27 agosto 2007

NUEVA IMAGEN

¿Qué es lo que diferencia a un verdadero escritor de historias para chicos, de un escritor cualquiera que de pronto escribe para chicos porque está de moda? La capacidad de asombro, similar a la de un inadaptado sociópata de 8 años, y la capacidad de juego, que no hay que confundir con déficit de atención o vagancia en general. Bien, yo me pasé mis buenas horas jugando a simpsonizar a todo el mundo, y a simpsonizarme, para lograr esta nueva imagen. Dicen los que están de este lado, que se parece increíblemente a mi persona real.
Los que quieran jugar, sepan (esto lo descubrí luego de muchas horas de boludeo, así que espero que agradezcan esta información) que subiendo cualquier foto de mujer o hombre se puede lograr un parecido con cualquier mortal. Y no gasten tiempo -como hice yo, como si no tuviera otras cosas que hacer- en ver cómo aparecerían a los 200 años. No me hagan decir se los dije. Que se diviertan.
Conste en este post que no es mi intención promocionar comida chatarra alguna(a menos que me paguen, claro está).

24 agosto 2007

MI VIDA ES UNA SERIE

Sucedió que a uno de mis hijos comenzó a salirle sangre por la nariz. No es algo extraño. Es un niño. Escarba con gusto en sus fosas nasales llegando incluso hasta el cerebelo. Sin embargo, esta vez era, digamos, mucha sangre. La suficiente como para que el médico que llegó a casa nos subiera, a él y a mí, a la ambulancia con sirena y todo.
En la ambulancia pedí un pizarrón blanco, saqué de mi cartera un marcador especial, y comencé a anotar. Porque aquello era Dr. House. Hemorragia nasal. Vómitos con sangre (¿cómo, no lo dije? No estaban atentos. El paciente vomitó sangre. No hay nada más perturbador para una madre que ver que su hijo vomita sangre. Pero yo había dejado de ser una madre. Era Dra. Casa, así, en onda latina). ¿Por qué vomitó sangre? Se tragó gran parte de la sangre que intentaba salir por la fosa nasal izquierda. Sí, izquierda, esos detalles son importantes. Puede ser. ¿Qué otros síntomas tenemos? El niño tiene náuseas. Teniendo en cuenta la forma en que maneja el conductor de la ambulancia, yo también, pero concentrémonos en el paciente. Llegamos al sanatorio de alta complejidad donde ese niño ha nacido. Ese es un dato a cuenta de nada, pero le agrega un toque simpático a la situación. Bien, el niño es trasladado a un consultorio, donde entre cinco enfermeros intentan sacarle sangre, sin lograrlo. Yo anoto en el pizarrón que bajé de la ambulancia: colapso venoso. No se encuentra la vena. El niño grita "¡me quieren matar!, ¡ayúdenme!" repetidamente. No entra en razón. Yo anoto: rabia, cambio en su personalidad. ¿Cambio en su personalidad? Bueno... digamos que el niño es siempre así, pero como soy Dra. Casa y no su madre, no puedo saberlo. ¿Qué me dicen todos estos síntomas? ¿Ha viajado el niño a algún país africano en los últimos meses? ¿Puede tratarse de una fiebre hemorrágica? Le pregunto al niño. Él dice que no. Yo anoto un signo de pregunta. No le creo del todo. Los pacientes siempre mienten. El niño pide agua. Yo anoto: sequedad bucal. ¿Deshidratación? Mientras los cinco enfermeros luchan contra él, noto cierta mirada de complicidad entre una joven y un muchacho. Eso es Grey´s anatomy. Me dicen que la chica está atrás del chico. Que son residentes. Yo dejo el pizarrón y me siento a charlar con una enfermera entrada en años y en kilos. El paciente sigue gritando por su vida pero deja de interesarme. Resulta que la chica empezó a salir con el chico, pero el chico salió un par de veces con una médica, a pesar de que está prohibido por la empresa, pero entonces un anestesista, que también está detrás de la médica, los encontró apretando en la salita de sutura y los denunció. Pero el papá del pibe, del residente digo, es un empresario que prometió una donación para construir un ala de investigaciones -siempre y cuando el pibe tenga un puesto grosso ahí- y entonces al jefe no le quedó más remedio que hacer la vista gorda, y ahora el pibe se cree la gran cosa y sigue jugueteando con la doctora y con la pobrecita residente que está verdaderamente enamorada de él. La enfermera va a contarme ahora lo que pasó con el jefe, que se enredó con una paciente famosa, pero llega el padre del pibe y quiere hablar conmigo. Me pregunta por qué no lo llamé a él en primer lugar en vez