27 octubre 2008

NUEVA ETAPA. DESPUÉS 40

Varias veces amenacé con irme, y muchos creyeron que me fui. El trabajo real, las cosas que suceden de este lado, los niños, los paros, las cuentas, me impidieron seguir escribiendo en el blog como deseaba.

Sé que perdí lectores.

Pero no los perdí por falta de continuidad. Los perdí porque muchas veces subí post sólo porque "tenía que escribir algo". Y cuando uno comienza a transitar ese camino, lo que pierde en verdad es calidad.

Por eso necesité reformularme para qué quería tener este blog.

Y la respuesta es que yo siempre quise tener una columna fija en un medio. Pero como periodista, cada vez que realicé ese pedido, obtuve la misma respuesta: sobran columnistas de opinión, faltan periodistas.
Ufa.

Así que "La vida con subtítulos" será, de acá en más, mi columna fija. Las cosas no cambiarán demasiado. En principio, volví a un viejo y clásico diseño de Blogger para no tener que preocuparme por los elementos de la página, ni por programación, y porque nunca logré aprender a utilizar las pestañas del diseño anterior (ni siquiera con ayuda de una amiga virtual a quien desde ya le agradezco sus consejos y pido disculpas por mi haberme dado por vencida) . También quité otros elementos decorativos.
Lo que debe importar es el texto, y sólo debe valer el texto.
Pero además, me prometo no llenar espacio si no tengo algo que decir. Por supuesto, espero y deseo que me sigan acompañando.

(También se pueden analizar estos últimos cambios e idas y venidas como un histeriqueo propio de la crisis de los 40, pero me parece que lo de arriba queda más elegante).

17 octubre 2008

PUBLICAR

Muchas veces me han llegado mails de gente que escribe y quiere saber cómo es que uno llegó a publicar.
Yo siempre respondo más o menos lo mismo, según las circunstancias y, cuando me doy cuenta de que la otra persona no se va a pegar un tiro si le digo algo crudo, explico: que un libro sea excelente, no significa que sea publicable. Aunque si es realmente excelente, tarde o temprano encuentra su canal de publicación.
Pero vamos a los hechos (así, cada vez que reciba uno de esos mail, directamente les pego este link).

El primer paso para publicar, es que el libro esté impecable. Aunque esto parezca absolutamente obvio, lo aclaro porque muchas veces me envían para leer textos que no están... impecables.
Impecable significa ortografía, sintaxis, semántica, estructura, prolijidad perfecta. O, por lo menos, cercana a la perfección.
Todos conocemos historias de autores que no saben que hola de saludo se escribe con h y ola de mar sin h, o que nunca aciertan con la c y la s en necesito, o creen que absorber va primero con b y luego con v (y conste que los hay), pero son autores que por diversos motivos ya se han ganado la publicación, y son tan magníficos que los editores les perdonan ese pecado (que, en literatura, yo considero mortal).

Pero cuando uno es inédito, no existe editor que se banque tres líneas con noventa y nueve faltas de ortografía, y que encima hay que releer porque una coma mal puesta provoca ambigüedad.
Así que si uno quiere publicar y sabe que su escritura es pródiga en ideas y apestosa en cuanto a idioma, bien le vale solicitar la ayuda de un corrector. Casi todos los talleristas, y hasta gente como yo hemos realizado esa tarea a cambio de unos cuentos cientos de pesos.
Pero, hablando con sinceridad, yo creo que si alguien no sabe escribir correctamente, le conviene abandonar la literatura y probar con la carpintería o la venta de cosméticos (ambas cosas que siempre quise hacer).

