20 julio 2008

MAMÁ ESTÁ EN INTERNET

Mi hijo (alguno de ellos) en casa de un amiguito, y frente a la compu: -¿Sabés que mi vieja aparece en Internet?
Amiguito: -¡No me jodas!
M.H: -En serio. Vos ponés el nombre de mi vieja y aparecen como quichinientos lugares que hablan de ella.
A: -No... me estás diciendo cualquiera...
M.H: -¡Pero te digo que es en serio, boludo!
A: -¿Tu mamá es famosa?
M.H: No... no sé, en la calle no la para nadie... así que famosa no es.
A: -¿Aparece en la tele?
M.H: -No, tampoco. Aparte viste que es mi mamá, no es como las minas de la tele, que tienen tetas y esas cosas.
A: -No, claro... yo la ví a tu mamá, no está tan buena...
M.H: -¿Pero querés verla en Internet o no querés? Hasta hay fotos de ella.
A: -¡No! Qué masa... A ver, buscala.
M.H: -Esperá porque el apellido de mi vieja es re-difícil. Encima me lo pusieron a mí, una cagada. ¿Ves? ¡Ahí está! Todos esos links son sobre mi vieja.
A: -¡¡¡Uau!!! Alucinante, bolú. ¿Y de qué tratan?
M.H: -¿No sabés leér, tarado?
A: -Está bien, está bien, no me apures. Ah... porque tu vieja es escritora, ahora me acuerdo. Cuando estábamos en segundo vino a leernos un cuento.
M.H: -Sí, por eso. ¿Ves? Están las librerías que venden sus libros... notas sobre ella...
A: -Una cagada.
M.H: -Y, sí... pero...¿acaso tu vieja está en Internet, como la mía?
A: -No... no creo. Mi vieja vende Avón. Pero esperá... esperá boludo... mirá ese link.
M.H: -A ver... ése no lo había leído nunca...
A: -Porque tu vieja no es joven...
M.H: -No... creo que ya pasó eso... esperá que leo... "jóvenes colombianas penetradas"... ¿Vos sabés qué es?
A: -No... a lo mejor es una librería de Colombia.
M.H. -A lo mejor en Colombia dicen penetrar en vez de entrar. O en vez de empuje y tire. Penetre la puerta.
A: -Sí, viste que en México al dulce de leche le dicen cajeta. Cualquier cosa.
M.H: -Entrá, entrá a ver. La conocen a mi vieja en Colombia, ¡una masa!
A: -Dice que hay que tener 18 años...
M.H: -Vos poné que tenemos, total acá no te ve nadie. ¿No nos ven por la webcam, no?
A: -No pelotudo.
M.H: -Lo que pasa es que la compu de mi vieja no tiene webcam.
A: -Uaaaaaaaaaaaaauuuuu. Esperá, ¿esto cómo se mira?
M.H: -Así, tenés que poner la cabeza para este lado, de costado, ¿ves?
A: -Ah, ya entendí. No se entendía nada. ¿¿¿Ésa es tu vieja???
M.H: -No sé... no le veo la cara... y esa parte yo no se la ví nunca.
A: -¿Y tu viejo cuál es?
M.H: -Me perdí boludo, no sé... mi viejo tiene una cicatriz de cuando le sacaron el apéndice. Yo siempre le pido que me la muestre.
A: -Vos fijate si encontrás la cicatriz entre esos cuatro, y yo me fijo con estos dos. (...) ¿Y?
M.H: -No, están todos muy juntos...
A: -¿Ahí es donde tu vieja vende los libros?
M.H: -No sé.... debe ser, porque mi casa no es. A lo mejor le están pidiendo autógrafos. Mi vieja te firma el libro si le pedís.
A: -Ahí le están prestando varias lapiceras, me parece.
M.H: -Sí, debe ser eso. A mi vieja le encantan las lapiceras, tiene un montón, por eso agarra todas.
A: -Le voy a mostrar a mi vieja que tu vieja está en Internet. ¡¡¡Maaaaaaaa!!!! ¡Má! Mirá, la mamá de él está en Internet.
Mamá: -Ah... y se hizo las lolas.

