25 diciembre 2007

REGALO DE NAVIDAD

Creo que si Dios quisiera que los judíos festejáramos la Navidad, ¡no me enviaría cada Nochebuena a la casa de mi suegra!
A mí me parece que me está usando para enviar un mensaje a la colectividad...

Aquí , un pequeño presente para las fiestas.

Sí, sí, es el cuento con el gané el segundo premio en el concurso Imaginaria. ¡Y yo que quería que fuese sorpresa!

Gracias por acompañarme en esta aventura del blog.

20 diciembre 2007

GRAGEAS

Hace unos meses, el escritor y editor Sergio Gaut vel Hartman me envío un mail. Yo creo que las grandes historias siempre comienzan así: con un llamado telefónico, con una carta, con un mail.
Decía que había llegado a mi blog a través del de Gus Nielsen y que le había gustado lo que yo escribía. Yo creo que si no recibiera ese tipo de comentarios cada tanto, sería adicta al Rivotril o a cualquier otro ansiolítico. Pero los recibo. Hay gente -y no soy yo quien va a poner en discusión el gusto ajeno- a quien le llega, se divierte, le gusta lo que yo escribo.
Sergio me contaba que estaba armando una antología de microrrelatos, o cuentos breves o cuentos cortísimos, como acostumbran llamarse, y quería saber si podía contar con un texto mío.
Yo primero le agradecí, claro. Y luego dije que sí.
El problema comenzó después.
Yo nunca escribí un microrrelato. Me gustan mucho. Los leo. Sé varios de memoria. Pero escribirlos... escribirlos no.
Mis cuentos para adultos ocupan, aproximadamente, entre diez y veinticinco carrillas. El cuento con el gané el concurso de Inarco tiene veinte. Tal vez por no ser novelista me despacho a gusto en el cuento. O daré muchas vueltas yo.
Lo cierto es que quería estar en esa antología pero sabía que no podría escribir un microrrelato.
Sergio me había dado una fecha de entrega. Faltaba un mes. Comencé a intentarlo.
Lo primero que hice fue pensar, aislar temáticas -obsesiones- que me interesaran y que pudiera contar en 250 palabras, aproximadamente, que era la medida obligada.
Comencé varios cuentos. En uno, una mujer encontraba la máquina de la felicidad, que se parecía a la máquina que hace ping de los Monty Phynton, y hasta allí llegaba. En otro había un Papá Noel real en un geriátrico judío por motivos que no voy a revelar porque sé que algún día escribiré ese cuento. En otro tanteaba el tema de la incomunicación. También hice la trampa de escribir textos totalmente dialogados, que como saben me salen con cierta facilidad.
Pero nada. Uno puede escribir cien cuentos, y tener la certeza de que ninguno merece la publicación.
Le escribí entonces a Sergio un mail preguntándole si el cuento podía llegar a las 450 palabras (porque además todos mis intentos superaban el límite establecido). Pasaron los días y Sergio no me respondió. Yo supuse que el mail no le había llegado porque hasta el momento me había contestado todas mis dudas al toque (fue así, nunca le llegó), pero además suponía que no podría hacer otra cosa que decirme que no. Si le pedís a cien autores cuentos de unas 250 palabras, no podés comenzar a ofrecer excepciones. No puede haber en un libro cuentos así, y de pronto uno asá. Lógica pura. Ética laboral.
Así que tiré la toalla. Yo era una escritora de textos largos. La única otra vez que rechacé un pedido fue cuando me solicitaron un cuento con animales -para chicos- para una antología. Ni lo pensé. Dije que no porque odio los cuentos con animales. Y más si hablan.
(El concurso de Imaginaria -segundo lugar-, sin embargo, lo gané con un cuento de animales que hablan).
Nunca digas nunca.
Creo que el último día para entregar los cuentos era el 30 de septiembre. El 29, entonces, me senté frente a la computadora y me dije que si me consideraba escritora, me tenía que salir. Que darme por vencida era de cobardes. De ineptos. De fracasados. Los riesgos existen para ser tomados. Los desafíos son los que te hacen crecer.
Además, hay algo en la fecha límite que me estimula. Yo digo que es un resabio de la práctica periodística. Pero no estoy segura. Siempre tomé decisiones sobre la fecha límite. Estudiaba el último día. Me pasó lo mismo con el cuento "Alas para la Paloma" con el gané el premio Colihue en el ´92. Lo escribí el día que cerraba el concurso y tuve que ir a llevarlo a la editorial personalmente.
Volviendo a la antología, le dije a mi marido ese día que no contara conmigo. Que alejara a los niños, y puse mi mente en modalidad "puedo hacerlo, cuento cortísimo".
¿Pero qué corno iba a escribir?
¿Qué era lo que me estaba picando? ¿Lo de la máquina de la felicidad, el Papá Noel, un diálogo desopilante? No... lo que me provocaba escozor, lo que estaba ahí a punto de explotar, era el tema de las doscientas cincuentas palabras. Eso era lo que me obsesionaba. 250 palabras. Así que comencé a jugar con eso. ¿Qué me pasaba a mí, como escritora, al tener que escribir un cuento de doscientas cincuenta palabras? Puse la mente en blanco y largué. A ver qué salía. Y a medida que escribía eso de "me pidieron un cuento de doscientas cincuenta palabras", me dí cuenta de que para que todo tuviera sentido, el cuento debía tener 250 palabras. No 249. Tampoco 251. 250 exactas.
Como desafío era insuperable. El riesgo llevado a su máxima potencia. La gran lucha contra la imposibilidad.
Fui escribiendo y contando palabras. Lo hice.
Enseguida se lo envié a Sergio. Le gustó. Lo publicó.
El libro se llama "Grageas" y son 100 cuentos breves de todo el mundo. De autores conocidos y desconocidos.

