25 abril 2006

VIDI, VINI, VINCI

Allí estuve.
Las adquisiones de este año son:
"Felicidad" de Will Ferguson, Emecé. $8.-
"Las correcciones", de Jonathan Franzen, Seix Barral, $8.-
"Pandora en el Congo", de Albert Sánchez Piñol, Suma de Letras, $31.- (con descuento por autora)
Para los niños:
"Ajedrez para chicos", de Tito Gurbanov, Colihue $8,50.- (con descuento por autora)
"Solomán", de Ramón García Domínguez, Norma $9,90.-
"Érase una vez un Reptar", de la serie Rugrats, Norma $6.-
Extra interesante:
2 dibujos 2 de Ciruelo, autografiados para mis niños, más stickers con sus dragones, $15.-
A los costos hay que sumarle: lágrima con medialuna, $4,50.- Estacionamiento: $22 (si ya sé, un despropósito, pero después de caminar 5 horas y 18 minutos según el ticket, si no tenía el auto ahí, me suicidaba). Entrada gratuita.
Me quedé con las ganas de:
"Deber de memoria", conversaciones con Primo Levi. El único stand que lo tenía, lo tenía, ¡pero no sabían dónde!
Alguno de Ishiguri (después de haber leído "Nunca me abandones"), pero no me decidí.
"Una palabra tuya", de Elvira Lindo. La editorial no lo tenía, así que ni lo pude hojear.
"Una mujer en Berlín", Anónimo, Anagrama. ¡¡¡$62.-!!! Fuera de mi alcance.
"Kitchen" de Banana nosécuánto. No me decidí.
Un libro de bijouterie que costaba $57.- Sí, sí... yo hago bijou, sólo para mí. Un buen equilibrio entre trabajo intelectual y manual.
Comentarios sobre nada:
Es increíble la rapidez con la que un libro pasa de recién editado a mesa de saldo. Los entendidos recordarán que "Las correcciones" era un libro caro, por ejemplo.
Casi toda la colección "Lengua franca" de Emecé, lindos libros, lindas tapas, uno de sus aciertos fue "El chofer que quería ser Dios" del sabra Etgar Keret (ese no está en oferta) también están en la mesa de saldos. De allí rescaté "Felicidad". Esto me hace recordar a algo que contó Ana María Shúa en una nota, que algunas editoriales reciclan el papel de las obras que no vendieron cierto número de ejemplares lo cual, para muchos escritores, puede ser mejor que terminar como saldos. Ecología sí, saldo no.
Hablando de esto me resulta llamativo el caso de Samanta Schweblin (a quien no conozco). Recuerdo que cuando salió su libro de cuentos "El núcleo del disturbio" aparecieron un par de críticas elogiosas. La niña tiene diez años menos que yo, y admito que corrió cierta envidia por mis venas, ya que ella lograba publicar un libro, y encima de cuentos. Creo, no tengo la menor idea de lo que hablo, por lo cual puedo estar cien por ciento equivocada, que pertenece a algún taller literario, o a algún grupo literario que la ayudó a entrar. Porque no me cabe la más mínima duda de que si fuera una total desconocida, no hubiera logrado siquiera que leyeran su libro. Bien, no compré el libro cuando salió, lo compré el año pasado en la feria del libro infantil, y a $6.- Leí un par de cuentos y lo abandoné. Para mí gusto, demsiada "experimentación" y poca historia. Hoy sigue estando en la mesa de saldos al mismo precio. Entonces... ¿por qué se la sigue citando entre los nuevos escritores, se la publica en antologías, si su libro no vendió? En fin... me debe motivar cierto resentimiento producto de mi vejez.
En definitiva, hay buenas ofertas en la feria. Si a uno le gusta caminar, se encuentran cosas interesantes. Lo demás es lo de siempre. Me desdigo entonces con que no deberían estar las librerías en la feria, ya que son ellas las que traen las ofertas.
No pude visitar los stands de Israel ni de la AMIA, siempre me olvido del shabbat yo. Me van a excomulgar.
Hace varios años que, tanto en la feria grande como en la infantil, va una librería que hace papel artesanal y que, entre otras cosas (nunca libros) vende, ¡figuritas con brillantina! De las que juntaba yo. La serie bebés, la serie animalitos, la serie Navidad, ¿alguien se acuerda? Yo le compré varias veces. Las uso para decoupage (sí, también pinto adornos y reciclo muebles). Me quedé hablando con el dueño. Me contó que las figuritas tienen 50 años de antigüedad, que le quedaron de la época en que las importaba. También me mostró calcomanías al agua que se ponían en las cerámicas. Mi abuela tenía.
Estaban firmado: 2 pobres señoras que bien podrían estar tomando un té en Recoleta, en el stand de la SADE, Graciela Montes y la brasilera Ana María Machado. Ciruelo. Y me había prometido que si lo encontraba a Divinsky, a quien nunca vi ni conozco personalmente, le iba a hablar por mi libro de cuentos para adultos. ¿Y quién estaba en De la Flor? ¡Divinsky! Y no, no le hablé.
Tal vez regrese. Quién sabe. La Feria del libro es para mí como la juguetería para mis hijos. Uno sabe que por allí anda el juguete soñado. Sólo hay que saber encontrarlo.

