24 octubre 2006

UNA PEQUEÑA HISTORIA DE VIDA


El hombre era el dueño de un bazar que antes había sido de su padre y antes de su abuelo. Vendía, como cualquier bazar, vajilla, vasos, utensilios, ollas para cocinar, fuentes. Su clientela estaba formada, en gran parte, por amas de casa, parejas de novios, dueños de restaurantes, hombres solteros, cocineras y cocineros.
Al hombre no le gustaba su trabajo. De chico había soñado con que sería navegante solitario. Viviría de la pesca, pasaría los días trenzando redes o estudiando la brújula. Al hombre no le gustaba la gente. Pero un día su padre lo puso al frente del negocio familiar. Al padre no le gustaba el pescado.
Ya mayor, y obligado por una nueva ordenanza para comercios, el hombre mandó a imprimir un cartel que colocó sobre el mostrador. Lo acomodó entre un cenicero y un jarrón con flores secas, y se olvidó de él.
Desde ese día las amas de casa, los dueños de restaurantes, los hombres solteros, las cocineros y los cocineros dejaron de comprar en ese bazar. Entraban, sí, se acercaban al mostrador, pero enseguida daban media vuelta y salían.
El hombre pronto quebró.
El día que estaba empacando las pocas cosas que le quedaban, el hombre leyó el cartel por primera vez, y no pudo recordar si ese era el texto que él había pedido:
“Su opinión no nos interesa”
Vaya, se dijo el hombre, con la honestidad uno no llega nunca a ningún lado.

3 comentarios:

daisy dijo...

Claro ejemplo de acto fallido, no?

pyro dijo...

Creo que al final esa persona pudo al fin liberarse de la carga de soportar algo que no queria y poder buscar lo que en verdad deseaba;ser sincero quizas no sea malo sino estupido; pero ser inteligente te hace egoista..

Anónimo dijo...

Mi comentario no te interesa.