20 enero 2007

HASTA PRONTO Y BUENAS TARDES Y QUE LO PASEN BIEN

Me despido hasta mediados de febrero. ¿O acaso yo no merezco vacaciones, eh?
Me gustaría que usaran los comentarios a gusto. Para escribir sus post también. A ver si a mi regreso hacemos un concurso de post, y de premio va el último alfajor, que siempre es de fruta.
Manténganme el blog lindo, rieguen las plantas, cierren bien las puertas al salir. Miren que sé todo lo que quedó, así que si falta algo voy a saber que fue alguno de ustedes.
Me retiro entonces dejando estos pensamientos veraniegos, que bien pueden servir para ejercitar la musculatura literaria:
Cuando uno se cruza veinte veces con la misma gente en el club/playa, ¿hay que hacer una sonrisita tarada cada vez?
Cuando tu compañera de burako te corrige la forma en que jugás, y trata de educarte, ¿hacerle tragar las fichas es una opción?
¿Se puede empujar despacito y sin que nadie se dé cuenta a los bebés ajenos que se te acercan gateando? En caso de respuesta negativa: ¿y si vienen comiendo un helado derretido?
¿Cuánto tiempo se puede observar el cuerpo musculoso del bañero, sin pasar por una sexópata?
A pesar de que uno se siente de 20 en todos los sentidos, los de 20, ¿se dan cuenta de que tenemos el doble de edad?
¿Es posible quedarse un día entero en el depto. alquilado, sin hacer absolutamente nada, aunque sea un día fenomenal, sin culpa?
¿Por qué considero que pasar quince días en una casa en la que me la paso lavando ropa a mano, cocinando, barriendo arena, retando a los niños, haciendo compras, haciendo las camas, juntando juguetes, organizando los tiempos de cada uno, son vacaciones? ¿Vale el sólo hecho de cambiar de paisaje?
Si existen guarderías para dejar a los animales en las vacaciones, ¿por qué no existe el mismo servicio para dejar a los hijos?
¿Por qué se considera que gastar dos sueldos en quince días es correcto pero sólo para las vacaciones? ¿Por qué no puedo hacer lo mismo cualquier día en el shopping?

Cariños y hasta pronto, buenas tardes y que lo pasen bien.

16 enero 2007

LIBROS NO. LA LITERATURA EN EL CELU

Este es el guión para un comercial televisivo sobre un nuevo producto literario que se espera imponer en los próximos meses.

Escena 1. Día. Int. Parador playero.
Vemos el lugar y la gente. Chicas y chicos en mallas, rubios, bronceados, buenos físicos, sonrientes, despreocupados. Ninguno tiene más de 25 años. Plano a muchacho estilo surfista. Lleva un libro gordo bajo el brazo. Lo vemos bajar una escalera.
Música de moda
Escena 2. Día. Ext. Playa.
El muchacho lleva el libro en una mano, y en la otra carga su tabla de surf. De pronto suena su celular, que lleva abrochado a la cintura de su short. Molesto, el chico no sabe cómo agarrarlo porque tiene las manos ocupadas. Mira su tabla de surf, mira el libro. Tira el libro y, sonriente, toma su celular.
Muchacho surfista
Uf, ¿a quién se le ocurre llevar un libro a la playa?
¡Imposible! Y además, ¡no se termina más! Y cuando lees, no
puedes mirar a las chicas (guiño a la cámara),
ni escuchar música, ni broncearte parejo.
¡Tampoco puedes atender tus llamadas! Y si nadie sabe de tí,
¿qué harás esta noche? Por eso ahora leo sólo
"Novelas de celular". Cinco líneas cada día en tu celu.
¡Una maravilla! ¡Y es súper entretenido! Se acabaron
las metáforas, los raccontos, los oxímoron, y todas
esas palabras extrañas que nunca lograste aprender.
¡No te olvides de llevar tu teléfono a la playa, y
la cultura, irá contigo!

Vemos al muchacho pisar el libro, que se hunde en la arena, y observar la pantalla de su celular mientras corre hacia el mar.

Escena 2. Día. Int. Parador playero.
Ahora seguimos a una chica preciosa, parece una top-model. Acomodada en labarra, junto a un trago vistoso, está leyendo un libro. Pasa las hojas, vuelve al comienzo, parece no entender. Hace mohínes y gestos de chiquilina contrariada.
Chica top-model
(parece hablarle al libro)
¿Todo sucede en el mismo día? ¿Es un sueño o real?
¿Falta mucho para el romance? ¡Hay tan pocos
personajes que me aburre! ¡Y encima, no entiendo nada!
Cada vez que me distraigo tengo que volver a empezar,
porque no sé por dónde va la historia.
Se acerca a la chica top-model otra chica de aspecto similar,
le quita el libro y le entrega su teléfono celular.