19 abril 2006

CRÓNICAS DE LA GRAN FERIA

Se viene la feria del libro... qué embole... Pensar que era tan linda la feria. Creo que comencé a frecuentarla cuando tenía unos 10 ó 12 años, y desde entonces nunca falté. Iba con mi tía Martita, la doctora, gran lectora y con hermosa biblioteca. Al principio la recorríamos juntas, claro está. Cuando crecí y mis intereses iban por el lado de la ciencia-ficción, y los de ella por el ensayo histórico y psicológico, nos separábamos y quedábamos en encontrarnos a una hora para compartir coca con tostado y novedades. Ahora voy sola. La feria es un paseo pero no para hacerlo acompañado. No podés estar conversando y mirando libros. Y además no hay dos personas a las que le interese lo mismo y se paren la misma cantidad de tiempo frente a cada mesa. Y si uno se encuentra con alguien interesante, estar solo permite compartir un tiempo a elección, que puede incluir un café, una conversación rápida y a pie, una invitación para otro día, un encuentro en un hotel cercano, o la promesa de que leerán tu original. Uno nunca sabe. A mí me enseñaron que el 50% del éxito personal depende de los contactos. Sin contactos no llegás a nada, me dijeron en mi casa. Así que allí voy yo, con la esperanza del contacto que, hasta ahora, tengo que admitirlo, nunca pasó de la conversación rápida y a pie, y de la invitación al hotel que no acepté.
Cambiendo de tema, nunca logré superar la mudanza de la feria del Predio Municipal de Exposiciones, a la Rural. En el primero yo sabía dónde estaba cada editorial. Tenía mi camino trazado. Podía ir y volver como si estuviera en mi casa. El de ahora no termino de conocerlo. A mí me gustan las manzanas perfectas, ir caminando por una callecita, dar la vuelta y terminar en el mismo lugar, y aquí eso no pasa. Una especie de Parque Chas literario hicieron, aunque no conozco Parque Chas.
Además me pone tan mal la feria, tan depre, tan perdida. El primer sentimiento que me acogota es el de preguntarme para qué, por qué y bajo qué pretexto puedo seguir escribiendo con tanto millón de libros como testigo. ¿Qué no se ha dicho? ¿Cada uno de esos libros han encontrado un lector? ¿Cada uno de esos escritores creyó que realmente tenía algo para decir y que era importante. Que a alguien le iba a interesar? La sensación, por suerte, comienza a evaporarse al salir de la feria, y disminuye notablemente a lo largo de las siguientes semanas, hasta que uno vuelve a escribir porque así se lo piden las tripas, y sabe que hasta dentro de un año podrá sentirse único, importante, y con algo para decir.
Está mal hecha la feria, digo yo, pero a mí nadie me ha consultado. ¿Saben que una vez participé de una mesa redonda, pero alargada? Sé que no viene al caso pero acabo de acordarme. El tema era "Por qué los chicos no leen", o "Estimulación para la lectura" o alguno de esos títulos importantes que se les ocurren a los pedagogos, y me llamaron a mí porque habían pedido a Editorial Colihue algún ganador de premio literario, y justamente la última era yo. Me sentí importante, para qué negarlo. Estaban Marcelo Birmajer, Marcelo Di Marco, Cáceres y el que tiene la Biblioteca de la Nube que ahora no recuerdo cómo se llama. Yo llevé lo mío escrito (lo subí acá en alguna oportunidad) y la gente se rió cuando tenía que reírse y me aplaudieron cuando no era necesario aplaudir. Mirá vos. También me acuerdo que Birmajer me pasaba papelitos por debajo de la mesa que no me acuerdo que decían, y que mi reciente novio (actual esposo) lo vio, y desde entonces odia a Birmajer. Y que un par de meses después, me llegó una carta de la feria informándome que podía pasar a retirar mis viáticos, que ni sabía que existían. Cien pesos creo que cobré. No me volvieron a llamar.
