22 diciembre 2009

MOVIMIENTO ANTI-FELICES FIESTAS

En este blog, por una cuestión de estilo y originalidad, NO deseamos Felices Fiestas.
Por razones de no creencia religiosa, nos vemos obligados además a NO desear Feliz Navidad ni Feliz Janucá ni Feliz día del Yoga.
Por otra parte no le hallamos sentido a desearle al prójimo salud, amor o dinero,
justamente cuando escaseamos de algunos de esos elementos (léase dinero).
Por lo tanto, si usted ingresa a este blog buscando buenos deseos para fiestas que se repiten todos los años, le rogamos correrse al blog vecino.
Aquí sólo nos preocupamos por regalar y desear buenos escritos.

13 diciembre 2009

DIARIO DE NOVELA

Comencé a escribir una novela. No es la primera vez. Varias veces lo intenté y me quedé por el camino o la historia hizo así: creció, creció, creció, y pum, se terminó. Eso es un cuento.
Y la única novela que terminé (con trampa, organizada como cuentos que se van relacionando) es... absolutamente olvidable. Aunque algún día voy a rescatarla y hacerle RCP y pasarle suero y tal vez un par de choques eléctricos.

Pero esta vez... esta vez me parece que sí... que pinta para novela. Creo que encontré el tono justo, y me gusta. Estoy entusiasmada. Me fascina darme cuenta de que planeo cosas y luego la historia me lleva hacia otro lado. Todavía falta mucho, por supuesto, pero quién dice... si he podido publicar mi primer libro para adultos, ¿por qué no puedo escribir mi primera novela?

Momentos trascendentales como éstos merecen ser registrados. Por ello comencé a llevar un "Diario de la novela". Nada original. No soy el primer escritor que lo hace.

He aquí una parte del mismo. Que lo disfruten:

Día 1.
Por fin decidí el nombre de la protagonista, aunque dudo sobre su edad. Eso lo puedo corregir más adelante. Sí mantengo mi indecisión sobre el "decorado". Creo que no será en una selva, como lo planeé, porque se me complica mucho la historia. Me pregunto qué me dirá Apequeño si le digo que no lo llevo hoy a fútbol para seguir escribiendo. Le dije y me mandó a la reputa que me parió. Yo no le hablaba así a mi mamá. Mi mamá me hubiera dado vuelta la cara de un cachetazo. Yo en cambio lo dejo sin ver "Casi ángeles". Lo llevo.

Día 2.
Hoy me siento a escribir y pongo el solitario spider. Siempre me digo que voy a jugar una sola partida, pero luego no puedo parar hasta por lo menos ganar una. Y si gano de forma sencilla, tampoco me conformo. ¿Cuándo me animaré a jugar el nivel superior?

Día 3.
Los escritores que escriben novelas, ¿leen desde el principio cada vez que se sientan a escribir? Algo no me cierra... porque nunca voy a salir de la quinta página si cada vez corrijo las cuatro anteriores. Se me quemó la carne al horno. No sé para qué insisto con carne al horno si nunca me sale rica. Dura. Me sale durísima. En cambio lo que hago al wok sale bárbaro. Pero es más trabajo, porque te tenés que quedarte cocinando todo el tiempo. Apequeño no va a querer comer. Por suerte Amayor come lo que sea.

Día 4.
Llamó S. No va a venir a trabajar. Viene una vez a la semana ¡y falta! Me voy a suicidar y vuelvo.

Día 5.
Llama mi suegra para preguntar cómo están Agrande y Apequeño. Están bien, le digo. Me pregunta cómo está su hijo. Está bien, le digo, que lo llame. Me dice que ella lo llama pero que él no le cuenta nada. Le digo que a mí tampoco me cuenta nada y que ése es uno de los motivos por el cual nuestro matrimonio sigue funcionando. Me pregunta cómo están mis padres. Le digo que bien. No me pregunta cómo estoy yo. Le digo que hasta luego.

Día 6.
Escribo una página y luego viene Amayor y se me lanza sobre el teclado diciendo que si no alimenta a sus pececitos de noséqué juego se van a morir. Yo le digo que no alimenta nunca a sus jerbos de verdad, y que si no fuera por mí ya se hubieran muerto (bueno, uno se murió hace poquito pero no por falta de alimentación). Peleamos por la compu y él gana. Pierdo la página que escribí. No le permito ver "Casi ángeles". Él no parece desesperarse, como siempre. Sospecho. La novela terminó hace una semana y yo no me enteré. O sea que los vengo castigando todos los días al pedo.

Día 7.
Le puse nombre al resto de los personajes pero tengo que delinear qué corno hará cada uno en la historia. Por otra parte, si sigo escribiendo así, con ese estilo mío tan compacto, con las palabras justas, la novela se va a terminar en la página 20 y por lo tanto no será una novela. Me llama mi vieja. Me quedo charlando con ella y no escribo más.

Día 8.
Desde que S. faltó no limpié el baño. Pensar en eso me deprime y no puedo escribir, pero tampoco limpio el baño. Bah, le echo un chorrito de lavandina.

Día 9.
Hoy tengo uno de esos días "filosóficos". ¿Para qué escribo? ¿A quién le va a interesar lo que escribo? ¿Quién va a querer publicarlo? ¿Y si escribo mal? ¿Y si a nadie le gusta? Pienso en eso y sin darme cuenta pasa el día y hoy dan Dr. House.

Día 10.
Le digo a mi marido, decidida, que voy a escribir en la novela, como para que todos me dejen tranquila esta tarde. Pasa a mi lado y vé esta pantalla y me pregunta si es la novela. Le digo que no, que me estoy autoboicoteando.

08 diciembre 2009

TEMPORADA DE BALANCES

Iniciando la temporada de balances 2009-2010, releo la lista "Cosas que nunca hice" (vayan a buscarla, no sean vagos), y descubro que la vida siempre ofrece revancha.
Hice una.
Una sola cosa de la lista de cosas que nunca hice, la hice este año.
Lo dejo librado a vuestra -morbosa- imaginación.
Fue una experiencia... interesante.

29 noviembre 2009

LOS DÍAS DE LLUVIA UNO PIENSA BOLUDECES O SE DEPRIME, O LAS DOS COSAS

La gran pregunta incontestable que intentaremos contestar miles de veces a lo largo de nuestras vidas (y que nos preguntarán varias más), es por qué escribimos.

No tengo la más puta idea.
No sé por qué elegí escribir en vez de ser odontóloga, teniendo en cuenta que hubiera heredado el consultorio de mi viejo con todos sus pacientes (mi viejo vive y sigue ejerciendo, valga la aclaración, pero supongo que me hubiera pasado algunos casos endodónticos).
No sé por qué elegí escribir en vez de ser bailarina, aunque puedo sospechar que el hecho de que no me aceptara una escuela de danzas a los seis años puede tener algo que ver.
Tampoco sé por qué elegí escribir en vez de dedicarme a cualquier otra profesión u oficio más rentable, más accesible, más clásico, más seguro y más civilizado.
Lo que sí supongo (de nada estoy segura), es que no elegí escribir porque tenía grandísimas historias para contar.
Justamente, no escribo mucho ni seguido porque en general no sé sobre qué quiero escribir, ni qué contar, ni las historias me revolotean alrededor, ni me atrapa un personaje. Es decir: en general no se me ocurre una historia para contar.
Por ello he malgastado gran parte de mi tiempo frente a la pantalla en blanco pensando en por qué escribo. Y creo que me he aproximado a una respuesta.
Escribo porque sé escribir.

Vamos por partes...
A la edad de nueve años pedí a mi madre que me llevara a un taller de dibujo porque creía que mi futuro era ser artista. Amaba dibujar. Hasta pensaba estudiar Bellas Artes.
Sin embargo, mi vocación no duró mucho. La asesinó un menor que, a mi lado, dibujaba como se supone que debe dibujar alguien que será artista de verdad. Inteligente como era, abandoné el arte "profesional" aunque seguí pintando muchos años por mi cuenta.
Siguiendo con esta historia que parece no ir a ningún lado, agrego otros ejemplos. Es verdad que me rechazaron a tierna edad de una escuela de danzas, y también me probé en gimnasia artística y reboté contra el tatami.
A los 16 años hice una audición para un grupo de rikudim bastante importante que viajaba por todo el mundo. Un poco tímida, llevé a una amiga a la prueba, aunque no tenía aún la edad requerida. Ella fue elegida y viajó por todo el mundo. Yo no.
También me rechazaron de una escuela de madrijim, no estoy muy segura de por qué.
Y como algunos saben, nunca logré superar el nivel "cero cobarde" en las clases de natación de la colonia de verano. Un día me probaron para "cero valiente" pero me regresaron a la cobardía en pocos minutos.
Luego de escribir todo esto, que es verdaderamente verdad, ni yo entiendo cómo he crecido alejada de las drogas, el alcohol o el sexo sin protección. Pero lo hice. Me di millones de veces contra una pared, y tantas veces me puse hielo en el chichón y busqué otra puerta.

Por supuesto, en todas esas pruebas me encontré con humanos de todas las edades que sabían pintar, dibujar, bailar, hacer roles en el aire, tirarse de cabeza al agua, nadar pecho como corresponde o girar en una ronda hebrea sin marearse. Gente que hacía esas cosas y las hacía mejor que todos los demás. Que se distinguía.

Bien, he dado vueltas pero llegué a lo que quería decir: desde pequeña me di cuenta de que era capaz de manipular el instrumento lenguaje así como otro manipula un trozo de arcilla o su propio cuerpo. Las reglas gramaticales, aunque las odié en la escuela, ya las llevaba inscriptas en mis genes vocacionales. Escribo bien. Puedo escribir lo que sea, en el tono que haga falta. Un prospecto médico, un discurso escolar, un cuento, un paper científico, una nota periodística, un post, una tarjeta que haga llorar de emoción a alguien a quien no soporto, o una carta que le provoque matarse a alguien que amo (he hecho lo primero, nunca lo segundo).

Así es. Hasta ahora siempre me ha dado vergüenza reconocerlo porque por algún extraño motivo creo que es molesto que alguien se alabe a sí mismo o, aunque no se alabe propiamente, converse sobre sus bondades o conocimientos. Suena feo.

Pero es así: escribo porque sé escribir. Y muchas otras personas que sí tienen algo para decir y lo ponen por escrito, y luego se preguntan por qué no logran publicar, o me envían sus cuentos o textos o novelas para que yo les dé una opinión, sencillamente no saben escribir. Sus cuentos o textos o novelas están mal escritos. Y yo sólo les digo: "¡vale la pena que sigas trabajando!" porque no quiero estar en el lugar de quien sepultó mi posible carrera de bailarina o provocó que le tuviera terror a las colonias de verano.

Hace poco, en la presentación de unos libros producto de uno concurso, alguien le preguntó a una conocida escritora cómo podía distinguir entre lo que estaba bien escrito y lo que era absolutamente emocionante pero a lo mejor tenía fallas. La respuesta fue impecable. Ella dijo algo así: "la buena escritura emociona" y "un texto mal escrito no logra emocionar".

Eso es. Y la gran mayoría de la gente no se da cuenta de ese punto fundamental: la historia puede ser maravillosa, pero si está mal escrita, es una basura.

Es duro. Pero alguien lo tenía que decir.

La lengua es un instrumento maravilloso, complejo, profundo, lleno de secretos. Escribir no es hablar. Poner por escrito lo que uno piensa no es fácil. Lograr que se entienda quién habla a cada momento, poner las comas en el lugar indicado, saber si usar paréntesis o comillas, desambiguar una frase ambigua, terminar un párrafo cuando está terminado, es un arte que, incluso con la práctica, no todos logran adquirir. Yo sigo estudiando día tras día.
Lograr que el otro, esté donde esté, lea eso que pusimos en el papel y capte nuestra idea, aunque no nos tenga al lado para preguntarnos nada, es un milagro.

