Para ser un gran escritor, hay que escribir un gran poema apócrifo. Una poesía que le sea adjudicada por sorteo o licitación a un gigante literario.
Una poesía con destino de postal, de tarjetas de fin de año, de póster.
Una poesía que lea todo el mundo.
Borges tiene su poema apócrifo. También García Márquez. Brecht. Y ahora, Neruda.
Cada uno de esos poemas tiene su autor. No son anónimos, no fueron encontrados huérfanos en la puerta de una sociedad de escritores. Fueron escritos con -poco- talento pero seguramente muchas ganas y, por aquellos misterios del caos universal, cayeron bajo la firma de un escritor difícil de igualar.
Por eso, queridos lectores, he decidido escribir un poema apócrifo. Un poema que, espero y deseo, sea conocido y divulgado bajo el nombre de Alfonsina Storni o Kipling o Gabriela Mistral o Cesar Pavese o Fernando Pessoa o Ezra Pound o Rilke u Oscar Wilde o Antonio Machado o Vallejo. Un poema para power point, un poema para sentir que somos mejores, un poema para quienes aman estos poemas y les hacen sentir que, por lo menos han leído una poesía en sus vidas.
Que disfruten su lectura tanto como yo disfruté el escribirlo.
ANIMARSE
Hubiera querido animarme a hacerlo todo en esta vida.Hubiera querido amar sin miedo ni ataduras. Entregar mi corazón de puerta en puerta y multiplicar los abrazos.
Hubiera querido animarme a volar hasta tus brazos. O hasta otros brazos. O por lo menos hasta alguien que pudiera atajarme.
Hubiera querido aprender todas las lenguas para decir te amo en todos los idiomas, y que alguien me entendiera.
Hubiera deseado caminar todos los caminos y traspasar todos los piquetes, saltar todos los peajes, luchar contra todos los puentes cortados.
Hubiera querido animarme a ser mejor, a crecer por dentro, a decir siempre la verdad, a hacerme una rinoplastía.
Hubiera querido animarme a dejar de lado los prejuicios y extender la mano sin mirar a quién, y sin importarme el reloj ni los anillos.
Hubiera querido ser más justa, gritar menos, tener más paciencia, ser más gentil. Sin embargo, tuve hijos.
Hubiera querido soñar más y dejarme llevar por los sueños sin necesidad de psicotrópicos ni ansiolíticos ni tranquilizantes.
Hubiera querido ser más firme y más segura. Decir sí cuando correspondía y no cada vez que hiciera falta, sin temor a perder mi trabajo.
Hubiera querido animarme a salir sin maquillaje, despeinada, desnuda, en un mundo ideal en donde fuera invisible.
Hubiera deseado que no me importara el qué dirán ni las malas lenguas ni los rumores ni los chismes, y aún así tener de qué hablar con una amiga.
Hubiera deseado animarme a compartir mi nombre, mi coraje, mis aciertos, mis ideas, mi pasión, sin pedir nada a cambio. Pero por algo existen los derechos de autor.
Hubiera deseado animarme a hacerlo todo en esta vida. Pero ya ven... tengo 40 años, y por algo es que sigo viva.