21 diciembre 2006

FELIZ HAPPY LEJAIM

Este año...
No publiqué ningún libro, pero escribí.
No tuve ningún hijo, menos mal.
Cumplí diez años de casada, y mi marido insiste con que quiere seguir.
Ayudé a mis hijos a plantar algunos árboles.
Le enseñé al menor a contar hasta diez antes de explotar, pero no le sale. Se enoja igual.
Le compré al mayor sus primeras seis lapiceras de tinta y por suerte la última sobrevivió.
Creo que una vez llegamos a fin de mes.
Entré a un quirófano con resignación y salí viva.
Conocí a gente maravillosa a través del blog.
Inicié el blog de otoesclerosis, y resultó que había mucha gente que lo necesitaba.

Para el 2007 espero...
Arreglar la plancha para que no salte la térmica cada vez.
Pintar la casa y con suerte plastificar los pisos.
Que el menor comience su primaria con todas las ganas, y que le duren.
Que el mayor tenga una maestra re-mala y estricta, que bien le va a venir.
Llegar a fin de mes cada tanto nomás.
Publicar algo, por qué no.
Escribir ya sé que voy a seguir escribiendo.
Tener más del promedio de diez comentarios para cada post.
Ganar algún premio en efectivo, sería lindo. O una herencia. O que alguien se olvide un bolso con dinero en la puerta de mi casa, y por más que yo lo devuelvo, porque soy honesta, insiste con que me lo quede y yo digo bueno, muchas gracias, si eso lo hace feliz...
Hacer algún viajecito.
Que la casa se limpie sola y la comida se cocine por arte de magia.
Ser considerada clienta VIP en el super de la esquina, y no tener que hacer cola.
Que todos los programas de TV abierta y de cable tengan subtítulos.
Y las películas de cine argentino (las que son un embole no importa).
Que las editoriales me regalen libros, y yo de paso hago un comentario en el blog como para quedar bien.
Que alguien se apiade de mí y lleve a mi hijo menor a vacunarse que ya está haciendo quilombo con el tema. O me ayude a agarrarlo.
Que en mi casa deje de hacer un calor infernal en verano y un frío horrible en invierno, o que sea al revés.
Que de la canilla de casa salga coca-light, así ahorramos.
Que mis hijos me hagan caso la primera vez que digo algo. Por ejemplo: "a bañarse", ¡y que se bañen!
Que mi suegra se comporte como una mujer medianamente normal, lo cual sé que es mucho pedir.
Que me llamen alguna vez de la escuela de los chicos para contarme qué inteligentes y buenos que son, y no sólo por problemas de disciplina. Un poco de estímulo positivo.
Conseguir un plomero de confianza que no me mate con los precios.
Que regrese al mercado el queso blanco Saavedra, que acompañó a tantas generaciones de mujeres judías en la cocina.
Disfrutar las nuevas temporadas de Lost, Amas de casa desesperadas (versión yanquee), Nip Tuck, Dr. House, el otro de médicos residentes, y no me acuerdo cuál más.
Recibir regalos porque sí.

FELIZ JANUCÁ - FELIZ NAVIDAD (tachar lo que no corresponde)
FELIZ AÑO NUEVO

Y tú, querido/a lector/a que me acompañas y a quien yo debo todo esto, ¿qué deseas para este año nuevo?

18 diciembre 2006

ERRAR ES DIVINO, COLABORAR ES HUMANO

"Errar es divino" es el título del nuevo libro de Eliahu Toker y Rudy, publicado por Norma. Todo muy lindo. Muy entretenido. Trata sobre los pecados capitales, claro, en clave de humor, por supuesto. Pero lo que me llamó la atención fue un texto en la página 288, no se ve bien en el monitor, acérquense sin miedo, la cosa promete, el capítulo "Pecados de autor", en el que Toker y Rudy pidieron a algunos autores conocidos, gente culta, viste, entendida, que escribieran cuál era para ellos el pecado capital del siglo XXI. Lo que dice ahí, te lo pongo acá:

El pecado capital del siglo XXI:
LA IMPRODUCTIVIDAD

Lo dice el Génesis, y usted puede o no estar de acuerdo: Dios creó todo lo que se puede crear en seis días, y al séptimo descansó.
Fue al promediar la tarde del séptimo día, un buen momento para la siesta reparadora, cuando un grupo de ángeles –jóvenes, exitosos, emprendedores- se acercó a Dios.
-Dios, tu creación es magnífica –dijo uno de ellos. -¿Qué hay en la agenda para hoy?
-He decidido que hoy sea mi día santo –respondió Dios, con ese vozarrón que ya le conocemos. -En mi día santo, no hago nada.
Los ángeles se quedaron perplejos.
-Dios, ¿no estás haciendo nada en este mismo momento?
-Observo el cielo. Me ha salido lindo.
-¿Lo observas para luego plasmarlo en una pintura, que podamos mostrar en una galería? –quiso saber un ángel. -¿Escribirás una poesía que nos reditúe buenos derechos de autor? –preguntó otro. -¿Qué te parece emprender un documental, que se ganan buenos premios? –inquirió un tercero.
-No, no tengo ganas –se encaprichó Dios- he trabajado mucho.
-Dios... –volvió a la carga el primer ángel- ¿sabes cuánto perdemos por cada día que tú decides no hacer nada?
Dios lo miró desconcertado.
-¿Tenemos costos?
-¿Por qué no haces un poco de gimnasia o vas al club? –interrumpió otro ángel, mediador. –Esa es una buena manera de aprovechar el tiempo libre. Un poco de bicicleta, para levantar los glúteos y fortalecer las piernas, que mucho habrá para caminar sobre la Tierra. ¡En el tiempo libre podemos ser empresarios de nuestro propio cuerpo!
-No he pensado siquiera en moverme. Es agradable esto de dejarse estar –insitió Dios, monotemático y monoteísta.
-No hay caso... –cuchichearon los ángeles entre ellos. –No nos produce estando así, tirado sobre una nube. Bien podría estar diseñando otro mundo, organizando las futuras evoluciones, escribiendo sus memorias. Pero no, ha dicho que no hará nada. No es un buen ejemplo para nadie. ¿Qué haremos con los hombres cuando no quieran hacer nada?
-Oh Dios... oh Dios... –corearon los ángeles, y sus voces lastimosas se dispersaron por todo el mundo, creando la angustia laboral- produce, por favor produce, eso es lo que mueve a la humanidad: la productividad. Si no producimos no somos nada. Y si no somos nada, ¿quién paga las cuentas a fin de mes?

¿Y? ¿Qué tal? ¡Lo mejor del libro, viejo, te lo aseguro! Y eso que el resto es de calidad. Quién escribió esa colaboración ya lo adivinaste, claro. Las cosas que uno tiene que hacer para figurar...

A Rudy y a Toker mil gracias por tenerme en cuenta y confiarme página y media de su libro. Fue un placer y un orgullo. Y digo yo, derechos de autor... ¿me toca algo?

