26 febrero 2009

Los blogs que leo

Un blog debe ser colectivo, un vehículo a otros blogs. Sin embargo, con los últimos cambios que hice (y que luego anulé), perdí todos los vínculos. Pasaron los meses y no encontré el momento de volver a subirlos. Hoy, que estoy al cuete (últimos días de vacaciones), me ocupé. Así que abajo a la derecha, otra vez la lista de los blogs que yo leo.

18 febrero 2009

¿AGREGAR A VERÓNICA A TUS AMIGOS?

(Apuntes sobre Facebook)


Nunca en mi vida había tenido tantos amigos al mismo tiempo. Nunca fui una persona excesivamente sociable en el mundo real, como lo soy en el virtual. Pero ahora tengo Facebook y quiero tener un millón de amigos y un coro de pajaritos y todo lo que me había prometido la canción que anunció, hace tantos años, la creación de Facebook.

"Pepe quiere ser tu amigo, Verónica. ¿Tu quieres ser amigo de Pepe? Si quieres ser su amigo, confirma que serás su amigo. Pero si no quieres ser su amigo, mejor ignora que te estamos preguntando si quieres ser su amigo y búscate otro amigo, porque aquí lo que sobran son amigos, Verónica. Entonces, ¿quieres ser amigo de Pepe, Verónica, y quieres que Pepe sea tu amigo?

Todos son amigos, y quieren ser tus amigos o uno quiere ser amigo del otro. Se usa la palabra amigo tanto como los negociadores de rehenes utilizan el nombre del secuestrador:
"Jhony, usted es un buen hombre, Jhony. Usted no quiere que nadie salga lastimado, Jhony. Hábleme de su infancia, Jhony. Vamos a solucionar esto juntos, Jhony".

Me pregunto cuántas veces se debe decir o escribir o leer la palabra amigo, hasta que ésta pierda todo significado, y al final sea lo mismo ser amigo de Pepe que pescado de Pepe que día jueves de Pepe.

Sin embargo, no es ése tema que me preocupe por ahora. Al contrario, por ahora me fascina. Igual que arqueólogo con hueso descubierto, que patólogo con virus reciente o lingüista con neologismo, me siento nena con chiche nuevo. Busco viejos amores, amigos, enemigos, colegas. Busco cualquier nombre que recuerde. De hombre, mujer, infante, docente, jefe o mascota. Quiero ver los rostros envejecidos de quienes aún tienen quince años en mi memoria. Quiero ver si la vida también siguió para ellos. Quiero saber si sucumbieron a la magia de Facebook y le muestran sus amigos al mundo entero.

Porque lo importante ahora no es quién uno es ni qué ha hecho. Lo importante es cuántos amigos tiene. La cantidad.

Yo tengo amigos que son mis amigos de verdad y que quiero mucho.
Tengo amigos que son mi familia.
Tengo amigos que no tengo la más mínima idea de quiénes son ni de por qué desearon ser mis amigos.
Tengo amigos que fueron mis amigos y ahora son amigos facebook.
Tengo amigos que en realidad son contactos.
Tengo amigos que son mis amigos porque me da prestigio que sean mis amigos.
Tengo amigos que en realidad borré y que no saben que no son más mis amigos.
Tengo amigos que son amigos de mis amigos.

Y a pesar de que me digo que no voy a tener más amigos, porque mi pantalla se inunda de líneas que cuentan lo que están haciendo todos esos amigos, de los cuales muchos en realidad no son mis amigos y otros son amigos de mis amigos y otros amigos contactos y otros no me acuerdo y otros me olvido por qué eran mis amigos y otro es mi marido que me puede decir en casa qué está haciendo, cada vez que alguien me pide ser mi amigo, yo respondo afirmativamente y hasta con gusto.

Porque no se puede decir que no cuando alguien te pregunta si querés ser su amigo.