Chica top-model 2
¿Leyendo un libro? ¡Eso está out!
Ahora la literatura viene en formato celular.
¡Es genial! Cada día, un nuevo capítulo.
¡Y es súper entretenido! Desde que leo las
novelas de celular, nunca me aburro, ni me
canso de leer, y siempre tengo algo de qué hablar
con los muchachos (guiño a la cámara).
Lee tú también una novela de celular, y deja
los libros para los tragas que no se animan
a venir a la playa.

Las chicas ríen y leen con mucho interés la plantalla del celular. Plano al libro, que queda abierto en la barra. Alguien le coloca un trago encima, que chorrea.

Escena 3. Día. Ext. Playa.
Plano al parador, por la ventana vemos a las chicas top-model leyendo por su celular. Plano a la orilla del mar. El muchacho surfista, parado al lado de su tabla, lee su celular. Plano ahora a una sombrilla, en la que vemos a un famoso escritor de moda, escribiendo en una palm. Mira a la cámara y guiña un ojo.

Famoso escritor de moda
Antes yo escribía libros larguísimos, aburridos,
difíciles, que sólo leían los críticos y unos pocos amigos.
(Ríe)
Ahora, en cambio, escribo la novela de celular
del mes. ¡Y nuna he sido tan feliz!
¡Hasta puedo usar emoticones!
Lo sé... los libros son pesados, difíciles de llevar,
también son caros y poco prácticos.
Las hojas pueden romperse, se vuelan, la letra
es pequeña, no se deben mojar... ¡hay que
pensar en tantas cosas cuando se lee un libro!
Por eso te invito a que a partir de ahora,
sólo leas novelas de celular. En el verano, en
el invierno, cuando estudias, cuando viajas, cuando
trabajas. En cualquier momento, las novelas de celular
te acompañan. Leer será por fin un placer para todos,
no sólo una actividad destinada a intelectuales a los
que nunca se les entiende nada.
(Ríe y vuelve a su palm. Luego vuelve a mirar a la cámara).
¿Quieres saber cómo sigue?
¡Busca tu celular!
La literatura nunca ha estado tan cerca tuyo.

Plano a la playa, en la que todos leen sus novelas de celular. La imagen se va esfumando. Sobre fondo negro aparece la imagen de un celular. Plano a la pantalla en la que se lee:

LIBROS NO. LA LITERATURA, EN EL CELU.

09 enero 2007

INVERSIONES LITERARIAS

Que los libros están caros no es un secreto para nadie. Por eso, a la hora de elegir qué leer, hay que pensar seriamente en cómo invertiremos literariamente nuestro dinero. Y aquí es donde nos encontramos con una ecuación difícil de aceptar: los libros buenos duran poco, los malos duran mucho.
Vayamos a los ejemplos: en este bochornoso mes de enero, elegí el título "El abanico de seda" de Lisa See, Edit. Salamadra, 42 pesos argentinos, para pasar las tardes en la pileta del club. A pesar de la imagen idílica que uno pueda tener de una pileta en verano, mi situación es crítica y la paz estival me desconoce. Mis hijos no pueden entrar solos a la pileta, a riesgo de ahogarse, por lo cual mis ojos no se despegan de ellos. Hay mucha gente y mucho movimiento. Se permiten las pistolas de agua. Tengo un gran grupo de amigos y todos permanecemos juntos, cantando lamentos maternos, sirviendo bebida y galletitas y jugando al burako. Ergo, leer -y entende lo que uno lee- es casi un sacrificio o un premio.
Pensaba que "El abanico de seda" podía ser una lectura amena para tal momento, y que el grosor onda normal del libro me permitiría soportar enero con algo más que calor. No fue así. El libro me apasionó. Del todo y totalmente. La imagen de esas mujeres chinas contando cómo les quebraban los huesos para lograr sus lotos dorados cautivó mi atención o me demostró que soy una perfecta masoquista. No pude dejar de leer. El cuidado de los niños lo delegué en su padre biológico (además la pileta está cercada y los lugares para entrar cuentan con ducha automática que al menor le asustan, así que no es tan fácil que se nos escapen), y me dediqué a la lectura, con algunos únicos momentos para: tomar una lágrima, jugar tres partidos de rummy, preparar los sándwiches.
Al regresar a casa, debo decirlo, cometí uno de los pecados clásicos de la lectura de verano: continué leyendo bajo techo, como si me faltara la TV. Ergo: el libro duró tres días, cuando debería haber durado 31. Una pésima inversión.
Una excelente inversión, por ejemplo, es "Vieja escuela" de Tobías Wolff, Alfaguara, que compré en la editorial con mi descuento del 40%. Lo empecé hace meses y cada vez que lo retomo lo abandono como a un trapo viejo. Es un bodrio, aunque no quiera aceptarlo. Pero no se puede negar que es una buena inversión. Si me lo llevo a la pileta seguro que lo mantengo en el bolso hasta entrado el otoño, y como tengo un libro en el bolso no me animo a comenzar otro, lo cual significa ganancia monetaria y aburrimiento literario.
Ahora, por ejemplo, tengo que decidir qué me llevaré a las sierras en febrero, y aquí las inversiones son claves para la supervivencia. Si elijo demasiado bien y leo con pasión, mis hijos pueden perderse, lastimarse, ahogarse o ser secuestrados por extraterrestres, sin que yo me dé cuenta ni logre una buena fotografía de la nave. Puede suceder también que olvide llevar bebidas, o le ponga tomate al sandwich del mayor, u olvide al menor en el inodoro. O confunda a mi marido con cualquier otro pelado del lugar y me vaya con un extraño. Todo por un libro.
Si elijo bien, en cambio, si hago una excelente inversión veraniega, todo lo de arriba no sucederá, pero yo estaré aburrida como una marmota, por lo cual gastaré más dinero en nimiedades (aquí hay que volver a pensar en la ecuación, ya que ese dinero podría invertirse en más libros o en peores inversiones literarias, convirtiendo la situación en un círculo vicioso), estaré malhumorada, me quejaré de todo y desearé sobre todo escaparme con el pelado de al lado, en busca de las emociones que debería encontrar en un libro.
En ese sentido, "Pandora en el Congo" de Álbert Sánchez Piñol, es una mala inversión. Autor argentino moderno, buena inversión. Cuentos de Fontanarrosa, mala inversión. "Una historia de la lectura", de Manguel, buena inversión. "Cómo ser buenos" de Nick Hornby, mala inversión. "Sábado" de McEwan, buena inversión. "El chofer que quería ser Dios" de Etgar Keret, mala inversión. Uno de Saramago, buena inversión.
Esta vez se trata de aprender a gastar nuestro dinero literario en algo que, sobre todo, dure, y escaparle a la literatura rápida que, como la comida chatarra, nos gusta, nos llena, nos dá ganas de repetir pero, al contrario de ésta, por suerte no nos mata sino que nos devuelve a la realidad convertidos en algo (un poco) mejor.

