19 abril 2006

CRÓNICAS DE LA GRAN FERIA

Se viene la feria del libro... qué embole... Pensar que era tan linda la feria. Creo que comencé a frecuentarla cuando tenía unos 10 ó 12 años, y desde entonces nunca falté. Iba con mi tía Martita, la doctora, gran lectora y con hermosa biblioteca. Al principio la recorríamos juntas, claro está. Cuando crecí y mis intereses iban por el lado de la ciencia-ficción, y los de ella por el ensayo histórico y psicológico, nos separábamos y quedábamos en encontrarnos a una hora para compartir coca con tostado y novedades. Ahora voy sola. La feria es un paseo pero no para hacerlo acompañado. No podés estar conversando y mirando libros. Y además no hay dos personas a las que le interese lo mismo y se paren la misma cantidad de tiempo frente a cada mesa. Y si uno se encuentra con alguien interesante, estar solo permite compartir un tiempo a elección, que puede incluir un café, una conversación rápida y a pie, una invitación para otro día, un encuentro en un hotel cercano, o la promesa de que leerán tu original. Uno nunca sabe. A mí me enseñaron que el 50% del éxito personal depende de los contactos. Sin contactos no llegás a nada, me dijeron en mi casa. Así que allí voy yo, con la esperanza del contacto que, hasta ahora, tengo que admitirlo, nunca pasó de la conversación rápida y a pie, y de la invitación al hotel que no acepté.
Cambiendo de tema, nunca logré superar la mudanza de la feria del Predio Municipal de Exposiciones, a la Rural. En el primero yo sabía dónde estaba cada editorial. Tenía mi camino trazado. Podía ir y volver como si estuviera en mi casa. El de ahora no termino de conocerlo. A mí me gustan las manzanas perfectas, ir caminando por una callecita, dar la vuelta y terminar en el mismo lugar, y aquí eso no pasa. Una especie de Parque Chas literario hicieron, aunque no conozco Parque Chas.
Además me pone tan mal la feria, tan depre, tan perdida. El primer sentimiento que me acogota es el de preguntarme para qué, por qué y bajo qué pretexto puedo seguir escribiendo con tanto millón de libros como testigo. ¿Qué no se ha dicho? ¿Cada uno de esos libros han encontrado un lector? ¿Cada uno de esos escritores creyó que realmente tenía algo para decir y que era importante. Que a alguien le iba a interesar? La sensación, por suerte, comienza a evaporarse al salir de la feria, y disminuye notablemente a lo largo de las siguientes semanas, hasta que uno vuelve a escribir porque así se lo piden las tripas, y sabe que hasta dentro de un año podrá sentirse único, importante, y con algo para decir.
Está mal hecha la feria, digo yo, pero a mí nadie me ha consultado. ¿Saben que una vez participé de una mesa redonda, pero alargada? Sé que no viene al caso pero acabo de acordarme. El tema era "Por qué los chicos no leen", o "Estimulación para la lectura" o alguno de esos títulos importantes que se les ocurren a los pedagogos, y me llamaron a mí porque habían pedido a Editorial Colihue algún ganador de premio literario, y justamente la última era yo. Me sentí importante, para qué negarlo. Estaban Marcelo Birmajer, Marcelo Di Marco, Cáceres y el que tiene la Biblioteca de la Nube que ahora no recuerdo cómo se llama. Yo llevé lo mío escrito (lo subí acá en alguna oportunidad) y la gente se rió cuando tenía que reírse y me aplaudieron cuando no era necesario aplaudir. Mirá vos. También me acuerdo que Birmajer me pasaba papelitos por debajo de la mesa que no me acuerdo que decían, y que mi reciente novio (actual esposo) lo vio, y desde entonces odia a Birmajer. Y que un par de meses después, me llegó una carta de la feria informándome que podía pasar a retirar mis viáticos, que ni sabía que existían. Cien pesos creo que cobré. No me volvieron a llamar.
Pero volviendo a lo que decía, está mal hecha la feria. A la feria no debería presentarse ninguna librería. Nada de Yenny, ni Distal, ni Hernández ni nada de eso. Editoriales sí, embajadas también. Y todo libro que no, repito, no se encuentre en librerías. Tendrían que estar prohibidos los best-sellers y las últimas, ponele... cuarenta novedades. Porque para eso están las librerías que son mucho más tranquilas y hasta tienen silloncitos para leer ahí nomás. Yo en la feria quiero encontrar lo diferente, lo raro, lo original, lo olvidado, lo agotado. No quiero sentir que entro a una graaaan librería, y que enseguida me atacan las ofertas con el Sí de las Niñas a la cabeza. Quiero que, justamente, me ofrezcan lo que no puede ofrecer una librería. Pero como les digo, a mí nadie me pidió opinión ni me volvieron a llamar para una mesa redonda.
Qué embole la feria... ¿no? Tan agotadora. Con tanto para caminar. Con tanta gente. Con tanto escolar a la caza de señaladores gratis. Si lo sabré yo, que en la feria infantil he firmado todo tipo de papelitos... Creo que con cinco firmas mías conseguís una de Shúa o de Schujer, que están cerca en el diccionario. Pero no sirve ninguna firma mía para una de Bornemann o Walsh. Gajes del oficio y del arte del intercambio.
Y sin embargo no puedo dejar de ir. ¿Y si justo no voy y en mi destino estaba escrito que me encontraría con un editor? ¿Y si no voy y justo ahí está el libro de mi vida? ¿Y si no voy y justo me están haciendo un homenaje por los diez mil libros vendidos? ¿Y si no voy y se oferta la feria entera con 40% de descuento? ¿Y si no voy y pasa algo interesante? ¿Y si no voy y me quedo en casa y miro una película en DVD? No, tengo que ir.