Por eso escribo: porque es lo único que sé hacer bien. Y esto es lo que me puse a pensar porque afuera llueve y tenía ganas de escribir pero no sabía qué, y en realidad pensaba decir algunas cosas que siento en relación a mi libro nuevo, pero mejor lo dejo para otro día.

27 noviembre 2009

¡AHORA SÍ!


Ahora sí, presentación oficial. Dice don Divinsky que ha empezado a distribuirse. Y yo sigo monotemática... pido perdón pero comprenderán. Es mi primer hijo adulto. Un placer haber salteado todo eso de tapar los enchufes o esconder el horno.
Ya hice mi trabajo, ahora que haga su vida.

18 noviembre 2009

SÍ TIENE PRECIO


Publicar mi primer libro de cuentos para adultos... no tiene precio.
Hacerlo en De la Flor, con el apoyo absoluto del gran Divinsky, tampoco.
Saber que en una semana el libro llegará a las librerías, es un sueño cumplido al que no se le puede poner valor monetario.
La obra, en cambio, en efectivo o con tarjeta.
"Mal de familia"
Verónica Sukaczer
Ediciones De la Flor

03 noviembre 2009

¿TOC TOC? NO. TAMTAM

Gracias a Natalia Méndez, editora de Norma Infantil y Juvenil, y MI editora, por el regalo en: Tamtam.
Busquen por allí un cuento mío con fantástica ilustración. Y de paso aprovechen para leer, que es una gran revista.

26 octubre 2009

TRIBULACIONES

Una amiga, que es editora, me pide varios cuentos. Yo los escribo. Mis cuentos son siempre frescos, recién escritos para quien los necesite. No tengo cuentos larga vida. Mi órgano literario es como una teta a la que hay que ordeñar cuando se tiene hambre.
Los escribo, digo. Varios cuentos. Deben ser cortos. Deben ser para una edad específica. Yo tomo nota de todo, digo, y escribo. Ya saben que me gusta recibir pedidos. Cuando recibo pedidos escribo. Cuando no recibo pedidos, no escribo. Para qué hacer complicado algo que es tan sencillo.
Los escribo, decía. Luego pregunto cuándo van a salir publicados, y dónde, y cómo. Y las condiciones del contrato. Porque lo mío no es sacerdocio, es prostitución literaria.
Ahí es cuando se inicia el conflicto de esta historia. El contrato no es bueno. Más bien es bastante malo. Pero es lo que hay. No me llueven los pedidos. Ni siquiera una llovizna pasajera. Y esta editora me los pide porque es mi amiga, porque estamos ahí, charlando, y yo sé que ella edita y ella sabe que yo escribo.
Y un cuento publicado es un cuento publicado. El trabajo atrae trabajo.

Pero el problema es que los cuentos me salieron lindos. Por lo menos a mí me gustan. Y ahora no quiero soltarlos. Pienso que es una suerte que se trate sólo de unos cuentos cortos y no de mi útero, por ejemplo. A ver si un día alquilo mi vientre y luego no quiero entregar al chico porque me sale lindo. Por no decir bueno, si me sale bueno-bueno, de esos que se portan bien y hacen caso, seguro no lo entrego. Entrego uno de los que ya tengo. Pero me estoy yendo del tema.

Resulta que los cuentos me gustan. Y cuando me gustan, me gusta que tengan una publicación como más linda, ¿no? Un libro sólo para ellos que me dé derechos de autor los próximos veinte años. Un libro que se traduzca a veinte idiomas incluidos algunos dialectos africanos.

Veamos... estos cuentos no existían días atrás. No estaban en mi mente (tal vez en mi inconsciente, pero ése es tema freudiano y yo estoy peleada con el psicoanálisis). No estaban en mis planes, seguro, porque para escribirlos tuve que dejar mi preciada novela que no avanza y que nadie me pidió, y ponerme a escribir estos textos con salida asegurada.
Entonces... digo yo... si escribí estos cuentos sólo porque me los pidieron, no importa si el contrato es bueno o malo, el pedido actuó de estímulo y existen gracias a él. Debo entregarlos.
Porque claro, ahora que los cuentos están escritos y me gustan, estoy pensando en quedármelos y ofrecérselos a otra editorial con mejor contrato.

¡Qué cosa absurda! ¿Entonces debería escribir "no tan bien" cuando se trata de encargos?

Es un dilema. Ser o no ser. Paso varios días pensando en el tema. No sólo en los cuentos, sino en la amiga. ¿Seguirá siendo amiga si no firmo su contrato? ¿Volvéra a hacerme un pedido así? Por otra parte nada ni nadie me asegura que los publicaré en otro lugar.
Por fin llega la calma y la decisión. Los entrego. Mi palabra es mi palabra. Escribí y voy a cobrar dinero por ello. Y luego los cuentos seguirán su camino.

Yo sé que hay tribulaciones más importantes en el mundo. Como atacar o no atacar. Operar o no operar. Comprar dólares o comprar euros. Ponerse preservativo o no ponerse preservativo. Pero ésta es mi pequeña y cotidiana tribulación. Y la enseñanza que os dejo en este día: "Antes de escribir, hijos míos, leed el contrato. Y luego, escribid igual, porque recibir dinero por escribir, es un milagro".

05 octubre 2009

MÁS PECADOS LITERARIOS, PERO SÓLO MÍOS, MÍOS Y MÍOS

Si algo ha caracterizado siempre este blog, es la sinceridad total con que lo escribo. Incluso cuando invento, que es casi siempre, invento sinceramente. Por ello no me parece justo que haga una lista de pecados literarios como si yo fuera ajena a tales traspiés.

Pues no lo soy. Yo, oveja descarriada del mundo literario, peco a diario. Peco como si el fin del mundo estuviera cerca y quisiera pecar con todo antes de que se termine la diversión.

Así que aquí van, con la sinceridad que ustedes merecen, mis pecados literarios:


Escribo por dinero. Cuando me hacen un encargo (contadísimas veces) dejo lo que estoy escribiendo y me dedico a narrar aquello que me ofrecerá efectivo rápido. Puedo escribir sobre lo que sea, siempre que el tema me resulte interesante y no afecte mi moral, mis buenas costumbres, mis principios básicos y de los otros.

Me repito seguido. Escribo una y otra vez la misma estructura, y luego me quedo con un montón de cuentos que no me sirven.

Escribo palabras que luego descubro que no existen.

Literariamente, me avergüenza mi primer libro y por eso nunca lo muestro ni lo nombro.

No he leído a casi ninguno de los clásicos-clásicos.

Me regocijo de mi facilidad para hablar de casi cualquier libro, aunque no lo haya leído, y ni siquiera haya leído esos libros que hablan de los libros que no leímos.

Difícilmente sea "yo" frente a un editor. Los editores me dan miedo, igual que la directora en la escuela primaria, y me comporto frente a ellos como una niña que todavía no sabe si hizo algo malo, y dice "si señorita, sí señorita".

Soy una pésima vendedora de mí misma. Mala, mala, mala. Y ése es un pecado terrible, porque una cosa es escribir bien, y otra muy distinta ser horrible en las relaciones humanas que son las que permiten publicar.

Soy tan obsesiva con la ortografía, las faltas de tipeado y demás, que los originales que entrego nunca necesitan corrección (y la obsesión por la perfección es tan pecaminosa como el desinterés absoluto).

Creo que he llegado a cierto nivel de "profesionalismo", pero no me animo a decirlo ni a hacerlo valer. (Salvo en esta lista).

Me cuesta horrores empezar a escribir. Me siento frente a la PC y juego al solitario spider o a Pet Society.

Son millones más los cuentos que he dejado por la mitad que los que termino, y muchas veces es por vagancia.

He participado en algún concurso sin prestigio, sólo por el monto del premio.

Me da vergüenza comprar best-sellers o chic-lit o libros de ese estilo, aunque me gustaría leer algunos.

Últimamente acopio libros y no los leo. O no los termino.

Me cuesta tanto publicar, que no suelo ser generosa con otros autores que están en la misma (recomendar a dónde ir o dar nombres de editores).

Si bien es pecado mortal subestimar a los chicos, yo muchas veces tiendo a sobreestimarlos y escribo "difícil", y los editores me lo hacen notar.

Tengo ganas de escribir un libro puramente humorístico, y después me digo que no, que tengo que aprovechar mi tiempo escribiendo algo que valga la pena, y después me digo que no, que lo mío es el humor, y después me digo que no, que con eso no voy a trascender, y después me digo para qué quiero trascender si cuando esté muerta no me voy a enterar de que trascendí.

Uso el diccionario de sinónimos que viene con el Word.


21 septiembre 2009

¡QUÉ LIIIIIIIIIINDO!

Alguien, no sé quién, en un medio que no conocía, escribió esto de "La vida con subtítulos", y me alegró el día, la primavera, este año, la semana (que vino jodida) y hasta la próxima mamografía anual post-40, que odio profundamente.

Verónica Sukaczer es una escritora y periodista argentina de amplia trayectoria, con muchos libros publicados y premios ganados. Sin embargo, al leerla en el blog, se nos presenta como una mujer sencilla, ama de casa y madre, además de escritora, para nada soberbia a pesar de su vasto currículum; pero eso sí, divertida, fresca y capaz de un humor desopilante. De contenido muy variado, sus post son imperdibles, inteligentes, llenos de anécdotas curiosas y cómicas y un manejo de la ficción muy disfrutable. Es destacable su serie de posts en los que planteaba a los lectores el hecho de estar participando de un reality show secreto junto a escritores bastante conocidos y narrar sus experiencias en el mismo.
Pero no hay mejor forma de disfrutarlo que leyéndolo y siguiéndolo. Después de todo, ¿quién no quisiera, a veces, vivir la “vida con subtítulos”?
Sólo me resta decir: ¡que te recontra!

15 septiembre 2009

5770

En vísperas de Rosh Hashaná (Año Nuevo judío para los goys que nunca faltan), permítanme saludar a toda la colectividad, haciendo gala de todo lo maravillo que aprendí y aprehendí a lo largo de mi vida judía. Una oración que parte de mi alma y espero, reciban con los corazones abiertos:

Shaná Tová Umetuká kneidlaj guefelte fish y varenikes.
Baruja atá Adonai Ierushalaim shel zavá.
Strudel meshuguene meshíguene cop.
Jalá koilich varenikes nefeshe ieudi kadimá.
Aba naguila aba naguila aba naguila beisbimejai
Mezuzá maguen David kipá talit kreplaj.
Matzot matzat madrij madrijim madrijot.
Sheket. Sheket.
Macabi Hacoaj Hebraica.
Físhele kátzele féiguele méidele herzele nechumkele.
Bobe y Zeide. Zeide y Bobe.
Ashkenazi sefaradí.
Aleluia laolam Aleliuia iashirukulam
oy oy oy.
Goy shickse shalom menorah shofar
shabat kabalath shabat bar bat mitzvá shil brit jupá
oy oy oy.
Amén.

