30 noviembre 2006

QUÉ HAGO CUANDO NO PUBLICO

Fíjese usted que el título encierra una trampa, señor. No estoy diciendo "qué hago cuando no escribo", no, no, no. A lo que me refiero es a "qué hago cuando no publico", que es algo parecido pero tan diferente, ¿me entiende? Lo que pasó es lo siguiente, le explico: estaba en una fiesta familiar, un cumpleaños, le digo, y de pronto un familiar al que sólo veo en las reuniones familiares de esa parte de la familia, me preguntó, con un tono no exento de cierta despreocupación (pero eso es algo mío, ¿sabe?): ¿seguís escribiendo? Eso me preguntó.Me preguntó ¿seguís escribiendo? tal como podría haberme preguntado cómo ando de salud, o si sigo alguna telenovela, o si tengo bebida. Yo dudé. Estoy bien de salud, sigo tosiendo por lo de la cirugía, gracias. No, no miro televisión abierta, sólo cable. Sí, me serví coca-light. Sí, sigo escribiendo. Por supuesto. No he dejado de escribir."Ah..." dijo mi familiar. Y dijo "ah..." como podría haber dicho: es verdad, hace calor. O: en realidad no me interesa para nada. O: yo pensé que no escribías más, para lo que valía... Y agregó: "como no volviste a publicar..." Entonces supe que acababan de matarme. No dulcemente. No por amor. Ni siquiera por interés. Acababan de ningunearme, perdóneme la invención. No publico, no existo. Y si no publico, ¿escribo? Ahora bien, se preguntará usted, y con justa razón, ¿tanto me traumatizó la pregunta, que hasta se merece un post? Sí, fíjese usted cómo son las cosas. Uno concurre a un cumpleaños infantil, dispuesto a atiborrarse de panchos y torta de chocolinas, con la única preocupación de que sus hijos no reciban una descarga de electricidad estática en el pelotero plástico, y sale de allí con una duda existencial, con un embrión de angustia enquistado en el pecho, con una pregunta que hasta entonces no se hacía. Sí, le expliqué a mi familiar. Sigo escribiendo. No he publicado. Sí he presentado a editoriales. Sí tengo proyectos en ciernes. Sí, sí, y sí.Estaba por dormirme, en esa breve frontera entre la vigilia y el sueño, cuando un pensamiento me provocó un espasmo muscular a la altura de la conciencia. ¿Qué hice yo en todos estos años en que no publiqué? Por un segundo lo creí: no había hecho nada. Me había olvidado que escribir era lo que me gustaba, y me había dedicado a otra cosa. Sin embargo algo había hecho cada día frente a la computadora, además de conectarme a Internet. Pero entonces... ¿por qué no había publicado? Me senté. Traté de tranquilizar mi respiración. Y pensé. Tuve que defenderme, explicármelo, justificarme. ¿Hace cuánto que no se publica un libro mío? ¿Tres años, cuatro, seis? ¿Y por qué? Veamos... escribí un libro antes de casarme y se publicó. Luego tuve un hijo. Escribí otro libro. Se publicó. Tuve otro hijo. Podría haber continuado con ese juego pero los hijos son caros y dan más trabajo que los libros. Escribí otro libro más con el menor en el cochecito y el mayor en el jardín. Se publicó. Y luego nada. Silencio de radio. Luego cuentos para antologías (oh, sí, claro, un solo cuento, ¡cuánto trabajo!). Otros cuentos. Nada importante. ¡Ahora recuerdo! Una novela para chicos. Muy mala. Pero en ese momento no me dí cuenta y quería escribirla. Ver si tenía la materia que hace falta para escribir novela (no, no la tenía). No se publicó, menos mal. ¿Y después? ¿Solo mamaderas