23 diciembre 2008

Inicio temporada 2009

¡¡¡Felices Fiestas 2009!!!

Se anunció en Olivos que este fin de año se quitarán dos signos de exclamación (uno de apertura y otro de cierre) del típico saludo de fin de año, para repartirlos entre los menos favorecidos quienes, debido a la crisis mundial y a la recesión, están sufriendo una marcada falta de entusiasmo. Como siempre, este ajuste perjudica a la clase media, que es la más acostumbrada a intercambiar mensajes de felicitación. Por eso:

¡¡Felices Fiestas 2009!!

En sintonía con los anuncios realizados por el futuro presidente de EE.UU, la Argentina decidió un salvataje a ciertas empresas bajo peligro de quiebra. Antes de fin de año se les entregarán las mayúsculas recaudadas entre los mensajes compartidos por la ciudadanía. Así que:

¡¡felices fiestas 2009!!

Último momento: un caso de corrupción complica las fiestas. Se descubrió que un conocido magnate, gurú de las finanzas y consejero de los más importantes empresarios del mundo, intercambió a su favor las ces por eses. Lo que a simple vista parecía un pequeño, pero molesto error de ortografía, resultó ser una impresionante estafa que ha producido un desajuste mundial en el lenguaje. Entonces:

¡¡felises fiestas 2009!!

Los jefes de las principales religiones del mundo han realizado un llamado a la humanidad: por respeto a quienes no lograrán pasar el año, se ruega no hacer alarde del nuevo dígito, ya que esto podría acarrear casos de depresión y otras neurosis. Muy bien:

¡¡felises fiestas 200...!!

Advierten que el ajuste es inevitable y se aconseja decir las cosas como son:

¡¡felises crisis 200...!!

Sin embargo, y porque cuando todo tiembla lo único que queda es aferrarse al humor, al amor, a la amistad, a la salud, al ahorro bajo el colchón, a lo que nos dá placer. Y porque cada momento es único e irrepetible y debe ser vivido a pleno sin más preocupaciones que dar lo mejor de uno mismo y hacer lo mejor por el otro, y porque derrochar deseos contagia felicidad...

¡¡¡¡¡FELICES FIESTAS, Y FELIZ AÑO 2009 Y FELIZ NAVIDAD Y FELIZ JANUCÁ Y FELIZ LO QUE SEA Y FELICES TODOS Y FELICES VACACIONES O FELIZ QUEDARSE EN CASA Y FELICES MOMENTOS Y FELICES PROYECTOS
Y FELICES FELICIDADES !!!!!

Verónica Sukaczer


11 diciembre 2008

NADA

Hay momentos en la vida en los que uno no quiere hacer nada, lo que científicamente se conocen con el nombre de "síndrome de naditis".
El síndrome de naditis, que aún no está contemplado en la CIE-10 o DSM-IV, la lista de clasifición de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica de EE.UU, debido a que ninguno de sus descubridores ha realizado acción alguna para incluirlo, puede atacar en cualquier momento y a cualquier ser humano, sea cual fuera su sexo, raza, religión, nivel socio-educativo o pertenencias a grupos de Facebook.
El síndrome de naditis no perdona.

El primer síntoma de lo que llamaremos SNH (Síndrome de Naditis Humano) es cierta torpeza y lentitud en las actividades diarias.
Esto, que podría tomarse por cansancio cotidiano, relacionado con el trabajo o la maternidad, por dar algunos ejemplos, en realidad es el primer escalón de un complicado proceso neurobiológico que se ha activado en nuestro organismo.
Nuestras neuronas han cesado de producir conexiones sinápticas. Como un oso que se preparar para hibernar, simplemente se dejan estar en su lugar del cerebro, pero se niegan a relacionarse con otras neuronas de su entorno.
Las neuronas no mueren. No caen en coma. No se degeneran. Sólo se dejan estar.
Dijo XVB, neurona ubicada en el sistema parasimpático de un caribeño atacado por el SNH: "Yo, junto a una cantidad de comadres, estamos encargadas del aparato reproductor, más precisamente de levantar al muerto, no sé si me entiende. Pero desde hace días tengo como cosa... no tengo ganas, ¿vio? No encuentro estímulos, me siento agotado, quiero pensar en otra cosa que no sea sexo y sexo y sexo. Si hay que hacerlo, lo hago, pero dame tiempo chico, todo no se puede."

La claridad de esta neurona en particular ayuda a entender la prognosis del síndrome: uno no deja de hacer las cosas que hace todos los días. Pero todo cuesta más. Todo resulta un gran esfuerzo. Y, mientras se lleva a cabo la actividad (comer, ir al shopping, robar un banco, tener relaciones sexuales) una parte del cerebro nos dice que, en realidad, prefiríamos estar en la cama frente a una TV sin control remoto, mirando un canal que repita "La familia Ingalls" hasta el cansancio, porque tampoco sentimos fuerza para hacer zapping.

El segundo síntoma del SNH es el malhumor. Los que tienen hijos son los que mejor afrontan este momento, ya que gritarle a los niños ayuda a descargar esa energía negativa, pero además se considera un sistema pedagógico válido.
El resto deberá encontrar un interlocutor capaz de soportar la crisis sin realizar una denuncia penal ni colocar un buen gancho fatal.
Dijo la señorita Figueroa Alcorta Pueyrredón de Sáenz Alberdi, durante una sesión de hipnosis: "Mirá, te juro y rejuro que nunca antes había usado el látigo con el que el tatarabuelo ganó aquella carrera con su leal corcel, pero cuando vi que la chica me guardó la cartera Hermés junto a los zapatos Jimmy Choo, la única vez en la vida en que yo le permito tocar mis cosas porque realmente estaba rerecansada, me dio una cosa que no pude controlar y la agarré de esas mechas duras que tiene y le dí, le dí, le dí, porque si no estas negritas de mierda no aprenden más".

Quienes estudian, sin muchas ganas, el SNH, explican que esta fase tiene su razón de ser: el individuo enfermo no tiene ganas de hacer nada, se siente lento, perezoso y aburrido, seguramente tiene mucho calor o frío, tiene problemas financieros o amorosos y no sabe qué quiere comer ese mismo día, pero en su psiquis todavía funciona el centro de responsabilidad que le indica que debe levantarse cada día para ir a trabajar, llevar a sus niños a la escuela, levantar el calzoncillo de su marido que como siempre está tirado en el baño, poner la ropa a lavar, lavar los platos de la cena del día anterior, comenzar a preparar el almuerzo, y además ser creativa, depilarse, maquillarse y salir a ganar dinero.
Si toda esa presión, en alguien que justamente quiere apartarse de las obligaciones, no producen comportamientos agresivos, podemos pensar que el síntoma está siendo reprimido y explotará de cualquiera otro modo.

El tercer síntoma del SNH es la apatía total. El sujeto está lento, siente que no puede pensar. Se siente, como se dice, "abombado", se le caen los objetos de la mano, se olvida la tarjeta de crédito en el cajero, pierde dinero, rompe un par de platos, le grita a quien esté delante, sobre todo a las cajeras del supermercado Coto que realmente le ofrecen excusas en cantidad para que les grite, y ahora, de pronto, queda detenido, anulado.
Literalmente, se levanta y no puede avanzar. No recuerda a dónde iba. No logra articular palabra por no decir organizar su pensamiento. Su mente es un caos de recuerdos a medio recordar que no le aportan nada.
Todo lo que el paciente quiere en este momento, es irse a la cama y dejar de pensar. Quiere estar solo (lo cual provoca nuevas situaciones de agresividad con su entorno cercano), no quiere que le hablen ni hablar. No quiere compartir la TV, sobre todo no quiere volver a cocinar en su miserable vida, y tampoco desea realizar actos cotidianos imprescindibles como ir al baño, bañarse o atender el teléfono.
Todo le resulta un esfuerzo descomunal cercano al sufrimiento físico.
Dijo el músculo deltoide de un conocido luchador de sumo: "si... yo sabía que tenía que esforzarme... pero no sé... es que... era... ¿qué me había preguntado..?

La enfermedad se ha instalado. La persona no quiere hacer NADA, entendiendo como la nada misma la nada más absoluta.

Sin embargo, como en esta terrible enfermedad mental el sujeto mantiene lazos con la realidad que lo circunda, sabe, está convencido de que no puede dejarse vencer por el SNH, y cada día intenta realizar sus actividades, lo cual le provoca aún más sufrimiento y dolor, llegando en casos extremos a producirse ataques de pánico, esquizofrenia, división de la personalidad (una personalidad sale a trabajar, la otra se queda en la cama), u obesidad mórbida por exceso de ingesta de dulces (el chocolate, en cantidades industriales, mejora por pocos minutos el humor de los enfermos).

Se puede afirmar, sin ninguna duda, que el SNH será la plaga de la segunda década del siglo XXI. Veremos caer a las mejores mentes, a los mejores hombres bajo esta cruel enfermedad que producirá un importante no retroceso en todas las artes, las ciencias, y cada actividad del ser humano.
El SNH ya está aquí y no sirve negarlo.

Si usted ha repetido más de tres veces, en la última semana, la frase:
"NO QUIERO HACER NADA DE NADA", consulte con urgencia a su médico psiquiatra de cabecera.
Si él todavía quiere trabajar, seguramente podrá ayudarlo.
Por mi parte, termino de escribir este artículo y me ofreceré un merecido descanso en compañía de Dr. House, y juro y rejuro que si alguno de los integrantes infantiles de mi familia me pregunta qué hay de cenar, lo mando a la remilmierda.

30 noviembre 2008

LOS ESCRITORES INÚTILES. Ermanoo Cavazzoni

Cada tanto en una familia normal nace un escritor pero nadie lo sabe. Por lo tanto lo educan de manera indiferenciada; le dan la leche materna, después las papillas, le enseñan a caminar con los pies y no con las manos, le enseñan la lengua materna como se la enseñarían a cualquiera de nosotros, y después comienza su vida de escritor incomprendido y tratado de manera igualitaria. Por ejemplo, al nosaber que lo que tienen enfrente es un escritor, en la escuela los maestros lo subestiman, a toda costa quiere que esté sentado en el banco, y el escritor patalea, o bien se deprime, o bien atormenta a su compañero de banco, que en general es un alumno normal, destinado a la normalidad, con sus aprensiones hiperkinéticas; o viceversa, más a menoso es al escritor al que atormentan, pinchan con alfileres oxidados, manchan con tinta indeleblemente, de buena gana le tiran pedos en la nariz para que los respite y se ahogue. Hacen eso inconcientemente, y el escritor crece burlado, flaco, inadaptado. Eso se nota sobre todo en las fotos escolares donde al escritor se lo ve muy blanco en un rincón, o bien oliváceo, en el centro, con ese aire lívido y sufriente de emigrante, rodeado por la burla de los repetidores. Hay quien dice que eso es bueno, porque el escritor debe conocer cuán dura es la vida, de donde extraerá después eterno argumento de inspiración; hay en cambio quien dice que eso es malo, porque un escritor debería ser separado del pueblo, aislado desde chico y tratado de modo especial, de lo que extraerá su agudeza y su mentalidad asocial. Sin embargo el escritor es enviado a la escuela, donde se mezcla con los niños en el conformismo más abyecto, tanto que crece como un pollo de criadero en la asquerosa mentalidad infantil; se deja poner en fila, come sentado alimentos modestos, hace caca y pis según los métodos de los pedagogos. Y cuando aprende a escribir se lo mantiene en un estado de minoridad e incompetencia que hacen de él el típico negligente, con los pies olorosos y los zapatos de goma, lo que justifica después las vejaciones que sufrirá durante toda la vida.
Por eso, en un cierto punto, hacía falta ver científicamente cómo se desarrollarían los escritores en estado natural. Se tomaro cuatro escritores y se los aisló en un orfanato. ¿Cómo se los distingue? El asunto es controvertido: hay quien dice que todos los verdaderos escritores se parecen; hay quien dice que ya nacen sabiendo hablar. ¿Qué lengua hablan?, cuestionan otros. Una lengua arcaica, adánica, dicen los especialistas, un esperanto constituido por cuarenta y dos vocales con el que pueden expresar detalladamente sentimientos y conceptos. Gimotean, pero con gran verborragia y delicadeza.
(...)

18 noviembre 2008

¿HOLA, EL PRESO?

Desde hace tiempo en la ciudad de Buenos Aires se repite cierto tipo de estafa y/o delito: un preso hace una llamada al azar desde la penitenciaría, y avisa que ha secuestrado a un familiar. O se hace pasar por oficial de la policía, e informa sobre un choque.

Desde allí, todo puede pasar. Porque en realidad es el estafado el que aporta los datos. Basta que pregunte, por ejemplo: ¿le pasó algo a mi hijo? Para que el convicto pesque el dato de que hay un hijo que no está presente en ese momento, y continúe jugando con el miedo del otro.