de a la ambulancia. Estamos en Mad about you. Yo le digo que soy lo suficientemente inteligente como para saber que primero se solucionan los problemas y después se informa a los posibles involucrados. Él me recuerda que hice lo mismo el día en que le pregunté si quería casarse conmigo (ok... ok... él no se decidía y yo fui al grano). Llamé al salón para ver si tenían fecha antes de discutir el tema con él. Total yo sabía que iba a decir que sí. La discusión puede continuar eternamente, pero suena su teléfono celular, el del padre del chico, con la música de Mamma. Es su madre, mi suegra. Eso es Everybody loves Raymond. La suegra: -"¿¿¿qué le pasó al nene???". El hijo: -lo están atendiendo, una hemorragia... La suegra: "ay Dios mío, ay Dios mío, me muero, me muero" El hijo: -mamá, estoy en un sanatorio, ocupándome de mi hijo, no tengo tiempo para atenderte a vos. La suegra: -claaaro, a mí que me parta un rayo. ¿Sabés lo que sos vos? Un desagradecido. El hijo: -mamá, no empieces... La suegra: -ay mi amor, ¿te acordás del día que te salió sangre de la nariz? ¿Le dijiste a los doctores que a vos te pasó también? El hijo: -sí, pero porque me dieron un pelotazo de la puta madre. La suegra: -¡qué boquita! Yo no te eduqué para que me hablaras de esa manera. Desde que te casaste que estás así, tan nervioso. Decime... ¿estás bien vos? El hijo: -mamá, me casé hace más de diez años, ¿me lo vas a seguir recordando mucho tiempo? ¿Y te das cuenta de que me estoy ocupando de mi hijo? Después te llamo. La suegra: -bueno... ya veo que soy una molestia para vos. Seguro que lo que le pasa al nene es por nervios, porque vos y tu esposa son muy nerviosos. Casi fuera de sí, el padre del paciente corta la conversación. Yo corro a anotar en el pizarrón: ¿genético? padre con mal genio. El paciente, por suerte, se ha calmado. Intenta quitarse la vía pero el padre lo mantiene a raya. Yo salgo a buscar un vaso de agua. Me siento en la sala de espera. Otras tres madres se encuentran en la misma situación. Esto es Amas de casa desesperadas (versión original norteamericana). Resulta que una de ellas quiere tener un bebé pero no puede. Yo, que siempre ando necesitada de dinero, y que de verdad disfruté los embarazos, le ofrezco mi vientre en alquiler. Ella se entusiasma, pero sus óvulos, me dicen, no están en buenas condiciones, por lo cual tendríamos que utilizar los óvulos de la mujer que está a su lado, que se acuesta con el mecánico del auto del marido, que está asociado en una mala empresa con el esposo de la tercera, que tiene una enfermedad terminal aunque todavía no lo sabe. La tercera me ofrece una bebida energizante. Tiene cinco niños y se ha hecho adicta. Yo, por supuesto, la acepto. Mi marido sale un momento de la sala para ver dónde me he metido. Las tres mujeres lo miran y suspiran. No porque mi esposo sea de los que despiertan suspiros femeninos, sino simplemente porque está allí, a mano. Me parece que con esa actitud ya no quiero tener el hijo de una de ellas. Regreso a la habitación donde mi hijo ha descubierto un cajón repleto de agujas y trata de abrir una para pinchar al padre. Yo descubro de pronto que poseo el poder de leer su mente. Eso es Héroes. Lo que está pensando mi hijo no augura nada bueno para su futuro. Es un pequeño sociópata en potencia. De pronto otro niño ingresa a la habitación. También leo su mente. Al lado de mi hijo, es maligno. Me doy cuenta de que todos los niños del piso pediátrico están pensando en la forma de acabar con sus padres. Es un complot. Tengo que hacer algo. Está en mí la posibilidad de salvar a la humanidad. Le cierro la puerta en la cara al chico que no es mío. Por ahora que se ocupe su madre. Ha regresado la enfermera y me entrega los resultados del análisis de sangre de mi hijo. Leo los valores: 4, 8, 15, 16, 23, 42. Eso es Lost. Los números... ¡quiero saber qué signfican los números! ¡Los números! ¡Necesito saber! Los números están bien, me dicen... pero siento que algo queda flotando. Yo corro al pizarrón, borro lo escrito. He resuelto el enigma médico: hemorragia nasal por metedura de dedo. Le dan el alta al chico. De pronto, y a través de la ventana, aparece un negro grandote. Coloca un dedo sobre su boca, para que mantenga el silencio. Al paciente se lo lleva el padre.
Yo sigo al negro a través de la ventana y me interno en la selva.

