27 marzo 2007

CIEN LIBROS QUE HAY QUE LEER MIENTRAS ESTÁS VIVO

Ahora que va a salir un libro sobre los libros que uno debería leer antes de morir, va mi aporte. Teniendo en cuenta que no he leído casi ninguno de los clásicos que se supone uno debe leer, y que no considero al Martín Fierro mi libro de cabecera, ni leo libros que en la misma línea lleven más de dos palabras difíciles, y que sólo leo libros en castellano, y que la suma de libros que he leído me han hecho la persona inadaptada que soy, no sé a quién le puede servir esta lista, pero este es mi blog.
Por otra parte, como cien libros se pueden leer en un año, si uno no tiene nada mejor que hacer, dejo en claro que no es que crea que se van a morir pronto. Eso de "antes de morir" es engañoso, porque antes de morir pueden pasar un millón de cosas que te impidan leer, empezando por no tener dinero para comprar los libros de la lista. Por lo tanto esta es mi lista de libros para leer mientras estás lúcido, con buena vista, buen pasar económico, sin niños alrededor, tiempo libre, la tele apagada, y vivo, que es el lapso que transcurre hasta que uno se muere.

1- Cien años de soledad, de G.García Márquez
2- Mujercitas, de Louisa May Alcott
3- El ratón cochero, de David Wilson
4- Todos los hombre son mortales, de Simone de Beauvoir
5- El perfume, de Süskind
6- Nunca me abandones, de Ishiguro
7- Antología del amor, de Julia Prilutzky Farny
8- Mafalda, de Quino
9- El Aleph, de J.L.Borges
10- La vuelta al día en ochenta mundos, de Cortázar
11- Muero por dentro, de Robert Silverberg
12- Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
13- El Eternauta, de Oesterheld, Solano López
14- Mr. Vértigo, de Paul Auster
15- Antología, de Alfonsina Storni
16- Cocorí, de Joaquín Gutiérrez
17- Violeta, de Whitfield Cook
18- Dune, de Frank Herbert
19- Calvin and Hobbes, de Bill Watterson
20- Cerrado por melancolía, de Isidoro Blaisten
21- Falsificaciones, de Marco Denevi
22- Mientras escribo, de Stephen King
23- Groucho y Chico, abogados, de Groucho Marx
24- Cuentos sin plumas, de Woody Allen
25- El chofer que quería ser Dios, de Etgar Keret
26- Cómo ser buenos, de Nick Hornby
27- Eres una bestia, Viskovitz, de Boffa
28- Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving
29- Peonía, de Pearl S. Buck
30- Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano
31- El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta
32- La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes
33- Cuentos fantásticos, de Juan José Arreola
34- La gesta del marrano, de Marcos Aguinis
35- Final del juego, de Cortázar
36- El mundo ha vivido equivocado, de Fontanarrosa
37- Espantapájaros, de Oliverio Girondo
38- Teatro completo, de Agustín Cuzzani
39- Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano
40- Historia de la estupidez humana, de Paul Tabori
41- Estigma, de Erving Goffman
42- Maus 1 y 2, de Art Spiegelman
43- Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll
44- Si esto es un hombre, de Primo Levi
45- El nombre de la rosa, de Umberto Eco
46- Diario de Adán y Eva, de Mark Twain
47- Escritos subversivos, de Jonathan Swift
48- Cuentos crueles, de Saki
49- Las brujas, de Roald Dahl
50- El librero de Kabul, de Asne Seiestard
51- El abanico de seda, de Lisa See
52- El señor de las moscas, de William Golding
53- 1984, de George Orwell
54- El arrancacorazones, de Boris Vian
55- Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe
56- La metamorfosis, de Franz Kafka
57- El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas
58- El Principito, de Saint-Exúpery
59- Mi planta de naranja-lima, de Vasconcelos
60- Matilda, de Roald Dahl
61- Anne la de Avonlea, de L.M.Montgomery
62- Un mundo feliz, de Aldous Huxley
63- El hombre ilustrado, de Ray Bradbury
64- Fundación, de Isaac Asimov
65- 2001, odisea espacial, de Arthur Clark
66- Poemas, de César Vallejo
67- Hijos de los hombres, de P.D.James
68- Pandora en el Congo, de Albert Sánchez Piñol
69- De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Carver
70- El largo adiós, de Raymond Chandler
71- Amores en fuga, de Bernard Schlink
72- Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury
73- Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari
74- La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
75- El mundo según Garp, de John Irving
76- Jane Eyre, de Carlota Brönte
77- Se acabaron las espinacas y otros delitos por computadora, de Asimov y otros
78- Esta bendita manía de tener bebés, Paul Reiser
79- Antología esencial, de Pablo Neruda
80- Salvo el crepúsculo, de Cortázar
81- Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga
82- Historias de los señores Moc y Poc, de Pescetti
83- El libro de los chicos enamorados, de Elsa Bornemann
84- Larga distancia, de Martín Caparrós
85- El juguete rabioso, de Roberto Arlt
86- Poemas de otros, de Mario Benedetti
87- Antología de la literatura fantástica, Borges, Bioy Casares y S.Ocampo, editores
88- La tregua, de Primo Levi
89- El amor en los tiempos del cólera, de G.Garcia Márquez
90- Minotauroamor, de Abelardo Arias
91- Copsi, de Pacho O´Donnell
92- Las torres de Nüremberg, de J.S.Tallon
93- Una enciclopedia de datos inútiles, 1 y 2, de Homero Alsina Thevenet
94- Memorias, de Isaac Asimov
95- Humor judío, selección de Toker, Finzi y Scliar
96- Teatro, de Alejandro Casona
97- Un saco de canicas, Joseph Joffo
98- El cuento de la criada, Margaret Atwood
99- Historias de cronopios y de famas, de J.Cortázar
100- Nunca confíes en una computadora :-)

