03 enero 2008

VIDA SEGURA S.A

VIDA SEGURA S.A

La primera vez que llamó le dio ocupado. Pero con la paciencia de quien conoce al sistema y ya no lucha contra él, la señora R. volvió a marcar el número, con sumo cuidado. Intentando que el contacto de su pulgar contra la tecla correspondiente no hiciera ruido.
La señora R. estaba sentada al borde de la cama, la luz del velador apagada. Su esposo, el señor R., a su lado, miraba el teléfono como esperando que algo o alguien saliera del aparato.
A pesar de que en un primer momento la señora R. le había pedido al señor R. que realizara la llamada, el hombre dijo que no, que él no sabía cómo hacer esos trámites, que ella era quien siempre se ocupaba.
Esta vez, la señora R. escuchó el tono de llamada, y tomó el teléfono inalámbrico con las dos manos.
-Gracias por llamar a Vida Segura –atendio una grabación. –Si su credencial comienza con ocho millones, por favor, marque los veinticinco números restantes. Caso contrario, marque el número completo.
-¡La credencial! –chilló la señora R.
-¡Chist! –la calló el señor R. -¡Mas bajo!
-¡La credencial! ¡No preparé la credencial!
-¿No deberías dejarla al lado de la cama? –le recriminó el hombre.
-¿Y cómo sé yo cuándo la voy a necesitar? –lagrimeó la señora R.
Con un gesto histérico, la señora R. dejó el teléfono sobre la cama, se levantó descalza y buscó su cartera. La señora R. llevaba las credenciales en una billetera tarjetero. El dinero en un monedero viejo. Y en la billetera apenas un par de billetes de cinco pesos y papeles sin importancia, por si la asaltaban en la calle.
Buscó el tarjetero. Tenía la tarjeta Visa, la Master Card, la del supermercado, la Banelco para cobrar la jubilación, la de una casa de jueguitos electrónicos a la que cada tanto llevaba a sus sobrinos, la de la Obra Social, y por fin, sin uso siquiera, la de Vida Segura.
“Una tarjeta que ojalá no tenga que usar nunca” –le había dicho la promotora, la que se la vendió.
-Ojalá no hubiéramos tenido que usarla nunca –dijo la señora R, y levantó el auricular.
-Gracias por llamar a Vida Segura… -a falta de respuesta, la grabación había vuelto a correr, desde el saludo inicial.
-Qué voz de hombre que tienen estos locutores, los que graban estas cosas –dijo la señora R.
-¿Podés dejarte de pavadas y concentrarte? –le respondió el señor R.
La señora R. marcó los veinticinco números de su credencial, que comenzaba con ocho millones.
-El número que marcó es inexistente –dijo la voz. –Por favor, si su credencial comienza con ocho millones, marque los veinticinco números siguientes. Caso contrario, marque el número completo.
-¡Me pone nerviosa esta cosa! –dijo la señora R. –No veo bien.
-A ver, dame, dame –la apuró el señor R, quitándole el teléfono de las manos. –Vos dictame.
-8758982300016528974522639 –dijo la señora R, y enseguida el señor R. le devolvió el aparato.
-Llama –dijo la señora R.
-Buenas noches señora R. mi nombre es Evelyn, ¿en qué puedo ayudarla? –dijo una señorita del otro lado.
-¿Cómo sabe mi nombre? –se alarmó la señora R.
-Con su número de credencial tenemos acceso a sus datos, señora.
-Ah… claro… claro…
-¿En qué puedo ayudarla, señora R.?
-Nos… nos están asaltando –dijo la señora R. casi en un susurro.
-¿En este mismo momento?
-Sí, ahora.
-¿En su propiedad de la calle Carabobo XXX?
-Sí, sí, acá. Está ahora. Abajo. Lo estamos escuchando.
-¿Está segura de que se trata de un acto criminal? ¿No puede ser su hijo que ha llegado tarde?
-No… -dudó la señora R. –no tenemos hijos.
-¿Algún familiar que tenga llave?
-No… no esperamos a nadie. Y además rompió la puerta de atrás. El vidrio. En este mismo momento está revolviendo la platería de mi madre, que en paz descanse.
-¿Su casa tiene alarma conectada a Vida Segura Ya?
-No… no tiene. ¿Tendríamos que tener?
-Las alarmas ganan tiempo y salvan vidas, señora R.
-La chica que me vendió no me dijo… Pero ustedes van a mandar a alguien ahora, ¿no? La chica, la rubiecita, dijo que pagábamos por seguridad privada. Porque vio usted que los policías no ayudan para nada, todo lo contrario, ¿no?
-Sí señora R. Déjeme chequear sus datos.
-Apúrese por favor, mire si sube y nos ve. ¡Mire si nos lastima! ¡Somos gente grande, estamos solos!
-Estamos haciendo todo lo necesario, señora R. Mantenga la calma.
-¿Cuánto van a tardar? –pregunta el señor R. acercando su boca al auricular.
-Lo lamento, señora R. Su plan es diurno.
-¿Mi plan es qué?
-Su plan es diurno, señora R.
-Ah…
-Vida Segura cubre su seguridad entre las 8 y las 19 horas.
-No entiendo…
-Son las 23,47 horas, señora R. Su plan no cubre seguridad nocturna.
-Pero yo pago una cuota bastante cara. ¿Cuánto pagamos, querido?
-¡Yo qué sé! ¿Qué te están diciendo? –pregunta el señor R.
-Que no van a venir.
-¿Qué? ¿Cómo que no van a venir? Deciles que les voy a hacer un juicio de la puta madre, eso deciles.
-¿Entonces no van a venir?
-Tendrá que acudir a la policía del Estado, señora R. Si el incidente criminal hubiera sucedido antes de las 19 horas, ya le estaríamos enviando a nuestra gente. Pero a esta hora no podemos hacer nada.