08 septiembre 2009

SE DICE DEL FORO

¡Carajo! Me agarraron de sorpresa. Hasta me hizo lagrimear esta gente, como si yo no tuviera nada mejor que lagrimear a las nueve de la mañana. La que sigue, es la gacetilla que la Fundación Mempo Giardinelli anda difundiendo por allí. Y mi post del blog, que escribí calladita, sin decir a nadie, aparece como "destacado". A ellos, gracias. A ustedes, gracias. Y a mí... bueno... me empieza a dar la impresión de que algo bueno debo haber hecho.
FUNDACIÓN MEMPO GIARDINELLI
Terminado el 14º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, la FMG informa que todas las ponencias están disponibles. Para acceder a ellas, visite nuestra página web ingresando al link Fotos y ponencias del 14º Foro. Asimismo, invitamos a leer tres imperdibles artículos que escribieron algunos distinguidos participantes del Foro: Verónica Sukáczer, Marcela Isaías (en La Capital, de Rosario) y Guillermo Saccomano (en RADAR, de Página/12).
--------------------------------------------------------------------------------------------------http://www.fundamgiardinelli.org.ar/
LEER ABRE LOS OJOSGracias por dedicarnos este breve tiempo de lectura.Este boletín se distribuye por copia ciega, que preserva privacidades.Si desea no recibirlo más, haga reply y escriba Remover en el Subject.

06 septiembre 2009

PECADOS LITERARIOS (que nadie está exento de cometer)

Creer que se ha escrito realmente lo que uno tenía en la cabeza (pecado típico de tallerista).
Escribir una obra fabulosa con un primer párrafo olvidable.
Escribir un cuento fantástico, pero al final todo resulta ser un sueño (pecado típico de autor inseguro).
No darle bolilla a los errores de ortografía porque total el editor los va a corregir si la obra es maravillosa.
Creerse escritor luego del primer cuento publicado en una revista que nadie lee.
Decir que uno "no corrige" porque lo que importa es la espontaneidad.
Decir que uno "no corrige" porque la literatura es escribir sin pensar, dejar que las palabras fluyan.
Ganar una mención en un concurso literario de la Biblioteca Popular Platero y yo de Villa Tachito, y decirlo a los cuatro vientos.
Escribir un gran cuento con un título lamentable.
Escribir un gran título para un cuento lamentable.
Creer que los adjetivos ayudan a plasmar los sentimientos con que uno escribe.
Creer que los adjetivos ayudan.
Compararse con escritores de moda para contar el estilo propio ("escribo como Cucurto, ¿viste?").
Creer que los editores son todos unos hdep porque no te publican.
O que existe un boicot editorial contra uno mismo.
Escribir sin signos de puntuación porque un gran escritor así lo hizo.
No saber usar los signos de puntuación.
Repetirse hasta el infinito, contando una y otra vez la misma historia en el mismo estilo.
No leer buena literatura incansablemente "para no contaminarse".
Creer que si se lee fácil, no es literatura.
Creer que si es entretenido, no es literatura.
Escribir bajo el influjo de grandes emociones.
Buscar en Internet consejos para escritores.
Enviar cuentos o novelas a escritores que uno no conoce, pidiéndoles que lean el trabajo y les den una opinión.
Escribir para el mercado, lo que se vende.
Defender a muerte los cuarenta lugares comunes que uno escribió en su minirrelato.
Decir que uno escribe sólo "para sí mismo".
Poner siempre algo de sexo o de violencia en cada texto, porque eso "es lo que el público espera".
Escribir para chicos con diminutivos.
Creerse por encima de los lectores.
No leer literatura popular (ni siquiera como curiosidad para saber qué se está leyendo en un momento dado) por prejuicio.
Creer que todas las mujeres escritoras escriben estilo "Allende".
Hablar de libros y de literatura y sólo de libros y de literatura.
Cargar siempre con un libro clásico que nunca se leyó, como accesorio de moda.
Descreer de los talleres literarios.
Creer demasiado en los talleres literarios.
Nunca darle una mano a quien empieza.
No divulgar jamás el nombre de un editor, para evitar que el enemigo le envíe sus libros.
Escribir como si se tuviera una fábrica de libros: uno tras otro sin descanso.
Autopublicarse (pecado mortal).

24 agosto 2009

IMAGÍNENSE (crónicas del Foro)




A los que nos gusta apasionadamente leer, también nos gusta hablar de lo que hemos leído. No de los títulos, no de los autores. Tampoco se trata de hacer una enorme lista de libros para competir con el otro, a ver quién ha leído más. Lo que queremos hacer es contar lo que hemos leído y no qué hemos leído.

Entonces...
Imagínense una enorme fiesta de la Lectura, así, con mayúsculas. Imagínense una enorme fiesta de la lectura en donde más de mil personas quieren hablar y oír hablar de leer.
Eso es el Foro Internacional por el fomento del Libro y de la Lectura, que desde hace 14 años se festeja en Resistencia, Chaco, organizado por la Fundación Mempo Giardinelli.

Entonces...
Imagínense que durante tres días, uno es invitado a vivir en el paraíso de la lectura. Un mundo al lado de este mundo de rutinas en donde todos tenemos hambre de conocimiento. Eso me dijeron y eso he dicho yo muchas veces: hambre.
Un hambre que nunca se calma y que por suerte no se parece en nada a ese otro hambre que también hay en Chaco y acá a la vuelta y en todas partes.
Un hambre que es puro placer.

Ahora bien. Imagínense que por primera vez en sus vidas, en que siempre han sido espectadores y no protagonistas, en que todo cuesta tanto y cada vez hay que pagar el derecho de piso... los invitan a ser parte. A jugar a ser ese alguien que siempre soñamos ser. Imagínense que todo eso que sienten que tienen para compartir, para dar, de pronto pueden darlo. Hay destinatario. Qué digo, mil destinatarios.

Imagínense que de pronto se transforman en lectura. Son lectura. Son parte de la fiesta.

Resistencia, Chaco, 19 al 22 de agosto.
En el vuelo estamos todos pero no nos encontramos. Yo miro por la ventanilla. Me encanta volar y por suerte no temo tanto volar. En el vuelo repaso quién voy a ser. No porque sufra de varias personalidades, sino porque esa chica (yo digo chica, aunque ya me digan señora) que escribe sola en su casa mientras sus niños la interrumpen a cada rato, que no conoce a otros escritores (salvo a uno), que va de casa a la editorial y de la editorial a casa y que durante semanas no sale para otra cosa que buscar y llevar niños y hacer compras, de pronto va a transformarse. Escritora a tiempo completo junto a otros escritores a quienes jamás soñó con conocer más que en el papel. Escritora con permiso de sentirse escritora. Si a uno lo valoraran tanto cada día como yo me sentí valorada en esos tres días ... ¡cuántos ansiolíticos nos ahorraríamos!

Estoy en el vuelo, digo. Mi mamá me dijo antes de salir que cuide mi humor negro, que a veces cae desubicado. Mi marido me dijo que ojo con los escritores del sexo masculino. Yo lo único que quiero es disfrutar y sentir que puedo devolver la inversión que la Fundación realizó en mí (aunque se me escape algo de sátira o juegue a la seducción verbal).

Llegamos y todo comienza a ritmo vertiginoso. Hotel maravilloso, presentaciones soñadas, la inaguración en el Domo con Giardinelli discurseando y tanta gente que quiere estar para leer.

Mempo Giardinelli me publicó mi primer cuento en la revista Puro Cuento, en la sección Taller abierto. Ahora que vuelvo a verlo, muchos pero muchos años después de la última vez que nos vimos (¿me verá muy vieja?) pienso que he hecho un gran camino para llegar allí, desde ese primer cuento, y que él me considere para estar de este lado de la fiesta, que crea que puedo, me honra, me llena de emoción, me hace sentir a la vez muy pequeña y grande.

Imagínense que de pronto comienzan, no saben muy bien cómo, a compartir almuerzos, meriendas, chistes, bromas, consejos, historias, confidencias, risas, con escritores como Gustavo Roldán, Guillermo Saccomano, Vicente Battista, Laura Roldán, Laura Devetach, Elsa Osorio, Eduardo Sacheri, Liliana Bodoc, María Cristina Ramos, Pablo de Santis, Angélica Gorodischer. ¡Angélica Gorodischer! Le cuento, a Angélica, que cuando viajé a la Antártida, me llevé "Kalpa imperial" como libro para las noches heladas.

Así debe ser el cielo de los escritores, dije, y tenía razón. Así debe ser el cielo de los escritores, y yo pude pispearlo por un rato. Espero que me toque.

Imagínense mesas redondas y talleres y tertulias literarias, unas tras otras, sin pausa. Vamos a una escuela y ya nos están buscando para ir a otro sitio, y todo se disfruta. Todo está repleto de gente que quiere disfrutar con uno.

Imagínense que pueden optar libremente entre un taller de narrativa con Saccomano, uno de bibliotecología con Raquel (una bibliotecóloga con quien la pasé bárbaro), uno de policiales con Battista, o de promoción de la lectura con varios otros, o el de Logogenia conmigo. Dos mañanas, de 9 a 12 de talleres, y las tardes para las mesas redondas.

A mí me toca la mesa "La lectura, lugar de encuentro con lo otro y con los otros" , junto a Osorio, Saccomano y Ana Guillot. ¿Qué hago yo allí? Por supuesto, hablo de la lectura y la sordera. De mi historia y de la de los chicos sordos que no pueden leer porque no poseen competencia lingüística.
Cuando cada uno termina su lectura, caen los papelitos con preguntas. Yo pensaba que a mí nadie me iba a preguntar nada, pero empiezo a coleccionar papelitos como si tuviera apuro para llenar el álbum. Es porque hay hambre. Hambre de saber, y a mí me tocó el fantástico papel de hablar de algo que la gran mayoría no conoce.

Lo mismo en la escuela. Soy la primera escritora, en los catorce años del Foro, que visita una escuela especial. Voy a una escuela de chicos y adultos sordos y el recibimiento es maravillosamente especial, aunque aquí use la palabra de otro modo. Con traducción simultánea en lengua de señas, cuento todo y me preguntan de todo. Quieren saber quién soy, qué hago, cómo lo hago, si escucho mucho o poco, si hablo LSA o no, si tengo amigos sordos u oyentes, si fui a una escuela común, si escribo de lo que sé o de lo que imagino. El tiempo pasa. Sé que afuera hay un remise esperando para llevarme a otro lado pero que espere, mientras haya preguntas y ganas y hambre, yo me quedo.

Bibiana me acompaña a todos lados. Bibiana es una de las colaboradoras de la Fundación (que funciona gracias a tantos voluntarios) y yo estoy a su cargo. Bibiana es profesora de sordos y entiendo que me haya elegido a mí. Ella me lleva, me espera, me trae, me traduce cuando no escucho, me consigue lo que necesito, me trae agua aunque no le pida.

Imagínense que están a cientos de kilómetros de casa, en una ciudad que no conocen y no parece gran cosa, rodeados de personas también desconocidas, yendo de un lado a otro sin descanso, casi sin dormir porque todo es tan apabullante y fuerte que la cabeza no se desconecta, un rato en una escuela con más de cincuenta personas, luego en un taller con treinta, más tarde en el Domo con mil y pico... y sin embargo, se sienten en casa. Porque lo que nos une a todos es esas ganas de leer que, por lo menos a mí, siempre me salvó cuando necesité ser salvada.

En Chaco y por la lectura. A todos los que me preguntaron ¿y por qué en Chaco?, les respondo: ¿y por qué no?

Dicen que el próximo, el 15° Foro, se viene con todo. Que será más fiesta todavía que esta fiesta. Ojalá yo pueda estar otra vez. Ojalá fueran también los que me preguntaron ¿por qué en Chaco? porque la verdad es que en Buenos Aires nunca hubo una fiesta así.

Imagínense que vuelven con más hambre de lectura, con más ganas de conocimiento, con una alegría inmensa, con la sensación de que vivieron algo especial, algo único. Que se anotaron los nombres de varios autores que no leyeron pero que ahora deben -quieren- leer.
Imagínense que un chico que no había leído, de pronto empieza a leer.

