíos y católicos–, gente que no sabe lo que quiere y puede cambiar bastante–volverse tanto de un secta religiosa como nazi o travesti—, gente que espera la muerte de alguien para heredar, gente que compra el afecto, psicologas que se encuentran con el diablo para que le cuide los hijos…
Grandes cuentos desde una mirada con gracia de la miseria familiar. Para reir y para pensar. Se nota talento, lectura, y respeto por la inteligencia, algo que no abunda.
Este es el primer libro para adultos de esta escritora. Antes escribió varios libros para chicos.
Para más datos va su web
www.veronicasukaczer.com

Después de esto y bien merecido... ¡yo quiero agrandarme! ¡yo quiero agrandarme! Pero no sé cómo... ¿hay libros? ¿se necesita plata? ¿por qué no me entrevistan junto al tipo de los chocolatines Jack? ¿Por qué todavía no tengo mi reality show? ¿Eh, por qué, si me estoy haciendo famosísima?