14 abril 2009

¿QUIÉN CUENTA LOS PREMIOS (perdón, las menciones)? (segunda parte)

PRIMER PREMIO SIGMAR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Editorial Sigmar comunica los resultados del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2009.
Agradecemos al jurado, integrado por el escritor Mempo Giardinelli, la escritora Norma Huidobro y la especialista Alicia Salvi, por habernos acompañado en esta primera edición del Premio Sigmar.

Primer premio
Obra: Veinte pisos de terror
Autor: José Montero (Seudónimo: Manuel F. )
Veinte pisos de terror es una novela corta, de gran calidad literaria. La mudanza del narrador protagonista es el punto de partida de una investigación escalofriante.
Segundo premio
Obra: El tesoro del último dragón
Autora: Liliana Cinetto (Seudónimo: Sol de Vicenza)
El secreto del último dragón es un relato de humor, cuyo disparador es un elemento maravilloso: la aparición de un dragón en pleno barrio de Boedo.
Mención especial del jurado
Obra: Un sembrado de estrellas
Autora: Lilia García Bazterra (Seudónimo: Kairós)
En Un sembrado de estrellas, con gran lirismo, la autora se atreve a abordar un tema poco frecuente en la literatura infantil: los chicos con carencias materiales.
Mención especial del jurado
Obra: El inventor de puertas
Autora: Verónica Sukaczer (Seudónimo: Alar)
El origen de los apellidos es el tema de la original novela breve El inventor de puertas.

Independientemente de lo establecido por bases del concurso, por su originalidad y su calidad literaria, Editorial Sigmar ha decidido publicar, además del primer y el segundo premio, los trabajos que han recibido menciones. Estas obras integrarán la colección Telaraña, que se presentará a la venta en el stand de la editorial (stand 1022, pabellón verde) durante la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.
El 30 de octubre de 2008 cerró la convocatoria del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2009. 160 autores de todo el país presentaron novelas o antologías de cuentos, dirigidos a lectores de entre 7 y 10 años.
El Premio Sigmar constituye el premio de mayor dotación otorgado por una editorial argentina independiente a la creación de autores argentinos de Literatura Infantil y Juvenil.
La entrega de premios se realizará el próximo jueves 30 de abril, a las 18, en la sala Alfonsina Storni de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, predio de Exposiciones de La Rural.
El Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil ha sido declarado de interés cultural por el Ministerio de Educación de la Nación, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la provincia del Chaco y el Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia de Santa Fe.
Cuenta con el auspicio de la Fundación El Libro, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA) y Foro 21.

9 comentarios:

Dayana dijo...

Felicitaciones!!!

nat dijo...

Eso, eso, felicitaciones!

Ivana Carina dijo...

Ajajajaja! :P

¡¡¡Felicitaciones!!!

Y confieso que yo soy de las que cuentan los logros, sean menciones o premios, es tan lindo ver que nuestro esfuerzo fue, aunque sea, mencionado! Jaja!

Felicitaciones otra vez!

Un beso!

Borgeaud y Croce dijo...

Los concursos literarios me hacen acordar a las carreras de bicicletas o de embolsados. no importa quien es el mejor sino el más ligero. Lo más importante es que publiquen tu libro, Verónica. Eso merece un gran abrazo porque sabemos las dificultades para lograr editorial. La calidad la definen los lectores (¿quién se acuerda del tango que le ganó a "Balada para un loco" del gran Astor y Ferrer?)
A seguir escribiendo, a superarse y a no creer demasiado en los concursos. Prefiero creer en tu calidad.

Osvaldo (que festeja en tu nombre y comprerá el libro)

Verónica Sukaczer dijo...

¡¡¡Muchas gracias a todos!!!

Saurio dijo...

Felicitaciones, aunque eso signifique una "mala" noticia para mí, que mandé y no gané (bue, con lo que mandé tendrían que haber estado hasta el cuello de LSD para elegirlo).

De nuevo y sin tanto ego mío: Felicitaciones.

Verónica Sukaczer dijo...

¡Ja! Hay que ser muy valiente para admitirlo, Saurio :-). El día que ganes vos, yo voy a decir que "no participé".

Goos dijo...

