23 marzo 2006

CARTA ABIERTA A LOS PADRES ARGENTINOS

Yo recuerdo:

"Carta abierta a los padres argentinos"
Buenos Aires, 16 de diciembre de 1976
(Revista "Gente". Texto completo)

Pasaron los buenos y viejos tiempos. ¿Se acuerda? Un día de marzo. Primer día de clases. Guardapolvo blanco y almidonado. Trenzas. O moño azul. Su hijo o su hija "empezaban la escuela", como solía decirse. Mucha emoción, un poco de miedo, algunas lágrimas. Pero en el fondo, una gran tranquilidad. "Me dijern que la señorita Rodríguez es una monada, que quiere mucho a los chicos". Después, la primera fiesta patria. Y su hijo, a lo mejor, abanderado. Los buenos y viejos tiempos.

Así, a vuelo de máquina, le quiero recordar algunos hechos, algunos nombres, algunas cifras. Después del 25 de mayo de 1973, cuando Cámpora asumió el poder y liberó a los guerrilleros, la izquierda marxista que había trabajado en todos los frentes para facilitar ese asalto al poder recibió el premio más codiciado: la conducción de la educación del país. Un marxista ocupó el Ministerio y un cura tercemundista que había dejado los hábitos para casarse quedó como responsable de la enseñanza privada. La guerrilla ocupó facultades, expulsó profesores y convirtió las aulas que usted pagaba -no lo olvide, que usted pagaba- en arsenales y muestrario de hoces y martillos y banderas rojas. A su hijo le impusieron una materia (estudios de la realidad social argentina) que lo obligaba a leer libros de Marx, Engels, Fidel Castro y el "Che" Guevara. A eso se le llamó "transformación educativa y cultural". Linda frase. Sonora. A lo mejor a usted mismo le pareció, entonces, algo importante. ¿Sabe qué significó esa materia y esa "transformación educativa y cultural"? Anote: 5757 profesores expulsados. En pocas palabras, una purga marxista a la manera de la Unión Soviética. Su hijo, por aquellos días, oía hablar del "compañero decano", de "liberación", de "patria socialista". El marxista peronista Rodolfo Puiggrós gobernaba la Universidad de Buenos Aires, y la de Bahía Blanca la manejaba el terrorista Víctor Benamo. Mientras tanto, Francisco Urondo, un escritor marxista implicado en el asesinato del almirante Berisso, hacía y deshacía en Filosofía y Letras. Raúl Aragón, rector del Colegio Nacional Buenos Aires, proclamaba: "Los combatientes lucharon por el cambio y son la garantía de una Argentina que va hacia el socialismo. Hay que continuar la lucha.." Se llegó a proponer un sistema curioso. Que los alumnos se calificaran mutuamente, o bien que se prorratearan las notas. Ejemplo: su hijo, con esfuerzo y tal vez sacrificio, estudiaba y sacaba un 10. Un compañero de su hijo, que no estudiaba y se pasaba el día pintando carteles guerrilleros, sacaba un 1. Pero como estaba prohibido "estimular la competencia capitalista" el 10 de su hijo se dividía por 2, y así le tocaban 5 puntos al vago guerrillero, que además gozaba de todas las ventajas de una universidad gratuita. La que usted, con sus impuestos, les regalaba. Le puedo contar cien o mil casos similares. Pero creo que es suficiente.

Durante ese tiempo, muchos hijos de familias honestas y trabajadoras, de familias que los habían educado dentro de un sistema de valores donde Dios, la Patria, la familia, el respeto por el prójimo, la escuela, la propiedad y las jerarquías ocupaban un lugar importante, fueron adoctrinados sutilmente. Los ideólogos de turno les dijeron que todo eso era mentira, y en muchos casos consiguieron que su presa empuñara las armas y pasara a la guerrilla. Yo supongo que muchos padres vieron el peligro. Las malas compañías, las reuniones sospechosas, los libros extraños, el desorden de costumbres. Pero no hicieron nada. No se defendieron contra la agresión. Se callaron. Fueron cómplices. Por amor o por comodidad o por indiferencia o por cobardía fueron cómplices. No hablaron con sus hijos. No les preguntaron nada. No intentaron detenerlos. Tampoco denunciaron el caso cuando se desató -por fin- la lucha contra la guerrilla. Y a lo mejor terminaron en la morgue, reconociendo el cadáver de su hijo o su hija. Cuando era demasiado tarde para arrepentirse.