Pero volviendo a lo que decía, está mal hecha la feria. A la feria no debería presentarse ninguna librería. Nada de Yenny, ni Distal, ni Hernández ni nada de eso. Editoriales sí, embajadas también. Y todo libro que no, repito, no se encuentre en librerías. Tendrían que estar prohibidos los best-sellers y las últimas, ponele... cuarenta novedades. Porque para eso están las librerías que son mucho más tranquilas y hasta tienen silloncitos para leer ahí nomás. Yo en la feria quiero encontrar lo diferente, lo raro, lo original, lo olvidado, lo agotado. No quiero sentir que entro a una graaaan librería, y que enseguida me atacan las ofertas con el Sí de las Niñas a la cabeza. Quiero que, justamente, me ofrezcan lo que no puede ofrecer una librería. Pero como les digo, a mí nadie me pidió opinión ni me volvieron a llamar para una mesa redonda.
Qué embole la feria... ¿no? Tan agotadora. Con tanto para caminar. Con tanta gente. Con tanto escolar a la caza de señaladores gratis. Si lo sabré yo, que en la feria infantil he firmado todo tipo de papelitos... Creo que con cinco firmas mías conseguís una de Shúa o de Schujer, que están cerca en el diccionario. Pero no sirve ninguna firma mía para una de Bornemann o Walsh. Gajes del oficio y del arte del intercambio.
Y sin embargo no puedo dejar de ir. ¿Y si justo no voy y en mi destino estaba escrito que me encontraría con un editor? ¿Y si no voy y justo ahí está el libro de mi vida? ¿Y si no voy y justo me están haciendo un homenaje por los diez mil libros vendidos? ¿Y si no voy y se oferta la feria entera con 40% de descuento? ¿Y si no voy y pasa algo interesante? ¿Y si no voy y me quedo en casa y miro una película en DVD? No, tengo que ir.
Otro gran problema que me provoca la feria, no menor en absoluto, es qué me pongo. Es difícil vestirse para la feria. Porque afuera empezó el frío pero adentro te morís de calor. Lo ideal serían jogging y zapatillas, pero no podés aparecerte así al gran editor. Y ya sabemos que con zapatos-zapatos no duro más de dos horas de caminata forzada. Así que unas zapatillas medio de salir, de las de ahora. Y una remera blanca, porque con las luces monstruosas de las mesas trasnpirás hasta la desesperación. Y jean, de eso no hay duda. ¿Quién me ha visto a mí en otra cosa que no sean jeans? Remera manga 3/4, cosa que no sea de verano-verano, pero tampoco te asfixie. Sin abrigo. Total estaciono en el estacionamiento aunque cueste un libro y medio. Y la cartera es otro tema. Que no joda como para poder hojear los libros tranquila. Que no pese. Que no se preste al robo rápido. ¿Y los libros que voy a comprar? ¿Los llevo en bolsita o mejor los guardo en una mochila? Tendría que haber un sistema como en los parques yanquees, que alquilás un locker y te llevan las compras ahí. Eso no se les ocurrió. Si alguien invierte, yo tengo la idea.
A la feria voy con plata o no voy. Ahora que recuerdo creo que en el ´02 falté, por primera vez, porque no tenía un mango (quién tenía un mango entonces...) Cuando tenía 12 años y mensualidad podía comprarme unos 15 libros de un tirón, muchos de los cuales no leí en mi puta vida. Ahora con comprar entre 3 y 5 me considero más que satisfecha. En general me voy con alguna idea, con una lista, y luego dejo que los títulos me seduzcan. Aunque es raro que compre algo de lo cual no tengo la más mínima idea, a menos que se trate de una oferta. Este año tengo anotados "La biblioteca de noche" (que creo que todavía no salió y no sé si se escribió), "Principiantes", "Cuentos completos de Grace Paley", "Una palabra tuya", "Todo está iluminado", "Una mujer en Berlín", "El signo del gato", "El buen nombre", "Deber de memoria", "Pandora en el Congo", "Estaciones de paso", y para los chicos "Óyeme con los ojos", "Soloman". A los chicos les prometo uno para cada uno. Tampoco la pavada. Claro que no podré comprar todo eso. Voy, miro, hojeo, comparo precios, pido descuentos, elijo.