Gracias a Dios, Jehová, a todos los santos y a la Santísima Trinidad, al destino, el azar y la naturaleza, el darwinismo y el creacionismo, el diálogo de arriba es ficticio pero... podría suceder.
Varias veces he encontrado que mi nombre remite a páginas web estricta y oficialmente pornográficas. (Ya los veo, corriendo a buscarme en Google). No pasa siempre. Son como links fantasmas. A veces están y la mayoría de veces, por suerte, no.
La primera vez que lo descubrí entré a la página en cuestión (sin ánimos de entretenimiento) para buscar un responsable a quien denunciar, pero claro que no lo encontré. Luego mi marido me explicó (mirando fijamente la pantalla) que se trataban de páginas que buscan, en forma autómatica, sitios visitados, y se cuelgan de esa búsqueda. Lo cual me otorgó cierto gozo (no confundir términos) por el hecho de que mi página gozara (ídem) de prestigio o popularidad, aunque enseguida regresé a mis cabales y dije qué horror, y qué terrible, y mirá si los chicos encuentran esto. ¿Te imaginás, mirándolo en casa de un amiguito?
El resto, lo de arriba.

11 julio 2008

LA CULTURA

-¿Te acordás qué era la cultura?
-...
-Dale, eso, la cultura.
-¿Esa serie de televisión..?
-¡No viejo, no puedo creer que no te acuerdes!
-Sí, sí, me acuerdo... es que me falta la palabra... una vez fuimos...
-¡La cultura, che! El conjunto de saberes que se adquiere a través del arte, las ciencias, esas cosas.
-¡Eso! Lo tenía en la punta de la lengua. ¿Y por qué dejamos de ir?
-¿Pero no te digo que no es un lugar?
-Sí, sí, te entendí. Ok, ¿por qué dejamos de comprar cultura?
-Por eso, lo que vos dijiste, porque ya no la pudimos comprar.
-Ah... viste que yo sabía.
-Se nos fue yendo la cultura de a poco... qué lo parió. Al principio dejamos de comprar cedés, porque estaban carísimos y nos bajábamos la música.
-Qué épocas aquellas. Me acuerdo cuando me pasaba todo el día bajando rock nacional.
-Después dejamos de comprar libros...
-¿Y esos los bajamos?
-Dos o tres nomás. De música conseguís lo que querés, pero con los libros es más difícil... no encontrás muchos. Además viste que a mí me revienta la vista leer en la pantalla. Y si los imprimís, te cuesta lo mismo.
-Ni idea de cuánto debe costar un libro ahora...
-Y... ponele alrededor de 50 mangos.
-Importados ni en pedo.
-Después dejamos de ir al cine. Porque aunque nos bajábamos películas, las buenas nos gustaba verlas en pantalla grande y con buen sonido. ¿Te acordás?
-Cómo no me voy a acordar... Creo que la última película que vi en el cine fue "La vida de los otros". Un peliculón.
-...
-Che, ¿hay cines todavía?
-Pocos, me dijeron. Los multicines cerraron y los terrenos se vendieron para hacer torres. Y en un par pusieron ferias americanas. Traen ropa usada de Estados Unidos. Te conseguís una remera Nike por dos mangos.
-Tendríamos que ir.
-Y el teatro...
-¿Qué teatro?
-No, te digo que el teatro... que me acuerdo del teatro...
-Yo quise una vez ir a ver el Cirque du Soleil o como mierda se llame. Salía con una mina a la que le gustaban esas cosas. Pero la entrada salía como 600. No te miento.
-¿Y qué pasó?
-Cambié la mina por una de bajo mantenimiento.
-Yo también quise ir a un par de espectáculos. Pero imposible, viejo, imposible. ¿Sabés a quién quise ir a ver? A unos artistas catalanes que hacían una obra sobre la silla, pero costaban un huevo las entradas.
-Vos te enganchás con cualquier porquería. Te pongo una silla en el living y la mirás por dos horas y ya está.
-¿Pero vos te das cuenta de que la cultura sólo está disponible para la gente de guita?
-¿Y ahora te venís a dar cuenta, gilún?
-No... yo digo... porque esa gente como que ya tiene cultura, ¿no? Y a la gente que no tiene nada, tampoco le llega.
-Acabás de descubrir cómo funciona el mundo occidental capitalista, te felicito.
-No seas pelotudo. Es serio lo que digo. Porque un cigarrillo de paco lo conseguís a dos pesos, pero un libro ni en pedo.
-¿Vas a romper mucho las bolas con el tema?
-Si te jodo me callo. Yo decía nomás. Porque yo siempre creí que la cultura, el arte, te puede cambiar la vida. En serio.
-Estoy aburrido. ¿Hoy qué hay para ver?
-Lo del baile en el caño.
-Dale, ponelo. ¿Tenés una cerveza?
-Esperá que me fijo.
-Por lo menos nos queda la tele.
-Por lo menos...

