10 marzo 2006

A LA DIRECCIÓN

Cada vez que se entrevista a un escritor, se le pregunta cuáles son sus miedos, sus fantasmas. Ese algo profundo que busca combatir a través de la escritura. En general las respuesta suenan a: "la intangibilidad del alma humana en la inmensidad del cosmos"; "la soledad desgarradora de los gatos siameses"; "la incomprensión de la sociedad por la sintaxis utópica"; "el silencio inconmensurable de la llanura femenina"; "la partición del átomo en la crueldad humana".
A mí nada de eso me preocupa mucho, aunque podríamos ponernos a pensar lo del átomo. A mí, lo que verdaderamente me da miedo, pavor, terror, me provoca pesadillas y transpiración indeseable, es que me manden a la dirección.

1. La señorita Ionne era el alma mater de la primaria que me cobijó entre primero y quinto grado. Era alta y flaca, y creo que tenía el rostro huesudo. La primera vez que me enviaron a la dirección, en primer grado, no me dieron ninguna explicación. Partí hacia allí con el alma en pedazos y pensando qué miserias me reservaría la vida a los seis años. Cuando llegué hasta la puerta (nunca entré a la dirección sin pedir permiso), la señorita Ionne me señaló una bandera, y me pidió que la llevara hasta no sé dónde. Yo estiré mis brazos y me depositaron encima la azul y blanca que creí sagrada, y la llevé caminando erguida y lanzando el aire despacido. No fue la primera vez. Pronto me convertí en "Sukaczer". Sepan disculpar lo que sigue, que sonará increíblemente pedante, pero para qué voy a mentir. Sukaczer llevaba las banderas. Sukaczer le entregaba el ramo de flores a la supervisora cuando la invitaban. Sukaczer llevaba y traía registros divinos. Sukaczer mostraba su cuaderno a los ministros. Sukaczer era dulce y limpita y la mejor del grado, y sin embargo jamás dejó de temer cada vez que la enviaba a la dirección para mostrarla como ejemplo. No hace falta decir que mis compañeras me odiaban.

2. La señora Traversa aún puebla mis pesadillas y varios de mis cuentos. Era bajita y flaca. Con el rostro arrugado pero altivo. Un peinado blanco e impecable a fuerza de spray. Jamás bajaba la vista. Se sabía de ella que era antisemita en un colegio público poblado de judíos (allí donde cursé sexto y séptimo). No le gustaban los negritos, los pelirrojos, los pobres, y su especialidad era la humillación pública.
Si a Ionne le tuve miedo, Traversa me provocó pánico. Todos los días, durante los recreos, nos ponía el disco ese de "mi hermano es un soldado, que cuida las fronteras de la Patria". Y tanto a la entrada como a la salida había que acercarse a su puerta y decir: "Buenos días señora directora Traversa".
Mi primer encuentro con Traversa tuvo lugar poco antes del 25 de mayo. Yo era nueva, pero ya me había hecho notar. En medio de una clase, entra Traversa y dice (lo recuerdo como si fuera hoy..) "A mí nunca me gustó que los hijos de los maestros vengan a esta escuela (esa era yo, mi mamá era maestra en la misma escuela). Y ahora tenemos que decidir quién va a ir a la bandera durante el acto, y los mejores promedios son los de una alumna que hizo toda su escolaridad acá, y una alumna nueva. ¿Quién debe ir a la bandera?" Obviamente no fui yo.
Traversa detenía los recreos para señalar a un alumno que se había olvidado la escarapela en plena semana de mayo. Entraba al aula para señalar a alguien que no tenía dinero para comprar los útiles. A mí me dijo que "no merecía tocar la bandera de la Patria" porque me había olvidado los guantes blancos un día que era escolta. A mí mamá le preguntó otra vez si no le daba vergüenza ser judía. Pero de alguna manera nos vengamos de ella. Durante todo séptimo grado, la abanderada (yo, ¿quién más?) y las escoltas fuimos judías.

3. Trabajaba en La Nación y ya había viajado a la Antártida y nadie me había dado la más mínima pelota. Sólo me publicaron una nota sobre los pingüinos y sobre la escuela de Base Esperanza en el suplemento infantil. Nada más. Un día, sin embargo, leí una gacetilla que decía que una periodista mujer había viajado por primera vez a la Base Marambio (ida y vuelta en el día), y que eso era un logro para todos los periodistas. Me calenté, por supuesto. Escribí una carta a dirección contando que yo no sólo había viajado antes, sino que me había quedado 21 días (5 días en Marambio, 7 en Esperanza, el resto en el buque Irízar), que en Marambio había sido la única mujer entre 105 hombres, que había probado todos los medios de locomoción habidos y por haber: un Hércules, un Fókker, helicóptero, buque, vehículos para la nieve; que había realizado decenas de entrevistas, que había sido testigo de la partida de los últimos perros que hubo en Antártida, y que todo eso lo había hecho para el diario sin apoyo de nadie, totalmente sola y perdida, y que era una falta de respeto publicar esa gacetilla. ¿Quién me llamó? Escribano, por supuesto. Alto y flaco. Serio. Imponente. En su búnker de madera oscura me dijo que "esa no era manera de comunicarse con el diario, que ahí no hacían las cosas de esa manera, que aprendiera y me callara". Sin derecho a réplica, salí humillada y vencida.

