Decidí acudir a la Licenciada Rabinovich de Cohen para conversar sobre mi malestar en lo referente a la literatura argentina.
La Lic. R.C es, tal vez, la única terapeuta especializada en literatura. Uno no acude a ella cuando tiene una crisis marital, ni cuando está a punto de suicidarse, ni cuando siente que la vida no ofrece alternativas. No, el diván de la Lic. R.C sólo es útil para críticas literarias, para el momento en que nos empantanamos con un cuento, cuando una lectura nos provoca un shock o, por el contrario, hemos perdido la capacidad de asombro que regala la literatura.
Esta vez, necesitaba entender qué me pasa con la literatura argentina.
Lo que sigue es la transcripción de la sesión.
Lic: -Me alegra volver a verte, Verónica. ¿Pudiste superar el tema del rechazo editorial?
Yo: -No, en absoluto.
Lic: -¿Querés hablarme de ello?
Yo: -No, no vine para eso. He vuelto a escribir. Creo que lo único que me sanará es la escritura. Publicar o ganar un premio también serviría. Lo que me está angustiando ahora, lo que da vueltas en mi cabeza es cierta problemática que arrastro relacionada con la literatura argentina.
Lic: -¿Sólo la argentina?
Yo: -Sí, puede no gustarme un libro de un autor inglés o yankee pero no me produce alteraciones mentales.
Lic: -¿Qué es lo que creés que pasa, entonces?
Yo: -Bueno... acabo de leer dos libros de autores argentinos. El primero fue "El pasado" de Alan Paul. Excelente crítica, premio de Anagrama, qué más se puede pedir...
Lic: -Entonces...
Yo: -No llegué a la mitad. Dios mío, no se termina nunca. Parece que pasaron cinco horas y recién leíste una frase. No avanza. No pasa nada. Lo abandoné. Ojalá pudiera cambiarlo, pero como es gordo se marcó al abrirlo, y además es el libro que cambié por En el scriptorium, de Paul Auster. Me da bronca que un libro que cambié de otro también sea malo, ¿me entiende?
Lic: -Te entiendo.
Yo: -Pero como soy tenaz, volví a probar con Pablo De Santis. Leí casi todas las novelas de De Santis para adultos, y algunas me parecieron buenas y otras no tanto, pero en general las encontré entretenidas. Como sucede con los que escriben para chicos, De Santis sabe contar una historia. Hay un libro de él que es una maravilla, El inventor de juegos. Esta vez probé con El enigma de París, con el que se ganó un premio importante.
Lic: -Y entonces...
Yo: -Lo leí completo en sólo tres fines de semana. Y es interesante, pero... pero...
Lic: -¿Pero qué?
Yo: -Es soso. Es interesante, pero no es emocionante. Cuando lo terminé de leer no me dejó nada. El lenguaje es correcto, no hace ningún experimento como acostumbran otros autores, pero no me llegó. Me dispersaba tanto durante la lectura que me costaba recordar los nombres de los personajes.
Lic: -Interesante elección de palabras... ¿acostumbrás dispersarte mientras leés?
Yo: -Bueno... leí N.P de Banana Yoshimoto antes de este y tampoco me enganchó. Pero si el libro es bueno, si siento que ingreso a la historia, si me apropio de ella, del lenguaje, entonces el tiempo fluye y se produce la magia. ¡Pero nunca con autores argentinos actuales!
Lic: -Contame con qué libros te pasó en los últimos tiempos.
Yo: -Y... con En picado, con El abanico de seda, con los de Sánchez Piñol, con Eres una bestia Viskovitz, hasta con El libro negro del psicoanálisis, pero con los argentinos nada... no hay química.
Lic: -¿Pensás que puede deberse a algo personal, a algo que tiene que ver con vos..?
Yo: -Comienzo un libro sin prejuicios, abierta a su historia, trama, contexto. No veo por qué debería ser personal...
Lic: -Tal vez dos libros no sean muestra de nada. ¿No leíste ninguno más de autor argentino?
Yo: -No... los libros están carísimos y yo no llego a fin de mes. Tengo que ser muy cuidadosa con lo que compro. Antes de comprar un libro lo hojeo, en general ya leí algún comentario, trato de que el autor me sea conocido, no voy a comprar por ejemplo los libros de autores jóvenes, las nuevas antologías, esas cosas.
Lic: -¿Por qué no?