22 marzo 2007

VIVENCIAS APTAS PARA LITERATURA PROFUNDA

¿Cuánto hay de autobiografía en la literatura de un escritor? No hay quien se dedique a escribir, que no haya tenido que responder, por lo menos una vez, esta pregunta. Las respuestas varían: algunos dicen que todo es autobiografía. Otros que todo es imaginación. Hay quien se alimenta de sus vivencias sin que todo sea yoyoyo. Después de todo es muy difícil contar algunas cosas si nunca las viviste. Un orgasmo por ejemplo. Que te rompan el corazón. Pasar vergüenza. Ver morir a alguien querido. Drogarte. Parir. Se puede, no digo que no se pueda. Para eso está el lenguaje y el talento para usarlo. Pero cuántas más cosas se viven, más se conocimiento adquiere uno.
Yo respondo lo último. No escribo sobre mí, pero uso lo que he vivido. Y he vivido momentos muy grosos. Cosas que me marcaron para siempre. Emociones que no se repiten en la vida. Cosas que tengo atravesadas, y que si no las llevara al papel terminarían haciéndome implosionar en forma dramática. (Todo lo que sigue es real).
El día en que mi madre me dijo que le daba una propina al calesitero para que siempre me sacara la sortija.
Haber visto los Reyes Magos reales en Harrods.
La insistencia de mis hermanas, durante mi infancia, de que era adoptada porque ellas eran morochas y yo rubia.
La vez que le pregunté a mis padres si tenían sexo oral, sin saber qué significaba, y la respuesta que recibí.
Desmayarme tres veces en mi vida, y descubrir que no es romántico como en las películas ni caés sobre un sillón. Que una vez, en un colectivo, me auxiliara una monja.
La directora de la escuela que me dijo que no merecía llevar la bandera de ceremonia por haberme olvidado los guantes blancos.
Haber pintado PI con aerosol en una pared en la vía pública.
Acompañar a un novio menor de edad que manejaba un auto que tomamos prestado de un familiar, pasar justo por un control de tránsito y acelerar y doblar y seguir para perder a la cana.
Robar un brillo de labios en un supermercado de Miami.
Cuando usé mi primer corpiño y mis compañeros varones me decían que se veía a través de la remera, y por lo tanto no volver a usar remeras blancas.
Escuchar durante los dos últimos grados de primaria, y en cada recreo, el disco de "Mi hermano es un soldado que cuida las fronteras de la Patria".
Indisponerme cada vez que salía de campamento.
Ver a tu ex-novio ponerse de novio con tu ex-mejor amiga.
Volar en parapente.
Tener alucinaciones nocturnas.
Ir a ver a Menudo al Estadio Obras.
Cuando se me desabrochó el corpiño de la malla en la playa.
Que el Pato Carret me eligiera para participar en un momento de su programa, el día que fuimos a las grabaciones con la escuela.
Chocar.
Hacerle respiración boca a boca a un negro interesante durante el curso de la Cruz Roja.
Descubrir que la leche materna sale de muchos agujeritos y para cualquier lado, y no de uno solo y derechito.
Embarazarme.
Parir vía cesárea dos veces, y que te encajen un crío y te digan que es tuyo y que a partir de ese momento te hacés cargo vos.

