24 abril 2008

MAMI COMPRAME COMPRAME

Hoy empezó la Feria del Libro en Buenos Aires.
Carajo...
La feria le hace mal a mi ego y a mi bolsillo. No sé a cuál peor. Pero además me involucra en una cantidad de rituales y obsesiones que ningún ansiolítico podría prevenir.
Cada vez que entro a la feria recibo una iluminación divina. Tal como Moisés con los diez mandamientos. Piso la feria y sé, con las tripas, con la razón, con el alma.., una de esas verdadesa absolutas que nos golpean de tal manera que todo lo demás no importa..., que es totalmente absurdo y ridículo que yo siga escribiendo. Que hay demasiados libros en el mundo. De todo tipo y para todo lector. Que no alcanzarían las vidas de varias generaciones para releerlo todo. Que hay libros maravillosos injustamente olvidados. Que hay libros sin ningún tipo de acción de márketing que esperan ser descubiertos. Y sobre todo, que agregar mi libro a esa vorágine de libros es como agregarle un grano de arena al desierto: no hace diferencia.
Sabido esto, debo huír de la feria y desintoxicarme en algún spa para escritores frustrados para recuperarme y volver a escribir, que es lo único que nunca en mi vida he dejado de hacer (en cambio de armar bijouterie me aburrí).
Ir a la feria incide en el presupuesto de la familia, de tal manera que hay que elegir entre si darle leche a los niños durante un mes o comprar libros.
Los niños son fuertes y si falta calcio un mes seguro lo podremos recuperar el mes que viene o hacerlos comer postrecitos en lo de la abuela, que les compra.
El presupuesto de este año es tan pobre y patético que es una vergüenza hasta que lo escriba aquí: 200 pesos argentinos. Unos 62 dólares. Más no puedo.
Lo sé: hay otros que van y no compran. O que ni siquiera pueden ir. Bueno... qué quieren que les diga... allá ellos. Pero si yo no leo no me alimento. Y según un capítulo de CSI, un ser humano puede sobrevivir tres semanas sin comida (3 minutos sin aire, 3 días sin agua, es la regla del 3 de la supervivencia, apréndanla, nunca saben cuándo les servirá).
Igual la entrada no la pago. O entro con mi certificado de discapacidad, o con las entradas gratuitas que vinieron el sábado pasado en Ñ. Algo es algo.
Sí habrá que contar una lágrima chica, tal vez una coca y una medialuna de manteca. El día es largo, la caminata ardua y habrá que reponer energías.
De todos modos tengo una regla para comprar: no compro nada que pueda conseguir en la librería del barrio al mismo precio.
Compro ofertas (¡el año pasado compré libros de la española Lengua de Trapo a $4 cada uno!, y todavía no los leí); compro libros imposibles de conseguir fuera de la Feria. Libros de stands de otros países o editoriales extranjeras, o ediciones viejas, o los que uno sabe que no venden las librerías o es imposible de conseguir, por ejemplo los títulos de Oliver Sacks, o libros de estudio que necesito ahora de Chomsky.
Me dejo atrapar por rarezas y curiosidades.
El presupuesto también debe alcanzar para un libro para cada uno de mis niños (el año pasado no alcanzó y yo me hice la boluda y no les regalé nada, total no es ninguna fecha en especial, día del niño o cumpleaños), y la propina para quien se haya adueñado del estacionamiento en la calle ese día.
Recorro la feria realizando siempre el mismo circuito. Desde la entrada principal, hacia la derecha, cada pasillo y cada salón por vez. Derecho hasta el fondo, a la izquierda, otra vez hasta el fondo, a la derecha, y así. Si no lo hago corro el riesgo de perderme un stand, Dios me libre y guarde.
Como todos los nostálgicos, extraño la vieja feria en el Centro Municipal de Exposiciones, con su pisito de arriba, pero no sus baños.
Me tiento en el stand de Parker pero no compro.
Busco mi vaso de Fernet con coca cola pero se lo toma mi marido (el mío y el suyo).
No participo de ninguna charla ni conferencia ni muestra ni nada que no sean libros.
En general voy sola, porque no me gusta seguir a nadie, no puedo obligar a nadie a que siga mi circuito, y voy a ver libros, no a hacer sociales. Pero el año pasado me acompañó mi esposo y me llevó las bolsas y disfruté su compañía. Él no estaba incluido en el presupuesto, así que lo invité con el café pero no se llevó libros.
Nunca compro de entrada. Anoto los libros que me interesan, su precio, y cuando termino la caminata estudio qué conviene comprar, para qué me alcanza, y regreso a los stands elegidos.
Acostumbro pedir descuento si compro varios libros en un stand o porque sí.
Lo que me pongo para ir a la feria ocupa otro ítem importante. Debo estar cómoda pero a la vez elegante por si me encuentro con un conocido (sobre todo escritores o editores). En general en esta época -no ahora- te morís de frío afuera y de calor adentro, pero como no hay donde guardar los abrigos y no puedo mirar libros con los brazos ocupados es mejor llegar desabrigada y correr hasta la entrada. Cartera liviana pero grande para guardar folletos o los libros más finitos. Ojo con las mochilas a la espalda porque afanan.
Lo mejor es ir día de semana -menos viernes- y llegar bien temprano. No hay gente pero hay escuelas. Pero si me llega a acompañar mi esposo otra vez, no tendré más opción que ir sábado o domingo o el 1 de mayo. A veces hay que hacer sacrificios. No es lo ideal pero se sobrevive.
Si alguien me reconoce en la feria, no duden en acercarse y pedirme un autógrafo. ¡A $2 la firma junto para otro título! :-)
Y luego, hasta el año que viene.
Salgo cansada, transpirada, hambrienta, pies doloridos, pero siempre con un mínimo de 4 ó 5 libros.
Llego a casa y los pongo a mi costado en la cama y leo tapas, contratapas, folletos, revistas gratuitas, elijo señaladores, hago cuentas, y frente a esa cantidad de historias por descubrir, por un momento siento que todo está perfecto y, pese a lo que me dicta mi razón, algo me pongo a escribir.

3 comentarios:

Ivana Carina dijo...

Genial Vero!
Me caminé toda la feria del libro con vos!!! jejeje!
Un saludito desde la patagonia!!

Gabi dijo...

Mañana domingo tal vez vaya a la feria. El año pasado también fui un domingo, y juré que no volvería a repetir la experiencia porque había más gente que libros, y así no podés disfrutar nada. Pero bue...

Judi dijo...

Me sumo al comentario de Ivana, yo también recorrí con vos la feria. Gracias desde muy lejos.