17 abril 2007

MP3, MP4, MP5

-¿Cómo se declara? -pregunta el juez.
-Un poquito culpable -respondo.
-¿Sólo un poco? ¿Cómo es eso?
-Si se hubiera tratado de un asesinato, digamos que yo lo hubiera asesinado un poquito.
-Pero la víctima, ¿estaría o no estaría muerta?
-Lo estaría. Pero no sería del todo culpa mía.
-Le doy la oportunidad de explicarse.
-¿Todo lo que diga puede usarse en mi contra?
-Por supuesto.
-Igual que con mi suegra... Bueno, resulta que me recomendaron un libro.
-Para que quede constancia, ¿qué libro y en qué circunstancias?
-El libro es "Eres una bestia, Viskovitz", de Alessandro Boffa. Me lo recomendó un escritor con el que estoy a punto de emprender escritura a cuatro manos. No lográbamos el tono de lo queríamos hacer, y entonces él dijo: "al estilo de "Eres una bestia, Viskovitz". ¿Se da cuenta de que no me quedaba otro remedio que leerlo?
-No importa lo que piense yo, importa lo que diga usted.
-¿Esto es terapia?
-Con el sueldo de juez no me alcanzaba.
-Está bien... Tenía que conseguir "Eres una bestia, Viskovitz", pero me encontré frente a un precipicio díficil de franquear.
-¿Qué sucedió?
-Está agotado. Aquí y en España. Lo juro por mi suegra. Que se caiga muerta si estoy mintiendo.
¡Plop!
-¿Qué fue eso? -preguntó el juez.
Le informaron al instante que había colapsado una tubería del baño vecino.
-Procedamos -dijo el juez.
-El libro, agotadísimo. Sé buscar en Internet. Y hasta llamé a la única librería que, según su web, decía tenerlo.
-¿Qué sucedió?
-Nada. No lo tenían. ¿Sabe lo que es querer leer un libro, saber que allí se oculta el significado de la vida, y no poder leerlo porque está agotado, descatalogado, nadie lo tiene, ni lo conoce, ni lo presta? Es como si nunca se hubiera escrito. Un libro que no puede leerse es un libro que no presta su función en esta vida. Un libro fantasma. Un agujero negro capaz de tragarse el universo.
-¿Para tanto?
-Es lo que digo.
-¿Y entonces?
-Entonces... y porque soy terca y no ceso hasta lograr mi cometido, sea quedarme con la última palabra en una discusión, sea encontrar un libro, hallé un rayo de esperanza en la red. Una página... una página mágica. Un portal de acceso a un mundo perdido. A otra dimensión.
-Le agradecería hablara de forma que todos pudiéramos entenderla.
-Encontré el libro scaneado en Internet.
-¿Todo el libro, o sólo una parte?
-Al principio fui hallando partes en diferentes páginas, pero finalmente encontré el libro completo.
-Para que quede constancia, diga la dirección de la página.
-No puedo. Es secreto profesional, ganado gracias a mi matrícula vencida en el año 1997.
-Si no dice la dirección de la página, lo consideraré desacato, e irá a la cárcel.
-Asumiré las consecuencias. Si digo la página puedo ser acusada de bajar ilegalmente material literario. Si voy a la cárcel, tal vez logre buen material para un libro. ¿Se imagina si yo hubiera estado en el Irízar justo cuando se incendió? ¿Se lo imagina? ¡La única periodista! Pero yo estuve siete días allí y lo más importante que pasó fue que me mareé con un vaso de Gancia batido con limón, y todos los oficiales me decían: "tocá la campana", y resultó que si tocaba la campana pagaba una vuelta de bebidas para todos. No la toqué. Porque mis padres me enseñaron a no tocar nada sin antes pasar por la sinagoga. Y le aseguro que allí no había ningún muchacho circuncidado.
-¿Podemos seguir con lo nuestro?
-Estábamos en la página de cuyo nombre no quiero acordarme. Frente al pelotón de fusilamiento, recordaré el día en que leí "Eres una bestia, Viskovitz", y no había hielo para la Coca Zero.
-¡Al grano!
-Ok... Bajé el libro. Lo leí. Me gustó mucho. Entendí lo que quería decir el escritor. Lo del tono. Aún tengo el libro en mi PC.
-¿Pagó por su lectura?
-No... no... ¡no pagué! Nadie me pidió nada, ni mi número de documento, ni mi CUIL, ni alumbrado barrido y limpieza.
-¿A usted le gustaría que la gente bajara sus libros de Internet, sin pagar por ellos?
-Depende.
-¿Depende de qué?
-Si lo baja uno solo, porque es pobre y quiere leer mi libro más que ninguna otra cosa en el mundo, sí. Si lo bajan diez mil, no.
-¿Usted cree que un chico pobre querrá leer uno de sus libros más que nada en el mundo?
-Bueno...
-Sueña mucho usted. De todos modos hemos llegado al quid de la cuestión. A usted no le gustaría. No podría vivir de lo que escribe.
-Y... no... pero se trató de un libro inhallable. Leyéndolo, hablando del tema con usted, pongo en guardia a los editores. Les demuestro que todavía hay lectores interesados en ese material. Tiene que haber atenuantes.
-Los habría... si usted hubiera bajado sólo ese libro. ¿Fue así?
-Este... bueno... es que... lo que pasó... ¡¡¡había millones de libros!!! Había miles y miles de libros escaneados. Podría leer el resto de mi vida bajando libros de allí, sin volver a comprar un libro. Me tentaron. ¿Eso no es ilegal? ¿No es ilegal llevar a un gordo a un Mc Donalds? ¿A un jugador al bingo de Ciudadela? ¿A un borracho a un bar libre?
-¿Cuántos libros bajó?
-Tres o cuatro. No más. Uno erótico, me dio curiosidad. Me da vergüenza comprar libros eróticos en una librería.
-¿Nada más?
-Nada más, lo juro. Por ahora, por supuesto. Pero en este lugar están desde el Martín Fierro hasta El Código Da Vinci. Desde El sí de las niñas hasta Viajes por el Scriptorium (que dicho sea de paso lo leí, no me gustó, y lo cambié y el vendedor no se dio cuenta de que estaba leído). Está todo. Como le digo, podría alimentarme de ese lugar sin volver a comprar un libro.
-¿Lo hizo?
-No, sigo comprando libros.
-¿Por qué?
-Bueno, aquí está el problema. El GRAN problema. El problemón, si me lo permite. Los libros que uno baja de Internet hay que leerlos en la pantalla. Imprimirlos cuesta lo mismo que comprarlos. Opción descartada. Y leer en la pantalla te puede dejar ciego.
-¿Eso está comprobado científicamente?
-Comprobadísimo. Cieguísimo. Leer en la pantalla es una cagada, si me disculpa el término. Te hace mal a la vista. Te marea. Te daña las cervicales, el túnel carpiano, te comprime las vértebras. Te provoca celulitis por el tiempo que pasás sentado. Te hincha las piernas. Engorda, por la cantidad de comida que uno ingiere para mantener las fuerzas y poder seguir leyendo. Además, la computadora no puede llevarse a la cama (y eso que tengo una notebook), ni leerse en el colectivo, el café, durante los cursos de los niños, en el baño. No se puede marcars la página con un señalador de Winnie Pooh, ni subrayar una frase grandiosa, ni cambiarla en Parque Rivadavia (esto último supongo que sí, que si uno va con una notebook habrá alguien que la cambie por un libro, pero sería estúpido intentarlo). Y además...
-¿Además qué?
-El objeto libro es especial. No estoy lista para prescindir de él. Claro que...
-¿Que qué?
-Estuve mirando MP4...
-¿Qué cosa?
-Esa cosa con pantallita para escuchar música y mirar videos. No está pensada para leer, pero sirve. Si uno puede leer en letra pequeñita y de a tres renglones por vez, se puede.
-¿Adquirió uno de estos MP4 para cometer su delito?
-No, están caros. Y además no me convenció el tamaño de la pantalla. Sería otra cosa una palm, claro, pero estamos hablando de otro precio.
-¿Y leería libros en la palm?
-¿E-books? Supongo que algún día lo haré. Uno no puede bajarse del tren de la modernidad. Pero no lo hice, repito, porque no me ha llegado el momento, todavía. Todavía quiero tener un libro entre mis manos. Llevarlo en la cartera. Pasar las páginas. Marcarlo. ¿Llegará el día en que lea e-books? Llegará, no tengo dudas. De la misma manera en que casi he dejado de ir al cine porque miro películas en DVD.
-¿Copias legales?
-¡Estábamos hablando de otra cosa! Espero, de todos modos, que cuando llegue ese momento, esa transición, se encuentre la forma de honrar y respetar los derechos de autor. No me resigno a que un día no pueda seguir intentando vivir de lo que escribo.
-Usted no ha ayudado en ese tema bajando un libro ilegalmente.
-Lo lamento. El mercado no me dio otra opción.