Muy bien. Pongamos que escriben muy pero muy bien y que ya pasaron el corrector de Word por el texto.
¿Qué sigue? Sigue armar un lindo paquete. Impresión en una sola cara de la hoja, letra Arial o Times New Roman, cuerpo 12 (yo escribo títulos en letras lindas a elección y pongo dibujitos como separadores), y encuadernado (anillado está bien). Al texto agregar el CV (versión corta) y, se recomienda (yo no lo hago) un resumen del libro. Algo así como el cartel de venta de la historia.
Hay editoriales que piden primero el cartel y, si les interesa, recién ahí el original. Cosa rara. El proyecto que le dicen. El script. Algunas de esas palabras técnicas que se ponen de moda.

Tal vez pasaron años enfrescados en su historia. Tal vez sean excelentes escritores esperando ser descubiertos. Pero hay que tener algo en cuenta: vuestro original, es un "original no pedido", y ahí, muchachas, muchachos, es cuando la cosa se pone jodida.
Hay editoriales que no -repito, no, no negativo- NO aceptan originales no solicitados. Es decir, sólo publican lo que ellos piden, de los autores que ya conocen.
¿Qué es lo peor que puede pasar si uno se acerca, sin saberlo, con su original bajo el brazo, a una editorial de NO se aceptan originales no solicitados? Sólo una cosa: que se tengan que volver con el original bajo el brazo y, si lo enviaron por correo, que vaya directo a la basura de originales no solicitados.
Si les toca la gracia de vivir ese incómodo momento, sepan que han ingresado al círculo vicioso de la literatura inédita: no los publican porque no son conocidos, y no son conocidos porque no los publican.
Lo lamento.

Pero volvamos a la idea de que sí, pueden llevar el original a una editorial que sí -repito, si, si positivo- acepta originales de pobres infelices.
Uno: no conviene enviarlo por correo. Queda más lindo entregarlo en mano. Dos: no conviene entregarlo en mesa de entradas a nombre de la editorial.
Pensaban que era fácil.

Tienen que averiguar quién es el editor de la sección o colección en la que ustedes sueñan publicar su libro, y a esa persona hay que encomendarle el retoño.

Retrocedamos. Se supone que cuando llevan el original a una editorial, saben por qué han elegido esa empresa y no otra. Por ejemplo: sería estúpido llevar un libro titulado "La maravillosa vida de un precioso e inteligente niño judío" a una editorial llamada "Raza Aria".
No conviene.

Un ejercicio que yo he practicado cantidad de veces, es pasar horas en alguna librería buscando qué editorial combina con el libro que estoy escribiendo. Y cuando sé qué editorial, qué colección de esa editorial. No es sencillo. Cada editorial tiene su perfil, su ideología, su presupuesto, sus colecciones. Pueden parecer todas iguales, como las carteras, pero cuando uno conoce el medio aprende a distinguir un modelo de Prüne, de uno de XL, de otro de Blaqué, de Skïn, y por supuesto de una imposible Hermès. (Sí, me gustan las carteras).

Sigamos. Tienen el libro limpito y arreglado. Eligieron editorial. Averiguaron el nombre del editor que dirige esa colección.
¿Qué más se puede pedir? ¿Una recomendación?
Sí. Eso. Con una recomendación "seria", es decir, de alguien que el editor conozca y respete, se abren las puertas del cielo. O, por lo menos, se asegura la lectura del original. También puede tratarse de un agente literario, que en este país no los hay en cantidad, pero sepan que lograr que un agente literario quiera trabajar con uno, es tan difícil como lograr ser publicado, y encima el tipo se lleva un porcentaje.

Yo he trabajado con un agente en lo relacionado a libros para grandes, pero me manejo por mi cuenta en la sección literatura infantil.

Ganar algún premio literario importante, ayuda. Da a conocer el nombre. Claro que no es lo mismo ganar el primer premio de cuento de la Intendencia de Chacharramendi, que el segundo premio de la editorial del momento.

¿Y si no tienen recomendación, ni agente literario, ni conocido, ni fueron capaces de poner unas lucas en medio del original porque no les pareció ético? Han ingresado al campo de las posibilidades, las oportunidades y las circunstancias.

