13 junio 2007

HOY ES EL DÍA. EL REGRESO.

Hoy es el día del escritor en la Argentina. Por el nacimiento de Leopoldo Lugones, en el año 1874. Yo nunca lo leí a Leopoldo Lugones, a pesar de haber hecho siempre lobby a favor del festejo del día del escritor. Pero mis intenciones son 100% interesadas. Teniendo en cuenta que con los años uno va perdiendo los regalos del día del niño, de Reyes Magos, del día del estudiante, y ya ni siquiera recibe un mísero peluche cada mes que cumple junto a su esposo, el ingenio dicta encontrar nuevas fechas en las que se pueda ligar algo. En mi caso he utilizado con fines de lucro el día del periodista cuando trabajaba como tal, y ahora lo hago sin vergüenza con el día del escritor. Mis padres caen fácilmente bajo esa manipulación. Y ya sabemos que en algún momento del día pasará el correo de Alfaguara con un obsequio empresarial.

Esta vez, entonces, para festejar algo que no tengo muchas ganas de festejar por motivos que no vienen al caso, se me ha ocurrido contar cómo funciona en verdad mi vida (y la de la mayoría de escritores) como escritora. La realidad tras el prestigio o el glamour que arrastra este oficio. Para todos aquellos que sueñan con dedicarse a escribir y creen que quienes lo hacemos ya pasamos la parte más difícil.

No escribo todos los días ni tengo un horario fijo para escribir. A pesar de que intento escribir con cierta asiduidad, en general ganan las tareas hogareñas, mis hijos y los trámites varios. A veces sucede que tengo ganas y tiempo de escribir, pero no sé qué. O que sé qué pero estoy cansada, desconcentrada, o tengo que ocuparme de otra cosa. Pero lo principal aquí es que nadie pero nadie está esperando un texto o libro mío. Algunas veces me piden un cuento sobre un tema específico (en general para libros escolares o antologías temáticas) pero más allá de esos pedidos muy esporádicos, no tengo arreglos previos con editoriales. Eso, por lo menos en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, que es lo que conozco, sólo les sucede a los escritores con mucho nombre, los que además son músicos o actores con público propio, y a los que venden mucho pero mucho. Ellos sí firman contrato antes de escribir y se aseguran hogar para sus libros antes de sentarse frente a la computadora. No es mi caso.

Por eso no me queda más que tener enormes ganas de escribir, una muy buena idea, y creer ciegamente en ella, en mí, en el santo de turno, en la estabilidad económica, en la supervivencia del mundo. Porque soy la única que confía en ese libro y quiere verlo terminado, y cree que a alguien le gustará leerlo.

En general escribir un libro, aunque sea para chicos, me lleva un año de trabajo. Tengo la mala costumbre de que me gusta armar libros de cuentos con unidad temática (siempre diez cuentos) en vez de dedicarme a escribir cuentos sueltos que se puedan publicar de a uno. (Conste que en general se cobra más o menos lo mismo por un libro con un único cuento que por uno con diez cuentos), y la pésima condición de no escribir novelas -hasta ahora- que son más solicitadas que los cuentos para la franja de edad a la que me dedico (chicos de 10 en adelante).
Pero bien, digamos que tengo una historia en la que confío, ganas de escribir, y la posibilidad de ocupar un año de mi vida, en la más absoluta soledad, en ello. Si todo fluye, el trabajo realmente me entusiasma (y esa es la razón por la cual me dedico a esto). Me gusta tanto escribir como corregir como editar. Siento que lo hago bien, que ofrezco algo, y eso es lo que me anima a seguir.
Una vez terminado el libro, cuando decido que ya no puedo ni debo seguir corregiéndolo, tengo tres opciones: enviarlo a la editorial que me ha publicado hasta ahora; buscar una editorial nueva; enviarlo a un concurso.

Probé con lo del concurso dos veces. Una gané. Fue el premio de Colihue, hace más de diez años, y dicen los que saben que eso abrió las puertas de las siguientes publicaciones. Y es verdad, los concursos abren puertas. Te hacen conocido, te cubren con una pátina de seriedad, profesionalidad y algo de talento. Muchos años después de haber publicado "Nunca confíes en una computadora", alguien me comentó que el libro se tuvo en cuenta justamente porque acababa de ganar el premio de Colihue.
Prefiero, sin embargo, presentar mi libro al editor conocido porque ese es el paso seguro. La respuesta puede llegar en una semana como en un año. Tardaron diez días en responderme cuando dejé "Nunca confíes...". Uno o dos meses con "Los monos del mar". Un año para rechazarme el último proyecto. Un año en el que yo no lo presenté a otro lugar, en el que mantuve la confianza en mí misma y en mi libro.

