20 julio 2007

EL CIELO DEL NEGRO

(...)
-¡Ah! -dijo Roque de repente, desinteresándose de su amable diálogo con el Sordo-. Hay que poner un plato más en la mesa...
Telmo, Hernán que volvía y el Sordo lo miraron.
-¿Quién viene?
-El Pepe.
-¿El Pepe? -exclamaron todos al unísono.
-El Pepe, en persona...
-El Pepe... ¡Qué raro! -se ensombreció la cara del Telmo.
-Pero... Si estaba bien.
Roque se encogió de hombros y se metió en la boca un pedazo enorme de pan con salame.
-¿No lo habías visto vos, antes de venirte, y estaba bien? -le preguntó Telmo a Hernán.
-Sí. Pero hace ya como tres meses, no te olvidés...
-Sí, pero...
-¿Algún accidente? -preguntó el Sordo.
El Roque se volvió a encoger de hombros.
-No sé, Sordo... Yo te digo lo que me dijeron...
-¿Quién te dijo?
-En la puerta de entrada... Ya debe estar viniendo para acá...
-Mirá vos... -Hernán se rascó una mejilla, pensativo-. Pero... ¿el Pepe andaba mal del bobo o una cosa de ésas? Nunca me...
-¿Qué sé yo, Hernán! -casi se enojó el Roque, con la boca llena. -No es necesario andar mal del bobo, ¿no? Mirá yo... Estaba fantástico también... ¿y?
-Bué... -suspiró Telmo, volviendo su atención a la parrilla. -Será bienvenido.
-¿Acaso no te alegra que venga el Pepe? -preguntó Roque.
-¡Nooo! ¡Por favor! -se ofendió Hernán- Encantado de Dios que venga el Pepe. ¿Cómo no voy a tener ganas de verlo? Por favor, me cago de gusto... No me interpretés mal, Roque... Te digo, nomás...
-Por eso.
-¿Sabés qué? Hacemos la fiesta completa con Pepe...
-Además, es futbolero... -agregó Telmo, enjuagándose una gota de sudor que le irritaba el ojo. -No va a venir a rompernos las bolas con que quiere ver ballet... o un concierto.
(...)
-Llegás justo, Pepín -le dijo Telmo, volviendo a su reducto junto al fuego.
-¿Agregaste el vacío? -se preocupó Hernán.
-Llegaste justo porque... -Telmo miró a Hernán.
-Sí, lo agregué -tranquilizó- Porque ahora tenemos Peñarol y Ríver.
-¿Peñarol y Ríver? -preguntó Pepe, aún un poco ido, como absorto, mirando hacia todas partes, ubicándose.
-Claro, papá -dijo Roque, sin dejar de comer. -Y mañana tenemos el Bayern y Manchester United... Y pasado.. ¿Pasado qué teníamos?
-Box -gritó el Sordo desde adentro. -La pelea por el título.
-La pelea por el título -sonrió Roque, ufano. -Los medianos welters.
-El negro que ganó las otras noches y... No sé qué otro... Un nigeriano...
-Y así todas las noches. Todas -informó Roque- No hay una sola en que no tengas nada para ver.
-Y... Acá se agarra todo -dijo Hernán, que también se había sentado y estaba descorchando el blanco.
-Che, Pepe, Pepín... -sonrió Telmo. -Y de pedo no te encontraste con el Charro...
-¿Qué Charro?
-El Charro Moreno. Le habíamos dicho que viniera a comer, y a ver el partido.
-¿El Charro Moreno? -se asombró Pepe. -¿El de Ríver?
-Y claro, papá... El otro día vino Angelito.
-¿Qué Angelito? ¿Labruna?
-Sí. Vino a ver... vino a ver... -dudó Telmo. -No sé qué partido vino a ver.
-Con el que nos cagamos de risa fue con Fidel -dijo Hernán.- Con Fidel Pintos.
-¿Fidel Pintos? ¿Estuvo acá? -el Pepe no lo podía creer.
-Sentado ahí mismo donde estás sentado vos -aportó el Sordo. -Un fenómeno.
-¿Sabés a quién quiero traer yo? -dijo Hernán -Digo... algún día...
-¿A quién?
-A Carlitos...
-¡Ah! -se golpeó las palmas de las manos, Roque. -Mirá qué joda.
-Y que cante -siguió Hernán.
-¡Yo también quiero que venga, boludo! -dijo el Roque. Telmo se reía. -Mirá qué piola que sos. Todos. Pero no tiene ni una fecha libre el guía. Si todo el mundo lo invita.
-¿Carlitos? -los miró Pepe- ¿Está acá?
-Todos están acá, querido -dijo Roque- Acá te los podés encontrar a todos. A todos. El otro día vino un sobrino de Irigoyen.
-No... Pero yo a Carlitos lo quiero traer... -insistió Hernán, como atrapado por una ensoñación.
-Ya va a venir. Ya va a venir -consoló Telmo- Hay que agarrarlo con tiempo. Si acá, lo que sobra es tiempo.
-Por otra parte, no es de hacerse el estrecho.
-¡Para nada! ¡Le gustan estas cosas! Y el fútbol le cabe...
-Hincha de Rácing, además.
-Y los burros. Los burros más todavía.
-Por él soy capaz hasta de ver una carrera, te digo.
-A la que me gustaría traer es a la rubia... -dijo el Sordo- La Marilyn...
-¿Está acá? -preguntó Pepe.
-Y sigue buena -asintió el Sordo, con la cabeza. -Aunque sea para mirarla...
-Con esa mina te caga el idioma, Sordo -dijo Roque. -Como cuando vino Fred Astaire...
-Para mirarla nomás, te digo, Roque.
-Después se arma el quilombo con las mujeres.
-¿Vino Fred Astaire? -el Pepe los miraba procurando detectar una broma colectiva.
-Pero a pedir una escoba. Pasa siempre -dijo Hernán.
-Baila con la escoba, Hernán -puntualizó Roque. -No te creas que es para barrer.
-Che Pepe... -Telmo se acercó hasta la mesa, se secó la transpiración con un repasador y empezó a pelar minuciosamente un pedazo de salame. -¿Llegaste bien?
-Sí.
-¿Quién te recibió?
-No sé... Un pelado, de barba...
-¡Pedro! ¡Pedrito viejo nomás!
(...)

Del cuento "Cielo de los argentinos" del libro "Uno nunca sabe"
ROBERTO FONTANARROSA

1 comentario:

jose dijo...

Es verdad.
Los escritores como el nunca mueren y trascienden en el tiempo y en el espacio, como rosarino y admirador de su filosofia de vida mas alla de su obra literaria, y aunque andemos por ahi ,amando a colores diferentes, te agradezco Veronica que lo hayas recordado con un fragmento de su obra .
Lei por primera vez un post escrito por voz hace diez dias, en el blog sobre la otoesclerosis, y te comente que me encanto tu estilo y si para vos es un halago que te comenten que tenes mucho del estilo del Negro, quedate tranquila, es asi.