13 marzo 2008

Mate en familia

Otra de las notas que hice para Los periodistas y que nunca se publicó:

Mi hijo mayor regresa de la escuela con la extraña consigna de hacer una tarea sobre los orígenes y beneficios de su desayuno. Le ofrezco conversar sobre vacas y métodos de ordeñe, pero mi hijo, citadino al fin, me informa que la leche surge de una canilla con forma de vaca en algún supermercado. Anoto que mi prole necesita visitar el campo. Mi suegra, que hoy nos visita, hace su aporte y cuenta que, cuando era joven, sólo desayunaba, almorzaba y cenaba mate, porque el dinero escaseaba y el poco que entraba debía ser celosamente ahorrado para el futuro de los hijos. Ya me ha contado esa historia otras veces, y puedo imaginar con qué fin... Mi hijo decide realizar su tarea sobre el mate. Nos sienta a su padre, su hermano menor, mi suegra y a mí a la mesa, y nos pide que hablemos del mate como si se tratara del examen final de nuestras carreras.
El mate es sano, dice mi suegra, aporta vitaminas, potasio, magnesio y sodio. Aumenta las defensas naturales del cuerpo, la energía, la concentración, y disminuye el nerviosismo. Es diurético y digestivo. El mate es un ritual de amistad que se prolonga en las tardes de los domingos cuando el sol entibia las almas, dice mi esposo, que siempre se pone poético cuando está entre su madre y yo. Agrego, didáctica, que la yerba mate se cultiva en Argentina, Paraguay, el sur de Brasil, parte de Chile y de Bolivia. Ya los jesuitas, allá por el siglo XVII, comenzaron a cultivarla y a preparar una infusión con sus hojas a la que llamaron té de los jesuitas o té de Paraguay. ¿Entonces por qué lo llamamos mate?, pregunta mi hijo, tan inteligente. Por el quechua mati, le respondo, que es como se llama la pequeña calabaza que sirve de recipiente.
¿Tiene leyenda? Pregunta ahora. El que sabe es mi esposo: una leyenda guaraní cuenta que hace siglos una tribu nómada se detuvo en el camino para descansar. Cansado y viejo, un indio decidió quedarse en ese sitio de la selva, en compañía de su hija Yaril. Un día llegó al rancho que habían construido un enviado del dios del bien, que fue recibido con mucha generosidad, y a quien se le ofreció la poca comida que tenían. En agradecimiento, el hombre les regaló al anciano y a su hija un árbol que hizo brotar en medio de la selva. Nombró a Yaril su diosa protectora, y al padre le confió su custodia. Luego les enseñó a secar sus ramas al fuego, para preparar una exquisita infusión que nunca se agotaría y que podrían servir a los invitados. Era, claro, la yerba mate.
¿Terminamos? pregunto, y mi marido se despereza en la silla y dice que ahora le dio ganas de tomarse unos cimarrones. ¿Unos qué? Unos amargos, responde.
Cuando pongo la pava en el fuego y busco el mate, la bombilla y la yerba, mi suegra informa que ella se va a ocupar, porque ella desayunaba, almorzaba y cenaba mate, y sabe cómo cebarlo.
¿Ves? Me muestra. Hay que llenar el mate con yerba unos dos tercios. Luego das vuelta el mate sobre la palma de la mano, y lo agitás suavemente para tamizarlo, para que la yerba más fina quede en la superficie. Al volver el mate a su posición debe quedar a un costado un hueco. Allí vertés un poco de agua caliente, nunca hervida, y dejás que se absorba. Entonces colocás la bombilla y cebás el primer mate. No te olvides, agrega, que el buen cebador va mojando diferentes sectores de la yerba para prolongar el sabor de la mateada. Para que el último mate tenga el mismo gusto que el primero.
Mi suegra me ofrece ese primer mate sin saber que, si hay algo que sé, es que el mate, como las flores, tiene su propio lenguaje secreto. El primero es el mate para los tontos, el que puede estar muy caliente o poco gustoso, y corresponde que lo tome el cebador. Le lanzo una de mis miradas pero ella no recibe acuso. Le cuento a mi hijo lo del lenguaje: que servir mate con espuma significa mostrar aprecio. Un mate lavado, desgano; frío, desprecio; hervido: envidia. Servir el mate por la izquierda es falta de respeto. Luchar con la bombilla tapada: estar enamorado.
El mate regresa a mi suegra para la siguiente ronda. Le sirve uno a mi hijo mayor lleno de espuma; al menor un mate cocido, que es como el té, viene en saquitos; y mi esposo me mira mientras intenta destapar la bombilla. Y todos sabemos, mate por medio, cuánto nos amamos.

5 comentarios:

Lore b dijo...

que familia culta!!!!. Me encantó el escrito. Con cada comida tienen esos diálogos?. (va con onda)

ojos de suri dijo...

Qué bonito!!! me encantó!!!! ya sé que seguro ya lo hiciste, pero ofrecerle estos relatos en una mini colección a alguna editorial? es que ahora hay mucho turista dando vueltas,y la verdad que creo que se vendería.
(Ojo que los relatos me encantaron por su valor literario, porque somos nosotros y llegan al corazón, pero viste que a las editoriales hay que mostrarles lo comercial, vió?)
Besos.

Ivana Carina dijo...

Ay! Verónica!
Sos una genia!
Ya te lo he dicho muchas veces, que leerte es un placer!
Es más, estuve sentada en un riconcito mirando la escena familiar!!! :)
Eso provocas cuando escribís, hacer de cuenta que uno está ahí....
Por más ficción o realidad que sea, que me parece más realidad que otra cosa! jijijijiii... este post está GENIAL!!
Aparte que el mate es mi droga! ajajjaa! Me duele la cabeza si no tomo, con eso te digo todo! :P
Saluditos patagónicos!!!

Maria Lopez dijo...

¡Que romaaaantico! "Luchar con la bombilla tapada: estar enamorado"... una dulzura. Es hermoso leerte.

Verónica Sukaczer dijo...

¡¡¡Gracias!!! Gracias por los comentarios. Cuando una sube material escrito hace tiempo que nunca nadie leyó, y tiene buena acogida, bueno... es un placer saber que había salido bien.
Ojos de Suri: no, soy un desastre para los negocios yo. Nunca le ofrecí el material a nadie. Si lo querés hacer vos, yo escribo y te llevás un porcentaje :-).

Lore: nadie de mi familia ha sido lastimado para la escritura de este texto, ni el de abajo :-).
Quería que los textos fueran lo más coloquiales posibles, y por eso elegí la estrategia del diálogo familiar. Pero creo que si intentara hablar de algo así -medio culturoso :-)- con mis hijos, dirían: "correte que no veo la tele".

Vaya como aclaración que toda la información de estos textos es real, y surge de diferentes investigación que realicé.

Cariños a todos.