26 febrero 2007

AL MAESTRO, CON CARIÑO

Mirá viejo, es el único del que tengo todos los libros. Bueno, todos no, no vamos a entrar en detalles. Me faltan un par de novelas. Pero los de cuentos sí, y todos ordenaditos, ¿eh? Vos decime quién tiene, por ejemplo, "Los trenes matan a los autos" de Ediciones Peregrinos, o algo así, algo que suena a Coelho, comprado en el Parque Rivadavia. Porque después se lo reeditaron en De La Flor. Pero cuando no estaba en ningún lado yo me caminé todo el Parque Rivadavia, hasta los puestos de los neonazis, buscándolo. Porque a veces creés que en un libro perdido vas a encontrar la joyita, ¿me entendés vos? Aunque no todo sea una joya. Bueno, ponele plata y oro. Tampoco uno escribe toda su vida al mismo nivel, viejo. O níquel y platino. Aguamarina y brillante africano. Vos me entendés.
Yo te juro que cuando va a sacar un libro nuevo, me da una cosa acá, como de deseo, mirá vos, nada sexual, las pelotudeces que se te ocurren pensar, porque es justamente como estar esperando algo que deseás mucho. Y después lo leés, y ya estás esperando el próximo.
Sabés que no sé cuándo empecé a leerlo. Debe haber sido cuando me vino el humor, me parece. Me vino el humor así un día, de repente, como la menstruación. Porque para mí el humor fue un proceso, un aprendizaje. Si antes tenía un humor de mierda. Fue un camino que empezó con unos textos de Woody Allen, de eso me acuerdo seguro, pasó por los hermanos Marx, sobre todo Groucho, parece que los otros no escribían, no sé el mudo, a lo mejor tampoco podía escribir, y después siguió por los grandes, los satíricos ingleses, por ejemplo, y me parece, así llegué al maestro. A lo mejor le tenía un poco de prejuicio, no sé, te lo digo, porque viste que la gente que viene de otra cosa se manda a escribir porque le dijo un amigo o porque tiene un público cautivo, viejo, eso te lo digo porque lo sé, porque ves a cada boludo meterse donde no sabe sólo porque tiene nombre... Bueno, te decía, el tipo viene del dibujo, y yo lo leía en Fierro y no sé qué me parecía entonces. Buenos diálogos, eso seguro, pero de ahí a escribir, es algo distinto, ¿me entendés? Te decía entonces que tal vez llegué con algún prejuicio, pero los cuentos me desarmaron. Te lo digo posta, es un capo. Ponele el de la nena que estudia catequesis y camina sobre el agua, o el de la mina que acusa al tipo que violó en sueños, o los aforismo, o el de la escritora para chicos que tiene que apagar al bichito. Ese me tocó, te juro, a mí que escribo para chicos. Y hasta uno de fútbol me gustó, no te miento. Ese que compara el fútbol con las artes, hasta que al final se arma la podrida y dice: "y eso, eso es el fútbol". Mirá lo que te digo. Que me haya gustado uno de fútbol... un milagro literario ponele.
La cosa a la que quiero llegar es que a veces, y por favor no quiero pecar de orgullosa, yo digo que escribo en un estilo similar al de él, pero con formato femenino. Y no sé si puedo, viste. Nunca le pedí permiso ni nada de eso. No lo conozco más que de pasada en la feria del libro, siempre está ahí dale que te dale con los Mendieta, el pobre. Bueno, yo digo eso. Cosa mía. Porque a veces los editores te preguntan cómo es tu estilo, que yo creo que es una manera fácil de ver si pierden el tiempo leyéndote, y yo entonces digo eso: que se parece al de él, aunque mi temática sea más femenina. Entonces, yo acá agrego como al pasar que no hay humoristas mujeres. Es decir, está Maitena que dibuja, o la Acher que escribe textos humorísticos, pero alguien que haga ficción de humor, no hay. Y si la hay decímelo que la leo ya mismo. Pero te digo que no. Hay un nicho vacío, ahí. Como en los negocios. Y yo quiero ocuparlo. Te lo grito si querés: lo-quie-ro-o-cu-par.
Es difícil, viejo... qué querés que te diga. Me dicen que el cuento no vende, y el humor es como cosa de fin de semana, algo menor, igual que la literatura infantil, viste. Justo yo me busco todas cosas menores, debo tener algún trauma, me parece. Algo de mi infancia que todavía no salió a la superficie, puede ser.
Eso te quería decir, nomás. Que el tipo es un capo, un maestro, y que yo lo tengo como guía, me entendés. ¿Sabés que un día le mandé un mail? Y mirá que yo jamás le escribí a ningún escritor. Me mata de vergüenza eso de poner "me gusta mucho como escribe", a pesar de que me encanta recibir elogios. Una cosa re-loca. Pero a él sí le escribí. Le pregunté si le parecía que podía presentar un libro de cuentos para adultos en De la Flor, cómo era la cosa. Y el tipo me respondió. Con todo lo que debe tener para hacer, me contestó rapidísimo. Un dulce. Me dijo que presentara el libro, que en la editorial eran todos buenos tipos, y yo lo presenté y el libro no salió en cinco meses de la bandeja de entrada, y al final tuve que ir a buscarlo y seguía ahí, ni lo habían abierto, pero de eso él no tiene la culpa. Igual me hubiera gustado que lo leyeran, pero qué le vamos a hacer. Los que estamos en esto sabemos cómo son las reglas del juego.
El tema es que ahora el tipo se agarró una enfermedad, no sé si sabías. Algo jodido, no te lo voy a negar. No puede escribir ni dibujar más. Y él va como si nada y se despide con una carta con humor encima. ¿No te digo que es un maestro? Entonces a mí me importa que esté bien, por supuesto, ¡pero también que siga escribiendo! Los lectores somos una raza egoísta. Mirá si después no me escribe el muchacho. Mirá si decide dedicarse a la contemplación de las azaleas, por ejemplo. Un bajón. Él igual dice que va a seguir, menos mal. Ahora tiene que dictar, y dictar no es lo mismo, yo no sé si podría. Claro que cuando hay que acomodarse a las circunstancias, te acomodás y listo. El tema es que a mí me llevó toda mi vida -y soy mucho más joven que él, no te creas- decir públicamente que soy hipoacúsica, que Larguirucho siempre me resultó antipático por la manera burda que tenía de decir justamente eso, y él va y lo dice de una y a todo el mundo. Y a mí se me parte el alma, qué querés que te diga. Lo que uno menos espera es lástima. A mí me tenés lástima y te mando a la reputa que te parió, pero entre discapacitados podemos decirnos cualquier cosa, así que a mí se me parte el corazón, a la vez que le hago el pedestal al tipo y lo pongo ahí arriba. Porque para afuera (lo privado es privado, viejo, no nos vamos a meter) se está portando como un grande, un maestro te digo yo. Y esa carta que escribió en Clarín yo la recorté y la guardé, porque es un ejemplo de algo, seguro.
Eso, eso te quería decir. Voy a ver si me animo a mandarle esto al Negro, aunque no creo que me anime, me dan vergüenza estas cosas. Yo soy muy seriecita en la vida real, muy nena bien criada, ¿viste? Aunque a lo mejor se lo mando. No sé. Sólo quería decir que el Negro Fontanarrosa es un maestro, y que desde aquí le mando todo mi cariño.