Imagínense que todo cobra sentido.

18 agosto 2009

¡AL FORO! ¡AL FORO!

En los próximos días estaré participando del 14 Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, en Resistencia, Chaco.
¿Qué me toca? ¡De todo! Dos talleres sobre Logogenia, visitar una escuela, y leer una ponencia en una mesa redonda junto a conocidos escritores y especialistas.
Un placer.

Yo creo que el paraíso puede ser de dos maneras: o un gran shopping con increíbles descuentos (la gracia no es que te regalen las cosas, sino que las puedas comprar) o una eterna reunión cultural-intelectual-literaria, con la gente más fantástica, en donde todo es puro estímulo.

Me toca lo segundo.
Viva yo.

02 agosto 2009

4 DESEOS

Hoy, 2 de agosto, este blog cumple 4 años.
Y el único modo de festejar es agradeciendo.
A cada uno de ustedes que me
acompañaron hasta acá y permitieron
que "La vida con subtítulos" se haya podido
construir un lugarcito en este inmenso mundo virtual.
Ustedes.
Los lectores que están desde el principio,
los lectores nuevos. Los lectores de a veces,
los lectores de cada día, los lectores que comentan
y los que no comentan. Los que están de acuerdo
y los que no están de acuerdo. Los que me conocen
y los que no me conocen. Los que escriben sus blogs y
los que no los escriben. Los lectores que se van
y los que vuelven.
Por mi parte, todo lo que deseo es continuar con
esta historia. Siempre que del otro lado, haya
alguien junto a quien apagar las velitas.
Mil gracias.

31 julio 2009

PREMIO SIGMAR 2010

La Editorial Sigmar sigue apostando por la LIJ argentina, y lanzan su segundo concurso. ¡A ver si lo gana un lector de La vida con subtítulos! No se preocupen por mí, juro y rejuro que esta vez no voy a participar.
LANZAMIENTO BASES PREMIO SIGMAR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL 2010
El día 20 de Julio, se realizó el lanzamiento de las bases correspondientes a la segunda edición del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2010.
La convocatoria se encuentra abierta a autores argentinos, que presenten novelas o antologías de cuentos, dirigidos a lectores de entre 7 y 10 años y se recibirán originales hasta el 30 de octubre de 2009.
Los ganadores se darán a conocer públicamente durante la 36° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en abril de 2010.
En esta oportunidad, el jurado se encontrará conformado por la Prof. Elisa Boland, escritora y bibliotecaria, la Prof. Norma Huidobro, escritora, y la Prof. Alicia Salvi, especialista en literatura infantil.
Se otorgará un primer premio de $12.000 (pesos doce mil) y un segundo premio de $6.000 (pesos seis mil).
El Premio Sigmar constituye el premio de mayor dotación otorgado por una editorial argentina independiente a la creación de autores argentinos de Literatura Infantil y Juvenil.
Las bases se encuentran disponibles en
www.sigmar.com.ar. Para mayor información escribir a premiosigmar@sigmar.com.ar.

El Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil ha sido declarado de interés cultural por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires y el Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia de Santa Fe.
Cuenta con el auspicio del Ministerio de Educación de la Nación, la Fundación El Libro, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA) y Foro 21.

Contacto: Florencia Converso, Responsable de comunicación. E mail:
fconverso@sigmar.com.ar . Tel.: 4381-2241

13 julio 2009

UN AUTOR ARGENTINO, POR FIN

En la última Feria del Libro me prometí comprar un libro de autor argentino. He despotricado más de una vez sobre la literatura argentina actual, pero en general lo hago sin saber, como cantidad de cosas que hago en la vida. Es decir: lo hago sin haber leído. Lo intenté. Juro que lo intenté. Empecé varios libros y ninguno lo pude terminar. En cuanto me doy cuenta de que mis ojos siguen leyendo, pero mi mente ya está repasando la lista del supermercado, ahí paro y el libro regresa a la librería sin miramientos.
Por otra parte, hay varias situaciones relacionadas con este grupo literario que me resultan antipáticas. A saber:
La mayoría de esos libros terminan a los seis meses de su apareción en la mesa de saldos, por lo cual no vale la pena gastar dinero por algo que en poco tiempo saldrá menos de la mitad. Además... si el libro termina su vida útil en la mesa de saldos... por algo será (ya vendré yo misma a cambiar esta línea cuando mi primer libro para adultos, que espero saldrá a fin de año, aparezca en la mesa de saldos. También voy a borrar esta aclaración, por supuesto).
Cantidad de estos autores más jóvenes que yo parecen ser meros personajes, que viven de presentación en presentación, blog en blog, instalación en instalación, lectura abierta en lectura abierta, y que se trenzan en rencillas cuyo objetivo, pienso yo, es aparecer en un recuadro de alguna revista cultural. Mucha exposición para poco contenido.
Pero a decir verdad, todo lo de arriba no deja de ser un prejuicio. O varios. O muchos.
Que dos o tres libros me hayan aburrido soberanamente no significa que todos los libros de autores argentinos sean malos. Para nada. No veo qué puede tener un autor inglés o uno norteamericano que no tenga uno argentino. Y por eso, vuelvo arriba, es que en esta última Feria del Libro me obligué a gastar parte de mi magrísimo presupuesto en un libro nuevo de autor argentino medianamente joven.
El elegido fue "Realidad", de Sergio Bizzio.
A medida que leo críticas, reseñas y escucho recomendaciones, voy anotando los títulos de libros que me gustaría leer/comprar. El de Bizzio estaba en la lista y no era muy caro. Y parecía prometer una historia más que un ejercicio de taller literario o una de esas cosas de metalenguaje combinadas con metaficción.
En definitiva, todo lo escrito arriba es sólo para decir que: me gustó. Y mucho. Lo comencé ayer a las 17 horas y para las 20 lo había terminado. No recupero mi fe en la literatura argentina actual, pero por lo menos he vuelto a pisar la iglesia.
Una buena historia, entretenida y bien escrita. A eso yo lo llamo literatura, sin necesidad de agregar el "meta".
Y como si el cosmos supiera que yo he vuelto a leer a un autor argentino, justo hoy sale en Clarín una entrevista a Bizzio sobre ese mismo libro. Todo lo que puedo agregar es: ¡qué suerte que lo leí ayer, y no sabía cómo pensaba, ni cómo se expresaba ni quién era!
Dicho esto, cierro el post, desinfecto el teclado y regreso a mi cuarentena literaria.

30 junio 2009

LA GRIPE QUE NOS PARIÓ

Voy a votar. Hay varias mesas y no estoy registrada en ninguna. Enfilo hacia la que no tiene cola.
-¿Acá es por la gripe? -pregunto.
La mujer, sola detrás del escritorio, levanta la vista. Se la nota cansada. Usa barbijo, y me hace una seña para que me ponga el mío.
-No, no, soy sorda -le explico.
Ella me mirá así y se pone guantes descartables (se toma su tiempo) sólo para agarrar una birome y escribir en un bloc:
¿Gripe aviar?
-No... gripe porcina busco. ¿Lo de la gripe aviar no pasó ya?
Me mira como diciéndome que nada pasa y sin decir palabra, me señala lo que temía, la mesa en la que hay una cola larguísima.
-Gracias -le digo, y me coloco en las manos una gota de alcohol en gel que hay sobre su escritorio, teniendo mucho cuidado en lavarme bien la yema del índice derecho que fue, justamente, el que apretó el cosito del pomo.
Me coloco en la cola. Todos tienen barbijo. Algunos guante descartables, me fijo. Y uno hasta bata de cirujano. Me coloco en la cola, digo, e instantáneamente, como si funcionara a resortes, un gendarme con barbijo se me planta a medio milímetro. Yo no creo que a esa distancia su barbijo sirva de mucho, pero por experiencia sé que a los gendarmes no hay que decirles esas cosas.
-¡Barjhibr! -creo que dice.
Yo sonrío, con esa paciencia zen que me surge en circunstancias en que sé, que me pondré pedagógicamente insoportable.
-Soy hipoacúsica -digo y enseguida aclaro: -sorda. Si me habla con barbijo jamás podremos entendernos.
Él no reacciona. Yo la sigo:
-Leo los labios -le digo.
A los gendarmes no les gustan las situaciones que se escapan del protocolo. Tampoco lo que no les han explicado. Tampoco que les expliquen. En realidad hay pocas cosas de los civiles que les gusten.
A todo esto la gente de la cola me está mirando. Me están mirando mal. Y me mirán más mal porque yo tengo la osadía de moquear. Sin barbijo. Moquear y toser un poco y, para colmo, taparme la boca con la mano.
Se hace un vacío a mi alrededor de metro y medio de radio.
-Soy alérgica -me excuso. Y es verdad: soy alérgica. Pero en este momento soy una criminal. Una asesina serial. Una amenaza para la humanidad. Una terrorista viral.
El gendarme llama a otro gendarme y se hablan a través de sus barbijos.
Uno dice: -Hiuriaq mirjiae bjriae.
El otro responde: -Piureah niruiae moraer.
Por fin el primero me señala un último escritorio, al final del final.
Lo sé. Me han desterrado.
En el último escritorio atiende un viejito. Los viejitos me parecen manejables. Una porque son viejitos, otra porque no sé por qué, siempre les he caído bien. A veces demasiado bien. Pero ése es tema para otra historia.
Yo sonrío, porque mi primera táctica para manejar viejitos es sonreír.
-Me mandaron acá -digo buscando complicidad.
El tipo va a sonreír, me parece, pero en cambio me escupe.
Literalmente: tose con una flema así, estornuda al mismo tiempo y me escupe completa. Estoy segura de que me acaba de bañar con cada partícula de virus que le quedaba en su cuerpo viejo.
Luego se pasa la mano por la nariz, enjuagándosela, y enseguida me la extiende. La mano.
Yo ya estoy jugada. Lo saludo.
-¿Fiebre? -me pregunta.
-Nada.
-Los barbijos no sirven -dice- yo fui médico en África, con el ébola. Yo lo sé.
-Supongo que lo sabe muy bien entonces -le digo.
-Ésos son unos idiotas -agrega, señalando las otras mesas.
Yo sonrío. Supongo que me quedan 48 horas de vida, y posiblemente las pase con el viejito. Mejor llevarnos bien.
-¿Acá es por la porcina? -dudo.
-Gripe A -me corrige.
-¿Qué puedo votar?
-Emergencia sanitaria sí o no.
-¿Si voto sí, incluye vacaciones extras?
-Sí.
-No, no sé qué voy a hacer un mes en casa con mis chicos. Al final terminan juntándose con otros y es más peligroso.
-¿Vota no?
-No sé... yo soy medio fatalista, ¿vio? Lo que tenga que pasar, pasará.
-Yo estuve en África con el ébola -me dice.
-Entonces lo sabe bien.
-¿Va a votar? -me apura, como si hubiera alguien detrás mío.
-¿Es obligatorio?
-No.
-¿Qué otra cosa puedo votar?
El viejito lee:
-Uso de barbijo.
-¡No! -salto.
-Vacaciones extendidas.
-No...
-Cierre de shoppings.
-¡No por Dios!
-Espectáculos públicos.
-Eso no me importa... total nunca vamos a ningún lado...
-Postergar elecciones políticas.
-Pero si votamos el domingo...
-Las próximas.
-Ah... ahora los que ganaron no se quieren mover de la banca...
-Nada más.
Finalmente, voto.
Al terminar pienso en lavarme las manos con alcohol, pero para qué, tendría que bañarme completa.
Me despido del viejito y regreso por donde vine. La gente de la cola larga me vuelve a mirar de mala manera. Una señora se acerca, piadosa, y me entrega un barbijo que tiene de más. Yo lo rechazo. Entonces algo comienza a suceder. La cola se mueve. Me miran. Se acercan. Yo corro. Paso a toda velocidad por delante de la mesa de la gripe aviar, por delante del gendarme que... ¿me apunta? Salgo de la escuela. La calle está vacía. Seguro que esta noche pasan en la tele alguna película sobre epidemias mortales, pienso.
Vuelvo a toser por el polen en el ambiente. Y entonces aparecen. Desde la escuela, las esquinas, los comercios, los edificios. Están embarbijados. Me señalan. Yo me quedo quieta y muda y por un momento los desconcierto. Pero la tos (una tosecita de morondanga) me surge del alma y ellos vuelven a notarme. Uno de la escuela trae el cuerpo del viejito. Le clavaron el cosito del pomo del alcohol en la yugular.
Estoy rodeada. Se terminó. Y todo por no querer usar barbijo, me digo, qué pelotudez. Eso es lo que pasa con las pandemias, medito por última vez, a cinco los mata el virus, y al resto la ignorancia y la psicosis.
De pronto se me ocurre algo. Meto la mano en el bolsillo del abrigo y la saco llena de miguitas de galletitas chocolinas que mi hijo menor guarda en todos lados para emergencias.
-¡Antrax! -grito. -¡Antrax!
Se hace un silencio. Amenazadores, me abren un camino. Yo doy un paso
Y entonces me cae un barbijo. Y otro. Y otro. Y miles.
Me hace acordar a la película "Brazil", la escena de las hojas.
Siguen cayendo barbijos y sé que voy a desaparecer debajo de ellos.

