09 octubre 2007

LAS CHICAS BUENAS NO CUMPLEN 39

Desde el día en que descubrí los secretos de la suma y la resta, y dejé de sentirme intimidada por decenas y centenas, mi preocupación fue averiguar cuándo cumpliría los 40, y cuántos cumpliría el 10 del 10 del 10. Ambas cifras me parecían mágicas y aterradoras a la vez. Portales hacia espacios que aún no existían en la mente de una niña de 7 u 8 años.
La primera revelación fue que los 40 llegarían en el 2008.
En el siglo XX yo consideraba que el 2008 nunca llegaría. Que se trataba de una visión apocalíptica de los científicos, como predecir futuras eras glaciales o choques con meteoritos. El 10 del 10 del 10, en cambio, pleno fervor del bicentenario (¿me harían notas, saldría mi fecha en los diarios?), me llegarían los 42. Tener 42 años, en ese entonces, en la época en que aquello me preocupaba seriamente, era ser como mi mamá. Llegar a ser mi mamá. No una mamá con otros niños, sino una señora, una persona que pierde identidad, gracia, humor, independencia, y gana kilos, arrugas, enojos, crisis. Alguien a quien los pendejos le piden la pelota gritándole "señora", y los médicos le explican las cosas con un "¿entiende mamá?". Ya nunca más Verónica.
Pero eso no me iba a pasar. Al menos a mí. No me iba a pasar porque en ese entonces el tiempo transcurría tan lentamente que estaba destinado a durar siempre. Un año de antes equivalía a tres meses de ahora. Y tampoco me podía pasar porque yo era la feliz destinataria del gen de la juventud. Nunca parecía de mi edad. Si tenía 7, me daban 5. A los 15, 12. A los 20, 15. Yo sufría con ese desconcierto que provocaba en los demás. Lo sufría cuando los chicos de mi edad no me miraban. Cuando, siendo mayor de edad, me pedían documentos en los boliches o en los cines prohibidos para menores de 14. Pero sabía que algún día, acercándome a los 40, parecería de 32. Y aquello me mantenía entera.

La vida prometía ser larga y complicada. Interesante. Repleta de recodos, caminos alternativos, baches, cruces. La vida era algo que había que vivir antes de llegar al 2008 o al 10 del 10 del 10.
Pero las cosas no siempre suceden como uno lo desea.
Yo fui una chica buena.
Hice caso a mis padres. Me rebelé, pero poquito. Viví con ellos hasta que comencé a vivir con mi marido. Leí muchos libros. Bailé poco. La música fuerte nunca me gustó. La única vez que quise escaparme de mi casa, y esconderme en lo de mi bobe, mi hermana me vio en la calle y me trajo de vuelta. Cuando viajé sola lo hice escoltada por las Fuerzas Armadas o por Albergues de la Juventud. La única vez que me bajé un vaso entero de cerveza, me descompuse. Nunca fumé, y las minifaldas me resultaban incómodas. Una vez me desmayé a bordo de un colectivo, y me llevó a mi casa una monja. Todo lo que encontré perdido, lo devolví. Nunca despilfarré un peso. Nunca nadie me ofreció droga. Volví siempre a la hora que me correspondía. Siempre fui la mejor alumna que podía ser. Siempre usé preservativo.

Es por eso, por todo lo que les faltó vivir, experimentar, hacer, arriesgar, elegir, que las chicas buenas no pueden cumplir 39. Ni siquiera un 10 del 10 del 07. No pueden cumplir 39 porque se han quedado en los 23 ó 25. En aquella época en que ya se pueden tomar decisiones con cierta madurez, pero se cree que todavía hay tiempo.
Pero el tiempo es implacable. No ofrece tregua. No negocia. Todo lo que se haga después se hará, justamente, a destiempo. Como el viejo que se enamora. Como la mujer madura que regresa a la escuela. Como el profesional que cambia de profesión. Como el hombre que vuelve a subirse, después de veinte años, a una montaña rusa, y se da cuenta de que preferiría mil veces otra colonoscopía que aquello.
Porque ese tren ya pasó.
Así que una termina corriéndolo con ese paso vergonzoso con que corren las señoras, aún sin taco. Lo corre sin soltar la cartera porque se llevan cosas importantes. Sin soltar a los niños. Casi sin respiración. Lo corre como si fuera lo único que importara en el mundo, porque es el último tren, lo sabe, y luego la estación queda a oscuras y todo el mundo se convierte en sospechoso.
Lo corre pensando que cuando cumplió 10 sabía que volvería a cumplir otros 10. Que cuando cumplió 20 volvería a cumplir otros 20. Lo corre porque ahora no está tan segura... Ojalá... Mientras sea con salud y lucidez...
Lo corre no para cumplir 39, una cifra tan ajena, tan desarticulada de todo, sino porque hay que correr, como siempre. Y porque las niñas buenas corren cuando les dicen. A la escuela. A la facultad. Al registro civil. A la maternidad. Y otra vez a la escuela. Y así.

