31 julio 2006

¡QUE LINDA LA FERIA DEL LIBRO, CUÁNTOS NIÑOS PERDIDOS!

Alguien tiene que decirlo, y como siempre tengo que ser yo (he perdido tantos trabajos así...): el ingreso a la Feria del Libro Infantil y Juvenil tendría que ser prohibido para manores de 25 años. Es así, no hay vuelta que darle. Porque te juro que la feria estaba linda, pero lo que jodía era tanto chico corriendo, gritando, manoseando libros sin ningún respeto, empujando, perdiéndose -una imagen interesantísima, kafkiana podría decirse, fue la de una madre desesperada buscando a su retoño, al mismo tiempo que una niñita lloraba a grito pelado buscando a su madre. La muchedumbre las unió. La madre miró a la niña. La niña miró a esa madre. No coincidían. La madre continuó llorando y gritando un nombre. La niña quedó a disposición de la buena voluntad del público presente. No pude enterarme de cómo terminó la historia. Otra cosa interesante pero que me traumatizó es que yo visto a mis niños con colores llamativos en salidas de esta clase. El mayor tenía una remera amarilla y el menor una roja. Sirve para localizarlos a distancia o gritarle al guardia: ¡¡¡lleva una remera amarilla!!! ¡Y te juro que me la pasé cinco minutos siguiendo a un petiso con la misma remera! Hay gente que no tiene respeto por las ideas de los demás, che...
Bien, yo llegué puntual, como siempre, y me dirigí en primer lugar al baño, que es a donde siempre me dirijo primero. Una de las maravillas de la feria del libro, es que la cola del baño de mujeres es monstruosa, pero corre rápido. Pis express. No tardé mucho. Mis hijos ya corrían para cualquier lado. Tengo que agregar que llevé dos hijos propios, una sobrina, una bobe (mi mamá), mi linda lapicera Cross ion por si tenía que firmar, y algo de dinero.
Luego del baño, al stan de Alfaguara donde, ¡oh milagro! esta vez mi apellido estaba bien escrito en todos los carteles. Mi compañera de firmas fue María Granta. Un prócer de las letras infantiles. Si te digo que la leía yo en la escuela... Le conté que mi primogénito, en primer grado, leyó uno de sus cuentos. Lo que no le conté fue que el cuento lo fotocopié.
Nos sentamos. Charlamos un poco de todo. Que si ella sigue escribiendo, que cómo empecé yo. Que si ella vive de la literatura. Que qué suerte que yo vivo de mi marido. La conversación decayó y fue sustituida por un café regularcito que nos ofreció la editorial.
Lo de firmar libros debe tener relación directa con el sufrimiento del escritor. Es una tortura. Todo depende de que en esa hora que hacés acto de presencia alguien compre un libro tuyo, en la editorial en la que estás, se dé cuenta de que estás ahí, y no tenga vergüenza de pedirte que se lo firmes. Demasiadas coincidencias juntas. Yo sé que se venden mis libros. Me llegan los derechos de autor. Pero digamos que no sucede en ese bendito momento. Entonces la idea es estar, poner cara simpática, mirar a la gente que te mira cuando pasa, contestar algunas preguntas de alumnos con grabador, aburrirte. Firmé uno. Antología encima (de esos no cobro derechos). A Tamara. Gracias Tamara. También respondí una vez donde estaba el baño. Y dos veces puse mala cara cuando me preguntaron precios de otros libros. María Granata también firmó uno. Empate. Y mucha gente pasaba y la señalaba a ella, por eso de que es un prócer, y muchos pasaban y señalaban "Nunca confíes en una computadora" y decían que lo habían leído. Además firmé varios papelitos de una chicas con pinta de estudiantes de magisterio. Se dice en el mercado negro de autógrafos que con cinco firmas mías conseguís una de Bornemann.
Lo predominante en la feria es el ruido. Bochinchero y descomunal. Mi mesa daba a un escenario con títeres, chicos actores, música con instrumentos raros, murgas.
¿Dale que para el año que viene jugamos a que vendemos libros en un lugar silencioso que invite a disfrutar del libro, y dónde el libro sea el protagonista principal? ¿Dale..? No, dejalo, no importa.
Terminada mi hora saludé a todos con el respeto que corresponde y decidí recorrer la feria en compañía de mi tribu salvaje. No pude ser. Mis niñitos no querían mirar libros. Para nada. El menor me llevó a rastras hasta un libro de Patoruzito. Se lo compré ($7,20) y el mayor se quedó sin nada por no querer elegir. Que se joda. Así que los despaché con mi santa madre a un espectáculo de ciencias (hace siglos que trabaja este Melquíades, qué bien se conserva, una amiga mía salía con él. Cómo la hizo sufrir...) y yo hice un recorrido más rápido que el pis express. No vi nada interesante. Compré "Óyeme con los ojos", un libro español de Editorial Anaya que venía buscando hace tiempo (a ver si alguien adivina de qué se trata...) y unos stickers de "El extraño mundo de Jack" para mi computadora nueva.
Había una época en que en las ferias conseguías libros que no conseguías en las librerías. Eso desapareció. Lo que allí está, está en cualquier lugar. En la librería, en el supermercado, en Internet. Y tengo que admitir que tanto libro me marea. Al rato ya no veo nada.
La última hora la pasé al lado de unos juegos con gusto a poco, y en un stand de un país del primer mundo que ofrecía rompecabezas a los chicos para jugar. Los precios de bebidas y comidas, astronómicos. Y tengo que denunciar desde aquí al vendedor de panchos de carrito, que se lució en esquivar cualquier mínima regla de limpieza. Hasta fumaba cuando creía que nadie lo veía, y luego servía pan y salchichas con la mano. Puaj. Un control bromatológico allí.
Cuando nos íbamos vi a Pablo De Santis firmando en Colihue. Pero él tampoco firmaba, y eso que es él. Me consoló un poco.
Eso fue todo.
Hasta el año que viene.