09 junio 2009

ALGUNOS INCONVENIENTES DE ALZAR NIÑOS DURANTE LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS

Cuando el discurso terminó y mientras un grupo comienza a desmontar la plataforma, la mujer se acerca al jefe de prensa.
-Perdón... -la mujer habla bajo, insegura, como hablan todas las mujeres que están acostumbradas a no ser escuchadas.
-¿Si? -el secretario le responde sin dejar de hablar por su teléfono celular.
-El nene... el nene que me devolvieron no es el mío... -dice la mujer como pidiendo perdón por la molestia que ocasiona.
El jefe mira hacia abajo, y vé a un mocoso agarrado a la pierna de la chica.
-¿Está segura? -pregunta.
-Sí... yo lo conozco a mi pibe, ¿vio? Y éste no es el mío...
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
-Usté se lo llevó para que lo besen.
-Yo no hago esas cosas. Eso lo hace la oposición. A lo mejor se lo pidió alguien de la oposición -dice el jefe mirando hacia todos lados.
-No sé...
-Ustedes confunden a cualquiera con traje.
-No... pero mire... yo digo... ¿usté lo vio a mi nene?
-Tiene uno agarrado a la pierna -insiste el jefe.
-Le digo que no. No es el mío.
-Un pibe es un pibe. ¿No le viene bien éste?
-Y... no sé... yo no lo conozco... el mío se porta bien... ya estaba bañadito...
-Mire, lléveselo a su casa, y en unas horas, si le parece, entonces lo cambia.
-No sé... a mi marido no le va a gustar... se había encariñado... ¿Usted no se acuerda a quién se lo dio? Porque total acá nos conocemos todos...
-Ya le dije que nosotros no hacemos eso. Los votantes se acercan espontáneamente al doctor. Usted no lo vigiló, a lo mejor se lo dio a cualquiera.
-Pero si usté vino a pedirme al nene...
-Yo no puedo llevarme chicos, es la ley. No soy responsable de los menores presentes. En todo caso tendría que hablar con legal...
-¿Y están acá?
-No... legal no viene a estas cosas. Los de legal no se ensucian los zapatos.
-¿Y entonces..?
-¿Entonces qué? -pregunta el jefe mirando el reloj. La plataforma ya casi no existe.
-Mi nene, ¿a quién le pregunto por mi nene?
-¿Pero se va a llevar ése o no? -el hombre señala al pibe, que lo mira asustado.
-Sí, hasta que le encuentre la mamá. Es muy chiquito para quedarse solo.
-Mire, hagamos una cosa. Usted busca a la gente de seguridad, y les dice cómo es su nene y yo...
El jefe se queda un momento en blanco. El doctor pasa a su lado y lo están siguiendo los de la TV.
-¿Me da a su nene, señora?
-¿Qué?
-¡Rápido, rápido, su nene!
-¡Pero le digo que no es mío!
El jefe alza al nene y se lo encaja al doctor, que lo besa para las cámaras y se aleja con el pibe en brazos.
La mujer los mira marcharse.

26 mayo 2009

PRESTAR LIBROS, PERDER LIBROS

Tal vez pocos hayan oído hablar de la secta de los Hau remissum libris (traducción aproximada: los que no devuelven libros), nacida al mismo tiempo que la imprenta, y cuyos socios realizan un juramento de tinta que los acompañará hasta la muerte:
"Libro que pido prestado, libro que no devuelvo".
Por supuesto, los Hau remissum libris se han visto enfrentados desde el comienzo de los tiempos con los Hau comodattum libris ("no presto libros") quienes, al contrario de los primeros, han sido siempre fácilmente identificables debido a cartelitos supuestamente simpáticos que colocan en sus bibliotecas y que tienen una vergonzosa similitud a aquellos que se ven en los kioscos o almacenes y que dice: "hoy no se fia, mañana sí".
Por supuesto, la batalla la vienen ganando los Remissum desde el día en que el primero de ellos pidió prestada una Bibliae Pauperum y no la devolvió. Está claro: quien le prestó el -hoy- valioso ejemplar no era un Comodattum.
El por qué del éxito de los Remissum es sencillo y simple de explicar. A saber:
Los Remissum nunca piden libros prestados a los Comodattum, ya lo dijimos, y por eso logran siempre su cometido.
Los Remissum hacen circular los libros, ya que al no ser dueños del objeto, no les importa cuidarlo. Ergo: el público los prefiere a los Comodattum, a quienes confunden con seres profundamente egoístas.
Los Remissum nunca tienen una gran biblioteca, y por lo tanto no intimidan a sus invitados. Por lo contrario, los Comodattum poseen increíbles bibliotecas, tienden a ser extremadamente intelectuales, especializados en todo tipo de temas y con un afán sincero por demostrarlo. Los Remissum son personas despreocupadas, que bien pueden pedir prestado un incunable como un libro de cocina para niños de preescolar. Esta amplitud de intereses los convierte en buenos conversadores. Los Comodattum, en cambio, pueden morir de envidia al conocer la biblioteca de un amigo, pueden descubrir oculto el libro que buscan desde su nacimiento, pero nunca jamás lo pedirán prestado aunque esté agotado, descatalogado o todos los ejemplares -menos ése- hayan sido quemados por el último dictador de turno. Porque los Comodattum nunca jamás piden libros prestados. O los compran y el libro pasa a ser de su propiedad, o prefieren seguir deséandolo. Para ellos no se trata sólo de leer el libro. Tienen que tenerlo. Y este comportamiento, hay que decirlo, no es comprendido por el resto de la sociedad.
Los Remissum son mayoría en todas las sociedades. Los Comodattum forman un grupo cerrado y pequeño y no realizan ningún tipo de difusión de su tarea. Sólo se interesan por sus libros. Ni siquiera por los del Comodattum vecino.
Ahora bien, ¿por qué los Remissum no devuelven los libros?
¿Es acaso por una cuestión filosófica, ética, de supervivencia, de salvataje o un simple olvido?
La respuesta la tiene el que hoy es el jefe delos Remissum:
"No devolvemos los libros porque no se nos da la gana".
Su secretario, amplía el concepto:
"Un Remissum pide un libro prestado, llega a su casa y lo coloca en su biblioteca o en alguna mesita, y luego se olvida. Incluso se olvida de leerlo. El libro queda allí, y rápidamente se mezcla con los demás objetos de la casa, porque la señora de la limpieza o los chicos lo mueven de lugar. Está científicamente comprobado que a los cinco días uno no recuerda que pidió ese libro prestado pero, sobre todo, no recuerda quién se lo prestó. Además, los libros siempre hacen un viaje de ida. Van de la casa del que prestó a la casa del que pidió, y de allí sólo saldrán si a su vez son pedidos por otro. Justamente, nadie devuelve libros porque son incómodos de llevar y pesados. No entran en ningún bolsillo, ni siquiera en el de un gabán. A nosotros no nos gusta llevar bolsitas ni en general llevamos bolsos, y en el maletín sólo tenemos papeles laborales que una vez guardamos y nunca volvimos a leer ni necesitar.
Quien presta no tiene este inconveniente: el libro sale directamente de su biblioteca, no tiene que andar por la calle con un libro. Fíjese que en general, si uno solicita a un amigo que le traiga un libro (es decir, que lo saque de su casa y lo lleve a un sitio en especial) una y otra vez el amigo lo olvida. Esto está científicamente comprobado".

Por supuesto, cuando se realiza una investigación sobre este tema, de un lado y del otro desean saber en qué equipo juega uno.

Pues bien, existe un tercer grupo, un grupo nacido de la cruza de ambos, un engendro, un híbrido, al que se ha llamado Remidatton (mezcla de Remissum y Comodattum) al que pertenezco con gran orgullo. Tenemos el corazón de un Comodattum y la ética de un Remissum.
Somos pocos. Somos únicos. Somos especiales.
Yo no presto libros. Los libros son mi herramienta de trabajo y puedo necesitar cualquiera en cualquier momento.
Pero si me insisten, o si quien me lo pide es una persona cercana a quien podré vigilar, y según qué libro me pida, puedo llegar a prestárselo.
He prestado libros y los he perdido:
Qué porquería es el glóbulo 1 y 2 (cuando tenía 15 años).
Operación masacre (cuando tenía unos 20).
El aleph (hace algunos años).
He prestado libros y he perseguido a quienes lo tenían (en general mis sobrinos) durante un par de años hasta que los regresaron.
Pido libros prestados, y como mi alma es de Comodattum, siempre los devuelvo. A veces los fotocopio (perdón, perdón) si son libros imposibles de conseguir y quiero tenerlos. Pero en general los leo lo antes posible y los devuelvo rápido.
Pero también pido libros prestados para no devolverlos. No es que no los devuelvo por olvido. No los devuelvo porque quiero salvarlos. Son libros para mí fundamentales, y tengo la total seguridad de que su dueño nunca los echará de menos, por no decir que se dará cuenta de su falta. Esto lo hago sólo con familiares, y por lo tanto "todo queda en la familia". Si me los piden de vuelta, no me quedará otra que devolverlos, pero hasta ahora no sucedió. Por lo cual se trata en realidad de un "préstamo a largo plazo".
Pedí a "largo plazo":
Todos los hombres son mortales (agotadísimo).
Humor judío (me sirve para mi trabajo).

Esto es todo por hoy. Otra interesante historia a cuenta de nada, en un blog que trata cualquier tema, escrito por alguien que tendría que estar haciendo otra cosa.

02 mayo 2009

EL INVENTOR DE PUERTAS


Así empieza:
-Che –me llama David cuando estamos formados para salir de la escuela. -¿Te enteraste?
-Sí, claro –le digo.
-¿De qué te enteraste? –duda David.
-De que Miguel le dio una patada a Pablo.
-No, eso no.
-De que Ruth se puso de novia con Hugo.
-No, eso no.