Lo que hace el editor, conocido o desconocido, es enviar el original a uno de sus lectores. ¿Quiénes son los lectores? Otros escritores, egresados de la carrera de Letras y ahora de la carrera de Edición. Estos lectores tienen como tarea hacer un informe sobre lo leído. El gran problema es que en general los editores deciden sobre este único informe y única lectura. Si el informe es alentador, le darán un vistazo al libro, y es posible que se lo den a leer a alguien más como para desempatar. Lo que a mí me resulta atroz es que a lo largo de los años he aprendido que es tan subjetiva la lectura, tan particular, que el hecho de que el destino de un libro mío sea decidido por un único lector, en general jovencísimo, me resulta la injusticia más grande del universo editorial. Va un ejemplo sobre el gusto personal: durante el proceso de publicación de "Nunca confíes..." hubo un cambio de editores. El primer editor me había comentado que el final de uno de los cuentos era flojo, y me sugirió cambiarlo. Lo hice. Al siguiente editor este final nuevo no lo convenció. Yo le comenté cuál era el final original, y lo prefirió. El cuento regresó a su primera versión. Eso sucede a menudo, y el escritor tiene que tener una gigante seguridad en sí mismo si no quiere ser avasallado.
Un dato importante que se me traspapeló, es que una vez terminado un libro es casi imprescindible tener un grupo de lectura propio que opine, discuta y sugiera. Amigos o familiares que sepan. Yo no tengo la suerte de tenerlo, y eso provoca que a veces esté tan metida en mis propios textos que no pueda leerlos "a distancia". Lo que hago entonces es dejarlos "decantar" un tiempo, meses a veces, y volver a leerlos y corregirlos. Pero es siempre mi voz y mi mirada, por lo cual se me escapan muchos errores.

Ahora bien, ¿y si editor dice que no, que no quiere ese libro? En general durante la primera sacudida uno piensa en cortarse las venas con el filo de una hoja. Luego lo medita mejor y le carga toda la culpa al editor.
Los libros no siempre se rechazan porque son malos. Muchas veces esto sucede porque el texto no coincide con el perfil de la editorial. Porque la editorial no tiene una colección donde incluirlo. Porque tiene el plan de edición cerrado para los próximos cinco años. Porque es muy bueno pero lo consideran poco comercial. Porque es muy bueno pero otro libro de ese autor fracasó. Porque el autor es totalmente desconocido y la editorial no quiere o no puede jugarse. Porque ese libro no se encontró con el editor indicado en el momento preciso.
Ser rechazado (porque uno siente eso, que no es sólo el libro el que fue rechazado sino toda su persona) es terrible. Mata toda la confianza en uno mismo. Nos hace reveer toda nuestra carrera. Nos hace creer que ya no volveremos a lograrlo. Nos lleva directo al tratamiento antidepresivo, al diván del psicólogo o a las drogas psicodélicas. ¿Qué se hace entonces? Se presenta el libro en otra editorial (¡otro año de espera!) y así hasta que se juntan tantos rechazos que uno comienza a pensar que algo de verdad pasa con ese libro, y decide abandonarlo a su suerte, o hasta que por fin se logra publicarlo. En el primer caso, ¿qué se hace? Se escribe otro libro. O no se escribe más. Vaya uno a saber.
La literatura es un acto de confianza, pero también de paciencia infinita. La literatura es el arte de reinventarse en cada historia. Un ejemplo de supervivencia.

Y si se publica, si se publica uno siente que tocó el cielo con las manos. Pero todavía falta. Falta ver si la editorial lo publicita, si lo apoya, si lo lleva a las escuelas. Ver si te llaman de algún lado, si te hacen una entrevista, si el libro está bien mostrado en las librerías. Ver si las ventas te acompañan. Si la editorial lo reedita. Si te cuidan. Si las ilustraciones son buenas. Yo estoy convencida de que los buenos libros logran venderse con el famoso boca a boca aunque las editoriales lo hayan parido y abandonado. Pero a veces, entre tantos títulos, si no existe una mínima contención por parte de la editorial, es fácil que el libro termine al mes de su salida en las mesas de saldo, en los depósitos o en el Parque Rivadavia. Y eso, señores míos, es un pésimo antecedente para el próximo libro.

En definitiva: escribo libros que nadie me pide, para un público que no lo espera, y lo presento a editoriales que los aceptan o rechazan a su antojo, y que me hacen esperar meses para darme esa respuesta. Con cada nuevo libro pago otra vez mi derecho de piso. Cada nuevo libro es una primerísima vez. A pesar de que los editores conocen mi nombre, eso no ha cambiado las cosas, más allá de tener acceso a ellos.
Lo logré hasta ahora seis veces y muchos cuentos. No lo logré en la última. No sé si volveré a lograrlo. Sigo aquí. Estoy escribiendo.