El asunto finaliza cuando la víctima acepta comprar una cantidad x de tarjetas telefónicas, y le pasa al "malo" los números de las mismas.
Los pulsos telefónicos permiten a los presos mantenerse comunicados con sus familias y abogados, y se utilizan como moneda en las cárceles. Un cigarrillo, veinte pulsos. Un cigarrillo y un acto sexual, sesenta y cinco.

Para preservar al ciudadano de este tipo de ilícitos, cada vez que un preso llama desde una cárcel, un mensaje grabado avisa la procedencia de la llamada. (De todos modos, y para estar prevenidos, hay que saber que muchas de las llamadas las realizan desde celulares que les entran sus conocidos).

Yo recibí muchas de estas llamadas. Debo tener un número telefónico común, o muy poca suerte, y cada tanto me desayuno con el: "Esta llamada proviene de un establecimiento penitenciario. Si desea responderla, marque 3. Para rechazarla, marque 7". (No recuerdo la grabación exacta, pero es más o menos sí, y sí estoy segura del 3 y del 7).
Madre de familia, cada vez que escuché esas palabras, colgué.
Pero periodista y escritora al fin... un día me propuse responder la próxima que recibiera.

Eso sucedió el viernes pasado, alrededor de las 14 horas.

Levanté el teléfono, escuché lo de "esta llamada proviene de un establecimiento..." y marqué el 3.
Del otro lado, una voz masculina de tono tímido, algo agudo, que definitivamente no producía temor, respondió a mi "hola".

-¿Señora? Le llamo del Departamento Central de la Policía.
-¿Si..?
-Tenemos que informarle de un choque...
-¿Si...?
-¿Señora, me escucha?
-Lo escucho.
-Del Departamento Central de la Policía.
-¿Si..?
-Hubo un choque...
-¡Dios mío!
-Usted escúcheme, señora.
-Perdón... ¿oficial me dijo que era?
-Sí, soy oficial de la policía.
-¿Y no conoce al oficial Sánchez Perdía? Porque fuimos juntos a la primaria y me enteré que se hizo policía.
-No señora, yo tengo que informarle de un choque.
-Hace años que no lo veo a Sánchez Perdía...
-Señora, por el choque...
-Yo sabía... yo sabía que algo malo iba a pasar. Él me lo dijo...
-¿Quién le dijo, señora?
-¡Diosito me dijo!
-Escúcheme señora, que es grave...
-Yo sabía que me iba a hacer pelota el auto. ¿Cómo quedó?
-¿Su familiar...?
-¡No, no! ¡El auto! ¿Cómo quedó el auto?
-Destruido, señora. El choque fue muy grave.
-¡Qué hijo de puta! Más le vale que también esté hecho mierda, o lo reviento cuando llegue a casa.
-Señora, lo tenemos a él.
-¿Al auto?
-¡No señora! Lo tenemos a él...
-Él... ella... a veces le digo eso, pero sólo cuando estoy enojada...
-A él... usted sabe...
-¿Y usted? ¿Y usted sabe? ¿Usted sabe quién es? ¿Cómo es? ¿Sabe lo que sufro yo cada día?
-Una madre como usted...
-¡Qué madre ni qué ocho cuartos, ya le gustaría a él que fuera su mamacita! -¡A su esposo! ¡Lo tenemos a su esposo!
-Ay querido... yo a mi esposo lo tengo en la santa gloria, que en paz descanse. Ojalá tuvieran a mi esposo, si todavía están buscando el cuerpo... ¿Es eso lo que me dice? ¿Lo encontraron? ¿Entero?
-No señora. Escúcheme señora... hubo un choque y él está muy grave, y lo tenemos nosotros, y para volver a verlo...
-Ah... hubiera empezado por ahí, hombre. Por mí se lo quedan... Mire si yo voy a ir a buscarlo, ahora que empieza la telenovela. ¡En diez minutos empieza la telenovela y usted no para de darme vueltas!
-Señora, lo vamos a hacer boleta...
-Cómo se nota que la policía no cambia los métodos, ¿no? Mucha clase de derechos humanos, pero siempre lo mismo con ustedes...
-Señora, le voy a decir qué tiene que hacer para volver a verlo.
-Ay... no sé... no sé qué decirle... yo ya hice tanto, tanto... y parece que nada dá resultado... no me cambia más, yo creo.
-Señora, necesito que me escuche con atención.
-Yo lo escucho... lo escucho... ¿pero a mí quién me escucha?
-Mire, me está haciendo perder el tiempo... acá los muchachos se ponen nerviosos...
-Y sí, es la época, ¿no? Fin de año... las fiestas... yo también estoy muy nerviosa. Estoy tomando Alplax. A mí me hace bien, me calma un poco...
-¡Pero carajo! ¿Quiere volver a verlo con vida?
-Y sí... supongo... si se puede... Ustedes hagan lo que tengan que hacer, y después vemos... Igual gracias por la llamada.
-...
-Hasta luego, le digo, oficial.
-Bueno... hasta luego.
-Tut-tut-tut.

Tengo la esperanza de que vuelva a llamar y continuemos con la conversación. Yo creo que con el tiempo podremos hacernos buenos amigos.

01 noviembre 2008

¿A DÓNDE VAN LOS MAILS PERDIDOS?

Sin entrar en detalles, hace varias semanas envié un mail, para mí muy importante, a cierta persona. Uno de esos mails al que uno le dá enter con el mismo cuidado con que antes colocaba la carta en el buzón y confirmaba que hubiera caído bien, y se quedaba unos segundos esperando, como si la carta pudiera salirse por su cuenta y seguirnos de regreso a casa.
En el mail quedaba muy claro que yo esperaba una respuesta.
Pasaron los días, y nada.
Ni siquiera un mísero acuse de recibo. Un "te escribo en cuanto tenga tiempo"; o "gracias por tu mail, espero que estés bien y en pocos días me sentaré a responder como te merecés".
Nada.

Los mails pueden perderse en la autopista virtual, lo sabemos. En el ciberespacio. Pueden quedar enganchados entre dos números binarios, o equivocar el número de servidor como antes el código postal.
Pasaron los días, digo, y lo volví a enviar.

Los mails puden enviarse y reenviarse cuantas veces uno desee. Las cartas, en cambio, tenían que ser escritas de vuelta, y al final siempre era una carta distinta.
Los días siguieron pasando y la respuesta no llegó.

Como el tema era para mí de suma importancia, decidí enviar un mensaje de texto al celular de esta persona, para preguntarle si le había llegado mi mail.
Otra vez, nada.

Situaciones difíciles merecen decisiones extraordinarias.
La llamé por teléfono. Me respondió un contestador. Son cada vez más las personas que filtran sus llamados gracias a los servicios del contestador.
Dejé mi mensaje: "hola, soy Verónica, estoy intentando comunicarme con vos. Te envié un mail pero no sé si te llegó. Bueno... espero noticias".
No hubo noticias.

Hay gente que, a pesar de haber sumado todas las nuevas tecnologías a su vida, intenta desesperadamente no sentirse encarcelada por la sobreabundancia de comunicación, y chequea sus mails dos o tres veces al mes.
Hay gente que mantiene apagado su teléfono celular y sólo lo utiliza en caso de invasión extraterrestre o apagón mundial (ésa soy yo. No soporto estar "ubicable" en cualquier momento y lugar).

Entonces imprimí el mail que había escrito, lo coloqué en un sobre, y escribí remitente y destinatario tal como me lo enseñaron en la escuela. Incluso busqué en Internet la nueva designación de códigos postales (que ahora tienen más letras), y envié la carta por correo común no certificado.
Como sigo cada tanto utilizando el correo (sobre todo cuando hay que enviar papeles que precisan de mi firma), sé que una carta tarda entre tres y diez días en llegar a su destino.
Me senté a esperar.

Literalmente, me senté en un lindo silloncito art decó que tengo, y decidí no levantarme hasta recibir respuesta.
Pasaron veinte días (diez días para que la carta llegara, otros diez para que llegara la respuesta) y, desnutrida y al borde de la muerte por deshidratación (sobreviví porque cada tanto mis hijos pasaban a mi lado con un juguito o un sandwich, y yo se los arrebataba), regresé al correo y envié un telegrama.

A mí siempre me parecieron mágicos los telegramas. Esa mezcla de noticia urgente con síntesis total. Y siempre lamenté no haber recibido nunca uno, porque no cuento el que un familiar político envió cuando me casé y que decís. "Felicidades. Stop. Imposible concurrir. Stop", porque a él le costó unos pesos, pero a mí me costó dos cubiertos y una mesa con espacios vacíos.
Decía, envié un telegrama: "Envié mail. Stop. SMS. Stop. Carta. Stop. Aún no respuesta. Stop. Por favor. Stop". No sé si estaba bien redactado. No tengo experiencia con los telegramas. Esperaba que se entendiera que lo de por favor era: por favor, respondeme.
Llevaba tiempo y dinero invertidos en comunicarme con esta persona, y nada había rendido frutos.

A través de una vieja guía telefónica que encontré en la basura y por la que tuve que luchar con cinco cartoneros morrudos y sus esposas (finalmente le ofrecí a cada uno un par de zapatos de mi esposo, y me dejaron ir con la guía y tres botellas de gaseosas vacías), encontré a un criador de palomas mensajeras, y a él acudí.
Yo quería enviar en la paloma una memoria USB, pero me explicó que no se podía. Tampoco un CD, ni un DVD y menos aún un diskete, a pesar de que ya casi nadie tiene disketera. La carta completa, tampoco. No me quedó más remedio que sintetizarla en un brevísimo rollo que el hombre ató a su mejor ejemplar.
Me quedé a verlo partir. Era un gran palomo. El último de su especie.
Nunca regresó a su jaula.

Tiempo después me enteré por un conocido, que la persona con quien intentaba comunicarme le tiene fobia a las palomas.
Yo le ofrecí al criador pagarle por el animal perdido. No quieran saber cuánto vale hoy en día el último ejemplar de una raza recién extinta.

Cuando las circunstancias me superaron, y la falta de respuesta estaba a punto de destruir mi vida, jugué mi última carta.
Fui a ver a un mentalista, que prometía comunicación con cualquiera ser -vivo o muerto- tuviera o no red.
¿Llegó el mail, el mensaje de texto, el llamado en el contestador, la carta, el telegrama, la paloma mensajera? -le pregunté, al borde del llanto.
Él me miró.
-Mi hijo tiene una pyme -me respondió- hace entregas en moto.
Le pagué para que su hijo llevara mi mensaje, y a los diez minutos estaba de regreso con el recibo firmado.
-¿Lo recibió? ¿Puedo estar segura de que la persona recibió mi carta? -me emocioné.
-Lo entregué en portería -dijo el joven.

Salí de allí sin respuestas y casi sin esperanzas.

¿Por qué, en la era de la comunicación, me era tan difícil comunicarme con una persona? ¿Qué estaba fallando? ¿En qué nos equivocamos, como seres sociales, que vivimos permanentemente en compañía de otros, absolutamente conectados, pero no somos capaces de escucharnos o, por lo menos, de enviar un acuse de recibo?

Sabía la respuesta: todos los medios de comunicación que había utilizado me impedían ver al otro, estar frente suyo, escuchar su voz, interactuar. Dar y recibir al mismo tiempo.
Eran todos sistemas fríos, estériles, a distancia. Métodos inventados para no vernos, no tocarnos, no oírnos, no perder el tiempo.

Caminé. Era lo único que me faltaba probar. Caminé hasta el departamento del otro, a pocas cuadras de mi casa.
Toqué el tiembre. Me atendió. Bajó a abrir la puerta porque, por seguridad, ya nadie puede abrirlas por el portero eléctrico.
-Hola -me dijo asombrado de verme. Nuestra relación es puramente laboral. Lo que yo estaba haciendo, en algunas partes del mundo, se conoce como acoso.
-Hola, perdoná que haya venido hasta acá, pero hace tiempo que intento comunicarme con vos y no lo logro.
-Ah... sí, recibí tu mail.
Yo respiré hondo para aplacar la agresión que, sentía, me surgía del pecho.
-Y... -tanteé.
-Se me juntaron un montón de cosas... En unos días te respondo.
-Como ya estoy acá...
-Te envío un mail -se despidió.
-Bueno, gracias -respondí.