Pero hay algo... algo que compensa todo aquello. La corrida. Los niños. El dolor en los pies. Las pérdidas. Las asignaturas pendientes. Y es la seguridad de que uno puede hacer lo que se le cante y que nadie tiene el derecho siquiera de opinar. Es lo que yo llamo segunda adolescencia políticamente aceptada.
En la primera había que pedir permiso para hacerse un tatuaje y te decían que no. En la segunda te lo hacés aunque duela y vos digas que no dolió nada, que molesta un poco. En la primera adolescencia sabés que fumar un porro es malísimo porque corrés el riesgo de volverte adicto, tarado y morirte. En la segunda todavía no conseguís quién te lo ofrezca, pero andás preguntando por allí, porque hay experiencias que un escritor debe vivir. En la primera vivís esperando y detestando el que dirán, pero siempre acorde a ello. En la segunda podés mandar a todos a la puta que los parió, aunque no lo hagas porque ya no te interesa. En la primera usás lociones astringentes. En la segunda, cremas ultranutritivas. En la primera estás libre de responsabilidades. En la segunda tenés dos hijos nacidos en dos siglos distintos. En la primera todo está en su lugar, pero no lo usás. En la segunda todo comienza a caerse pero hay alguien a quien no le importa. En la primera el tiempo no pasa. En la segunda no alcanza. En la primera creés que lo sabés todo. En la segunda has descubierto que todavía no sabés nada.

Igual todavía no es 2008. Ni 10 del 10 del 10. Y a mí me parece cuento que llegarán esos años. Una fantasía que me inventé cuando aprendí a contar. No, seguro que no. Seguro que lo salteamos. Como los pisos 13 en algunos edificios. Porque las chicas buenas ni siquiera cumplen 39, y yo, lo juro, siempre me he portado muy bien.

P.D: el tatuaje duele poquito. En serio.

13 comentarios:

Katana dijo...

Muy bien Veronica, pero si pariste y escribes asi, date por satisfecha. Saludos, Katana, la cubana>

Ivana Carina dijo...

Como siempre, ¡excelente!.
Y como dicen por ahí, los 30 son los nuevos 20 y los 40 los nuevos 30, así que...¡no calentarum, largum vivirum!!!
Y yo también creí que el 2000 era el fin del mundo, ¿que pava, no?, y coincido en que los años pasan cada vez más rápido, que lo tiró!!!
Saluditos desde la Patagonia, donde el frío te conserva mejor!!!jajajaaa...
Ivana.

Osvaldo Julio dijo...

Veronica, el tiempo corre pero a veces pasan varios cumpleaños y no crecés un minuto. Y por ahí cumplis tres veces en pocas semanas.
Si te portaste como sea, fue lo mejor que pudiste hacer en ese momento. Date los gustos sin pudores que el tiempo, efectivamente, se termina. Considerá que los libranos (soy del 17) tenemos el plus de ser los mejores tipos del Zodíaco.
Un brindis con malbec a tu salud.

Osvaldo Croce

Dayana dijo...

¿Puedo celebrar que a mis 27 estoy haciendo despelotes en la estación de trenes o ya debería estar preocupándome?

Y a mi también me dicen señora a veces... y los puteo para que aprendan!

Besos y felices 39!

francisco dijo...

la edad no.
saludos

Ivana Carina dijo...

¡¡Feliz Cumple Vero!!!
10/10/07 = 27 ¡Viste? ¡Cumplís 27 no 39!!! jajajaja!!!!
Besos!!!
Ivana from Patagonia Argentina

Anónimo dijo...

Ah, Vero, este post es una de tus pequeñas cumbres...ahora sé que cumpliste 39, esta mañana no. A mí, en un punto, la edad me desarticuló algo y después ya estás muerto y los muertos pueden hacer lo que se les canta, por ejemplo, cumplir un sueño o dos.
Todos tenemos (culpa de Rimbaud? del flaco Spinetta que escribió el Tema de Pototo a los 15?) el sueño de ser precoces. Pero si no pudiste hacer algo a los quince, a los cuarenta está bueno iguaaalll. Es más, es mejooorr. Se valora más, se lo vive y no se lo engulle. Te nutre y no empacha.
Después está la otra máxima que dice: los sueños de la juventud, se cumplen en la madurez. Y está bueno también. Sin mareos, sin soberbia, con más panorama. Vero, te quiero, cuidate.

pararrayos dijo...

ah, el comentario anterior era mío

pyro dijo...

El 10/10/10 sera un dia genial, de veras.

Carmen (LaCondiciónHumana) dijo...

La mujer se libra de la irónica sonrisa de Cheshire que nos rebela el paso del tiempo si a los 39 se dedica a:

- Disfrutar del sexo mucho más que antes porque la sexualidad de la mujer mejora día a día con la experiencia y el aprendizaje de los resortes del su propio cuerpo. El placer siempre va aumentando.

- Disfrutar de la vida porque el criterio alcanzado nos ha hecho separar el grano de la paja, y ahora sabemos lo que queremos de verdad.

:)

Anónimo dijo...

Vero:
La verdad, adoro mis 39, una se independiza de la mirada de los demas y en muchas cosas dejás de perder el tiempo en el que diran y en las expectativas de la gente para dedicarte a lo que realmente importa: crecer, aprender, disfrutar progresar, emprender cosas nuevas, te das permiso para la vida.
Soy mucho mas plena hoy que a los 20.
Ni loca vuelvo a esa epoca.
Besotes
Silvy68.

Verónica Sukaczer dijo...

¡¡¡Muchas gracias a todos por vuestros saludos, cariños y deseos!!! Si alguno envió regalito, les digo que no llegó, para que hagan el reclamo en el correo. A pesar de mi inocencia, los 39 se instalaron y dicen que se vienen los 40. Yo no me lo creo.

Anónimo dijo...

Me llegó al alma. Tengo 27, soy hombre, y me identifico con varias cosas de las que escribís. El paso del tiempo es implacable, y duele cuando sabés que no aprovechaste cada segundo.