23 agosto 2007

ESAS IDEAS MARAVILLOSAS

Como siempre sucede, las ideas maravillosas jamás se me ocurren a la hora de escribir ni frente a la PC. Frente a la computadora tiendo a dispersarme bastante. Me preparo un té o un mate cocido. Pienso en medialunas. Entro a Internet. Reviso el correo. Vuelvo a entrar a Internet. Vuelvo a revisar el correo, y continúo en ese círculo vicioso hasta que el día se fue y me aferro a la excusa de que si no trabajé, fue porque la idea no apareció.
Un escritor amigo que ronda este blog me dio el siguiente consejo: a la hora de la literatura, la red se apaga. Yo le hice caso. Porté mi notebook a mi dormitorio, y me preparé para recibir a las musas. Pero, como en toda trama, surgió un problema. Se me ocurrió probar el botoncito de la conexión inalámbrica. El wi-fi. Y encontré una red. ¡Encontré una red gratuita e inalámbrica desde mi cama! Magia. Milagro. Así que reinicié la obsesión de Internet y el correo desde un paisaje nuevo. Porque total, a mí las ideas nunca se me ocurren cuando estoy frente a la PC.
Se me ocurren, en general, antes de dormirme. Casi siempre. A veces en la ducha, lugar común. O en los viajes. O leyendo. O mirando una película. Pero casi siempre antes de dormirme. En ese lugar de la vigilia que va llegando lentamente y del que uno no desea escapar. Y las ideas que se me ocurren en ese momento son, por supuesto, maravillosas. Son únicas. Son las mejores. Y yo no las anoto. Sé que son maravillosas con la poca lucidez que me queda, pero no puedo estirar la mano, por no decir erguirme, prender el velador, buscar un cuaderno, una lapicera, pedirle al cerebro que le ordene a la mano que escriba. Me consuelo mintiéndome que si la idea es tan perfecta, continuará acompañándome cuando me despierte. Pero las ideas se van. El sueño, en cambio, raras veces.
Tengo la suerte de tener una memoria prodigiosa (producto, creo yo, de mi entrenamiento en lectura) y a la mañana siguiente, sabiendo que una idea perfecta cruzó mi cabeza (¿por qué uno recuerda que tuvo una idea y no la idea?) realizo todo un ejercicio de meditación para recuperarla. La idea permanece en alguna conexión sináptica, creo yo. En los axones, en las dendritas, en los neurotransmisores. No se ha ido a ningún lado. Pero es como el inconciente para los psicoanalistas, o Dios para los creyentes: saben que está aunque no tengan forma de probarlo. Medito, decía. Trato de recordar la cadena de hechos que me llevaron a tener esa idea. Qué estaba mirando en la TV, qué conversaciones tuve, de qué modo me acosté, si busqué un vaso de agua, si los chicos me llamaron, si fui una última vez al baño. Tal como hago para encontrar las llaves o un documento perdido, voy desandando camino. Algunas veces la encuentro. A la idea. Y puede ser que a la luz del día no sea tan maravillosa ni tan perfecta. Puede ser que apenas sea un recuerdo, hasta un plagio de algo que leí antes de dormirme o que ví en la televisión. Otras veces sí vale la pena y la anoto para no cometer la tontería de volver a perderla. Tal vez en algún momento rinda sus frutos. Tal vez no.
Admito que en general son lo que yo llamo medias premisas. "Un chico que se cree payaso" (digo por decir, no voy a divulgar aquí mis ideas maravillosas), anoto. Bien, pero... ¿qué le pasa a ese chico? ¿Cuál es la trama, cuál es el argumento? Tengo a un chico que se cree payaso, ¿hacia dónde voy? Mi trabajo, claro, es que las ideas que aparecen como media premisas logren convertirse en premisas completas. A veces lo logro. El resultado se llama "cuento". Otras no.
Lo cierto es que ayer por la noche, 22 de agosto de 2007, alrededor de las 22,30 horas (tiendo a dormirme temprano, sepan comprender, me levanto 6,30 y se terminó la temporada de series) sé que tuve una idea maravillosa. Tal vez la más maravillosa que haya tenido en toda mi vida como escritora. Fue un pequeño orgasmo literario. La respuesta a todas mis preguntas. LA IDEA. No estoy escribiendo esto como una generalización, ni estoy usando algo que me sucede a menudo para una crónica justo hoy. No, ayer sucedió. La semana pasada tuve otras ideas maravillosas que logré recordar al despertar. Pero ninguna como esta. Era tan maravillosa que no tuve ninguna duda de que me acordaría de ella. De que se convertiría en un cuento, o hasta en un libro, por supuesto, maravilloso. Ideas así no se olvidan, a menos que algunas neuronas hayan muerto mientras dormía. Eso no puedo confirmarlo. El tema es que no me acuerdo. Ni con meditación, ni con tranquilidad, ni engañando a mi mente haciéndole creer que pensaba en otra cosa para agarrar a la idea desprevenida. Nada. No está más. Como Dios o el inconciente. O los Reyes Magos. Allí donde debería haber una idea maravillosa, no hay nada.
De todos modos no pierdo las esperanzas, y esta noche prepararé hoja y Parker antes de dormirme. Miraré el último capítulo de Dr. House. Me levantaré a tapar a los niños. Tomaré un último sorbo de jugo Tang. Acomodaré mi almohada y me daré vuelta porque el sueño me llega boca abajo, y esperaré... como el deprepador espera a su víctima.
Pero hay otro problema y yo lo sé: que esas ideas increíblemente maravillosas no permiten que las atrapemos ni siquiera en el papel.