Pienso en otra cosa, y me doy cuenta de que en la escuela pasa algo raro. Todos cuchichean con todos. Pero de manera distinta al cuchicheo de cada día.
A mí no me gusta ser el único que no sabe, así que digo:
-Igual me enteré.
Y en cuanto salimos, corro a donde se amontonan mis compañeros. Porque es en los amontonamientos en donde uno, por fin, se entera.

En la cartelera de asuntos importantes, la que está al lado de la puerta de la escuela, hay un informativo que dice:

“Por orden del Nuevo Gobierno de la Gran Nación, todos y cada uno de los habitantes del pueblo, deberán contar con un apellido a partir de la fecha. El mismo será mantenido para siempre, y legado a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, por los siglos de los siglos. El apellido quedará escrito en los documentos y servirá para que cada hombre, mujer o niño pueda ser identificado y ubicado rápidamente.
Carecer de apellido será considerado delito y se pagará con multa, prisión, o trabajos forzados.
Decreto del Nuevo Gobierno de la Gran Nación en beneficio de los habitantes de la Gran Nación.
9 de diciembre de 1890.

Lo leo y vuelvo con David.
-Ya sabía –le digo.

Vivo en un pequeño pueblo en un gran continente, que el maestro dice que se llama Europa. Uno de esos pueblos que parecen inventados, que ni siquiera aparecen en los mapas. Un pueblo que se mueve. A veces puede estar más al oeste o más al este. A veces sigue las lluvias, y otras, la primavera. A veces se muda a donde hay siembra, y a veces se queda donde sobran árboles.
Un pueblo con tantos nombres como habitantes. Hay quien lo llama Beresovska. Otros están empecinados con que su nombre es Monte Lima.
Pero todos lo conocemos como el pueblo, así nomás.
Un pueblo al que todos los días llegan nuevos vecinos. Un pueblo de bienvenida.

Vecinos que huyen de guerras, pestes, terremotos, sequías, inundaciones, pobreza.
Gente de todos los rincones del continente, se encuentra acá.
Traen sus costumbres, sus comidas, sus canciones, su libertad, hasta su idioma.

Cuando yo llegué, sólo comprendía a David. Y a José y a Jaime. Pero de a poco uno va usando ciertas palabras propias y ciertas palabras de los demás para hacerse entender. Y otras palabras se mezclan y se transforman en nuevas palabras, y así se termina aprendiendo poblanés, que es como llamamos al idioma que se construye en el pueblo.

Somos un mundo dentro del mundo.

Mamá, Marian y yo, somos llegados de guerra.
Yo apenas recuerdo esa guerra que nos trajo al pueblo, pero no hay día en que no piense en ella.
Papá, todavía, está allí.

Mediodía del 9 de diciembre de 1890, me encuentro con LA cola.
No es como las colas de todos los días. La cola para comprar pan, o la fila para entrar a la escuela.
Ésta es la madre de todas las colas.

Tan larga, que recorre tres calles de tierra, da vueltas alrededor de la plaza, pasa por el mercado y termina en donde empieza: en la puerta de la escuela que es, justamente, de donde yo acabo de salir.
Marian, mi hermana mayor, me apura porque corra al final de la cola interminable, o alguien se nos colará.
Pero yo no pienso ponerme en ninguna cola.

Si ya está Marian, ¿para qué hago falta yo? A ella le tocan estas responsabilidades. Yo voy a molestar, sin dudas. Se me dormirán los pies de estar tanto tiempo parado. Me empezará a salir humo de la cabeza del aburrimiento. Me crecerán raíces y, cuando los de atrás quieran avanzar, se toparán conmigo aprisionado a la tierra.
Mejor no.
Me quedo a un lado, con David, que es mi mejor amigo, y José y Jaime que son mis amigos pero no tanto.

Cuando llegamos al final de la cola, nos encontramos con la mamá de David.
José y Jaime en cambio, se van a formar cuando la cola se termine.
Ellos tienen su estrategia: se pasan todo el día haciendo lo que tienen ganas, y cuando ven que en la cola quedan dos o tres infelices, ahí se forman bien derechos, cumplen con lo que deben cumplir, y vuelven a lo suyo.

Yo llevo encima toda una reserva de juegos para los ratos de cola.
Bolitas, un elástico viejo, una media rota para hacer una pelota, un trozo de tiza, una navaja oxidada que no corta.

Y David tiene su parte.
Una soga, otra media rota, una gomera, más bolitas, las ruedas de un trencito de madera que perdió justo después de quitarle las ruedas, una moneda vieja que dice la suerte.
Llevamos todas nuestras pertenencias desparramadas en los bolsillos remendados y vueltos a remendar del pantalón corto, y cada día descubrimos un nuevo tesoro y un nuevo agujero en la tela.

Así que mientras Marian hace la cola, David y yo nos apartamos y nos ponemos a jugar. Y se nos suman José y Jaime, que también son mis amigos pero no tanto.

v
El tiempo vuela donde estamos nosotros, pero se detiene en la fila. Allí, el tiempo no pasa. Yo puedo jugar mil juegos, ganar cien bolitas, hacer cinco goles, dibujar ocho rayuelas, mientras que en la cola Marian apenas avanzó dos pasos y retrocedió tres, porque seguro alguien se coló. Como siempre.

-Marian… –me acerco-, ¿ésta, para qué es?
-¿Para qué es qué, Ariel?
-La cola, digo. ¿Para qué es?
-Andá a leer la nota que está en la cartelera de asuntos importantes.
-Ya la leí.
Marian me mira asombrada.
-Nunca leés esas cosas –dice.
-Fue por necesidad.
-Bueno, para eso es la cola.
-Ah.

Vuelvo con David. No, mejor vuelvo con Marian.
-No entendí ni medio –le digo a mi hermana.
-¿Qué parte no entendiste?
-Ninguna.
-Nos van a dar un apellido –dice Marian, como si un apellido fuera lo mismo que un plato de guiso o media papa.
-Ah.
Y sigue... en el libro.

28 abril 2009

INSTRUCCIONES PARA RECORRER LA FERIA

Con este título bien cortazariano, dejamos inaugurada la Feria del Libro 2009, que podrán recorrer y disfrutar gracias a los siguientes datos:

Los baños están en excelente estado. Limpios y hay papel higiénico. Yo creo que muchos nos traumatizamos para siempre con los baños de la vieja feria (que siguen siendo los baños de la feria infantil), pero eso pasó, ya fue.

Cada sector está ahora alfombrado del color que le corresponde (cambio que se realizó debido a las quejas de la gente que siempre necesita quejarse de algo), lo cual es muy bueno para paseadores obsesivos como yo que necesitan organizarse el camino.

Estacionar el auto una tarde completa cuesta lo mismo que un buen libro. Así que a menos que piensen leerse el auto, no vale la pena. Ayer, por primera vez en mi corta vida, ¡ida y vuelta en colectivo!

El recorrido ideal, según quién escribe, es: entrada principal, de allí a la derecha, al pabellón azul. Una vez traspasado el límite verde/azul, otra vez a la derecha, hasta el fondo. Doblar a la izquierda hasta donde está el rincón infantil o algo así. Medio giro izquierda, y empezar a recorrer los pasillos a lo largo. Si siguen mi orden, desembocarán en el pabellón verde sin problemas. El pabellón verde se recorre también a lo largo (que vendría a ser a lo ancho del pabellón azul), con el inconveniente de que hay stands que cortan el camino y hay que ingeniárselas para traspasar esos escollos. Deberían terminar de recorrer el pabellón verde (¡menos los stands principales que dan a la salida!) frente al límite con el pabellón amarillo (aunque en verdad la alfombra del pabellón amarillo parece verde clarita, no amarilla) y de cara casi al stand de Colihue. Bien, siguen hacia el fondo, y ahí... ahí van para donde se les cante.
Y cuando se van, ahí miran los stands principales.

Lágrima chica con croissant tostado $13,50.

En la Feria, lean bien, NO se compran libros que se pueden conseguir en cualquier momento en cualquier librería. Sin discusiones.

Hace calor. Sí, afuera también. Pero eso es atípico. En la Feria siempre hace calor. Los focos de los stands te matan. Hay que ir con remera y llevar saquito para después. En realidad el tema de la ropa es todo un tema. Una se puede encontrar con conocidos (escritores, editores, etc), por lo cual hay que ir con un look "elegante casual zapatos cómodos". Collares largos no porque te joden cuando mirás libros.

En el stand de Salta, por lo menos ayer, repartían colaciones de dulce de leche. Cualquiera sabe que las colaciones son una de las cosas más ricas que tiene nuestro país. Pues bien, me mostré interesada en los libros salteños sólo y exclusivamente para que me dieran una colación, y no me la dieron. Y a mí me dio vergüenza acercarme o pedir, porque se supone que uno va por los libros, no por las colaciones.

Israel está raro (no se lea esto como una opinión política). Tiene un stand sólo de comics. O es un stands de comics israelíes y no el stand de Israel. No sé, cuando vuelva me fijo bien.

Hablando de comics, el stand de La Revistería es un sueño. Yo quiero quedarme a vivir ahí y leerlo todo. Pero imposible comprar. Los precios están en euros.

Los libros de las mesas de saldos son siempre los mismos, año tras año.

Los stands que una intelectualoide como yo, y por lo tanto cualquiera que quiera parecer intelectualoide busca en la feria: FCE, Paidós, Alianza.

Ley de Murphy de la Feria: los libros que uno busca desesperadamente nunca están. O se agotaron, o no se importan más, o no los encuentran pero estaban seguro, o nadie los conoce, o nunca se escribieron.

Mi tiempo en recorrer la Feria, mirando mucho y hasta leyendo un poco, como para tomar de promedio: cinco horas. Aunque en verdad a la tercera hora ya no puedo caminar, las rodillas me tiemblan y pierdo mi capacidad de comprensión lingüística.

Lo que sale el diccionario Moliner: ¡¡¡más de $600!!! Tampoco este año.

Tusquets se mudó de lugar. Les digo, por si alguien se interesa.

Dos stands que se merecen el premio a la no renovación ad eternum: Colihue y De la Flor. Pero el kiosco de De la Flor me encanta. (¡Y aparte aparezco entre los autores de la editorial! Con el apellido mal escrito pero no importa).

Digo yo: me parece muy bien que se esté promocionando el bicentenario en la Feria pero... ¿no podían hacerles a los pobres muchachitos y muchachitas trajes verdaderos a medida, en vez de vestirlos así, tan de crisis, con esos smokings y vestidos antiguos alquilados en una casa de cotillón?

Salvo algunas excepciones, los vendedores y vendedoras son cada vez más jovencitos y NO saben de libros. No insistan.

Un stand para comprar completo: el de Parker. (Quiero, quiero, quiero).

Listo. Vuelvo mañana miércoles 29 a firmar en Norma a las 17. (Firmar, en idioma escritorés significa responder dónde está el baño y decir que una no trabaja ahí y no conoce los precios) y el jueves 30 a las 18 para lo de los premios de Sigmar.

Libros comprados Feria 2009: 6 títulos.

Hasta el año que viene.

22 abril 2009

PRESENTACIÓN ZOOLÓGICA



Luego de varios años de escribir hijos, vuelvo a parir libros.
"Hay que ser animal", Editorial Norma, colección Torre de papel.
"El inventor de puertas", Editorial Sigmar, colección Telarañas.
Estarán listos para salir al mundo durante la Feria del Libro.

14 abril 2009

¿QUIÉN CUENTA LOS PREMIOS (perdón, las menciones)? (segunda parte)

PRIMER PREMIO SIGMAR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Editorial Sigmar comunica los resultados del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2009.
Agradecemos al jurado, integrado por el escritor Mempo Giardinelli, la escritora Norma Huidobro y la especialista Alicia Salvi, por habernos acompañado en esta primera edición del Premio Sigmar.

