20 diciembre 2007

GRAGEAS

Hace unos meses, el escritor y editor Sergio Gaut vel Hartman me envío un mail. Yo creo que las grandes historias siempre comienzan así: con un llamado telefónico, con una carta, con un mail.
Decía que había llegado a mi blog a través del de Gus Nielsen y que le había gustado lo que yo escribía. Yo creo que si no recibiera ese tipo de comentarios cada tanto, sería adicta al Rivotril o a cualquier otro ansiolítico. Pero los recibo. Hay gente -y no soy yo quien va a poner en discusión el gusto ajeno- a quien le llega, se divierte, le gusta lo que yo escribo.
Sergio me contaba que estaba armando una antología de microrrelatos, o cuentos breves o cuentos cortísimos, como acostumbran llamarse, y quería saber si podía contar con un texto mío.
Yo primero le agradecí, claro. Y luego dije que sí.
El problema comenzó después.
Yo nunca escribí un microrrelato. Me gustan mucho. Los leo. Sé varios de memoria. Pero escribirlos... escribirlos no.
Mis cuentos para adultos ocupan, aproximadamente, entre diez y veinticinco carrillas. El cuento con el gané el concurso de Inarco tiene veinte. Tal vez por no ser novelista me despacho a gusto en el cuento. O daré muchas vueltas yo.
Lo cierto es que quería estar en esa antología pero sabía que no podría escribir un microrrelato.
Sergio me había dado una fecha de entrega. Faltaba un mes. Comencé a intentarlo.
Lo primero que hice fue pensar, aislar temáticas -obsesiones- que me interesaran y que pudiera contar en 250 palabras, aproximadamente, que era la medida obligada.
Comencé varios cuentos. En uno, una mujer encontraba la máquina de la felicidad, que se parecía a la máquina que hace ping de los Monty Phynton, y hasta allí llegaba. En otro había un Papá Noel real en un geriátrico judío por motivos que no voy a revelar porque sé que algún día escribiré ese cuento. En otro tanteaba el tema de la incomunicación. También hice la trampa de escribir textos totalmente dialogados, que como saben me salen con cierta facilidad.
Pero nada. Uno puede escribir cien cuentos, y tener la certeza de que ninguno merece la publicación.
Le escribí entonces a Sergio un mail preguntándole si el cuento podía llegar a las 450 palabras (porque además todos mis intentos superaban el límite establecido). Pasaron los días y Sergio no me respondió. Yo supuse que el mail no le había llegado porque hasta el momento me había contestado todas mis dudas al toque (fue así, nunca le llegó), pero además suponía que no podría hacer otra cosa que decirme que no. Si le pedís a cien autores cuentos de unas 250 palabras, no podés comenzar a ofrecer excepciones. No puede haber en un libro cuentos así, y de pronto uno asá. Lógica pura. Ética laboral.
Así que tiré la toalla. Yo era una escritora de textos largos. La única otra vez que rechacé un pedido fue cuando me solicitaron un cuento con animales -para chicos- para una antología. Ni lo pensé. Dije que no porque odio los cuentos con animales. Y más si hablan.
(El concurso de Imaginaria -segundo lugar-, sin embargo, lo gané con un cuento de animales que hablan).
Nunca digas nunca.
Creo que el último día para entregar los cuentos era el 30 de septiembre. El 29, entonces, me senté frente a la computadora y me dije que si me consideraba escritora, me tenía que salir. Que darme por vencida era de cobardes. De ineptos. De fracasados. Los riesgos existen para ser tomados. Los desafíos son los que te hacen crecer.
Además, hay algo en la fecha límite que me estimula. Yo digo que es un resabio de la práctica periodística. Pero no estoy segura. Siempre tomé decisiones sobre la fecha límite. Estudiaba el último día. Me pasó lo mismo con el cuento "Alas para la Paloma" con el gané el premio Colihue en el ´92. Lo escribí el día que cerraba el concurso y tuve que ir a llevarlo a la editorial personalmente.
Volviendo a la antología, le dije a mi marido ese día que no contara conmigo. Que alejara a los niños, y puse mi mente en modalidad "puedo hacerlo, cuento cortísimo".
¿Pero qué corno iba a escribir?
¿Qué era lo que me estaba picando? ¿Lo de la máquina de la felicidad, el Papá Noel, un diálogo desopilante? No... lo que me provocaba escozor, lo que estaba ahí a punto de explotar, era el tema de las doscientas cincuentas palabras. Eso era lo que me obsesionaba. 250 palabras. Así que comencé a jugar con eso. ¿Qué me pasaba a mí, como escritora, al tener que escribir un cuento de doscientas cincuenta palabras? Puse la mente en blanco y largué. A ver qué salía. Y a medida que escribía eso de "me pidieron un cuento de doscientas cincuenta palabras", me dí cuenta de que para que todo tuviera sentido, el cuento debía tener 250 palabras. No 249. Tampoco 251. 250 exactas.
Como desafío era insuperable. El riesgo llevado a su máxima potencia. La gran lucha contra la imposibilidad.
Fui escribiendo y contando palabras. Lo hice.
Enseguida se lo envié a Sergio. Le gustó. Lo publicó.
El libro se llama "Grageas" y son 100 cuentos breves de todo el mundo. De autores conocidos y desconocidos.