-Bueno… yo no elijo cuándo entra un ladrón a mi casa.
-La entiendo señora R. Le aconsejo que llame ya mismo a la policía. Ellos la ayudarán. Buenas noches señora R. Recuerde que estamos para servirla.
-¡Espere, espere! No me corte –ruega la señora R. aferrándose a esa única voz, como si se tratara de un naufragio y la radio sólo los comunicara en esa frecuencia. -¿Puede llamar a la policía por nosotros?
-Lo siento señora R. No estoy autorizada.
-¡Dame el puto teléfono! –dice el señor R en voz baja, sin animarse a gritar, concentrando la furia en las venas del cuello.
-Habla el señor R. –le dice a Evelyn con autoridad.
-Buenas noches señor R. Ya le he explicado la situación a su esposa.
-Quiero hablar con su supervisor.
-Señor R. tiene que entender que no se trata de una cuestión de atención, sino del plan que ustedes han adquirido.
-Seguro nos estafaron –dice el señor R. –con la letra chica. O son cláusulas abusivas, eso son. ¿Me va a pasar con el supervisor o no me va a pasar?
-Espere un momento, por favor.
-Ya vas a ver cómo soluciono todo –le dice el señor R. a la señora R –tapando el micrófono del teléfono.
-Buenas noches, mi nombre es Eduardo, ¿en qué puedo ayudarlo? –dice una voz del otro lado del teléfono.
-¿Usted es el supervisor?
-Sí señor R. La señorita Evelyn ya me comentó su caso.
-¡Nos están asaltando!
-Lamento escuchar eso, señor R, cuando antes se comunique con la policía, antes estará a salvo.
-¡Pero yo no quiero llamar a la policía! Son todos unos desgraciados, unos corruptos, o están de paro. ¡Yo les pago para que me cuiden cuando me asaltan! ¿Y cuáles son las probabilidades? Ganan un montón de guita ustedes y no creo que tengan ni dos asaltos por día. A lo mejor los mandan ustedes… a los chorros, digo, para que les paguemos más.
-Esa es una denuncia sin fundamente, señor R. Comprendo que esté alterado, pero el posible hurto que está sufriendo no cae bajo la responsabilidad de Vida Segura.
-¿Y si le digo que el hombre entró a las 18,55, y que está en casa desde entonces?
-¿Eso es lo que ha sucedido?
-No… ¡si! Nos están asaltando desde hace tres horas pero la línea de ustedes daba siempre ocupado. ¿Nos van a mandar a alguien ahora?
-Es difícil de creer lo que usted está diciendo, señor R. Porque a la señorita Evelyn le informaron que acababan de escuchar la entrada del criminal.
-Soy viejo, nos equivocamos al leer la hora.
-Señor R. Vida Segura no puede ayudarlo en este momento.
-¿Y si le pago? ¿Si le pago la cuota extra nocturna?
-Si quiere cambiar de plan, mañana le enviaremos a una promotora.
-¡Ahora! ¡Quiero cambiar de plan ahora!
-Lo siento señor R. las oficinas de venta cierran a las 18 horas.
La señora R. sacude al señor R.
-Me parece que está subiendo –le dice al oído, tamblando entera.
-Este tipo nos va a matar y ustedes van a ser los responsables.
-Usted tiene un seguro de vida con nosotros, señor R. –dice Eduardo- en caso de perder la vida en forma violenta, se pagará lo que corresponde.
-¿Aunque sea a las 23.55? –pregunta el señor R.
-Las pólizas de vida no tienen un límite horario, señor.
-¿O sea que no me pueden ayudar en un asalto después de las 19 horas, pero sí pagan si el mismo chorro me mata?
-Podría decirse de esa manera, señor.
Agotado, el señor R. cuelga el teléfono.
-¿Y...? ¿Y...? –suplica la señora R.
-No nos van a ayudar.
-¿Llamo a la policía?
El señor R. vencido, asiente con la cabeza.
-¿Qué número es? –pregunta la señora R.
-El 110.
-No, ese es el viejo. ¡El nuevo! El de las series.
-¡Yo qué sé! Yo no miro mucha televisión, un poco de fútbol nada más.
-Dejame que piense. Si cierro los ojos seguro que lo veo… ¡911! Ese.
-Marcá, dale.
La señora R. marca.
-Da ocupado. Eso me dijo la rubiecita que me vendió Vida Segura, que la policía siempre da ocupado, y que aunque te comuniques nunca vienen. Que no tienen suficientes patrulleros. Que les bajaron el presupuesto.
-Volvé a marcar. ¡Dale!
La señora R. marca.
-Ocupado.
La señora R. lo intenta una vez más.
-Ustes se ha comunicado con el 911 –responde una grabación, una voz femenina- todos nuestros operadores se encuentran ocupados. Un momento por favor. Usted se ha comunicado con el 911. Todos nuestros operadores se encuentran ocupados…
Furioso, el señor R. le arranca a su esposa el teléfono de las manos y lo lanza contra una pared. Enseguida se queda inmóvil, su rostro se transfigura.
-Ahora ya sabe dónde estamos –dice el señor R. –Lo alertamos.
-Vos lo alertaste –dice la señora R. –que no podés controlar ese mal genio que tenés.
-Si nos mata a los dos –dice el señor R. -¿quién cobra el seguro de vida?
-No, nadie –dice la señora R.
-¿Cómo nadie?
-Si te morís vos cobro yo. Y si me muero yo cobrás vos. Pero si nos pasa algo a los dos, como no tenemos a nadie… le queda todo a Vida Segura. Eso me dijo la chica, la rubiecita. Pero me dijo que eso no iba a pasar, que era imposible. Que no me preocupara dijo.
Sentados en el borde de la cama, sin tocarse siquiera, el señor y la señora R. escuchan pasos que se acercan.