Primer premio
Obra: Veinte pisos de terror
Autor: José Montero (Seudónimo: Manuel F. )
Veinte pisos de terror es una novela corta, de gran calidad literaria. La mudanza del narrador protagonista es el punto de partida de una investigación escalofriante.
Segundo premio
Obra: El tesoro del último dragón
Autora: Liliana Cinetto (Seudónimo: Sol de Vicenza)
El secreto del último dragón es un relato de humor, cuyo disparador es un elemento maravilloso: la aparición de un dragón en pleno barrio de Boedo.
Mención especial del jurado
Obra: Un sembrado de estrellas
Autora: Lilia García Bazterra (Seudónimo: Kairós)
En Un sembrado de estrellas, con gran lirismo, la autora se atreve a abordar un tema poco frecuente en la literatura infantil: los chicos con carencias materiales.
Mención especial del jurado
Obra: El inventor de puertas
Autora: Verónica Sukaczer (Seudónimo: Alar)
El origen de los apellidos es el tema de la original novela breve El inventor de puertas.

Independientemente de lo establecido por bases del concurso, por su originalidad y su calidad literaria, Editorial Sigmar ha decidido publicar, además del primer y el segundo premio, los trabajos que han recibido menciones. Estas obras integrarán la colección Telaraña, que se presentará a la venta en el stand de la editorial (stand 1022, pabellón verde) durante la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.
El 30 de octubre de 2008 cerró la convocatoria del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2009. 160 autores de todo el país presentaron novelas o antologías de cuentos, dirigidos a lectores de entre 7 y 10 años.
El Premio Sigmar constituye el premio de mayor dotación otorgado por una editorial argentina independiente a la creación de autores argentinos de Literatura Infantil y Juvenil.
La entrega de premios se realizará el próximo jueves 30 de abril, a las 18, en la sala Alfonsina Storni de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, predio de Exposiciones de La Rural.
El Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil ha sido declarado de interés cultural por el Ministerio de Educación de la Nación, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la provincia del Chaco y el Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia de Santa Fe.
Cuenta con el auspicio de la Fundación El Libro, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA) y Foro 21.

10 abril 2009

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

Por favor, después no digan que nadie les avisó. No continúen sumergidos en sus miserables y depresivas y críticas vidas cuando la solución está al alcance de unos cuantos golpes en el teclado, obviamente en los caracteres correspondientes. Porque claro, si después teclean "cómo suicidarse de forma fácil" en vez de lo que les voy a indicar... eso se llama autoboicot. Y no es de lo que estamos hablando.

Sin excusas:
Van a youtube.
Ponen en el buscador "Monty Phyton subtitulado". O no ponen subtitulado, si son de los que fueron a un instituto de inglés y encima prestaban atención y hacían la tarea con Arthur is in de library. Bueno, yo no tuve esa suerte. Yo fui al instituto pero no me importó si Arthur estaba en la librería o en una clínica psiquiátrica o comprando paco en una villa.

A ver, repito. Porque siempre hay un inadaptado que no entiende:
Van a youtube.
Ponen en el buscador "Monty Phyton subtitulado" (o no subtitulado).

Y después... ah... yo no digo que la felicidad dure para siempre. Ése es un invento del capitalismo para hacer que compremos otra lapicera u otra cartera cuando la primera nos dejó de hacer feliz... pero la vida sí puede ser una sucesión de pequeños momentos de felicidad, que uno debe saber aprovechar, vivenciar, disfrutar, catalogar, para luego reproducir, recordar y/o rememorar, mientras vive la peor de las desgracias.

Eso. Después no digan que nadie les dio el secreto de la felicidad.

01 abril 2009

A ELLA, CON CARIÑO

Cuando a fines de este año salga mi primer libro de cuentos para adultos, publicado por una editorial con una flor en el nombre, posiblemente alguien me preguntará de qué ideas, sucesos o experiencias surgieron los cuentos. Y posiblemente yo responda en forma general y vaga -como acostumbran hacer los escritores- porque no puedo hacer pública la verdad. No es que tenga algún problema con la verdad o que acostumbre mentir patológicamente. Lo que pasa es que no quiero ofender a quienes me sirvieron de inspiración para escribir varios de esos relatos. Sin embargo, como este espacio no lo lee ninguno de los damnificados (por no decir que ni saben que existe) y para cuando salga el libro éste será post viejo, aquí va: pude escribir ese libro porque me casé. Y como me casé, me gané una familia política. Y mi familia política resultó ser muy especial, empezando por cierta encantadora dama que ofició como criadora de mi marido.
Mujer amable, bondadosa, de quien he aprendido a huír con destreza.
Ella es algo distinto. Y como nunca jamás de los jamases le diré gracias por haberme entregado ese caudal infinito de material literario que es ella misma, ni nunca nunca nunca sabrá que he escrito sobre ella, y menos que menos le haré saber que, a pesar de todo, me resulta interesante, un objeto de estudio estilístico, vaya como ejemplo el siguiente diálogo que acostumbramos mantener las tres o cuatro veces por día que me llama por teléfono.
Y lo comprenderán todo.

Ella: -Hola querida, ¿cómo están todos? ¿Cómo están mis nietecitos divinos? ¿Están todos bien?
Yo: -Sí, sí, todos muy bien.
Ella: -Ah... entonces están bien.
Yo: -Sí, todos estamos bien.
Ella: -Qué bueno... seguro están bien, ¿no?
Yo: -¿Vos preferís que estén mal?
Ella: -Ay no, no, por Dios, ¿por qué? ¿¿¿Qué pasó???
Yo: -No pasó nada, estamos todos bien, pero como vos insistís...
Ella: -Entonces pasó algo.
Yo: -No, los chicos están muy bien.
Ella: -Ah... entonces están bien.
Yo: -Es lo que digo.
Ella: -Porque los chicos tienen que estar bien ¿no? Yo no quiero que sufran, son lo que más amo en la vida, vos lo sabés, sabés cuánto los quiero.
Yo: -Sí, y están muy bien.
Ella: -Eso es bueno, que estén bien. Yo me muero si les pasa algo malo.
Yo: -Entonces vas a vivir mucho tiempo porque están muy bien.
Ella: -Ay... no sé... vengo del médico y... pero dejá, dejá, yo no quiero hacerles malasangre. Llamé para saber si los chicos están bien, porque con todos estos problemas...
Yo: -Están muy bien.
Ella: -Entonces me quedo tranquila. Lo importante es que estén bien.
Yo: -Así es. ¿Vos estás bien?
Ella: -Y...
Yo (rápido): -Y bueno, cada uno con lo suyo, ¿no?
Ella: -Qué le vamos a hacer...
Yo: -Qué le vamos a hacer...
Ella: -Bueno, entonces los chicos están bien.
Yo: -Sí, están muy bien.
Ella: -Si pasa algo vos sabés que me podés llamar, que podés contar conmigo.
Yo: -No les va a pasar nada, despreocupate.
Ella: -Bueno... yo digo... Entonces si están bien... mandales un beso.
Yo: -Les mando.
Ella: -Hasta pronto querida.
Yo: -Hasta pronto.

07 marzo 2009

ROMANCE DE LA NIÑA QUE SALE DE COMPRAS

Hay pocas cosas que entienda mejor (y que me emocionen más), que el hecho de tener retazos de poemas de la infancia, en la memoria, y necesitar completarlos. A veces uno inicia una lucha contra el tiempo y el olvido, y va tras el poema como si allí se ocultara el secreto de la felicidad.
Los poemas que leemos en la infancia son como tatuajes: nos quedan marcados en el cuerpo para siempre, y no podemos permitir que comiencen a desdibujarse.

Hace unos días, un tal Franklin me escribió preguntándome si podía completar el poema "La niña sale de compras" que nombré en algún post.
Me cuenta que leyó este poema hace más de 60 años, en el libro de lectura "Facetas", pero que con los años olvidó varios versos.
Buscándolo en Internet, me encontró a mí.

No es la primera persona que me lo pide. Hubo una señora que creyó que yo era la autora, lo cual, por un tema de edad, me ofendió un poco. De todos modos me maravilla cómo un poema en particular ha quedado en la imaginería de varias generaciones.
Ah, y esto es para Franklin: tengo el libro "Facetas". Fue libro de lectura de mi mamá, y yo lo fui salvando de las diversas purgas literarias que hubo en mi casa. De todos modos, copio ahora el poema de la antología de 1951, "Nuevo ritmo de la poesía infantil" (que no tiene tapa, y por lo cual lo único que sé del antólogo es que firma G.B).

Para Franklin, entonces:

ROMANCE DE LA NIÑA QUE SALE DE COMPRAS
de LUIS CANÉ (aparecido en el Romancero de niñas, de 1932)

La niña sale de compras,
de compras sale la niña;
porque ella sale de compras
se pone más lindo el día.

Las calles de Buenos Aires
la esperan en las esquinas
y la saludan al paso
con impacientes bocinas,
mientras muelen con el freno,
su lentitud, los tranvías.

Ella va de tienda en tienda,
-(¿Qué busca?... ¿Qué necesita?...)-
pregunta el precio de todo,
revuelve las mercerías,
y al azar de su capricho
toda la ciudad se agita,
tiembla el comercio y la industria
y el tráfico se complica.

A la hora del regreso,
por el cansancio encendida,
la niña vuelve de compras
con medio metro de cinta.

26 febrero 2009

Los blogs que leo

Un blog debe ser colectivo, un vehículo a otros blogs. Sin embargo, con los últimos cambios que hice (y que luego anulé), perdí todos los vínculos. Pasaron los meses y no encontré el momento de volver a subirlos. Hoy, que estoy al cuete (últimos días de vacaciones), me ocupé. Así que abajo a la derecha, otra vez la lista de los blogs que yo leo.

18 febrero 2009

¿AGREGAR A VERÓNICA A TUS AMIGOS?

(Apuntes sobre Facebook)


Nunca en mi vida había tenido tantos amigos al mismo tiempo. Nunca fui una persona excesivamente sociable en el mundo real, como lo soy en el virtual. Pero ahora tengo Facebook y quiero tener un millón de amigos y un coro de pajaritos y todo lo que me había prometido la canción que anunció, hace tantos años, la creación de Facebook.

"Pepe quiere ser tu amigo, Verónica. ¿Tu quieres ser amigo de Pepe? Si quieres ser su amigo, confirma que serás su amigo. Pero si no quieres ser su amigo, mejor ignora que te estamos preguntando si quieres ser su amigo y búscate otro amigo, porque aquí lo que sobran son amigos, Verónica. Entonces, ¿quieres ser amigo de Pepe, Verónica, y quieres que Pepe sea tu amigo?

Todos son amigos, y quieren ser tus amigos o uno quiere ser amigo del otro. Se usa la palabra amigo tanto como los negociadores de rehenes utilizan el nombre del secuestrador:
"Jhony, usted es un buen hombre, Jhony. Usted no quiere que nadie salga lastimado, Jhony. Hábleme de su infancia, Jhony. Vamos a solucionar esto juntos, Jhony".

Me pregunto cuántas veces se debe decir o escribir o leer la palabra amigo, hasta que ésta pierda todo significado, y al final sea lo mismo ser amigo de Pepe que pescado de Pepe que día jueves de Pepe.