Hay editores que cada tanto chequean lo que llega nuevo de autores desconocidos, porque saben que así es como se descubren talentos. Y otros que no. Y otros que tienen tanto trabajo que les gustaría pero no encuentran el momento. Y otros que no sé.
Pero se puede. Muchos lo hemos logrado.

Mi historia de publicaciones es la siguiente:
primero publiqué un pequeño libro (que no es lo mismo que "librito") por medio de una Mutual que utilizó la venta del mismo para recaudar fondos. Luego me contacté con la editorial Albatros, que estaba publicando libros de texto para chicos (de magia, filatelia, etc) y ofrecí escribir un manual de periodismo (en realidad, dije que ya lo tenía escrito y, cuando el proyecto se aprobó, me largué a trabajar). Entregué una sinopsis del libro, más o menos la estructura, capítulos, ideas.
Luego gané un concurso de cuentos de Colihue, y mi libro se publicó.
Y por fin entregué en mesa de entradas de Alfaguara (¡y a nombre de la editorial!) el original de "Nunca confíes en una computadora" y, a los diez días (nunca jamás volví a recibir una respuesta tan rápida) la editora de entonces me llamó para publicar mi libro.
Desde allí me hice conocida y me resultó más sencillo presentar libros, pero no más sencillo publicarlos.
(Para que conste: la editora de Alfaguara ya conocía mi nombre por haber ganado el premio de Colihue, y eso la motivó a leer mi libro. No sé qué hubiera pasado -y nunca lo sabremos- si yo hubiera sido una total y absoluta desconocida).

¿Sigue la historia? Sigue.
Llevaron el original a una editorial y lo dejaron a su suerte.
¿Lo va a leer el editor? No siempre. En general es enviado a un lector profesional, que lo leerá y escribirá un informe teniendo en cuenta cantidad de aspectos que relacionan libro/editorial/mercado.
Si el informe es negativo, y uno es un desconocido con primer libro, lo más factible es que el libro sea amablemente rechazado. Si el informe es más o menos, se enviará a otro lector. Y si es positivo, se enviará a otro lector, o lo leerá el editor, o más lectores aún. Hasta desempatar o tomar una decisión.

¿Y si el informe es positivo y el libro es maravilloso, se publica?
No tan rápido. Puede ser maravilloso pero. Y existen muchos pero muchos peros.
Pero no es comercial (no queda claro quién compraría ese libro, cuál es su público, o su público es muy reducido y por lo tanto no conviene, económicamente, su publicación).
Pero esa editorial no encuentra en qué colección incluirlo. Y habrá que empezar de nuevo en otra.
Pero el presupuesto de la editorial no permite su publicación en ese momento, y queda pendiente (y a veces pasa que cambian editores y la gente nueva no lo quiere).
Pero la editorial ya publicó un libro con una historia similar, o una idea parecida, o una tesis sobre el mismo tema, y no le sirve publicar otro.
Pero a la editorial le gusta el libro pero considera que el nombre del autor no ayudará a las ventas. (Es decir, no lo comprará nadie, más allá de la madre y las tres tías solteras).
Pero...

Editar es una inversión, y todos, autores y editores, queremos recuperar lo que invertimos.

Otro gran tema a tener en cuenta si uno desea publicar sin suicidarse antes del nonagésimo intento, es lo que yo llamo "los tiempos editoriales".
Los tiempos editoriales son extraños, absurdos a veces, y absolutamente caprichosos e impredecibles. Pero si uno quiere entrar en ese juego, tiene que aprender a jugar.
Por ejemplo: a esta altura del año, casi todas las editoriales saben qué publicarán a lo largo de todo el 2009 y tiene proyectos para el 2010. Eso significa que un libro aceptado hoy, con suerte se publique en 2010/11. Y hay que bancárselo, aunque uno tenga una enfermedad terminal, y el médico haya dicho que le quedan tres meses de vida.
Incluso es posible tener que esperar un año (a veces más, a veces menos) sólo para saber si el libro fue o no fue aceptado. Y juro que esperar un año para luego ser rechazada (¡me pasó, me pasó!), es una estocada mortal contra el ego, la autoestima, la seguridad, el talento y todo lo que uno es. Recuperarse lleva tiempo, volver a escribir es un suplicio, volver a creer en uno es un milagro, y matar a todo el mundo no es la solución.

