31 enero 2008

UN PEQUEÑO MALENTENDIDO

Pongamos que de pronto uno descubre qué es lo que falla en la humanidad. Nada del otro mundo. Estás cruzando la 9 de Julio sin mirar, o almorzando en McDonald, o copiándote en un exámen, o gritándole a tu hijo, y click. Algo te suena en la cabeza. Como cuando recordás, cinco días después de las elecciones, dónde dejaste el DNI o el nombre de aquella persona a quien te la pasaste llamando: eh... Así de simple. Como el descubrimiento de la penicilina. Querés estudiar un hongo y te interrumpe un antibiótico.
Eso, justamente, fue lo que pasó.
Aquí.

Ponele que un día te das cuenta de por qué el ser humano es tan maravillosamente imperfecto. Por qué algunos asesinan, o mienten, o estafan, u ocultan, o engañan, o lastiman, o discriminan, o contaminan, o secuestran, o roban. Es decir: descubrís qué es lo que lleva a que algunos seres sean unos reverendos hijos de puta, en todas su amplia gama. Desde el infeliz que quiere que todos sean infelices, hasta el mal amigo, hasta el genocida. Porque del blanco al negro, hay infinita cantidad de grises.

Ahora lo sabés. Has sido iluminado. Se trata, simplemente, de un pequeño malentendido.
Se inicia entre dos personas pero crece como una avalancha. Uno dice una cosa, o hace una cosa, o escribe una cosa, y el otro entiende otra. Ese es el punto. El inicio del caos. El conflicto. El drama.
¿Y por qué pasa esto? Los motivos son varios: o el transmisor no pudo expresar claramente su pensamiento, o el receptor entendió cualquier poronga, con perdón de la expresión.

El 10 de octubre del 2006, (día de mi cumpleaños, valga la aclaración) escribí un post titulado Dios se comunica en Wingdings . Si uno lee el post completo, nota claramente que se trata de una sátira. Según la RAE, una sátira es un texto -en verso o prosa- en el que se ridiculiza algo o a alguien.
Una sátira es una mirada filosa y humorística de la realidad.
Por ejemplo, el autor Jonathan Swift escribió el que yo considero el mejor texto satírico de la historia. Se titula Una modesta proposición, y en el mismo Swift escribe que para acabar con la pobreza, nada mejor que comerse a los niños pobres.
¿Es posible, que en su época, alguien haya creído que Swift estaba haciendo apología del canibalismo? Por qué no. La mayoría de los seres humanos no leen. Por lo menos no leen libros. Al no leer libros no conocen las artes que el escritor utiliza para diferenciar una crónica, por ejemplo, de una sátira. Y todo les puede dar lo mismo. Como el hombre que por carecer de humor, no puede entender un chiste.
¿Alguien se habrá roto las vestiduras al pensar en un pequeño niño a la parrilla? Estoy segura de que sí. Por lo menos, Swift se debe haber ganado más de una puteada.
El problema radica en que doscientos setenta y nueve años después, mucha gente sigue sin saber leer. Y no son analfabetos. Simplemente no logran entender lo que leen porque sus cerebros no han desarrollado el sector correspondiente. Por lo tanto, cuando un texto, por x casualidad, llega a sus manos, ellos no logran extraer del mismo el mensaje del autor, sino que lo decodifican utilizando genes recesivos que nos remiten al hombre bestia. Al hombre que no entendía el chiste y mataba con un colmillo de mamut al chistoso.

Esto que sucede nada tiene que ver con la lectura personal, esa que hace el lector, producto de su biografía, su imaginación, sus deseos. O en la lectura entre líneas, en la que alguien cree descubrir un mensaje que el autor coló por allí. Es simplemente una lectura lineal con ausencia de comprensión. Pongamos un ejemplo: yo digo "hoy mataría a mi hijo", y en general el común de la gente entiende que mi paciencia se ha sobrepasado y que estoy enojada con mi hijo. Pero puede haber algunos -y a ellos nos estamos refiriendo- que entiendan que estoy informando que le quitaré la vida a mi hijo.