Sin embargo, no es ése tema que me preocupe por ahora. Al contrario, por ahora me fascina. Igual que arqueólogo con hueso descubierto, que patólogo con virus reciente o lingüista con neologismo, me siento nena con chiche nuevo. Busco viejos amores, amigos, enemigos, colegas. Busco cualquier nombre que recuerde. De hombre, mujer, infante, docente, jefe o mascota. Quiero ver los rostros envejecidos de quienes aún tienen quince años en mi memoria. Quiero ver si la vida también siguió para ellos. Quiero saber si sucumbieron a la magia de Facebook y le muestran sus amigos al mundo entero.

Porque lo importante ahora no es quién uno es ni qué ha hecho. Lo importante es cuántos amigos tiene. La cantidad.

Yo tengo amigos que son mis amigos de verdad y que quiero mucho.
Tengo amigos que son mi familia.
Tengo amigos que no tengo la más mínima idea de quiénes son ni de por qué desearon ser mis amigos.
Tengo amigos que fueron mis amigos y ahora son amigos facebook.
Tengo amigos que en realidad son contactos.
Tengo amigos que son mis amigos porque me da prestigio que sean mis amigos.
Tengo amigos que en realidad borré y que no saben que no son más mis amigos.
Tengo amigos que son amigos de mis amigos.

Y a pesar de que me digo que no voy a tener más amigos, porque mi pantalla se inunda de líneas que cuentan lo que están haciendo todos esos amigos, de los cuales muchos en realidad no son mis amigos y otros son amigos de mis amigos y otros amigos contactos y otros no me acuerdo y otros me olvido por qué eran mis amigos y otro es mi marido que me puede decir en casa qué está haciendo, cada vez que alguien me pide ser mi amigo, yo respondo afirmativamente y hasta con gusto.

Porque no se puede decir que no cuando alguien te pregunta si querés ser su amigo.

Es una pregunta que te retrotrae a tus años más felices y más inocentes. Esos años en que todo ser humano de tu misma altura era un candidato a amigo. Pobre, rico, blanco, negro, israelí, palestino. Bastaba que el otro se riera de lo mismo que te reías vos, para que se conviertiera en el mejor amigo del mundo, aún por sólo cinco minutos o una tarde de playa.
¿Cómo se puede luchar, entonces, contra ese sentimiento de que se va a iniciar una amistad?

Desde el jardín de infantes que a mí nadie me preguntaba si quería ser su amigo.
Ahora las cosas son más complicadas. En la vida real hay que dar un montón de vueltas hasta considerar a un conocido, amigo.
Recién luego de muchos cafés y encuentros casuales, un conocido se transforma en amigo cuando comienza a interesarse en nuestras nimiedades y a nosotros nos importa si sufre síndrome premenstrual u operan a la madre.

Porque no se le puede decir al otro: "quiero ser tu amiga". Está mal visto. No es parte del protocolo social actual. La amistad debe ir surgiendo en forma lenta, con tanta espontaneidad como sea posible.

Eso, hasta que apareció Facebook, y se hizo posible completar el proceso amistoso en dos o tres clicks.

Para mí, es maravilloso.

Y cuando es al revés... cuando te piden ser amigo...
¿Quién no se siente halagado, honrado, importante, por haber sido buscado y hallado en Facebook? Cuando nos llega el pedido de amistad de parte de ese primo de la amiga de tu hermana con quien salimos una vez en el ´92, ¿no nos asalta una sensación de triunfo muy parecida a la felicidad? Hemos vencido al tiempo y al olvido. Alguien nos recordó y nos quiere de regreso en su vida. A la distancia, limpiamente, en una foto, sin llamados ni encuentros, sin complicaciones. Pero allí, en su pantalla.

Claro que hay varias trampas.
Las relaciones sociales nunca fueron transparentes.
Claro que no es perfecto, como no es perfecta la amistad ni perfectos ninguno de mis amigos que a lo largo de la vida dejaron de ser mis amigos.

Facebook es la consagración de la amistad fiaca, vaga. Una amistad devaluada, rápida, superficial, parecida a la amistad verdadera pero no, no tanto.

Ahora ya no necesitamos llamar al amigo enfermo, porque en Facebook él mismo nos informa de su mejoría. No precisamos recordar un cumpleaños porque el sistema nos lo anuncia. Todo el esfuerzo que significaba llevar adelante una amistad, aquí aparece facilitado.
¿Un conocido tuvo un hijo?
Le envío felicitaciones y una foto de escarpines del color indicado.
¿Mi tía abuela me extraña?
Le mando una foto de la familia y me ahorro la visita.
¿Un escritor presenta su libro?
Le deseo éxitos y le mangueo un ejemplear sin ir a la presentación.
¿Una amiga me invita al concierto de violín de su hijo?
Me excuso y le pido que suba el video.

Todo en Facebook. Fuera de Facebook, nada.
Ése podría ser un buen lema para este nuevo tipo de amistad.

Y al igual que cuando me preguntan si no temo que las nuevas tecnologías maten la lectura, y yo respondo que la lectura no muere, sino que cambia, y acepto lo novedoso, ahora creo que la amistad va a mutar hasta una amistad facebookística que, a muchos, nos hará la vida más sencilla.

Aunque le falte magia y sorpresa, y nos prive de temas de conversación:
Mi sobrino todavía no se anima a presentar a su novia, pero vaya que he visto fotos comprometedoras en su página.
Un amigo encuentra trabajo nuevo, y cuando me lo quiere contar, le digo: "ya sabía por Facebook".
Otro intenta cortarse las venas y le informo que leí su carta de despedida, y le sugiero unirse al grupo "suicidas amigos".

Eso es Facebook, y lo estoy descubriendo. Un amigo que quiere ser mi amigo (y como tantos amigos, quedarse con todo lo mío, aunque muera y me pase a la red celestial, en donde podré ser amiga del mismísimo don Pedro).

Aclaración: este post ha sido escrito con sumo cuidado para no ofender a ninguno de mis amigos de Facebook, a quienes agradezco su amistad y con quienes deseo seguir compartiendo lo que hago.



19 enero 2009

MI POEMA APÓCRIFO

Ahora lo sé. Para ser un gran escritor no hay que escribir buenas historias, ni ser un artista de la lengua. No es necesario tener un best-seller ni un long-seller ni un clásico. No importa si tu libro fue vendido a Hollywood y un gran director lo arruinó. Tampoco hay que escribir un blog (y conste que hasta hace un par de días creía que ése era el camino). No es necesario ganar premios ni autoeditarse ni plagiar ni inventar debates en la facultad de letras.

Para ser un gran escritor, hay que escribir un gran poema apócrifo. Una poesía que le sea adjudicada por sorteo o licitación a un gigante literario.
Una poesía con destino de postal, de tarjetas de fin de año, de póster.
Una poesía que lea todo el mundo.
Borges tiene su poema apócrifo. También García Márquez. Brecht. Y ahora, Neruda.

Cada uno de esos poemas tiene su autor. No son anónimos, no fueron encontrados huérfanos en la puerta de una sociedad de escritores. Fueron escritos con -poco- talento pero seguramente muchas ganas y, por aquellos misterios del caos universal, cayeron bajo la firma de un escritor difícil de igualar.

Por eso, queridos lectores, he decidido escribir un poema apócrifo. Un poema que, espero y deseo, sea conocido y divulgado bajo el nombre de Alfonsina Storni o Kipling o Gabriela Mistral o Cesar Pavese o Fernando Pessoa o Ezra Pound o Rilke u Oscar Wilde o Antonio Machado o Vallejo. Un poema para power point, un poema para sentir que somos mejores, un poema para quienes aman estos poemas y les hacen sentir que, por lo menos han leído una poesía en sus vidas.

Que disfruten su lectura tanto como yo disfruté el escribirlo.

ANIMARSE
Hubiera querido animarme a hacerlo todo en esta vida.
Hubiera querido amar sin miedo ni ataduras. Entregar mi corazón de puerta en puerta y multiplicar los abrazos.
Hubiera querido animarme a volar hasta tus brazos. O hasta otros brazos. O por lo menos hasta alguien que pudiera atajarme.
Hubiera querido aprender todas las lenguas para decir te amo en todos los idiomas, y que alguien me entendiera.
Hubiera deseado caminar todos los caminos y traspasar todos los piquetes, saltar todos los peajes, luchar contra todos los puentes cortados.
Hubiera querido animarme a ser mejor, a crecer por dentro, a decir siempre la verdad, a hacerme una rinoplastía.
Hubiera querido animarme a dejar de lado los prejuicios y extender la mano sin mirar a quién, y sin importarme el reloj ni los anillos.
Hubiera querido ser más justa, gritar menos, tener más paciencia, ser más gentil. Sin embargo, tuve hijos.
Hubiera querido soñar más y dejarme llevar por los sueños sin necesidad de psicotrópicos ni ansiolíticos ni tranquilizantes.
Hubiera querido ser más firme y más segura. Decir sí cuando correspondía y no cada vez que hiciera falta, sin temor a perder mi trabajo.
Hubiera querido animarme a salir sin maquillaje, despeinada, desnuda, en un mundo ideal en donde fuera invisible.
Hubiera deseado que no me importara el qué dirán ni las malas lenguas ni los rumores ni los chismes, y aún así tener de qué hablar con una amiga.
Hubiera deseado animarme a compartir mi nombre, mi coraje, mis aciertos, mis ideas, mi pasión, sin pedir nada a cambio. Pero por algo existen los derechos de autor.
Hubiera deseado animarme a hacerlo todo en esta vida. Pero ya ven... tengo 40 años, y por algo es que sigo viva.

12 enero 2009

RESUMEN DE SITUACIÓN

En los últimos años mucha gente conocida me ha preguntado si sigo escribiendo "libros". Se entiende por escribir "libros" la escritura seria y cotidiana de textos literarios que luego aparecen reunidos en formato libro, bajo el sello de alguna editorial.
Me preguntan, si sigo escribiendo, porque desde el año 2001 no ha vuelto a aparecer un libro todo mío.
Desde el 2001 a esta parte, participé en varias antologías, escribí mucho, me dediqué a cuatro blogs, pero nunca un libro de tapas duras o rústica en su librería amiga.

Los motivos de esta ausencia son varios y todos altamente justificados: en el año 2001 nació mi segundo niño, cuando el primero cumplía dos años y medio. Mis tareas se multiplicaron y mis neuronas claudicaron. Varios de la familia tuvimos problemas de salud. El país colapsó. Tanto, que un día tuve que decirle al mayor: "mi amor, o sos vos o es tu hermano, pero a dos con pañales no puedo mantener", y así el más grande aprendió a controlar esfínteres. Gracias a que salimos de la convertibilidad.

Pero yo seguí escribiendo.
Alguno de esos trabajos fue rechazado por alguna editorial. Otro quedó en el camino. Otro fue rechazado también.
Pero yo seguí haciendo lo único que sé hacer.

Los chicos crecieron y el trabajo que dan, también. No es que nada haya cambiado ahora. Tal vez la llegada de los 40 causó algún revuelo cósmico, que produjo lo que voy a contar. Yo lo siento más bien como una reivindicación. La verdad es que tengo ganas de subir al obelisco y gritar: "¡carajo que me lo merecía!"

En definitiva, y sea por lo que sea, este año estaré publicando la módica suma de cuatro libros.
Cuatro libros todos míos, que encontrarán en tapa dura o rústica (aún no conozco los detalles) en su librería amiga, a lo largo del año.
Tres para chicos. Uno para adultos.
(¡¡¡Uno para adultos!!!)

Todavía no puedo decir títulos ni editoriales.
¡¡¡Pero quería decirlo!!! ¿Cuánto creen que me puedo aguantar una noticia así, che?

Así que desde aquí les digo a todos mis conocidos y desconocidos también: sí, sigo escribiendo. Sí, libros.

Y gracias por acompañarme.