Pero cuando uno se dice escritor, se levanta y monta de nuevo.

Es una carrera con obstáculos, y los obstáculos fueron construidos por un gigante resentido.

Hay que lograr que el material llegue a las manos indicadas. Hay que esperar con paciencia y resignación por la respuesta. Hay que mantener el contacto con el editor, sin ser cargoso ni parecer desesperado. Y si la respuesta no es la que esperábamos, se puede llorar dos horas, lanzar un puñetazo a algo blando, y volver a intentarlo en otro lado.

También sirve releer el original y ver qué falló.
Salvo contadas excepciones, nunca podremos leer el informe del lector, y en general las notas de rechazo son siempre iguales. Ergo: no tenemos modo de saber qué opinaron de verdad sobre nuestro libro.
Pero no siempre son los editores los malos y los escritores los buenos. Muchas veces nos damos cuenta, a la distancia, que el libro no es tan bueno ni tan original como pensábamos, y a veces hasta nos hacen un favor al no publicarlo.

¿Y si dicen que sí? Que lo publican. Que es comercial. Que nuestro nombre alcanza. Que es buenísimo. Bueno, llegó la hora de descorchar la coca zero y tomar... tomar una copa nomás. El resto mejor dejarlo para cuando se firme el contrato, que es cuando la cosa se pone seria y comienza a andar.

Luego vendrá la corrección (y el corrector o el editor quiere cambiar algo que nosotros no, y como sabemos que no tenemos nombre, que no tenemos peso, habrá que ver si podemos mantener nuestra postura o cambiaremos lo que quieran cambiar), las ilustraciones (y a veces tenemos voz y voto, y otras voz, y otras voto, y en general nada), y cantidad de detalles, literarios y técnicos que aceptaremos y agradeceremos y hasta nos sentiremos con ganas de abrazar a quien sea porque por fin, se publicará un libro nuestro.

¿Termina acá? Mmm... no exactamente. Viene la parte de la promoción, la presentación, la distribución y el apoyo que brinde la editorial y los medios.
Hay libros excelentes que no se venden porque no reciben promoción. Hay libros excelentes que no reciben promoción y se venden por el famoso boca a boca. Hay libros excelentes que reciben promoción, y no se venden. Y hay libros excelentes que reciben promoción, y se venden muy bien.

Todos están de acuerdo en algo: es imposible saber cuál será la historia de cada libro.

¿Ahora sí, se terminó? Sí, creo que si. No olviden cobrar sus derechos de autor (puede ser en forma cuatrimestral, semestral o adelanto a cuenta de derechos).

Y cuando vean su libro en una librería, y les suba la presión y el corazón enloquezca, y tal vez firmen unos ejemplares, y alguien se les acerque para decir que le gustó, bueno... tómense un minuto y luego, luego sigan escribiendo. Que tendrán que comenzar todo de nuevo.

Nota necesaria: todo lo escrito parte de mis vivencias a la hora de publicar. No soy editora ni he trabajado nunca en una editorial.

09 octubre 2008

A PARTIR DE MAÑANA (UN POST QUE SÓLO PUEDO ESCRIBIR HOY)

La culpa de mis 40 la tiene Alberto Cortéz. Si no fuera por él, los 40 serían simplemente otro número redondo. Como los 10, los 20 o los 30 que no pasaron de ser una curiosidad numérica. Uy, mirá, este año cumplo redondo. Qué lindo.