Desde entonces estoy sentada frente a mi computadora, y chequeo mi casilla de correos cada dos minutos.
Mi marido dice que comienzo a obsesionarme. Yo no lo creo. Hubo una época en que la gente, pare decirse las cosas, se veía o se llamaba por teléfono, y en el que siempre había un otro que respondía.
Ahora que tengo PC, banda ancha, wi-fi, teléfono celular con cámara incorporada y MP3, otro MP4, teléfono de línea, y hasta tres celulares sin chip que usan mis hijos para jugar, me cuesta entender que cada vez que
envío un mail, no pueda saber si del otro lado lo recibieron, lo leyeron, y qué piensan sobre el asunto, y todo eso en forma automática.

En definitiva, en plena explosión de las comunicaciones, como siempre, seguimos estando solos.

27 octubre 2008

NUEVA ETAPA. DESPUÉS 40

Varias veces amenacé con irme, y muchos creyeron que me fui. El trabajo real, las cosas que suceden de este lado, los niños, los paros, las cuentas, me impidieron seguir escribiendo en el blog como deseaba.

Sé que perdí lectores.

Pero no los perdí por falta de continuidad. Los perdí porque muchas veces subí post sólo porque "tenía que escribir algo". Y cuando uno comienza a transitar ese camino, lo que pierde en verdad es calidad.

Por eso necesité reformularme para qué quería tener este blog.

Y la respuesta es que yo siempre quise tener una columna fija en un medio. Pero como periodista, cada vez que realicé ese pedido, obtuve la misma respuesta: sobran columnistas de opinión, faltan periodistas.
Ufa.

Así que "La vida con subtítulos" será, de acá en más, mi columna fija. Las cosas no cambiarán demasiado. En principio, volví a un viejo y clásico diseño de Blogger para no tener que preocuparme por los elementos de la página, ni por programación, y porque nunca logré aprender a utilizar las pestañas del diseño anterior (ni siquiera con ayuda de una amiga virtual a quien desde ya le agradezco sus consejos y pido disculpas por mi haberme dado por vencida) . También quité otros elementos decorativos.
Lo que debe importar es el texto, y sólo debe valer el texto.
Pero además, me prometo no llenar espacio si no tengo algo que decir. Por supuesto, espero y deseo que me sigan acompañando.

(También se pueden analizar estos últimos cambios e idas y venidas como un histeriqueo propio de la crisis de los 40, pero me parece que lo de arriba queda más elegante).

17 octubre 2008

PUBLICAR

Muchas veces me han llegado mails de gente que escribe y quiere saber cómo es que uno llegó a publicar.
Yo siempre respondo más o menos lo mismo, según las circunstancias y, cuando me doy cuenta de que la otra persona no se va a pegar un tiro si le digo algo crudo, explico: que un libro sea excelente, no significa que sea publicable. Aunque si es realmente excelente, tarde o temprano encuentra su canal de publicación.
Pero vamos a los hechos (así, cada vez que reciba uno de esos mail, directamente les pego este link).

El primer paso para publicar, es que el libro esté impecable. Aunque esto parezca absolutamente obvio, lo aclaro porque muchas veces me envían para leer textos que no están... impecables.
Impecable significa ortografía, sintaxis, semántica, estructura, prolijidad perfecta. O, por lo menos, cercana a la perfección.
Todos conocemos historias de autores que no saben que hola de saludo se escribe con h y ola de mar sin h, o que nunca aciertan con la c y la s en necesito, o creen que absorber va primero con b y luego con v (y conste que los hay), pero son autores que por diversos motivos ya se han ganado la publicación, y son tan magníficos que los editores les perdonan ese pecado (que, en literatura, yo considero mortal).

Pero cuando uno es inédito, no existe editor que se banque tres líneas con noventa y nueve faltas de ortografía, y que encima hay que releer porque una coma mal puesta provoca ambigüedad.
Así que si uno quiere publicar y sabe que su escritura es pródiga en ideas y apestosa en cuanto a idioma, bien le vale solicitar la ayuda de un corrector. Casi todos los talleristas, y hasta gente como yo hemos realizado esa tarea a cambio de unos cuentos cientos de pesos.
Pero, hablando con sinceridad, yo creo que si alguien no sabe escribir correctamente, le conviene abandonar la literatura y probar con la carpintería o la venta de cosméticos (ambas cosas que siempre quise hacer).

Muy bien. Pongamos que escriben muy pero muy bien y que ya pasaron el corrector de Word por el texto.
¿Qué sigue? Sigue armar un lindo paquete. Impresión en una sola cara de la hoja, letra Arial o Times New Roman, cuerpo 12 (yo escribo títulos en letras lindas a elección y pongo dibujitos como separadores), y encuadernado (anillado está bien). Al texto agregar el CV (versión corta) y, se recomienda (yo no lo hago) un resumen del libro. Algo así como el cartel de venta de la historia.
Hay editoriales que piden primero el cartel y, si les interesa, recién ahí el original. Cosa rara. El proyecto que le dicen. El script. Algunas de esas palabras técnicas que se ponen de moda.

Tal vez pasaron años enfrescados en su historia. Tal vez sean excelentes escritores esperando ser descubiertos. Pero hay que tener algo en cuenta: vuestro original, es un "original no pedido", y ahí, muchachas, muchachos, es cuando la cosa se pone jodida.
Hay editoriales que no -repito, no, no negativo- NO aceptan originales no solicitados. Es decir, sólo publican lo que ellos piden, de los autores que ya conocen.
¿Qué es lo peor que puede pasar si uno se acerca, sin saberlo, con su original bajo el brazo, a una editorial de NO se aceptan originales no solicitados? Sólo una cosa: que se tengan que volver con el original bajo el brazo y, si lo enviaron por correo, que vaya directo a la basura de originales no solicitados.
Si les toca la gracia de vivir ese incómodo momento, sepan que han ingresado al círculo vicioso de la literatura inédita: no los publican porque no son conocidos, y no son conocidos porque no los publican.
Lo lamento.

Pero volvamos a la idea de que sí, pueden llevar el original a una editorial que sí -repito, si, si positivo- acepta originales de pobres infelices.
Uno: no conviene enviarlo por correo. Queda más lindo entregarlo en mano. Dos: no conviene entregarlo en mesa de entradas a nombre de la editorial.
Pensaban que era fácil.

Tienen que averiguar quién es el editor de la sección o colección en la que ustedes sueñan publicar su libro, y a esa persona hay que encomendarle el retoño.

Retrocedamos. Se supone que cuando llevan el original a una editorial, saben por qué han elegido esa empresa y no otra. Por ejemplo: sería estúpido llevar un libro titulado "La maravillosa vida de un precioso e inteligente niño judío" a una editorial llamada "Raza Aria".
No conviene.

Un ejercicio que yo he practicado cantidad de veces, es pasar horas en alguna librería buscando qué editorial combina con el libro que estoy escribiendo. Y cuando sé qué editorial, qué colección de esa editorial. No es sencillo. Cada editorial tiene su perfil, su ideología, su presupuesto, sus colecciones. Pueden parecer todas iguales, como las carteras, pero cuando uno conoce el medio aprende a distinguir un modelo de Prüne, de uno de XL, de otro de Blaqué, de Skïn, y por supuesto de una imposible Hermès. (Sí, me gustan las carteras).

Sigamos. Tienen el libro limpito y arreglado. Eligieron editorial. Averiguaron el nombre del editor que dirige esa colección.
¿Qué más se puede pedir? ¿Una recomendación?
Sí. Eso. Con una recomendación "seria", es decir, de alguien que el editor conozca y respete, se abren las puertas del cielo. O, por lo menos, se asegura la lectura del original. También puede tratarse de un agente literario, que en este país no los hay en cantidad, pero sepan que lograr que un agente literario quiera trabajar con uno, es tan difícil como lograr ser publicado, y encima el tipo se lleva un porcentaje.

Yo he trabajado con un agente en lo relacionado a libros para grandes, pero me manejo por mi cuenta en la sección literatura infantil.

Ganar algún premio literario importante, ayuda. Da a conocer el nombre. Claro que no es lo mismo ganar el primer premio de cuento de la Intendencia de Chacharramendi, que el segundo premio de la editorial del momento.

¿Y si no tienen recomendación, ni agente literario, ni conocido, ni fueron capaces de poner unas lucas en medio del original porque no les pareció ético? Han ingresado al campo de las posibilidades, las oportunidades y las circunstancias.

Hay editores que cada tanto chequean lo que llega nuevo de autores desconocidos, porque saben que así es como se descubren talentos. Y otros que no. Y otros que tienen tanto trabajo que les gustaría pero no encuentran el momento. Y otros que no sé.
Pero se puede. Muchos lo hemos logrado.

Mi historia de publicaciones es la siguiente:
primero publiqué un pequeño libro (que no es lo mismo que "librito") por medio de una Mutual que utilizó la venta del mismo para recaudar fondos. Luego me contacté con la editorial Albatros, que estaba publicando libros de texto para chicos (de magia, filatelia, etc) y ofrecí escribir un manual de periodismo (en realidad, dije que ya lo tenía escrito y, cuando el proyecto se aprobó, me largué a trabajar). Entregué una sinopsis del libro, más o menos la estructura, capítulos, ideas.
Luego gané un concurso de cuentos de Colihue, y mi libro se publicó.
Y por fin entregué en mesa de entradas de Alfaguara (¡y a nombre de la editorial!) el original de "Nunca confíes en una computadora" y, a los diez días (nunca jamás volví a recibir una respuesta tan rápida) la editora de entonces me llamó para publicar mi libro.
Desde allí me hice conocida y me resultó más sencillo presentar libros, pero no más sencillo publicarlos.
(Para que conste: la editora de Alfaguara ya conocía mi nombre por haber ganado el premio de Colihue, y eso la motivó a leer mi libro. No sé qué hubiera pasado -y nunca lo sabremos- si yo hubiera sido una total y absoluta desconocida).

¿Sigue la historia? Sigue.
Llevaron el original a una editorial y lo dejaron a su suerte.
¿Lo va a leer el editor? No siempre. En general es enviado a un lector profesional, que lo leerá y escribirá un informe teniendo en cuenta cantidad de aspectos que relacionan libro/editorial/mercado.
Si el informe es negativo, y uno es un desconocido con primer libro, lo más factible es que el libro sea amablemente rechazado. Si el informe es más o menos, se enviará a otro lector. Y si es positivo, se enviará a otro lector, o lo leerá el editor, o más lectores aún. Hasta desempatar o tomar una decisión.

¿Y si el informe es positivo y el libro es maravilloso, se publica?
No tan rápido. Puede ser maravilloso pero. Y existen muchos pero muchos peros.
Pero no es comercial (no queda claro quién compraría ese libro, cuál es su público, o su público es muy reducido y por lo tanto no conviene, económicamente, su publicación).
Pero esa editorial no encuentra en qué colección incluirlo. Y habrá que empezar de nuevo en otra.
Pero el presupuesto de la editorial no permite su publicación en ese momento, y queda pendiente (y a veces pasa que cambian editores y la gente nueva no lo quiere).
Pero la editorial ya publicó un libro con una historia similar, o una idea parecida, o una tesis sobre el mismo tema, y no le sirve publicar otro.
Pero a la editorial le gusta el libro pero considera que el nombre del autor no ayudará a las ventas. (Es decir, no lo comprará nadie, más allá de la madre y las tres tías solteras).
Pero...

Editar es una inversión, y todos, autores y editores, queremos recuperar lo que invertimos.

Otro gran tema a tener en cuenta si uno desea publicar sin suicidarse antes del nonagésimo intento, es lo que yo llamo "los tiempos editoriales".
Los tiempos editoriales son extraños, absurdos a veces, y absolutamente caprichosos e impredecibles. Pero si uno quiere entrar en ese juego, tiene que aprender a jugar.
Por ejemplo: a esta altura del año, casi todas las editoriales saben qué publicarán a lo largo de todo el 2009 y tiene proyectos para el 2010. Eso significa que un libro aceptado hoy, con suerte se publique en 2010/11. Y hay que bancárselo, aunque uno tenga una enfermedad terminal, y el médico haya dicho que le quedan tres meses de vida.
Incluso es posible tener que esperar un año (a veces más, a veces menos) sólo para saber si el libro fue o no fue aceptado. Y juro que esperar un año para luego ser rechazada (¡me pasó, me pasó!), es una estocada mortal contra el ego, la autoestima, la seguridad, el talento y todo lo que uno es. Recuperarse lleva tiempo, volver a escribir es un suplicio, volver a creer en uno es un milagro, y matar a todo el mundo no es la solución.

Pero cuando uno se dice escritor, se levanta y monta de nuevo.

Es una carrera con obstáculos, y los obstáculos fueron construidos por un gigante resentido.

Hay que lograr que el material llegue a las manos indicadas. Hay que esperar con paciencia y resignación por la respuesta. Hay que mantener el contacto con el editor, sin ser cargoso ni parecer desesperado. Y si la respuesta no es la que esperábamos, se puede llorar dos horas, lanzar un puñetazo a algo blando, y volver a intentarlo en otro lado.

