19 enero 2009

MI POEMA APÓCRIFO

Ahora lo sé. Para ser un gran escritor no hay que escribir buenas historias, ni ser un artista de la lengua. No es necesario tener un best-seller ni un long-seller ni un clásico. No importa si tu libro fue vendido a Hollywood y un gran director lo arruinó. Tampoco hay que escribir un blog (y conste que hasta hace un par de días creía que ése era el camino). No es necesario ganar premios ni autoeditarse ni plagiar ni inventar debates en la facultad de letras.

Para ser un gran escritor, hay que escribir un gran poema apócrifo. Una poesía que le sea adjudicada por sorteo o licitación a un gigante literario.
Una poesía con destino de postal, de tarjetas de fin de año, de póster.
Una poesía que lea todo el mundo.
Borges tiene su poema apócrifo. También García Márquez. Brecht. Y ahora, Neruda.

Cada uno de esos poemas tiene su autor. No son anónimos, no fueron encontrados huérfanos en la puerta de una sociedad de escritores. Fueron escritos con -poco- talento pero seguramente muchas ganas y, por aquellos misterios del caos universal, cayeron bajo la firma de un escritor difícil de igualar.

Por eso, queridos lectores, he decidido escribir un poema apócrifo. Un poema que, espero y deseo, sea conocido y divulgado bajo el nombre de Alfonsina Storni o Kipling o Gabriela Mistral o Cesar Pavese o Fernando Pessoa o Ezra Pound o Rilke u Oscar Wilde o Antonio Machado o Vallejo. Un poema para power point, un poema para sentir que somos mejores, un poema para quienes aman estos poemas y les hacen sentir que, por lo menos han leído una poesía en sus vidas.

Que disfruten su lectura tanto como yo disfruté el escribirlo.

ANIMARSE
Hubiera querido animarme a hacerlo todo en esta vida.
Hubiera querido amar sin miedo ni ataduras. Entregar mi corazón de puerta en puerta y multiplicar los abrazos.
Hubiera querido animarme a volar hasta tus brazos. O hasta otros brazos. O por lo menos hasta alguien que pudiera atajarme.
Hubiera querido aprender todas las lenguas para decir te amo en todos los idiomas, y que alguien me entendiera.
Hubiera deseado caminar todos los caminos y traspasar todos los piquetes, saltar todos los peajes, luchar contra todos los puentes cortados.
Hubiera querido animarme a ser mejor, a crecer por dentro, a decir siempre la verdad, a hacerme una rinoplastía.
Hubiera querido animarme a dejar de lado los prejuicios y extender la mano sin mirar a quién, y sin importarme el reloj ni los anillos.
Hubiera querido ser más justa, gritar menos, tener más paciencia, ser más gentil. Sin embargo, tuve hijos.
Hubiera querido soñar más y dejarme llevar por los sueños sin necesidad de psicotrópicos ni ansiolíticos ni tranquilizantes.
Hubiera querido ser más firme y más segura. Decir sí cuando correspondía y no cada vez que hiciera falta, sin temor a perder mi trabajo.
Hubiera querido animarme a salir sin maquillaje, despeinada, desnuda, en un mundo ideal en donde fuera invisible.
Hubiera deseado que no me importara el qué dirán ni las malas lenguas ni los rumores ni los chismes, y aún así tener de qué hablar con una amiga.
Hubiera deseado animarme a compartir mi nombre, mi coraje, mis aciertos, mis ideas, mi pasión, sin pedir nada a cambio. Pero por algo existen los derechos de autor.
Hubiera deseado animarme a hacerlo todo en esta vida. Pero ya ven... tengo 40 años, y por algo es que sigo viva.