A Sergio, gracias por creer en mí y desafiarme.

Para todos ustedes:
para el arbolito, para la janukia, para los zapatitos, va abajo, de regalo. Ojalá lo disfruten.

¡¡¡Escribí un cuento cortísimo!!!! ¡¡¡Escribí un cuento cortísimo!!!!

(¡Y compren el libro, está muy bueno! En la librería del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Av. Corrientes 1543, y en otras que no me acuerdo).

DOSCIENTAS CINCUENTA PALABRAS

Me pidieron un cuento de 250 palabras. No es mucho. La palabra está devaluada. En el caso de una novela se hace precio por mayor. Pero en los cuentos cortísimos a uno no le queda más remedio que contabilizar hasta las comas. De eso vivo. Con 250 palabras te alcanza para medio kilo de picada y una ensalada.
Por eso a mí me obsesiona el número de palabras. Si me encargan 250 no puedo gastar ni una más, porque después termino pagándolas yo. Ni un adverbio terminado en mente, que en general son los que se usan para los vueltos cuando no queda efectivo. Yo no los acepto. A mí que me den un vale, pero que no me llenen la libreta con efectivamente o románticamente que no voy a usar en mi puta vida.
Ahora con la computadora contar las palabras es otra cosa. Antes, con la Olivetti, las contaba cada renglón, como una poseída. Contaba y anotaba. Y enseguida volvía a escribir, contar y sumar. El resultado nunca coincidía con el texto final, no sé por qué. Hay palabras que se te extravían por el camino. Que se te van. Si vos no atrapás la palabra indicada en el momento justo, perdiste. Son traicioneras las palabras. Se quedan agazapadas a tu alrededor, burlándose sin disimulo. Y el cuento se te va a la mierda. Eso pasa. Por eso, si a mí me piden un cuento de 250 palabras, les doy eso y ni una más. No como cuando

Verónica Sukaczer
en "Grageas, 100 cuentos breves de todo el mundo"
Compilador: Sergio Gaut vel Hartman. Ediciones Desde la Gente.