03 enero 2007

¿DALE QUE ME AYUDÁS QUE NO SÉ?

He decidido utilizar mi tiempo literariamente improductivo en cosas importantes. Por ejemplo:
-¿Debo pasarme a la versión alfa, o beta, o tal vez era épsilon de blogger? ¿Y para qué?
-¿Por qué hay gente que se está mundo a Wordpress? ¿Qué saben que yo no sé?
-Y sabés que me gustaría tener, un contador de visitas, una campanita en la puerta, y si no hay muchas visitas, yo salgo y entro al blog como loca, para que parezca un blog re-importante. También puede ser un reloj. Cón números romanos.
Te juro que intenté leer unos tutoriales de html, y nada. No entendí. Además como literatura eran un poco aburridos. Por eso tengo que pedirte ayuda, no porque sea una vaga, ¿me entendés? Además estoy ocupada leyendo un libro. "El abanico de seda" de Lisa See. Me gustan esas novelas de ficción-sociológicas que te muestran costumbres totalmente diferentes a las tuyas. Me hace acordar -aunque no tengan nada que ver- con "El librero de Kabul". Unos son árabes musulmanes modernos y otros chinos confucianos antiguos. Pero yo me entiendo. También leí "La noche del meteorito" de Franco Vaccarini. ´Ta re-bueno. El chico se ganó el premio El barco de vapor con esa novela, y lo felicito con sinceridad, sin animosidad ni adversidad porque yo no participé. Porque si participaste, felicitar al ganador te da como unas cosquillitas acá, ¿no? El otro que me encantó fue el cuento "Blanca y radiante" que ganó el premio de la revista Imaginaria. Me hubiera gustado escribirlo yo, con eso te digo todo. Y mirá que a ese premio sí mandé un cuento, y no gané ni séptima mención. Nada. A veces uno gana, y en general siempre pierde. No voy a excusarme con que era un cuento escrito de apuro y pensando en el efectivo, y que cuando sólo pensás en el efectivo no le ponés el corazón y eso se nota, porque queda feo y encima es verdad. Ah, y también te cuento que salió una nueva novela de Nick Hornby, de un grupo de suicidas que se encuentran en un puente. ¡Es bárbaro Nick Hornby! Bueno, yo leí sólo un libro de él, pero era bárbaro. Así que en cuanto aparezca en la Argentina me lo compro. Está medio difícil esto de conseguir libros importados acá. Un bajón. El otro día estaba buscando "El perfeccionista en la cocina", de Julian Barnes, y librería tras librería me dicen que ya no traen libros de afuera. Y mirá si no me queda más remedio que leer a escritores argentinos, los que están de moda, que son todos jovencitos y hacen literatura experimental y publican en editoriales con nombres raros. Bueno... debería intentarlo. Claro que sería más fácil si me regalaran los libros que si tengo que ir a comprarlos, porque si tengo unos mangos lo ahorro para Hornby, qué querés que te diga. Y además... esto de los chicos argentinos yo lo veo pasajero... Empezás a leer y te preguntás dónde está la historia. Es opinión mía nomás. No me hagas caso. No sé... viste...