09 octubre 2007

ADVERTENCIA: ESTE BLOG NO ES CASHER

El post que sigue no tiene que ver con literatura. Ni es uno de esos diálogos que me invento. No habla sobre el acto de escuchar. No es un cuento. Es un descubrimiento. Una inspiración. Algo que me llegó a la cabeza como un rayo divino. Conocimiento para toda la humanidad. Por eso aprovecho este espacio que tengo, ampliamente leído en todo el mundo, para decir lo que tengo que decir a continuación:

A pesar de ser una atea confesa y de que me da risa, por lo menos, todo acto religioso (pero soy una chica muy respetuosa, me río en privado nomás), me gusta conocer la verdad detrás de la tradición (yo digo tradición y lo escucho al lechero del Violinista en el Tejado cantando "Tradition, tradition". ¿Sabían que yo soy Java, la menor de esa película? Ok, me estoy yendo por las ramas, desvarío, lo dejo para otro post). Para mí el judaísmo es una mitología tan preciosa como la griega, la católica o la mapuche. No se crea, sin embargo, que reniego de mi religión. Nada de eso. Me siento parte de un pueblo y una cultura, tanto como argentina, por ejemplo, o adicta a la Coca Zero, o celulítica, o hipoacúsica, o clase media venida abajo. Es parte de mi ser.

Hace muchos años a mi familia se sumó un miembro que come casher. O kosher, como les guste. Algunos lo dicen en ídish, otros en hebreo, pero todos estamos de acuerdo en qué se trata: prohibición de comer cerdo, mariscos, no mezclar lácteos con carne (aunque esto a mi familiar político no parece importarle demasiado, pero sepan que en el Mc Donald casher no hay hamburguesa con queso) y cantidad de indicaciones para el resto de los alimentos. A mí no me preocupa. Que haga lo que quiera. No me parece un acto inteligente el suyo, no le encuentro justificación en la era moderna, no me gusta que en su casa obligue a los demás a comer casher, pero en la mía le sirvo su sandwichito de queso al lado de mi sandwichito de jamón, y todos felices.
Uno aprende mucho cuando alguien en la familia tiene costumbres diferentes. Por ejemplo, sé que mi marido no es casher. Que las salchichas se pueden hacer con vaca. Que la vaca casher usa kipá y come jalá. O koilich. Que los carniceros casher tienen barbas largas y podés encontrar pelos en la carne. Que algunos cortes casher son más ricos y más tiernos que los cortes goy. Es como empaparse de otra cultura. Como viajar a otro país pero que queda en Almagro o Villa Crespo.
Pues bien. A mí me encanta el cerdo. Matambrito, pechito, churrasquito, bondiola, chuleta, no tanto las costillitas. En mi casa -precios mediante, ahora el cerdo está más barato, cosa e´Mandingan- me he acostumbrado a comer más cerdo que vaca. Cocino en wok, y el cerdo es ideal para eso. Voy tirando en el wok todo lo que se me ocurre, y en general el resultado es rico. Ayer por ejemplo corté en tiras una bondiola de cerdo. Puse un poco de aceite en el wok y un mini cubito nuevo de verduras. Puerro y tomate (el último que quedaba de antes del boicot) cortado en tiras, y un poco de mostaza diluída en vinagre. Algo medio raro. Ahí salté el cerdo. Delicioso. Pero el cerdo es traicionero. Y por eso, lo supe de pronto, como una inspiración divina, no es casher. Ni siquiera un cerdo que se convierta, que haga el bar-mitzvá y se deje los peies puede ser casher. Porque nunca dejará de ser cerdo.


Desde el principio de los tiempos, el pueblo judío ha sido calumniado de avaro. En algún viejo diccionario escolar todavía se pueden encontrar avaro y judío como sinónimos.
Este hecho tiene una razón histórica, que la repasaremos rapidito: en la Edad Media los cristianos tenían prohibido por la Iglesia la profesión de prestamista, de banquero, y los judíos, para sobrevivir, ocuparon ese lugar. A mí se me ocurre, además, que debido a que en cualquier momento eran expulsados de aquí y se reubicaban allá, acostumbraban guardar todo el dinero que podían para el momento de necesidad. El dinero, se sabe, compra vidas.
Pero por otra parte, gran parte de los judíos ashkenazies, mis antepasados, eran gente realmente pobre. Muy pobre. Por eso en su cocina -las cocinas de los pueblos son muestra perfecta de su cultura- hay mucha papa, mucha cebolla, mucha cabeza de pescado, mucho poco de mucho. Lo que los cristianos tiraban. Lo que sobraba en Pascua. Pero no cerdo. Cerdo no. Porque el cerdo no es casher. Porque el cerdo es traicionero. Porque cuando comprás cerdo, ponele un kilo de bondiola, fresca, jugosa, tierna, rosada, y creés que de allí podés sacar churrascos como para cuatro personas, el cerdo te traiciona, se te ríe en la cara, y en el aceite, en el horno, en la plancha, en el asador, se achica, se encoge como testículos en agua helada. Creías que iban a comer cuatro y apenas comen dos y se quedan con hambre. Eso no pasa con un churrasco con lomo de vaca, por ejemplo. Lo ponés a la plancha y cuando está cocinado sigue ocupando el mismo espacio. Pero el cerdo no. Los bordes del cerdo se retuercen, se levantan, la cosa parece viva, las moléculas se agrupan como en la nanotecnología. Ponés a cocinar un matambrito de cerdo que ocupa una plancha común, y sacás un mini bocado que se quedó solito en el medio, mientras alrededor saltan siempre hacia tus partes más sensibles y tu pantalón clarito invisibles flechas hirvientes de grasa.
Por eso el cerdo no es casher. Porque no rinde. Porque hay que comprar el doble o triple de lo que uno cree que necesita, y así se despilfarra. No alimenta a una familia ortodoxa de ocho miembros y una shikse goy. Ni decir en los tiempos bíblicos, cuando eran un millar de expulsados de Egipto y un solo cerdo, y al final el único que comía era Moisés, y los otros construían becerros de oro en su delirio hambriento.
Si hay un pueblo sabio, esos son los judíos. Circuncidaron a sus hijos mucho antes de que se supiera que la circuncisión ayuda a evitar el contagio del HIV. Y abandonaron el cerdo cuando descubrieron que por la misma plata compraban más vaca.