08 julio 2008

PARA ORGULLO DE SUS PAPIS Y MAESTROS

Josefina, Belén y Luisina son tres chicas menores de 14 años que viven en la provincia de San Juan y que leen. Así de sencillo. Me contactaron para un trabajo práctico, y otra vez para organizar un grupo de lectura. Desde aquí no puedo menos que apoyarlas, aplaudirlas, acompañarlas, asesorarlas y sentirme muy pero muy orgullosa de que sean como son. Va una parte del trabajo que escribieron.

Muchos adultos creen que a los jóvenes argentinos de hoy nos sobra tiempo para realizar actividades “frívolas” (desde su punto de vista) y por eso agregan actividades extras a nuestro ajustado horario. De forma que nosotros tengamos que elegir entre el modo de disfrutar de nuestro momento de relajación el cual puede ser una agradable tarde de lectura, o salir con amigos -vale aclarar que nosotros elegiríamos salir con nuestros amigos-. Ésta puede ser una de las tantas respuestas al interrogante primero.
Un punto de vista de gran importancia es el perfil de cada tipo de chico. El adolescente que no tiene la costumbre de leer generalmente es el ser llamado tipo común, a veces el personaje leído en los libros, pero no el que lee-como ya aclaramos anteriormente-. El joven que lee, es generalmente el chico raro, botón, traga, gusano de libros, etc. Entonces nos da pie para las siguientes interrogantes ¿Por qué es que se los excluyen de tal forma a estos jóvenes? ¿Es que acaso la sociedad se ha vuelto no lectora? Cosa muy importante a tener en cuenta cuando se nos estudia: los
jóvenes y la sociedad, sobre todo ya que en esta etapa de nuestra vida que la sociedad representa un papel tan importante.
¿Y los profesores? ¿Qué papel cumplen con respecto a nuestras lecturas? ¿Son conscientes de cuál es la mejor forma de incitarnos a leer un libro? ¿O siguen creyendo que enviándonos a leer libros es la mejor forma de iniciarnos en el arte de la lectura? La verdad es que actualmente los profesores rara vez recomiendan libros a los alumnos, a no ser el profesor de literatura, claro está. ¿Qué opinan los profesores de la actual lectura de los adolescentes en Argentina? ¿Qué opinan los bibliotecarios? Aquellos trabajadores que seguramente sabrán bastante acerca de los nuevos hábitos de lectura en los jóvenes argentinos.
Planteamos las interrogantes desde cuatro puntos de vista: los padres, la sociedad, los profesores y los bibliotecarios, pero ¿Qué hay de aquellos que no están delante del libro sino detrás? Los autores tienen una interesante opinión sobre ¿Por qué no leen los adolescentes? como nos podrá demostrar Verónica Sukaczer.



07 julio 2008

LA FÓRMULA INFALIBLE

"Tres cadáveres aún sangrantes. Tres esqueletos bien embalados. Una vieja ahorcada con varias puñaladas en el pecho. Una dosis suficiente de susurros, gemidos ahogados y horribles estrépitos. Ubíquese todo eso en un castillo semiderruido, con un largo corredor con muchas puertas, de las que varias serán secretas. Mézclese, agítese y escríbase. El cuento está listo."
Fórmula para conseguir una historia de horror, publicada por un diario inglés en el año 1798. Autor anónimo.