Yo: -Porque no logran interesarme... lo que cuentan no me llega, si es que cuentan algo. Me interesó por ejemplo, desde el título, el de Jacinta Pichimahuida, pero cuando comencé a leerlo, cómodamente sentada en una Yenny no hubo caso, no me pareció bueno.
Lic: -Vos también sos una autora joven.
Yo: -Parece que ya no. Todos esos libros engloban a autores nacidos después del ´70. Parece que por dos años yo soy de la generación vieja, de la que no entró en ninguna antología.
Lic: -Me parece a mí o escucho cierto... resentimiento...
Yo: -No... para nada... me encanta que se publiquen. A mí no me conocen, yo no publiqué para adultos, aunque haya escrito algunas cosas. No formo parte de ningún grupo, no voy a ningún taller literario, no conozco personalmente a ninguno de ellos, no tengo contactos... no hay forma de que ellos lleguen a mí ni viceversa.
Lic: -Entonces...
Yo: -Está bien, por supuesto que me gustaría tener un lugar y publicar y ser leída. Pero de todos modos no me siento identificada con ese grupo. Lo más importante para mí es contar historias, y para ellos hacer Literatura. El otro día, en una crítica de un libro que no viene al caso, leí dos palabras que a mí no se me hubieran ocurrido juntar, que me resultaron bastante esclarecedoras. Eran literatura e instalación, por instalación artística. ¿Vio esas instalaciones artísticas en las que alguien pone cualquier cosa en cierto espacio, y dice que eso es arte? Bueno, para mí eso es la literatura argentina actual: una instalación.
Lic: -¿Alguna vez viste una instalación?
Yo: -Una vez, hace un par de años, creo, en las viejas galerías Harrods. En realidad yo quería ver Harrods por dentro, porque para mí Harrods era el lugar donde estaban los verdaderos Reyes Magos, pero estaban estas instalaciones. La que más recuerdo era una de vías (por la vía que se coloca en una vena para pasar suero) que goteaban. Una cosa muy extraña. También había un esqueleto disfrazado de Papá Noel, en el viejo sector de peluquería infantil. Ese sí me gustó.
Lic: -Muchas veces hablaste de tu molestia por llegar a los 40.
Yo: -No, no, no, eso no tiene que ver. Acabo de empezar, justo hoy, La historia del amor, de Nicole Krauss, una pendeja del ´74, y no tengo problema. Cierta envidia acompañada de admiración tal vez. Pero nada más, nada malsano. Y leí tres páginas y hasta ahora me enganchó. No sé cómo seguirá, pero va bien.
Lic: -Entonces volvemos a los argentinos...
Yo: -Y, sí... hay algo, una cosa... ¿no? Por ejemplo, a veces me cuesta entender por qué los publican, cómo llegan a la edición.
Lic: -A ver...
Yo: -Hay una escritora, Samanta Schweblin... Su primer libro fue de cuentos, y eso que es dificilísimo que te publiquen cuentos de primera. En eso la felicito. Yo no lo compré al principio, aunque me interesaba justamente por eso, porque eran cuentos de una mujer joven, pero al año el libro ya estaba en la mesa de ofertas muy barato, y lo pude leer. No me gustó. Terminó en la pila de libros a vender para poder comprar otros. Yo no sé si se reeditó ni cuánto vendió ese libro, pero al tiemp estaba en todas las mesas de saldos. Y hace poco publicó otra vez. Me pregunto entonces... ¿quién la lee? Si el primer libro hubo que liquidarlo, ¿por qué le publican un segundo? No es nada personal, no la conozco, y podría usar de ejemplo a cualquier otro autor joven. Los lectores en general no los conocen, me da la impresión de que leen y publican entre ellos en este grupo. Es literatura para cierta élite, para esos tipos de treinta y pico con aspecto bohemio, que van a las instalaciones artísticas y a las lecturas en donde hay una mina con aspecto de alcohólica leyendo algo que nadie entiende. No sé... me parece. Es la impresión que da de afuera...
Lic: -A ver Verónica, para ir terminando, pensemos en hasta dónde llega en vos esta cierta... aversión... por la literatura argentina joven. Si te ofrecieran publicar en alguna de esas antologías, por ejemplo, en una antología de autores nacidos después del ´65 podría ser. ¿Aceptarías?
Yo: -¡Pero por supuesto! Si me publican una instalación, yo encantada. Perdón, un cuento, quise decir un cuento. Si me publican un cuento... eso dije.