Tema aparte es el de firmar en la feria. Yo he firmado. Más bien me he sentado esperando firmar, y alguna que otra vez firmé. Ahora ya no me llaman para la feria grande, y soy número puesto en la feria infantil. Una vez hasta estuve en el stand de las provincias (¿o era el de la SADE?), con mi primer libro que lo editó una mutual para recaudar fondos. ¿Vieron esos stands en los que firman sobre todo poetas y malos cuentitas muy muy viejos y muy desconcidos? ¿Y que la gente pasa y los mira y les provoca una cosa así medio de patetismo? Ahí estuve. Unos veinte minutos, rodeada de alguna poetisa con el pelo platinado y mucho spray, y algún poeta jubilado con pajarita al cuello. Veinte minutos, y agarré mis libros y me fui, muerta de vergüenza. Después firmé con algo más de clase, en Albatros, en Colihue y en Alfaguara, por supuesto.
Y ahora vamos a algo importante en serio. Jamás, bajo ninguna circunstancia ni pretexto, uno debe conocer a un escritor que le gusta. Que le gusta como escribe. Porque si te gusta el tipo -o la tipa- pero no te interesa su literatura, tenés vía libre y mucha suerte. Pero no, si te gusta como escribe, si lo leíste toda tu vida, si lo admirás, si pensaste en ser como él/ella, si esperás con ansias su próximo libro, NO-LO-CO-NOZ-CAS, aunque esté ahí en la feria, al alcance de la mano, de la firma, de la mesa redonda, de la charla. No te acerques. No provoques conversación, no estimules ningún tipo de intercambio, so pena de perder para siempre el placer de sus letras. Miren qué lindo me salió escrito. Y lo digo en serio, con la experiencia que me dio la vida. Yo he conocido escritores. Y a muchos de ellos no pude volver a leerlos. Hay una categoría de escritor, ponele los de 55 para arriba, a los que atraigo vaya uno a saber por qué, y me han hecho proposiciones del todo indecentes. Los escritores, esos de 55 para arriba, creen que toda lectora es una potencial amante de una noche. Están convencidos de que las mujeres ven en ellos a un objeto-sexual-literario irresistible. Se lo creen en serio. Y hacia allí enfilan sus encantos. Primero te firman un libro, después te agarran del brazo, y terminás no sabés cómo en su casa oscura y con olor a humedad y en general con una linda biblioteca. Yo zafé hasta ahora. Pero luego... ¿cómo volvés a leerlos? Uno de ellos, luego de la embestida y mi susto, me preguntó... "¿qué le vas a decir a tus papás?", Y yo, menor de edad e inocente aún le respondí: "¿qué les voy a decir, que sos un viejo verde?". Los que no intentan acostarse con vos pueden ser: 1) decididamente antipáticos, pedantes, y soberbios (y escriben humor); 2) pelotudos al máximo (y escriben interesante); 3) borrachos (¡y escriben para chicos!); 4) gente que te ningunea porque no estás a su nivel (y tienen lindas obras coloquiales). No, no conozcan a los escritores. Así como yo no fui a la charla que dio Bradbury, aunque quería. Y no me acerco, no voy, no hablo, no miro. Y tendré que conformarme con creer que los conozco a través de sus libros. Y la verdad, así debe ser. La feria es, en ese caso, un gran engaño. Lo del "autor al lector" no se lo crean, no caigan bajo ese hipnotismo, no se pierdan.
Así que por allí estaré. Un viernes seguro. Caminando la feria. Sola. En jeans, zapatillas, remera blanca, mochila o cartera. Con unos $100 en la billetera. Entrada gratuita para personas con discapacidad. Qué embole... Qué embole... Qué felicidad...

