07 marzo 2009

ROMANCE DE LA NIÑA QUE SALE DE COMPRAS

Hay pocas cosas que entienda mejor (y que me emocionen más), que el hecho de tener retazos de poemas de la infancia, en la memoria, y necesitar completarlos. A veces uno inicia una lucha contra el tiempo y el olvido, y va tras el poema como si allí se ocultara el secreto de la felicidad.
Los poemas que leemos en la infancia son como tatuajes: nos quedan marcados en el cuerpo para siempre, y no podemos permitir que comiencen a desdibujarse.

Hace unos días, un tal Franklin me escribió preguntándome si podía completar el poema "La niña sale de compras" que nombré en algún post.
Me cuenta que leyó este poema hace más de 60 años, en el libro de lectura "Facetas", pero que con los años olvidó varios versos.
Buscándolo en Internet, me encontró a mí.

No es la primera persona que me lo pide. Hubo una señora que creyó que yo era la autora, lo cual, por un tema de edad, me ofendió un poco. De todos modos me maravilla cómo un poema en particular ha quedado en la imaginería de varias generaciones.
Ah, y esto es para Franklin: tengo el libro "Facetas". Fue libro de lectura de mi mamá, y yo lo fui salvando de las diversas purgas literarias que hubo en mi casa. De todos modos, copio ahora el poema de la antología de 1951, "Nuevo ritmo de la poesía infantil" (que no tiene tapa, y por lo cual lo único que sé del antólogo es que firma G.B).

Para Franklin, entonces:

ROMANCE DE LA NIÑA QUE SALE DE COMPRAS
de LUIS CANÉ (aparecido en el Romancero de niñas, de 1932)

La niña sale de compras,
de compras sale la niña;
porque ella sale de compras
se pone más lindo el día.

Las calles de Buenos Aires
la esperan en las esquinas
y la saludan al paso
con impacientes bocinas,
mientras muelen con el freno,
su lentitud, los tranvías.

Ella va de tienda en tienda,
-(¿Qué busca?... ¿Qué necesita?...)-
pregunta el precio de todo,
revuelve las mercerías,
y al azar de su capricho
toda la ciudad se agita,
tiembla el comercio y la industria
y el tráfico se complica.

A la hora del regreso,
por el cansancio encendida,
la niña vuelve de compras
con medio metro de cinta.