Hay una mujer que tiene un Blog que me encaaaanntaaa, al que sigo desde hace años.
Alguna vez dijo (escribió), que no participaba en concursos literarios porque -cito textual-: “Ya he ganado uno, y luego de ganar un concurso me quedé realmente satisfecha y no sentí necesidad de volver a probarme”.
Con la lógica que caracteriza a esta mujer-escritora, la entrada se titulaba “¡Yo quiero un premio!”. Sí, ya sé que suena contradictorio, pero tengan en cuenta que estamos hablando de “una gata flora que escribe bien”.
Por esas épocas, ella teorizaba que no cualquier cuento/obra puede ganar un concurso: “Se escribe para concursos de la misma manera que se escribe para tal colección o a pedido”, y aseguraba muy suelta de cuerpo que “un cuento de Woody Allen o de Fontanarrosa no podrían ganar un concurso. Corín Tellado tampoco ganaría un premio de cuentos”. Sin embargo, y por suerte, su naturaleza contradictoria la llevó a insistir con eso de los concursos.
Yo, mientras tanto, seguí leyendo su blog y divirtiéndome con sus reflexiones, sobre todo con esas referidas a la industria literaria y la difícil tarea de escribir y ser publicado. Es que esos comentarios me tocaban de cerca: hace 25 años que trabajo en editoriales, los últimos 15 en el mercado infantil/juvenil, y por mi puesto, suelo ser una especie de espectador privilegiado de las historias que rodean a la publicación de un libro; las más de las veces desde su mismísimo génesis. Así he visto en vivo y en directo historias que pocos creerían. He visto grandes premios puestos a dedo, he visto grandes autores que eran más grandes aún como seres humanos y a algunos autores brillantes que resultaron ser personas despreciables. No siempre los editores son los malvados.
Sin embargo, como mi tarea es, apenas, la de fabricar los libros... qué les puedo decir... soy una opinión menor dentro del mecanismo. Y por más que mi tarjeta, a través de los años, haya dicho Jefe de esto o Gerente de aquello; frente a un Director Editorial, al Editor de turno, al Jefe o Gerente de Ventas o ¡válgame el cielo! a cualquiera que venga del área de Marketing, lo que yo opine, importa bien poco.
Y así las cosas hasta que un buen día, la editorial para la que ahora trabajo, decidió realizar su primer concurso de literatura infantil/juvenil. Y todo el mundo se puso las re-pilas por hacerlo del mejor modo posible. Se leyó preservando los nombres detrás de los seudónimos como si se tratara de la ubicación exacta del Santo Grial, luego el equipo de editores seleccionó 12 finalistas (que debieron ser diez... pero no pudieron acortar la cifra) y finalmente el jurado eligió primer y segundo premio más dos menciones especiales, sin saber ni siquiera sospechar -como dice el tango- quién estaba detrás de cada nombre de fantasía.

En esta oportunidad, participé en forma activa. Mejor dicho, toda la gente de gráfica participó en forma activa, leyendo y opinando, aunque nuestro parecer sólo sirviera para armar un divertido PRODE interno donde cada quien tenía su lista de candidatos.
Mis preferidos eran tres y no lograba decidirme. Sin embargo, me quedaba claro que uno de ellos jamás ganaría el concurso dado el ámbito en que se desarrollaba. Quedaban dos, entonces. Y los dos me encantaban.
El primero de ellos reunía todos y cada uno de los requisitos necesarios para ser premiado, además la historia era riquísima visualmente, uno podía ver las ilustraciones a medida que iba leyendo.
El segundo, era menos convencional, menos de género, menos predecible. La historia no tenía como en el caso anterior mucha tela para cortar desde lo visual, sin embargo... sin embargo tenia un no sé qué... una forma amable con la que me atrapaba y me permitía introducirme en ella; cierto toque insolente y rebelde... y además, siempre tuve especial predilección por las historias donde “el mundo de los chicos” logra imponerse al “mundo de los grandes”. Así que la hice mi candidata.

Mi historia favorita no ganó, aunque cada vez estoy más convencido de que es la mejor escrita del concurso, pero recibió una Mención Especial y la editorial con muy buen tino decidió publicarla.
El remate de este relato es demasiado predecible ¿verdad?: mi historia favorita resultó estar escrita por la autora de ese blog al que sigo desde hace años. Sí, la que no participaba más de concursos. Esa a la que las editoriales no le daban chance alguna de publicar.
Como decía mi abuela, un disparo para el lado de la justicia.