y pañales? Y sí... ¿quién los va a criar si no a los chicos? Pero no... algo más hubo, algo recuerdo... Un libro de cuentos... ¡para adultos! ¡Qué placer escribirlo! Todavía me gusta, sí, lo leo y hay algo allí que vale la pena. Llevo dos años intentando publicarlo. Todo un trabajo. Hablar con las editoriales, preparar el material, enviarlo, esperar respuesta, resucitar luego del suicido por rechazo, y volver a intentarlo. Dos años... Y espere, espere... hay algo más... ¡otro libro! Sí, casi puedo olerlo, palparlo, verlo... "Veinticuatro horas sin computadora" Hace cinco meses que está en la editorial. Cinco meses... sabe usted. Yo no sé si hay escritores que consiguen que, por nombre o fama o ventas, les den una respuesta prioritaria, que lean sus originales con ansias, con agradecimiento, mire lo que le digo, por entregar su material a esa editorial, pero sepa que no pasa conmigo. Esa no soy yo, ya lo sabe usted. ¿Y qué más? ¿Qué más..? Ah... está ese proyecto en el que trabajo un poquito cada tanto, y ese otro en el que trabajo un poco más, y ese de más allá que dejé porque me enredé y me estoy desovillando de a poquito, y ese otro que todavía sigue en el proceso de interconexión neuronal, mire lo que le digo. O proceso de la ducha, podría llamarlo, porque yo pienso mucho en la ducha, armo mucho de mi material mientras me baño. Así que sí he hecho algo, aunque "no me publiquen". Lo que pasa es que ahora, en plena era marketinera, perdóneme si la palabra no existe; en plena era comercial, si lo quiere más sencillo, en donde se busca desesperadamente los cinco minutos de fama y los quinientos ejemplares vendidos; en plena era mediática, en la que si usted no aparece no existe, claro, yo entiendo, publicar es no ser, ¿no le parece? ¿No cree usted? Ya pasaron los días en que se podía uno sentirse escritor con un solo libro -que lo enorgulleciera- en toda su vida. Un solo libro, ¿me lo cree? Pero ahora no. Ahora hay que publicar uno por año, por qué no dos, para ser. Porque además cada libro sale tan rápidamente de la línea de ventas, su paso es tan fugaz por las librerías, que pronto hay que tener preparado otro. Es como si uno tuviera un hijo, que de eso un poquito sé, y enseguida se aburre, o el chico no aprende, no nos salió como lo deseábamos, se enferma seguido en invierno o la maestra lo reta mucho, puede ser, y hay que tener otro para tener algo nuevo. Para hacerlo mejor. Así son la cosas, le cuento. No publiqué hace... ¿dos, cuatro, siete años? y ya fui. Lo entiendo. Pero quería decirle que sigo escribiendo. Porque no puedo hacer otra cosa. A mi edad quién me va a tomar para ser administrativa, póngale, o médica residente, o detective forense, por citar alguna otra carrera. No... a mi edad ya no. Por eso sigo haciendo lo que amo, de corazón, vea usted qué cursi, con lo poco que me gusta a mí la cursilería, y publico poco porque nunca entré bien al mercado. No aprendí esa parte como correspondía. Ni siquiera tengo amigos escritores. Ni pertenezco a un grupo. Ni me codeo con editores. Ni me invitan a los premios. Ni nada de nada, ¿vio? Yo simplemente escribo, en mi casa, rodeada por el ruido de mis chicos, mientras hago la comida o ayudo con cuentas o grito porque dijeron una mala palabra. Eso hago, ¿me entiende? Así que sí, yo creo que puedo decirlo: sigo escribiendo aunque no publique, ¿me entiende usted?