Gracias a todos los que acompañan este blog, me acompañan y me leen.

13 comentarios:

Ruth dijo...

Me ha encantado este post, Verónica, me ha resultado muy esclarecedor. Como tú apuntas, a veces creemos que porque una persona haya conseguido publicar un libro ya ha llegado a lo más alto, y eso, visto lo visto, no es así. Me gusta especialmente lo que cuentas sobre tu rutina para escribir, me he sentido muy identificada: cuando tienes tiempo, te faltan ganas e historia, y cuando tienes historia, a veces te faltan ganas, a veces tiempo.
Feliz día del escritor. Espero, de corazón, que ese nuevo libro vea la luz pronto -y que lo pongan en las estanterías más visibles de todas las librerías en ambos hemisferios-.

Criminal dijo...

Al menos llegás a los editores, algunos de nosotros ni eso. Pero escribimos igual, como vos decís.

Dayana dijo...

Vero, sólo quiero desearte un muy felíz día, que tus sueños como escritora se cumplan (hasta el Nobel no hay que despertar ;)!) y que sigas escribiendo lindo en el blog para tus lectores adultos que, aunque no seamos un bullicioso grupo de chicos en edad escolar, acá estamos, haciendote el aguante en cada nuevo post.

Besos y abrazos

Luca zaccarello dijo...

este escrito querida veronica me resulto tremendamente alentador a los mas jovenes y a quienes desean escribir y se sienten inhibidos por determinadas cuestiones sociales que no caben mensonarlas aqui.
solo me queda decir gracias y feliz dia!
un abrazo enorme.
adeuzh

Verónica Sukaczer dijo...

Gracias a todos. Pensé que me iban a decir que mi visión era muy pesimista (y yo ya tenía preparado algunos chistes para retrucar). Pero no hice más que contar la verdad desde mi punto de vista.
Feliz día a todos ustedes también.

Luis dijo...

Tu visión es muy pesimista.
Feliz dia.

trixia dijo...

Tu visión no es pesimista. Es realista. Soy de esos egresados de la carrera de Edición que mencionás, y varios de mis colegas que estamos como en un universo paralelo vemos las mismas cosas que vas describiendo, y sufrimos desde el otro lado los mismos desplantes.
Modas, ritmos, cambios de forma de trabajar, cambios de las demandas del mercado, o de lo que se pretende como resultado económico de un sello.
El encuentro de un escrito con un editor termina siendo tan misterioso y fantástico como el del libro con el lector. No hay un camino seguro. Todo sigue siendo prueba y error, fracaso y gloria.

pyro dijo...

Que lindos los coments; Sra Veronica no sabia que era el dia del escritor(aqui en Peru no existe tanta promo para celebrarlo o quizas yo estoy muy distanciado de mi pasi como para notar si lo hicieron);aun asi Feliz Dia(aunque quizas sea atrasado); espero que sigas escribiendo en tu blog de la misma forma,aunque no siempre comente leo tu blog de forma muy seguida,en serio;creo que talento no te falta y quizas ese libro pueda ver la luz algun dia.

pararrayos dijo...

Hola, campeona, al final es más exitoso el reality de tu propia vida! ¿Te das cuenta? Todo lo que tiene sabor a viva de esas que se viven, es único. Casi te caigo con algún consejo y pensé: ¿qué? ¿qué consejo? Tenés todo ahí, al alcance de tus ágiles dedos. Beso.

pararrayos dijo...

pararrayos dijo "a viva de esas que se viven"
pararrayos está seguro que debería decir
"a vida de esas que se viven"
pararrayos, humilde, acepta que se equivocó una vez más
debe ser que, por el frío,está tomando ginebra con mate.
y no le pidan mayúsculas
a esta hora de la noche, todo es minúscula y gracias.

Jok€r dijo...

Veronica, feliz dia, primero y principal ! segundo me encanto que allas escrito esto de lo dificil que es escribir y estoy en total acuerdo con vos con lo de las editoriales y los mejores libros son de boca en boca, espero que sigas escribiendo cosas que nadie espera, por que cuando menos esperas hay un nadie que lee lo que no esperaba! como escuche decir a Cortazar las cosas en tu cabeza ya estan escritas solo falta escupirlas en el papel, saludos y aguante escribir

Flavia dijo...

yo también espero que sigas

Ortógrafo dijo...

Joker, dejá de escupir errores de ortografía, caray. Un poquito de rigor.