Otro gran problema que me provoca la feria, no menor en absoluto, es qué me pongo. Es difícil vestirse para la feria. Porque afuera empezó el frío pero adentro te morís de calor. Lo ideal serían jogging y zapatillas, pero no podés aparecerte así al gran editor. Y ya sabemos que con zapatos-zapatos no duro más de dos horas de caminata forzada. Así que unas zapatillas medio de salir, de las de ahora. Y una remera blanca, porque con las luces monstruosas de las mesas trasnpirás hasta la desesperación. Y jean, de eso no hay duda. ¿Quién me ha visto a mí en otra cosa que no sean jeans? Remera manga 3/4, cosa que no sea de verano-verano, pero tampoco te asfixie. Sin abrigo. Total estaciono en el estacionamiento aunque cueste un libro y medio. Y la cartera es otro tema. Que no joda como para poder hojear los libros tranquila. Que no pese. Que no se preste al robo rápido. ¿Y los libros que voy a comprar? ¿Los llevo en bolsita o mejor los guardo en una mochila? Tendría que haber un sistema como en los parques yanquees, que alquilás un locker y te llevan las compras ahí. Eso no se les ocurrió. Si alguien invierte, yo tengo la idea.
A la feria voy con plata o no voy. Ahora que recuerdo creo que en el ´02 falté, por primera vez, porque no tenía un mango (quién tenía un mango entonces...) Cuando tenía 12 años y mensualidad podía comprarme unos 15 libros de un tirón, muchos de los cuales no leí en mi puta vida. Ahora con comprar entre 3 y 5 me considero más que satisfecha. En general me voy con alguna idea, con una lista, y luego dejo que los títulos me seduzcan. Aunque es raro que compre algo de lo cual no tengo la más mínima idea, a menos que se trate de una oferta. Este año tengo anotados "La biblioteca de noche" (que creo que todavía no salió y no sé si se escribió), "Principiantes", "Cuentos completos de Grace Paley", "Una palabra tuya", "Todo está iluminado", "Una mujer en Berlín", "El signo del gato", "El buen nombre", "Deber de memoria", "Pandora en el Congo", "Estaciones de paso", y para los chicos "Óyeme con los ojos", "Soloman". A los chicos les prometo uno para cada uno. Tampoco la pavada. Claro que no podré comprar todo eso. Voy, miro, hojeo, comparo precios, pido descuentos, elijo.
Tema aparte es el de firmar en la feria. Yo he firmado. Más bien me he sentado esperando firmar, y alguna que otra vez firmé. Ahora ya no me llaman para la feria grande, y soy número puesto en la feria infantil. Una vez hasta estuve en el stand de las provincias (¿o era el de la SADE?), con mi primer libro que lo editó una mutual para recaudar fondos. ¿Vieron esos stands en los que firman sobre todo poetas y malos cuentitas muy muy viejos y muy desconcidos? ¿Y que la gente pasa y los mira y les provoca una cosa así medio de patetismo? Ahí estuve. Unos veinte minutos, rodeada de alguna poetisa con el pelo platinado y mucho spray, y algún poeta jubilado con pajarita al cuello. Veinte minutos, y agarré mis libros y me fui, muerta de vergüenza. Después firmé con algo más de clase, en Albatros, en Colihue y en Alfaguara, por supuesto.
Y ahora vamos a algo importante en serio. Jamás, bajo ninguna circunstancia ni pretexto, uno debe conocer a un escritor que le gusta. Que le gusta como escribe. Porque si te gusta el tipo -o la tipa- pero no te interesa su literatura, tenés vía libre y mucha suerte. Pero no, si te gusta como escribe, si lo leíste toda tu vida, si lo admirás, si pensaste en ser como él/ella, si esperás con ansias su próximo libro, NO-LO-CO-NOZ-CAS, aunque esté ahí en la feria, al alcance de la mano, de la firma, de la mesa redonda, de la charla. No te acerques. No provoques conversación, no estimules ningún tipo de intercambio, so pena de perder para siempre el placer de sus letras. Miren qué lindo me salió escrito. Y lo digo en serio, con la experiencia que me dio la vida. Yo he conocido escritores. Y a muchos de ellos no pude volver a leerlos. Hay una categoría de escritor, ponele los de 55 para arriba, a los que atraigo vaya uno a saber por qué, y me han hecho proposiciones del todo indecentes. Los escritores, esos de 55 para arriba, creen que toda lectora es una potencial amante de una noche. Están convencidos de que las mujeres ven en ellos a un objeto-sexual-literario irresistible. Se lo creen en serio. Y hacia allí enfilan sus encantos. Primero te firman un libro, después te agarran del brazo, y terminás no sabés cómo en su casa oscura y con olor a humedad y en general con una linda biblioteca. Yo zafé hasta ahora. Pero luego... ¿cómo volvés a leerlos? Uno de ellos, luego de la embestida y mi susto, me preguntó... "¿qué le vas a decir a tus papás?", Y yo, menor de edad e inocente aún le respondí: "¿qué les voy a decir, que sos un viejo verde?". Los que no intentan acostarse con vos pueden ser: 1) decididamente antipáticos, pedantes, y soberbios (y escriben humor); 2) pelotudos al máximo (y escriben interesante); 3) borrachos (¡y escriben para chicos!); 4) gente que te ningunea porque no estás a su nivel (y tienen lindas obras coloquiales). No, no conozcan a los escritores. Así como yo no fui a la charla que dio Bradbury, aunque quería. Y no me acerco, no voy, no hablo, no miro. Y tendré que conformarme con creer que los conozco a través de sus libros. Y la verdad, así debe ser. La feria es, en ese caso, un gran engaño. Lo del "autor al lector" no se lo crean, no caigan bajo ese hipnotismo, no se pierdan.
Así que por allí estaré. Un viernes seguro. Caminando la feria. Sola. En jeans, zapatillas, remera blanca, mochila o cartera. Con unos $100 en la billetera. Entrada gratuita para personas con discapacidad. Qué embole... Qué embole... Qué felicidad...