11 abril 2006

AUTOENTREVISTA ALGO LAMENTABLE

-¿Vos viste cuándo subiste el último post?
-Esperá... el 3 de abril.
-¿Y te pensás que esto se mantiene solo?
-Me gustaría. Resumo mis ideas, mi personalidad, mi humor, mi estilo, y dos veces a la semana, en forma automática, se sube un post que dice justo lo que yo quisiera decir.
-Se nota que nunca laburaste mucho vos.
-Esto no es trabajo. Por lo menos todavía no ví un mango.
-Bueno... aunque sea dame una buena excusa por haber faltado tanto tiempo.
-¡Tengo una! ¡Señorita, señorita, tengo una buena excusa!
-Dale.
-No pude estudiar porque las cosas están mal en mi casa, y tuve que buscarme un trabajo.
-¿¿¿Qué???
-Ah, perdón, esa es la que usé en quinto año, en italiano.
-¿Te sirvió?
-Fantástico. Otra chica dijo que se había muerto la mamá, y a la semana siguiente la profe y la vieja se encontraron en la escuela. Hay que tener cerebro para inventar excusas.
-¿De qué se supone que trabajabas, si te preguntaban?
-Cuidaba chicos.
-¿Y ahora estuviste cuidando chicos?
-Ahora los cuido, los crío, los educo, los llevo, los traigo, los limpio, los alimento, y tampoco me pagan. Ni tengo más italiano.
-¿Me-de-cís-qué-es-tu-vis-te-ha-cien-do?
-Lo terminé.
-¿Lo terminaste?
-Lo terminé.
-¡Lo terminaste! Te felicito.
-Gracias. ¿Viste que era una buena excusa?
-Viniendo de vos, que termina un libro sólo entre embarazos, es fantástica. ¿Pensás tener otro hijo ahora?
-No, eso no está planeado por el momento.
-Bien... lo terminaste...
-Lo terminé.
-¿Y qué se siente?
-Libertad. Placer. Satisfacción. Tranquilidad. Es como después de un orgasmo. Te dan ganas de ir a tomar un café y hablar de lo lindo que fue.
-¿Diez cuentos, como siempre?
-Diez cuentos. Mi número fetiche.
-Vos no tenés fetiches. Ni cábalas. Ni mufas. No creés en nada, vos.
-Ya lo sé. Pero diez es un lindo número redondo, y queda lindo eso de los fetiches. Como la Allende que dice que al empezar a escribir prende una vela y no termina hasta que se haya consumido. Debe tener genes judíos esa mujer.
-¿Eso qué tiene que ver?
-¿Viste que los judíos prendemos las velas pero tenemos que dejar que se acaben solas? Por eso te digo...
-Decís cualquier pavada vos. Mejor hablame del libro.
-Ahora viene la parte miserable de tener que publicarlo. Volver a pagar el derecho de piso, todas esas cosas. Pero no creo que haya demasiados problemas porque no es para adultos, como el anterior, es para chicos, y sobre lo probado.
-¿Sobre qué?
-Volví a escribir sobre computadoras.
-No es muy de vos segundas partes...
-Es verdad. Termino un tema y listo, no vuelvo al mismo. Pero el otro libro lo escribí hace diez años, me engancharon cosas nuevas de la informática que antes ni existían. "Nunca confíes en una computadora" lo escribí cuando todavía no se usaba Internet en la Argentina. Es un dinosaurio.
-¿Tenés el título?
-Claro que lo tengo. Está bueno. Al estilo de "Nunca confíes..." Pero hasta que no lo registre... Ronda tanto escritor buitre por acá... Y además viste que a mí me gusta hacerle todo lo otro.
-¿Qué es todo lo otro?
-Soy algo infantil con esto... me gusta armar la tapa con algún dibujo, y elegir las letras para los títulos. El armado, ¿viste? Después la gente de la editorial le saca todo, por supuesto, pero yo lo presento así, con carátula y dibujitos.
-Estás en tercer grado, vos... Te pregunto algo que acostumbran preguntar los chicos cuando visitás escuelas. ¿Cuándo considerás que ya está terminado?
-Ah... (pose interesante). Es difícil eso, es difícil... Uno corrige y corrige, hasta que te das cuenta de que si seguís corrigiendo el cuento empieza a mutar en algo extraño, que no era lo que querías decir al principio. Ahí hay que parar. Después, cuando ves la edición impresa, aparecen un montón de cosas que te preguntás cómo no las viste antes. Pero en general nada grave. Es intuición, ¿viste? Algo te dice que el cuento ya está.
-Te llevó tiempo este libro?
-No más que lo normal... Un libro me lleva más o menos un año de trabajo. Quedan muchos cuentos e ideas por el camino. Además pensá que yo venía bastante depre por no haber podido publicar el otro de libros para adultos (todavía sigo en eso), y volver a escribir fue toda una tarea de autosuperación, para decirlo a un estilo Coelho. Tal vez por eso regresé a lo que me gusta y sé.
-Interesante, muy interesante...
-Y otra cosa... también quedás algo vacía cuando terminás un libro... como que no sabés qué decir, empezás a buscar con qué idea o proyecto entusiasmarte. Por eso tampoco no escribí en el blog... porque no tenía qué escribir.
-Y supongo que por eso este ejercicio lamentable de autoentrevista.
-Y sí... como para que no pase mucho tiempo sin material nuevo, ¿viste? No es terrible...
-Ok... eso que lo digan los lectores. ¿Y ahora qué sigue? ¿Algún proyecto nuevo?
-No sé... está la idea esa que apareció por una frase de Paul Auster, pero es para adultos y novela, algo que todavía nunca hice y no sé si voy a poder... Y además quiero escribir cuentos cortos y para chicos más chicos, de esos que se publican de a uno. Y estaba lo de Tadeo, que lo abandoné, y el otro libro de monstruos escolares, que me sigue pareciendo bueno... Vamos a ver... Quién sabe...
-Hagas lo que hagas, no te olvides del blog. Porque estás a punto de llevártelo a marzo.
-¿Viste? Te juro que yo me esforcé lo más que pude, que doy todo de mí, pero a veces no sé... a lo mejor me olvidé de estudiar algo...
-Ay Verónica... tu primer cuatro...
-¿Vos creés que me causa gracia? ¡Si nunca me llevé una materia! Son esos
hijos de puta que no sé qué hacen con los blogs, ¿los examinan?, los que me pusieron un cuatro. Por lo menos vení a decírmelo a la cara, que me lo expliquen, ¿viste? Se deben creer unos vivos bárbaros, deben tener alma de profesora frustrada de secundario. Pero qué puedo hacer...
-Y... subir algo más interesante.
-Claro, para vos tan fácil. A ver, sentate y escribí algo que me interese todo los días, y después vemos qué nota te sacaste. Así cualquiera...
-Bueno, voy terminando... Muy interesante la conversación. Cuando no sabés qué subir al blog, bien que te salís con estas huevadas.
-Muchas gracias. A mí también me gustó conversar con vos. Ahora me voy a imprimir las copias del libro. Así que sigo ocupada. Un gusto.