7 comentarios:

Barbarita dijo...

Jajaja, súper la crónica de la feria!

Eres un caso, Verónica :)

Romina Bond dijo...

El peso era para scannear la foto jaja...ya fue...

saludos,

PxDx: te llego el mail?

Romina Bond dijo...

"Óyeme con los ojos"...me suena a La vida con subtitulos...por ahi viene la mano...

dos firmas seguidas...como me gusta este blog...

by the way te comento que ya me lo estoy imprimiendo, dps te cuento como me quedo La vida con subtitulos completo hasta el dia de hoy...

saludos,

Mumimamá dijo...

A mí también me fascina tu blog. No Romina "Oyeme con los ojos" es un libro que trata de alguien que no escucha bien. (Vero, donde contaste bien esa parte de tu historia?).
Es muy aleccionador para los seres como yo (y alguna amiga) que soñamos ser escritoras.
Coincidimos en el humor (bendito don), y yo tambien tengo un niño con madre judía y padre italiano, se llama Santino y cuando pueda corro a comprar tus libros. Como dice mi marido: soy una rusa hincha pelotas (es su versión de la idishe mame).Besos, te sigo leyendo.

Romina Bond dijo...

a eso me referia con la vida con subtitulos, para que vas a necesitar subtitulos si podes oir bien...


saludos,

Mumimamá dijo...

Tenés razón, no se me había ocurrido.

pyro dijo...

y a mi me dieron ganas d conseguir el tan mentado:"nunca confies en una computadora" pero de veras que por mas que he buscado no lo encuentro...-_-U y para mi lo torutrante es ir a ese tipo de ferias en si; porque uno va con poca guita y se le antoja comprarse un stand entero; por lo menos ese es mi caso...a ver..para que entiendan es como pasar por una pasteleria por donde sabes seria raro volvera a pasar y darte cuenta que tiene los postres mas asquerosamente delicioso que te puedas imaginar y tu sin plata para comprar to2; algo asi es lo que siento, y pr cierto mi mama me ponia un gorro verde con dibujo de power ranger para reconocerme...-_-U