11 comentarios:

Lore b dijo...

Excelente!!!cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia???

Ivana Carina dijo...

Pobres señor y señora R.
¿No serán los de Vida Segura, que mandaron el chorro?...
Digo, por el seguro.... ;P
Muy bueno, Vero!!!
Beso desde la Patagonia!

Gaby dijo...

Excelente Veronica...

Quede intrigada con la historia de los Srs. R.

Saludos desde Chile.
Gabriela

Borgeaud y Croce dijo...

Curioso. Nadie reparó en el encabezado La Seguridad en la era Macri.
Mauricio y la vicejefa ya empezaron su obra destructiva. ¿No les da un poco de verguenza a los que los votaron, esas señoras y señores R tan Magdalena R G que siguen sentados en la orilla de la cama soñando pavaddas y dicuindo que los negros de las villas van a matarnos a todos y deseando vivir en un cantry como El Carmel, al lado el pro hombre Carrascosa?????

Grande verónica. metiste el dedo en la oreja.

Osvaldo Croce

El Otro dijo...

G-E-N-I-A-L, así, deletreado y despacito.

Verónica Sukaczer dijo...

¡Muchas gracias a todos!
Desde que comencé el blog, siempre tuve muchos reparos de subir textos literarios propios no publicados en papel. Es un raye mío, lo sé (¿un trauma relacionado a la falta de derechos de autor? ¿Una sensación de "perder el control" sobre mis escritos?). Pero he decidido encarar mis miedos y ponerme a escribir.
Cariños

Antonia Romero dijo...

Verónica, tienes una ironía fina y directa al cerebro. Eres una excelente escritora.

¿He dicho que me encantó?

Lucas dijo...

www.terceraroca.blogspot.com

Anónimo dijo...

muy buenooo..
a ver si esta vez puedo entrar al blog
pato salas

Verónica Sukaczer dijo...

¡¡¡Entraste Pato!!!
Gracias por estar allí.

¡Gracias Antonia! ¿Viste que compartimos la antología Grageas? Buenísimo!

Carolei dijo...

Genial!

me quedé re angustiada...