Ellos son los culpables de que el mundo ande así. A veces los conocemos con nombre y apellido. Bush, por ejemplo. Muchos están en la tele. Muchos leen blogs, con la falsa ilusión de que es mucho más fácil que leer un libro.
Son los que no entienden. Uno dice A y ellos creen que es B. Uno dice amor y ellos entienden lujuria. Uno no dice nada y ellos escuchan armas de destrucción masiva.
Muchos cayeron aquí y leyeron "Dios se comunica con Wingdings", y entendieron otra cosa. Y como entendieron otra cosa, mostraron los dientes, las armas, las garras. Pidieron sangre. Que alguien pague por su bestialidad e ignorancia.

Anónimo dijo...
Hola!!! es primera vez que leo esta pagina y me encanto yo queria saber como puedo aprender a leer la letra wingdingspor que yo naci el 13 de julio de 1994 y quiero leer lo que significa por favor xonectate conmigo a k_mil_1994@hotmail.comgracias.


Anónimo dijo...
Me parece de lo más absurdo tu analisis. Si quieres saber que dice Dios, ora y Él te responderá.


jorge dijo...
NO ME PARECE LOGICA ESTA EXPLICACION, Y MUCHO MENOS CUANDO TRATAN DE TRADUCIR FECHAS LLEVADAS A ESTA FUENTE, NO SE HAN DADO CUANTA QUE CUALQUIER NUMERO DEL 1 AL 9 SOLO GENERA ARCHIVOS, CARPETAS, DOCUMENTOS MOUSE, TECLADO Y CAMARA?ENTONCES TODOS EN ESTE PLANETA TRABAJARIAMOS CON LO MISMO...NO TIENE SENTIDO AMIGA...


Anónimo dijo...
simplemente estupidoNINGUNO DE LOS VUELOS LLEVABAEL NUMERO Q33 NY es pura farsay dios no existe, no hasta que no pueda comprobarlo, no viviré de una fe falsatoda mi vida


Anónimo dijo...
Para ser atea te crees facilmente cualquier mierda que te dicen; normalmente una persona atea es de intelecto superior, capaz de tener la logica suficiente para no caer en las ideologias de la gente comun y corriente; a la que si le dices que esa plasta de mierda la envio dios... se la creen.


Anónimo dijo...
ANONIMO:NO PUEDO CREER ALGO ASI, NO CREO QUE DIOS SE RESTRINJA A UN UNICO LENGUAJE, Y ADEMAs que el te alla dicho eso, no lo puedo creer, otro invcento mas de satan? puede ser, al igual que la astrologia Y ESAS TODAS COSAS PAGANAS...


Wingdings dijo...
Mendiga vieja loca. Que diablos te tomaste antes de escribir tanta p....? Alguien te deberia meter al manicomnio. Para mi que eres una fan de Walter Mercado y la loca esa de Amira. Me pregunto que clase de libros son los que escribiste, se me hace que han de ser del mismo tema y por eso tienes tan afectada la cabeza. Ya haz algo más productivo y no estar viendo si los mensajes que te da un simple editor de texto son mensajes divinos. NO MAMES.

Anónimo dijo...
Para empezar ningun avion llevaba el numero Q33. Ese fue un invento de algun loco como esta vieja loca e ingenua que se creen todo lo que les dicen.


Ellos son. Han llegado. Como los jinetes del Apocalipsis. Como la sudestada. Como el tsunami. No tienen nombre. No tienen rostro.
Puede ser cualquiera. El vecino. El compañero de la facultad. El esposo. El amigo.
Yo no los quiero en mi blog. Pero qué puedo escribir en contra de ellos, si posiblemente no sepan ni puedan siquiera comprender el mensaje.
Son la mayoría.
Y así nos va.