10 comentarios:

Mumiç dijo...

Yo fui a una charla que dió Paul Auster en la feria. Todo se dió tal y como esperaba: un desastre. Eso sumado a la calidad de sus últimas obras hizo que ahora con Silvana lo llamemos "El Yankee Careta". Encima me olvidé una bolsa en el recinto con un pantalón nuevo, divino.

Verónica Sukaczer dijo...

Te acompaño en el sentimiento. Más por el pantalón que por Paul Auster. Uno sabe qué cosas tienen valor en la vida. (Y eso que a Auster lo sigo leyendo, ¡pero por suerte no lo conozco!)

Romina Bond dijo...

No creo que sea tan malo conocer al escritor que a uno le gusta.
Me gustaria que me firmes el libro de Nunca confies...
Que te parecio mi Blog?

Saludos,

adriana dijo...

Aqui en Cordoba tambien tenemos una feria del libro pero mas chiquita. Se hace todos los años en la Plaza San Martin.
Me encanta recorrerla en busca de un "libro que me encuentre". A veces los libros escogen a las personas.
Otra cosa que me gusta mucho de la feria son los eventos que arman. Me gusta "el caldero de los cuentitas", aunque no siempre puedo ir.
Estoy de acuerdo en que no hay que conocer a los escritores, e smejor imaginarselos :)


Saludos
Adriana

El Bambi dijo...

Yo tampoco pude superar aún la mudanza a la Rural. Fui a la Feria desde chiquitito, y también trabajé en ella (y en una que hicieron en Córdoba, en el 86).