También sirve releer el original y ver qué falló.
Salvo contadas excepciones, nunca podremos leer el informe del lector, y en general las notas de rechazo son siempre iguales. Ergo: no tenemos modo de saber qué opinaron de verdad sobre nuestro libro.
Pero no siempre son los editores los malos y los escritores los buenos. Muchas veces nos damos cuenta, a la distancia, que el libro no es tan bueno ni tan original como pensábamos, y a veces hasta nos hacen un favor al no publicarlo.

¿Y si dicen que sí? Que lo publican. Que es comercial. Que nuestro nombre alcanza. Que es buenísimo. Bueno, llegó la hora de descorchar la coca zero y tomar... tomar una copa nomás. El resto mejor dejarlo para cuando se firme el contrato, que es cuando la cosa se pone seria y comienza a andar.

Luego vendrá la corrección (y el corrector o el editor quiere cambiar algo que nosotros no, y como sabemos que no tenemos nombre, que no tenemos peso, habrá que ver si podemos mantener nuestra postura o cambiaremos lo que quieran cambiar), las ilustraciones (y a veces tenemos voz y voto, y otras voz, y otras voto, y en general nada), y cantidad de detalles, literarios y técnicos que aceptaremos y agradeceremos y hasta nos sentiremos con ganas de abrazar a quien sea porque por fin, se publicará un libro nuestro.

¿Termina acá? Mmm... no exactamente. Viene la parte de la promoción, la presentación, la distribución y el apoyo que brinde la editorial y los medios.
Hay libros excelentes que no se venden porque no reciben promoción. Hay libros excelentes que no reciben promoción y se venden por el famoso boca a boca. Hay libros excelentes que reciben promoción, y no se venden. Y hay libros excelentes que reciben promoción, y se venden muy bien.

Todos están de acuerdo en algo: es imposible saber cuál será la historia de cada libro.

¿Ahora sí, se terminó? Sí, creo que si. No olviden cobrar sus derechos de autor (puede ser en forma cuatrimestral, semestral o adelanto a cuenta de derechos).

Y cuando vean su libro en una librería, y les suba la presión y el corazón enloquezca, y tal vez firmen unos ejemplares, y alguien se les acerque para decir que le gustó, bueno... tómense un minuto y luego, luego sigan escribiendo. Que tendrán que comenzar todo de nuevo.

Nota necesaria: todo lo escrito parte de mis vivencias a la hora de publicar. No soy editora ni he trabajado nunca en una editorial.

09 octubre 2008

A PARTIR DE MAÑANA (UN POST QUE SÓLO PUEDO ESCRIBIR HOY)

La culpa de mis 40 la tiene Alberto Cortéz. Si no fuera por él, los 40 serían simplemente otro número redondo. Como los 10, los 20 o los 30 que no pasaron de ser una curiosidad numérica. Uy, mirá, este año cumplo redondo. Qué lindo.

Pero entonces Alberto Cortéz escribió y cantó una canción para festejar sus 40, y varias generaciones tuvimos que deprimirnos con él.
(En caso de que yo esté equivocada, y haya escrito esta letra para sus 50, con la oculta intención de asegurarse 100 años de vida, no importa, yo siempre creí que se trataba de los 40).

Recuerdo escuchar y cantar la canción desde muy pequeña. Y desde myy pequeña me llamó la atención la afirmación contundente de que los 40 son la mitad de la vida. Como si hubieras llegado a la cima del Himalaya y no se pudiera subir más. Y, sobre todo, que los 40 eran cosa seria.

Recuerdo hacer la cuenta de en qué año cumpliría 40. También contaba cuántos años faltaban para el 2000. Nunca me preocupé. Los resultados eran tan dramáticos que no podía tratarse de otra cosa que de ciencia ficción. Llegar a los 40 era el equivalente de viajar por el tiempo. Algo que nunca iba a suceder.

Beth, la menor de la familia March, de "Mujercitas", le dice a Jo, antes de su muerte que, al contrario de sus hermanas, ella nunca planeó su futuro. No pensó en casarse y adoptar cinco huerfanitos. Porque, de algún modo, sabía que su vida no sería larga. Y claro, unos capítulos después, se muere.
Con la misma convicción de Beth, yo siempre supe que los 40 a mí, no me llegarían. Que era cosa que le pasaba a las amigas de mi mamá.

Hace 20 años, me lancé en aladelta desde un cerro de Barra de Tijuca, en Río de Janeiro. Ni siquiera recuerdo el nombre del instructor que iba a mi lado y a quien le confié mi vida. Él me dijo, en portuñol, corré y saltá. Y yo corrí y salté. Al vacío.
Ahora me piden que haga lo mismo, pero no estoy segura de que la sensación sea similar: correr y tirarse a los 40. Y yo voy a correr y saltar, porque si no te empujan.

Dice Cortéz:
"A partir de mañana empezaré a vivir la mitad de mi vida".
Y yo me pregunto, ¿cómo sabe él que voy a vivir 80 años, y no 75 o 108?
"A partir de mañana empezaré a morir la mitad de mi muerte".
Esto ya no lo entiendo muy bien. Pero es previsible. Con la edad se te mueren neuronas. Aunque el estado mental de Cortéz cuando escribió esta canción tiene que haber sido similar al mío de ahora. Deberíamos entendernos. Si voy a comenzar a morir la mitad de mi muerte, significaría que voy a estar muerta 80 años. Y luego resucito. Lo cual puede resultar interesante para los terapeutas de vidas pasadas o alguna iglesia.
"A partir de mañana empezaré a volver de mi vieja de ida".
Acá la pifió. Porque en general uno regresa de los viajes por el mismo camino por el que llegó. O sea, el mismo paisaje. Las mismas medialunas. El mismo baño sin papel higiénico. Y yo pienso seguir viajando. Porque si no te sucede como en todos los viajes, que la ida duró una eternidad, y en cambio estás de vuelta en dos minutos, siempre que no te agarre tránsito a la altura de Chascomús, lo cual sumás tedio y fastidio al regreso.
"A partir de mañana empezaré a medir cada golpe de suerte".
Qué bueno por él. Porque yo nunca me gano nada.
"A partir de mañana empezaré a vivir una vida más sana".
Yo sabía. Lo de siempre. Que no hago suficiente gimnasia. Al médico no le alcanza que le digas que sos una activa ama de casa madre profesional que no para un segundo. Necesita que le muestres el carnet del gimnasio.
"Es decir, que mañana empezaré a rodar por mejores caminos"
Me confundió. ¿No era que estábamos volviendo?
"El tabaco mejor y también por qué no, las mejores manzanas,
la mejor diversión y en la mesa mejor, el mejor de los vinos".
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
Eso es otra cosa. Ahora vamos arrancando. Nos estamos entendiendo.
Lástima que no fumo. Ni tomo. Ni me drogo. Y no me gusta mucho las manzanas. Y todo de lo que quisiera "lo mejor" engorda, con lo cual ya no estaría viviendo una vida más sana. Ahora no sé... me entró duda...
"Hasta el día de hoy, sólo fui lo que soy, "aprendiz de Quijote""
Bueno, él debe haber peleado contra molinos de viento. Yo sólo intento llegar a fin de mes.
"He podido luchar y hasta a veces ganar, sin perder el bigote".
Yo no pude. Me depilé.
"Ahora debo pensar que no pueden dejar de sonar las campanas,
aunque tenga que hacer, más que hoy y que ayer...
a partir de mañana".
Sí, ya lo sé viejo. Ahora todo me cuesta el doble. Sin ir más lejos ayer levanté una caja (terminó la obra en mi depto, quedó precioso) y pasé cinco horas tirada en el piso esperando que vinieran a auxiliarme, y cuando mi marido llegó y trató de levantarme se quedó duro él, y vinieron los chicos y se nos tiraron encima porque pensaron que estábamos jugueteando, y al final todo se resolvió con una dosis inyectable de relajante muscular. Pero no fue nada.
"Si a partir de mañana decidiera vivir la mitad de mi muerte
o a partir de mañana decidiera morir la mitad de mi vida".
¿Y si decido seguir como hasta ahora, digamos, dejar que el tiempo pase? ¿Se puede?
"O a partir de mañana debería aceptar, que no soy el más fuerte,
que no tengo valor ni pudor de ocultar mis más hondas heridas".
Perdón, pero hay que ser boludo para darse cuenta recién a los 40.
"Si a partir de mañana decidiera vivir una vida tranquila
y dejara de ser soñador, para ser un sujeto más serio,
todo el mundo mañana me podría decir: "se agotaron tus pilas,
te has quedado sin luz, ya no tienes valor, se acabó tu misterio".
A ver... vamos por partes. Lo de dejar de ser soñadora me suena a jubilación o retiro obligatorio. Como escritora no es lo más conveniente. No me convence... Lo de las pilas, claro, era otra época, no se hablaba de ecología. Y lo del misterio... qué querés que te diga. Doce años de casada, dos hijos, celulitis, cuatro blogs, tantos libros. Mucho misterio que digamos no queda...
"Cada golpe de suerte empezaré a medir a partir de mañana.
De mi vieja de ida empezaré a volver a partir de mañana.
La mitad de mi muerte empezaré a morir a partir de mañana.
La mitad de mi vida empezaré a vivir... a partir de mañana".
Bueno, bien por él. Qué lindo. Qué suerte. Pero yo paso. Mucho drama, viejo. Son 40. No es que me agarré una peste incurable o tenía todos mis ahorros en un banco yanquee. Y además... ¿y si mañana salgo a la calle y me pisa el 113 que es el único colectivo que dobla por mi calle? ¿Y si tanto quilombo con esperar hasta mañana y resulta que me perdí el hoy?

Hagamos una cosa. Mañana festejamos con coca zero. Me dan regalitos, y seguimos como siempre. Y yo le digo a esa nena que hacía las cuentas para saber cuándo cumpliría 40, que el resultado era el 10 de octubre de 2008. Y que llegó. Y que es bárbaro que yo haya llegado con algo más de madurez e inteligencia que cuando hacía las cuentas. Y que el 2000 también pasó. Hace ocho años. Y la computadora sobrevivió sin inconvenientes. Y que me casé. Tuve hijos. Escribí libros. Planté árboles (aunque el árbol que planté está ahora todo bichado y me tengo que ocupar). Eso le digo. Y que se pasa volando, también. La ida, la vuelta, el entretiempo, el paso por los peajes, todo. Y que el tema te dá para una linda canción, algún poema, una entrada en el blog, y listo.

Después... después hay que seguir laburando.








11 septiembre 2008

CHAPA Y PINTURA Y PISOS Y PAPEL

Hubo un día en que tenía un hall de entrada. Pero ya no tengo hall de entrada.
Hubo un día en que tenía un comedor. Pero ya no tengo comedor.
Y de a poco me van echando de mi casa. Hoy me llevaré notebook al hombro, libro (estoy leyendo "Una serie de catastróficas desdichas. El hospital hostil", de regreso a las fuentes) y partiré a donde el camino lo indique.

De ninguna manera abandono blog, pero pido licencia por tres semanas.
Están pintando mi depto. Y lijándolo. Y puliéndolo. Y plastificándolo. Y empapelándolo. Y quitándole alfombra. Y poniéndole piso nuevo. Y todo eso por el monto de dos premios literarios obtenidos el año pasado.

Así que será hasta prontito en depto. viejo con cara nueva. Si es que sobrevivo.

19 agosto 2008

MUTANTE

He mutado. Como corresponde a toda mutación, he mutado en otra cosa. Es lógico. Me sería súmamente difícil mutar en mí misma.
Como el infeliz de La Mosca o el verde del Increíble Hulk, un accidente producto del azar provocó cambios en mi estructura molecular y, por lo tanto, ya no lo soy la misma. Ésta es mi forma de aceptarlo, de entenderlo. No deseo ir por la vida con una personalidad pública y otra oculta y peligrosa. No quiero tener que inventarme nombres ridículos ni quedarme en ropa interior cada vez que la mutación se active.
Por otra parte, a cada momento me doy cuenta de que no hace falta un estímulo externo para convertirme en esa otra cosa. Ya soy yo. Es parte de mí. Soy ella y sigo siendo yo.
He mutado.
Todo comenzó por una carta que envié a un diario y fue publicada en el año 06. Por esa carta, me quiso conocer una persona. Esa persona quiso que conociera a otra persona. Esa otra persona me propuso que hiciera algo. Yo, ingenua, lo hice. Las consecuencias están a la vista.