Después del 24 de marzo de 1976, usted sintió un alivio. Sintió que retornaba el orden. Que todo el cuerpo social enfermo recibía una transfusión de sangre salvadora. Bien. Pero ese optimismo -por lo menos, en exceso- también es peligroso. Porque un cuerpo gravemente enfermo necesita mucho tiempo para recuperarse, y mientras los bacilos siguen su trabajo de destrucción. Hoy, aún cuando el fin de la guerra parece cercano, aún cuando el enemigo parece en retirada, todavía hay posiciones claves que no han podido ser recuperadas. Porque hay que entender algo, con claridad y para siempre. En esta guerra no sólo las armas son importantes. También los libros, la educación, los profesores. La guerrilla puede perder una o cien batallas, pero habrá ganado la guerra si consigue infiltrar su ideología en la escuela primaria, en la secundaria, en la universidad, en el club, en la iglesia. Ese es su objetivo principal. Y eso es lo que todavía puede conseguir. Sobre todo si usted, que tiene hijos, no está alerta.

Entienda algo y de una vez por todas. Esta guerra no es de los demás. También es suya. Si usted manda a su hijo a un colegio -religioso o laico- cumple apenas una obligación civil. Eso no es lo más importante. Lo importante es que cumpla también con las leyes morales de su sociedad y su cultura. ¿Cómo? No es tan difícil. Interésese por los libros que los profesores o los sacerdotes le recomiendan a su hijo. Sea cauteloso ante las actividades escolares que no son estrictamente materias de promoción, como por ejemplo Catequesis o Moral. No mire con indiferencia o con absoluta conformidad otras actividades que se presetan a desviaciones: los campamentos, los encuentros de convivencia, los retiros espirituales, las visitas a villas miseria. Usted tiene una gran responsabilidad en esto. Porque uste no sabe -no puede saber- qué cara tiene el enemigo. O de qué se disfraza. Usted le entrega, le regala a su hijo a la escuela durante muchas horas por día - a veces durante semanas enteras- e ignora qué ocurre. Seguramente lo estarán educando como corresponde. Pero cabe la posibilidad de que no sea así. Y un día, cuando su hijo empieza a discutir con usted, cuestiona sus puntos de vista, habla de "brecha generacional", afirma que todo lo que aprende en la escuela es bueno y todo lo que aprenda en la casa es malo o está equivocado, ya es demasiado tarde. Su hijo está hipnotizado por el enemigo. Su mente es de otro. De allí a la tragedia hay un corto y rápido paso. Si eso ocurre y un día usted tiene que ir a la morgue a reconocer el cadáver de su hijo o de su hija, no puede culpar al destino o a la fatalidad. Porque usted pudo haberlo evitado.

Por ejemplo: ¿usted sabe qué lee su hijo? Repasemos. Yó sé que hay colegios donde "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, es texto obligatorio. "Cien años de soledad" es para muchos una novela bien escrita, interesante, llena de ganchos, entretenida. Pero... ¿usted la leyó? A lo mejor no. Confía en que es buena porque leyó comentarios, críticas, elogios. Porque fue best-seller. Porque durante mucho tiempo medio mundo habló de ella. Y de pronto en esa confianza hay un error. Yo la leó y me gustó. Pero yo soy un adulto. Y tengo una hija adolescente. ¿Y qué quiere que le diga? A mí no me gusta que mi hija adolescente lea -y menos por obligación- una novela que rezuma sexo, hedonismo, infidelidades y descripciones sicalípticas. En otros colegios ya no se lee a Cervantes. Ha sido reemplazado por Ernesto Cardenal, por Pablo Neruda, por Jorge Amado. Buenos autores para adultos seguros de lo que quieren, pero malos para adolescentes acosados por mil sutiles formas de infiltración y que todavía no saben lo que quieren. Si usted no los leyó, léalos y saque conclusiones. Eso también es parte de su trabajo y de su responsabilidad en este tiempo y en esta guerra. Piense que si no lo hace, de pronto tiene que aceptar que "Las venas abiertas de América Latina", por ejemplo, sea uno de los libros de texto de su hijo. No se asombre. Ocurrió.