14 diciembre 2006

DUELO EN 35 MM


Todo eso, hijos míos, era mío. Mi orgullo. Una pequeña pasión, pero pasión al fin, que nunca terminé de expresar. Como un posible amante con el que coqueteás, a quien seducís, sin llegar a mayores. Un deseo.
¿Ven qué hermoso equipo? Una Canon Eos Rebel, con zoom 35-75, y flash. Un zoom Sigma 28-300. Una cámara Practika, la primera, con lente normal. La que llevé a Antártida, la que me inició en los secretos de la profundidad de campo, la apertura de diafragma, el tiempo de exposición. Con la que intenté develar los secretos del bulbo y controlar la luz. Y luego una Samsung 35 mm con visor directo, con zoom 35-140. La que suplantó a todas las anteriores cuando llegaron los niños y el bolso pañalero y las manos siempre ocupadas y el deseo de capturar cada paso en forma rápida y antes de que el bebé volviera a regurgitar.
Con ellas era feliz. Y como una simple ingenua, dije y aseguré que no me llegaría el tiempo digital. Que me quedaría anclada en mis rollos y revelados en la casa del coreano que tiene ese humor de mierda, y en el sonido del motor cuando pasa la película. Porque yo fui -soy- una fotógrafa hecha y derecha. De escuela. De Foto Club. Una fotógrafa que reveló sus propias fotografías, que supo de papeles, de enfocadores de grano y de luces rojas. Alguien que quiso hacer carrera con la imagen pero descubrió, muy a su pesar, que el talento sólo la acompañaba en las letras. Igual lo disfruté, claro está. Disfruté cada foto que saqué. Disfruté el aprender a ver. El analizar el paisaje. El enfocar y enfocarme.
Pero todo pasa, hijos míos, y si no nos subimos al tren de la vida, éste sigue el viaje sin nosotros, y en la siguiente parada ya no venden rollos de 35 mm. Así que cuando descubrí que todo ese hermoso equipo ya no me alcanzaba, que tal vez un día ya ni siquiera tendría valor, y el coreano desquitaría su malhumor con la tribu digital en vez de conmigo, y además el gasto rollo/revelado hacía que dejara siempre todo para adelante, y luego me encontraba con imágenes que ni siquiera recordaba, dije sí, llegó el momento. Estoy lista. ¿Lo estaba?
¿Estoy lista para sacar quinientas fotos inservibles? ¿Estoy lista para pasar el material a la PC y editarlo, y enviarlo por correo? ¿Estoy lista para que sea la máquina la que haga todo el trabajo? ¿Estoy lista para pasar del álbum al CD?
No lo sé. Pero era el momento. Así que todo ese equipo fantástico terminó sus días en una casa de canje -porque no soy de las afortunadas que pueden comprar algo nuevo sin dar algo a cambio, y encima tuve que agregar un vagón de dinero que ni tenía, veremos de dónde salen esas 12 cuotas- y de allí salí con el nuevo integrante de la familia. Una Pentax de 5 megapixel con zoom de nomeacuerdo cuánto pero es lindo, el equivalente a 35-180 más o menos, y una memoria de 256, y batería incorporada y varios sueños rotos.
Así que este es mi simple pero sentido homenaje a mi era fotográfica de 35 mm que aquí ha concluido. Fue lindo mientras duró. Pensaré en ustedes y los recordaré con gran cariño. Ya los extraño, mi Practika, mi Canon, mi Samsung, mis filtros UV, el cable disparador, el fotómetro, el parasol.