16 marzo 2007

NO ME AVISEN MÁS, POR FAVOR

Me agota saber que estoy a un tanto así de ser millonaria adueñándome de una cuenta olvidada, perdida, extraviada, secreta, misteriosa de un banco de Burkina Faso, Dongo o Sudáfrica. Me lo recuerdan tres o cuatro veces por día, y yo cada vez hago uso de mi mayor autocontrol y digo que no, que eso no puede traer nada bueno. Que a la gente millonaria la secuestran, la matan, la obligan a pagar impuestos billonarios, sus hijos se suicidan y se hacen drogadictos, o al revés, los familiares que los odiaban comienzan a amarlos. Y todo parece taaaan difícil: decidir dónde vivir, si con vista al Pacífico o al Mediterráneo. Si los pisos de pinotea o de mármol de Carrara o de estalactita marciana. Si mayordomo o ama de llaves. Si Ferrari o BMW, si agua corriente o filtro. Si adoptar niños vietnamitas o camboyanos, o niñas chinas, o una ballena en peligro de extinción o un anciano esquimal antes de que lo envíen en iceberg a su último viaje.
Pero un día... puede ser... un día tendré las defensas bajas, o habré recibido una mala noticia, o estaré a cientos de pesos de distancia de llegar a fin de mes, o mi hijo querrá la play station 2, o yo ya no soportaré mi dignidad, o no haber comprado nunca en Recoleta. Y ese día me haré cargo de la cuenta en Burkina Faso y allí iré, con las vacunas reglamentarias, a retirar mi dinero.
Por favor, no me avisen más. No me avisen más...

12 marzo 2007

YO PLAGIO, TÚ PLAGIAS, ÉL PLAGIA

Ahora voy a hablar yo. A ver si a alguien le dá miedo. El tema es conocido: un tipo escribe un libro. Lo presenta en un concurso. Gana. Luego se descubre que parte del libro está plagiado de otro que también ganó un premio (esto es interesante. ¿Existe literatura hecha para ganar premios, y además sirve para cualquier concurso? Compro). Le sacan el premio. Todos corren a rasgarse las vestiduras. Pero no, esta vez hubo más que corrieron a aplaudir que a rasgarse las vestiduras, con lo cara que está la ropa.
El pseudo-autor es Di Nucci, el libro es "Bolivia" (no lo leí), el premio es el de La Nación. Y ahora resulta que el tipo no hizo plagio, sino que es un adelantado, un genio del metatexto, del metalenguaje y del métaselo donde sabe. Un precursor de la literatura experimental. Alguien que nos abre los ojos sobre el "todo ya está escrito". Pará viejo. Si el tipo se copió unas cuarenta hojas, en donde únicamente se tomó el trabajo de cambiar el nombre de los personajes, eso es pla-gio. Eso es fruto de alguien que es un hijo de puta y que pensó que nadie se iba a dar cuenta. Eso es propio de alguien que no sabe escribir. Porque para calcar cuarenta páginas no te alcanza con la reescritura. No, tenés que tener el otro libro ahí al lado y copiar. Como en la escuela. Y que vengan ahora a exculparlo aquellos que ayudaron a apretar el lazo en los casos de Piglia o Bucay, eso suena a "necesito vidriera". A eso viejo. Hay mucha gente acá deseosa de sembrar quilombo porque necesitan sus cinco minutos de fama, porque quieren que las nombren. A todos ellos les ofrezco un ejercicio de visualización. Imaginen que escriben un libro de la santísima madre. Que en ese libro dejaron alma, sangre, sudor y lágimas. Que les llevó años terminarlo. Que están increíblemente orgullosos -aunque no se animen a vocearlo- de esas metáforas que lograron, de cómo solucionaron un conflicto, de la psicología de tal personaje, de esa frase en particular. Ahora piensen que un día descubren que cada una de esas palabras aparecen bajo el nombre de otro, en otro libro. Alguien que se llevan los elogios y la guita. Los dejo un rato para que lo visualicen bien. Seguro que ahora ya no hablan tanto de metalenguaje. Seguro que ahora van a la casa de Di Nucci y le rompen las piernas. Si es que no se les adelantaron los bolivianos a quienes el tipo les iba a donar el monto del premio. Así sea.