Por eso, por todo eso, y por mucho más, prudencia. Cautela. Vigilancia. Analice las palabras que su hijo aprende todos los días en la escuela. Hay palabras sonoras, musicales, que forman frases llenas de belleza. Pero que encierran claves que el enemigo usa para invadir la mente de su hijo. Cierto tono clasista en los comentarios, la palabra "compromiso", descripciones del mundo como un mundo de pobres y ricos, y de la historia como una eterna lucha de clases. Por ese trampolín se salta rápidamente de la educación bancaria (la tradicional, la que reconoce jerarquías: el alumno en el banco y el profesor en el estrado) a la "educación liberadora" que preconizaba Paulo Freire, un ideólogo de Salvador Allende. ¿Sabe qué postula la "educación liberadora"? Yo se lo digo. Nada de jerarquías. Igualdad entre profesores y alumnos. Lo mismo el que sabe que el ignorante. En una palabra: anarquía.

Creo que esta carta llega a su fin. De ahora en adelante mucho -casi todo- depende de usted. No basta con almidonar el guardapolvo, comprar los libros y los cuadernos, y pagar la cooperadora. Hay otras responsabilidades más profundas. Esté atento. No se deje sorprender. Cuando le digan que un colegio es "serio", no traslade toda la responsabilidad a los otros. Interésese. Averigüe y controle. Esta carta no pretende alarmalos, señora, señor. No le pide tampoco que desconfíe hasta de su sombra. Simplemente le pide prudencia, que se interese -con más esfuerzo, si es posible- por el mundo que rodea a su hijo. ¿Sabe por qué? Porque lo que pasó durante la pesadilla del Camporismo no surgió por generación espontánea. Fue el resultado de veinte años de "trabajo" sutil de una cultura para matar otra cultura. Y ese trabajo sigue. En muchas trincheras. Se acabaron los buenos y viejos tiempos. La señorita Rodríguez puede ser una monada. Pero no deje librado todo a otros. Porque si usted se desinteresa, no tendrá derecho a cultar al destino o a la fatalidad cuando la llamen de la morgue.

Un amigo

14 comentarios:

'-.-' dijo...

kggghhh no pude superar los diez renglones

Anónimo dijo...

por curiosidad, quienes son nuestros "amigos"?

maun dijo...

Terrible!! y pensar que todavía hay seres que piensan como el autor de esa carta. Habla de reconocer a los hijos en una morgue, sabría después que hubo mas de 30 mil personas que no se supo en que "morgue" estan, habla amenazando que si no se es buen padre, el hijo terminará en una morgue, se habrá referido a las fosas comunes o al Río de la Plata?? _hijos de puta!!
Saludos!!

Intente mandar este comentario antes y creo que no se pudo, y ahora lo vuelvo a intentar, pido disculpas si finalmente termina apareciendo dos veces publicado.

Ary dijo...

Sí, sí, hay que tener cuidado que la anarquía trae estos resultados que muy bien conocemos.
Hay que leer a Jorge Amado, Pablo Neruda, Cardenal, Garcia Marques, Cervantes y no sé cuantos más.
Hay que tener mucho cuidado. Cuidado.
Cuidadito.

Gragry dijo...

Gracias, Vero.
Esto es tener memoria, no tantas cosas que nos venden para esta época.

¿Se sabe el nombre del "amigo"? Pregunto, porque quizás lo seguimos viendo en los diarios todos los días, como dirigente ¿no?