Es una pregunta que te retrotrae a tus años más felices y más inocentes. Esos años en que todo ser humano de tu misma altura era un candidato a amigo. Pobre, rico, blanco, negro, israelí, palestino. Bastaba que el otro se riera de lo mismo que te reías vos, para que se conviertiera en el mejor amigo del mundo, aún por sólo cinco minutos o una tarde de playa.
¿Cómo se puede luchar, entonces, contra ese sentimiento de que se va a iniciar una amistad?

Desde el jardín de infantes que a mí nadie me preguntaba si quería ser su amigo.
Ahora las cosas son más complicadas. En la vida real hay que dar un montón de vueltas hasta considerar a un conocido, amigo.
Recién luego de muchos cafés y encuentros casuales, un conocido se transforma en amigo cuando comienza a interesarse en nuestras nimiedades y a nosotros nos importa si sufre síndrome premenstrual u operan a la madre.

Porque no se le puede decir al otro: "quiero ser tu amiga". Está mal visto. No es parte del protocolo social actual. La amistad debe ir surgiendo en forma lenta, con tanta espontaneidad como sea posible.

Eso, hasta que apareció Facebook, y se hizo posible completar el proceso amistoso en dos o tres clicks.

Para mí, es maravilloso.

Y cuando es al revés... cuando te piden ser amigo...
¿Quién no se siente halagado, honrado, importante, por haber sido buscado y hallado en Facebook? Cuando nos llega el pedido de amistad de parte de ese primo de la amiga de tu hermana con quien salimos una vez en el ´92, ¿no nos asalta una sensación de triunfo muy parecida a la felicidad? Hemos vencido al tiempo y al olvido. Alguien nos recordó y nos quiere de regreso en su vida. A la distancia, limpiamente, en una foto, sin llamados ni encuentros, sin complicaciones. Pero allí, en su pantalla.

Claro que hay varias trampas.
Las relaciones sociales nunca fueron transparentes.
Claro que no es perfecto, como no es perfecta la amistad ni perfectos ninguno de mis amigos que a lo largo de la vida dejaron de ser mis amigos.

Facebook es la consagración de la amistad fiaca, vaga. Una amistad devaluada, rápida, superficial, parecida a la amistad verdadera pero no, no tanto.

Ahora ya no necesitamos llamar al amigo enfermo, porque en Facebook él mismo nos informa de su mejoría. No precisamos recordar un cumpleaños porque el sistema nos lo anuncia. Todo el esfuerzo que significaba llevar adelante una amistad, aquí aparece facilitado.
¿Un conocido tuvo un hijo?
Le envío felicitaciones y una foto de escarpines del color indicado.
¿Mi tía abuela me extraña?
Le mando una foto de la familia y me ahorro la visita.
¿Un escritor presenta su libro?
Le deseo éxitos y le mangueo un ejemplear sin ir a la presentación.
¿Una amiga me invita al concierto de violín de su hijo?
Me excuso y le pido que suba el video.

Todo en Facebook. Fuera de Facebook, nada.
Ése podría ser un buen lema para este nuevo tipo de amistad.

Y al igual que cuando me preguntan si no temo que las nuevas tecnologías maten la lectura, y yo respondo que la lectura no muere, sino que cambia, y acepto lo novedoso, ahora creo que la amistad va a mutar hasta una amistad facebookística que, a muchos, nos hará la vida más sencilla.

Aunque le falte magia y sorpresa, y nos prive de temas de conversación:
Mi sobrino todavía no se anima a presentar a su novia, pero vaya que he visto fotos comprometedoras en su página.
Un amigo encuentra trabajo nuevo, y cuando me lo quiere contar, le digo: "ya sabía por Facebook".
Otro intenta cortarse las venas y le informo que leí su carta de despedida, y le sugiero unirse al grupo "suicidas amigos".

Eso es Facebook, y lo estoy descubriendo. Un amigo que quiere ser mi amigo (y como tantos amigos, quedarse con todo lo mío, aunque muera y me pase a la red celestial, en donde podré ser amiga del mismísimo don Pedro).

Aclaración: este post ha sido escrito con sumo cuidado para no ofender a ninguno de mis amigos de Facebook, a quienes agradezco su amistad y con quienes deseo seguir compartiendo lo que hago.