12 enero 2009

RESUMEN DE SITUACIÓN

En los últimos años mucha gente conocida me ha preguntado si sigo escribiendo "libros". Se entiende por escribir "libros" la escritura seria y cotidiana de textos literarios que luego aparecen reunidos en formato libro, bajo el sello de alguna editorial.
Me preguntan, si sigo escribiendo, porque desde el año 2001 no ha vuelto a aparecer un libro todo mío.
Desde el 2001 a esta parte, participé en varias antologías, escribí mucho, me dediqué a cuatro blogs, pero nunca un libro de tapas duras o rústica en su librería amiga.

Los motivos de esta ausencia son varios y todos altamente justificados: en el año 2001 nació mi segundo niño, cuando el primero cumplía dos años y medio. Mis tareas se multiplicaron y mis neuronas claudicaron. Varios de la familia tuvimos problemas de salud. El país colapsó. Tanto, que un día tuve que decirle al mayor: "mi amor, o sos vos o es tu hermano, pero a dos con pañales no puedo mantener", y así el más grande aprendió a controlar esfínteres. Gracias a que salimos de la convertibilidad.

Pero yo seguí escribiendo.
Alguno de esos trabajos fue rechazado por alguna editorial. Otro quedó en el camino. Otro fue rechazado también.
Pero yo seguí haciendo lo único que sé hacer.

Los chicos crecieron y el trabajo que dan, también. No es que nada haya cambiado ahora. Tal vez la llegada de los 40 causó algún revuelo cósmico, que produjo lo que voy a contar. Yo lo siento más bien como una reivindicación. La verdad es que tengo ganas de subir al obelisco y gritar: "¡carajo que me lo merecía!"

En definitiva, y sea por lo que sea, este año estaré publicando la módica suma de cuatro libros.
Cuatro libros todos míos, que encontrarán en tapa dura o rústica (aún no conozco los detalles) en su librería amiga, a lo largo del año.
Tres para chicos. Uno para adultos.
(¡¡¡Uno para adultos!!!)

Todavía no puedo decir títulos ni editoriales.
¡¡¡Pero quería decirlo!!! ¿Cuánto creen que me puedo aguantar una noticia así, che?

Así que desde aquí les digo a todos mis conocidos y desconocidos también: sí, sigo escribiendo. Sí, libros.

Y gracias por acompañarme.

02 enero 2009

COSAS QUE NO VOY A HACER TAMPOCO ESTE AÑO

No voy a hacer dieta.
No voy a hacer gimnasia.
No voy a leer clásicos que me propongo leer desde los 15 años.
No voy a terminar los arreglos en mi depto.
No voy a ser más amable con las empleadas descerebradas de cualquier lado.
No voy a ahorrar porque no me alcanza.
No voy a decirle a mi marido dónde están los caramelos de dulce de leche.
No voy a sentirme segura con lo que he conseguido ni voy a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
No voy a hacer cumplir el horario de TV con que amenazo a mis hijos.
No voy a dejar de quejarme por absolutamente todo.
No voy a dejar de estar resentida con muchas personas.
No voy a aprender a negociar mis contratos.
No voy a sacarme el maquillaje cada noche ni a ponerme cremas todos los días.
No voy a dejar de ser interesada.
No voy a adoptar un cachorro de la calle por más lástima que me dé.
No voy a hacer un backup del disco rígido de la computadora.
No voy a llamar a cierto familiar para su cumpleaños.
No me voy a poner las gotas en los ojos que me recetó el oftalmólogo.
No voy a comer más fibra.
No voy a dejar de gritales como una loca sacada a mis hijos.
No voy a hacer terapia.
No voy a decir siempre la verdad ni todo lo que siento.
No voy a decir que no escuché siempre que no escuché. Sólo cuando valga la pena.
No voy a imprimir las fotos que tengo en la carpeta "para imprimir".
No voy a ser más buena, ni más linda, ni más simpática, ni a dedicarme más tiempo a mí misma, ni a armonizar mi interior o pacificar mi exterior, ni me miraré al espejo cada mañana mientras recito un mantra, ni tendré más paciencia ni intentaré adquirir más sabiduría.
No.
Nada de eso.