No puedo contarles cómo es que supe todo esto. Fue así de golpe, les decía (mientras cocinaba, claro, y el mayor quiso repetir, y al final yo me quedé sin cenar. Junté el arrocito del fondo del wok). Una inspiración. La voz de dios todopoderoso llegando a través de la antena satelital con subtítulos ocultos. Que dijo: "vieja... qué desperdicio..."

7 comentarios:

Ivana Carina dijo...

Verónica!!! Me hiciste morir de la risa!!! Me encanta que puedas reírte de estas cosas...
Y tenés razón!, el cerdo de achica y encima, a mí, me patea el hígado, así que no lo como por convicción sino por mi salud ;P
Saluditos Patagónicos!!!
P/D: Lo que hacemos las madres por nuestros retoños!!!

Osvaldo Julio dijo...

Verónica, gracias por la receta. En casa compartimos gustos por la carne de cerdo, hacemos matambrito a la parrilla y aunque se achica es delicioso. Tu descripción me gustó por lo aguda, divertida e irónica. Nota: conocí un rabino que con una sonrisa comía grandes cantidades de fiambre de cerdo mientras se mesaba la barba y decía bajito: tengo que proteger a mis paisanos de esta comida pecamiosa.
Coincido: lo mejor de cualquier religión es la fabulación, lo que cuentan e imaginan. Los dogmáticos, los solemnes, de cualquier credo, dan para saludarlos al pasar y reírse de ellos pero en casa, para no ofender.
Dijo Leopoldo Marechal que hay quienes son solemnes como pedo de inglés.
Tal cual.

Abrazo.
Osvald Croce

Capitan Burton dijo...

Me encantó la receta/revelación.
Pero hay algo que me tiene anonadado.
Ha logrado usted detener las arenas del tiempo? Acaso quedará siempre en un eterno 09/10? me parece una solución de lo más ingeniosa para no cumplir años.
Le mando un abrazo.
Capitán Sir Richard F. Burton

Verónica Sukaczer dijo...

Gracias Ivana.
Osvaldo Julio, sólo le quería decir que su comentario me encantó. Eso nomás.
Estimado capitán: sabrá usted que las revelaciones divinas no tienen fecha ni horario. Pueden ser enviadas tanto a las tres de la mañana hora este como en el momento en que se descubren los misterios de Lost. Y la mía llegó el 9 de octubre. Una última revelación de juventud. Y la escribí. Porque si uno no escribe las revelaciones en el momento, luego se tiende a inventar, se adorna, ¿vio? Uno termina agregando una división de aguas por acá o un diluvio por allá, como para que la cosa parezca importante. La escribí, le decía. Pero no la subí, no la publiqué, porque publicar dos post el mismo día no es casher. No rinde. La guardé para la semana siguiente, como corresponde a una mujer que conoce el valor del trabajo y que sabe que el ahorro es la base de la fortuna. Y luego me dio fiaca actualizar la fecha. Pensé que nadie se daría cuenta. Me equivoqué. Siempre hay alguien que mira esas pavadas :-). (Usted sabe que lo aprecio, capitán, que hago chistes nomás). Todo lo contrario: me halaga enormemente su capacidad de atención y su "detallisismo", palabra que acabo de inventar.

Criminal dijo...

Verukaczer:
Ud es una prueba viviente de la sabiduría moishe.

Carolei dijo...

es cierto que achica!!!

igual, a mí lo que no me cierra de comer casher (o kosher) es que por un misto tostado te doy la vida mirá, y ... así no se puede! sin sanguchito de jamon y queso no te aguanto ni una semana...

besos

P. dijo...

a-do-ré!