13 diciembre 2007

IMAGINARIA

El lunes, en un lluvioso y pesado y luego soleado día peronista, en el que mi mayor preocupación era saber qué se iba a poner Cristina, recibí el premio del concurso de Imaginaria. Yo y los otros. ¿Pero por qué tengo que hablar acá de los otros? Que lo hagan en sus blogs, si los tienen.
Estábamos citados a las 16 en la Fundación Telefónica. Yo llevé a mis niños y sorprendentemente, mi marido dijo que iba a pasar. Mis niños no existían cuando gané el premio Colihue (y mi marido actual tampoco), y como no pude ir a recibir el premio de La Pampa, consideré que teniendo en cuenta que tal vez no vuelva a ganar un premio, quería compartir con ellos un momento de tamaña importancia. Por supuesto los amanecé. Y los chantajée, para que se mantuvieran no digo tranquilos ni callados, sino aparentemente normales el tiempo que durara un acto.
Pero no fue un acto. Fue otra cosa.
Llegué casi puntual luego de tres vueltas a la manzana para conseguir estacionamiento en la calle (mirá si voy a pagar $8 la hora en un garage de Santa Fé), y resulté la última. Y no había acto. Ya lo dije. Estaban los ganadores con uno o dos acompañantes cada uno, sentados en ronda en unos sillones blancos muy lindos. Estaba la gente de Imaginaria, de Telefónica y de EducaRed (creo, había gente que era de algún lado, eso seguro). Así que llegué y me senté en el sillón que quedaba libre, y ya estaba mi marido, y mis hijos se sentaron tiesos y bajo amenaza de muerte. Y empezó. La gente de Imaginaria dijo que habían pensando en hacerlo íntimo, el acto, digo. Y estuvo bien. Fue íntimo. Éramos 15 y yo era la que tenía más público.
Hablando de público, mi hijo mayor (9 años) me había dicho que podía matar al que ganó el primer premio para que yo ocupara ese lugar. Le expliqué que no, que aunque lo matara éramos cinco segundos premios, y que a veces los premios se dejan vacantes. Me ofreció, un dulce él, matar a los otros cuatro segundos premios. Por mí. Le dije que tampoco. Que con tanta sangre se iba a opacar la fiesta. Y que además en las cárceles no le iban a dar la leche en un vaso con tapa con pajita, para no verla. Me dijo que nadie se iba a enterar que había sido él. Le dije que eso era muy difícil y le agradecí su preocupación, pero que me iba a quedar con el segundo premio. No le gustó. Él quería matar a alguien.
¿En qué estábamos? Empezó la repartija de premios. Contaban la síntesis del cuento ganador, la biografía del autor, mostraban el sobre que había escondido el número (en Imaginaria se da un número que sirve de seudónimo, tengo que explicar todo yo) y luego te daban el diploma, un sobre con el cheque y te aplaudían y te hacían hablar. Todo muy lindo.
Si escuchara les podría decir qué dijeron los otros. Escuché una parte nomás. Una de las ganadoras dijo que le dedicaba su premio a una escuelita que no tenía nada, y a mí me dio miedo de que nos pidiera que donáramos la suma del premio, pero no pasó. Yo dije, que es lo único que escuché completo, que agradecía a Imaginaria, que había pocos concursos como este, y que este año me había ido mal en relación a las editoriales y que cuando estaba a punto de suicidarme cortándome las venas con el borde de una hoja, llegaron los premios y decidí seguir viviendo. Y escribiendo. Una reinvindicación de fin de año.
Ah, uno de los de Imaginaria dijo que yo tenía una "parva" de libros publicados y eso me gustó mucho. Mirá vos. Yo.
Y luego le dieron el primer premio a un tipo de Montevideo, y después nos levantamos y comimos masitas y tomamos coca y café. Mis hijos ya habían descubierto el bar y se bajaron cinco vasos de coca cada uno. Y también encontraron una cosa rarísima, una instalación, en otra sala, que estaba bárbara. Un arpa electrónica. Tres paneles de tela en la que se proyectaba las cuerdas del arpa, y vos acercabas la mano y la cuerda se movía y ¡sonaba! Buenísimo. Se mantuvieron entretenidos ahí un buen rato y no mataron a nadie. Claro que con los cinco vasos de coca cuando nos fuimos y estábamos en medio del congestionamiento post-Cristina les agarró unas ganas bárbaras de mear y tuvimos que parar en cualquier lado.
Fue muy lindo.
Después mi marido dijo que empezara a dedicarme a los concursos porque la plata le venía bien (a él). Y yo volví a casa con mi diploma y mi cheque (que ya cobré, previa cola de 45 minutos en el banco con caída de sistema incluida y la única loca que se pone a protestar y grita cualquier cosa y exige sillas para los ancianos y alguien que ofrezca explicaciones y un vasito de agua y se ocupe del cliente, como siempre, fui yo), y feliz y hasta prontito.