04 diciembre 2006

PARA MÍ, MATAR A ALGUIEN DEBE SER RE DIFÍCIL

No pasa minuto sin que se produzca un asesinato en algún lugar del mundo, por no decir acá cerquita. Por celos, dinero, juegos de rol, venganza, sexo, honor, fronteras, diferencia de opiniones, status, ira. Le tocás un bocinazo al que se te cruzó, y este se baja del auto con un arma y te mata. Miraste a la hija del jefe de la tribu vecina, y terminás con un dardo envenenado en la nalga derecha. Entrás a la oficina de tu rival, y te invitan con un té de polonio. Le pediste amablemente a tu vecina que castre a sus treinta y dos gatos, y amanecés asfixiada por tu propia almohada. Cobrás por fin esa herencia y tu novio te seduce con una sobredosis de heroína. Matar parece a veces demasiado sencillo. Una simple solución a un problema que te angustia. Una descarga de adrenalina en el momento indicado. Una forma políticamente aceptada de escalar posiciones o expresarse.
Pero como siempre y como todo, parece ser fácil para los demás. Yo estoy segura, sin embargo, de que en caso de que quisiera hacerlo (no deseo ni voy a matar a nadie, aclaración necesaria en caso de denuncia por apología del delito), no sabría siquiera por dónde empezar.
Veamos... me gustan las armas. Me gustan, sí, desde la época de los Ángeles de Charlie. He empuñado y tirado con una .38 en un polígono norteamericano. Tengo excelente puntería. Es decir que si tuviera en mis manos un arma, y tuviera que defender mi vida o la de un tercero, sabré quitar el seguro, cargarla si es necesario, pararme con las piernas levemente separadas para mantener el equilibrio, sostener con mi mano izquierda la mano derecha que apunta, y disparar donde corresponda. Sin embargo... ¿dónde compro el arma? En una armería me exigirán papeles que me significan tiempo, esfuerzo y mentira conseguir. Además no es secreto que no llego a fin de mes, y si tengo que elegir entre cinco leches enteras con hierro para mis niños, o una pistola, posiblemente opte por lo primero. Y juro que no sé a dónde ir para acceder a un arma del circuito ilegal. Tampoco sé dónde comprar droga, pero ese es otro tema. ¿Y las balas? Hay quienes me han hecho fama de tacaña, cuando en realidad es cuidar lo que uno tiene. Si no mato con el primer balazo, ¿me voy a animar a seguir gastando municiones? ¿Y cuánto cuesta cada una? ¿Se pueden reciclar? ¿Cómo es que estos muchachos malhabidos tienen tantas balas pero no para comer? Descartado el asesinato con arma, otra opción posible sería ahorcar a la persona. Pero... ustedes no me conocen... soy de las que no pueden abrir siquiera la tapita del dulce de leche. Me canso enseguida. Me quedo sin aire luego de subir dos pisos por escalera. Por lo cual apretar una soga alrededor del cuello de alguien puede volverse en mi contra. Un codazo a las costillas y me dejaste hecha pelota. Y además, ¿qué clase de soga? Viste que hay algunas que te lastiman las manos. O se deshacen, ya no están hechas de la calidad de antes. ¿La soga que uso para tender ropa? Se me patina... No va. ¿Una almohada? Para matar con una almohada hay que estar cuando la persona elegida duerme. ¿Cómo entro a su casa? ¿Existen cursos rápidos de apertura de cerraduras para asesinatos? Y por otra parte, pongamos que quiero matar a la cajera del supermercado porque me irritó hasta lo inimaginable. ¿La tengo que seguir todo el santo día para saber dónde vive? ¿Y si la sigo, puede suceder que en el medio me canse, se me vaya la bronca y me ponga a hojear una revista en un kiosco y por ende la pierda de vista? ¿Y si hago todo bien y sé dónde vive, puedo abrir su puerta, pero paso por la habitación de sus hijos y me enternezco y ya no puedo matarla? No... no me convence, mucho trabajo.