UN LIBRERO ALLÍ

El capitán Burton, hombre de letras, autor de blog, encargado de librería porteña. Aventurero que me ha devuelto la esperanza sobre la supervivencia de algunos libreros que saben de libros, se ha despachado con este cuento , juego, guiño, homenaje -dice él-, agradecimiento, que me incluye. Para mí es un honor. Un regalo. Y desde aquí le agradezco de corazón.

13 agosto 2007

LA LITERATURA ARGENTINA Y YO

Decidí acudir a la Licenciada Rabinovich de Cohen para conversar sobre mi malestar en lo referente a la literatura argentina.
La Lic. R.C es, tal vez, la única terapeuta especializada en literatura. Uno no acude a ella cuando tiene una crisis marital, ni cuando está a punto de suicidarse, ni cuando siente que la vida no ofrece alternativas. No, el diván de la Lic. R.C sólo es útil para críticas literarias, para el momento en que nos empantanamos con un cuento, cuando una lectura nos provoca un shock o, por el contrario, hemos perdido la capacidad de asombro que regala la literatura.
Esta vez, necesitaba entender qué me pasa con la literatura argentina.
Lo que sigue es la transcripción de la sesión.

Lic: -Me alegra volver a verte, Verónica. ¿Pudiste superar el tema del rechazo editorial?
Yo: -No, en absoluto.
Lic: -¿Querés hablarme de ello?
Yo: -No, no vine para eso. He vuelto a escribir. Creo que lo único que me sanará es la escritura. Publicar o ganar un premio también serviría. Lo que me está angustiando ahora, lo que da vueltas en mi cabeza es cierta problemática que arrastro relacionada con la literatura argentina.
Lic: -¿Sólo la argentina?
Yo: -Sí, puede no gustarme un libro de un autor inglés o yankee pero no me produce alteraciones mentales.
Lic: -¿Qué es lo que creés que pasa, entonces?
Yo: -Bueno... acabo de leer dos libros de autores argentinos. El primero fue "El pasado" de Alan Paul. Excelente crítica, premio de Anagrama, qué más se puede pedir...
Lic: -Entonces...
Yo: -No llegué a la mitad. Dios mío, no se termina nunca. Parece que pasaron cinco horas y recién leíste una frase. No avanza. No pasa nada. Lo abandoné. Ojalá pudiera cambiarlo, pero como es gordo se marcó al abrirlo, y además es el libro que cambié por En el scriptorium, de Paul Auster. Me da bronca que un libro que cambié de otro también sea malo, ¿me entiende?
Lic: -Te entiendo.
Yo: -Pero como soy tenaz, volví a probar con Pablo De Santis. Leí casi todas las novelas de De Santis para adultos, y algunas me parecieron buenas y otras no tanto, pero en general las encontré entretenidas. Como sucede con los que escriben para chicos, De Santis sabe contar una historia. Hay un libro de él que es una maravilla, El inventor de juegos. Esta vez probé con El enigma de París, con el que se ganó un premio importante.
Lic: -Y entonces...
Yo: -Lo leí completo en sólo tres fines de semana. Y es interesante, pero... pero...
Lic: -¿Pero qué?
Yo: -Es soso. Es interesante, pero no es emocionante. Cuando lo terminé de leer no me dejó nada. El lenguaje es correcto, no hace ningún experimento como acostumbran otros autores, pero no me llegó. Me dispersaba tanto durante la lectura que me costaba recordar los nombres de los personajes.
Lic: -Interesante elección de palabras... ¿acostumbrás dispersarte mientras leés?
Yo: -Bueno... leí N.P de Banana Yoshimoto antes de este y tampoco me enganchó. Pero si el libro es bueno, si siento que ingreso a la historia, si me apropio de ella, del lenguaje, entonces el tiempo fluye y se produce la magia. ¡Pero nunca con autores argentinos actuales!
Lic: -Contame con qué libros te pasó en los últimos tiempos.
Yo: -Y... con En picado, con El abanico de seda, con los de Sánchez Piñol, con Eres una bestia Viskovitz, hasta con El libro negro del psicoanálisis, pero con los argentinos nada... no hay química.
Lic: -¿Pensás que puede deberse a algo personal, a algo que tiene que ver con vos..?
Yo: -Comienzo un libro sin prejuicios, abierta a su historia, trama, contexto. No veo por qué debería ser personal...
Lic: -Tal vez dos libros no sean muestra de nada. ¿No leíste ninguno más de autor argentino?
Yo: -No... los libros están carísimos y yo no llego a fin de mes. Tengo que ser muy cuidadosa con lo que compro. Antes de comprar un libro lo hojeo, en general ya leí algún comentario, trato de que el autor me sea conocido, no voy a comprar por ejemplo los libros de autores jóvenes, las nuevas antologías, esas cosas.