Antes yo leía y escribía ficción. Me dejé maravillar con libros como "Nunca me abandones" de Ishiguro o "En picado" de Hornby. Leí "Eres una bestia, Viskovitz" de Boffa, y escribí un libro de cuentos para niños inspirado en ese libro. Estaba en mi elemento.
Pero entonces sucedió todo lo de arriba y muté.
Los últimos libros que he leído, y los que tengo en parrilla para leer son:
"Leo pero no comprendo, estrategias de comprensión lectora".
"El mundo de las palabras" de Steven Pinker.
"Manual de gramática del español" de Ángela di Tullio.
"Un antropólogo en Marte" de Oliver Sacks.
"El instinto del lenguaje" de Steven Pinker.
"Deficiencia auditiva, guía para profesionales y padres".
"La arquitectura del lenguaje" de Noam Chomsky.
"La palabra complementada" de Torres Monreal.
"El conocimiento del lenguaje" de Noam Chomsky.
"Reglas y representaciones" de Noam Chomsky
además de una cantidad inusitada de apuntes, tesis y trabajos varios.

Antes leía cosas como:

"Nacer no es nunca una experiencia agradable, pero para nosotros fue un cuarto de hora horrible. Tras habernos parido bruscamente, mamá nos miró y con repugnancia y empezó por decir:

-¡Malditos monstruos, obra del demonio, criaturas infames!

Ahora leo cosas como:
"La subindización, superindización y la coindización desempeñan un papel fundamental en la denominada Teoría de la Rección y del Ligamento (RL). La relación de ligamentos (anáfora-antecedente-etc) se expresan en términos de cosubindización, en cuanto las relaciones de no-ligamento (como la de un sujeto expletivo y la cláusula extrapuesta) y la concordancia del sujeto lo hacen basándose a la cosuperindización".

¿Lo entiendo? Quiero creer que sí. (Bueno, no. No lo de arriba por lo menos. Lo de arriba es un conglomerado de palabras que alguien inventó y unió con el fin de parecer muy inteligente. Por lo menos, más inteligente que yo). Espero que la mutación incluya por lo menos una guía rápida o un listado de palabras difíciles. ¿Acaso el Increíble Hulk comprendía el por qué de su pérdida de calzado? ¿Entendía el de La Mosca su apetito de excrementos? No, uno no comprende, aunque a veces luche contra la mutación.
Ayer, sin ir más lejos, comencé a leer en forma compulsiva una novelita entretenida. Como cuando voy corriendo a la heladera y tomo un sorbo de coca directo de la botella.
Pero por lo menos, la mutación me está haciendo una persona bastante más formada. (Y dicho sea de paso, no tiene nada que ver estudiar a los 18 que estudiar a los plinplin, con todo el conocimiento que uno lleva encima, la experiencia de vida, y el cerebro en el cénit de sus posibilidades biológicas).

Existen otros casos de mutaciones en el mundillo literario.
Modelos, cantantes y actrices que mutan en escritoras. Escritores serios que mutan en gurús de autoayuda. Gurús de autoayuda que mutan en modelos. Presentadores de TV que mutan en conferencistas vía libro publicado. Bloggers que mutan en escritores y escritores que mutan en bloggers (ése ya es un clásico). Escritores de culto que mutan en autores de poemas apócrifos. Personas que vivieron un hecho traumático que mutan en autores de libros que ayudan a superar hechos traumáticos. Buenas escritoras que no venden que mutan en escritoras de chicklit. Escritores que mutan en autores de libros para niños cuando la literatura infantil se pone de moda y vende muy bien.

No nos une el amor, sino el espanto, hubiera dicho el maestro. Y es cierto. Nos unen nuestras monstruosidades, nuestra diferencia, nuestra caída estrepitosa en una forma nueva y desconocida.
Soy yo. Pero ya no lo soy. No sé si despedirme o presentarme. No sé si es por un tiempo o para siempre. No sé si es un paso a otra cosa que todavía no conozco. Lo digo y lo cuento por las dudas. No vaya a suceder que me pierda y un día no logre siquiera encontrar el camino hasta este blog. O peor, comience a escribir sobre semántica.

13 agosto 2008

LOGOGENIA.BLOGSPOT

Conocí a Patricia Salas. Descubrí la logogenia. Viajé a Salta. Comencé el diplomado. Viajé otra vez a Salta. Seguí estudiando. Me convertí en diplomada en logogenia. Tuve mi primera alumna. Trabajo en una escuela. Doy charlas. Recibo consultas. Oriento. El año que viene estaré dictando el diplomado bajo el mando de Salas. Y todo eso ahora será parte de...

10 agosto 2008

8.8.08 a las 8:08

Mirá, a mí los deportes no me interesan demasiado. He practicado algunos sin ganas (tenis, patín, pelota al cesto, handball) pero mirarlos, eso si que no. Me aburro, viste. Sin embargo, recuerdo muy bien los anteriores Juegos Olímpicos.
Resulta que a mi marido le dolía el pecho. Y llamamos al médico. Y vino una doctora jovencita, simpática, que leyó mal el electro. Y lo internó. Y el tipo –mi marido- aprovechó para apoliyar de lo lindo dos días en una habitación privada con servicio completo, mientras yo lo cuidaba despierta. No fuera cosa que tuviera un paro ahí mismo y nadie se diera cuenta.
Lo vigilaba y miraba la tele, claro, que para algo pedimos –y pagamos- el servicio de cable en el sanatorio. Pero no había nada para ver. 81 canales y ni un mísero programa decente. Excepto los Juegos. Así que recuerdo haber pasado dos días mirando salto en garrocha femenino. Repeticiones incluídas. Creo que ése fue el mayor acercamiento que tuve a los deportes en toda mi vida.
No te digo que vaya a ser diferente esta vez. Me atrajeron dos minutos de tiro nomás. A mí me gustan las armas, qué te puedo decir. Es políticamente incorrecto, pero una vez tiré con una .38 en un polígono de Miami, y me gustó. Viste que allá podés ir a Disney o entrenarte en una milicia, es lo mismo.
Pero en fin, te digo, pueden pasar los Juegos Olímpicos, el Mundial, las Olimpíadas de invierno, las especiales, que a mí no se me mueve un pelo.
Excepto por las inauguraciones. Las inauguraciones sí me gustan. Ese prodigio de organización, gasto público y coreografía gigante. Tienen algo las inauguraciones. Mezcla de magia y de política. Por un lado hay treinta tipos en malla bailando en el aire, y por el otro te enterás que taparon los edificios feos o trasladaron a los mendigos a un país a cambio de dos medallas de cobre.
Por eso me grabé la china, para verla a mi gusto. Yo me dije: los chinos inventaron casi todo lo que se puede inventar, seguro se mandan una apertura de la puta madre. Y no me equivoqué. ¡Clonaron 5000 seres humanos solamente para que en la fiesta todos fueran igualitos! Impresionante. Porque mirá que uno dice que los chinos son todos iguales y a mí eso me parece una desconsideración, una falta de respeto, un prejuicio. Son todos bien distintos. Como los caucásicos o los negros. Cada uno con sus rasgos. Pero estos no, los de la tele eran todos igualitos y casi todos hombres. Yo me dije: y claro, si allá a las nenas las adoptan los yanquis. Pero bien que bailaban y se movían todos al mismo tiempo. Todo tai chi chuan y kung fu. Muy bien pensado. Yo esperaba más dragones, por ejemplo y no, no hubo. Seguro que creyeron que todo el mundo esperaba dragones y dijeron: nada de dragones. Son unos vivos bárbaros estos chinos. Y esa Tierra por la que corrían personas, qué fantástica. Me quedé un poco preocupada por los que estaban cabeza abajo. Se les iba toda la sangre, ¿no? ¿Les habrán pagado más a los que estaban cabeza abajo que a los que andaban como la fuerza de gravedad dispone? Igual muy lindo. Yo miré todo. Bah, en realidad como lo tengo grabado miré hasta que llegó la delegación de Francia. Ahí, mientras saludaba Sarkozky y el hijo, dije basta y apagué. No es una crítica a la política francesa, sólo que ya estaba cansada.
Qué lindo lo de las delegaciones. Te emociona, ¿no? Ahí tenés un compendio de la raza humana, un manual ilustrado de costumbres. A mí me gustan las que van con trajes típicos. Los africanos por ejemplo. Algunos parecían sacados del National Geographic. Ahí ves a quién le hizo los trajes Nike y a quién la señora Mecha de la esquina. Qué pintoresco. Había unos que tenían unos gorritos que parecían sacados de Mc Donalds, pero lo que más me llamó la atención, es que en general las mujeres deportistas, cuando se visten de civil, parecen azafatas. Pobres chicas. Viajan tanto por el mundo que cuando se tienen que vestir con pollera y zapatos, el ejemplo más cercano que tienen de elegancia es el de las azafatas.
En cuanto a la ropa de Argentina… sosa te digo yo. Trajecito blanco muy lindo, limpio, pero había mil deportistas vestidos igual. ¿Sabés qué me hubiera gustado ver? Pantalones de campo con faja argentina y alpargatas. Pero a mí nadie me preguntó.
Había países que te juro que nunca oí nombrar. Saint Lucia, por ejemplo. No me digas que hay un país que se llama Santa Lucía. Seguro que se trata de un convento que se anotó en los juegos. O Baharain, o Barahan, empezaba con B y tenía una h en el medio, seguro. Y ni te digo el tema de las banderas. Yo me fijo a ver si las reconozco y no, un desastre yo. Ahora… hay algunos países que esperemos que no se junten… es llamar a la desgracia. Habría que hacer juegos diferenciados por ideología, digo yo. Por ejemplo, pasó Israel, y enseguidita pasa Palestina. Ahí yo te digo que va a haber quilombo. O Irak seguido de Irán. ¿Era necesario ponerlos tan juntos? Congo y República Democrática de Congo. Queda feo eso de lanzarles a la cara la falta o el exceso de democracia, ¿no? Y había otros… yo no quiero pensar mal… pero había algunos deportistas, de ciertos países… que pasaban y como esperabas que uno explotara, no sé…
Otra cosa: ¿viste esos países en que todos pero todos pero todos son rubios y de ojos claros? Dinamarca por ejemplo. Pero además cada mina es el equivalente a lo que aquí llamamos súpermodel. Qué jodido. Si todas son lindas, ¿con quién competís? ¿Quién es más linda que vos? ¿La inteligente?
Qué momento para el que está ahí, ¿no? Vos veías a los deportistas todo emocionados, concentrados. Había un árabe que iba hablando por celular. Yo le leí los labios: “¿A cuánto dijiste que cerró el crudo?”. Y otros tan serios… para mí que iban pensando “este es el momento más importante de mi vida, ojalá hubiera conseguido un sponsor”. Había delegaciones que iban todos así, a cara de culo, como sentando posición, y después estaban… los argentinos. A los nuestros les faltó hacer un trencito y tocar los pitos. Pero qué alegría. Siempre dando la nota. Era pura joda eso, yo no sé si se puede, si no hay un protocolo que te dice cómo actuar mientras desfilás, pero para mí que los muchachos se pasaron. Después de los nuestros les siguieron, en plan de joda, los uruguayos y los españoles. Latino hay que ser. Y no te sigo la lista porque te dije que ví hasta Francia.
Pobrecitas esas delegaciones de cuatro infelices, ¿no? Iban caminando a cinco metros de distancia uno del otro como para llenar un poco el espacio. A esos abanderados se los veía con un poco de culpa. Como diciendo: “y bueno… para más no nos alcanzó la vaquita…”
Igual lo importante es estar, ¿no? Competir.
¿Y viste qué lindo cuando saludaban los mandatarios? Estaba la Letizia de España, tan flaquita esta chica, a mí me preocupa. Había otros que saludaban a los suyos con ganas y algunos que los miraban de una manera… yo creo que si ésos no ganan algo después les cobran multa en su país o les cortan las manos. No sé…
Bueno. Empezaron los Juegos Olímpicos. Y esto es todo lo que yo voy a decir al respecto.

01 agosto 2008

4 AÑOS

Mañana 2 de agosto, este blog cumple 4 años. Como ya lo he descubierto desde el primer cumpleaños, soy yo la que tiene que organizar la fiestita, pero no recibo regalos.

Han sido 4 buenos años. La mayoría de los blogs sin función específica no logran llegar al fin de la primerísima infancia, ni prepararse para ingresar al preescolar.
"La vida con subtítulos" no es un diario personal. No es un blog netamente literario. No subo aquí ficción literaria "formal". No escribo sobre mujeres, ni sobre hombres, ni sobre otros seres no clasificados. No difundo las últimas novedades literarias ni informáticas ni sobre celulares ni sobre celulitis. No cuento mis intimidades amorosas, no soy anoréxica, ni obesa, no estoy deprimida, no busco marido, no me han dejado, ni me hago pasar por quién no soy.

Y sin embargo, logré que un blog que habla de nada en especial llegara a los 4 años. Y logré que ustedes me acompañaran en la aventura.