A Sergio, gracias por creer en mí y desafiarme.

Para todos ustedes:
para el arbolito, para la janukia, para los zapatitos, va abajo, de regalo. Ojalá lo disfruten.

¡¡¡Escribí un cuento cortísimo!!!! ¡¡¡Escribí un cuento cortísimo!!!!

(¡Y compren el libro, está muy bueno! En la librería del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Av. Corrientes 1543, y en otras que no me acuerdo).

8 comentarios:

Gragry dijo...

Muy bueno, Vero, te felicito.
Ayer fue la presentación del libro ¿no? ¿Qué tal estuvo todo? ¿Llevaste marido y niños?

Ivana Carina dijo...

Vero!
Jajajajj!!, me mate de la risa imaginándote el último día escribiendo el cuento corto de 250 palabras!
Sos de las mías....., trabajás mejor bajo presión! ;P
Felicitaciones y voy a ver si consigo el libro por acá, en la Patagonia!
Besos!

Lore b dijo...

felicidades...el desafío era doble: hacia Sergio y hacia vos misma, pero no necesité llegar al final del relato para darme cuenta que 250 palabras no te frenan!!! Buscaremos el libro por Rosario!

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Gracias a Verónica y a que aceptó el desafío (ella y otros), el libro existe. Las cosas son así o no son. Tengo mala fama: que presiono a los escritores, dicen, para que hagan cosas. Pero luego salen los libros y es como los goles con la mano en un partido de fútbol (salvo uno): sólo queda el resultado. No soy devoto de los cuentos muy cortos; tampoco soy novelista. El grueso de lo que escribo tiene entre 7 y 70 páginas. Pero a mí también me desafiaron, y un día descubrí que los cuentos muy cortos sirven para cambiar el aire cuando uno está metido en un libro o en un cuento largo y complicado. Empecé a escribir cuentos de 5 palabras desafiado (lo mismo que vos, Verónica) por un brasileño que los publicaba en un blog. Escribí como diez. Ya acumulé unos 80 cuentos de menos de 1000 palabras. Una pequeña muestra (que atrevido el tipo: invadir así blogs ajenos) pero el cuentito me gusta y quiero compartirlo (y espero que la dueña de casa no se enoje, pero por lo menos no es sucio...)

Mala suerte
Sergio Gaut vel Hartman

Nadie ha podido escribir jamás un cuento de trece palabras; trae mala suerte.

Saludos y feliz 2008. Si me buscan para mandarme cuentos o ensayos para Sinergia seguro que me van a encontrar.

Gracias Verónica por la hospitalidad... (el caradura se tomó todo el champán que había).

Sergio.

Saurio dijo...

Y ya te lo dije pero lo repito en público: tu cuento está buenísimo.
Y no sé si te lo dije pero lo hago ahora: que me hubiera gustado escribirlo a mí y maldigo a mi rebuscamiento no haberme dado cuenta de que la autorreferencialidad era quizás el mejor camino para salir airoso de la limitación de la escasez de palabras.
Y eso.

Verónica Sukaczer dijo...

¡Oh! ¡¡¡El editor en mi blog!!! Qué honor! Es como cuando entraba la directora al aula y llamaba: "Sukaczer" y después me pedía el cuaderno para mostrárselo a la supervisora :-). (Sí, yo era esa, "la" mejor alumna).
¡¡¡¡¡Gracias Sergio por pasar por acá y escribirme!!! Si no fuera por vos, no hubiera escrito el cuento. Y si no hubiera escrito el cuento no me hubiera entarado nunca que... ¡podía escribirlo! ¡Gracias!

Y... ¡oh! Saurio en mi blog. Para los que no lo saben, Saurio ganó hace un par de años el primer premio de cuento de Imaginaria (y yo este año gané el modesto segundo lugar). Y está en Grageas y por su comentario ¡¡¡ha ganado aquí el primer lugar al lector!!! Mil gracias. No creo estar a la altura de su elogio, pero igual me gusta. Puede decirlo. Repetirlo si quiere. Fue un placer conocerte. Espero que sigamos en contacto.
A mi también me encantó tu cuento: "Todo lo sólido se desvanece en el aire!

¡¡¡Y gracias Gragry, Ivana, Lore B!

Verónica Sukaczer, agradecida.
Y conste que con 34 grados estoy escribiendo en un lugar sin aire ni ventilador!

marcelo dijo...

Un placer, Varónica, compartir antología con vos.
Saludos.

marcelo dijo...

(VErónica, perdón.)