Lic: -¿Por qué no?
Yo: -Porque no logran interesarme... lo que cuentan no me llega, si es que cuentan algo. Me interesó por ejemplo, desde el título, el de Jacinta Pichimahuida, pero cuando comencé a leerlo, cómodamente sentada en una Yenny no hubo caso, no me pareció bueno.
Lic: -Vos también sos una autora joven.
Yo: -Parece que ya no. Todos esos libros engloban a autores nacidos después del ´70. Parece que por dos años yo soy de la generación vieja, de la que no entró en ninguna antología.
Lic: -Me parece a mí o escucho cierto... resentimiento...
Yo: -No... para nada... me encanta que se publiquen. A mí no me conocen, yo no publiqué para adultos, aunque haya escrito algunas cosas. No formo parte de ningún grupo, no voy a ningún taller literario, no conozco personalmente a ninguno de ellos, no tengo contactos... no hay forma de que ellos lleguen a mí ni viceversa.
Lic: -Entonces...
Yo: -Está bien, por supuesto que me gustaría tener un lugar y publicar y ser leída. Pero de todos modos no me siento identificada con ese grupo. Lo más importante para mí es contar historias, y para ellos hacer Literatura. El otro día, en una crítica de un libro que no viene al caso, leí dos palabras que a mí no se me hubieran ocurrido juntar, que me resultaron bastante esclarecedoras. Eran literatura e instalación, por instalación artística. ¿Vio esas instalaciones artísticas en las que alguien pone cualquier cosa en cierto espacio, y dice que eso es arte? Bueno, para mí eso es la literatura argentina actual: una instalación.
Lic: -¿Alguna vez viste una instalación?
Yo: -Una vez, hace un par de años, creo, en las viejas galerías Harrods. En realidad yo quería ver Harrods por dentro, porque para mí Harrods era el lugar donde estaban los verdaderos Reyes Magos, pero estaban estas instalaciones. La que más recuerdo era una de vías (por la vía que se coloca en una vena para pasar suero) que goteaban. Una cosa muy extraña. También había un esqueleto disfrazado de Papá Noel, en el viejo sector de peluquería infantil. Ese sí me gustó.
Lic: -Muchas veces hablaste de tu molestia por llegar a los 40.
Yo: -No, no, no, eso no tiene que ver. Acabo de empezar, justo hoy, La historia del amor, de Nicole Krauss, una pendeja del ´74, y no tengo problema. Cierta envidia acompañada de admiración tal vez. Pero nada más, nada malsano. Y leí tres páginas y hasta ahora me enganchó. No sé cómo seguirá, pero va bien.
Lic: -Entonces volvemos a los argentinos...
Yo: -Y, sí... hay algo, una cosa... ¿no? Por ejemplo, a veces me cuesta entender por qué los publican, cómo llegan a la edición.
Lic: -A ver...
Yo: -Hay una escritora, Samanta Schweblin... Su primer libro fue de cuentos, y eso que es dificilísimo que te publiquen cuentos de primera. En eso la felicito. Yo no lo compré al principio, aunque me interesaba justamente por eso, porque eran cuentos de una mujer joven, pero al año el libro ya estaba en la mesa de ofertas muy barato, y lo pude leer. No me gustó. Terminó en la pila de libros a vender para poder comprar otros. Yo no sé si se reeditó ni cuánto vendió ese libro, pero al tiemp estaba en todas las mesas de saldos. Y hace poco publicó otra vez. Me pregunto entonces... ¿quién la lee? Si el primer libro hubo que liquidarlo, ¿por qué le publican un segundo? No es nada personal, no la conozco, y podría usar de ejemplo a cualquier otro autor joven. Los lectores en general no los conocen, me da la impresión de que leen y publican entre ellos en este grupo. Es literatura para cierta élite, para esos tipos de treinta y pico con aspecto bohemio, que van a las instalaciones artísticas y a las lecturas en donde hay una mina con aspecto de alcohólica leyendo algo que nadie entiende. No sé... me parece. Es la impresión que da de afuera...
Lic: -A ver Verónica, para ir terminando, pensemos en hasta dónde llega en vos esta cierta... aversión... por la literatura argentina joven. Si te ofrecieran publicar en alguna de esas antologías, por ejemplo, en una antología de autores nacidos después del ´65 podría ser. ¿Aceptarías?
Yo: -¡Pero por supuesto! Si me publican una instalación, yo encantada. Perdón, un cuento, quise decir un cuento. Si me publican un cuento... eso dije.