03 abril 2006

TEN CUIDADO CON LO QUE DESEAS...

Ay... ay... mirá qué emocionada que estoy, que se me incendian las mejillas, me tiemblan las manos, me re duele el brazo derecho, pero eso seguro que es porque ayer jugué tenis después de 14 años, no por la emoción. Tanto desearlo uno... tanto rezarle a San Tecnología y prenderle un chip cada noche... Es como tener un bebé, me parece. Lo querés, lo querés, y en cuanto lo tenés, lo mandás a la nursery a dormir para que no te moleste. Es mi bebé, sí, grande y plateado y tan feo. Sobre todo sobre la cómoda de campo y los adornos patinados en cobre. Pobrecito, tan deseado y tan feo. Lo importante es que ahora voy a saber qué pasa en el mundo, ¿viste?, porque antes estaba como perdida. Y ahora no, ahora lo encontré a él que me va a decir todo todo lo que pasa y chupate esa mandarina, re informada voy a estar. Lástima que me da la información a las 7 de la mañana, que es cuando llevo a los chicos a la escuela. O a las 12, que es cuando los busco y hago el almuerzo. O a las 20, la cena. O a las 24, que hace rato que estoy durmiendo. Igual hoy miré un ratito, mientras iba y venía peleando con guardapolvos. Y es medio raro, ¿me entendés? Ellos hablan y hablan y nada, y de pronto te aparece todo junto, tan rápido que ni podés leer y con unas faltas de tecleado o de ortografía que te quitan la alegría, ¿viste? Porque a mí me caen tan mal las faltas de ortografía... Y con las faltas de tecleado la cosa también anda medio extraña, porque hay palabras que tenés que tomarte un tiempo para comprenderlas, para saber qué corno están diciendo. Debe ser por eso que somos tan inteligentes. Porque entre leer labios, descifrar subtítulos, y armarte la trama completa con sólo dos palabras, se te desarrolla el cerebro, ¿me entendés?. También me da un par de novelas, el pobre. Pero yo soy de programas pogres, ¿viste? De otro tipo de series. Un humor más inglés es el mío, ¿entendés? Además, a los chicos les gustó tanto (a ellos no les importa que no haga juego con los muebles, viste qué divinos, qué inocentes), que se instalaron en mi cuarto y ahora creen que es de ellos, tan grande, tan plano. Y no, es mío mío y mío. Fue un regalo para mí, y tuve que entregar a cambio el viejo y fiel que me acompañó tantos años pero no me informaba, no le importaba si yo sabía o no. En fin... aquí está... ¡TENGO UN TELEVISOR CON CLOSED CAPTION!