El blog me ofreció momentos maravillosos, delirantes y angustiantes.
Por ejemplo...
La primera vez que alguien me reconoció por haber leído uno de mis libros, y se asombró de encontrarme en este "pantalla a pantalla".
Haber encontrado la página de un muchachito nazi que declaraba ser fan de uno de mis libros.
Conocer a un distinguido y conocido escritor y que la amistad trascendiera al mundo real.
Recibir premios de esos que se dan entre blogs, lo cual nunca anuncio.
Recibir propuestas laborales (algunas se dieron, otras no).
Saber que puedo escribirles a varios otros blogueros a quienes no conozco personalmente, por x motivo, y que me responderán.
Que me confundan con el autor de una poesía que subí una vez, nacido a principios del siglo XX.
Que me amenacen públicamente.
Que me puteen cantidad de veces.
Ver mis escritos en otros blogs, y que siempre me nombraran correctamente, lo cual agradezco.
Aparecer en ránkings, listas, recopilaciones de blogs, cuando creía que no me conocía nadie.
Sumar centavos en AdSense.

Por ustedes y con ustedes, FELIZ CUMPLE A MÍ.

20 julio 2008

MAMÁ ESTÁ EN INTERNET

Mi hijo (alguno de ellos) en casa de un amiguito, y frente a la compu: -¿Sabés que mi vieja aparece en Internet?
Amiguito: -¡No me jodas!
M.H: -En serio. Vos ponés el nombre de mi vieja y aparecen como quichinientos lugares que hablan de ella.
A: -No... me estás diciendo cualquiera...
M.H: -¡Pero te digo que es en serio, boludo!
A: -¿Tu mamá es famosa?
M.H: No... no sé, en la calle no la para nadie... así que famosa no es.
A: -¿Aparece en la tele?
M.H: -No, tampoco. Aparte viste que es mi mamá, no es como las minas de la tele, que tienen tetas y esas cosas.
A: -No, claro... yo la ví a tu mamá, no está tan buena...
M.H: -¿Pero querés verla en Internet o no querés? Hasta hay fotos de ella.
A: -¡No! Qué masa... A ver, buscala.
M.H: -Esperá porque el apellido de mi vieja es re-difícil. Encima me lo pusieron a mí, una cagada. ¿Ves? ¡Ahí está! Todos esos links son sobre mi vieja.
A: -¡¡¡Uau!!! Alucinante, bolú. ¿Y de qué tratan?
M.H: -¿No sabés leér, tarado?
A: -Está bien, está bien, no me apures. Ah... porque tu vieja es escritora, ahora me acuerdo. Cuando estábamos en segundo vino a leernos un cuento.
M.H: -Sí, por eso. ¿Ves? Están las librerías que venden sus libros... notas sobre ella...
A: -Una cagada.
M.H: -Y, sí... pero...¿acaso tu vieja está en Internet, como la mía?
A: -No... no creo. Mi vieja vende Avón. Pero esperá... esperá boludo... mirá ese link.
M.H: -A ver... ése no lo había leído nunca...
A: -Porque tu vieja no es joven...
M.H: -No... creo que ya pasó eso... esperá que leo... "jóvenes colombianas penetradas"... ¿Vos sabés qué es?
A: -No... a lo mejor es una librería de Colombia.
M.H. -A lo mejor en Colombia dicen penetrar en vez de entrar. O en vez de empuje y tire. Penetre la puerta.
A: -Sí, viste que en México al dulce de leche le dicen cajeta. Cualquier cosa.
M.H: -Entrá, entrá a ver. La conocen a mi vieja en Colombia, ¡una masa!
A: -Dice que hay que tener 18 años...
M.H: -Vos poné que tenemos, total acá no te ve nadie. ¿No nos ven por la webcam, no?
A: -No pelotudo.
M.H: -Lo que pasa es que la compu de mi vieja no tiene webcam.
A: -Uaaaaaaaaaaaaauuuuu. Esperá, ¿esto cómo se mira?
M.H: -Así, tenés que poner la cabeza para este lado, de costado, ¿ves?
A: -Ah, ya entendí. No se entendía nada. ¿¿¿Ésa es tu vieja???
M.H: -No sé... no le veo la cara... y esa parte yo no se la ví nunca.
A: -¿Y tu viejo cuál es?
M.H: -Me perdí boludo, no sé... mi viejo tiene una cicatriz de cuando le sacaron el apéndice. Yo siempre le pido que me la muestre.
A: -Vos fijate si encontrás la cicatriz entre esos cuatro, y yo me fijo con estos dos. (...) ¿Y?
M.H: -No, están todos muy juntos...
A: -¿Ahí es donde tu vieja vende los libros?
M.H: -No sé.... debe ser, porque mi casa no es. A lo mejor le están pidiendo autógrafos. Mi vieja te firma el libro si le pedís.
A: -Ahí le están prestando varias lapiceras, me parece.
M.H: -Sí, debe ser eso. A mi vieja le encantan las lapiceras, tiene un montón, por eso agarra todas.
A: -Le voy a mostrar a mi vieja que tu vieja está en Internet. ¡¡¡Maaaaaaaa!!!! ¡Má! Mirá, la mamá de él está en Internet.
Mamá: -Ah... y se hizo las lolas.

Gracias a Dios, Jehová, a todos los santos y a la Santísima Trinidad, al destino, el azar y la naturaleza, el darwinismo y el creacionismo, el diálogo de arriba es ficticio pero... podría suceder.
Varias veces he encontrado que mi nombre remite a páginas web estricta y oficialmente pornográficas. (Ya los veo, corriendo a buscarme en Google). No pasa siempre. Son como links fantasmas. A veces están y la mayoría de veces, por suerte, no.
La primera vez que lo descubrí entré a la página en cuestión (sin ánimos de entretenimiento) para buscar un responsable a quien denunciar, pero claro que no lo encontré. Luego mi marido me explicó (mirando fijamente la pantalla) que se trataban de páginas que buscan, en forma autómatica, sitios visitados, y se cuelgan de esa búsqueda. Lo cual me otorgó cierto gozo (no confundir términos) por el hecho de que mi página gozara (ídem) de prestigio o popularidad, aunque enseguida regresé a mis cabales y dije qué horror, y qué terrible, y mirá si los chicos encuentran esto. ¿Te imaginás, mirándolo en casa de un amiguito?
El resto, lo de arriba.

11 julio 2008

LA CULTURA

-¿Te acordás qué era la cultura?
-...
-Dale, eso, la cultura.
-¿Esa serie de televisión..?
-¡No viejo, no puedo creer que no te acuerdes!
-Sí, sí, me acuerdo... es que me falta la palabra... una vez fuimos...
-¡La cultura, che! El conjunto de saberes que se adquiere a través del arte, las ciencias, esas cosas.
-¡Eso! Lo tenía en la punta de la lengua. ¿Y por qué dejamos de ir?
-¿Pero no te digo que no es un lugar?
-Sí, sí, te entendí. Ok, ¿por qué dejamos de comprar cultura?
-Por eso, lo que vos dijiste, porque ya no la pudimos comprar.
-Ah... viste que yo sabía.
-Se nos fue yendo la cultura de a poco... qué lo parió. Al principio dejamos de comprar cedés, porque estaban carísimos y nos bajábamos la música.
-Qué épocas aquellas. Me acuerdo cuando me pasaba todo el día bajando rock nacional.
-Después dejamos de comprar libros...
-¿Y esos los bajamos?
-Dos o tres nomás. De música conseguís lo que querés, pero con los libros es más difícil... no encontrás muchos. Además viste que a mí me revienta la vista leer en la pantalla. Y si los imprimís, te cuesta lo mismo.
-Ni idea de cuánto debe costar un libro ahora...
-Y... ponele alrededor de 50 mangos.
-Importados ni en pedo.
-Después dejamos de ir al cine. Porque aunque nos bajábamos películas, las buenas nos gustaba verlas en pantalla grande y con buen sonido. ¿Te acordás?
-Cómo no me voy a acordar... Creo que la última película que vi en el cine fue "La vida de los otros". Un peliculón.
-...
-Che, ¿hay cines todavía?
-Pocos, me dijeron. Los multicines cerraron y los terrenos se vendieron para hacer torres. Y en un par pusieron ferias americanas. Traen ropa usada de Estados Unidos. Te conseguís una remera Nike por dos mangos.
-Tendríamos que ir.
-Y el teatro...
-¿Qué teatro?
-No, te digo que el teatro... que me acuerdo del teatro...
-Yo quise una vez ir a ver el Cirque du Soleil o como mierda se llame. Salía con una mina a la que le gustaban esas cosas. Pero la entrada salía como 600. No te miento.
-¿Y qué pasó?
-Cambié la mina por una de bajo mantenimiento.
-Yo también quise ir a un par de espectáculos. Pero imposible, viejo, imposible. ¿Sabés a quién quise ir a ver? A unos artistas catalanes que hacían una obra sobre la silla, pero costaban un huevo las entradas.
-Vos te enganchás con cualquier porquería. Te pongo una silla en el living y la mirás por dos horas y ya está.
-¿Pero vos te das cuenta de que la cultura sólo está disponible para la gente de guita?
-¿Y ahora te venís a dar cuenta, gilún?
-No... yo digo... porque esa gente como que ya tiene cultura, ¿no? Y a la gente que no tiene nada, tampoco le llega.
-Acabás de descubrir cómo funciona el mundo occidental capitalista, te felicito.
-No seas pelotudo. Es serio lo que digo. Porque un cigarrillo de paco lo conseguís a dos pesos, pero un libro ni en pedo.
-¿Vas a romper mucho las bolas con el tema?
-Si te jodo me callo. Yo decía nomás. Porque yo siempre creí que la cultura, el arte, te puede cambiar la vida. En serio.
-Estoy aburrido. ¿Hoy qué hay para ver?
-Lo del baile en el caño.
-Dale, ponelo. ¿Tenés una cerveza?
-Esperá que me fijo.
-Por lo menos nos queda la tele.
-Por lo menos...

08 julio 2008

PARA ORGULLO DE SUS PAPIS Y MAESTROS

Josefina, Belén y Luisina son tres chicas menores de 14 años que viven en la provincia de San Juan y que leen. Así de sencillo. Me contactaron para un trabajo práctico, y otra vez para organizar un grupo de lectura. Desde aquí no puedo menos que apoyarlas, aplaudirlas, acompañarlas, asesorarlas y sentirme muy pero muy orgullosa de que sean como son. Va una parte del trabajo que escribieron.

Muchos adultos creen que a los jóvenes argentinos de hoy nos sobra tiempo para realizar actividades “frívolas” (desde su punto de vista) y por eso agregan actividades extras a nuestro ajustado horario. De forma que nosotros tengamos que elegir entre el modo de disfrutar de nuestro momento de relajación el cual puede ser una agradable tarde de lectura, o salir con amigos -vale aclarar que nosotros elegiríamos salir con nuestros amigos-. Ésta puede ser una de las tantas respuestas al interrogante primero.
Un punto de vista de gran importancia es el perfil de cada tipo de chico. El adolescente que no tiene la costumbre de leer generalmente es el ser llamado tipo común, a veces el personaje leído en los libros, pero no el que lee-como ya aclaramos anteriormente-. El joven que lee, es generalmente el chico raro, botón, traga, gusano de libros, etc. Entonces nos da pie para las siguientes interrogantes ¿Por qué es que se los excluyen de tal forma a estos jóvenes? ¿Es que acaso la sociedad se ha vuelto no lectora? Cosa muy importante a tener en cuenta cuando se nos estudia: los
jóvenes y la sociedad, sobre todo ya que en esta etapa de nuestra vida que la sociedad representa un papel tan importante.
¿Y los profesores? ¿Qué papel cumplen con respecto a nuestras lecturas? ¿Son conscientes de cuál es la mejor forma de incitarnos a leer un libro? ¿O siguen creyendo que enviándonos a leer libros es la mejor forma de iniciarnos en el arte de la lectura? La verdad es que actualmente los profesores rara vez recomiendan libros a los alumnos, a no ser el profesor de literatura, claro está. ¿Qué opinan los profesores de la actual lectura de los adolescentes en Argentina? ¿Qué opinan los bibliotecarios? Aquellos trabajadores que seguramente sabrán bastante acerca de los nuevos hábitos de lectura en los jóvenes argentinos.
Planteamos las interrogantes desde cuatro puntos de vista: los padres, la sociedad, los profesores y los bibliotecarios, pero ¿Qué hay de aquellos que no están delante del libro sino detrás? Los autores tienen una interesante opinión sobre ¿Por qué no leen los adolescentes? como nos podrá demostrar Verónica Sukaczer.