-Estamos listos para leer el veredicto. Verónica Sukaczer, es culpable de haber bajado, ilegalmente, literatura de Internet.
-Pero sólo un poquito, ¿no?

5 comentarios:

Capitan Burton dijo...

Cada tanto alguien me pedía ese libro o aparecía cuando estaba buscando otra cosa para un cliente. Pero nunca pude hojearlo.
Es uno de esos libros que me digo ya lo voy a comprar, total hay tiempo.
Hasta que se agota y se vuelve el mejor libro de todos solo porque no puedo tenerlo.

Me reí mucho con su litigio.

La Luc dijo...

Compartiremos la condena. Yo lo baje hace un año. ¡Y además se lo presté a un amigo! ¿Será un agravante?

ÓL dijo...

Yo ya perdí la cuenta de las cosas que me habrìa perdido de no ser por la banda ancha.

Criminal dijo...

Un cartucho de recambio negro de mi impresora cuesta 10 pesos (imprime dos resmas).
Una resma de 500 hojas cuesta 11/12 pesos.

¿Conocés muchos libros que quieras leer y cuesten menos de 20/22 pesos?

I rest my case.

("El mercado me obligó". Por mi el mercado se puede ir a hacer puñetas y todos sus intermediarios con él).

pyro dijo...

Pues yo no tengo computadora y desearia poder leer tu libro, eso si; solo seria yo, un solo niño pobre nada mas, lo prometo..;o;..