Pero como en toda catástrofe humana, hay lugar para la esperanza:
Anónimo dijo...
Hola. Soy Dios. Hacía tiempo que no me conectaba, porque estoy muy ocupado con las guerras y eso.Debo aclarar que me he cambiado a Webdings, porque los dibujitos son más monos.La interpretación no es con efecto retrospectivo, sólo a partir del 2008. amén.

23 enero 2008

FACTOR 15 Y LITERATURA

Los últimos meses del año hago acopio de libros para que las vacaciones no me encuentren a la deriva y sin protección.
Terminé de leer con gran placer:
"Las primas" de Aurora Venturini, premio de novela de Página/12. No acostumbro comprar los libros que ganan premios (ojo, no tomar esto como ejemplo de nada ni consejo, sobre todo por si alguna vez llego a ganar yo), pero las entrevistas a Venturini que aparecieron en el diario en cuestión, más el módico precio del libro (10 pesos) me convencieron. Terminado el libro sólo puedo decir: "Señor de la literatura, permíteme tener esa audacia literaria, ese manejo lingüístico, esa capacidad de juego, ese talento a los 85 años, si es que todavía ando por aquí".
Estoy leyendo, con buen pronóstico:
"El regreso" de Bernhard Schlink.
Luego de haber leído "El lector" y "Amores en fuga" del mismo autor, no podía dejar de leer su última novela.
Están en lista para soportar calores veraniegos, rabietas infantiles y largas y mortales estadías al lado de la pileta:
"Pura anarquía" de Woody Allen.
"La biblioteca de noche" de Alberto Manguel. Con este libro me sucedió algo especial. Hace varios años leí una entrevista a Manguel sobre el mismo y me atrapó tanto que desde entonces venía buscando el libro. Pero el hombre lo estaba escribiendo o pensando o investigando. Pasé años buscando un libro que ni siquiera estaba editado. Aparecido. Visto. Comprado.
"Los hundidos y los salvados", de Primo Levi. El que me faltaba de la trilogía. Pero para este libro hay que encontrar el momento especial. A veces Levi y pileta no se llevan bien y mejor esperar por los primeros fríos.
"Los inconsolables" de Ishiguro. Luego de "Nunca me abandones", tenía que leer otro título del autor.
"Todo está iluminado", de Jonathan Safran Foer. Otro que no se conseguía. La película no me pareció gran cosa, salvo por un par de ideas que me quedé con ganas de saber cómo están contadas en el libro. Y además un libro y una película suelen ser dos cosas totalmente diferentes.
"El miedo a los hijos" de Jaime Barylko. Un poco de pedagogía mientras los pibes juegan a ahogarse en la pileta y yo creo que es de verdad porque no saben nadar, y les grito, y me contestan mal, y los saco de la pileta, y me putean, y los castigo, y así pasan nuestras hermosas vacaciones.
"Los juegos de Mastropiero" de Carlos Núñez Cortés (uno de los Les Luthiers). Este no es un libro para leer como una novela. Lo voy leyendo de a partes, cuando tengo ganas, me sirve para trabajar.
"Escribir teatro" de Ricardo Halac. Una asignatura pendiente: teniendo en cuenta mi gusto por el diálogo, ¿puedo partir de allí para escribir una obra de teatro? ¿Y cuáles son los códigos que debo manejar? Y la gran incógnita: ¿puede una persona que no escucha, y por lo tanto tiene vedado el teatro, escribir teatro? ¿Y eso sería ético de mi parte, estaría bien que hiciera algo a lo cual yo y, por lo tanto, los que son como yo, no podemos acceder? Me parece interesante buscar una respuesta.

Y mientras preparo el bolso (protector para los grandes, para los chicos, toallas, galletitas variadas, lona, antiparras, libro, juguitos, plata, cartas, socorro) aprovecho para avisar que durante lo que queda de enero y febrero me despido a medias del blog y nos encontraremos cuando comiencen las clases (si Macri permite a los niños pobres que van a escuela pública acceder a una educación).