07 julio 2008

LA FÓRMULA INFALIBLE

"Tres cadáveres aún sangrantes. Tres esqueletos bien embalados. Una vieja ahorcada con varias puñaladas en el pecho. Una dosis suficiente de susurros, gemidos ahogados y horribles estrépitos. Ubíquese todo eso en un castillo semiderruido, con un largo corredor con muchas puertas, de las que varias serán secretas. Mézclese, agítese y escríbase. El cuento está listo."
Fórmula para conseguir una historia de horror, publicada por un diario inglés en el año 1798. Autor anónimo.

30 junio 2008

SE BUSCA

Siento que es el momento. Lo dice el horóscopo. Es hora de tener una página. Un http://www.veronicasukaczer.com.ar/; que reúna todo lo que anda desparramado por la red.
¿Quién de ustedes hace páginas web? ¿Y quién cobra muy barato a escritores pobres? Y miren que quiero con dibujitos y linkcitos y maripositas que vuelen y cositas. (Me gusta la página de J.K.Rowling por ejemplo, pero supongo que ella no tuvo problemas en pagar lo que le pidieron).
(Una vez fantaseé con que viajaba al pasado, antes de la era Harry Potter, y escribía el argumento de los siete tomos. No era necesario escribir las novelas. Sólo los nombres, ideas, giros, etc, etc. Lo registraba, por supuesto. Y al regresar al presente, denunciaba a Rowling por plagio, y arreglaba por una importantísima suma fuera de juicio y le permitía mantener su nombre en los libros. Todo era muy poco ético, por supuesto. Y yo le contaba a Rowling cómo había logrado estafarla, porque total nadie podía probarlo, y después ella escribía una saga sobre una chica que viaja por el tiempo y se hacía aún más multimillonaria. Pero yo feliz con mis cinco milloncitos y mis libros con tiradas de mil ejemplares. Esto no viene a cuenta de nada, pero como es mi blog lo quería poner).

19 junio 2008

ME VOY A MORIR

6.30. Me despierta la TV, que está programada para encenderse a esa hora. Como buena sorda que soy, no me sirven los despertadores comunes que hacen tilín tilín, y en cambio me despierta cualquier cambio mínimo en la luz ambiente o movimientos a mi alrededor. La TV se enciende en un canal de noticias, y entre el stress agudo que me provoca saber qué sucede en el mundo y la lectura de la temperatura que tendré que afrontar, pierdo 35 minutos de vida.
6.35. Lleno una taza con leche de sachet de segunda marca de un reconocido supermercado, que estoy segura que lo que menos tiene, es leche. Le echo un cuarto de cucharadita de café instántáneo (¡veneno! dijo el gastroenterólogo de mi marido) y dos cucharitas de azúcar. Lo caliento en el microondas 1 minuto exacto. Entre sustancias extrañas y seguramente nocivas, y ondas, pierdo 48 minutos de vida.
6.46. Voy al baño. Un estudio dice que el papel higiénico está fabricado con desechos que uno jamás desearía cerca de su culo, en circunstancias normales. Basura, vidrios, etc. Pierdo 3 minutos de vida.
6.54 Me baño. Utilizo shampoo y enjuague de marca de precio intermedio que posiblemente me estén dañando el cuero cabelludo a la vez que se filtran por los capilares para ingresar a mi torrente sanguíneo. Me gusta la ducha bien caliente. Pierdo 5 minutos de vida.
7.10 Despierto a mi marido y a mis niños. Es normal que los niños refunfuñen y tarden en levantarse, y que finalmente lo hagan bajo queja. Los míos, en cambio, cada mañana deciden firmemente abandonar sus estudios. En su afán de ganar esa batalla, me tiran desde las almohadas hasta cualquier cosa que tengan a mano. Los gritos, la histeria, el malhumor, me hacen perder 53 minutos de vida.
7.55 Logramos salir hacia la escuela, a pesar de que el horario de ingreso es 7.50. (El establecimiento educativo queda a dos cuadras y media de nuestro hogar). No me abrigo. En general me pongo un pantalón y una campera sobre el mismo camisón y/o pijama, y amenazo a mis niños con mostrarles a sus amigos que su madre va así a la escuela. El frío, agregado al smog de la mañana, la cuadra repleta de plátanos (y yo soy alérgica) y la tensión que pongo en lograr que nadie pise caca canina, más el peso de dos mochilas a rueditas me quitan 1 hora y 13 minutos de vida.
8.20. Regreso a mi hogar. Enciendo mi celular. Otra nota aparecida los últimos días en un medio de comunicación informa que todavía existen dudas de si el celular nos provocará o no cáncer cerebral a largo plazo. Aconseja no utilizarlo en demasía y no llevarlo sobre el cuerpo. Descubro que ya llevo perdidos como 5 años y medio de vida.
8.22 Realizo las tareas del hogar utilizando productos químicos con cantidad de advertencias y sin guantes. Hubo una época en que leía las etiquetas con atención. Mi inteligencia actual (tal vez menguada por los vapores que despiden tales elementos) ha decidido limpiar y listo. Pierdo 8 minutos de vida ya que no es mucho lo que repaso. El resto se lo dejo a la señora que viene una vez por semana, y que es responsable de su propia vida.
9.23. Primera llamada de mi suegra del día. Pierdo 6 horas y cuarto de vida.
9.30 Enciendo la notebook, que continuará trabajando hasta que termine el día. Por obra de sus rayos, ondas y campos magnéticos pierdo 1 hora y 54 minutos de vida.
13. Preparo el almuerzo. Ravioles de pollo y verdura del mismo supermercado de arriba. Sé si ninguna duda de que están hechos con las sobras de las sobras de las sobras de los pollos y las verduras que utilizan en el sector de comidas preparadas, más las verduras que no estaban aptas para el consumo humano. Los cocino en una olla de teflón que ha perdido el recubrimiento en varios sectores. Mientras mi hijo menor y yo las comemos con manteca de segunda marca dura como pan viejo, mi hijo mayor las prefiere con salsa. Abro una lata de salsa fileto y la tiro sobre sus ravioles. Otro artículo que me llegó por Internet trata sobre las salsas, e indica claramente qué desgracias lleva cada marca. Tomamos agua de la canilla con jugo que viene en forma de polvito. Pierdo 2 horas y 9 minutos de vida, pero además le quité unos 55 minutos de vida a mi hijo mayor.
14.30 Duermo 20 minutos de siesta. Recupero 3 minutos de vida. Al descansar, soy conciente de los problemas del día y se hacen potentes los acúfenos que me acompañan desde siempre. La tensión que me provoca esto me hace perder 46 minutos de vida.
15.42 Se produce una situación de emergencia: frente a mi PC recibo una llamada telefónica, respondo un mensaje de texto, tomo un café capuccino instantáneo con un chorrito de edulcorante químico, uno de mis hijos se acerca con un juguete con sus pilas notoriamente sulfatadas, recuerdo -y no sé por qué en este momento- que tengo saldo en rojo en la cuenta bancaria y la señora que limpia una vez a la semana (y que es quien me ha llamado) me avisa que no va a poder venir, y mi hijo mayor tose sin vergüenza en la cara. Pierdo 2 días y 54 minutos de vida.
16.30 Preparo la merienda. Decido que el té no me acortará la vida, aunque sí es posible que lo hagan las galletitas y sus grasas trans. Pierdo 5 minutos de vida.
17. Llevo a mis hijos a sus actividades. Cargo nafta. Los vapores me quitan 8 minutos de vida. El caos del tránsito en cambio, me restan 48 minutos.
21.30 Debido al stress de la vida cotidiana, mi sueño es liviano y frágil. Es decir, duermo, pero pensando en que me olvidé de comprar un mapa de Argentina con división política, o que hace falta queso rallado, o repito un estribillo malo como el de jugo de tomate frío con el que mis hijos me han estado taladrando el cerebro. Por eso ingiero una conocida droga legal y recetada por el profesional correspondiente, para poder descansar y tener períodos de sueños REM y esas cosas reparadoras. Pierdo 56 minutos de vida.
23.30 La droga hace efecto. Los niños están dormidos. Mi marido frente a su computadora matando terroristas.
Me pregunto cuánto me quedará de vida.


13 junio 2008

DÍA DEL ESCRITORcito

Mi hijo mayor, 9 años, 4to. grado, tuvo que escribir su primera "composición oficial". Mi hijo le huye a ese tipo de deberes (en realidad a cualquiera) así que obviamente me pidió que la escribiera yo. Yo dije que no. No voy a relatar todo lo que sigue, habitualmente, luego de un no, pero digamos que aquí vivimos cada día un día D. Finalmente aceptó su responsabilidad y yo ofrecí orientación: teniendo en cuenta que el niño en cuestión es un gran fabulador, le dije que se olvidara de todo eso de "escribir un cuento" que asusta tanto, y simplemente contara la historia que tenía en su cabeza, igual que me cuenta cosas a mí. Y ya sobre sus ideas, le hice un pequeñísimo cuadro para que pudiera seguir una estructura. El resultado le gustó. Le pusieron sobresaliente y eso lo motivó. Y me pidió que se lo publicara. Así que para festejar el día del escritor... de tal palo, tal astilla.
Pueden dejarle mensajes, y yo se los pasaré (no le ofrezco este blog como lectura habitual, sólo sabe que lo escribo). Al terminar, unas oraciones originales robadas del cuaderno de clase del menor, 7 años, 2do. grado.

ESCRITORcito MAYOR
(Copia textual del original)
En las oscuridades del infierno hay 9 personas que se destacan: "El demoño" (A2) y los buenos, A1, Ivan, Rulo, Yoni, Nico, Mati, Eze, Agus y Lautaro. Su objetivo es vencer al demoño para que yo, A1., no me transforme en el 3ero. "Demoño".
Claro, cada uno tiene un poder: A2, el poder de llevarte al infierno. A1, el poder de la viseon de rayos X, de rayos y de leer mentes. Iván lanza figus de la mano como Rulo. Yoni la super fuerza, como Agus y Lautaro. Nico se infla y Eze lo que dibuja aparece en la vida. Y Mati la agilidad y/o la super velocidad.
Entonces yo y mis amigos vamos a vencer a A2. Pero A2 estaba preparado, entonces mandó a sus amigos.
Primer problema Nico se encuentra con Ronald y se infla, pero Ronald lo pincha con una aguja.
2do. Eze se encuentra con Manuel pero antes de que el dibuje algo, ¡plaf! rompe su cuaderno.
3ero. a Iván lo atrapa Thiago y le saca el pegamento a sus figus y lo mismo le pasa a Rulo.
4to. a Yoni lo mandan a direxión, Lautaro ve a Palacio y lo sige asta la trampa y a Agus lo castigan por 1 semana.
Bueno solo quedabamos Mati y yo, pero no faltaba tanto para que Pedro lo desafíe a una carrera y ¡plaf! le había desatado los cordones.
Haí estaba yo mirando fijante a A2. Entonces luchamos pero los dos caimos. Hicimos un trato: el no llevaba mas personas buenas al infierno, pero yo le daba la tele para siempre (shhhh era mentira) a y además tenía que llevarse a Cristina y obligar a todos que yo sea presidente.
FIN
(Nota del editor: por cuestiones de seguridad se quitaron los nombres de los niños. A1 es él mismo, y A2 es... el hermano menor).

ESCRITORcito MENOR
Una vez vi una mariposa volando en la lluvia.
Una vez vi una foca en la ciudad porque llovia.

12 junio 2008

AMIGO DE LA CASA

Vuelve un clásico de Marcelo di Marco: Taller de corte y corrección.
El mejor aliado del escritor y el tallerista.Bajo el sello DEBOLS!LLO, el grupo editorial Random House Mondadori acaba de lanzar la 4ta. edición de esta extraordinaria guía para la creación literaria. A pedido del público y en versión actualizada, la obra de Marcelo di Marco vuelve a las librerías después de cosechar entusiastas elogios de los lectores y la crítica. Ampliamente recomendado y difundido por los más prestigiosos escritores, coordinadores de talleres de escritura, docentes y especialistas en medios y comunicación, Taller de corte y corrección no puede faltar en el cajón de las herramientas de quienes buscan escribir bien, mejor y con mayor libertad.Al mismo tiempo, el grupo editor ha publicado en el sello Sudamericana Joven las terceras ediciones de Atreverse a escribir. Prácticas y claves para arrancar de una vez por todas y Atreverse a corregir. Trucos y secretos del texto bien escrito. Ambos libros fueron escritos por Marcelo di Marco en coautoría con la especialista Nomi Pendzik.
Más información en
http://www.elaleph.com/marcelodimarco.
Una excelente guía para la redacción literaria.