19 comentarios:

Mumimamá dijo...

No sé si te sirve, pero estoy esperando que mi hijo crezca para leerle tus libros...

Alicia R. dijo...

Por un lado entiendo lo desgastante del proceso de intentar publicar y los inevitables momentos de desaliento, pero por otra me parece que la gente tiene fantasías diversas acerca de las ocupaciones que no conocen y la pregunta que te hicieron habla más de la ignorancia del que la hizo que de tu propia valía.
Por ahí en lugar de decirte "este tiempo está loco" trató de hablarte de "tu tema". Que sé yo...hay cada tarado dando vueltas.

litelaria dijo...

Te felicito por el blog. Te paso el nuestro.
ltelaria.blogspot.com
Sería lindo que lo vieras y si te gusta participaras

M.Cúparo dijo...

Ja, y pensar que hace un tiempo decías (O Verónica, el personaje) que te andaba haciendo falta una obsesión.

Verónica Sukaczer dijo...

Sí Mumi sí, me encantó! :-) Mil gracias.

Gracias al resto por acompañarme en mis nuevas obsesiones (mi obsesión principal sigue siendo la falta de plata)

Y please, yo sé que cuando un texto está bien escrito no hacen falta las aclaraciones. Con lo cual el error literario debe ser mío. Pero también es un juego. Es verdad que a veces me voy para la autobiografía, utilizo experiencias personales en forma literaria, pero siempre lo hago usando la sátira. Es decir que lo que escribo no es lo que me pasa y siento. No soy yo. La verdadera yo mide 1,75, pesa 55 kilos, ojos verdes, cabello miel, y es modelo. Y no lee nada, pero la pasa re-re-bien.

Cariños

Pararrayos dijo...

No es importante, pero también está bueno hablar de estas experiencias encantadoras. Yo me siento identificado (somos colegas). Te haría un mail larguísimo... ¡pero es tu blog! Lo que sí, puedo asegurarte algo: también es cierto lo que dice Alicia R., en cuanto a la ignorancia... Porque ahora estoy publicando mucho, y un pariente muy cercano me preguntó: "Pero... ¿a los libros te los pagas vos?"
Yo creo que, en general, el oficio y sus "alrededores" (las editoriales, como cobramos, ¡cómo vivimos!)genera una especie de leve curiosidad (y a veces no tanto, si acaso sospechan que la cosa va en serio) en los parientes, y ellos se aproximan al tema como les sale. Y a veces les sale para el culo y nos producen estos (leves?)maltratos cotidianos.
La batalla está perdida, en la mayoría de los casos: nunca entenderán, por ejemplo, un concepto tan sencillo como el "derecho de autor". Les parece joda o les parece que te vas a hacer rico o les parece... que se yo. ¡Son parientes! No sé que mierda les parece.

Alicia R. dijo...

Lo que te puedo asegurar es que el texto es muy verosímil. Lo tomé como autobiográfico :-)

Verónica Sukaczer dijo...

Ah... Alicia, este es el juego. Lo de la pregunta del familiar y que realmente me hizo pensar, es verdad. Pero en general adorno todo con un tono de sátira que muestra la situación más terrible de lo que es. Me pareció necesario hacer la aclaración por mensajes y comentarios que me llegan. Pero ahora que está hecha, seguiré jugando.

Me encantó tu comentario, Pararrayos, y como somos colegas, ahora tengo curiosidad por saber quién sos (podés escribirme a mi mail). Me alegro que estés publicando mucho. Y sí, es verdad, con los derechos de autor te podés hacer rico :-).

Ruth dijo...

Creo que este post nos ha venido muy bien a los que nos gusta escribir pero nunca hemos publicado nada. Yo a veces tengo la sensación de que no he hecho nada con respecto a mis historias, mis cuentos, cuando en realidad tengo el ordenador (computadora para ti, supongo) lleno de historias que no me parecen lo suficientemente buenas para dejar que nadie lea. Pero escribir, escribo. Y eso es lo que hace a un escritor -o escritora-.

Besotes.

pyro dijo...

Mmmm, pues medir 1.70 y pesar solo 55 kilos es alguito preocupante..-_-U;pero quizas haya sido solo un chiste oculto haciendo alusion a la anorexia;aun asi yo creo que los ibros ya no son lo que solian ser, como hubiera deseado haber nacido en esas epocas en las que un libro era algo mas que simples adornos que algunas personas dejan a la vista como diciendo:"mira todo lo que he leido y lo muy letrado que debo de ser por el hecho de tener "El Caballo de Troya" en edicion de lujo",sientete feliz con lo que tienes,los que pierden son los que no te publican.

Pablo Giordano dijo...

Mi pregunta es ¿Qué voy a hacer, cuando publique?

Verónica Sukaczer dijo...