De todas maneras, a mí sí me gusta que haya libros de toda clase, incluidos los best-sellers, a los que no les doy bolilla. Cada quien sabe qué va a buscar a la Feria. Ahora hay stands de cualquier cosa, así que se llena de gente que no lee dos libros en el año. Cuando trabajé en un puestito de informes en la Feria, vino uno y me preguntó cuándo iba a firmar José Luis Borges... No solo le pifió en el nombre, es que corría el año 99... Otro me preguntó cuándo iba Bioy Casares, que había muerto tres meses antes. "Este año no va a poder venir", le contesté, y no le di más explicaciones. Me dio vergüenza ajena.

Igualmente, en la Feria se ven personajes interesantes y se encuentran libros que en las librerías no están. Lo sé por experiencia propia. Creo que no se puede faltar. Te invade esa adrenalina de querer ver todo sin perderte un título.

Muy bueno el comentario sobre los firmantes que todos miran y pasan de largo.

Para terminar, creo que en la Feria uno puede ir con su intimidad a encontrarse con los libros que quiere. Al recorrido lo hace uno, y eso es lo lindo. Nunca se me ocurrió ir a charlar con un escritor, prefiero hacerlo directamente con el libro.

Silvy68 dijo...

Qué tema este de la Feria!! Yo amo la Feria, iba sola con mi papá ya que a mis hermanos no les interesaba, y tenia la plata justa para comprar tres libros tres, discutia con mi papá cual llevar, y siempre pero siempre pegabamos la etiqueta de la Feria en la 1er hoja de cada libro y comprábamos señaladores y figuritas en el stand de China. El tiempo pasó y con mi marido fuí una sola vez a la feria y lo ví tan embolado que nunca mas le pedí que me acompañara.
Y, Vero, me pasa igual que a vos, no termino de tragar el pase a la Rural, a media Feria me empieza a doler la cabeza o medio mareo y paro a tomar una Coca Cola, a veces me hincha que haya tanta gente, que encima son lectores oportunistas o van a la feria porque no tienen nada mejor que hacer. Pero la Feria es la Feria, así con mayúsculas. Una no se la puede perder.
Lo unico que me da bronca en serio es no poder disfrutar alguna de la conferencias, mesas redondas o actividades de la Feria.
Asi que es gratis con el certificado de discapacidad????
Gracias Vero por el dato.
Besos.
Silvy68
PD: recibiste mi mail????

Verónica Sukaczer dijo...

Hola gente: vamos a hacer un piquete frente a la Rural para que la feria vuelva al Predio Municipal, ¿ok?
Romina: por supuesto que cada uno tiene que hacer su experiencia, así que espero que conozcas a un escritor, no te guste, luego te des cuenta de que ya no lo leés de la misma manera, y entonces dirás: ¡tenía razón! :-).
Sí, sí, sí, leí tu blog. Pasaré por allí otra vez para dar mi opinión. Y para que te firme el libro (muchas gracias por pedírmelo, ¡qué honor!), te avisaré cuándo estaré en la feria del libro infantil.
Adriana: ¿qué es el caldero de las cuentitas? Porque no dejo de imaginarme a una bruja con un ábaco :-).
El Bambi: ¿tenés idea de cuándo va a firmar Asimov?
Silvy: te respondí por vía privada. Y sí, nosotras entramos gratis porque total saben que no ocupamos lugar en las conferencias :-).
Cariños a todos

El Bambi dijo...

Esto me hace acordar a un casamiento en que alguien (que no es mi mujer ni soy yo) mandó una participación a un pariente que no veía hacía mil años, y a su señora. Esta última contestó: "Mi marido murió hace 4 años".

daisy dijo...

Veo que somos varios los que disfrutábamos más de la Feria en el Predio Municipal. Hace ya algunos años que no voy. ¡Qué casualidad, a mí también me pasó de ir una sola vez con mi marido y no volver a intentarlo, menos ahora con la nena y embarazada! Pero siempre me quedo pensando que tendría que intentarlo otra vez, porque mal que mal, uno siempre se deja llevar por la magia de tanta palabra que lo rodea... Sí, molesta la gente que va y no sabe por qué ni para qué va, y también me da pena buscar "el" o "los" (no más de tres) libros para comprar, y después no tener tiempo ni energía para leerlos... ¡Pero qué ganas tengo de intentarlo!

Pablo Giordano dijo...

Para mí, que vivo lejos, soy seco, y no puedo viajar, la Feria del Libro no existe. Creo que es una invención de Borges, al que no leí pero sé que le gustaba inventar esas cosas. Qué me van a hacer creer estos porteños que existe un lugar tan grande llenos de libros,y que ensima se llena de gente, ja ja ja, si hasta se nota que las fotos que salen en los diarios son trucadas. Por Favor!!!!