Turca dijo...

Gracias Vero por ésto. Como dice Gragry, esto es tener memoria de verdad...

Liliana dijo...

totalmente revulsivo... un asco!!

-Pato- dijo...

Para terminar esta carta tuve que recurrir a mi capacidad de tolerancia extrema y resistir las náuseas, pero la terminé muy a pesar mio, porque es muy bueno traer a la memoria que mucha gente pensaba asi en aquél momento , por eso pasó lo que pasó luego.
Lo que no puedo entender, es cómo gente tan responsable y seria como el señor que parece escribir esta carta, no recurrió a la ley, a los juicios legales y se dejó secudir por la ilegalidad.
Porque en la morgue no aparecían muchos, mas bien habia que ir a buscarlos al fondo del río.

Bueno, pero por suerte luego leí tu post anterior que me ha dejado asi, como recordando tambien a mi, que te llevo unos años, pero tengo tus mismas sensaciones.
Un abrazo.

Verónica Sukaczer dijo...

Hola gente, voy por partes, como diría nuestro amigo anónimo.
No, no sé quién escribió esa carta. El tono no es militar... más bien docente, se me ocurre algún padre de familia preocupado por el bienestar de la Nación y con contactos en la revista, o un periodista que tal vez ahora escribe sobre el horror de los 30 años. Todo puede ser.
Lo único que me queda claro, luego de la lección ofrecida por nuestro "amigo", es que todos ustedes son una manga de subversivos.
Cariños

Romina Bond dijo...

Pasaste por mi Blog?

silvy68 dijo...

Hola Vero
Muy buena tu idea de publicar esta carta.Hace un par de dias se hablo de enseñar sobre el golpe y el proceso en la escuela y yo pensé qué les van a enseñar?? la mitad de la historia??? la mitad de los militares,la ESMA, los Falcon? y del otro lado que pasaba? eso tambien es parte de lo que gestó el proceso. No justifico el proceso, para nada, fue una monstruosidad lo que pasó. Pero entre tantas cosas que leí estos dias, una decia, en la columna de Lanata en diario Perfil, que en los 70 casi el 80% de los argentinos eran clase media baja, regular o alta pero clase media al fin y otra de Natalio Botana decia que entre 1970 y 1979 se contabilizaron 22.000 actos guerrilleros. Y eso tambien los chicos tienen que saberlo. No quiero la verdad a medias, quiero toda la verdad. Y para eso falta mucho.
Un besote,
Silvy68.

eltiocampora dijo...

puaj! cuánto asco todo junto.
lea un libro mi estimada, no son tan malos como dice el "amigo", deje por un rato la revista gente. le va a venir bien.

Anónimo dijo...

Si tiene mucha razon, yo lo unico espero que este rebrote anti semita en el mundo desarrollado no se quede solo en eso y uds marchan por el buen camino, gracias a Dios, que nos recuerdan como limpiamos esta patría de todos esos zurdos.

Anónimo dijo...

Realmente aca estan todos equivocados, desde los que refutan la carta de esta mujer hasta la misma escritora.

El proceso de reorganización nacional fue una mentira. Fue pantalla, fue miedo, oscuridad, desaparición y censura. Sin embargo, no defiendo a la resistencia armada de izquierda. Ambos bandos mataron enemigos e inocentes. Y ambos estaban, como todos ustedes, equivocados.

No quiero escuchar mas gente que dice que hay que "limpiar a la patria de los zurdos". Esa gente es elitista, y acomodada. Ellos NO son parte de la patria que quieren limpiar. Tampoco quiero ver falsos militantes de la igualitaria izquierda, que dejo de ser una utopía social y se convirtio en una película para quedar bien.

Quiero que todos los ciudadanos nos unamos bajo la memoria. No de los desaparecidos ni los militares, sino de los argentinos.
El país dividido a muerte se unió para crear una Constitución en 1853. Y pudieron. Si ellos lo lograron, podemos volver a hacerlo.

VIVA MI PAIS