Tres cosas más para rematar este extensísimo -talvez ya aburrido- comentario:
1) La historia “que no tenía mucha tela para cortar desde lo visual” terminó siendo para mí, la más bella, gráficamente, de la colección. Ya lo verán.
2) Podría, y me hubieses gustado, conocer a la autora, ya que estaré en la ceremonia donde le entregarán su Mención, pero… seguiré su consejo al pie de la letra: “Jamás, bajo ninguna circunstancia ni pretexto, uno debe conocer a un escritor que le gusta. […] si te gusta como escribe, si lo leíste toda tu vida, si lo admirás, si pensaste en ser como él/ella, NO-LO-CO-NOZ-CAS, aunque esté ahí en la feria, al alcance de la mano, de la firma, de la mesa redonda, de la charla. No te acerques. No provoques conversación, no estimules ningún tipo de intercambio, so pena de perder para siempre el placer de sus letras”.
3) Esta vez, sus hijos podrán verla en un verdadero acto y dentro del marco de la Feria. Otro disparo para el lado de la justicia.

Felicitaciones, Goos.

Verónica Sukaczer dijo...

Dice Goos:
Hay una mujer que tiene un Blog que me encaaaanntaaa, al que sigo desde hace años.Alguna vez dijo (escribió), que no participaba en concursos literarios porque -cito textual-: “Ya he ganado uno, y luego de ganar un concurso me quedé realmente satisfecha y no sentí necesidad de volver a probarme”.Con la lógica que caracteriza a esta mujer-escritora, la entrada se titulaba “¡Yo quiero un premio!”. Sí, ya sé que suena contradictorio, pero tengan en cuenta que estamos hablando de “una gata flora que escribe bien

Digo yo:
Es verdad. Durante mucho tiempo no sentí la necesidad de volver a concursar. Lo que escribía, lo publicaba. Y de pronto ya no. Escribía y no lograba publicar. Durante varios años (muchos años) recibí rechazos o dilaciones o excusas. Sin embargo, seguí escribiendo y seguí presentándome en las editoriales. Hasta que sentí que había tocado fondo y estaba absolutamente decidida a dejar de escribir. No era por un problema con el sistema, era un problema conmigo misma. Ya no sabía escribir bien o no tenía lo necesario o lo mío no valía. Necesitaba probarme. Y los concursos me parecieron un buen instrumento de prueba.
Gané algunos. Muy bien. Algo valía. Recuperé mi fe en el dios literatura.

Dice Goos:
Por esas épocas, ella teorizaba que no cualquier cuento/obra puede ganar un concurso: “Se escribe para concursos de la misma manera que se escribe para tal colección o a pedido”, y aseguraba muy suelta de cuerpo que “un cuento de Woody Allen o de Fontanarrosa no podrían ganar un concurso. Corín Tellado tampoco ganaría un premio de cuentos”. Sin embargo, y por suerte, su naturaleza contradictoria la llevó a insistir con eso de los concursos

Digo yo:
Sigo pensando así. Los textos con los que concursé no siempre fueron escritos para esos concursos, pero sí elegidos cuidadosamente para cada uno.

Dice Goos:
Yo, mientras tanto, seguí leyendo su blog y divirtiéndome con sus reflexiones, sobre todo con esas referidas a la industria literaria y la difícil tarea de escribir y ser publicado. Es que esos comentarios me tocaban de cerca: hace 25 años que trabajo en editoriales, los últimos 15 en el mercado infantil/juvenil, y por mi puesto, suelo ser una especie de espectador privilegiado de las historias que rodean a la publicación de un libro; las más de las veces desde su mismísimo génesis. Así he visto en vivo y en directo historias que pocos creerían. He visto grandes premios puestos a dedo, he visto grandes autores que eran más grandes aún como seres humanos y a algunos autores brillantes que resultaron ser personas despreciables.

Digo yo:
No sé si quiero saber en qué categoría estoy...

Dice Goos:
No siempre los editores son los malvados.Sin embargo, como mi tarea es, apenas, la de fabricar los libros... qué les puedo decir... soy una opinión menor dentro del mecanismo.

Digo yo:
Yo siempre he escuchado historias sobre los premios arreglados pero como no estoy en el medio editorial, nunca me entero de nada. Sí estoy al tanto de que se invita a ciertos autores a participar de los concursos para subir el "prestigio" de los mismos. Y, aunque uno participe con seudónimo, a veces es obvio que quienes leen los originales reconocen el estilo de cada quién. Pero a mí, hasta ahora, nunca me pasó.

Dice Goos:
Y por más que mi tarjeta, a través de los años, haya dicho Jefe de esto o Gerente de aquello; frente a un Director Editorial, al Editor de turno, al Jefe o Gerente de Ventas o ¡válgame el cielo! a cualquiera que venga del área de Marketing, lo que yo opine, importa bien poco.Y así las cosas hasta que un buen día, la editorial para la que ahora trabajo, decidió realizar su primer concurso de literatura infantil/juvenil. Y todo el mundo se puso las re-pilas por hacerlo del mejor modo posible.