Pero entonces Alberto Cortéz escribió y cantó una canción para festejar sus 40, y varias generaciones tuvimos que deprimirnos con él.
(En caso de que yo esté equivocada, y haya escrito esta letra para sus 50, con la oculta intención de asegurarse 100 años de vida, no importa, yo siempre creí que se trataba de los 40).

Recuerdo escuchar y cantar la canción desde muy pequeña. Y desde myy pequeña me llamó la atención la afirmación contundente de que los 40 son la mitad de la vida. Como si hubieras llegado a la cima del Himalaya y no se pudiera subir más. Y, sobre todo, que los 40 eran cosa seria.

Recuerdo hacer la cuenta de en qué año cumpliría 40. También contaba cuántos años faltaban para el 2000. Nunca me preocupé. Los resultados eran tan dramáticos que no podía tratarse de otra cosa que de ciencia ficción. Llegar a los 40 era el equivalente de viajar por el tiempo. Algo que nunca iba a suceder.

Beth, la menor de la familia March, de "Mujercitas", le dice a Jo, antes de su muerte que, al contrario de sus hermanas, ella nunca planeó su futuro. No pensó en casarse y adoptar cinco huerfanitos. Porque, de algún modo, sabía que su vida no sería larga. Y claro, unos capítulos después, se muere.
Con la misma convicción de Beth, yo siempre supe que los 40 a mí, no me llegarían. Que era cosa que le pasaba a las amigas de mi mamá.

Hace 20 años, me lancé en aladelta desde un cerro de Barra de Tijuca, en Río de Janeiro. Ni siquiera recuerdo el nombre del instructor que iba a mi lado y a quien le confié mi vida. Él me dijo, en portuñol, corré y saltá. Y yo corrí y salté. Al vacío.
Ahora me piden que haga lo mismo, pero no estoy segura de que la sensación sea similar: correr y tirarse a los 40. Y yo voy a correr y saltar, porque si no te empujan.