03 enero 2008

VIDA SEGURA S.A

VIDA SEGURA S.A

La primera vez que llamó le dio ocupado. Pero con la paciencia de quien conoce al sistema y ya no lucha contra él, la señora R. volvió a marcar el número, con sumo cuidado. Intentando que el contacto de su pulgar contra la tecla correspondiente no hiciera ruido.
La señora R. estaba sentada al borde de la cama, la luz del velador apagada. Su esposo, el señor R., a su lado, miraba el teléfono como esperando que algo o alguien saliera del aparato.
A pesar de que en un primer momento la señora R. le había pedido al señor R. que realizara la llamada, el hombre dijo que no, que él no sabía cómo hacer esos trámites, que ella era quien siempre se ocupaba.
Esta vez, la señora R. escuchó el tono de llamada, y tomó el teléfono inalámbrico con las dos manos.
-Gracias por llamar a Vida Segura –atendio una grabación. –Si su credencial comienza con ocho millones, por favor, marque los veinticinco números restantes. Caso contrario, marque el número completo.
-¡La credencial! –chilló la señora R.
-¡Chist! –la calló el señor R. -¡Mas bajo!
-¡La credencial! ¡No preparé la credencial!
-¿No deberías dejarla al lado de la cama? –le recriminó el hombre.
-¿Y cómo sé yo cuándo la voy a necesitar? –lagrimeó la señora R.
Con un gesto histérico, la señora R. dejó el teléfono sobre la cama, se levantó descalza y buscó su cartera. La señora R. llevaba las credenciales en una billetera tarjetero. El dinero en un monedero viejo. Y en la billetera apenas un par de billetes de cinco pesos y papeles sin importancia, por si la asaltaban en la calle.
Buscó el tarjetero. Tenía la tarjeta Visa, la Master Card, la del supermercado, la Banelco para cobrar la jubilación, la de una casa de jueguitos electrónicos a la que cada tanto llevaba a sus sobrinos, la de la Obra Social, y por fin, sin uso siquiera, la de Vida Segura.
“Una tarjeta que ojalá no tenga que usar nunca” –le había dicho la promotora, la que se la vendió.
-Ojalá no hubiéramos tenido que usarla nunca –dijo la señora R, y levantó el auricular.
-Gracias por llamar a Vida Segura… -a falta de respuesta, la grabación había vuelto a correr, desde el saludo inicial.
-Qué voz de hombre que tienen estos locutores, los que graban estas cosas –dijo la señora R.
-¿Podés dejarte de pavadas y concentrarte? –le respondió el señor R.
La señora R. marcó los veinticinco números de su credencial, que comenzaba con ocho millones.
-El número que marcó es inexistente –dijo la voz. –Por favor, si su credencial comienza con ocho millones, marque los veinticinco números siguientes. Caso contrario, marque el número completo.
-¡Me pone nerviosa esta cosa! –dijo la señora R. –No veo bien.
-A ver, dame, dame –la apuró el señor R, quitándole el teléfono de las manos. –Vos dictame.
-8758982300016528974522639 –dijo la señora R, y enseguida el señor R. le devolvió el aparato.
-Llama –dijo la señora R.
-Buenas noches señora R. mi nombre es Evelyn, ¿en qué puedo ayudarla? –dijo una señorita del otro lado.
-¿Cómo sabe mi nombre? –se alarmó la señora R.
-Con su número de credencial tenemos acceso a sus datos, señora.
-Ah… claro… claro…
-¿En qué puedo ayudarla, señora R.?
-Nos… nos están asaltando –dijo la señora R. casi en un susurro.
-¿En este mismo momento?
-Sí, ahora.
-¿En su propiedad de la calle Carabobo XXX?
-Sí, sí, acá. Está ahora. Abajo. Lo estamos escuchando.