Digo yo:
Admiro tu coraje por haber escrito este comentario. Obviamente entiendo que no puedas dar tu nombre real. Mis contradicciones humanas y gata florísticas siempre han sido con nombre y apellido. (¿Eso de "gata flora" lo escribí yo?).

Dice Goos:
Se leyó preservando los nombres detrás de los seudónimos como si se tratara de la ubicación exacta del Santo Grial, luego el equipo de editores seleccionó 12 finalistas (que debieron ser diez... pero no pudieron acortar la cifra) y finalmente el jurado eligió primer y segundo premio más dos menciones especiales, sin saber ni siquiera sospechar -como dice el tango- quién estaba detrás de cada nombre de fantasía.En esta oportunidad, participé en forma activa. Mejor dicho, toda la gente de gráfica participó en forma activa, leyendo y opinando, aunque nuestro parecer sólo sirviera para armar un divertido PRODE interno donde cada quien tenía su lista de candidatos

Digo yo:
A pesar de mis insistencias, no logré sacarle ningún nombre a la gente de la editorial, y por lo tanto con algunos amigos escritores comenzamos a especular quién estaba detrás de cada seudónimo y, sobre todo, quiénes habían ganado

Dice Goos:
Mis preferidos eran tres y no lograba decidirme. Sin embargo, me quedaba claro que uno de ellos jamás ganaría el concurso dado el ámbito en que se desarrollaba.

Digo yo:
Quién? ¿Quién? ¿Quién? Decir estas cosas a medias en el blog de una persona terriblemente curiosa es malo para... mi salud.

Dice Goos:
Quedaban dos, entonces. Y los dos me encantaban. El primero de ellos reunía todos y cada uno de los requisitos necesarios para ser premiado, además la historia era riquísima visualmente, uno podía ver las ilustraciones a medida que iba leyendo.El segundo, era menos convencional, menos de género, menos predecible. La historia no tenía como en el caso anterior mucha tela para cortar desde lo visual, sin embargo... sin embargo tenia un no sé qué... una forma amable con la que me atrapaba y me permitía introducirme en ella; cierto toque insolente y rebelde... y además, siempre tuve especial predilección por las historias donde “el mundo de los chicos” logra imponerse al “mundo de los grandes”.

Digo yo:
Yo pensaba que sí era muy visual. Cinematográfico. A medida que escribía veía el pueblito (estilo "Un violinista en el tejado"), los chicos con sus pantalones cortos...

Dice Goos:
Así que la hice mi candidata

Digo yo:
Bueno, gracias

Dice Goos:
Mi historia favorita no ganó,

Digo yo:
Ufa.

Dice Goos:
aunque cada vez estoy más convencido de que es la mejor escrita del concurso, pero recibió una Mención Especial y la editorial con muy buen tino decidió publicarla.El remate de este relato es demasiado predecible ¿verdad?: mi historia favorita resultó estar escrita por la autora de ese blog al que sigo desde hace años. Sí, la que no participaba más de concursos. Esa a la que las editoriales no le daban chance alguna de publicar.Como decía mi abuela, un disparo para el lado de la justicia.Tres cosas más para rematar este extensísimo -talvez ya aburrido- comentario:1) La historia “que no tenía mucha tela para cortar desde lo visual” terminó siendo para mí, la más bella, gráficamente, de la colección. Ya lo verán

Digo yo:
Yo todavía no la ví. Supongo que mañana cuando vaya a la Feria. Sólo recibí un par de esbozos vía e-mail

Dice Goos:
2) Podría, y me hubieses gustado, conocer a la autora, ya que estaré en la ceremonia donde le entregarán su Mención, pero… seguiré su consejo al pie de la letra: “Jamás, bajo ninguna circunstancia ni pretexto, uno debe conocer a un escritor que le gusta. […] si te gusta como escribe, si lo leíste toda tu vida, si lo admirás, si pensaste en ser como él/ella, NO-LO-CO-NOZ-CAS, aunque esté ahí en la feria, al alcance de la mano, de la firma, de la mesa redonda, de la charla. No te acerques. No provoques conversación, no estimules ningún tipo de intercambio, so pena de perder para siempre el placer de sus letras”.

Digo yo:
Totalmente de acuerdo. Pero eso se refiere a los grandes escritores, no a mí.

Dice Goos:
3) Esta vez, sus hijos podrán verla en un verdadero acto y dentro del marco de la Feria. Otro disparo para el lado de la justicia

Digo yo:
Sí, estarán los chicos. Espero que no se embolen

Dice Goos:
Felicitaciones, Goos.

Digo yo:
Muchas gracias, Verónica