03 agosto 2007

CÓMO CRIAR A UN BLOG DE DOS AÑOS

"Con franqueza, los blogs de uno a tres años, los deambuladores, me asustan. Ya sé, ya sé, se supone que soy una valiente veterana de las guerras literarias. Después de todo, he soportado por seis libros ese manteo, prácticamente sin tiempo para recobrar la cordura entre una excursión y la siguiente. Debería estar llena de sabiduría, de anécdotas divertidas y frases reconfortantes. Así será, te lo prometo, en cuanto me calme. Visitar de nuevo ese territorio me pone nerviosa y algo paranoica; todavía me deja atónita la dinámica que nuestra buena madre naturaleza creó al juntar un blog deseoso de ser libre con una mamá deseosa de controlarlo".
(De "Cómo convertir a tu hijo de dos años en un ser... ¡civilizado!" de Vicki Iovine)

El 2 de agosto este blog cumplió 2 años, y se me pasó. ¿Qué estaba haciendo, tan importante, como para olvidar un aniversario fundamental en mi historia? Veamos... el jueves los niños fueron al cine con su abuela y yo escribí un cuento que titulé "Un caso de superpoblación", y que es el cuarto texto de un libro en el que estoy trabajando, que por supuesto no tiene editorial a la vista.
Creo que fue una buena manera de festejar este blog.

Que en estos dos años los buenos deseos, abrazos, tirones de orejas y felicidades sean para ustedes, los que leen. Se lo merecen. Me apoyan, me empujan a seguir. Me conocen, los conozco.
Los regalos, por supuesto, que sean para mí.

LA HERMANA MAYOR


La hermana mayor expone. El arte es a veces un asunto de familia.