24 abril 2007

FUI.COMPRÉ. VOLVÍ

Es mi obligación profesional, ética, moral, impositiva y ontológica escribir una amena crónica sobre la feria del libro si voy a la feria del libro. Eso es lo que haré a continuación, si el amable público lector me lo permite. Fui. A la feria del libro. Más precisamente el día domingo 22 de abril a las 15 horas. Tengo que advertir a los lectores presentes que jamás acostumbro a ir a la feria un día domingo, y que tampoco lo hago acompañada. El por qué de tan drástico cambio en mi rutina anual puede llamarse "lluvia". "Llueve, llueve de nuevo, y aquí en mi corazón, cómo diluvia", diría Prilutzky Farni. "Llueve a cántaros/ llueve/tantos años/que llueve" diría Idea Vilariño. La cosa fue así entonces: llovía. Como llovía y no podíamos hacer lo que hacemos todos los domingos (no voy a entrar en detalles sobre mi vida privada), enviamos a los niños lejos. A mi marido, en cambio, no pude dejarlo en ningún lado, y no me quedó más remedio que llevarlo. Seré minuciosa y precisa, porque así es una buena crónica. Fuimos. Estacionamos sobre la avenida. No había cuidadores, y una sensación de pequeña victoria, de cinco pesos ahorrados nos recorrió como una brisa cálida y húmeda. No importaban las dos cuadras que debíamos recorrer a los charcos. Importaba que no pagamos. Entramos rápido, confundiendo al púber empleado con mi certificado de discapacidad, señalando a mi marido y murmurando algo así como "él me acompaña". Segunda victoria. No pagamos entrada. Enseguida, y por temor de que el púber nos persiguiera para averiguar por qué precisaba de un acompañante, ingresamos al pabellón principal propiamente dicho. Ese es el momento en que, cada año, tengo mi pequeño átaque de pánico: pienso si es necesario que yo agregue un libro a esa infinita población de libros. Y la respuesta es siempre: no.
Una vez en el lugar informé a mi marido que la feria se recorría a mi antojo. Y aunque vuelva a hacer bromas sobre el tema, tengo que aceptar -y eso que él es la única persona en el mundo que no lee este blog, por lo cual estas palabras no servirán siquiera para que hoy lave los platos- que me resultó más entretenido estar en la feria con él que sola. Bien, caminamos. Miramos libros. Preguntamos precios. Leímos contratapas. Fui al baño una vez. Tomamos en total 1 lágrima, dos cortados, 1 medialuna y él dos vasos de Fernet. Me compré un chocolate relleno con dulce de leche. El conjunto elegido para la feria fue: remera blanca escotada de modal Spaceball, jeans Ver, zapatillas Nike, mochila gris Kill. Maquillaje casual. Joyas propias. Recorrer la feria nos llevó exactamente seis horas. Mi marido quería ver a Donato Di Santis. Lo vimos. Se había colocado en la remera el cartel con su nombre. Simpático. Había gente haciendo cola para que le firmara W. Smith. No fuimos a ninguna charla, conferencia ni recital. Pasamos rápido el escrache al stand de Finlandia, para que no nos atrapara la manifestación y nos dejara en otra parada. Había gente pero la cosa no pasó a mayores. No hubo que empujar, ni patear tobillos, ni dar codazos, ni insultar a nadie. En definitiva, y luego de todo esta maravillosa visión que les acerco de la feria, puedo decir que no tengo nada interesante para contar.
Sólo me queda por decir que liquidé los $265.- que conseguí por la venta de mis libros (ver un post por ahí abajo). Salimos agotados, yo feliz, me dolían los pies, no llovía. Buscamos a los niños. Regresamos a casa.
Las adquisiciones de este año fueron:
"En lo más implacable de la noche", de Idea Vilariño ($16.- pero lo pagué $8 porque en esa editorial tengo descuento por autor, chupate esa mandarina)
"Los hundidos y los salvados", de Primo Levi. $35
"Woody Allen, filosofía del humor", de Vittorio Hösle, $30.-
"Escribir teatro", de Ricardo Halac, $29.-
"La historia del amor", de Nicole Krauss, $49.-
"N.P" de Banana Yoshimoto, $38 .-
"Kafka en la orilla" de Haruki Murakami, $43.- (creo)
"La última lágrima" de Stéfano Benni, $4.-
"Basura" de Héctor Abad Faciolince, $4.-
"Asquerosología, de la cabeza a los pies" (para los chicos) $26.-
Y me quedé con las ganas de:
"El libro negro del psicoanálisis" $65.-
Mágicas conclusiones y preguntas filosóficas sobre un día de feria:
¿Por qué hay gente que lleva a sus niños?
Los libros están carísimos.
Los baños están limpios y hay papel.
El café es caro.
Los kioscos de golosinas no tienen pastillitas Tic-Tac.
Un librero de un stand que ahora no puedo recordar sabe un montonazo. Me dijo donde conseguir un libro agotado, y me dijo que no importaba qué dijeran las computadoras, que le hiciera caso a él. Y lo conseguí y regresé a agradecerle.
¡¡¡El sistema de búsqueda bibliográfica estaba sin sistema!!!!
Los libreros jovencitos, con perdón del Capitán, siguen sin saber demasiado.
Compré un libro mío, "Periodismo", de saldo, para regalar a una escuela. Estaba tan barato que me dio vergüenza identificarme como la autora.
La mayoría de los stand ya no hace el 10% de descuento sobre compra en efectivo.
Un stand sobre budismo vende unos bebés budistas re-lindos.
En el stand de la AMIA te encontrás con la cole.
En el nuevo diccionario de autores argentinos que está en Petrobras, ¡estoy!
En la feria siempre hace calor, no hay que llevar saquito.
Hay ofertas muy buenas. Yo vendí el otro día a $5.- un libro que en la feria estaba a $4.-
Hasta el año que viene, que será más grande y más cara.

2 comentarios:

pararrayos dijo...

Estuve el sábado en la feria y también llovía, pero fue muy lindo: me encontré con amigos y un grupo de cordobesas (de las cuales sólo conocía a una)y terminamos comiendo pizza en Via Pacífico (Godoy Cruz y Santa Fe). Tu crónica es entretenida y amena; veré eso de Petrobrás, ya que me pidieron datos hace un tiempo. ¿Es un diccionario de autores argentinos, no? Vero... se llevan chicos a la feria porque, por ejemplo, el sábado estaba Pescetti, creo que hizo un show y luego firmó, había cien personas haciendo cola. Y además mañana,por ejemplo, hay otros autores que firman para niños y grandes ;)
Comparto dos cosas: a la feria hay que ir solos o con amigos tan obsesivos como uno, jamás con esposa o esposo, pero me alegró sobremanera que la hayas pasado mejor con tu marido. La vida te da sorpresas. Besos.

Verónica Sukaczer dijo...

Amigo Pararrayos: sí, el de Petrobras es un diccionario de autores argentinos, con un capítulo especial para autores de literatura infanto-juvenil. No sé si usted tiene que ver con el tema... En mi caso copiaron los datos que ya aparecían en otro diccionario de autores argentinos nacidos después de 1940.
Y a mis niños yo los llevo sólo a la feria infantil, aunque en la grande se puedan encontrar autores muy interesantes como Pescetti, Montes, De Santis o Vaccarini.
Y le agradezco sobremanera su comentario. O todos están en la feria o yo he perdido lectores. Haré un piquete, mire:
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
y no volveré a escribir hasta que empiecen a aparecer comentarios.
Cariños