-¿Está segura de que se trata de un acto criminal? ¿No puede ser su hijo que ha llegado tarde?
-No… -dudó la señora R. –no tenemos hijos.
-¿Algún familiar que tenga llave?
-No… no esperamos a nadie. Y además rompió la puerta de atrás. El vidrio. En este mismo momento está revolviendo la platería de mi madre, que en paz descanse.
-¿Su casa tiene alarma conectada a Vida Segura Ya?
-No… no tiene. ¿Tendríamos que tener?
-Las alarmas ganan tiempo y salvan vidas, señora R.
-La chica que me vendió no me dijo… Pero ustedes van a mandar a alguien ahora, ¿no? La chica, la rubiecita, dijo que pagábamos por seguridad privada. Porque vio usted que los policías no ayudan para nada, todo lo contrario, ¿no?
-Sí señora R. Déjeme chequear sus datos.
-Apúrese por favor, mire si sube y nos ve. ¡Mire si nos lastima! ¡Somos gente grande, estamos solos!
-Estamos haciendo todo lo necesario, señora R. Mantenga la calma.
-¿Cuánto van a tardar? –pregunta el señor R. acercando su boca al auricular.
-Lo lamento, señora R. Su plan es diurno.
-¿Mi plan es qué?
-Su plan es diurno, señora R.
-Ah…
-Vida Segura cubre su seguridad entre las 8 y las 19 horas.
-No entiendo…
-Son las 23,47 horas, señora R. Su plan no cubre seguridad nocturna.
-Pero yo pago una cuota bastante cara. ¿Cuánto pagamos, querido?
-¡Yo qué sé! ¿Qué te están diciendo? –pregunta el señor R.
-Que no van a venir.
-¿Qué? ¿Cómo que no van a venir? Deciles que les voy a hacer un juicio de la puta madre, eso deciles.
-¿Entonces no van a venir?
-Tendrá que acudir a la policía del Estado, señora R. Si el incidente criminal hubiera sucedido antes de las 19 horas, ya le estaríamos enviando a nuestra gente. Pero a esta hora no podemos hacer nada.
-Bueno… yo no elijo cuándo entra un ladrón a mi casa.
-La entiendo señora R. Le aconsejo que llame ya mismo a la policía. Ellos la ayudarán. Buenas noches señora R. Recuerde que estamos para servirla.
-¡Espere, espere! No me corte –ruega la señora R. aferrándose a esa única voz, como si se tratara de un naufragio y la radio sólo los comunicara en esa frecuencia. -¿Puede llamar a la policía por nosotros?
-Lo siento señora R. No estoy autorizada.
-¡Dame el puto teléfono! –dice el señor R en voz baja, sin animarse a gritar, concentrando la furia en las venas del cuello.
-Habla el señor R. –le dice a Evelyn con autoridad.
-Buenas noches señor R. Ya le he explicado la situación a su esposa.
-Quiero hablar con su supervisor.
-Señor R. tiene que entender que no se trata de una cuestión de atención, sino del plan que ustedes han adquirido.
-Seguro nos estafaron –dice el señor R. –con la letra chica. O son cláusulas abusivas, eso son. ¿Me va a pasar con el supervisor o no me va a pasar?
-Espere un momento, por favor.
-Ya vas a ver cómo soluciono todo –le dice el señor R. a la señora R –tapando el micrófono del teléfono.
-Buenas noches, mi nombre es Eduardo, ¿en qué puedo ayudarlo? –dice una voz del otro lado del teléfono.
-¿Usted es el supervisor?
-Sí señor R. La señorita Evelyn ya me comentó su caso.
-¡Nos están asaltando!
-Lamento escuchar eso, señor R, cuando antes se comunique con la policía, antes estará a salvo.
-¡Pero yo no quiero llamar a la policía! Son todos unos desgraciados, unos corruptos, o están de paro. ¡Yo les pago para que me cuiden cuando me asaltan! ¿Y cuáles son las probabilidades? Ganan un montón de guita ustedes y no creo que tengan ni dos asaltos por día. A lo mejor los mandan ustedes… a los chorros, digo, para que les paguemos más.