4. Al momento de inscribirlos, me presenté a la directora de la escuela nueva de mis hijos. Ayer, al ir a buscar al inadaptado del menor, me la crucé y me llamó. Me envió a hablar con la bibliotecaria para ofrecer mis servicios. Y allí fui, cabizbaja, con el corazón lastimándome el pecho, sabiendo, otra vez, que esta vez tampoco había sido yo.

8 comentarios:

Romina dijo...

Hola Vero, si bien este comentario que voy hacer no tiene nada que ver con el post, queria decirte que hoy fui al centro, pase por una de las sucursales de las librerias El Ateneo, y no tuve mejor idea que entrar a comprarme uno de tus libros, despues te comento que me parecio.

Saludos,

Anónimo dijo...

Veronica, si lo que contas tiene que ver con una realidad poetica, todo bien. Pero si es cierto, si hay alguien sobre la tierra, que se anima a preguntar si no tiene verguenza por tener tal o cual fe religiosa, me produce lastima.
Aca es donde uno tiene que pensar, que karma tiene para vivir en esta vida semejante historia de estrechez mental.
No vale la pena seguir hablando de esto, mejor te digo que me gusta lo que escribis y que no tiene que ver con ser la mejor alumna, sino con ser una mejor persona.
Te dejo un beso
Graciela M.

La Rosa Roja dijo...

Hola Verónica,
Vine a conocer tu vida con títulos y subtítulos y sólo he leído este post que me encantó (la lectura, el episodio no tanto porque detesto la discriminación). Veo que tengo por delante muchísimo por leer si quiero ponerme al día así que veré si en este fin de semana leo todo tu blog de un tirón como suelo hacer habitualmente cuando un sitio me gusta.
Abrí mi blog de rosa roja hace muy poquitos días así que hay todavía mucho por hacer pero, honestamente, será todo un placer tenerte por allí.
Un abrazo.
P.D.: Es increíble el recuerdo que queda grabado de la "famosa" llamada de dirección de las escuelas :(

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Romina: ¡esos son los comentarios que uno quiere leer en su blog! :-) Gracias por la parte de derechos de autor que me toca.
Hola Usuario anónimo: todo lo que cuento en este post es verdad. Traversa existió y existe. Fue uno de los personajes terroríficos de mi infancia. La personificación de la dictadura argentina para una niña de 11 años.
Hola Rosa Roja: gracias por darte una vuelta por acá. Visitaré tu blog.

Romina dijo...

Hola!, te dejo la dire de mi nuevo Blog, lo podes poner en los links?

Saludos,

Marco dijo...

Hola veronica como te va?, bueno antes que nada muy bueno el blog.
Te comento lo segundo, yo y un grupo de estudiantes de la uba armamos un sitio web periodisitico. Por eso mi pregunta es si podria hacerte algun entrevista en algun momento, no se porque medio pero seria buenisimo poder contar un poco sobre tu vida y sobre tus libros.
La verdad te agradezco mucho y si te interesa mi mail es marco@todolodemas.com.ar.

Muchisimas gracias y Saludos

Marco

JC dijo...

excelente

Anónimo dijo...

Inglaterra, no tiene amigos ni enemigos, solo tiene intereses, decia alguien por ahi ( regla # 2, no hay que dar nunca nombres ni nombrar lugares ). Porque sera que los argentinos necesitamos siempre de un Gargamel que justifique la causa de nuestro fracaso, y aqui va el tema, fracasados en que? si la vida mientras la tenemos es color, sonido, alegria, etc. Tal vez fue culpa nuestra, si solo una vez, a nuestra directora la hubiesemos sorprendido con un ... beso!, se podria haber transformado nuevamente en ... un ser humano! Y hoy no seriamos ... una fiel copia de ella. Tema # 2, de todas las veces que nos beso la vida, en cuantas ocaciones le devolvimos el beso, eeeh? ... ( por mi culpa, por mi culpa, por mi gravisima, gravisima ... culpa! )