Estimado Pyro: soy una modelo anoréxica. Como en mi medio está mal visto demostrar inteligencia (te sacan de los desfiles por sobrepasar un coeficiente intelectual preestablecido), utilizo el seudónimo de Verónica Sukaczer para escribir mis libros.
Pablo: una vez que publiques... podés empezar a buscar trabajo de verdad :-).
Cariños a todos.

pyro dijo...

@_@...tu declaracion me dejo pasmado; no tenia ni idea de que una modelo pueda escribir tan bien, oh, nunca mas podre volver a ver comedias norteamericanas y ligeras de la misma forma, ahora diran algo asi como que la chica de legalmente rubia en verdad es una abogada renombrada de Harvard..:s...
p.d:cuanto es el coeficiente establecido?menor de 90?

pyro dijo...

@_@...tu declaracion me dejo pasmado; no tenia ni idea de que una modelo pueda escribir tan bien, oh, nunca mas podre volver a ver comedias norteamericanas y ligeras de la misma forma, ahora diran algo asi como que la chica de legalmente rubia en verdad es una abogada renombrada de Harvard..:s...
p.d:cuanto es el coeficiente establecido?menor de 90?

Anónimo dijo...

¡Uaaaaaaaaaaa!

Llegué a tu post a través de otro en un blog diferente. Que, como práctica, como sana costumbre, como manera de mantener la sorpresa, selecciona material interesante, lo transcribe y sólo avisa al final de dónde salió ese material. Pues bien, debo decirte que a medida que leía empecé a sospechar. "Esto me suena a...", fue la primera advertencia, y luego, "¿Será?", y después, tras un dato o dos, "Para mí que es". Conforme avanzaba la lectura el enunciado mental iba pareciéndose más a "Es, ¡seguro que es!". Y sí, era. Eras vos, Verónica. Se reconoce tu magia, tu tono, ése que se encuentra en las primeras palabras de un viejo amigo después de no verlo durante varios años: natural, como si hubiéramos interrumpido la conversación hace cinco minutos o menos. Me emocioné.

PD Modelo podrías ser. O haber sido.

PPD Ahora que lo pienso, mejor no.

M.Cúparo dijo...

Verónica, creo que no hubo ningún error literario en este post ni en ningún otro. Me parece que no me expliqué bien en mi comment. La diferencia entre tu vida y tus textos no necesita más aclaraciónes.

O capaz no me lo decías a mí. Ay. Saludo.

Verónica Sukaczer dijo...

El premio al comentario del año es para... ¡Sebastián! ¡¡¡Qué liiiiiindo!!! Me hubieras dicho algo así cuando nos veíamos y yo era re-re-soltera, y otra hubiera sido nuestra historia :-).
He preguntado alguna vez a gente que me conoce: "¿tengo un estilo?". "¿Podés reconocer algo mío?" Y saber que sí, que con los años he desarrollado mi propio estilo, la verdad es que me llena de orgullo y emoción. Gracias Sebastián.
Por si alguien lee los comentarios, además de quien escribe, quiero contar que Sebastián me conoce de verdad verdadera. En la gloriosa época de la revista "Puro Cuento", yo había enviado una carta con el fin de armar un grupo literario -algo así como un taller literario pero sin coordinador. Gente que quisiera escribir, leer, recibir críticas. Sebastián fue uno del grupo.
For Cúparo: ahora no sé a qué te referís, y tengo tanto pero tanto sueño a las tres de la tarde, que todas nuestras diferencias -si las hubo- han quedado resueltas.

larosaroja1 dijo...

Las personas que amamos la escritura seguiremos escribiendo toda la vida. Estamos haciendo lo que amamos. Aunque sí que fascinaría que me publiquen. Ese es un sueño y ¿quién te dice? ¿viste que dicen que los sueños se cumplen, no? Ojalá se cumpla el tuyo, ojalá se cumpla el mío. Después festejamos! Besos.

Anónimo dijo...

Me hiciste acordar a Blainstein cuando cuenta eso de que le preguntan que hace y él contesta que escribe, entonces el familiar en cuestión le dice: ah si... y que más?


Saludos