11 diciembre 2008

NADA

Hay momentos en la vida en los que uno no quiere hacer nada, lo que científicamente se conocen con el nombre de "síndrome de naditis".
El síndrome de naditis, que aún no está contemplado en la CIE-10 o DSM-IV, la lista de clasifición de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica de EE.UU, debido a que ninguno de sus descubridores ha realizado acción alguna para incluirlo, puede atacar en cualquier momento y a cualquier ser humano, sea cual fuera su sexo, raza, religión, nivel socio-educativo o pertenencias a grupos de Facebook.
El síndrome de naditis no perdona.

El primer síntoma de lo que llamaremos SNH (Síndrome de Naditis Humano) es cierta torpeza y lentitud en las actividades diarias.
Esto, que podría tomarse por cansancio cotidiano, relacionado con el trabajo o la maternidad, por dar algunos ejemplos, en realidad es el primer escalón de un complicado proceso neurobiológico que se ha activado en nuestro organismo.
Nuestras neuronas han cesado de producir conexiones sinápticas. Como un oso que se preparar para hibernar, simplemente se dejan estar en su lugar del cerebro, pero se niegan a relacionarse con otras neuronas de su entorno.
Las neuronas no mueren. No caen en coma. No se degeneran. Sólo se dejan estar.
Dijo XVB, neurona ubicada en el sistema parasimpático de un caribeño atacado por el SNH: "Yo, junto a una cantidad de comadres, estamos encargadas del aparato reproductor, más precisamente de levantar al muerto, no sé si me entiende. Pero desde hace días tengo como cosa... no tengo ganas, ¿vio? No encuentro estímulos, me siento agotado, quiero pensar en otra cosa que no sea sexo y sexo y sexo. Si hay que hacerlo, lo hago, pero dame tiempo chico, todo no se puede."

La claridad de esta neurona en particular ayuda a entender la prognosis del síndrome: uno no deja de hacer las cosas que hace todos los días. Pero todo cuesta más. Todo resulta un gran esfuerzo. Y, mientras se lleva a cabo la actividad (comer, ir al shopping, robar un banco, tener relaciones sexuales) una parte del cerebro nos dice que, en realidad, prefiríamos estar en la cama frente a una TV sin control remoto, mirando un canal que repita "La familia Ingalls" hasta el cansancio, porque tampoco sentimos fuerza para hacer zapping.

El segundo síntoma del SNH es el malhumor. Los que tienen hijos son los que mejor afrontan este momento, ya que gritarle a los niños ayuda a descargar esa energía negativa, pero además se considera un sistema pedagógico válido.
El resto deberá encontrar un interlocutor capaz de soportar la crisis sin realizar una denuncia penal ni colocar un buen gancho fatal.
Dijo la señorita Figueroa Alcorta Pueyrredón de Sáenz Alberdi, durante una sesión de hipnosis: "Mirá, te juro y rejuro que nunca antes había usado el látigo con el que el tatarabuelo ganó aquella carrera con su leal corcel, pero cuando vi que la chica me guardó la cartera Hermés junto a los zapatos Jimmy Choo, la única vez en la vida en que yo le permito tocar mis cosas porque realmente estaba rerecansada, me dio una cosa que no pude controlar y la agarré de esas mechas duras que tiene y le dí, le dí, le dí, porque si no estas negritas de mierda no aprenden más".

Quienes estudian, sin muchas ganas, el SNH, explican que esta fase tiene su razón de ser: el individuo enfermo no tiene ganas de hacer nada, se siente lento, perezoso y aburrido, seguramente tiene mucho calor o frío, tiene problemas financieros o amorosos y no sabe qué quiere comer ese mismo día, pero en su psiquis todavía funciona el centro de responsabilidad que le indica que debe levantarse cada día para ir a trabajar, llevar a sus niños a la escuela, levantar el calzoncillo de su marido que como siempre está tirado en el baño, poner la ropa a lavar, lavar los platos de la cena del día anterior, comenzar a preparar el almuerzo, y además ser creativa, depilarse, maquillarse y salir a ganar dinero.
Si toda esa presión, en alguien que justamente quiere apartarse de las obligaciones, no producen comportamientos agresivos, podemos pensar que el síntoma está siendo reprimido y explotará de cualquiera otro modo.

El tercer síntoma del SNH es la apatía total. El sujeto está lento, siente que no puede pensar. Se siente, como se dice, "abombado", se le caen los objetos de la mano, se olvida la tarjeta de crédito en el cajero, pierde dinero, rompe un par de platos, le grita a quien esté delante, sobre todo a las cajeras del supermercado Coto que realmente le ofrecen excusas en cantidad para que les grite, y ahora, de pronto, queda detenido, anulado.
Literalmente, se levanta y no puede avanzar. No recuerda a dónde iba. No logra articular palabra por no decir organizar su pensamiento. Su mente es un caos de recuerdos a medio recordar que no le aportan nada.
Todo lo que el paciente quiere en este momento, es irse a la cama y dejar de pensar. Quiere estar solo (lo cual provoca nuevas situaciones de agresividad con su entorno cercano), no quiere que le hablen ni hablar. No quiere compartir la TV, sobre todo no quiere volver a cocinar en su miserable vida, y tampoco desea realizar actos cotidianos imprescindibles como ir al baño, bañarse o atender el teléfono.
Todo le resulta un esfuerzo descomunal cercano al sufrimiento físico.
Dijo el músculo deltoide de un conocido luchador de sumo: "si... yo sabía que tenía que esforzarme... pero no sé... es que... era... ¿qué me había preguntado..?

La enfermedad se ha instalado. La persona no quiere hacer NADA, entendiendo como la nada misma la nada más absoluta.

Sin embargo, como en esta terrible enfermedad mental el sujeto mantiene lazos con la realidad que lo circunda, sabe, está convencido de que no puede dejarse vencer por el SNH, y cada día intenta realizar sus actividades, lo cual le provoca aún más sufrimiento y dolor, llegando en casos extremos a producirse ataques de pánico, esquizofrenia, división de la personalidad (una personalidad sale a trabajar, la otra se queda en la cama), u obesidad mórbida por exceso de ingesta de dulces (el chocolate, en cantidades industriales, mejora por pocos minutos el humor de los enfermos).

Se puede afirmar, sin ninguna duda, que el SNH será la plaga de la segunda década del siglo XXI. Veremos caer a las mejores mentes, a los mejores hombres bajo esta cruel enfermedad que producirá un importante no retroceso en todas las artes, las ciencias, y cada actividad del ser humano.
El SNH ya está aquí y no sirve negarlo.

Si usted ha repetido más de tres veces, en la última semana, la frase:
"NO QUIERO HACER NADA DE NADA", consulte con urgencia a su médico psiquiatra de cabecera.
Si él todavía quiere trabajar, seguramente podrá ayudarlo.
Por mi parte, termino de escribir este artículo y me ofreceré un merecido descanso en compañía de Dr. House, y juro y rejuro que si alguno de los integrantes infantiles de mi familia me pregunta qué hay de cenar, lo mando a la remilmierda.

1 comentario:

M.O. dijo...

Desde el laberinto de la web caí en el blog, atraído por su nombre y su curiosa metáfora: subtítulos en las imagenes que proyectan mis ojos, como definiciones inconclusas de lo que me rodea. Ninguna genialidad mi interpretación, desvaríos nocturnos nomás...
muy buen blog