02 junio 2008

LOGOGENIA

Me inicio en el ejercicio de la logogenia, un método de desarrollo de la competencia lingüística para niños sordos, que estudié en Salta con la primera logogenista argentina, Dra. Patricia Salas.
La logogenia fue creada por la lingüista Bruna Radelli, utilizando como base la gramática generativa de Chomsky, y se practica desde hace aproximadamente diez años en varios países de Sudamérica, España, Portugal e Italia.

Un niño oyente vive dos años inmerso en su lengua antes de comenzar a hablarla. Y luego, y sin que nadie se lo haya enseñado, nos asombra con construcciones lingüísticas que nunca hemos pronunciado a su lado. Ha adquirido su lengua. Los niños sordos no siempre logran desarrollar esta capacidad biológica. La logogenia busca sustituir el estímulo oral por el estímulo visual, lo hablado por lo escrito, para exponer al niño a la lengua.
La logogenia no es un método de enseñanza.
No es un método de lectura.
No es un método de comunicación.
No importa si el niño se comunica en forma oral o por lengua de signos.
Lo que importa es que los niños sordos no logran alcanzar niveles adecuados de comprensión lectora. No entienden lo que leen (los libros de texto, las consignas escolares, el diario, un cuento, Internet), y por ello, no leen . A medida que crecen, esta situación produce fracaso académico, laboral, y la imposibilidad de continuar aprendiendo.

Los logogenistas trabajamos atendiendo a un alumno por vez, varias veces a la semana. Nuestra herramienta es el "par mínimo", oraciones que ponen de manifiesto un contraste gramatical.
Por ejemplo:
Dame un lápiz.
Dame ese lápiz.
Dame los lápices.
Dame muchos lápices.
"Para comprender la diferencia entre estas oraciones no es suficiente conocer el significado de las palabras que las componene, sino es necesario ver también la información sintáctica que contienen. Esta es la información no lexical que es transmitida por medio de la estructura de la oración misma". (Bruna Radelli).

Pues bien, seré la primera logogenista de Buenos Aires, lo cual implica dar a conocer una práctica o terapia nueva. Con gusto responderé a cualquier consulta que quieran hacerme.
Si conocen a algún niño que pueda beneficiarse con la logogenia, pueden enviarle mi mails a sus padres.
i alguien desea estudiar logogenia, junto a la Dra. Salas (ambas poseemos el extraño honor de ser las únicas logogenistas hipoacúsicas) estamos planeando la posibilidad de dictar el diplomado en la ciudad de Buenos Aires el próximo año.

12 mayo 2008

SERVICIO MENTAL DE AUTOAYUDA

No he escrito desde hace unos 20 días. Muy mal. Eso no se hace. Descuidar así el blog...
Pero problemas de este lado de la pantalla me han mantenido más que entretenida y posiblemente al borde de alguna neurosis de moda.
Además... a ver... me voy en unos días a Salta. No voy a estar. Y ser madre, ama de casa, escritora, estudiante y blogguera todo junto a veces se torna imposible. Actividades incompatibles que le dicen.
Y además... estoy un poco decepcionada conmigo misma. Es decir... en los últimos meses mantuve el blog más por obligación que por placer. Con lo suficiente como para no dejarlo morir. No es que quiera abandonarlo. No. Pero este espacio cumplirá 4 años en agosto (después no digan que no avisé) y como todo en la vida tiene sus ciclos. Sus altas y sus bajas.
Y además... bueno... ciertas cosas no las he logrado. No voy a negar que cuando empecé el blog esperaba hacer... no sé si decir algo mejor, porque me he esforzado en hacer lo mejor que puedo, pero sí algo diferente (admito que lo mejor mejor que escribo -según yo- no lo subo porque lo reservo para comer, o por lo menos para un postre una vez cada tanto). Lo que yo quería era tener cientos de comentarios en cada post (lo cual se contradice con el hecho de que yo leo bastantes blogs pero nunca dejo comentarios). Eso. Lo dije. Me lo quité del organismo. Quería tener éxito. Que el blog fuera un punto de partida para hacer otras cosas y sobre todo para conseguir trabajos pagos. Pero no. No pasó. Es un blog muy personal y demasiado disperso. En general los blogs que han tenido éxito tratan un único tema (tecnología, periodismo, mujeres, anorexia). Muchas veces pensé en cambiar el perfil del mismo para lograrlo, pero siempre desistí. No podría hacer algo que no soy yo. Así que aquí estamos. Un poco cansada. Necesito recargar baterías.
Cada vez que me pasa algo así, que algo no me termina de cerrar, que dudo, que histeriqueo un poco, que doy vueltas, trato de buscar lo positivo. Es como investigar la noticia buena que nunca se publicará en el diario. Ok... estoy en una época de desapego del blog pero... ¿qué me ha dado el blog, si bien no los cientos de comentarios y la fama instantánea? Eso hago. Los escépticos y cínicos también tenemos nuestro costado Osho-Coelho. Nuestro servicio mental de autoayuda.
Así que eso quiero hacer ahora. Como me voy de viaje, como no quiero escribir por escribir, como no sé si enfocar el blog de otra manera... quiero compartir lo bueno, maravilloso, excelente y fantástico que me ha dado el blog y sólo el blog y sólo el hecho de hacer este blog y sólo por el motivo de que ustedes lo leyeran:
Conocí a gente fantástica. No puedo nombrarlos porque seguro me olvidaría de muchos, pero allí están.
Hice amigos reales. Gente a la que veo en vivo y en directo y que conocí aquí en el blog. Por ejemplo, hay un escritor para chicos que siempre mantuvo el anonimato, con quien tomo café cada tanto. No sé si él lo sabe, pero cada vez que nos encontramos, yo vuelvo a casa con ganas de escribir.
Hay quien me ha salvado con un libro que además me ha prestado sin saber si yo soy de devolverlos o no (sí, lo soy). Esa persona puso en una vidriera un libro mío y me contó que se vendió.
Una profesora mexicana de la Universidad Autónoma de México leyó una de las crónicas periodísticas y me pidió autorización para publicarla en una guía para profesores.
El editor y escritor Sergio Gaut vel Hartman me invitó a participar de la antología "Grageas" luego de descubrir este blog.
La gente de una empresa yanquee me pidió un texto para incorporarlo en un examen.
Varios bloggueros (¿o bloggeros? siempre dudo) me otorgaron premios y mencionaron mi blog o lo recomendaron con una onda bárbara, y como yo nunca sé cómo reaccionar frente a los elogios, no lo dije antes aquí.
Otros blogs levantaron textos míos, lo cual me hace sentir muy importante y, por lo tanto, muy bien.
Por supuesto en casi 4 años pasaron muchas otras cosas pero lo de arriba es para mí lo más significativo. Mi ganancia.
Seguiré aquí. Luego de mi viaje y de poner en orden algunas cosas y de recuperar ganas.
Hasta prontito.
Gracias por estar.

24 abril 2008

MAMI COMPRAME COMPRAME

Hoy empezó la Feria del Libro en Buenos Aires.
Carajo...
La feria le hace mal a mi ego y a mi bolsillo. No sé a cuál peor. Pero además me involucra en una cantidad de rituales y obsesiones que ningún ansiolítico podría prevenir.
Cada vez que entro a la feria recibo una iluminación divina. Tal como Moisés con los diez mandamientos. Piso la feria y sé, con las tripas, con la razón, con el alma.., una de esas verdadesa absolutas que nos golpean de tal manera que todo lo demás no importa..., que es totalmente absurdo y ridículo que yo siga escribiendo. Que hay demasiados libros en el mundo. De todo tipo y para todo lector. Que no alcanzarían las vidas de varias generaciones para releerlo todo. Que hay libros maravillosos injustamente olvidados. Que hay libros sin ningún tipo de acción de márketing que esperan ser descubiertos. Y sobre todo, que agregar mi libro a esa vorágine de libros es como agregarle un grano de arena al desierto: no hace diferencia.
Sabido esto, debo huír de la feria y desintoxicarme en algún spa para escritores frustrados para recuperarme y volver a escribir, que es lo único que nunca en mi vida he dejado de hacer (en cambio de armar bijouterie me aburrí).
Ir a la feria incide en el presupuesto de la familia, de tal manera que hay que elegir entre si darle leche a los niños durante un mes o comprar libros.
Los niños son fuertes y si falta calcio un mes seguro lo podremos recuperar el mes que viene o hacerlos comer postrecitos en lo de la abuela, que les compra.
El presupuesto de este año es tan pobre y patético que es una vergüenza hasta que lo escriba aquí: 200 pesos argentinos. Unos 62 dólares. Más no puedo.
Lo sé: hay otros que van y no compran. O que ni siquiera pueden ir. Bueno... qué quieren que les diga... allá ellos. Pero si yo no leo no me alimento. Y según un capítulo de CSI, un ser humano puede sobrevivir tres semanas sin comida (3 minutos sin aire, 3 días sin agua, es la regla del 3 de la supervivencia, apréndanla, nunca saben cuándo les servirá).
Igual la entrada no la pago. O entro con mi certificado de discapacidad, o con las entradas gratuitas que vinieron el sábado pasado en Ñ. Algo es algo.
Sí habrá que contar una lágrima chica, tal vez una coca y una medialuna de manteca. El día es largo, la caminata ardua y habrá que reponer energías.
De todos modos tengo una regla para comprar: no compro nada que pueda conseguir en la librería del barrio al mismo precio.
Compro ofertas (¡el año pasado compré libros de la española Lengua de Trapo a $4 cada uno!, y todavía no los leí); compro libros imposibles de conseguir fuera de la Feria. Libros de stands de otros países o editoriales extranjeras, o ediciones viejas, o los que uno sabe que no venden las librerías o es imposible de conseguir, por ejemplo los títulos de Oliver Sacks, o libros de estudio que necesito ahora de Chomsky.
Me dejo atrapar por rarezas y curiosidades.
El presupuesto también debe alcanzar para un libro para cada uno de mis niños (el año pasado no alcanzó y yo me hice la boluda y no les regalé nada, total no es ninguna fecha en especial, día del niño o cumpleaños), y la propina para quien se haya adueñado del estacionamiento en la calle ese día.
Recorro la feria realizando siempre el mismo circuito. Desde la entrada principal, hacia la derecha, cada pasillo y cada salón por vez. Derecho hasta el fondo, a la izquierda, otra vez hasta el fondo, a la derecha, y así. Si no lo hago corro el riesgo de perderme un stand, Dios me libre y guarde.
Como todos los nostálgicos, extraño la vieja feria en el Centro Municipal de Exposiciones, con su pisito de arriba, pero no sus baños.
Me tiento en el stand de Parker pero no compro.
Busco mi vaso de Fernet con coca cola pero se lo toma mi marido (el mío y el suyo).
No participo de ninguna charla ni conferencia ni muestra ni nada que no sean libros.
En general voy sola, porque no me gusta seguir a nadie, no puedo obligar a nadie a que siga mi circuito, y voy a ver libros, no a hacer sociales. Pero el año pasado me acompañó mi esposo y me llevó las bolsas y disfruté su compañía. Él no estaba incluido en el presupuesto, así que lo invité con el café pero no se llevó libros.
Nunca compro de entrada. Anoto los libros que me interesan, su precio, y cuando termino la caminata estudio qué conviene comprar, para qué me alcanza, y regreso a los stands elegidos.
Acostumbro pedir descuento si compro varios libros en un stand o porque sí.
Lo que me pongo para ir a la feria ocupa otro ítem importante. Debo estar cómoda pero a la vez elegante por si me encuentro con un conocido (sobre todo escritores o editores). En general en esta época -no ahora- te morís de frío afuera y de calor adentro, pero como no hay donde guardar los abrigos y no puedo mirar libros con los brazos ocupados es mejor llegar desabrigada y correr hasta la entrada. Cartera liviana pero grande para guardar folletos o los libros más finitos. Ojo con las mochilas a la espalda porque afanan.
Lo mejor es ir día de semana -menos viernes- y llegar bien temprano. No hay gente pero hay escuelas. Pero si me llega a acompañar mi esposo otra vez, no tendré más opción que ir sábado o domingo o el 1 de mayo. A veces hay que hacer sacrificios. No es lo ideal pero se sobrevive.
Si alguien me reconoce en la feria, no duden en acercarse y pedirme un autógrafo. ¡A $2 la firma junto para otro título! :-)
Y luego, hasta el año que viene.
Salgo cansada, transpirada, hambrienta, pies doloridos, pero siempre con un mínimo de 4 ó 5 libros.
Llego a casa y los pongo a mi costado en la cama y leo tapas, contratapas, folletos, revistas gratuitas, elijo señaladores, hago cuentas, y frente a esa cantidad de historias por descubrir, por un momento siento que todo está perfecto y, pese a lo que me dicta mi razón, algo me pongo a escribir.