05 marzo 2007

Y USTED, ¿CÓMO CAYÓ ACÁ?

Mire, desde el momento en que usted coloca un contador de visitas en su página, lo que está haciendo es elaborando y expresando una inseguridad de amor, como yo le digo. Necesita comprobar que la quieren. Como el niño que, cuando se porta mal y la madre lo reta, no pide disculpas ni trata de enmendar su error, ni asegura que no volverá a repetir ese comportamiento, sino que pregunta: "¿me querés?". Eso es lo que usted hace, pregunta si la quieren. Y si la quieren, la visitan. Está bien que lo haga. Todo lo que se reprime es malo. Reprimir malo, expresar bueno. Es como poner campanitas en las puertas, para que la música acompañe a cada invitado, pero también para saber que alguien abrió la puerta, y ponerse en alerta. ¿Me entiende? De todos modos hay otra lectura. Poner un contador de visitas no sólo es propio de personas inseguras, de egos maltratados, de solitarios inadaptados, de sociópatas o escritores sin éxito, sino también es un comportamiento propio de ególotras. ¿Me sigue? Yo me quiero, ergo, todos me vienen a ver. Soy importante. Soy mejor que otros que no tienen contador de visitas o tienen pocas visitas. Es interesante esto que decimos. Porque entonces podríamos unir estas variantes, y nos quedaríamos con un escritor sin éxito, sociópata y ególotra, ¿me entiende? Y allí ya tendríamos que hablar de medicación. De todos modos, y para saciar esta necesidad patológica de atención que usted tiene, hay que decir la verdad. Porque la verdad cura. La verdad libera. La verdad nos hace mejores. Y la verdad es que la mayoría de visitas que usted reciben, tocan y se van. ¿Me entiende? Yo veo, lo siento, usted lo expresa con todo su lenguaje corporal, que el número que ha recibido hasta ahora de visitas, 12.907 en este instante, a dos o tres meses de colocar el marcador, la llevan a sentir, Verónica, que está en la cima. Que lo ha logrado. Que la quieren, la buscan, la siguen, la admiran. Y está muy bien que usted quiera sentir eso. Es sano. Siempre y cuando lo exprese, no lo reprima. Pero la verdad... ay la verdad... Cuando usted colocó este contador en particular, no sabía que recibiría diariamente, dia-ria-men-te, un detallado informe de las visitas que llegan a su página. Y que en este informe aparecerían las palabras claves que llevan a cada usuario a la misma. ¿Me sigue? Es decir, usted busca "jengibre", por ejemplo, la he visto hacerlo hoy mismo, para conseguir una buena receta, y le aparecen miles de páginas en las que se lee ese nombre. Pero no todas son recetas. Hay hasta conjuntos musicales que se llaman jengibre. Usted a lo mejor clickea en la página equivocada, la mira, ve que no es lo que está buscando, y sale. ¡Pero el contador contó esa visita! ¿Se dá cuenta del engaño, de la fábula que significan los contadores de visitas? Y es mi deber decirlo, abrirle los ojos, Verónica, porque no toda la gente que llega a su página es gente que quiere leerla a usted. ¿Vamos bien? Pongamos que hay dos de cada diez que en realidad la buscan. O uno. ¿Y por qué le digo esto? Por su bien, porque es muy sano expresar que necesita ser querida, pero es dañino creer que realmente la quieren. ¿Me entiende? Y usted encima ha utilizado en su página -sé que lo hizo sin premeditación ni alevosía, que lo hizo de buena fe- una palabra súmamente usada en Internet: subtítulos. Sí Verónica, como me escucha. Todo el mundo busca subtítulos alguna vez, pero poquitísimos a usted. Es sano saberlo. Es malo ignorarlo. Por eso, Verónica, y para que sepa por qué tiene en este instante 12.909 visitas, le dejo esta lista de enlaces que han llevado visitas a su página, agua a su pozo. Léala, medítelo, piénselo. Tal vez le resulta interesante, por su profesión, si es que podemos llamar así a su... ocupación o hobby de escribir, ver las cosas que la gente busca en Internet. Espiar, para decirlo sin vueltas. Y la verdad es que la mayoría no sabe hacer una búsqueda como la gente.. En fin... tal vez luego piense en agregar la palabra "sexo" en el título del blog para sentirse aún más querida. Pero no iríamos por buen camino, querida, no se lo recomendaría... estaríamos tirándole leña al fuego de su patología.
Llévese las notas, y lo seguimos hablando en la próxima:

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