10 comentarios:

Criminel dijo...

Verónica:
Hacía rato que no leia en un blog algo que me hiciera recordar para qué mierda escribo yo.
Gracias.

Cuando alguna vez el Panteón de la academia cambie (alguna vez va a pasar), el Negro y Soriano van a estar donde deben.

Saludos.

Ruth dijo...

Yo creo que vale la pena ser escritor sólo para recoger halagos como éste. Si tiene la suerte de leerte, se le van a caer hasta las lágrimas. Mándaselo. A ti te encantaría recibir algo así, ¿no?

Por cierto, yo no creo que la literatura infantil y la humorística sean géneros menores. Son de las más necesitadas.

Ana C. dijo...

No sé qué le pasa a Fontanarrosa, pero cualquier cosa triste que le pase, es una tristeza para todos. Tu texto es un hommage precioso y conmovedor.

Soriano y Fontanarrosa ya están en el Panteón de los escritores preferidos de muchos y para eso no hace falta bajar a nadie.

pyro dijo...

Pues no conozco mucho sobre escritores, pero si es tan bueno como para despertar tu admiracion debe de ser formidable, la verdad que a mi me encanta como escribes y desearia poder mejorar para ser al menos un poquito como tu en el sentido literario.

Verónica Sukaczer dijo...