-Esa es una denuncia sin fundamente, señor R. Comprendo que esté alterado, pero el posible hurto que está sufriendo no cae bajo la responsabilidad de Vida Segura.
-¿Y si le digo que el hombre entró a las 18,55, y que está en casa desde entonces?
-¿Eso es lo que ha sucedido?
-No… ¡si! Nos están asaltando desde hace tres horas pero la línea de ustedes daba siempre ocupado. ¿Nos van a mandar a alguien ahora?
-Es difícil de creer lo que usted está diciendo, señor R. Porque a la señorita Evelyn le informaron que acababan de escuchar la entrada del criminal.
-Soy viejo, nos equivocamos al leer la hora.
-Señor R. Vida Segura no puede ayudarlo en este momento.
-¿Y si le pago? ¿Si le pago la cuota extra nocturna?
-Si quiere cambiar de plan, mañana le enviaremos a una promotora.
-¡Ahora! ¡Quiero cambiar de plan ahora!
-Lo siento señor R. las oficinas de venta cierran a las 18 horas.
La señora R. sacude al señor R.
-Me parece que está subiendo –le dice al oído, tamblando entera.
-Este tipo nos va a matar y ustedes van a ser los responsables.
-Usted tiene un seguro de vida con nosotros, señor R. –dice Eduardo- en caso de perder la vida en forma violenta, se pagará lo que corresponde.
-¿Aunque sea a las 23.55? –pregunta el señor R.
-Las pólizas de vida no tienen un límite horario, señor.
-¿O sea que no me pueden ayudar en un asalto después de las 19 horas, pero sí pagan si el mismo chorro me mata?
-Podría decirse de esa manera, señor.
Agotado, el señor R. cuelga el teléfono.
-¿Y...? ¿Y...? –suplica la señora R.
-No nos van a ayudar.
-¿Llamo a la policía?
El señor R. vencido, asiente con la cabeza.
-¿Qué número es? –pregunta la señora R.
-El 110.
-No, ese es el viejo. ¡El nuevo! El de las series.
-¡Yo qué sé! Yo no miro mucha televisión, un poco de fútbol nada más.
-Dejame que piense. Si cierro los ojos seguro que lo veo… ¡911! Ese.
-Marcá, dale.
La señora R. marca.
-Da ocupado. Eso me dijo la rubiecita que me vendió Vida Segura, que la policía siempre da ocupado, y que aunque te comuniques nunca vienen. Que no tienen suficientes patrulleros. Que les bajaron el presupuesto.
-Volvé a marcar. ¡Dale!
La señora R. marca.
-Ocupado.
La señora R. lo intenta una vez más.
-Ustes se ha comunicado con el 911 –responde una grabación, una voz femenina- todos nuestros operadores se encuentran ocupados. Un momento por favor. Usted se ha comunicado con el 911. Todos nuestros operadores se encuentran ocupados…
Furioso, el señor R. le arranca a su esposa el teléfono de las manos y lo lanza contra una pared. Enseguida se queda inmóvil, su rostro se transfigura.
-Ahora ya sabe dónde estamos –dice el señor R. –Lo alertamos.
-Vos lo alertaste –dice la señora R. –que no podés controlar ese mal genio que tenés.
-Si nos mata a los dos –dice el señor R. -¿quién cobra el seguro de vida?
-No, nadie –dice la señora R.
-¿Cómo nadie?
-Si te morís vos cobro yo. Y si me muero yo cobrás vos. Pero si nos pasa algo a los dos, como no tenemos a nadie… le queda todo a Vida Segura. Eso me dijo la chica, la rubiecita. Pero me dijo que eso no iba a pasar, que era imposible. Que no me preocupara dijo.
Sentados en el borde de la cama, sin tocarse siquiera, el señor y la señora R. escuchan pasos que se acercan.