03 diciembre 2007

¿PUEDEN TRABAJAR DE VERDAD LOS ESCRITORES?

A menos que uno se dedique a ganar premios (lo redactado no tiene relación alguna con la vida real de quien escribe :-) o cobre por derechos de autor lo equivalente a un sueldo mínimo por mes (y que con eso logre vivir), la profesión de escritor no resulta lucrativa. No alimenta a señora y dos niños. No cubre la canasta básica de Navidad. No sirve para solicitar un préstamo bancario.
Es por ello que, en vistas de que creo que un blog debe ofrecer una función social, acerco a mis queridos lectores escritores estas posibilidades laborales, en las que podrán hacer uso y gala de sus talentos literarios. Y por fin tendrán la certeza de que, aún escritor, uno trabaja. De verdad.

1. ESCRITOR DE ACRÓNIMOS EN FIESTAS DE QUINCE O CASAMIENTOS.
El escritor se pasearé, a la hora de la recepción, por el salón, provisto de tarjetas y lapicera, preguntándoles a los invitados sus nombres. Con cada nombre escribirá un acrónimo, que el invitado se llevará de souvenir al finalizar la fiesta.

2. ESCRITOR DE TÍTULOS DE MISIONES ESPECIALES.
Para trabajar en la SIDE, Ministerio de Defensa, FFAA o empresas privadas de seguridad, la tarea del escritor será redactar títulos para las diferentes misiones especiales, tanto de asesinato selectivo (por ej.: Misión Dalia Roja, Misión Calaverita de azúcar, etc) como de escucha ilegal (Misión Su Secreto Lo Condena; Misión Celular Liberado), entre tantas otras.

3. ESCRITOR DE PROSPECTOS MEDICINALES PERSONALIZADOS.
Aquellos pacientes que no soportan la lectura de los prospectos medicinales (ya que todos amenazan con hemorragias imparables, cegueras repentinas, ardores vergonzosos y, en definitiva, muertes dolorosas) podrá solicitar los servicios de este escritor, cuya tarea será "traducir" el prospecto en un lenguaje cálido y accesible. Se permiten licencias poéticas.

4. REDACTOR DE AGENDAS JUVENILES.
Tarea mayor que implica la creación de un personaje que dará nombre a la agenda. Frases, chistes, curiosidades en cada página. Recetas de cocina. Páginas especiales para que el escritor demuestre su creatividad (¿sueños, mejores amigos, trucos para conquistar?). Este trabajo ofrece también la posibilidad de ir un paso más allá en el uso del lenguaje. Por ejemplo: en vez de "agenda telefónica", "contactos amistosos". En vez de "gastos mensuales", "quiero, quiero, quiero".

5. ESCRITOR DE BLOGS.