16 julio 2007

LAS OTRAS LECTURAS

Lo que llamamos literatura es sólo una parte de las lecturas que nos formaron. Yo leía, a los 11 ó 12 años, por ejemplo, un libro de tapas celestes que mi mamá recibía a principio de año, y que para mí tenía el mismo interés y suspenso que una novela. Era el diseño curricular de la educación primaria. Allí me enteraba de lo que aprendería durante el año que empezaba, y por qué. Era como saber, antes que cualquiera de mis compañeros, quién era el asesino y los detalles de la autopsia.
Otra de mis lecturas favoritas eran los diarios personales de mis hermanas adolescentes. Había aprendido el arte de abrir los pequeños candados con la punta de una tijera, y me paseaba sin culpa ni remordimiento por la intimidad de quienes sólo existían para molestarme. Con esos diarios no sólo aprendí sobre seducción, sino sobre chantaje y venganza. También descubría secretos o intrigas familiares a los que, por mi edad, no estaba invitada. Tal como lo hacía con los diarios personales, perseguía con pasión las cartas de los demás. Las cartas de amor entre mis padres. Cartas de pacientes agradecidos o no que recibían mis familiares médicos. Dibujos, cartas, tarjetas de los alumnos de mi mamá, que siempre parecían quererla mucho más que yo. Cartas de tíos, primos, padres, amigos, con reproches viejos y cuentas pendientes. Todo caía bajo mi voracidad lectora. Las historias clínicas de mi padre, odontólogo. Los libros "de terror pediátrico" de mi tía médica, con fotos de miembros deformes y labios leporinos. Las escrituras de mi abuelo, escribano. Las revistas "del corazón" y de fotonovela de mi abuela. Yo lo leía todo. Lo que entendía y lo que no. Historietas, no hace falta decirlo. No respetaba en absoluto el carácter privado de ciertos papeles. No me importaban los derechos de los demás a su intimidad. No hacía caso de las prohibiciones. Aquello que existía en letra impresa existía para que yo lo leyera. Hurgaba, revisaba, requisaba en cajones, placares, escritorios, agendas, bibliotecas, en busca de cualquier trozo de historia que sirviera para calmar mi sed de querer leerlo todo.
Lo sigo haciendo. Leo las historias médicas en cuanto el médico se da vuelta. Los expedientes de cualquier cosa cuando el empleado no me ve. Las agendas personales sobre el hombro de un desconocido. Los mensajes de texto enviados y recibidos en los celulares de quien esté a mi alcance. La letra chica de lo que tenga letra grande. Los mails que no me pertenecen. La vida entera pasa por esas escrituras. De allí me nutro para poder escribir mi propia historia. Y estoy convencida de que cuando haya logrado reunir y leer todos esos pedacitos cargados de grafismos que me rodean, habré leído por fin la historia de todas las historias. El último libro.

8 comentarios:

suigeneris dijo...

Yo también era de las que leía todo lo que pillaba (aunque reconozco que con más respeto). Mi hermano no tenía diario y mis padres no leían ni escribían nada. Era yo la "letrista".

Ahora, con internet, gasto más tiempo leyendo en la pantalla que en los papeles, pero sigo volviendo la cabeza para leer carteles y esas cosas que se leen por la calle.

No aspiro a escribir ningún libro, ya escribí algunos de poemas que están en un cajón y sólo leen mis "elegidos".

Fíjate si leo que hasta leo tu blog con tusposttandensossinpuntosyaparte. Lo tengo enlazado desde hace tiempo pero no me animé a comentarte nada hasta hoy.

Me encantó encontrarte. Saludos.

Katana dijo...

Yo te encuentro hoy por esa misma mania de leer todo lo que pueda parecer privado, me encanta la libertad y el desparpajo con que tu lo reconoces, yo tambien leo las hitoriasmedicas en cuanto el medico s eda vuelya y en el mismo acto, le saco recetas con firma, que tenga encima del escritorio, para depues recetrame yo misma algo, si lo necesito. Se me ocurre que unas todos los pedazos, incluyendo los mensajes de texto e hilvanes esa historia de todas las historias. Me gusto, lo que lei, asi que creo pondre a alguien mas en mis favoritos.

Pulpo dijo...

A mí me pasaba lo mismo, y ahora que soy ya grande y tecnologizado... leo blogs ajenos y hasta comento.
Mi primera vez por acá y ya metí la cuchara.
Saludos.

JM Colomer dijo...

Siempre es bueno tener algo a mano para leer. Este blog es un buen ejemplo de ello.

cecilia varela dijo...

Yo escucho conversaciones ajenas en los cafés y anoto frases. Lo dije.

Katana dijo...

UUUyyyyyy!!!!! M eencanto eso de anotar frases de conversaciones ajenas en un cafe, nunca tengo la dicha de estar bien ubicada pero voy a intentar. Me nacantan las historias ajenas, todo lo que pueda ser contado me encanta.

pyro dijo...

Pues yo no podria entrar en el club de las-personas-que-leen(y escuchan)-todo-lo-que-puedan, pero aun asi amo leer, por cierto Sra Veronica, estoy revisando una pagina del eternauta y en serio que me parece fabulosa la historia,si no hubiera tenido las referencias que me dijeron,por la ambientacion e historia hubiera creido que era americana o incluso rusa(algo parecido quizas a La Guerra de los Mundos).

Naty dijo...

Yo pensé que era raro, eso de tener tantas ansias de leer hasta el folletito de colores que agarraste por ahí, los libros de recetas jamás usados por mi vieja, los diccionarios de lenguas propias o de algunas que ni conocía, la lista de ingredientes de cualquier paquete, los papelitos que cualquiera cerca guarda en alguna cajita, qué se yo.