Cuchillo. Acá la cosa se pone sucia. Mejor llevar impermeable y botas de lluvia, pero si justo es un día de sol radiante se pueden levantar sospechas. Además, ¿qué clase de cuchillo conviene? En mi casa lo que podés encontrar son Tramontina a serruchito (los usé para matar en un cuento, literariamente, claro, muy lindo), ¿y cuántas veces tenés que acuchillar a una persona con un Tramontina a cuchillito para que finalmente muera? Porque si no cortás de entrada una arteria o le das a un órgano vital, la cosa se puede poner larga. A lo mejor te conviene un cuchillo con filo estilo cirujano, pero ahí tenés que saber algo de anatomía, para darle a la carótida, la yugular o el sistema parasimpático de una, ¿no? Porque pensá que si tardás mucho el tipo o la tipa se te agarran, te suplican, te salpican, y a mí hasta me pueden sacar el cuchillo en un descuido, te repito que no tengo fuerza ni para levantar dos gaseosas juntas. Fama de floja tuve siempre, si te digo que mi mayor ejercicio es elongación y ejercitación de dedos sobre teclado de computadora (los diez, ¿eh?). Veneno. Eso, con el veneno no hace falta fuerza, sino astucia. Pero volvemos al tema del arma. ¿Dónde lo compro? Ok, pongamos algo sencillo, veneno para ratas de alguna ferretería. Yo no tengo veneno para ratas en casa por los chicos, ¿viste? Y porque no tengo ratas. Sólo tuve veneno para cochinilla, que es un bichito asqueroso que te llena el jazmín, y al final lo tiré porque tiene un olor fuertísimo. Al veneno hay que saber disfrazarlo, te digo. Yo no sé cómo hacía la Murano para ponerlo en el té y que nadie se diera cuenta. Para mí que el gusto tiene que ser distinto. Y además implica un acercamiento con la persona que tal vez no puedas realizar. Si querés matar al que te rayó el auto, por ejemplo, difícilmente lo invites a tomar el té. Y con sustancias radioactivas yo no me meto porque de eso hay que saber. O lo que podés hacer es meter veneno en dosis bajísimas (¿te acordás de "Sexto Sentido", la mamá que va matando a sus nenas?), pero ahí tenés que tener una relación de larga data con la víctima. Eso lo podés usar con un familiar más que nada. Una gotita de estricnina hoy, otra mañana, y encima que seguro lo hacés mal y terminás inmunizándolo, y a vos te sale una alergia de la gran siete por el contacto. Lo veo difícil... Gas. Volvemos a lo de la almohada. La persona tendría que estar durmiendo o inconciente (y ya viste que a mí lo físico no me va, seguro que quiero darle un martillazo a alguien y me lastimo), y con el gas podés hacer volar la cuadra entera y matar gente que no pensabas matar aquél día. Es peligroso. Lo mismo con la electricidad. Si vas a electrocutar a alguien en la bañadera, por ejemplo, lanzándole el secador de pelo, pasa lo mismo que con A, B y C: entrar a su casa, el contacto, verlo desnudo/a (y a lo mejor la cosa toma otro camino, quién sabe...) y además puede ser que planificaste todo pero el cable del secador de pelo no llega a la bañadera. Otra: tirarle el auto encima. No tengo auto. Manejo, sí, pero el auto de mi vieja, y se va a enojar cuando vea que se lo choqué y no me lo va a prestar más ¿y con qué salgo yo todos los días, eh? ¿Con qué llevo a los chicos a sus actividades o los cumpleaños?
Es por eso que yo creo que los asesinos deben saber algo que yo no sé. Tal vez falté a la escuela el día que lo explicaron. A lo mejor, esta dificultad es la que me lleva por el buen camino. Podría ser... Ponelo como tesis: no soy asesina no porque sea parte de mis principios morales, sino porque no tengo acceso a los medios necesarios. Y acá me podés decir que puedo armar una bomba buscando en Internet y usando dentífrico y manteca, pero no me parece elegante preparar una bomba con Odolito, ¿sabés? Y la manteca barata que compro, lo que menos tiene es manteca.
Así que aquí estamos. Voy por la vida sin matar a nadie. Perdón, me corrijo. Sin matar a alguien en la vida real. Porque en la literatura me he dado algunos gustitos. Y está bien que pueda dármelos. Porque un asesinato literario no se le niega a nadie. Y un asesinato real, estoy segura, debe ser re-re-difícil. Para profesionales, pienso yo. Gente que estudió para eso. Y si además esperás que no te agarren ah... eso es otro precio. Ahí hasta tenés que ponerte una redecilla en la cabeza porque con un pelo te hacen el ADN. Y yo no uso siquiera hebillas, el pelo corto y suelto siempre. Así que no sé... supongo que la única manera en que puedo asesinar a alguien es si tengo un ataque y me sale toda la fuerza bruta, y ni me doy cuenta, y por suerte declaran que no estaba enmis cabales, algo pasional. Claro que si no voy a la cárcel tampoco voy a aprender dónde comprar un arma para la próxima vez. Con lo cual y para resumir, la cosa se convierte en un círculo vicioso: no matás porque no sabés cómo, y como no sabés cómo tampoco aprendés. No sé si me entendieron. Pero lo que quería decir era lo del título, que para mí, matar a alguien, debe ser re-re-difícil. Ah, y dicen que está mal.