Gracias a todos. A Soriano lo entrevisté en mi época periodística. No me resultó muy simpático, a pesar de que en su momento amé "Triste, solitario y final". De alguna manera con Fontanarrosa mantengo la "magia" debido a que no lo conozco. Hace tiempo lo dije en un post: ¡no hay que tratar de conocer a los escritores que uno lee! Pero qué gran tipo, al día siguiente me mandó lo de arriba.
Pyro: ¡¡¡qué dulce!!! Pero yo espero que seas como vos, y que escribas muy bien, y eso te dé placer. Igual me encantó lo que escribiste :-).

Dayana dijo...

Hace un par de años me compré un libro de Fontanarrosa editado por De LA Flor, si mal no recuerdo (era uno de tapas azules, creo que se llama El mundo ha vivido equivocado) y tengo un cuento de él en el libro Mi cuento favorito, de Alfaguara.
La verdad es que lo que leí de Fontanarrosa me decepcionó, esperaba otra cosa, quizás esperaba mucho más de lo que leí... no me atrevo a decir que sea malo ya que es evidente que si tanta gente lo considera un maestro debe tener algo, pero, personalmente, lo veo como a un mago al que se le nota cómo hace los trucos, su forma de escribir muestra demasiado los recursos que utiliza para hilvanar el relato, en lugar de centrar la atención en la historia misma. Los temas de los cuentos que leí... hummm ninguno me movió un pelo. El único que me pareció algo interesante fue uno de un estilo tipo ciencia ficción... aunque para ser un Asimov le falta bastante.
Con respecto al cuento de él que sale en el libro de Alfaguara (es de dos tipos bastante ordinarios que una charla de bar fantasean cómo sería cogerse a la mina de sus sueños), me resulto muy chocante por el grado de coloquialismo que usan los personajes y por lo intracendente del relato... de hecho, si uno escuchara lo que hablan taxista o camioneros cuando se juntan debe ser muy parecido.
ME gustaría que a uds que les fascina Fontanarrosa me recomienden algunos cuentos o textos de él para que no me quede con esta mala impresión de él o que me cuenten qué es lo que les resulta tan atrayente de su forma de escribir para ver si es que estoy pasando por alto sus virtudes artísticas o si es que simplemente no tengo feeling con este autor.

SAludos

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Dayana, no te hagas tanto problemas. Hay cientos de escritores que a todo el mundo le encantan, y que a mí no sólo no me gustan, sino que me parece que escriben mal y que soy la única que se dio cuenta. Y otros que escriben peor y encima me resultan personas detestables y me pregunto cómo alguien los puede leer todavía. Como decía Borges, simplemente Fontanarrosa no es el escritor para vos, y vos no sos la lectora indicada para él. No hay que forzar esas relaciones. En lo personal, me gusta justamente que es un tipo que escribe un gran cuento (a mi entender) sobre lo más intrascendente. Me gusta su estilo. Por supuesto no me gustan todos sus cuentos ni todos sus libros, pero sí quería rescatar en el post que yo siento que mi estilo es de alguna manera similar al suyo. Con lo cual tampoco te gustaré yo cuando logre publicar algunas cosas :-P

Dayana dijo...

Vero, para opinar sobre vos tendría que leer algo tuyo y todavía no pude porque intenté buscar tu libro Nunca confíes... acá en Cba y no lo encontré todavía. Fui a Cúspide y El Ateneo, quizás en alguna libreria mas chica tenga suerte.
De todos modos lo que leo en el blog me encanta, así que ya una opinión sobre vos tengo, y es muy buena!
Saludos y gracias por contestar mi mensaje

Verónica Sukaczer dijo...

¡Gracias Dayana! Y no es por agrandarme, pero mi libro lo tendrías que encontrar justamente en las librerías grandes sin problemas. Y si no, pueden pedirlo porque acaba de salir una nueva edición. ¡Y me agrandé! :-)

La Rosa Roja dijo...

Por si tal vez, tu maestro amigo está leyendo este blog quisiera decir que, hace tres años atrás, estaba sentada en el café Tortoni y aparació un señor no muy joven, no muy viejo, con barba que se sentó a mi mesa y que salió disparado hacia su casa a buscar unos libros que escribió sobre la historia de Malvinas. Me dijo que era MUY amigo de Fontanarrosa, no se si es verdad y que lo había ayudado mucho a armar ese par de libros. Si así fue, lo felicito porque conservo aún aquel par de libros dedicados.