Dice Cortéz:
"A partir de mañana empezaré a vivir la mitad de mi vida".
Y yo me pregunto, ¿cómo sabe él que voy a vivir 80 años, y no 75 o 108?
"A partir de mañana empezaré a morir la mitad de mi muerte".
Esto ya no lo entiendo muy bien. Pero es previsible. Con la edad se te mueren neuronas. Aunque el estado mental de Cortéz cuando escribió esta canción tiene que haber sido similar al mío de ahora. Deberíamos entendernos. Si voy a comenzar a morir la mitad de mi muerte, significaría que voy a estar muerta 80 años. Y luego resucito. Lo cual puede resultar interesante para los terapeutas de vidas pasadas o alguna iglesia.
"A partir de mañana empezaré a volver de mi vieja de ida".
Acá la pifió. Porque en general uno regresa de los viajes por el mismo camino por el que llegó. O sea, el mismo paisaje. Las mismas medialunas. El mismo baño sin papel higiénico. Y yo pienso seguir viajando. Porque si no te sucede como en todos los viajes, que la ida duró una eternidad, y en cambio estás de vuelta en dos minutos, siempre que no te agarre tránsito a la altura de Chascomús, lo cual sumás tedio y fastidio al regreso.
"A partir de mañana empezaré a medir cada golpe de suerte".
Qué bueno por él. Porque yo nunca me gano nada.
"A partir de mañana empezaré a vivir una vida más sana".
Yo sabía. Lo de siempre. Que no hago suficiente gimnasia. Al médico no le alcanza que le digas que sos una activa ama de casa madre profesional que no para un segundo. Necesita que le muestres el carnet del gimnasio.
"Es decir, que mañana empezaré a rodar por mejores caminos"
Me confundió. ¿No era que estábamos volviendo?
"El tabaco mejor y también por qué no, las mejores manzanas,
la mejor diversión y en la mesa mejor, el mejor de los vinos".
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
Eso es otra cosa. Ahora vamos arrancando. Nos estamos entendiendo.
Lástima que no fumo. Ni tomo. Ni me drogo. Y no me gusta mucho las manzanas. Y todo de lo que quisiera "lo mejor" engorda, con lo cual ya no estaría viviendo una vida más sana. Ahora no sé... me entró duda...
"Hasta el día de hoy, sólo fui lo que soy, "aprendiz de Quijote""
Bueno, él debe haber peleado contra molinos de viento. Yo sólo intento llegar a fin de mes.
"He podido luchar y hasta a veces ganar, sin perder el bigote".
Yo no pude. Me depilé.
"Ahora debo pensar que no pueden dejar de sonar las campanas,
aunque tenga que hacer, más que hoy y que ayer...
a partir de mañana".
Sí, ya lo sé viejo. Ahora todo me cuesta el doble. Sin ir más lejos ayer levanté una caja (terminó la obra en mi depto, quedó precioso) y pasé cinco horas tirada en el piso esperando que vinieran a auxiliarme, y cuando mi marido llegó y trató de levantarme se quedó duro él, y vinieron los chicos y se nos tiraron encima porque pensaron que estábamos jugueteando, y al final todo se resolvió con una dosis inyectable de relajante muscular. Pero no fue nada.
"Si a partir de mañana decidiera vivir la mitad de mi muerte
o a partir de mañana decidiera morir la mitad de mi vida".
¿Y si decido seguir como hasta ahora, digamos, dejar que el tiempo pase? ¿Se puede?
"O a partir de mañana debería aceptar, que no soy el más fuerte,
que no tengo valor ni pudor de ocultar mis más hondas heridas".
Perdón, pero hay que ser boludo para darse cuenta recién a los 40.
"Si a partir de mañana decidiera vivir una vida tranquila
y dejara de ser soñador, para ser un sujeto más serio,
todo el mundo mañana me podría decir: "se agotaron tus pilas,
te has quedado sin luz, ya no tienes valor, se acabó tu misterio".
A ver... vamos por partes. Lo de dejar de ser soñadora me suena a jubilación o retiro obligatorio. Como escritora no es lo más conveniente. No me convence... Lo de las pilas, claro, era otra época, no se hablaba de ecología. Y lo del misterio... qué querés que te diga. Doce años de casada, dos hijos, celulitis, cuatro blogs, tantos libros. Mucho misterio que digamos no queda...
"Cada golpe de suerte empezaré a medir a partir de mañana.
De mi vieja de ida empezaré a volver a partir de mañana.
La mitad de mi muerte empezaré a morir a partir de mañana.
La mitad de mi vida empezaré a vivir... a partir de mañana".
Bueno, bien por él. Qué lindo. Qué suerte. Pero yo paso. Mucho drama, viejo. Son 40. No es que me agarré una peste incurable o tenía todos mis ahorros en un banco yanquee. Y además... ¿y si mañana salgo a la calle y me pisa el 113 que es el único colectivo que dobla por mi calle? ¿Y si tanto quilombo con esperar hasta mañana y resulta que me perdí el hoy?

Hagamos una cosa. Mañana festejamos con coca zero. Me dan regalitos, y seguimos como siempre. Y yo le digo a esa nena que hacía las cuentas para saber cuándo cumpliría 40, que el resultado era el 10 de octubre de 2008. Y que llegó. Y que es bárbaro que yo haya llegado con algo más de madurez e inteligencia que cuando hacía las cuentas. Y que el 2000 también pasó. Hace ocho años. Y la computadora sobrevivió sin inconvenientes. Y que me casé. Tuve hijos. Escribí libros. Planté árboles (aunque el árbol que planté está ahora todo bichado y me tengo que ocupar). Eso le digo. Y que se pasa volando, también. La ida, la vuelta, el entretiempo, el paso por los peajes, todo. Y que el tema te dá para una linda canción, algún poema, una entrada en el blog, y listo.

Después... después hay que seguir laburando.